Los personajes de Twilight no me pertenecen, la historia es completamente mía.
Canción del capítulo:
10 mil vidas más ― Jesse y Joy
Outtake I — La propuesta
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Por ti
Por ti
me he convertido en delincuente en un ratero,
en un amigo de lo ajeno
que será perseguido por todos
incluyendo al policía de la esquina
al profesor de moral
y al prefecto de disciplina.
Por ti
Hoy en la mañana
me convertí en un ladrón de flores.
Jairo Aníbal Niño
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Edward's POV
Cuando llegamos nuevamente a Forks, supe que el momento había llegado. Aunque desde siempre tenía la certeza de que Bella sería mi esposa, estaba esperando el momento y lugar indicado para proponérselo.
Bella empezó a trabajar hace una semana en la escuela, y yo ya llevaba casi un mes en la oficina de papá, lo cual hacía que casi no nos viéramos, y cada separación con ella, así sea corta, se me antojaba una eternidad.
Cuando llegó el día de su cumpleaños, supe que era el momento; los nervios hacían que mis manos sudaran y que mi cuerpo entero temblara, no podía evitarlo, me sentí nuevamente como un niño que iba a darle el primer beso a esa pequeña muñequita de coletas. Estaba seguro de su amor, sin embargo, la posibilidad de un no era… una posibilidad.
Teníamos una cena con mamá y papá en la noche, así que debía aprovechar la tarde para encontrar un momento a solas y hacerle la gran pregunta. Así que esa mañana me desperté más temprano de lo usual, Bella aún seguía dormida, le preparé el desayuno, pan tostado, huevos, y su infaltable chocolate caliente, pero sentí que algo faltaba, y al ver por la ventana, al otro lado de la acera, en el jardín de la señora Cooper, lo supe. Una blanca rosa de su rosedal pareció guiñarme un ojo, así que rápidamente salí, miré a cada lado de la calle, que estaba desierta, y las ventanas de la casa de mi anciana víctima estaban cerradas. Al instante siguiente estaba con un par de rosas en mi mano, y con mis dedos sangrantes debido a las espinas.
─¡Edward! ─La voz ronca de la señora Cooper me sobresaltó cuando estaba cruzando la calle.
—¡Buenos días, señorita Cooper! —Pero no me detuve, seguí mi camino, más apresurado esta vez, sin mirar atrás.
—¡Edward, mis rosas! —Cerré la puerta y me recosté contra la puerta, con una carcajada saliendo de mi pecho y el corazón acelerado.
Casi salto de felicidad cuando me vi en la cocina con el pequeño florerito sobre la mesa, solo me quedaba escribirle una nota, la cual dejé al lado de su desayuno.
Feliz cumpleaños, vida.
Espérame esta tarde en el claro.
Te amo.
Edward
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Estuve toda la mañana muy ansioso, incluso papá se preocupó al verme tan distraído en una reunión con unos potenciales clientes de una fábrica de lácteos.
—Perdón papá, pero estoy muy nervioso.
—Qué pasa, ¿Bella está bien?
—Sí, solo que voy a proponerle matrimonio hoy y me da miedo que me rechace.
—Primero, te felicito, ya era hora que den ese paso tan importante, Esme se va a poner loca cuando le cuentes —Ambos reímos, pues doña Esme no desaprovecha ocasión para preguntar cuándo daremos el siguiente paso en nuestra relación—. ¿Sabes que tiene revistas por montones sobre bodas y vestidos?
—Pero si me dice que no.
—Edward, sé sensato; entiendo que tengas nervios, pero es imposible que te diga que no, Bella te ama, es algo que puede verse desde el espacio, lo que debería ser un spoiler para su respuesta —me da un medio abrazo, con un golpecito en la espalda—. No temas, y mejor vete, que este día no parece que puedas trabajar.
—Está bien, nos vemos en la noche.
—No olviden que Esme tiene preparado una cena para el cumpleaños de Bella.
—Claro, nos vemos.
Aunque traté de tranquilizarme con las palabras de papá y refugiarme en el amor de Bella y el mío, aún me sudaban las manos cuando iba de camino al claro, pero cuando la vi, sentada, leyendo a las faldas de un inmenso roble, supe que nada debía temer, había amado con locura a esa mujer, la seguía amando y la seguiría adorando con cada fibra de mi piel, y eso era suficiente, el que me amara de vuelta, era mi gloria y si me decía que no, le insistiría hasta que dijera que sí, tenia toda mi vida para conseguirlo.
Tan concentrada estaba que no me sintió llegar, sin embargo, la seguí mirando desde una distancia prudente, desde donde saqué una pequeña libreta y un lápiz de mi bolcillo, escribí una nota y se la lancé en forma de avioncito. Tantos años practicando con mi lanzamiento que no fue coincidencia que el avioncito aterrizara sobre su lectura.
Bella se sobresaltó y de inmediato me buscó en el camino. Nunca dejaba de sorprenderme con su belleza, sus ojos inmensos, sus labios divinos, ahora adornados por una sonrisa; y en su pelo, la rosa blanca que le dejé en la mañana. Le sonreí también y le hice señales para que leyera mi nota.
«
Desde aquí te ves tan besable
Soltó una carcajada cuando la leyó, pero se apresuró a sacar una libreta de su bolso y escribir. Su avioncito calló a mis pies.
»
Ven aquí y hazlo
«
Créeme que, si no tuviera que decirte algo, estaría sobre ti en este mismo instante.
»
Dime, antes que sea yo la que te ataque. El color de tu saco hace que tus ojos resalten y me encanta. Solo quiero comerte a besos.
«
Si sigues diciéndome esas cosas, voy a olvidarme de mi pregunta
Esta vez solo recibí una carcajada y una mirada de su parte, incitándome a preguntar.
Y aquí iba mi pregunta, una de las más importantes de mi vida. Las manos me temblaban, el aterrizaje ahora fue un caos, calló a un par de metros de ella, quien, con paciencia, fue a recogerlo.
«
Cásate conmigo.
Lo leyó de inmediato y pude ver la sonrisa hacérsele más grande, me miró y me congelé. No me dijo nada, regresó a su lugar y volvió a escribir.
»
Ven y te respondo
«
¿Me vas a decir que no?
»
Ven y lo averiguas
«
Estoy muy nervioso, no sé si pueda caminar.
Si me dices que no, insistiré, lo sabes, ¿cierto?
»
Ven, mi amor.
Y con todo el cuerpo temblando, caminé hasta donde estaba Bella, quien me tendió la mano y me invitó a sentarme junto a ella para luego, sentarse a horcajadas sobre mí.
Su olor me envolvió, quería cerrar lo ojos y concentrarme solo en eso, en su aroma, que tantas veces logró calmarme; pero ahora, estaba centrado en sus orbes chocolate, donde pude verme, tan enamorado, tan perdido por esta mujer.
—Isabella, no me digas que no —puse frente a ella un pequeño y delicado anillo. Soltó una pequeña risita antes de dejar un delicado beso en la comisura de mi boca.
—Pensé que ibas a regalarme más luciérnagas —reímos al recordar, no pude evitar la nostalgia—. Pero esto es mucho mejor. Sí, Edward, sí quiero casarme contigo.
Holiiii, pues sí, aquí sigo, nunca, aunque me demore siglos, dejaré de tener fe en poder escribir algo y compartirlo con ustedes, esperando que lo disfruten y me hagan saber sus opiniones.
Gracias a quienes me han leído y les recomiendo volver a leer esta historia si no recuerdan jajaja ya ha pasado tiempo.
Sol, aquí seguimos. ILY
Nos leemos en el siguiente…
Beijos.
