Pareja: Rei&Takao
Boris&Mao&?
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
TAN DIFERENTES TAN IGUALES
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
El lunes llegó y un cansado Takao salía al recreo metiéndose en la biblioteca para dejar un libro. Ese lugar estaba casi vacío. Le devolvió el libro a la bibliotecaria y salió de allí cruzando la puerta, dispuesto a reunirse con sus amigos cuando un brazo lo detuvo.
–Takao –le llamó Yuriy, viendo como éste le miraba para ver quien lo había detenido.
–¿Qué pasa? –preguntó hastiado.
–Nada. Es que quería devolverte algo –contestó mientras sacaba de su bolsillo un pequeño estuche–. Toma –se lo extendió, esperando a que Takao lo cogiera.
–Si esta es una broma de alguno de vosotros... –no le dio tiempo a finalizar la frase, ya que el otro le interrumpió.
–No es ninguna broma. Por favor, ábrelo –pidió Yuriy.
–¿Por qué debería confiar en ti?
–Pues muy sencillo, porque... porque... –no se le ocurría ninguna excusa creíble.
–¿Lo ves? Si hasta tú no sabes ni qué decir en tu defensa.
–¿Ves a alguno de la banda por aquí? –argumentó.
–No –contestó Takao mirando a su alrededor medio cabizbajo–. Pero no veo qué tiene que ver.
–Que si te fuera a gastar una broma, ellos estarían aquí. Venga, si es una broma dejaré que me pegues un puñetazo... y hablo en serio. –anunció poniéndose algo serio mientras cogía la mano de Takao y le colocaba ahí el estuche.
–Está bien –contestó mientras empezaba a abrir el estuche–. Esto es... –contestó mientras veía unas gafas en interior. Pero no eran cualquier gafas. ¡Eran sus gafas! –las sacó del estuche para mirarlas bien. Sin lugar a dudas no había equivocación–. Pero si estaban rotas, ¿cómo es que están nuevas?
–¿Lo ves? No era ninguna broma. Cuando saliste corriendo el viernes cogí las gafas del suelo y se las lleve a mi padre. Es el jefe de una óptica. Sólo tenía torcida una patilla y rotos los cristales. Lo único que tuvo que hacer fue mirar el aumento de cristal de cada lado. Menos mal que quedaron restos de cristales alrededor y no se rompieron enteras. Por cierto, si no tienes apenas aumento, ¿por qué las utilizas? –preguntó un curioso Yuriy.
–Quizás algún día te lo diga –contestó Takao poniéndoselas mientras una sonrisa aparecía en su rostro–. Gracias Yuriy. De verdad. No sabes lo que estas gafas significan para mí.
–Me lo imagino. Por eso le pedí a mi padre que las arreglara. Siento lo que paso. Ninguno de nosotros sabíamos nada. –le contaba Yuriy mientras miraba a Takao.
–Ya no importa. Tengo que irme, he quedado con mis amigos.
–Oye si necesitas algo, lo que sea, cuenta conmigo. –le hizo saber Yuriy antes de que el joven de cabellos azules pensase en marcharse.
–Am... Vale –contestó no muy seguro.
–¿Amigos? –preguntó Yuriy extendiéndole la mano a Takao.
–Supongo –respondió Takao mientras miraba de nuevo al suelo. Para su sorpresa, Yuriy le cogió la mano y se la estrechó–. No quiero contagiarte mis microbios –dijo Takao.
–No digas tonterías. Eso sólo lo piensan los imbéciles de verdad –le comentó Yuriy soltando la mano de Takao–. Me voy, seguro que me estarán esperando. Hasta luego –dijo guiñándole el ojo.
–Am... Adiós –le despidió Takao sorprendido. Sin perder más tiempo se fue con sus amigos y sólo a Max le contó lo que había sucedido.
A la salida del colegio, Rei esperaba a Mao al lado de las puertas grandes de hierro ya que todavía no había salido. Pero por más que miraba hacia el descampado del interior del recinto, no la veía por ningún lado al igual que no había visto a Takao en todo el día. Les pidió a sus amigos que se fueran sin él porque iba a esperar a su hermana. Ellos accedieron y se fueron dejando a Rei esperando fuera junto a un muro que estaba a la salida del instituto.
&&&Rei&Takao&&&
–Entonces, no he sido el único que ha pasado un fin de semana horrible –agregó Takao mientras él y Mao salían de clase tranquilamente.
–No. Es increíble. El sábado y el domingo que son los únicos días que podemos dormir y descansar, me tengo que poner enferma.
–Pero ya estás mejor, ¿no?
–Sí. Ya no tengo esos mareos. –agregó–. Oye, Takao. ¿Con quién vas a hacer el trabajo de ciencias sociales?
–Supongo que solo –dijo encogiéndose de hombros–. Siempre lo he hecho así. –confesó.
–¿Te gustaría hacer el trabajo conmigo? –preguntó Mao.
–¿Lo dices de verdad? –preguntó Takao mirándola sorprendido.
–Claro, así me podrías explicar algunas cosas que no entiendo muy bien. –confesó Mao con una sonrisa.
–Pero yo pensaba que varios chicos de la clase te habían escogido como pareja ya.
–Bueno lo cierto es que lo han insinuado, eso es verdad, pero no lo han confirmado. ¿Qué me dices?
–Me parece bien. ¿Cuándo te gustaría empezar a hacerlo?
–No sé, esta semana será imposible con los exámenes. ¿Pero qué te parece la otra semana?
–Me parece bien. ¿Dónde quedaremos?
–Pues no sé, ¿Qué te parece en mi casa? –preguntó Mao.
–Me parece bien, pero, no sé dónde vives.
–Tienes razón. ¿Conoces a una chica que se llama Emily?
– ¿Te refieres a Emily Swam? –ella asintió–. Claro, es mi amiga.
–Pues vivo tres casas más abajo de ella.
–¿Es una casa que tiene en el muro varias figuras de gatos? –preguntó Takao intentando acordarse de la casa que había.
–Exacto, esa es. Más adelante decidiremos la hora. –acordó ella sonriendo.
–Está bien –dijo Takao mientras salía por la puerta grande del instituto. El pelinegro se asombró un poco al ver a la persona que estaba acompañando a su hermana.
–Bueno hasta mañana, Mao –le despidió Takao cabizbajo mientras se alejaba sin darse cuenta de la presencia de Rei.
–Hasta mañana, Takao –le despidió ella mientras caminaba hacia su hermano.
–Mao, ¿puedes esperarme aquí? Ahora vuelvo –le informó Rei mirando a Takao.
–Claro –dijo Mao mientras veía a su hermano ir en la misma dirección que Takao.
Rei llamó a Takao–. Takao –le llamó mientras caminaba más deprisa. Takao se detuvo y se dio la vuelta.
–Ah, eres tú –contestó con simpleza para seguir caminando. Rei le cogió del brazo y le dio la vuelta.
–Oye, espera. –le pidió.
–¿Qué quieres? –preguntó soltándose del agarre del pelinegro.
–¿Cómo está tu hermano? ¿Se encuentra mejor? –preguntó Rei preocupado.
–Sí, gracias por preguntar. Adiós. –contestó con rapidez mientras se daba la vuelta para seguir caminando.
Rei caminó tras él–. Oye Takao. Me siento muy mal por la forma en la que me he comportado contigo y lo siento de corazón.
Takao se detuvo y se dio media vuelta–. No lo sientas, no hace falta. –Sacó unas cuantas monedas y se las dio en la mano–. Toma.
–¿Qué es esto? –preguntó Rei enarcando una ceja.
–Dinero. ¿Es que no lo ves? Ahora deja de perseguirme –dijo comenzando de nuevo a andar, siendo perseguido por Rei.
–Oye, no quiero tu dinero.
–¿Pues entonces qué quieres?
–Sólo quería saber cómo estaba tu hermano, nada más.
–Pues ya te lo he dicho. Tengo que irme, no quiero que mi hermano se preocupe y le dé otro ataque.
–Tú no eras así de frío. ¿Por qué lo estás siendo? –preguntó Rei un poco sorprendido por cómo se comportaba el joven de cabellos azules.
–Te equivocas, lo que pasa es que no me conocías ni me conoces. –seguía contestándole sin detenerse.
–Pues déjame conocerte –pidió el chino.
–No –contestó Takao simplemente mientras giraba una esquina.
El pelinegro dejó de seguir a Takao. Tampoco quería acosarle. Así que giró sobre sus pasos y caminó de nuevo hacia dónde había dejado a su hermana. Cuando llegó hasta su hermana, se fueron en silencio, caminando hacia su casa.
–Rei, ¿te pasa algo? –preguntó su hermana, sin dejar de caminar.
–No, ¿por qué lo dices? –preguntó distraído.
–Bueno, siempre me hablas del trabajo cuando venimos desde el instituto hasta aquí. Y hoy no has dicho ni una sola palabra.
–Mao.
–¿Qué?
–El chico que iba contigo...
–¿Takao?
–Sí.
–¿Qué sabes de él?
–Bueno es un chico amable, es algo tímido y está muy pendiente de las explicaciones del profesor. Lo sé porque está en mi clase. Ayuda a los demás en lo que puede aunque los demás no le paguen con la misma moneda.
–¿A qué te refieres? –preguntó mirándole.
–Pues que no tiene amigos en clase, excepto yo. Y hoy lo han demostrado todos.
–¿Por qué? ¿Le ha pasado algo? –preguntó curioso.
–No, es que el profesor de ciencias sociales nos ha mandado hacer un trabajo y todos formaron sus parejas menos él. Bueno hasta hace un rato. Yo le he pedido que sea mi compañero de equipo. –le contaba.
–¿Por qué lo tratan así?
–No sé, supongo que lo ven como a un bicho raro, un empollón o una rata de biblioteca. Pero él no tiene nada que ver con eso. Si lo conocieran, la gente se daría cuenta de lo equivocada que está.
Su hermana parecía conocerle bien, así que aprovecharía eso para sacar más información–. Me he fijado en que siempre va cabizbajo. ¿Por qué?
–Eso no lo sé. Supongo que le da vergüenza de que los demás se rían de él. ¿Por qué tienes tanto interés en ese chico? No estarás pensando hacerle alguna jugarreta. ¿No? –preguntó.
–No, tranquila. Era simple curiosidad. –agregó mirando ahora hacia delante, sin dejar de caminar.
&&&Rei&Takao&&&
Cinco días después, Mao se fue a casa de Boris. Quería ver a su novio ya que ayer no había ido al instituto porque estaba enfermo. Entró al edificio subiendo las escaleras y se sorprendió cuando encontró la puerta del piso de Boris medio abierta.
El piso era pequeño. Nada más entrar, a unos pasos de la puerta, pero justo enfrente, se encontraba el sofá puesto en forma vertical. Una mesita estaba a la izquierda y encima, el mando de la tele. Más a la izquierda y pegado a la pared estaba un pequeño mueble con un cajón y un hueco en el que se encontraba el video y encima de éste la tele. A la derecha y pegada a la pared estaba una mesa y dos sillas. Después se encontraban dos puertas en el lado derecho, detrás de la mesa . La primera daba a un pequeño cuarto de baño y la segunda a la habitación de Boris. Y frente al comedor y al fondo, se encontraba la pequeña cocina al descubierto. Solamente contaba con unos cuantos armarios, el fregadero, la hornilla y una mesa redonda para poner las cosas.
"Qué raro", pensó mientras entraba y cerraba la puerta tras de sí. Escuchó un ruido proveniente de la habitación de Boris. Pasó por el comedor y se fijó que encima del sofá había un bolso de mujer. Eso no le gustó nada. Siguió caminando hacia la habitación encontrando la puerta abierta.
–¡Boris no pares! –Escuchó que decía una chica– ¡Ah!
Con pasos indecisos y silenciosos se asomó por la puerta y lo que vio le partió el corazón.
Boris estaba sobre una chica con el dorso desnudo mientras le lamía los pechos a ésta. Mao se quedó contemplando la imagen mientras se quitaba el anillo de su mano y lo dejaba caer al suelo mientras unas lágrimas comenzaron a caer. Salió lo más rápido que pudo de allí. Abriendo la puerta sin cerrarla.
Boris al sentir un pequeño ruido paró con lo que estaba haciendo. Se levantó y al salir de la habitación para mirar que había sido ese ruido pisó algo. Levantó el pie y cogió el objeto del suelo. Era sin duda el anillo que le había regalado a Mao. Miró hacia la puerta y la vio abierta de par en par.
–Mierda –masculló mientras fue corriendo hacia la puerta, asomándose por la baranda de las escaleras viendo cómo Mao las bajaba muy deprisa–. Mao –dijo Boris– ¡Mao!– gritó ésta vez para ser escuchado por la chica quien lo ignoró saliendo del edificio–. ¡Mierda! –gritó golpeando la baranda. Entró a su piso y le pidió a la chica que se fuera. La chica se negó, quería terminar lo que había empezado. Boris la sacó a empujones de allí. Después de echar a la chica, se puso la camisa y comenzó a llamar al móvil de Mao, pero ésta no lo cogía.
Mao había cogido un taxi cuando le sonó el móvil, miró el nombre de la persona que le llamaba–. Boris –leyó mientras lloraba sin parar, tapándose la boca. Cuando llegó a su casa le pagó al taxista y se encerró en su habitación. Como el móvil no paraba de sonarle, lo apagó. Se sentía como una completa idiota por estar preocupada por él mientras que él le engañaba con otra. Se tumbó en la cama bocabajo abrazando muy fuerte la almohada dejando salir toda su rabia.
&&&Rei&Takao&&&
Takao estaba en su casa, haciendo los deberes en el comedor mientras su hermano lo observaba. Estaban sentados sobre unos cojines en el suelo, uno frente al otro en una mesita grande. El suelo era de madera. Había una gran puerta corredera de cristal a la izquierda de Takao que daba a un pequeño jardín y a su espalda se encontraba un mueble con la televisión. Detrás de Hitoshi se encontraba un sofá largo y un sillón.
Takao de repente dejó de escribir–. Voy a beber agua, ¿tú quieres?
–Claro –contestó Hitoshi mientras veía cómo su hermano se ponía de pie y venía con una jarra en una mano y con dos vasos en otra. Llenó los dos vasos de agua mientras le daba uno a su hermano.
–Toma –le ofreció Takao entregándole el vaso.
–Gracias –contestó Hitoshi aceptándolo.
–¿Necesitas algo más?
–No tranquilo, puedes seguir con lo tuyo.
–Voy a descansar un poco. Llevo todo el día haciendo deberes y estudiando. Me duele la cabeza. –confesó sentándose de nuevo en el cojín.
–Hasta que te das cuenta. Pensaba que no lo ibas a decir nunca –comentó Hitoshi con una sonrisa.
–Pues ya ves que sí, jajaja. –agregó Takao retirando su vista de los libros y fijándose en las flores de su jardín. Eran tulipanes de color amarillo. Amarillo. Rei le vino a la mente. ¿Por qué? ¿Por qué ese chico no le dejaba en paz? Seguro que buscaba ganarse su confianza para después dejarlo plantado. No entendía porqué no lo había dejado tranquilo en toda la semana. En los cambios de clase siempre decía que quería hablar con él. ¿Por qué era tan pesado? Parecía que lo vigilaba y lo perseguía cada vez que podía. Eso lo agobiaba mucho. "Seguro que está planeando hacerme una jugarreta". Ya estaba harto. Siempre que se lo encontraba le preguntaba por su hermano. "Como se atreva a hacerle algo malo a Hitoshi...", pensó apretando los puños y eso no pasó desapercibido para Hitoshi.
–Takao –le llamó Hitoshi sacando al joven de cabellos azules de sus pensamientos– ¿Te ocurre algo?
–No es nada. Supongo que estoy algo estresado con tanto estudio. –le contestó restándole importancia, mientras le miraba.
–Pues no te agobies. Takao eres muy nervioso. Dime, ¿en qué pensabas?
–En nada.
–Nadie aprietas los puños si no es por una razón.
–No... Bueno... lo que sucede es que... –no sabía que inventar y que pareciese creíble– esta semana he tenido muchos exámenes y... me da rabia porque nos lo ponen todos al mismo tiempo y...–bufó–. Nos mandan demasiados deberes. –finalizó.
–Eso es normal, estás haciendo bachillerato.
–Sí, pero sabes que odio estudiar –se quejó cruzándose de brazos.
–Takao... ¿seguro que era eso?
–Seguro –confirmó con una sonrisa.
&&&Rei&Takao&&&
Rei había salido del trabajo y se dirigía camino a casa mientras no dejaba de pensar en Takao.
"¿Por qué no me mira? ¿Por qué se aleja de mí? ¿Es que le doy miedo? Me preocupa ese chico. Mao dice que es tímido, amable y no lo dudé hasta el día que estuve con él hablando en el hospital. Parecía estar enfadado, intenta escaparse de mí cada vez que me ve y... sus ojos. Cómo me gustan esos ojos. Para qué negarlo, ¡me encantan! A pesar de estar tristes, cansados y enfadados son preciosos. Quiero saber más cosas sobre ese chico; cual es su color favorito, si tienen más hermanos, si es divertido, si es alegre... Tengo que acercarme a él como sea. ¿Pero cómo? Al parecer le han defraudado tanto que el chico se ha vuelto desconfiado y no cree que nadie se interese por él. Mao dice que no tiene amigos en clase, pero sin embargo yo he visto que siempre anda con unos cuantos chicos. No lo entiendo, cada vez que le veo quiero saber más sobre él. Creo que pienso demasiado en él. Pero no puedo sacármelo de la cabeza. Estoy deseando que llegue el lunes para volver a verlo".
&&&Rei&Takao&&&
El teléfono de la casa sonó y Mao salió del servicio. Cogió el teléfono y contestó.
–¿Diga? –preguntó Mao con voz apagada.
–Mao –pronunció Boris. Antes de que pudiera seguir hablando Mao le colgó–. Me ha colgado –dijo mientras colgaba y descolgaba el teléfono para marcar el número de nuevo.
–¿Diga? –volvió a contestar Mao.
–Por favor no cuelgues...–Mao no se lo pensó dos veces y colgó de nuevo. Boris repitió la operación de antes.
–¿Diga?
–Mao...
–No vuelvas a llamarme nunca –siseó ella mientras colgaba y desconectaba el cable del teléfono. Boris se recriminaba mentalmente por lo que había hecho. Mientras que Mao había vuelto a ir al servicio para vomitar. No se encontraba bien desde que había visto esas escenas.
Rei por otro lado llegó a su casa y se encontró a su hermana muy pálida saliendo del servicio mientras que lloraba.
–Mao, ¿qué te pasa?– le preguntó su hermano preocupado.
–No me encuentro bien, Rei –reconoció apoyándose en la pared.
–¿Vuelves a estar mareada?
–Sí. El lunes iré al médico. Ahora sólo quiero acostarme. Si es que consigo dormir. –comentó mientras una lágrima resbalaba por su rostro.
–Tranquila Mao, no llores, te pondrás bien –contestó su hermano mientras la abrazaba. Después la acompañó a su cuarto para asegurarse de que llegaba bien.
&&&Rei&Takao&&&
El lunes Mao fue al médico como le había dicho a su hermano. Boris estaba preocupado por su novia, si es que todavía lo era. No la había visto en todo el día por el instituto y eso le preocupaba. Quizás no había ido hoy al instituto porque no quería verlo. La vería mañana y hablaría con ella. Por otra parte Takao salía acompañado por su amigo Max del instituto. Rei decidió seguirlos en silencio, ya que su hermana no lo esperaría para irse con él de vuelta a casa.
–Max, no sé cómo hablar del tema con mi hermano sin que le dé un ataque al corazón. No quiero preocuparle. Es lo único que me queda. Si le pasa algo yo me muero –le contaba el joven de cabellos azules muy triste y angustiado.
–No digas eso Takao. Tu hermano te necesita. Tienes que contárselo antes de que pase más tiempo y sea peor. –opinó su amigo sin dejar de caminar.
–Ya lo sé. ¿Pero de dónde sacó ese dinero para la operación? Aunque trabajo por las tardes, no me llega y si sigo así, tendré que vender la casa y dejar el instituto para trabajar a tiempo completo, eso si no nos embargan la casa por morosos.
–Tienes demasiados problemas –dijo el rubio.
–Ya lo sé. ¿Qué he hecho yo para merecer esto Max? –preguntó mirándole.
–Supongo que nada, lo que pasa es que tienes mala suerte. Eso es todo –dijo el rubio para intentar de alguna manera darle ánimos.
–Pues me haría falta un poco de buena suerte –suspiró–. Y encima he pasado otro fin de semana sin descansar.
–Vaya –contestó el rubio.
–Bueno Max, hasta mañana –le despidió Takao mientras se separaba de él tomando una dirección diferente.
–Hasta mañana –le despidió también el rubio siguiendo recto por la misma calle. Rei siguió al joven de cabellos azules mientras que Takao seguía caminando.
–Hola, Takao –dijeron al unísono dos gemelas de nueve años.
–Hola niñas –sonrió deteniéndose para verlas.
–Mira, se me ha caído un diente. –dijo una de ellas enseñándole el hueco que le quedaba entre diente y diente.
–Oye, eso significa que te estás haciendo más grande. –le contó Takao sonriendo.
–Sí –sonrió la niña.
–A mi me está creciendo un diente, mira –dijo la otra señalándoselo.
–Oye, qué bien. Estáis creciendo. Algún día tendréis a los chicos del vecindario detrás de vosotras –sonrió–. Tengo que irme, adiós.
–Adiós, Takao –se despidieron las dos al unísono con la mano.
Takao siguió caminando torciendo una esquina. Rei hizo lo mismo y... sorpresa. Takao estaba cruzado de brazos mientras le miraba enfadado.
–¿Qué demonios haces siguiéndome? –le preguntó Takao a un sorprendido Rei.
–Yo...
–¿Qué es lo que quieres de mi? Deja de seguirme. –le ordenó.
–No te seguía. Sólo estaba dando un paseo –se excusó el pelinegro.
–¿Es que me ves cara de estúpido o qué? Aunque pensándolo bien, no me contestes porque es obvio que sí. Déjame en paz. –siseó esto último.
–Takao, quiero ser tu amigo. –aclaró.
–¡Ja! Sí claro, ¿y qué más? No sé qué estás tramando, pero olvídalo.
–No tramo nada. Lo digo en serio.
–Pues no te creo. ¿Por qué un gamberro iba a querer ser amigo de...? ¿Cómo me llamaste? Ah, sí. Ratón de biblioteca –dijo Takao haciendo memoria.
–Lo siento, ¿vale? –se disculpó Rei subiendo un poco su tono de voz.
–¿Por qué? Si es lo que piensas y sigues pensando –contestó Takao enfadado.
–Tú no sabes lo que yo pienso –contestó Rei a la defensiva.
–Tampoco me importa –aclaró dándose la vuelta para irse en el momento que Rei le cogió de la mano y lo acorraló en la pared.
–Takao, ¿Por qué no confías en mí?
–Puede que sea porque eres Kon Rei, el chico que es jefe de una banda que se dedica a pegar palizas o a robar a los estudiantes. –Contestó con siseo –. Y ahora suéltame.
–Quiero conocerte.
–No me hagas reír. Tu lo que quieres es hacerme daño y burlarte de mí como lo hacen los demás. Adelante búrlate, ya creo que ni siquiera me vas a herir los sentimientos. Pero te advierto una sola cosa. No te acerques a mi hermano, porque te juro que te mato si algo malo llega a pasarle por tu culpa. –aclaró a la defensiva.
–Déjame demostrarte que no te miento. Que quiero conocerte y que no te haré daño.
–No, no quiero y no puedes obligarme –aclaró el joven de cabellos azules, intentando soltarse.
–Todo el mundo merece una segunda oportunidad. Puede que me comporte de una forma en el instituto, pero eso no significa que yo sea así realmente –le contestó Rei en su defensa.
–¿Ah, sí? Pues lo mismo digo. Y ahora suéltame, no quiero que mi hermano se preocupe por mí.
–De acuerdo, pero antes quiero algo de ti –dijo mirándole los labios.
–Lo sabía ¿Qué es? ¿Dinero? –sonrió–. Mala suerte porque no tengo. –comentó.
Rei se acercó a él y le dio un pequeño beso en los labios. Takao no se estuvo quieto. Apartó a Rei de un empujón y le dio un puñetazo en la cara, tirándolo al suelo.
–¡No te acerques a mí! –le advirtió enfadado antes de salir corriendo. Rei se tocó la mejilla mientras veía a Takao alejarse.
–Hoy me voy feliz –susurró Rei tocándose los labios. Mientras, Takao se había metido corriendo en su casa.
"¿Por qué ha hecho eso? ¿Para burlarse de mí? ¿Para reírse mañana con sus amigos? ¿Para hacerme daño? Se tiene merecido ese puñetazo, a ver si así me deja en paz", pensaba el joven de cabellos azules mientras se iba a su habitación.
&&&Rei&Takao&&&
El miércoles llegó y Mao estaba andando por el pasillo del instituto cuando se cruzó con Boris.
–Mao. Tenemos que hablar –pidió Boris mientras caminaba a su lado, ya que ésta no se detuvo y seguía su camino.
–Ya está todo dicho –aclaró con una mezcla de tristeza y enfado.
–No, necesito hablar contigo. Por favor Mao.
–Olvídame. –siseó.
–Mao sigues siendo mi novia y... –intentaba explicarse cuando fue interrumpido por la chica.
–Ex– novia, contando que para ti alguna vez significara algo –contestó entrando en su clase. El profesor entró después de Mao y cerró la puerta. Boris regresó a su aula. Estaba decidido. Esta tarde hablaría con Mao.
&&&Rei&Takao&&&
–Yuriy, tengo que confesarte algo –contó Rei mirando al pelirrojo.
–¿Qué? –preguntó simplemente Yuriy.
–Estoy enamorado.
–¿De quién? –preguntó el pelirrojo enarcando una ceja.
–De Takao. No sé cómo ha ocurrido, pero es así. El otro día lo besé.
Se sorprendió por lo dicho– ¿Y qué pasó?
Rei sonrió–. Que me dio un puñetazo. Nunca imaginé que me fuera a gustar un chico como él. Es tan diferente a los demás. Quiero conquistarlo, pero no sé cómo. Ni siquiera puedo acercarme a él, por desgracia es muy desconfiado y sobre todo conmigo.
–¿Por qué?
–Por ser el jefe de la banda. Cree que quiero hacerle daño y no quiere que me acerque a él para conocerlo.
–Es natural que no confíe en ti. Pero te daré un consejo. Olvídate de él.
–No puedo hacerlo.
–Pues inténtalo.
–Ya lo hago y no funciona. –suspiró–. Cuanto más pienso en él, más me gusta. Necesito verle y saber que está bien.
&&&Rei&Takao&&&
Takao y Mao salían de las clases para irse ya a sus casas. Iban hablando por el pasillo.
–Takao, ¿te parece bien a eso de las seis? –preguntó Mao un poco desanimada.
–Claro, pero si no te sientes bien, podemos hacerlo otro día –refirió el joven de cabellos azules mirando a la chica.
–No, prefiero hacerlo hoy, de verdad. Te esperaré, ¿de acuerdo?
–De acuerdo –sonrió.
&&&Rei&Takao&&&
Tocaron el timbre y Mao abrió la puerta ya que Rei no estaba.
–¿Qué haces aquí? –preguntó al ver que se trataba de Boris y no de Takao cómo pensaba.
–He venido a hablar contigo.
–¿Sobre qué? –preguntó la joven de cabellos rosa enfadada.
–Ya lo sabes, ¿puedo pasar? –le preguntó mientras la miraba.
–No.
–Preciosa...
–No me digas así –le advirtió enfadada.
–Mao, sabes que sólo te quiero a ti.
–Pues lo dudo –agregó cruzándose de brazos mientras miraba la puerta como si tuviese algo importante.
–No lo dudes, porque es así. –contestó en su defensa.
–Y por eso te estabas revolcando con otra en la cama, ¿verdad? –Miró hacia el suelo–. Bonita manera de quererme.
–Cariño, lo siento –se disculpó arrepentido por lo que había hecho.
–Más lo siento yo Boris, porque ésta vez confiaba en ti. Pero que estúpida he sido al creerte.
–Mi vida, dame otra oportunidad para demostrarte que te amo.
–Boris, ésta es la tercera vez que te acuestas con otra chica que no soy yo. Al contrario que tú, yo si tengo sentimientos –le contestó derramando una lágrima, al pensar en lo mucho que le había costado confiar de nuevo en él, tras sus engaños– ¿Tan mala soy en la cama? –preguntó mirándole.
–No preciosa, eres buenísima en la cama. –se apresuró a contestarle.
–¿Pues entonces por qué me engañas con otras Boris? –Sorbió el moquillo– ¿Qué es lo que he hecho mal? –preguntó confundida, porque ya empezaba a pensar que ella era la culpable de que su relación no fuese bien.
–Tú no has hecho nada mal, cariño. He sido yo –confesó él al mismo tiempo que la abrazaba –Por favor, no llores.
–Yo... ya no puedo seguir contigo Boris. –confesó entre sus brazos.
–No digas eso –le pidió dándole un beso en la cabeza–. Todo se va a arreglar. Ya hemos pasado antes por esto.
–Yo ya no quiero pasar por esto nunca más, Boris. –confesó Mao mientras seguía llorando en los brazos de Boris.
–Y no lo harás, te lo juro. Por favor Mao no de dejes. Te amo, cariño. –decía totalmente arrepentido por sus actos.
Mao sorbió el moquillo antes de continuar hablando, intentando serenarse– Boris, por favor vete –pidió separándose de él–. Quiero estar sola.
–Mao.
–¡Vete!... snif... por favor –le volvió a pedir sin fuerzas en su voz, arrodillándose en el suelo, para abrazarse a sí misma–, por favor. –le repitió destrozada.
Boris no tuvo más remedio que obedecer, ya que le dolía ver a Mao en ese estado. Todo eso lo había causado él y de haberse estado quieto, la situación sería otra completamente distinta. Decidió que por hoy, había sido suficiente para la chica–. Me voy, pero no me rendiré hasta recuperar tu amor –le advirtió el chico, antes de cerrar la puerta a su salida, dejando a la chica totalmente desolada en el suelo.
Continuará...
&&&Rei&Takao&&&
Espero que os haya gustado. Gracias por vuestros reviews y estad atentos a mis actualizaciones porque intentaré subir los capis más seguidos.
Quimera: Te felicito. Por fin te dejaron acabar un review entero. ¡Bien! Espero que te haya gustado el capi. (Por cierto, mañana por la noche actualizaré sobre Zafiro). Ya te enterarás quien es famoso rubio. Estate muy pendiente porque he terminado con ese fic y cuanto antes lo suba entero, mejor. A lo que voy, ¿piensas que Mao y Boris van a tener psicopatillas? Para asegurarte de lo que tiene Mao tendrás que leer el próximo capi.
Ari–Yuna: Espero que te haya gustado el capi Ari. Jejeje, vaya con el chinito, si Yuriy era espabilado no quieras pensar cómo es este. Bueno dime si te gustó o no, ¿ok? Esperaré si es posible, noticias tuyas.
Takaita Hiwatari: Espero que te haya gustado el capi. ¿Sospechas lo que tiene Mao? Jejeje, tendrás que salir de dudas leyendo el próximo capi. No te deprimas por lo que tú y yo sabemos.
Senshi Hisaki Raiden: Tendrás que averiguar lo que tiene Mao, creo que hasta el siguiente capi esto no se desvela. Me alegra que haya gustado el capi anterior y espero que éste no haya sido menos.
Airisu Arashi: Me alegra de que te guste el fic. Espero que sigas leyendo la historia si realmente te gusta y me des tu opinión. Jejeje, con Hitoshi la suerte está echada. Pero nadie sabrá lo que pasa con él hasta más adelante. (Bueno yo si lo sé).
No olvidéis dejarme vuestra opinión si habéis leído la historia y os ha gustado. Cuidaos mucho. Xao.
