Como me propuse a terminar mis fics, ahora me voy por Metalocalypse, texto del cual tengo pendiente hace mucho tiempo. Está en mi listado por terminar y espero lograrlo como me lo propongo. Si no, haré el ridículo.

Espero disfruten este nuevo capítulo.


En un culto secreto

Abigail, acompañada de un par de klokateers, entró a la enorme caverna donde una multitud, vestida con alargadas túnicas carmesí, veneraban a una criatura. Entre ellos, su líder, sobre una tarima, organizaba el rito para dar fuerza a Dethklok en su permanencia en el éxito. La mánager espero al término para dirigirse al líder, quien era un viejo conocido de ella y la banda.

—¿Señor Offdensen?

El hombre llevo su capucha tras su nuca, revelando su rostro. Se trataba del antiguo mánager de Dethklok, Charles Foster Offdensen. Era un hombre de ojos diminutos ocultos en lentes cuadrados, cabello corto castaño y frente enorme. Pero su apariencia ocultaba a un hombre de capacidad atlética sobresaliente, más de una vez tuvo que salvar él mismo a los miembros de la banda cuando corrían peligro. Luego de los últimos eventos, Charles renunció a su puesto en la banda, sintiendo que ellos ya no lo necesitaban, y tomó el lugar de líder de culto Church of the Black Klok, antes perteneciente a un gran amigo difunto, el dueño de la discográfica Cristal Mountains Records, Roy Cornickleson.

—Abigail —dijo Offdensen—, tiempo sin verte. ¿Cómo has estado tú y mis muchachos?

—Tan brutales como siempre —dijo Abigail—. De ellos no se debe preocupar… pero…

La mujer mueve sus pupilas a la izquierda, evitando la mirada a Offdensen.

—Oye, ¿por qué esa cara larga? No creo que hagas un mal trabajo. Has mantenido a Dethklok en la cima, algo que parecía imposible luego de su prolongada ausencia.

—Es que… temo que pierdan su lugar en el mercado. Esa banda, Hexagram, está muy cerca de alcanzarlos.

Offdensen puso una mirada seria.

—Ya veo… Tú no deberías preocuparte de esa banda… sino de su mánager.

—¿Mugatu?

De pronto, Abigail recordó el momento en que Hexagram irrumpió en su concierto, donde la estructura del estadio se derrumbó sobre ellos. Recordó a Mugatu mover sus manos y tener la impresión que algunos escombros se detuvieron en el aire, lo cual no pudo ver con certeza por todo el desorden ocurrido en ese entonces.

—Me pareció raro. Tengo la sensación que ese hombre tiene poderes.

—Y claro que los tiene. Pero la pregunta es ¿cómo los obtuvo? Lo hemos observado y el potencial que logra solo lo alcanzaban hechiceros de civilizaciones antiguas.

—Ahora que recuerdo, lo último que averigüé de Mugatu fue que escapó de la cárcel en donde estaba. Pero información posterior decía que murió ese mismo año y eso me extraña. ¿Cómo es que está vivo y apareciendo en público, cuando la información confidencial dice otra cosa?

—Nada tiene sentido, Abigail. Pero confía en los muchachos, ellos ya han pasado muchos peligros y sé que pueden superar éste.

Aunque por fuera Abigail se mostraba en calma por las palabras de Offdensen, en el fondo, todavía sentía un caos que provenían de la idea de un eventual fracaso de Dethklok.

ΜΛΦΛΜ—

Mordhaus

—¿Qué estás escribiendo? —Le dijo Murderface a Toki, con algo de recelo.

Toki tenía en su mano una agenda con candado, con el dibujo de un unicornio en su portada, coloreado con colores pasteles tan tiernos, que al resto les daba la sensación que les daría diabetes de solo tocarlo. El dueño lo escribía con una sonrisa en la cara.

—Es secreto —respondió Toki—. Es un diario personal.

—Pero ese dibujo —dijo Pickles—. ¿Acaso no había agendas para hombres?

—¡Tu afirmación es sexista! —se quejó Toki—. ¡Cualquiera puede elegir los dibujos que a uno más le gusten!

—Es que si te viesen con ese diario —dijo Skwisgaar—, ¿qué va a pensar la gente de nosotros?

—Ya no seríamos brutales —dijo Nathan—, además, escribir pensamientos en un diario es… no sé…

—¿De niñas? —dijo Pickles.

—¿De maricas? —dijo Murderface.

—¡No soy ni una niña ni un marica! —dijo Toki—. ¡Ninguno comprende el valor de escribir nuestra vida personal en un diario!

—Es que es algo muy infantil para una banda de metal —dijo Abigail, quien apareció de pronto y logró escuchar parte de la conversación.

Todos miraron a Abigail porque deducían que traía información relevante.

—Chicos, ¿conocen el programa TKG: Todos Quieren Ganancias, de The Shooting Star Press?

No obstante, todos sacudieron sus cabezas en negación.

—Les comprendo —continuó Abigail—. Es un programa relativamente nuevo, donde invitan a artistas para entrevistarlos y eso. Pero el último tiempo, han adquirido mucho rating gracias a peleas que hacen entre artistas rivales y ahora nos quieren invitar.

—Bah —dijo Nathan—, como si nos interesara. ¿Nos pagarán bien?

—Así es. Pero eso viene con una condición: Desean invitar también a la banda Hexagram y estar juntos en la misma transmisión.

Los miembros de Dethklok abrieron sus ojos al escuchar a su banda rival. Se mostraban reacios a la idea.

—¿En serio debemos compartir pantalla con esos maricas sin talento? —dijo Nathan.

—Piénsenlo: es la oportunidad perfecta de humillar a esos tipos a nivel internacional. En 2 horas de transmisión, tendrán el suficiente tiempo de enseñarles el lugar al cual pertenecen.

Tomando en cuenta el punto de vista de su manager, los miembros pensaron bastante la idea, se miraban entre ellos y se tocaban la barbilla para tomar su decisión. Habiendo finalizado, todos miraron a Abigail.

—Me encanta esa idea —dijo Murderface.

—¡Vamos a patear traseros! —dijo Nathan.

Abigail estiró sus comisuras. Ella no era partidaria de los programas sensacionalistas, sin embargo, consideró necesario asistir. Era la excusa perfecta para ver de cerca a Mugatu y su grupo.

ΜΛΦΛΜ—

Programa TKG, Estados Unidos

—En 10 minutos ingresan —les dijo un miembro del staff a Dethklok.

Los miembros de Dethklok, junto a Abigail, estaban en el set de preparación, haciendo sus cosas antes de salir al aire.

No obstante, cerca de ellos se les acercaron los miembros de Hexagram. Ninguna de las bandas se mostró sonriente, todos se vieron cara a cara. Solo el manager del sexteto, Mugatu, caminó con una sonrisa hacia Abigail.

—Es un placer conocerlos en persona —dijo Mugatu, con un tono amanerado.

—Ya nos habíamos visto de cerca —le respondió—, cuando sabotearon nuestra gira de regreso en Suecia.

—Fue una humilde carta de presentación. Pero esta vez, espero que todo resulte en una amistosa entrevista.

—Espero lo mismo.

Ambos miraron hacia la entrada al set de grabación en silencio, pero Mugatu no resistió en decirle a su colega:

—Por cierto, señorita Abigail, tiene un particular gusto en la moda, una que no es de mi agrado, pero al final es gusto suyo.

La aludida le mostró una mirada fulminante y Mugatu respondió con una sonrisa denigrante.

—¿Qué intenta decir?

—Usar ropa de segunda mano, con colores grises que no combina para nada ni con su cara, ni con su cabello, ni con su físico. Para un diseñador como yo, eso es un completo desastre. Pero claro, tratándose de una persona con nulo conocimiento en la moda, eso no es de importancia para usted.

—Gracias, señor Mugatu, por su consejo. Pero la verdad, no tomo en cuenta las palabras de una persona con peinado de cabra y un amplio prontuario delictual. Me sorprende que haya gente con el descaro de presentarse en público con una mancha así.

Ambos managers se miraron con repulsión uno al otro.

No obstante, apareció una persona del programa que daba aviso a ambas bandas de ingresar al set televisivo. Las bandas se alinearon por separado con sus respectivos managers.

—Humíllenlos como sea —susurró Abigail a sus artistas.

—Déjenlos en ridículo —hizo lo propio Mugatu.

En tanto, en el set estaba un presentador delgado, de cara bonita y una sonrisa que generaba desagrado en algunas personas.

—En el programa de hoy tenemos una gran primicia: Este año tuvimos la gran noticia de que la mejor banda del mundo había regresado a los escenarios. ¿Pero que creen? En su retorno, se dieron cuenta que apareció otra banda, que aprovechó su ausencia para hacerse más y más conocidos en el mundo, hasta el punto de que están cerca de destronarlos en éxito.

»Hoy, esas 2 bandas se presentan en este programa para decirnos cómo han vivido la situación. ¡Reciban con un fuerte aplauso a Dethklok y a Hexagram!

Los aludidos entran al set de grabación, entre los aplausos de una treintena de personas asistentes al programa. Subieron a un escenario de un metro del suelo y se dirigieron a unos asientos con forma de esfera desinflada —conocidos como pufs—, de colores pasteles tan tiernos como el diario de Toki.

Pero antes de sentarse, Nathan se acercó a uno de los micrófonos y dijo:

—Eh… comienzo diciendo que los de Hexagram son una completa mierda.

Ante la repentina provocación, el líder Criminal se tuvo que levantar de su asiento para responder.

—Pues ustedes… ¡También son una mierda!

—¡¿Cómo dices?!

—¡Sí! ¡Son mierda!

—¿Ah, sí? ¡Pues ustedes son más mierda!

—¡Oye! ¡Entonces son el doble de mierda!

—¡Y ustedes el triple!

—¡Y ustedes el cuádruple!

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

No obstante, durante la discusión, Skwisgaar miró de pronto al baterista de Hexagram, The Crystal Moth. Al principio, se mostró curioso por el extravagante atuendo de monje satánico que desprendía. Sin embargo, al observar su rostro con mayor detenimiento, notó algo que dejó pasar la primera vez que lo vio.

—Momento —dijo el escandinavo rubio—, ¿Mikel?

En ese momento todos se callaron, Nathan y Criminal detuvieron sus insultos, todos atentos al rubio observando al baterista rival. Este último suspiro y le dijo:

—Hola, Skwisgaar.

La revelación generó un espasmo en los miembros de Hexagram, mas no tanto con Dethklok —aunque Toki si se mostró genuinamente sorprendido.

—Crys —le dijo la tecladista Lena—, ¿conocías a Skwisgaar?

Reacio a soltar palabras, el aludido respondió:

—Sí, tocábamos juntos…

—¿Y por qué no nos contaste antes? Preguntó el vocalista Alfred.

—¿Y por qué diablos vistes como idiota? —le preguntó Skwisgaar—. No te reconocí, cuando te vi en un video, pensé que me había confundido. Pero ahora que te veo de cerca, noto que eres tú.

—Pues —contestó Moth—, ¿Qué es eso de pintarse la cara como osos panda? ¡Me quieres joder con mi vestimenta, pero esto es por tradición!

—¿De qué hablas?

Como todos estaban mirando a Crystal Moth, éste tomó la iniciativa:

—Mejor les cuento mi historia: Todo inició en mi adolescencia en Noruega, me llamaba Mikel Adkerfeld y me gustaba el Power Metal…

—¡Ja ja ja ja! —rio Murderface—. ¡Qué genero de mierda!

—¡Oye, tú no te burles!

—No es por nada —dijo Criminal—, pero tiene razón. Eso ni yo lo puedo defender.

—¿Me dejaran contar mi historia, o no? Como les decía: Estaba tocando la batería en mi escuela cuando conocí a Skwisgaar, con quien formé una gran amistad. Abandonamos la escuela y formamos un grupo de power metal llamado White Phoenix.

—¿Tocabas power metal, Skwisgaar? —preguntó Toki.

—Sí, Toki —respondió el rubio—, pero fue una etapa de la que me arrepiento.

—Con los años —continuó Mikel—, nuestro éxito era moderado y sabía que con un tiempo más de constancia, tendríamos reconocimiento en toda Europa. Por desgracia, mi amigo de la vida, mi confidente, conoció a Nathan Explosion y a Magnus Hammersmith, quienes lo influenciaron en el death metal y decidió terminar nuestra etapa para formar Dethklok.

»Me sentí devastado al ver como Skwisgaar adquiría más y más éxito, mientras que yo me hundía más y más en el anonimato. Por eso, tomé un rumbo radical: llegué al infierno mismo de la música y adopté el black metal como estilo de vida. Con mi habilidad en la batería, todos quedaban extasiados, por lo que me gané el nombre que tengo ahora: The Crystal Moth.

—Ah —dijo Skwisgaar—, ya entiendo por qué ahora vistes como anciana pobre.

—¿Esto? Ah, no. Me visto así porque ahora soy parte de un culto satánico, nada que ver.

—Ah —dijeron todos al unísono.

El presentador, a modo de generar una pelea digna de un material de farándula, se dirigió a ellos para hacer una pregunta:

—Es una interesante revelación la que nos dio The Crystal Moth. Pero ahora que están aquí, ¿Qué se tienen que decir el uno del otro? ¿Hay compañerismo? ¿Hay rivalidad?

—Yo tengo algo que decir —dijo Toki, mientras levantaba la mano.

Las cámaras apuntaron al guitarrista rítmico de Dethklok.

»Quiero decirle algo al chinito que toca el bajo.

—¡Soy japonés! —se quejó el aludido, Genosuke Ibushi.

—Eh, como sea. Lo que quiero decir de ti es…

Todos en el set estaban expectantes.

»Que me gusta mucho tu canal de internet, donde hablas de tecnología y música.

Todos de sorprendieron. Genosuke Ibushi tenía un canal de videos en internet, donde hablaba de diversos temas de música, en especial de rock, metal y punk. Su especialidad era deconstruir canciones por instrumentos, con tal de saber por qué eran tan únicas.

No obstante, esto no les agradó para nada a sus compañeros, porque gracias a las andanzas de Ibushi en el internet, terminaron separados años atrás, antes de que Mugatu apareciese para reformar la banda.

—Ah… ¿En serio ves mis videos? —dijo Ibushi, con una sonrisa—. Eso no me lo esperaba…

—Sí. Me gusta cuando describes las canciones, también cuando hablas de tecnología. Fue por tus videos que supe de tu banda.

El rubor en el japonés no se hizo esperar. A pesar de ser rivales, el hecho de que un famoso de talla mundial supiese de su canal le alegraba de sobremanera. No demoraba mucho tiempo para sentir el ego inflado en momentos como estos, rasgo que muchos les desagradaba y lo volvían uno de los menos favoritos de Hexagram.

—Eh… Gracias, la tecnología forma parte de mi vida.

—¿Volviste al internet, Geno? —recriminó Criminal.

—Oigan, hace casi un año les dije que volvería a subir videos, pero nadie me tomó en cuenta.

—Espero que te hayas moderado —dijo Akin—, porque gracias a su fanatismo por el internet, terminamos separados la última vez, ¿lo recuerdas, Geno?

—¡No me saques en cara mis errores del pasado!

Aprovechando que Akin hablaba, Toki también le dedico algunas palabras:

—¡También me impresionas, Akin! Es la primera vez que veo a un negro tocar con tantas cuerdas y de esa forma.

—Ah… —miró el aludido con ojos entrecerrados—. ¿Es un halago o un insulto?

—Un halago no creo —dijo Skwisgaar, con una sonrisa—, porque nadie tomaría en serio a alguien que toque con una guitarra de tantas cuerdas.

—Está bien, ¿Pero sabes por qué lo hago? Porque tú eres el maestro de las 6 cuerdas, eres prácticamente insuperable.

—Eh, buen punto. Me encanta que lo admitas.

—Eh —dijo Murderface—, yo pensaba que tener a una mujer volvía más gay a una banda. Aun lo pienso así, pero al verla a ella —apuntó a Lena—, que tiene un cuerpazo a pesar de carecer de tetas o trasero, me hace querer tener a una chica así en mi banda.

—Ay, gracias —dijo Lena, sonriente por el halago.

—Nathan me inspiró a cantar —dijo Alfred.

—Eh, no sé qué decir.

—Y es bueno saber de ti —dijo Skwisgaar a Mikel—, como no respondías mis llamadas, pensé que abandonaste la música. Lo bueno es que te volviste más brutal.

—Gracias, amigo —respondió el baterista de Hexagram—. La verdad, Pickles me inspiró a cambiar.

—¿Yo? Menos mal me mencionaron, pensé que estaría fuera de la conversación.

Toda la entrevista se dirigía a una repentina muestra de respeto entre ambas bandas y, por tanto, a una eventual cese de la rivalidad. Sin embargo, ninguno de los managers se contentaba con el resultado y menos el presentador, que solo esperaba polémicas por doquier. Cuando se fueron a la pausa, ambos managers llamaron a sus respectivos líderes de banda.

—¿Que hacen? —dijo Abigail a Nathan—. Recuerden que los humillaron.

—Pero son geniales —respondió Nathan—, hace tiempo que hablábamos con gente de nuestros mismos gustos.

—¡Son sus adversarios y deben masacrarlos como sea!

Mientras en el otro lado del set, Mugatu le hablaba a Criminal:

—Esto no es ninguna amistad. Esto es una guerra.

—¿Y si nos llevamos bien? —respondió el líder de Hexagram—. Podríamos hacer una colaboración exitosa.

—¡Nada de colaboraciones! ¡Ustedes son superiores, recuérdenlo!

Luego de minutos de habla, ambos líderes fueron a sus respectivas bandas y hablaron lo que sus managers les dijeron. Poco antes de volver a la transmisión, los músicos se miraron con el ceño fruncido.

—¡Estamos de vuelta! Ahora veo que tienes más cosas interesantes que decir, díganos Nathan.

El vocalista de Dethklok se levantó de su asiento y fue directo con el presentador. Tomó el micrófono de este y, al voltear hacia sus rivales, les dijo:

—Eh… Hexagram, ¡los retamos a una batalla de bandas!

Esa afirmación tomó por sorpresa a todos. En ningún momento Abigail pensó que Nathan diría algo tan arriesgado. No sabía si intervenir o no. En tanto, Mugatu también se sorprendió, aunque quedó pensativo.

—¿Una batalla, dices? —preguntó Criminal, fascinado con la idea.

—Una batalla a 2 de 3 conciertos separados. El que obtenga más público en cada presentación, ganara.

—¿Y el perdedor?

—Admitirá al mundo que son unos maricas sin talento… ¡Y dejarán de tocar para siempre!

El público se mostró sorprendido y emocionado con la noticia.

—¡Impactantes declaraciones! —dijo el presentador—. ¡Se nos viene un enorme…!

—¡Que alguien calle a ese idiota! —dijo Murderface, en referencia al presentador.

—Yo me encargo —se ofreció Lena.

La tecladista de Hexagram saltó de su asiento y lanzó una patada voladora a la cara de presentador, lo cual le hizo caer del escenario, hacia una mesa con elementos eléctricos que amortiguaron su caída, pero generaron un intenso shock eléctrico. Todos en el set estaban impresionados y aplaudieron a la rusa, hasta que los cables se soltaron y expandieron los contactos electrificados hacia algunos trabajadores y parte del público.

—¿Qué más puedo decir? —dijo Criminal, con una sonrisa de excitación—. Hablo por mí y por mis compañeros que deben pensar lo mismo… Acepto.

El líder de Hexagram estiró su brazo derecho al líder de Dethklok. Éste último, al ver que sus compañeros estaban dispuestos a enfrentarlos, estiró su brazo y así, ambos se dieron un apretón de manos.

—Es un trato —dijo Nathan.

Abigail no se mostraba tan emocionada con la noticia, pero sentía que era la forma adecuada de acabar con la competencia. Sin embargo, lo que más le inquietó fue el ver a Mugatu a unos metros de ella, emitiendo una macabra sonrisa.