Pareja: Rei&Takao
Boris&Mao&?
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
TAN DIFERENTES TAN IGUALES
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Rei&Takao&&&
Takao llegó a la casa de Mao y tocó el timbre. Mao le abrió la puerta.
–Hola, pasa por favor –dijo haciéndose a un lado, invitando a Takao a pasar.
–Gracias. Mao, ¿estás bien? –preguntó al ver los ojos de Mao que parecían haber estado llorando.
–No. Pero da igual. –contestó cerrando la puerta.
–Oye, mejor lo hacemos otro día, si no te encuentras bien.
–No. Tengo que tener la mente ocupada. Vamos a mi cuarto. Sígueme –le pidió amablemente.
Desde dónde se encontraba Takao, podía verse; un sofá que miraba hacia la tele y entre éstos, una mesita, unos muebles y una mesa cuadrada con sus sillas. A la izquierda de la puerta de entrada se encontraba la cocina bien amueblada y bastante grande, que contaba también con una encimera. Entre el comedor y la cocina se encontraban unas escaleras que daban al piso de arriba y una puerta que daba a un pequeño cuarto de baño, pegados al lado izquierdo de la pared. Takao se sorprendió al ver que la cocina y el comedor prácticamente estaban comunicados al no haber pared o puerta de por medio. Subió las escaleras junto a Mao. En el piso de arriba había un pasillo que contaba con cuatro puertas, dos a cada lado. La primera en la izquierda daba a una habitación. La segunda a un cuarto de baño. Y las otras dos de la derecha, a otras dos de habitación, uno de ellas de matrimonio.
Mao abrió la segunda puerta de la derecha, mostrando su habitación. Takao miró a su alrededor. La habitación no era muy grande, pero era acogedora. Al lado izquierdo de la puerta y pegada a la pared se encontraba la cama puesta en forma vertical. Frente a la puerta una estantería. A la derecha de la puerta e izquierda de la cama, estaba la ventana junto a unas cortinas y bajo ésta, el escritorio con una silla. Otra silla estaba a la derecha, pegada a la pared y más a la derecha el armario de la ropa. Ambos tomaron asiento en el escritorio y se pusieron a hacer el trabajo.
&&&Rei&Takao&&&
–Ya tengo que irme, Mao –le avisó Takao viendo la hora que era en su reloj de pulsera, poniéndose en pie.
La chica le imitó el gesto–. Vale –sonrió un poco–. Te acompaño –bajaron las escaleras– ¿Seguimos mañana a la misma hora? –preguntó caminando tras él.
–Claro.
–Vale, gracias por venir Takao. –le sonrió
–No me las des. Sólo, no llores más –le pidió abriendo la puerta.
–¿Cómo sabes que he llorado? –preguntó sorprendida.
–Porque tus ojos están un poco hinchados y tristes. Igual que los míos. –confesó–. Hasta mañana –le despidió el chico, saliendo hacia la calle.
–Hasta mañana. –respondió, cerrando la puerta.
&&&Rei&Takao&&&
En el camino, Takao se encontró con Rei al cruzar una esquina.
–Vaya, qué sorpresa –agregó Rei sonriendo– ¿Qué haces por aquí?
–¿Es que me sigues? –preguntó Takao empezándose a enfadar.
–No, vengo de trabajar. ¿Y tú?
–No te importa –siseó alejándose de Rei mientras veía que Rei le seguía–. No te acerques a mí.
–¿Cómo está Hitoshi?
–Bien. ¿Por qué no haces el favor de olvidarle? –preguntó al no comprender porqué tenía esa obsesión con su hermano.
–Porque no puedo y no quiero. Creo que te entiendo –confesó Rei haciendo que Takao se diera la vuelta, mostrándole su enfado.
–¡Ja! ¡Tú no sabes lo que es tener que cuidar de alguien las veinticuatro horas del día, con el temor de que pueda morir en cualquier momento y no puedas hacer nada por él! –decidió intentar calmarse. Aunque estaban en la calle y no había nadie, tampoco quería llamar la atención de cualquiera que pudiese estar por los alrededores. –. No sabes lo que es pasarse las noches en vela vigilándolo. –le siseaba-. No tienes ni idea de lo que es estudiar, trabajar y cuidar de alguien. Tú no sabes lo duro que es. Lo que cuesta salir adelante. Nadie se mete contigo en el instituto como lo hacen mis compañeros conmigo. No sabes lo que es desear que te respeten y desear amanecer muerto para que nadie pueda hacerte daño. Así que no digas que crees que me entiendes porque no tienes ni la más remota idea de lo que has dicho. Sólo hay una manera de saberlo y es, si has pasado por lo mismo. –le contó enfadado.
–A mí la gente me respeta y... –fue interrumpido por el otro.
–Jajaja. No Rei. No confundas el respeto con el miedo, porque son muy parecidos y eso es lo que siente la gente hacia ti. Miedo. –le habló con seguridad.
–¿Disfrutas haciendo daño a los demás? –le preguntó, ya que parecía meterse con él.
–No, Rei. ¿Y tú? Aunque la respuesta es obvia, así que no tienes porqué contestarla.
–Tienes carácter, eso me gusta –contestó acercándose más a él.
–No te acerques a mí –le advirtió Takao echando un paso hacia atrás chocándose con el muro de una casa.
–¿Por qué? –sonrió.
–Te lo advierto, no me conoces. –agregó mirándole con rabia.
–Sacas las uñas cuando hace falta. Un chico inteligente, con cara de ángel –dijo acorralándolo en la pared de una casa mientras le sostenía ambas manos en la pared levantándoselas a la altura de su cabeza.
–Te lo advierto Rei, vuelve a hacer lo mismo del otro día y el chico inteligente con cara de ángel te dejara estéril para el resto de tu vida. –bramó.
–¿Te he dicho que tienes unos ojos preciosos? –preguntó siguiendo con lo que se proponía, sin dejar de mirar esos ojos que lo miraban con desafío.
–Por favor –dijo con ironía– ¿Es que te has drogado? Mírame bien, soy yo. Takao, el ratón de biblioteca, el cuatro ojos, Einstein. ¿Es que no te suena?
–Necesito besarte –confesó mirando los labios de Takao mientras hacía caso omiso de lo que Takao le decía.
–Sí, claro. Como broma ha estado bien. Ahora déjame en paz. –le pidió, sin dejar su enfado atrás.
–¿Quién ha dicho que fuese una broma?– se mordió el labio inferior–. Lo digo totalmente enserio –decía Rei mientras seguía mirando esos labios que tanto le gustaban.
Takao notó que el otro parecía estar serio y muy metido en sus pensamientos. ¡Parecía no bromear!–. Hip... suéltame... estamos en mitad... hip... de la calle –le recordó Takao comenzando a ponerse nervioso, dejando que el hipo comenzase sin poder impedirlo.
–¿Estás nervioso?
–Hip... no– sonrió como si eso no le fuese a afectar–, sólo lo haces para asustarme.
–¿Eso crees? –preguntó acercándose a su boca.
–Sí.
–Pues siento defraudarte –contestó rozando los labios de Takao con sus labios hasta besarlo mientras que Takao se resistía.
–¡Déjame en paz! –gritó Takao mirando hacia otro lado. Rei comenzó a besarle el cuello mientras sentía como Takao comenzaba a aguantarse el hipo.
–Suéltame... hip... pervertido. ¿Qué es... hip... lo que buscas? –preguntó Takao mientras intentaba soltarse del agarre de Rei. Rei le miró a los ojos.
–Solamente te busco a ti –le hizo saber mirándole a los ojos.
–¿¡Por qué me haces esto!? ¡Yo no te he hecho nada! –agregó dándole una patada con el pie en el tobillo haciendo que Rei le soltase. Takao se alejó un poco de él–. Hip... ¡no vuelvas a hacer!... hip... ¡eso nunca más! –siseó.
–Takao lo he hecho porque me gustas mucho –aclaró mirándole mientras se tocaba el tobillo.
–Hip... ¡no! ¡Estás mintiendo!... hip...–contestó dejando escapar una lágrima– ¡Estás... hip... mintiendo! ¡Nadie me quiere... hip...! –Anunció poniéndose ambas manos en la cabeza mientras cerraba muy fuerte los ojos– ¡Nadie me quiere! –repitió derramando varias lágrimas antes de salir corriendo de allí.
&&&Rei&Takao&&&
Takao llegó corriendo a su casa y se encerró en su habitación.
Flash Back
–¿¡Por qué me haces esto!? ¡Yo no te he hecho nada! –agregó dándole una patada con el pie en el tobillo haciendo que Rei le soltase. Takao se alejó un poco de él–. Hip... ¡no vuelvas a hacer!... hip... ¡eso nunca más! –siseó.
–Takao lo he hecho porque me gustas mucho –aclaró mirándole mientras se tocaba el tobillo.
Fin Flash Back
–No, eso es mentira, nadie me quiere –se tumbó en la cama boca abajo–. Sólo quieren utilizarme. Yo no le gusto a nadie. No puedo gustarle a nadie. –decía entre sollozos.
Hitoshi estaba en la habitación de al lado y escuchó a su hermano llorar. Se levantó de la silla y tocó la puerta de la habitación de Takao–. Takao, ¿puedo pasar?
–Claro. Pasa –le dio permiso, sentándose en la cama, limpiándose las lágrimas mientras le daba la espalda a la puerta. Hitoshi abrió la puerta y pasó a la habitación, encontrándose a su hermano cabizbajo dándole la espalda.
–¿Qué te pasa?
–Nada.
–Takao, sabes que no me gusta que me ocultes nada. Te he escuchado llorar. ¿Qué te ha pasado? –preguntó, esperando escuchar lo que le preocupaba a su hermano menor.
–Hitoshi no es nada, de verdad, lo que pasa es que soy un llorica. –confesó, intentando serenarse para que su voz no sonase quebrada.
–No es verdad. Tú no lloras si no es por un buen motivo. –confesó caminando hacia él.
–No quiero preocuparte por una tontería.
–Me estás preocupando por no decírmela –se sentó al lado de su hermano–. No me voy de aquí hasta que no me digas que te pasa.
–Es una tontería Hitoshi, de verdad, no tiene importancia. –cambió su postura, para mirar a su hermano mayor, ya que parecía poder controlarse. Sabía que si Hitoshi no le veía a los ojos, no se quedaría tranquilo.
–Pues quiero saberla. –aseguró, mirando por fin a su hermano menor a la cara.
–Está bien... es que un chico me ha besado. Dice que le gusto.
–¿Y tú qué has hecho?
–Aparte de darle una patada pie en el tobillo, he salido corriendo. –le contó.
–Takao... no puedes dejar que una mala experiencia te haga desconfiar de los demás.
–Sí puedo. Él me lo dijo muy claro, y tiene razón. ¿A quién puedo gustarle? A nadie, Hitoshi. –aseguró.
Su hermano le miró con comprensión–. Seguro que hay muchos chicos que les gustas, pero tienes que dejarles que se acerquen a ti y que te conozcan.
–No, no quiero que me conozcan. No lo necesito –aseguró mientras se limpiaba una lágrima que comenzaba a resbalarse por su rostro.
–Ven aquí –le pidió su hermano abrazándolo. Takao le correspondió el abrazo.
–Algún día, un chico te demostrará lo mucho que te quiere. Te volverás a enamorar y volverás a confiar en los demás. Estoy seguro Takao.
&&&Rei&Takao&&&
Al día siguiente en el instituto, Takao estaba caminando por los pasillos para recoger un libro en la biblioteca. Cuando salió, Yuriy que había estado esperándole, comenzó a caminar a su lado.
–Hola, Takao. –le saludó.
–Hola, Yuriy. –respondió.
–¿De qué es ese libro?
–Es de historia.
–Ah, ¿sobre quién?
–Sobre los romanos. –le contestó, enseñándole la tapa del libro.
–Oye, esos eran mis favoritos cuando era pequeño. –sonrió.
–¿De verdad?
–Claro. Sobre todo el emperador César. Bueno, eso era antes de llegar aquí. Aquí no dan cosas sobre él. –concretó refiriéndose al instituto.
–Claro que sí.
–¿Dónde?
–Bueno, en mi clase sí. Estamos estudiándolos.
–¿En serio? Pensaba que eso solamente se estudiaba en la escuela.
–No. Aquí también. –aclaró tomando otro pasillo hacia la derecha.
El pelirrojo seguía a su lado–. Oye, Takao ¿sabes dónde puedo encontrar algo acerca de ellos?
–En la biblioteca, hay muchos libros de ellos. –refirió, mirándole de vez en cuando.
–Gracias, después pediré unos cuantos –sonrió–, hasta luego. –le despidió.
–Hasta luego –dijo mientras se dirigía a su clase.
&&&Rei&Takao&&&
Takao estaba en el recreo con sus amigos cuando un chico pelirrojo se acercó hasta ellos.
–Takao, necesito que vengas conmigo. Tengo un problema –aclaró Yuriy mirándole.
–¿Qué pasa? –preguntó levantándose de su sitio mientras se apartaba de los demás y los otros lo miraban confundidos.
–Es que la bibliotecaria dice que no me puedo llevar los libros.
–Qué raro. Espera un momento –lo dejó solo para reunirse con sus compañeros.
–Chicos, ahora vuelvo. Tengo que hacer algo –avisó Takao mientras veía las miradas de sus compañeros las cuales estaban llenas de preocupación por él. Que uno de los miembros de la banda fueran en busca de alguno de los suyos, no era buen presagio. Sin embargo, el joven de cabellos azules no parecía nervioso o asustado. Takao se dio la vuelta y miró a Yuriy–. Vamos –le invitó Takao empezando a caminar rumbo a la biblioteca. Entraron en la sala y Yuriy cogió el mismo libro de antes. Se acercó a la bibliotecaria mientras Takao se quedaba observándoles.
–Quisiera llevarme este libro –volvió a decir Yuriy por segunda vez.
–No. Ese libro es muy importante y no podemos dártelo. Adiós –le despidió la bibliotecaria, forzando al otro a que se marchase. Pero el pelirrojo seguía allí.
–¿Por qué? –se quejó el pelirrojo.
–Señorita –interrumpió Takao mientras se acercaba y cogía el libro de Yuriy en las manos–, quisiera llevarme este libro.
–Claro, te apunto inmediatamente, Takao.
–¿Por qué a mí no y a él sí? –preguntó el pelirrojo confundido.
–Porque él es de confianza y tú no –le contó la bibliotecaria mientras apuntaba el nombre de Takao en el ordenador–. Ya estás apuntado, Takao.
–Gracias, te lo devolveré en una semana.
–De acuerdo, adiós. –le sonrió.
–Adiós– le despidió alejándose del mostrador, haciéndole una señal a Yuriy para que le siguiera–. Toma –anunció dándole el libro fuera de la vista de la bibliotecaria–, tienes que prometerme que en una semana entregarás el libro porque si no lo haces cada día que pases más con él, tendré que pagar dinero por ti.
Yuriy aceptó el libro con una sonrisa–. Lo haré, te lo prometo. Muchas gracias, eres genial, Takao –dijo dándole un abrazo efusivo, que no fue correspondido por supuesto–. Si necesitas algún favor cuenta conmigo –se ofreció al separarse, para después empezar a alejarse del otro.
–De acuerdo –contestó Takao al ver cómo el otro pretendía alejarse. Tomó la dirección contraria para regresar con sus amigos.
&&&Rei&Takao&&&
Rei estaba sentado con su hermana en el patio. Boris está alejado de ellos mientras miraba a su chica. Mao se dio cuenta de que Boris la estaba observando así que se dio la vuelta. Boris rodeó parte de los edificios para poder verla por la otra cara. Cuando sus miradas se encontraron Mao se dio la vuelta.
–Mao, ¿Qué haces? –Preguntó su hermano–. Estás muy rara.
–No es nada, es sólo que tengo mucho calor –dijo haciéndose aire con la mano– ¿Tu no? –inventó.
–No –la miró–, si tienes tanto calor, quítate la chaqueta.
–¡Uy! Jajaja, es verdad. Qué torpe soy –dijo ella mientras se la quitaba y se la amarraba a la cintura–. Ni siquiera me acordaba de que la tenía puesta.
A Boris se le caía la baba desde la otra esquina al ver en blusa de tirantes a Mao. Se maldecía por lo idiota que había sido. Veía cómo Mao se intentaba quitar el calor dándose aire con la mano. Eso la hacía tan apetecible. Cómo deseaba demostrarle lo mucho que la quería en esos momentos. Y para colmo de sus males, la chica se echó el cabello hacia un lado haciendo que él se pusiera más nervioso. ¡Cómo adoraba besar ese cuello! Por idiota quizás no volviera a besarlo. Tenía que hacer algo para recuperar a Mao. No sabía qué, pero algo haría. En ese momento un chico se acercó a Mao y la cogió de la mano. "¿Quién demonios será ese? ¿Será su nuevo novio? ¿Ya me ha reemplazado por otro? No, Mao sería incapaz de hacer eso. ¿Verdad?", pensaba Boris. Los celos lo estaban matando. "¿Y si es un amigo? Sí, claro. Un amigo que la coge de la mano y delante de su hermano", pensaba.
–Tengo que hablar con ella –se dijo a sí mismo, mientras con pasos decididos se acercaba a ella. El chico que la había cogido de la mano hacía unos instantes, se largó casi ante sus propias narices. Ahí estaba ella, tan irresistible como siempre–. Mao, ¿puedo hablar contigo? –preguntó Boris, llamándole la atención.
–No –se negó desviando la mirada hacia otro lado.
–Venga, tengo que hablar contigo. –le rogó.
–No.
–Será sólo un segundo. –lo volvía a intentar, pero ésta vez no fue ella quien le contestó.
–¿Que parte del no, es la que no entiendes? –preguntó Rei poniéndose justo enfrente del chico. Boris ni se acordaba de su presencia.
–Rei, déjalo –le pidió Mao poniéndose de pie sin tan siquiera mirar a Boris.
–Este tío te está molestando –continuó el joven de ojos color miel.
–Rei no importa, déjalo –le pidió acercándose a su hermano y cogiéndole del brazo.
–¿Qué es lo que quieres? –preguntó Rei al chico alto.
–Sólo hablar con ella –anunció Boris sin dejar de mirarla.
–Pues no quiere, así que déjala en paz –le hizo saber Rei sin perderle de vista.
–Boris –le nombró Mao mirándole–. Vete de aquí, y tu Rei, deja que se vaya –dijo mirando a su hermano. –Venga, vamos– le pidió, mientras alejaba a su hermano de Boris al tirarle del brazo.
"No pienso rendirme Mao", pensó Boris antes de echar un último vistazo a Mao para irse de allí.
–No me gusta ese tío –concretó Rei cuando vio que el otro se alejaba de allí.
–Tranquilo Rei, ya se ha ido. Gracias por defenderme, aunque no era necesario.
–¿Por qué te busca siempre, Mao?
–Por nada en especial. Qué calor hace hoy –anunció haciéndose aire de nuevo con la mano–. Acompáñame a la fuente a beber agua –le pidió sin dejar de caminar ni de soltarle el agarre.
–Vale –sonrió.
&&&Rei&Takao&&&
A las cinco y media de la tarde, Mao estaba en su casa. Salió a la calle para recoger el correo, ya que recordó que el médico le mandaría los resultados por carta. Abrió el buzón, sacando varias cartas hasta que vio una con su nombre y dirección. Le dio la vuelta a la carta para ver quien se la mandaba y tenía la dirección del hospital.
–Deben de ser los resultados –se dijo a sí misma cerrando con llave el buzón para después entrar en casa. Las dejó sobre la mesa mientras abría su sobre para ver cuáles eran los resultados.
Tocaron el timbre y abrió la puerta sin dejar de mirar la carta.
–Mao. –la nombró el recién llegado Boris.
Ella miró entonces a la puerta–. Boris –dijo mirándole–. Por favor vete. –le pidió.
–Jajaja. Estás preciosa –le hizo saber tambaleándose mientras se apontocaba al marco de la puerta.
–¿De qué te ríes? –preguntó Mao confundida.
–Mao, te amo, mi amor –dijo Boris entrando en la casa–, dame un beso –pidió acercándose a ella.
–Pero, ¿qué te pasa Boris? –preguntó ella retrocediendo con la carta en la mano.
–¿A mí? –Preguntó señalándose–, nada –sonrió–. Te echo de menos –confesó acercándose a ella, dándole un beso. Mao se alejó y le miró a los ojos.
–Dios mío, estás borracho. –verificó al haber percibido en sus labios un sabor a alcohol.
–Claro que sí, borracho de amor por ti –aclaró poniéndose serio para después acercarla a él y empezar a besarle el cuello.
–No Boris, vete de aquí –le volvió a pedir separándose de él con brusquedad.
–¿Por qué? ¿Has quedado con tu novio? –preguntó celoso.
–No digas tonterías. Yo no soy como tú.
–Anda, vamos a la cama. –le anunció sonriente.
–Boris, no sabes lo que dices. –le intentaba hacer ver–. Por favor, vete de aquí.
–Jajaja. Yo no me voy de aquí. –Sentenció para después mirar al suelo–. Maldito suelo, no para de moverse. –siseó.
–¿Por qué has bebido? –preguntó Mao, viendo cómo ahora Boris se quedó mirándola.
–Porque no puedo estar sin ti. –reconoció–. Tu eres mi felicidad cariño y voy a recuperarte, ya lo verás. Nos acordaremos de esto como si hubiera sido una mal pesadilla –se acercó rápido a ella abrazándola mientras la besaba en los labios. Ella se separó de él de golpe mientras se tapaba la boca.
–¿Por qué te tapas la boca? –preguntó confundido.
–Es ese sabor a alcohol. Me ha dado náuseas.
–¿Sigues malita, cariño? Ven con papá y ya verás cómo todo se te pasa –anunció abriendo los brazos.
–Venga Boris, tienes que irte. –Decía caminando hasta el sofá–. Encontrarás a otra chica por ahí, mejor que yo en todo. –aunque todavía quería a Boris, no quería ser engañada de nuevo.
–¡Yo no quiero otra! –Contestó enfadado– ¡Yo te quiero a ti! –confesó, caminando hasta ella.
–Vale –respondió asustada–. Pero tienes que irte porque mi hermano puede venir antes y no quiero ni pensar lo que os podáis hacer.
–¡Quiero quedarme aquí contigo! ¡Me da igual tu hermano! –bramó mientras se sentaba en el sofá y poco después empezaba a quedarse dormido. Mao cogió de su habitación una manta. Bajó de nuevo y le tapó, dejando que durmiera. Quizá así sería la única forma de que esa borrachera se le pasase. Ya pensaría en alguna explicación, en caso de que su hermano volviese a casa y Boris siguiera durmiendo. Caminó hasta la cocina sin hacer ruido y allí comenzó a leer la carta.
–Señorita Kon Mao, le informamos de los resultados de sus pruebas marcadas con una equis acompañada del nombre. –ese trozo lo había leído antes, pero como había sido interrumpida por la entrada del chico, ya ni se acordaba.
Ella miró los diferentes tipos de enfermedades. Buscó la que estaba marcada con una equis–. Embarazo –se tapó la boca sorprendida–. Los resultados de estas pruebas no son ninguna equivocación ya que repetimos las pruebas por dos veces –leyó. No le dio tiempo a leer más. Comenzó a sentirse mal de nuevo. Dejó la carta encima de la encimera y salió corriendo al servicio para vomitar.
Boris escuchó pasos acelerados, así que se despertó y miró a su alrededor. Vio la luz de la cocina encendida, así que dirigió hacia allí. No encontró a Mao pero una carta encima de la encimera le llamó la atención. La cogió y comenzó a leerla detenidamente.
Se sentó en una silla, quedándose en shock. Su novia estaba embarazada.
–Boris. ¿Qué haces aquí? –preguntó Mao al verle sentado, dándole la espalda. Boris se dio la vuelta y Mao pudo ver como Boris había cogido la carta en sus manos– ¿Qué haces con eso? Dámelo –exigió quitándoselo de las manos mientras doblaba el papel, esperando que el otro no hubiese leído nada–. Boris, por favor, vete de aquí. –le volvió a pedir.
–¿¡Por qué!? –gritó, haciendo que la chica diera un respingo.
–Porque no me encuentro bien. –confesó.
–Debe de ser por el embarazo. ¿Pensabas decírmelo? –preguntó comenzando a tranquilizarse.
–No lo sé, acabo de enterarme hace un momento.
–Mao, ¿lo ves? Tenemos que estar juntos –dijo poniéndose de pie mientras tocaba la barriga de Mao–. Este bebé nos une.
–Boris, no sé si puedo volver contigo después de lo que me has hecho. Ya no confío en ti como antes. –le informó.
–¿Y qué pasa con nuestro hijo?
–Podrás verlo, pero, eso no significa que vaya a volver contigo –dijo quitándole suavemente la mano de su barriga.
–Está aquí, ¿verdad? –preguntó Boris celoso.
–¿Quién, Boris? –preguntó ella sin entender nada.
–Tu novio. El que te tocó la mano en el recreo.
–Pero que estás diciendo Boris, yo... –intentó explicarse, pero el otro se lo impidió.
–Ha sido él, por eso no quieres volver conmigo. –decía asintiendo.
–Boris no digas tonterías.
–¡¿Qué no digas tonterías?! ¿Porque te ha cogido de la mano, eh? –exigió saber.
–¿Es que no puedo hacerlo?
–¡No! Nadie excepto yo puedo hacerlo –siseó esto último.
–¿Desde cuándo eres tan celoso?
–Desde que estamos juntos. –repitió el mismo tono de voz.
–Boris, mira. No me encuentro bien y no tengo ganas de discutir. –aclaró . Así que por favor. Vete. –insistió.
–¿Por qué tanta prisa? ¿Es que has quedado con él? Claro, seguro que es eso. –Decía con rapidez – ¡Te lo llevarás a la cama y te acostarás con él como la zo...! –a Boris no le dio tiempo a terminar cuando Mao le dio una bofetada.
–¡Yo no soy igual que tú, Boris!
–¡Ese bebé no es mío! ¡Por eso no quieres seguir conmigo!
–¡Boris, ¿te estás escuchando hablar!?
–Sí. –siseó enfadado –. Lo que no sabía es que mi novia era tan zo...– otra vez Mao le dio una bofetada, pero ésta vez Boris le respondió dándole una bofetada a Mao, haciendo que ésta cayera al suelo. Mao se sentó en el suelo mientras que con una mano se acariciaba la mejilla. Boris se agachó frente a ella mientras la miraba fijamente.
–Cariño, no me mientas. ¿De quién es ese bebé? –preguntó esperando la verdad.
–Es tuyo, Boris –aseguró Mao quitándose la mano de la mejilla. Boris le dio otra bofetada haciendo que la chica soltase una pequeña lágrima.
–¡¿De quién estás embarazada?! –preguntó gritó mientras fruncía el ceño.
–¡De ti! ¡Es nuestro bebé! –decía, rompiendo a llorar.
–¡¿Por qué me mientes?! –preguntó Boris a la vez que le daba otra fuerte bofetada y la chica quedara por ésta, tirada en el suelo. Se puso de pie y comenzó a pegarle patadas en la barriga a la joven mientras ésta intentaba protegerse, poniendo sus manos por delante mientras flexionaba las rodillas.
–¡Boris, no me pegues! –Gritaba mientras lloraba por la paliza que Boris le estaba dando– ¡Por favor, es nuestro hijo! –sorbió el moquillo– ¡Ah! –gritó al notar un dolor punzante en la barriga. Boris dejó de pegarle y se quedó mirándola– ¡Ah! –Se tocó la barriga con ambas manos –Snif...¡me duele mucho! –Boris se dio cuenta de lo que había hecho. ¿Cómo podía haberle hecho eso a la niña de sus ojos? Le entró el pánico y se fue corriendo de allí, saliendo a la calle, dejándose la puerta abierta– ¡Socorro, ayúdenme! –Gritó ella todo lo alto que podía– ¡Ah! –Se quejó al sentir de nuevo ese dolor– Por favor... snif... que alguien me ayude... snif... mi bebé –decía en un hilo de voz mientras lloraba desesperadamente. Diez minutos después Mao escuchó el ruido del timbre sonar.
–Mao, soy Takao, la puerta está abierta –anunció sin pasar adentro.
–¡Takao ayúdame! –gritó desde la cocina.
Ese grito indicaba que algo no andaba bien– ¿Dónde estás? –preguntó pasando al interior de la casa dejando los libros que traía con rapidez encima del sofá.
–En la cocina –aclaró Mao. Takao entró a la cocina encontrándose a Mao llorando, tirada en el suelo con las rodillas flexionadas y ambas manos en la barriga.
–Mao. ¿Qué te ha pasado? –preguntó arrodillándose a su lado preocupado. ¿Quién te ha pegado? –preguntó nervioso al ver una marca de mano en la mejilla. La miró de arriba abajo sin saber qué hacer. No quería moverla por si tenía algo roto– ¡Dios mío, estás sangrando! –anunció asustado.
–¿¡Qué?! –Preguntó asustada– ¡Por favor llama una ambulancia! –Sin perder tiempo, Takao llamó una ambulancia desde su móvil. Cuando la ambulancia llegó, se llevaron a los dos al hospital metiendo a Mao por urgencias. Takao esperaba nervioso en el pasillo del hospital.
&&&Rei&Takao&&&
Rei llegó a su casa.
–Mao, ya estoy aquí –cerró la puerta–. Mao –miró al sofá y vio unos libros–. Qué raro. Mao, ¿estás aquí? –Preguntó entrando en la cocina, encontrando un poco de sangre en el suelo– ¡¿Mao?! –Rei se temió lo peor. ¿Por qué el suelo estaba manchado de sangre? ¿Por qué no encontraba a su hermana? En ese momento, el móvil sonó.
–¿Diga? –preguntó.
–Es usted Kon Rei?
–Sí. ¿Quién es?
–¿Su hermana es Kon Mao?
–Sí.
–Llamo del hospital. Su hermana ha sido ingresada en este hospital por urgencias.
–¿En qué hospital se encuentra? –preguntó empezando a ponerse nervioso.
–En el hospital Buen Pastor.
–Gracias por avisarme, inmediatamente voy hacia allí –aclaró antes de colgar el móvil mientras salía de su casa y se dirigía al hospital.
Continuará...
&&&Rei&Takao&&&
Atentos a mis actualizaciones, dentro de tres o cuatro días subiré el próximo capi.
Gracias por sus reviews a:
Takaita Hiwatari: Espero que te haya gustado lo que estás leyendo. Pobre Mao, ¿no crees? Y pobre Takao también. El pobre no se fía de la gente y más adelante sabréis el porqué.
Ari–Yuna: Me alegra que te guste este Rei/Takao. Sobre lo que me preguntaste de Internet la respuesta posiblemente sea que no nos volveréis a ver más porque nos van a quitar Internet en diciembre, pero estamos intentando convencer a mis padres. En fin. Si te pareció mal lo que en el capítulo anterior le hizo Boris a Mao no quiero ni imaginar lo que se estará pasando ahora por la cabeza.
Airisu Arashi: No sé si pone más interesante o no, ¿tú qué opinas? Házmelo saber en cuanto puedas, ¿ok? Cuídate.
Senshi Hisaki Raiden: ¿Te ha parecido traumático lo que le ha pasado a la pobre Mao en el capi anterior? Pues siento volver a traumatizarte con este capi. Sé que tenéis muchas dudas pero eso el propio Takao os la resolverá más adelante.
Quimera: No creo que Mao lo vaya a perdonar después de esto. Si lo hiciera, creo que sería un poco... tonta. Si el pobre Takao no tiene bastante con lo de su hermano ahora, va Rei y se lo intenta comer, jejeje. El payaso rayadito no está en este fic, pero Takao intentará buscarle una solución a su problema.
No olvidéis dejarme vuestra opinión si habéis leído la historia y os ha gustado. Cuidaos. Xao.
