Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 28
Treinta y siete horas después de que Edward saliera de la cirugía, se despertó. Esto fue aproximadamente a las dos de la mañana del domingo, o, mejor dicho, el lunes por la mañana. No lo sabía con seguridad, pero me desperté sintiéndome mejor que en los últimos días. Carlisle me llamó a una hora mucho más razonable, las siete de la mañana.
—Ahora está durmiendo de nuevo. El horario de visitas no es hasta las once, pero si vienes a las diez, te subo a verlo —ofreció Carlisle.
—De acuerdo. Voy a estar allí —acordé y me detuve cuando Carlisle no colgó—. ¿Está todo bien?
—Recibí una llamada telefónica del oficial Call, el detective a cargo del caso de Edward. Detuvieron a James anoche.
Tenía algunas cosas que hacer antes de ir al hospital.
Fui a la oficina temprano, antes de las ocho de la mañana. Me tomó menos de veinte minutos sacar mis pertenencias de mi escritorio y dejar mi carta de renuncia en el de Victoria. Estaba configurando mis correos electrónicos para reenviarlos a la cuenta de Angela cuando una voz me hizo saltar.
—Tenía la sensación de que podrías estar aquí.
Victoria entró en la oficina, su bolso colgaba suelto a su lado. Llevaba su traje de trabajo habitual, tenía el pelo peinado hacia atrás y parecía más joven y cansada de lo que jamás la había visto. No parecía que hubiera dormido en días.
Se sentó en el borde del escritorio de Angela, observándome. Me senté perfectamente quieta y después de una larga pausa, ella suspiró, frotándose los ojos.
—Arrestaron a James anoche. Estoy pensando que probablemente ya lo sabías. Por tentativa de asesinato.
Todavía no hablé y Victoria negó con la cabeza.
»Me dijo que había alguien más. Que estaban enamorados.
—Yo nunca…
—Lo sé —interrumpió Victoria mis débiles protestas, sus ojos en los míos—, sé exactamente lo que pasó. Anoche hablé con los policías. Vi a James en la estación y me contó todo. Bueno... en realidad me contó cómo estabas atada a la impronta y cómo había tratado de liberarte. Trató de romper la imprimación por ti, porque estabas luchando. —Ella soltó una risa disgustada, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Lo siento —solté y ella soltó una risa falsa.
—¿Por qué? No hiciste nada.
Ambas nos quedamos en silencio de nuevo durante un largo rato. Victoria miró a través de la puerta de su oficina y vio la carta en su escritorio.
—¿Es esa tu renuncia?
—Eh... sí.
—Carmen, de la publicación Denali, está buscando un editor. Le enviaré una referencia cuando abran su oficina. Envía tu currículum.
Me sorprendió y Victoria me dedicó una breve y triste sonrisa que más parecía una mueca.
»Ya no quiero trabajar contigo y estoy bastante segura de que tú tampoco quieres trabajar conmigo. Sé que no lo buscaste y esta situación está completamente jodida, pero él era mi esposo. Ambas fuimos lastimadas por él y no necesitamos recordárnoslo todos los días.
—Gracias —tartamudeé y ella se giró, entró en su oficina y cerró la puerta.
Cuando Carlisle me llevó a la habitación de Edward, no sabía qué esperar. ¿Edward seguiría durmiendo o estaría apenas consciente, incapaz de recordar nada? ¿Me culparía por lo sucedido?
Ciertamente no esperaba que estuviera apoyado en la cama, mirándose en un espejo de mano, con Alice a su lado. Su mano frotaba con tristeza el cabello que le faltaba.
—Bella, dile que puede hacer que luzca bien el estilo de cabeza rapada. ¡Él no me cree! —llamó la atención hacia mí mientras estaba de pie en la puerta. Edward bajó el espejo y me sonrió. Su sonrisa envió un escalofrío a través de mí.
—Hola, Bella.
—Hola —saludé entrecortadamente, entrando en la habitación. Alice me sonrió.
—Les daré un minuto. ¿Quieres café, Bella?
—Sí, gracias —murmuré mientras ella pasaba a mi lado.
Me acerqué a la cama y me senté en el borde donde estuvo sentada Alice. Edward se pasó la mano libre por la cabeza rapada.
—Mi cabeza se siente desnuda.
—Se ve bien —afirmé—. Tienes una buena estructura ósea. No mucha gente podría verse tan bien calva.
Él sonrió y miré la mano más cercana a la mía. Tenía una cánula en ella, unida a un goteo intravenoso transparente. Llevaba un monitor cardíaco también y tubos de oxígeno que llegaban a su nariz.
Era hermoso.
Tomé su mano, sosteniéndola entre las mías mientras trataba de no llorar, pero las lágrimas ya estaban brotando de mis ojos. Edward frunció el ceño y negué con la cabeza.
—Lo siento. Soy tan estúpida.
—No, no lo eres. Si la situación fuera al revés, puedes apostar que estaría llorando como un bebé —bromeó.
—Es mi culpa que estés aquí —insistí.
—¿Conducías ese auto?
—No, pero…
—Entonces no es tu culpa —aseveró, con firmeza—. Papá me contó lo que pasó, sobre James Hunter. No es tu culpa.
Me sequé las lágrimas, suspirando ruidosamente. La pierna izquierda de Edward estaba cubierta con yeso y la miré fijamente, tratando de ordenar mis pensamientos. Edward apretó mis dedos.
»Estaba asustado, Bella —confesó en voz baja y arrastré mi mirada de regreso a sus ojos verdes—. Hubo un momento en que estaba tirado en el suelo y me asusté porque no sabía si te volvería a ver. Ese pensamiento me asustó.
Tal vez era la falta de sueño, el hecho de que ahora estaba desempleada, o porque todavía me sentía tan mal por los últimos días, pero eso fue demasiado. Estallé en sollozos y me incliné hacia adelante, mi cabeza contra el hombro de Edward mientras me acariciaba la espalda. Tuve cuidado de evitar sus costillas y sentí que sus labios rozaban mi oreja.
—Por favor, no llores, Bella. Ambos estamos aquí. Estamos bien.
—Te amo —atraganté—. Te necesito tanto y casi te perdí.
—Estoy aquí ahora. Los dos estamos aquí. No te voy a dejar. —Besó mi sien—. Nunca te dejaré.
Su boca encontró la mía y fue torpe, desesperado e incómodo, tratando de acercarme a él alrededor de los tubos de oxígeno y sin apoyarme en sus costillas o piernas rotas.
—Te amo —le dije de nuevo y las palabras eran tan fáciles de decir ahora, tan obvias. La sonrisa de Edward fue cegadora cuando acercó mi cara a la suya otra vez.
—Yo también te amo.
—No me dejes de nuevo.
—Nunca. —Su promesa quedó en el aire, junto con los pitidos y el bullicio del hospital. Pasé mis dedos por la pelusa de su cabeza y me hizo cosquillas en la palma de la mano. Retiré mi mano y la puse sobre el lugar en las costillas de Edward que reflejaba el punto dolorido en mi propio pecho. Edward puso su mano sobre la mía y sollocé.
—Lo sentí. Cuando te hirieron, pude sentirlo y fue lo peor que jamás haya sentido —susurré con voz ronca—. Cuando me llamaron, fue horrible. Estaba tan asustada.
—Esto duele más que cualquier otra cosa —admitió, señalando el lugar en sus costillas—, más que mi cabeza o mi pierna.
Nos quedamos en silencio y creo que ambos nos preguntábamos lo mismo. Si Edward hubiera muerto, ¿lo habría seguido poco después? No existía investigación al respecto. Una impronta unidireccional podría sobrevivir, con toda una vida de suplementos y pocas esperanzas de una recuperación total, pero ¿ahora dependíamos el uno del otro por completo? En el fondo, sabía la respuesta. No podría haber sobrevivido sin Edward. Podría haber vivido, pero no habría sobrevivido.
Ese pensamiento me asustó menos de lo que lo habría hecho solo unos días antes.
Prefería estar imprimada y conectada con Edward que estar sin él. Y aunque no podía estar segura, sentía que era yo quien tomaba esa decisión y no la influencia de la impronta.
Alice volvió con un poco de café, se deslizó en la silla al lado de la cama de Edward y me dejó mantener mi asiento en el borde de la cama.
—Supongo que la policía querrá hablar contigo —señaló y me encogí de hombros.
—No sé. Depende si James admite ser culpable. Si va a juicio, probablemente tendré que ser testigo —indiqué en voz baja. La mano de Edward estaba en la mía y me dio un apretón tranquilizador.
—No te preocupes por nada todavía. Si te contactan, llama a papá y él lo resolverá a través de nuestro abogado —dijo con firmeza y no discutí. No quería pensar en James.
Pasamos un par de horas hablando hasta que los ojos de Edward comenzaron a cerrarse y los bostezos interrumpieron la conversación. Le di un beso de despedida y salí con Alice. Me agarró del brazo a la salida del hospital.
—Sé que realmente no hemos tenido la oportunidad de conocernos. Lamento eso —expresó ella, casi nerviosa. Realmente no sabía qué decir y ella me ofreció una sonrisa.
—¿Quieres ir a almorzar?
—Por supuesto.
El incómodo silencio no duró mucho mientras nos acomodamos en un restaurante cercano. Le pregunté a Alice a qué se dedicaba y se lanzó a contarme detalladamente cómo estaba haciendo un aprendizaje con un diseñador de ropa local que se especializaba en vestidos de novia. Esta explicación duró hasta mucho después de que llegó la comida y solo fue interrumpida por el timbre de mi teléfono celular.
Era Carmen, de la editorial Denali, explicándome que quería que fuera a una entrevista la próxima semana. Victoria claramente estaba cumpliendo su promesa.
Edward fue sacado de la UCI después de tres días. Se le permitió irse a casa después de ocho días. Ahí estaba el problema: Edward no podía cuidar de sí mismo. Estaba enyesado hasta la pelvis de un lado, dormía la mayor parte del día y apenas podía usar muletas debido al dolor en las costillas. Necesitaba ayuda para lavarse, alimentarse y moverse lo suficiente para ir al baño. Entre nosotras, Alice, Esme y yo, ideamos una especie de rutina. Pasaba las noches en el apartamento de Edward y trabajaba desde casa un par de días a la semana. Esme venía por las mañanas tres días a la semana y ayudaba con la compra de alimentos. Alice venía cuatro tardes a la semana para ayudarme con las tareas del hogar. Edward llamaba a su oficina un par de veces a la semana.
Había conseguido el trabajo en la editorial Denali. Aunque era una editorial más grande, también era familiar y, como tal, tenía más flexibilidad para trabajar allí. Me gustaba mucho mi nueva jefa, Carmen, que estaba casada con su impronta, Eleazar. Ella fue muy comprensiva con toda la situación.
—Necesitas estar cerca de él, eso está bien. Trabajarás desde casa y mientras cumplas con tus plazos y asistas a tus reuniones, no tendremos ningún problema —especificó en mi primer día.
Casi me había mudado al apartamento de Edward. No pasamos mucho tiempo allí en el pasado, prefiriendo quedarnos en mi casa, pero el edificio de Edward tenía ascensor, lo que le facilitaba las cosas. Aproximadamente una semana después de que lo trajimos a casa, el oficial Embry Call vino a vernos.
—¿Cómo se siente, señor Cullen? —preguntó cálidamente y Edward le dio una sonrisa torcida desde su lugar en el sofá, con una pierna apoyada en alto. Lo observé atentamente desde la barra de la cocina.
—No tan mal, considerando.
—Solo quería actualizarlos a ambos sobre la situación con James Hunter. Siguiendo el consejo de su abogado, se declaró culpable de intento de asesinato.
—¿Eso significa que no tenemos que testificar? —inquirió Edward y me acerqué al sofá. El brazo de Edward instantáneamente se enroscó alrededor de mi cintura, jalándome contra él. El oficial Call negó con la cabeza.
—Tendremos que tomar declaraciones, pero no tendrá que comparecer en un tribunal formal.
—¿Qué tipo de sentencia puede esperar?
—¿Por intento de asesinato en primer grado? Dependiendo de lo bueno que sea su abogado, estimo un mínimo de veinte años —informó el oficial Call con calma. Sentí los dedos de Edward apretar mi costado. No me di cuenta de que estaba tensa y traté de relajarme.
Nos mostró las imágenes de las cámaras de seguridad del ataque de Edward. Me sentí enferma mientras lo miraba. Edward estaba caminando a través de la pantalla gris turbia y obviamente escuchó venir el auto. Giró la cabeza en esa dirección y dejó caer su maletín, corrió unos pasos para evitar ser golpeado, pero el elegante vehículo negro se desvió fácilmente, siguiéndolo. Lo golpeó y aunque no se escuchó ningún sonido, Edward y yo nos estremecimos. Edward rodó sobre el capó del coche, aterrizando a un lado y permaneciendo inmóvil. El auto no dudó antes de girar y alejarse. La siguiente toma antes de que terminara la cinta mostraba una figura corriendo hacia la imagen fija de Edward para ayudarlo.
Ambos permanecimos en silencio mientras el oficial Call terminaba las formalidades de su visita y lo acompañé a la puerta.
Regresé al sofá y me acomodé con Edward, quien puso sus brazos alrededor de mí nuevamente.
—¿Estás bien?
—Estoy bien. ¿Tú? ¿Necesitas analgésicos?
—No, ¿puedes simplemente... quedarte un rato? —pidió y yo asentí, inclinándome hacia él. Ninguno de los dos habló y pronto Edward se durmió. Me quedé despierta, escuchando su suave respiración y luego cerré los ojos.
Cuando los abrí de nuevo, la cara de Esme apareció a la vista. Me sonrió y se llevó un dedo a los labios, indicando que Edward todavía estaba durmiendo. Hizo un gesto hacia la cocina y vi algunos platos de comida humeantes.
—Los dejaré en el horno y pasaré por la mañana para que puedas ir a tu reunión —susurró ella y yo asentí. Se inclinó para besar la frente de Edward y luego la mía antes de irse.
Cerré los ojos de nuevo, sintiendo el feliz repiqueteo de la impronta en mi pecho.
Siete semanas después de que Edward dejara el hospital, le quitaron el yeso y comenzó la fisioterapia. También me pidió que me mudara con él.
—¿Qué?
—Bueno, prácticamente has estado viviendo aquí durante las últimas siete semanas. La mayoría de tus cosas están aquí. Y me gusta tenerte aquí —expuso alegremente desde el taburete del bar. Estaba parada al otro lado de la barra de la cocina, cortando vegetales para nuestra cena.
—¿Y pensaste que el momento adecuado para preguntar esto sería cuando tengo un cuchillo muy afilado en la mano? —mascullé secamente y Edward se rio.
—Bella… estoy hablando en serio. Quiero que te mudes conmigo.
—Nos conocemos desde hace tres meses, Edward.
—¿Y qué?
—Bueno... ¿eso no te parece un poco apresurado? —cuestioné, raspando las verduras en la salsa que estaba cociéndose a fuego lento en la estufa.
—Realmente no. Tal vez sea apresurado para otras personas, pero somos nosotros. Bella, odio cuando regresas a tu casa, incluso cuando es solo por ropa limpia.
Yo también, pero no iba a admitirlo. Le di una mirada amarga, pero esto solo pareció animarlo.
»Estás desperdiciando dinero pagando el alquiler de ese apartamento cuando nunca estás allí.
Otro buen punto. Elegí ignorarlo.
»Tengo una ducha increíble.
Posiblemente el mejor punto hasta ahora. Me encantaba la ducha de Edward. Era una de esas con boquillas en la pared que te golpean desde todos los ángulos. Podría vivir feliz en esa ducha por el resto de mi vida.
»Y porque me amas y yo te amo.
Argh.
Serví la cena y deslicé un plato hacia él. Empezó a comer ansiosamente mientras yo servía una bebida para cada uno, tomando asiento frente a él.
—Entonces, ¿qué piensas? —preguntó, alrededor de un bocado de verduras y pollo. Suspiré.
—Pienso que ya lo has decidido.
—Oh… —Parecía decepcionado y le lancé una mirada furtiva.
—Pero como mi contrato de arrendamiento está llegando a su fin y la mayoría de mis cosas están aquí… supongo que podría soportar vivir contigo.
Su sonrisa hizo que toda la situación valiera la pena y me sentí un poco orgullosa de haber tomado la decisión tan fácilmente. Porque fue fácil.
Edward podría haber sido mi impronta, pero también fue mi elección.
