Pareja: Rei&Takao
Boris&Mao&?
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
TAN DIFERENTES TAN IGUALES
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
Unos días después...
–Qué bien, mañana por fin es sábado –dijo un cansado Takao mientras caminaba por el pasillo junto a su amigo Max.
–Jamás te había visto así –confeso el rubio.
–¿Así cómo?
–Me refiero a así de cansado.
–Ni yo tampoco. Creo que hoy en clase de literatura he dado tres cabezadas. Qué suerte que el profe no se ha dado cuenta. –confesó–. Estoy tan cansado. Lo único que quiero mañana es dormir. Llevo tres noches sin poder pegar ojo cuidando de mi hermano. –le contó con su vista puesta en el suelo como siempre, sin dejar de caminar.
–¿Cómo está? –preguntó su amigo algo preocupado.
–Está un poco mejor o eso espero –suspiró.
–Takao nos vemos a la salida, ¿de acuerdo? –quedó Max, deteniéndose en la puerta de un aula.
–Vale Max, hasta luego –le despidió cabizbajo.
–Hasta luego.
La última clase para Takao fue larguísima. Nunca una clase se le había hecho tan larga y tan pesada como esa. Miró el reloj que estaba en lo alto de la pizarra. Sólo faltaban cinco minutos para que tocara el timbre y pudieran irse por fin a casa. Las agujas parecían no tener ningún movimiento y Takao se desesperaba más y más. Ya ni siquiera le prestaba atención al profesor, únicamente deseaba salir de ahí lo antes posible.
Por suerte para él y el resto de la clase el timbre sonó. Takao como siempre, esperaba a que todos salieran de la clase para salir el último. Así que cogió con la mayor tranquilidad del mundo y empezó a meter el cuaderno junto con el libro y su bolígrafo en la mochila. Se dio cuenta que no era el último de la clase en salir como otras veces. Unos pupitres más adelante, en la fila derecha, una chica de cabello rosa había guardado todo y tenía su mochila en el hombro pero no se movía de ahí, mientras ponía sus manos sobre el pupitre apoyándose para no caerse. Takao pasó por su lado y se dio cuenta de que su compañera de clase estaba intentando coger aire por la boca.
–Mao... ¿te encuentras bien? –preguntó Takao algo preocupado. Mao por su parte se sentó en su silla.
–No es nada, es sólo un pequeño mareo. Ya empieza a hacer mucho calor.
–Si quieres... puedo hacerte aire o algo para que se te pase un poco.
–No... No es necesario. –contestó intentando ponerse de pie pero el resultado fue que estuvo a punto de caerse si no es porque Takao la cogió a tiempo.
–Vamos a la enfermería.
–Ya no debe de haber nadie ahí. –contestó a duras penas.
–Pues te ayudaré a llegar hasta la salida para que cojas el autobús.
–Está bien.
–Dame tu mochila. Cuanto menos peso lleves, mejor. –Mao se la dio y se apoyó en Takao para salir hasta la salida.
–Lo siento –se disculpó Mao.
–¿Por qué?
–Porque no solamente cargas con tu mochila que ya tiene bastante peso, sino que también lo haces con la mía y conmigo.
–Da igual. –Salieron al jardín del instituto. Max estaba de pie esperando a su amigo. Se sorprendió cuando vio que iba cargado con otra mochila y una chica estaba apoyada en él–. Hola, Max. –saludó a su amigo.
–Hola. ¿Qué pasa? –preguntó mirándoles.
–¿Me ayudas? –pidió Takao, pero antes de que Max pudiese acercarse, la chica habló.
–Ya no es necesario –agregó Mao–. Ya se me ha pasado, gracias por ayudarme –agradeció mientras cogía su mochila de la mano de Takao.
–De nada. ¿Seguro que estás mejor? –preguntó aún preocupado.
–Sí. Hasta el lunes, Takao.
–Hasta el lunes. –la despidió, viendo cómo se marchaba por su propio pie.
–¿Qué ha pasado? ¿Quién era esa chica? –preguntaba el rubio.
–Es una compañera de clase. No se encontraba bien. –Le comentó– ¿Nos vamos?
–Claro. Pero los matones están ahí fuera. –le advirtió.
–Qué raro, normalmente se van antes que nosotros y eso que hoy nos hemos retrasado. Tenemos que salir de aquí, porque van a cerrar las puertas dentro de nada.
–Tienes razón, vamos. –A medida que se acercaban a la puertas, veían cómo los miembros de la banda se iban alejando– ¡Qué bien! –dijo Max. Cruzaron la gran puerta y seguían su camino cuando fueron interrumpidos.
–Mira a quien tenemos aquí. –agregó Kane saliendo por delante de ellos, cortándoles el paso– ¿Qué te parece, Miguel? –preguntó mientras miraba por detrás de los chicos.
El chico era alto, moreno de piel, su cabello era rubio platino y sus ojos azules–. Qué creo que tengo cuentas que resolver con uno de ellos. –anunció sonriente mientras se juntaba las manos haciéndolas crujir, viendo que sus víctimas miraban hacia él sorprendidos–. Brooklyn.
–Dime –contestó un chico de cabellos naranjas, de ojos verdes, alto, y piel clara, vestido todo de negro con una muñequera de púas, poniéndose a su lado.
–Ocúpate del rubio, que yo me ocupo de éste.
–Dejadnos en paz, no os hemos hecho nada –aclaró Max mirando a los tres chicos.
–Ahí te equivocas –dijo Miguel. Tu amiguito chocó conmigo haciendo que se arrugara mi camiseta.
–Eso... hip... fue hace...hip... días –contestó Takao cómo podía por culpa del hipo, cabizbajo, mientras intentaba encontrar una salida.
–A ti puede que se te haya olvidado, pero me pegaste uno de tus microbios cuando chocamos y eso no se lo perdono a nadie. Kane, ya sabes lo que tienes que hacer.
Kane cogió a Max poniéndole los brazos hacia atrás–. ¡Soltadme! –Gritó el rubio– ¡Takao corre! –pidió el rubio.
–¡Dejadle en paz! –pidió Takao mientras corría hace Kane. Brooklyn se atravesó en su camino y le empujó hacia atrás. Cuando Takao comenzó a hacer traspiés hacia atrás Miguel lo empujó hacia Brooklyn. Empezaron a hacerlo varias veces.
–¡Dejadlo tranquilo! –pedía Max, intentando soltarse en vano.
–Jajaja. Esto es tan divertido –dijo Miguel.
En uno de esos empujones a Takao se le cayeron las gafas al suelo y el móvil– ¡Mis gafas! –fue lo único que atinó a decir. Miguel lo sujetó de los brazos, para impedir que se moviera, dejando a su otro compañero actuar.
–Las gafas eran bonitas –agregó Brooklyn mientras las pisaba frente a él, rompiéndolas–. Jajaja, mientras duraron. –finalizó, recibiendo de nuevo a Takao de un empujón por parte de su compañero e imitándole en el gesto.
–Jajaja –rió Miguel mientras seguía mareando a Takao.
–¡Eh! ¿Qué creéis que estáis haciendo? –preguntó un pelirrojo furioso.
–Divertirnos –contestó Miguel sin dejar de hacer su trabajo.
–¡Soltadlos, ahora mismo! –Ordenó mientras se acercaba hacia ellos con pasos furiosos– ¡Venga!
–Qué mal carácter, Yuriy –agregó Kane mientras soltaba al rubio.
–Tenéis suerte –siseó Brooklyn mirando a ambas víctimas.
–Sí, mucha suerte –concretó Miguel mientras dejaba ir a Takao, quien únicamente se agachó a recoger sus gafas, quedando en esa posición.
–¡Fuera de aquí! –siseó Yuriy atacado de los nervios mientras miraba a sus compañeros.
–Eres un aguafiestas, Yuriy –bufó Kane mientras se marchaba junto con los otros dos.
Yuriy se acercó hasta Takao, mirándole con cara de preocupación. Se agachó para estar a su altura–¿Estás bien? ¿Te han pegado? –preguntó mientras observaba cómo un Takao cabizbajo miraba sus gafas destrozadas, intentando encontrarle arreglo. Se dio la vuelta para mirar al rubio. – ¿Tú estás bien?
–Sí –contestó el rubio, recogiendo el móvil de Takao del suelo.
–Yuriy –le llamó Rei a su espalda, haciendo sobresaltar a los tres– ¿Qué ha pasado?
–Han intentado darles una paliza –contestó Yuriy regresando su vista a Takao.
–Toma, Takao –dijo Max acercándose hasta él, extendiéndole su móvil–. Suerte que no les has dicho nada o también te lo hubieran roto. –le susurró.
–Tu móvil está realmente bien. Me gusta–agregó Yuriy mientras se lo quitaba a Max de las manos. En ese momento el móvil sonó haciendo que Takao reaccionara y se lo quitara rápidamente de las manos.
–Dámelo. ¿Diga? –todos se fijaron en las reacciones de Takao y notaron cómo su voz se iba quebrando poco a poco. Soltó las gafas rotas de las manos dejándolas caer de nuevo al suelo. Rei se acercó más a ellos– ¿Cuando ha sido?... –preguntó intentando aguantarse las ganas de llorar–. Gracias por avisarme. –fue lo último que dijo mientras una lágrima comenzó a salir de sus ojos mientras colgaba.
–¿Ocurre algo malo? –preguntó el pelirrojo al darse cuenta de que estaba llorando.
–Takao –le llamó Max preocupado. Takao se puso de pie y salió corriendo hasta que pasó por el lado de Rei, quien lo detuvo al sujetarle del brazo con fuerza.
–¡Suéltame! –le exigió soltándose de ese agarre mientras le mostraba a todos que estaba llorando.
–¿¡Qué pasa Takao!? –preguntó Max muy preocupado.
–¡Es Hitoshi! –concretó mirándole antes de salir corriendo de allí.
&&&Rei&Takao&&&
Un chico se encontraba tumbado en una cama del hospital. Tenía el cabello de color azul ceniza, ojos de color marrones, alto, piel oscura y estaba vestido con la camisa y el pantalón del hospital. Tenía el oxígeno puesto, además de algunas vías puestas y tenía los ojos cerrados.
Takao llegó corriendo hasta ese hospital y entró en la habitación. Se sentó junto al que dormía y lo cogió de la mano con suavidad. El otro al sentir el agarre, se despertó.
–Hola, Takao. –saludó.
–Hola, Hitoshi. ¿Cómo te encuentras?
–Muy cansado. Creo que mi corazón ya no va a resistir mucho.
–No digas eso –contestó dándole un pequeño beso en la mano–. Tu corazón seguirá resistiendo.
–Está bien –respondió para no preocupar a su hermano– ¿Dónde están tus gafas?
–Me las he dejado en casa.
–Lo siento Takao. Por mi culpa no puedes dormir por las noches y además trabajas y estudias al mismo tiempo porque yo no puedo hacerlo. –Decía un cansado Hitoshi–. Yo tendría que ser el que trabajara y no tú.
–Hitoshi, eres mi hermano y sabes lo mucho que te quiero. No me importa hacer todo eso por ti. Sólo quiero que no te preocupes más. Ya verás –decía derramando una lágrima a la vez que se agachaba a darle un abrazo–, saldremos adelante, te lo prometo. No me dejes nunca Hitoshi –pidió comenzando a llorar en silencio aunque su hermano sabía que lo estaba haciendo.
–No te dejaré nunca –contestó Hitoshi para tranquilizar a su hermano mientras le correspondía el abrazo.
Tras pasar un rato en los brazos de su hermano, se levantó. No quería quedarse dormido, no ahora que su hermano lo necesitaba. Miró a su hermano y vio que estaba quedándose dormido. Esperó a que se durmiera y salió de la habitación. Se metió en el servicio. Miró que no hubiera nadie dentro y entonces comenzó a llorar.
–No te puedes morir. No puedes morir. No puedes dejarme solo, Hitoshi –decía apoyándose en la pared mientras sentía cómo sus piernas le fallaban y se quedaba sentado en el suelo. Sintió cómo unos pasos se acercaban, así que intentó aguantarse las ganas de llorar mientras flexionaba sus rodillas y ponía sus brazos en cruzados encima de ellas a la vez que recargaba ahí su cabeza.
–¿Estás bien? –preguntó un voz familiar.
Sorbió el moquillo–. Sí, no se preocupe. –contestó conservando la misma postura.
–¿Qué te pasa? –preguntó el recién llegado, arrodillándose junto a él.
–No le importa. Snif... márchese por favor.
–No me voy a ir de aquí hasta que me digas que ha pasado.
–Snif... déjeme en paz. –le pidió.
–Te sentirás mejor si me lo cuentas.
Takao levantó la cabeza enfadado al notar la insistencia del otro y se sorprendió cuando vio a alguien que no esperaba ver.
–¿Qué haces aquí? ¿Vienes a robarme? Porque si es eso, no tengo nada –contestó cabizbajo.
Rei le puso la mano en el mentón haciendo que lo mirase– ¿Quién es Hitoshi?
–¡Márchate! –gritó mirándole y a la vez limpiándose las lágrimas– ¡No te importa! ¡A nadie le importa! –Sintió que el aire le empezaba a faltar y empezó a coger aire por la boca– ¡Márchate! Ah ha, ah ha…
–¿Qué te pasa? –preguntó Rei preocupado. Al ver que Takao cada vez cogía más aire se preocupó más–. Voy a llamar a un médico –dijo levantándose.
–No lo hagas, ah ha, se me pasará, ah ha –decía mientras comenzaba de nuevo a llorar.
–No seas terco. Quiero ayudarte –le aclaró Rei sinceramente.
–Ah ha. ¡No necesito tu ayuda! snif...–siguió llorando– ¡Sólo aléjate de mí y no me mires!
–¿Por qué?
–Porque el lunes te burlarás de mí junto con tus amigos por haberme visto llorar.
–Yo no haría eso. ¿Por qué te cuesta tanto aceptar que de verdad quiero ayudarte? –preguntó confundido.
–¡Porque sí! ¿¡Vale!? ¡Oye, ya soy bastante desgraciado y mi vida no es nada fácil para que tú vengas a robarme y tus amigos quieran darme una paliza sin razón alguna!
–Si lo dices por lo de antes, yo no ordené eso –se enfadó al pensar en que lo habían desobedecido –lo hicieron por su cuenta.
–¡Eso da igual! ¡Nos tratáis como si fuésemos basura, sólo porque estudiamos y sacamos buenas notas! ¡Pues te diré una cosa Kon Rei, si nos conocierais solamente un poco veríais en el fondo de vuestros corazones que no somos tan diferentes a vosotros! ¡Pero claro, es mucho pedir que intentéis hacer eso! –gritaba Takao enfadado mientras que Rei se sentía muy mal por lo que le estaba diciendo Takao porque todo lo que decía era cierto. Jamás se había sentido tan mal en su vida y el ver a ese chico llorando le partía el corazón. Takao se puso de pie mientras se limpiaba las lágrimas y salía del servicio. Rei sin pensarlo dos veces salió detrás del joven de cabellos azules.
Ahora más que nunca quería saber cosas sobre ese chico. A nadie está a punto de darle un ataque de ansiedad si es que no lo había sido, así porque sí. Algo debía de tenerlo muy preocupado y él averiguaría lo que era. Salió del servicio y vio cómo Takao se paró en la entrada de una habitación. Un médico se acercó hasta él mientras que Rei aceleraba los pasos para saber lo que estaba pasando. Si Takao no se lo decía, se enteraría por el médico.
–¿Es usted familiar de Kinomiya Hitoshi?
–Sí, soy su hermano –respondió Takao. El médico lo cogió del brazo y lo apartó bastante de la habitación– ¿Está muy grave, doctor? –preguntó Takao con algo de angustia en su voz.
–Chico, me encantaría decirte que sólo ha sido un simple ataque al corazón, pero, lo cierto es que su corazón está muy débil. Y no sabemos si será capaz de aguantar otro ataque tan fuerte como éste.
Takao al escuchar eso se tapó la boca con la mano para no gritar durante unos segundos– ¿No hay nada que se pueda hacer?
–Lo único que queda en los casos como en los de su hermano es un trasplante de corazón. Sería una operación muy complicada y arriesgada. Tendríamos que hablar con él, para que nos diera su consentimiento. Sin eso aunque usted dijera que si, si él se rehúsa no podríamos operarlo.
–Entiendo. ¿Cuándo podrán darle de alta?
–Eso no puedo decírtelo todavía. Primero tenemos que hacerle algunas pruebas. Pero si decide operarse tiene que ser muy pronto.
–Está bien. Gracias doctor.
–Como he observado que está dormido lo dejaré descansar. Después nos lo llevaremos para hacerle las pruebas –el doctor puso su mano en el hombro de Takao–. Todo saldrá bien.
Takao puso una media sonrisa aunque la verdad no le apetecía lo más mínimo reír. Decidió que lo mejor era pasar a ver a su hermano. Lo que no sabía es que Rei lo siguió quedándose apontocado en el marco de la puerta.
Takao se sentó junto a su hermano cogiéndole de la mano mientras le daba pequeños besos y lo miraba. Si a Rei la escena anterior le partía el corazón ahora se lo destrozaba por completo. El hermano de Takao despertó.
–¿Dónde estabas?
–Dando una vuelta. ¿Te encuentras mejor? –preguntó apretando la mano de su hermano.
–Sí, un poco –contestó Hitoshi mientras miró hacia la puerta encontrándose a un chico alto, de ojos color miel, pelo negro desaliñado por delante y recogido en coleta por detrás con un ropaje moderno– ¿Eres amigo de Takao? –preguntó mirando al muchacho.
–Yo... sí. Soy un amigo del instituto –comentó Rei.
Takao se le quedó mirando –Sí. Pero ya se iba, ¿verdad, Rei? –dijo el joven de cabellos azules mientras intentaba echarlo disimuladamente delante de su hermano.
–Sí. Claro, ya me voy. Espero que te mejores –le dijo sinceramente a Hitoshi.
–Gracias –respondió el otro mientras miraba al chico.
–Nos veremos el lunes, Takao.
–Claro –respondió bajando la mirada, sin muchas ganas de contestar mientras miraba las sábanas.
–Adiós –se despidió mientras se dirigía al pasillo para salir de allí. Takao ni siquiera se molestó en contestarle.
–¿Estás enfadado con tu amigo por algo? ¿Os habéis peleado? –preguntó Hitoshi preocupado al ver el enfado en los ojos de su hermano.
–No. –Le restó importancia–. Hitoshi, quiero que descanses, ¿de acuerdo? No me moveré de tu lado ni un segundo.
–¿Y el trabajo?
–Hoy no voy, tú me necesitas y no pienso abandonarte. Después los llamaré y diré que estoy enfermo o algo así.
&&&Rei&Takao&&&
Mientras Takao se quedó en el hospital cuidando de su hermano. Rei se había ido a trabajar. No dejaba de pensar en esos ojos. Eran tan bonitos. Yuriy tenía razón. El chico no parecía el de siempre sin sus gafas y nunca se hubiera imaginado el verlo con ese carácter, ya que siempre que lo veía con sus amigos, iba cabizbajo y parecía muy tímido. Y ahora que lo pensaba no le había dado hipo mientras hablaba.
–Oye Rei, sirve esto a la mesa tres –le pidió un compañero de trabajo, dándole unos platos.
–Ya voy –contestó mientras cogía los platos y los ponía en la bandeja llevándolas a su destino.
&&&Rei&Takao&&&
Mao estaba haciendo los deberes en su habitación cuando tocaron el timbre. Bajó las escaleras y abrió la puerta.
–Hola, preciosa –saludó Boris mientras le daba un beso en los labios.
–Hola. Pasa –dijo Mao mientras se echaba hacia un lado.
–¿Qué hacías antes de que yo llegará? –preguntó mirándola.
–Los deberes, aunque no tengo muchas ganas de hacerlos. Hoy no me encuentro muy bien. –confesó mientras se tocaba la cabeza y se sentaba en el sofá.
–¿Por qué? ¿Qué te pasa? –preguntó Boris mientras se sentaba a su lado.
–No sé, creo que la cena de anoche no me sentó nada bien.
–¿Qué cenaste?
–Almejas. Pero no me hagas recordarlo porque me dan ganas de ir al servicio y no salir de allí.
–Entonces, hoy necesitaras que te mimen, ¿no? –preguntó con una sonrisa pícara–. Pues ya estoy aquí para consentirte en todo lo que quieras –anunció mientras la abrazaba y le daba un beso en la cabeza.
–Gracias Boris –dijo mientras abrazaba a su novio.
–¿Cómo te fue el examen de Matemáticas?
–Bien.
–¿Y cómo te lo pasaste en mi casa?
–Muy bien. –decía con una sonrisa al recordar lo que sucedió.
–Otro día cuando te encuentres mejor te invito a tomarnos algo por ahí. ¿Qué te parece?
–Me parece genial –dijo dándole un beso a su novio el cual fue correspondido y fue aumentando cuando Boris introdujo la lengua en la boca de Mao, ella le correspondió pero inmediatamente lo separó de golpe.
–¿Por qué has...? –antes de terminar la frase, Mao salió corriendo mientras se tapaba la boca hacia el servicio. Boris se levantó y fue a la misma dirección que ella. Vio que la puerta estaba cerrada así que tocó la puerta.
–Preciosa, ¿estás bien? –Como respuesta sintió cómo Mao daba arcadas–. Ya veo que no. Oye cariño, en cuanto salgas te diré lo que vamos a hacer. –escuchó cómo Mao tiraba de la cisterna y abría el grifo para poco después volverlo a cerrar. Mao abrió la puerta y estaba más pálida que antes– ¿Te encuentras ya mejor? –Mao asintió–. Bien, vamos a tu habitación, te metes en la cama y descansas un poco hasta que se te pase del todo el mareo, ¿de acuerdo? –ella volvió a asentir–. Bien. –le dio un beso en la frente y se abrazó a ella para ayudarla a subir por las escaleras. La metió en la cama y la arropó.
–Boris, lo siento.
–Tú no tienes la culpa de estar enferma, Mao. Además yo voy a quedarme aquí hasta que se acerque la hora en que tu hermano vuelve a tu casa, ¿vale?
–Vale. Gracias.
–No me las des. Sabes que te adoro –le recordó dándole suaves caricias en la cabeza y en la mejilla. Y así lo hizo. Se quedó toda la tarde cuidando de Mao hasta que vio que se acercaba la hora de irse–. Te quiero preciosa –le susurró dándole un beso en la frente a una dormida Mao. Salió de la habitación con mucho cuidado de no hacer ruido al igual que lo hizo al bajar las escaleras y al cerrar la puerta de la casa. Por suerte no se encontró con su "cuñado" ya que Rei no sabía nada acerca del noviazgo que tenía Boris con Mao. Y no quería que se enterase hasta que Mao aceptase vivir con él en su casa. Sólo con él. Todavía no se lo había propuesto pero estaba seguro de que Mao aceptaría ya que siempre terminaba haciéndole caso en todo. Todo sería más fácil ahora, ya que hace un mes le regalo un pequeño anillo de plata el cual Mao decía que le encantaba. Después de los dos grandes malentendidos que habían tenido a lo largo de su noviazgo, ya no permitiría que nadie los separase. Eso lo tenía muy claro.
Cuando Rei llegó a su casa lo primero que hizo fue llamar a su hermana– ¡Mao, ya estoy aquí! –anunció su hermano entrando a la casa.
–¡Estoy en mi habitación! –contestó Mao. Rei subió las escaleras y tocó la puerta de la habitación. –Adelante –le pidió ella. Rei entró y se sorprendió al verla metida en la cama.
–Mao. ¿Qué te pasa?
–No es nada. La cena de anoche no me sentó muy bien, eso es todo.
–Supongo que entonces no querrás cenar nada, ¿verdad?
–Verdad –contestó ella con una sonrisa haciendo que su hermano también sonriera.
Continuará...
&&&Rei&Takao&&&
Muajajajaj, ya estoy de vuelta. Perdón por el retraso pero tengo muchos fics que actualizar. (Y si no meteros en mi profile y ya veréis) jejeje. Perdonadme también si hay algún fallo en el fic.
Gracias por sus reviews a:
Takaita Hiwatari: ¿Tú crees que éste fic promete de verdad? Pues espera a que suba otros cuantos capis. Si Rei ahí te da miedo no quiero ni imaginar la impresión que te dará después. Jejeje. Mejor no sigo porque contigo no quiero tirar de la manta.
Senshi Hisaki Raiden: Jejeje, cómo puedes ver no hay Kai a la vista así que si surge algo entre los dos, (que surgirá), no estará ahí para interponerse. Este fic es solamente para ellos dos solitos. Jajaja, me alegra que te gustase el capi anterior y espero que este no haya sido menos.
Ari–Yuna: Me alegra que te guste el comienzo de la historia, jejeje. Espero que sigas mis actualizaciones cuando buenamente puedas. Gracias por tu reviews, con la mayoría me parto de risa y me reaniman mucho cuando los leo y estoy desanimada.
Zeiriyu: Bueno no sé si este es un buen Rei/Takao pero espero que te haya gustado este capi y que sigas leyéndolo.
K: Hola espero que te haya gustado este capi y que por favor me digas que te ha parecido este capi.
Espero que si alguien lee esta historia no olvide dejarme su comentario. Eso es todo por ahora, hasta la próxima. Muajaja, volveré.
