Capítulo diecinueve

―es una maravillosa coincidencia, ―expresó con genuina alegría la señorita Pony.

―en realidad que sí, ella es una gran mujer y sobre todo una excelente enfermera, estoy segura de que sabrá como guiar a nuestra Candy, ―respondió Sofía.

―entonces irán a verla antes de partir a Chicago, ―quiso saber la hermana María.

―sí, ya he platicado con Albert sobre esto, él ya está tomando las riendas de la familia, por lo que sus ocupaciones son cada vez más, pero quiere asegurarse de que ella no solo estudie, sino que además lo haga con las condiciones más adecuadas, él siempre ha deseado lo mejor para ella, ahora con más razón.

―es una alegría para nosotras que sea así, nuestra pequeña traviesa siempre se entristecía de no haber sido adoptada como los otros niños, su sueño era tener una familia, ahora finalmente su deseo se ha cumplido, ―explicó la señorita Pony.

―más grande de lo que ella imaginó, ―mencionó Sofía, ―sus suegros la aman, los tíos de Terry, quienes casualmente son la familia real de Inglaterra, también la aman.

―señorita Pony, Candy se subió al padre árbol de nuevo, ―delató la pequeña Melani.

―pero nunca cambia, ―suspiró la hermana María, ―sigue comportándose como una chiquilla.

Las tres mujeres rieron, sabiendo que si aun siendo ya toda una jovencita, casada, futura enfermera y la próxima Duquesa de Grandchester, Candy seguía siendo tan traviesa como cuando era niña.

―y ni esperanzas que su esposo la haga cambiar, mírelos hermana María, si es igual que ella, esta subido en el árbol también.

―y no solo el, ―exclamó Sofía, señalando que Albert estaba en otra rama con ellos.

―Dios los cría… jajajajaja, ―las tres mujeres reían al ver por la ventana.

―te estas tardando tanto, realmente tía, no sé porque me acompañas, no me sirves para nada, eres una inútil, mi madre tenía razón, eres un estorbo, no de gusto te quedaste solterona.

La mujer se quedó helada al escuchar a su sobrina, tantos años cuidándola, para que ella le pague de semejante manera, tanto sacrificio para nada, incapaz de reaccionar se dio la vuelta y se fue a su habitación en donde se encerró, sin importarle los gritos que Lady Harriet pegaba llamándola.

El viaje había comenzado de nuevo, harían una parada, por mucho trabajo que tuviera pendiente, William Albert Andrew no iba a dejar al azar el bienestar y futuro de su pequeña, por lo que no dudó en acompañarla a conocer a la señora Mary Jean, quien fue la mentora de su amada esposa y de quien confiaba los guiara para la mejor opción para que Candy estudiara enfermería.

La cita para entrevistarse con Mary Jean estaba pactada, Candy fue instada a adelantarse, Terry insistió en acompañarla, en el camino se encontraron con una señora, quien parecía necesitar ayuda, lo que la pecosa no dudó en hacer, pese al notorio mal carácter de la señora.

Grande fue su sorpresa, cuando al llegar a la cita fijada, la anciana que ayudo, no era otra que Mary Jean y lo sucedido antes era parte de una prueba de esta para ver el carácter y vocación de Candy.

Está de más decir que aprobó, recibiendo nada más un regaño para que no fuera tan distraída y "torpe", palabras de Mary Jean, quien hablo con Albert y Sofía, entregándoles una carta para una escuela de enfermería en New York.

Se despidieron, agradeciendo la atención de la maestra, quien se complacía por haber visto nuevamente a una pupila muy querida, además de saber que encamino a una prometedora futura enfermera, ella pidió a Candy le escribiera, informando acerca de sus clases y avances, a lo cual la pecosa no dudo en aceptar.

Las oficinas centrales de las empresas Andrew estaban en Chicago, por lo que Albert tenía que pasar en la ciudad la mayor cantidad posible de tiempo, aun así, él no se alejaría de Candy, hasta dejarla bien instalada, si antes ya le tenía cariño y deseaba ayudarla, ahora en cambio sentía que le estaría eternamente agradecido, ya que fue ella quien lo salvo.

Nadie más hubiera hecho nada por él, pero ella se arriesgó y enfrento a todos por cuidarlo, por lo que él no haría menos por y para Candy, su pequeña, a quien ahora veía no solo como la chica a quien adoptó, por quien sentía un instinto de protección, en cambio actualmente era su hermana menor, así lo sentía en su corazón, no le importaba que no hubiera una gota de sangre corriendo entre ellos.

En Chicago, mientras Albert asistía a algunas reuniones, la joven pareja aprovechó a dar un paseo, tan enamorados y llenos de ilusiones, disfrutaban cada segundo de esta libertad, sabiendo que pronto sus días estarían tan ocupados, que apenas y podrían verse.

―el tiempo pasado en el hogar de Pony fue maravilloso Candy, comprendo más, después de haber conocido el lugar en que creciste, por qué eres como eres, siendo criada por personas tan generosas como lo son la hermana María y la señorita Pony, sus enseñanzas te han moldeado, convirtiéndote en quién eres.

―me hacen tan feliz tus palabras Terry, sabes tengo que darte las gracias.

― ¿las gracias?

―sí, los niños y las directoras nunca han tenido la oportunidad de asistir al teatro, el acto que tu madre y tu improvisaron para ellos fue algo muy generoso de su parte, todos estaban muy emocionados, creo que hablaran de ello por mucho tiempo.

―no tienes nada que agradecer, fue algo que surgió de pronto, yo necesitaba ensayar, sabes que tengo que hacerlo, la diferencia es que lo hice con público presente, el mejor público que tendré jamás, eso sí.

―tú y tu madre tienen un corazón de oro, por eso y más te amo tanto Terry, ―expresó llena de amor la rubia pecosa, dando besos en el apuesto rostro de su esposo.

―ni sigas pecosa, que soy capaz de hacer funciones diarias, solo por la recompensa que eso conlleva, ―respondió con una sonrisa de lado el castaño.

El momento tan hermoso fue interrumpido por un grito que se escuchó a lo lejos, los jóvenes no dudaron en averiguar de que se trataba, cuando alcanzaron a ver a una señora comenzar a desvanecerse, tocando su pecho.

―señora, ¿se encuentra bien?, ayuda por favor, ―gritaba Candy, en lo que Terry sostenía a la dama para evitar que cayera y se golpeara.

El chófer que acompañaba a los jóvenes se acercó de inmediato, ayudándoles a subir a la señora al auto, el menciono una clínica que no estaba muy lejos, por lo que de prisa llevaron a la señora para que la atendieran.

―ayuda por favor, hay una señora que necesita auxilio, ―fue la petición de Candy al entrar en busca de un médico a la clínica.

―en donde está la enferma, ―fue la respuesta del doctor que atendía.

―allí esta, mi novio y el chófer están trayéndola.

―Magui, mi Magui, ―exclamo angustiado el doctor al reconocer a su esposa, ― ¿Qué le sucedió?, ―pregunto a los jóvenes.

―escuchamos un grito, al buscar el origen vimos que ella estaba por desmayarse y se tocaba el pecho, ―explicó Terry.

―vamos llevémosla adentro, ―urgió el doctor.

Ni lentos ni perezosos no tardaron en colocar a la dama en una camilla, en donde el doctor comenzó a revisarla, Candy no dudo en ayudar en lo que podía y lo que no podía solo seguía la indicación del doctor, fueron minutos de gran estrés, pero finalmente el medico estabilizo a su esposa.

―no sé cómo agradecerles, mi esposa sufrió un preinfarto, si no le hubieran ayudado, ella…

―lo importante es que ahora ella está bien, ―expresó Candy.

―con el susto no me he presentado, soy el doctor Martin, ella es mi esposa Magui.

―soy Terrence Graham y ella es mi prometida, la señorita Candice White Andrew, él es nuestro chófer Charles.

―es un gusto joven.

Se quedaron conversando un poco más, hasta que finalmente los jóvenes se despidieron, prometiendo volver al día siguiente para ver a la señora Magui.

El Duque aprovechaba a ir al banco con Albert, para poder comunicarse con el palacio real, también para gestionar lo que se necesitaba en su ausencia, para tranquilidad de Richard, el delegado real ya había llegado y entregado la documentación de la boda.

Con eso aseguraban el matrimonio de su hijo y nuera, tenía algo menos de lo que preocuparse, también supo que su esposa estaba aún en Alemania, por una torcedura de tobillo, solo esperaba que su trámite para separarse de Lady Harriet funcionara, le preocupaba seguir atado a ella, no solo porque sospechaba que podía ser la culpable de los atentados, si no, porque le urgía reanudar su vida junto a su amada Eleonor.

Al día siguiente, tal como lo prometieron, Candy y Terry fueron a visitar la clínica feliz, para saber cómo seguía la señora Magui, esta se encontraba ya despierta y bastante recuperada, el doctor no dejaba de mimarla y atenderla, aun no le pasaba el susto de casi perderla.

―su condición lleva algún tiempo y no ha mejorado, por lo que lo más adecuado para ella es mudarnos al campo, ella necesita más tranquilidad y aire limpio, ―explicaba el doctor Martin.

―pero no puedes dejar tu clínica, no me parece justo, tendríamos que comenzar de cero y no tenemos tantos ahorros, ―expresaba preocupada Magui.

―lo más importante es tu salud amor, no hay discusión sobre eso, ―determino el doctor.

―sabe, en el pueblo en que crecí no hay médico, cuando la gente necesita uno tiene que viajar a la ciudad para ser atendido, además es un lugar tranquilo y hermoso para vivir, ―menciono con intención Candy.

―si les parece, mi padre y el de Candy están buscando un médico que se haga cargo de una clínica que ellos quieren construir en el lugar, es una buena oportunidad y todos salen ganando, ―ofreció Terry, reconociendo la intención de Candy.

―eso sería muy conveniente, ―respondió interesado el doctor.

Los jóvenes no dudaron en explicarles acerca del pueblo, del hogar de Pony, de las necesidades allí, además de lo beneficioso que sería para Magui mudarse a un lugar como ese, tan buen trabajo hicieron, que esa misma tarde George regresaría con ellos para afinar los detalles con el doctor Martin, así este pudiera mudarse de inmediato al pueblo.

Rápidamente se pusieron de acuerdo en arrendar una casa en la que el doctor atendería los pacientes en forma provisional, mientras era construida la clínica, además de ser el lugar en que vivirían, como dijo Terry, fue algo en lo que todos salieron ganando, el doctor y su esposa la tranquilidad de iniciar con seguridad en un lugar en donde la salud de la señora Magui se recuperara y el pueblo y el hogar de Pony un médico que asegurara la salud de sus habitantes.

Con todo encaminado para la futura clínica y mudanza del doctor Martin y su esposa, todos tomaron el tren hacia New York, Candy había llamado al hogar de Pony, anunciando la llegada del médico, las directoras no podían contener su alegría por esa noticia.

Ellas mismas se comprometieron a recibirlos y encargarse de realizar el arrendamiento de la vivienda que serviría de hogar y a la vez de clínica provisional, al menos mientras se compraba la propiedad en la que se construiría el establecimiento de salud definitivo.

El pueblo se beneficiaría mucho teniendo un médico cerca, sumando a eso se abren empleos, al menos una enfermera que lo asista, además de una asistente para que se encargue del papeleo, por lo menos al inicio, puesto que la idea es que la clínica este equipado con todo lo necesario para realizar cirugías en los casos en que se amerite, por lo que deberán contratar más personas, entre ellas mínimo una enfermera quirúrgica.

Cuando los Andrew y los Grandchester se unían para hacer algo, lo hacían a lo grande, por lo que todos agradecían la obra que se estaba iniciando, puesto que además de eso, el hogar seria ampliado y remodelado, para poder recibir más niños y personal que ayude a las directoras.

En la próxima visita que realicen al hogar de Pony, podrían hospedarse allí, ya que entre las mejoras a realizar estaba la construcción de habitaciones para hospedarlos.

―aunque no sea la primera vez que vengo, no puedo dejar de sorprenderme por la cantidad de personas que hay, ―comentó Candy, en el camino de la estación a la mansión.

―es una ciudad muy importante, de allí que el movimiento de gente aquí es mayor, ―explicaba George.

―poco a poco te acostumbraras pequeña, ―aseguro Albert.

―por otro lado, la mansión tiene un precioso bosque, en el que podrás disfrutar en tus tiempos libres, ―menciono Sofía.

Al día siguiente de llegar, Sofía y Albert acompañaron a Candy a la escuela de enfermería que recomendó Mary Jean, se pusieron de acuerdo con los horarios y todo lo necesario para iniciar clases.

Candy asistiría en las mañanas a clases, por las tardes tendría prácticas, Albert pagaría todos los gastos, debido a eso la pecosa no haría jornada completa, como le tocaría si ella estuviera becada, saliendo de sus prácticas a las cinco de la tarde, además, ella seguiría viviendo en la mansión y no se quedaría en la residencia estudiantil.

Todos estuvieron de acuerdo en que ese espacio en la residencia y la beca, sería mejor aprovechada por alguien que en verdad lo necesitara, Candy tenía el apoyo de su familia, así que no tenía que preocuparse por su sustento, ni nada más que no sea estudiar.

Las clases iniciaban el lunes, por lo que habiendo dejado todo listo Albert, Sofía y George partieron de regreso a Chicago, dejando a Candy como encargada de la mansión, a fin de cuentas, ella era legalmente su hija y como tal era lo que correspondía.

Richard permanecería en la mansión un tiempo más, aunque tendría que regresar a Inglaterra eventualmente, Eleonor había suspendido todos sus contratos alegando que tomaría un año sabático, para así estar cerca de sus amados, ella también permanecería en la mansión, pero se dejaría ver en su propia residencia de cuando en cuando para no levantar rumores.

El acuerdo era que Terry viviría en la mansión, en el mismo lugar en que estaba hospedándose actualmente, por seguridad no se le permitió buscar un departamento, como él había pedido.

―supongo que eso sería lo que hubieras hecho si no estuviéramos apoyándote, pero en cambio Terry, nosotros estamos contigo y cuidaremos de ti, como es nuestro deber, por lo que permanecerás aquí, hasta que decidamos lo contrario, ―respondió Richard, cuando su vástago hizo la propuesta.

―imagino que quisieras la libertad de tomar tus propias decisiones al respecto hijo, pero somos un paquete, el contar con nuestro apoyo tiene sus consecuencias, una de ellas es que procuremos siempre tu bienestar y protección, aun cuando no valla conforme a tus deseos, ―completó Eleonor.

―no soy tan tonto como para no apreciar lo que hacen por mí, sé que todo es porque buscan lo mejor para mí, lo comprendo y acepto, agradezco de hecho que lo hagan.

El día de presentarse al teatro llego, Terry estuvo allí puntualmente, el teatro estaba ya lleno de actividades, este fue presentado al resto de sus compañeros, realizaron algunas pruebas, en las que el castaño actuó junto a una joven actriz, que se presentó como Karen, unas escenas de Romeo y Julieta.

Sobra decir que el castaño demostró su talento, a nadie le quedo duda sobre su capacidad, varios sintieron celos y envidia, otros lo admiraron, alegrándose de contar con alguien como el en el elenco, Richard y Eleonor observaban todo sin que nadie se diera cuenta, estos habían llegado antes, listos para ver a su hijo en su elemento.

Comenzó una reunión en la que se informaba acerca de los papeles que estarían disponibles para la próxima obra en escena, dando las indicaciones del caso, para que todos comenzaran a prepararse.

Una joven rubia llegaba apresurada al teatro, ese día se presentaba un poco más tarde que de costumbre, por lo que llegaba apurada, toco la puerta del teatro, siendo recibida por una rubia pecosa.

―buenos días, ¿eres nueva?, nunca antes te había visto, ―pregunto la rubia pelilacia recién llegada.

―buenos días, ―la joven fue interrumpida por una voz a su espalda.

―apresúrate Susana, la reunión inicio hace ya buen rato, ¿en dónde estabas mujer?

―voy Georgina, ―respondió la pelilacia, apresurándose en entrar.

Continuará…

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Hola, finalmente les traigo nuevo capítulo, espero lo disfruten.

Les agradezco la paciencia por esperar, a la vez que me disculpo por el retraso, también les doy las gracias por su apoyo y principalmente por sus comentarios, son mi aliciente para continuar.

Feliz día, bendiciones.