Pareja: Rei&Takao
Boris&Mao&?
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
TAN DIFERENTES TAN IGUALES
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Rei&Takao&&&
–¿Kon Mao? –preguntó Rei nada más llegar a la sala de información del hospital.
–Todavía está en urgencias –dijo la chica al teclear en el ordenador–. No puede pasar hasta que la pasen a una habitación.
Rei no tuvo más remedio que esperar hasta que la chica le aviso diciendo el nº de la habitación. Fue corriendo a la habitación. Entró y vio a su hermana dormida llena de moratones en los brazos y en las manos. Su mejilla estaba hinchada y roja. Cogió una silla y se sentó junto a ella. Una enfermera llegó con Takao en una silla de ruedas, dejándolo en la misma habitación.
–¿Qué haces aquí? ¿Otra vez me persigues? –preguntó Takao cansado.
–No. ¿Tú qué haces aquí? –preguntó curioso al verlo en sillas de ruedas.
–Mao es mi amiga y yo la encontré en su casa así y llamé a una ambulancia –respondió mirando a su amiga.
–A mi me han avisado de que la habían ingresado. ¿Qué le ha pasado? –preguntó mirando a su hermana.
–No lo sé –confesó el chico de cabeza azulada– Sólo sé que está muy nerviosa y le han tenido que poner un calmante para los nervios.
–¿Y tú por qué estás en silla de ruedas y con el suero inyectado en el brazo? –preguntó Rei al mirarlo de nuevo sin poder ocultar su preocupación hacia el chico y su curiosidad.
–Porque acabo de donar sangre.
–¿A quién?
–A Mao. Y me siento un poco mareado. –confesó irritado de la presencia del chino.
–¿Y el médico que la ha atendido?
–Me ha dicho que volvería dentro de muy poco. Que dejara descansar a Mao. –No pasó más de media hora cuando un médico entró a la habitación llamando la atención de ambos que estaban en silencio mirando a Mao.
–¿Es usted familiar de la joven? –dijo el médico fijándose en como uno de los chicos tenía cogida de la mano a la paciente.
–Sí, soy su hermano –respondió esperando a que el médico le contara algo. Takao se quedó sorprendido. No sabía que Mao tuviese un hermano y mucho menos que su hermano fuera Rei.
–Tengo que decirle que por suerte no ha perdido al bebé y que los dos están fuera de peligro.
–¿Bebé? –preguntó Rei enarcando una ceja.
–Sí joven. Su hermana está embarazada de casi cuatro semanas. ¿No lo sabía?
–No –negó ahora mirando a su hermana–, ella no me lo había dicho.
–Ha sido una suerte que este muchacho llamara a tiempo a la ambulancia y donara sangre para salvar la vida de ambos. Si no es por él, quizás ahora su hermana no estaría ahí –le informaba el médico. Rei estaba intentando asimilar la noticia–. Vendré dentro de un rato para ver qué cambios hay. Hasta luego –se despidió, saliendo de la habitación.
–Adiós –respondió Takao, para después mirar a Rei.
–Dios mío, Mao –susurró aferrando más el agarre de la mano– ¿Qué te ha pasado? –se pregunto a sí mismo en voz alta.
Cuando pasaron dos horas, Takao llamó a su hermano para explicarle la situación. Rei estaba preocupado por su hermana que no había despertado todavía. Mao abrió los ojos lentamente, encontrándose con Rei y Takao a cada lado de la cama.
–¿Cómo te encuentras? –le preguntó Rei.
–Me duele todo el cuerpo –confesó la chica mientras intentaba mantenerse despierta.
–Mao, ¿qué te ha pasado?
–Me he caído por las escaleras. –inventó–. Rei, me pesan mucho los ojos.
–Duérmete. Tranquila, yo te cuidaré –dijo Rei. Mao comenzó a cerrar los ojos hasta quedarse de nuevo dormida–. No la creo. Me ha mentido y no sé cuales sean sus razones. Pero la conozco y sé que no me ha dicho la verdad. –hablaba, esperando que Takao le escuchase.
–Yo no creo que se haya caído por las escaleras –agregó Takao.
–¿A qué te refieres? Si sabes algo, dímelo. –le pidió mirándole.
–Yo... no soy quién para decirte nada. A lo mejor estoy equivocado –dijo cabizbajo.
–Por favor, Takao. Dime que es lo que piensas.
–Pienso que alguien le ha pegado. Pero no puedo asegurártelo porque no lo he visto con mis propios ojos. Es mejor que le preguntes a ella cuando despierte. –Dijo intentando ponerse de pie.
–¿A dónde vas? –preguntó observando los movimientos del joven de cabellos azules.
–Mi hermano se preocupara por mí si no vuelvo a casa.
Rei se levantó de la silla y se acercó a él–. Estás muy pálido, será mejor que te quedes un rato más.
–No puedo –dijo dando un paso hacia delante desplomándose hasta casi tocar el suelo de no ser porque Rei rápidamente lo agarró.
–Así no vas a llegar bien a ningún lado, Takao –anunció sentándolo en la silla de ruedas de nuevo.
–Pero tengo que irme.
–Llama a tu hermano por teléfono y dile que tardarás más.
–No quiero preocuparle por una tontería. –le esquivó la mirada.
–Takao, que estés así no es ninguna tontería. Quédate aquí hasta que el médico diga que te puedes ir.
El joven de cabellos azules no tuvo más remedio que hacerle caso, ya que se sentía un poco mareado y estaba sin fuerzas por haber donado esa sangre.
Media hora después, Mao volvió a abrir los ojos.
–Rei. –le llamó.
–¿Qué? –preguntó sin soltarle la mano, con una sonrisa.
–¿Dónde estoy? –preguntó confundida, ya que no sabía dónde estaba.
–En el hospital.
–Ah –agregó ella sin más.
–Mao.
–¿Qué?
–¿Por qué no me habías dicho lo del embarazo?
–Mi bebé –se empezó a poner nerviosa al pensar que lo había perdido– ¿Mi bebé sigue aquí?– preguntó tocándose la barriga.
–Sí, tranquila, no te pongas nerviosa –le anunció su hermano intentando acariciarle la mejilla.
–No me toques –le pidió haciendo su cara hacia un lado– No me pegues, por favor. Vete. –le pidió, al tiempo que su respiración se aceleraba.
–Mao, no te voy a pegar –aseguró Rei preocupado.
–Takao dile que no me pegue –le pidió nerviosa.
–Él no te va a pegar, Mao. –agregó Takao.
–Takao dile que se vaya. Quiere que pierda a mi bebé. –le decía con gran preocupación, reflejada en sus ojos.
–Mao, yo no quiero que pierdas el bebé. ¿Qué te pasa? –preguntó Rei comenzándose a asustar.
–Takao, dile que se vaya, no quiero que se acerque a mí. –Decía al tiempo que se soltaba del agarre de Rei y se tapaba los ojos con ambas manos–. Me da miedo.
Al ver esa reacción, Rei se puso de pie–. Mao, tranquilízate –le pidió alejándose de ella poco a poco hacia atrás–. Desde aquí no puedo hacerte daño. Eres mi hermana y te quiero mucho. –le avisó.
Ella desconfiando, bajó un poco sus manos para ver si el otro le mentía o no. Miró hacia Takao que seguía igual de sorprendido que al principio–. Takao, no quiero que se acerque a mí.
–Tranquila, no se va a acercar a ti. Yo... me quedaré aquí esta noche y te cuidaré –añadió Takao para tranquilizarla, comprobando que su respiración poco a poco se iba normalizando.
–Gracias.
–Takao no la dejes sola, voy a hablar con el médico –le comentó Rei.
–Está bien –dijo al ver cómo Rei salía de la habitación y cómo su hermana se tranquilizaba con su ausencia–. Mao, no te pongas nerviosa. Tú y el bebé estáis bien, pero tienes que descansar, ¿de acuerdo?
–Takao, no quiero verle.
–No digas eso, es tu hermano y te quiere mucho. Él no te haría daño, Mao.
–¿Y si quiere que pierda a mi bebé? ¿Y si quiere pegarme? No quiero perder a mi hijo. –le confesaba angustiada.
–Para eso tienes que tranquilizarte y guardar reposo.
En esos momentos el médico entró en la habitación.
–¿Señorita cómo se encuentra? ¿Le duele algo?
–Me duele todo el cuerpo –contestó. Se dio cuenta de que Rei estaba detrás de ese hombre. Dentro de la habitación– ¡Que no se acerque a mí, que no me toque! –Miró al médico, el cual le iba a coger el brazo– ¡no me toque! ¡Takao, diles que no me peguen, a ti te escucharan! –pedía desesperada.
–Señorita, no se ponga nerviosa –decía el médico–. Si sigue así, puede perder el bebé.
–No quiero perder a mi bebé.
Takao decidió intervenir–. Mao, este hombre es médico y tiene que revisarte para ayudarte a que no pierdas el bebé, ¿lo entiendes? Sin su ayuda, perderás al bebé –aseguró –. Tú no quieres eso, ¿verdad? –dijo Takao.
–No.
–Pues ten confianza en él porque está aquí sólo para ayudarte a que salgas adelante con el embarazo.
–¿Y si me pega? –preguntó llorando.
–No lo hará porque yo estoy aquí.
Mao se confío y dejó que el médico le revisara los moratones y le administrara un poco de calmante. Cuando Mao volvió a quedarse dormida el médico les habló.
–Esos moratones son producto de una paliza, debido a eso tiene miedo de que alguien se le acerque.
–Pero, ¿por qué me tiene miedo a mí que soy su hermano y no a Takao? –preguntó Rei preocupado.
–Es posible que se deba a que él llamo a la ambulancia y la ayudó. Por eso confía en él y sabe que no le haría daño. Yo diría que un hombre la ha maltratado. ¿Su hermana está casada?
–No, ni siquiera tiene novio, al menos que yo sepa.
–¿Sabe si alguien cercano a ella le tiene rencor u odio por algo?
–No. Mao es una chica muy alegre y dulce, ella no le haría daño a nadie.
–Le diré lo que vamos a hacer. Se quedará aquí unos días hasta que se estabilice un poco. Después tendrá que hacer reposo hasta el fin del embarazo. No podrá levantarse de la cama para nada. Lo más seguro es que el bebé nazca prematuro. Tendrán que vigilarla para que no se ponga en pie. Su embarazo va a ser muy delicado y tiene que cuidarse mucho. –advirtió.
–Entiendo –dijo Rei– ¿Pero cómo hago para acercarme a ella?
–Yo intentaré ayudarte, Rei –contestó Takao, mirando hacia Mao.
–Eso sería buena idea, ya que sólo confía en ti –concretó el médico–. Si vuelve a ponerse nerviosa, hacédmelo saber.
–Muy bien –contestó Rei–, gracias doctor.
Takao avisó a su hermano de que pasaría la noche allí. Pasaron las semanas y Takao iba a visitar a Mao a su casa, las tardes que no iba a trabajar. Takao se seguía manteniendo un poco distante con Rei. Y Mao ya había obtenido la confianza con su hermano gracias a Takao. Ahora Rei ya no iba al instituto a perder el tiempo, ya que él nunca entraba a las clases. Pero el trabajo era otra cosa. Ahí si tenía que ir sin más remedio. Así que las horas en que ni Takao ni Rei podían estar con ella, a Mao la cuidaba su amiga y vecina Emily. Mao intentaba ponerse al día con lo que había explicado el profesor mediante las explicaciones de Takao y seguían haciendo el trabajo en equipo. Takao se encontraba haciendo el trabajo con Mao que cómo podía, le ayudaba, aunque no podía estar más que tumbada en la cama.
–Takao si dicto muy rápido dímelo, ¿de acuerdo? –le avisó tumbada desde la cama con el libro abierto.
–Sí, tranquila –contestó sentado en el escritorio–. Puedes empezar –dijo preparándose para escribir mientras que ella comenzaba a leer.
–Roma fue incorporando nuevos elementos culturales al ritmo de sus conquistas...– iba leyendo Mao cuando escuchó que tocaron la puerta de su habitación–. Adelante –dio permiso a que entraran, para ver que quien abría, era su hermano–. Hola, Rei. –le sonrió con una sonrisa.
–Hola. ¿Qué hacéis?
–El trabajo de sociales –sonrió–Yo le dicto mientras él escribe –le explicaba, viendo cómo su hermano se acercaba a ella y le daba un beso en la frente.
–Entonces voy a preparar la cena, así os dejo que sigáis con lo vuestro. ¿De acuerdo?
–De acuerdo –contestó ella.
–Takao –le llamó Rei.
–¿Qué? –preguntó mirando el cuaderno.
–¿Te gustaría cenar aquí esta noche? –se atrevió a preguntarle.
–¿Yo? Es que...
–Anda Takao, di que sí –le pidió Mao.
–Es que Hitoshi entonces... –decía al tiempo que movía el bolígrafo en su mano nerviosamente.
–Que venga él también –le invitó Rei.
–Rei, él no puede andar mucho por su problema.
–¿Qué problema tiene? –preguntó Mao sin saber de lo que hablaban.
–Está bien, otra vez será –agregó Rei resignado–. Me voy abajo –anunció saliendo de la habitación.
–Mao, ¿puedes seguir? –le invitó Takao sin dejar de centrarse en la libreta.
–Claro, Takao –añadió para seguir dictando.
Una vez que Takao se marchó de ahí, Rei le explicó a Mao lo que ocurría. Ella se sorprendió y empezó a comprender muchas cosas sobre ese chico.
&&&Rei&Takao&&&
–Así que Rei quería que te quedases allí a cenar –recapitulaba Hitoshi sobre lo que Takao le había contado, sentado sobre el cojín del suelo, con las manos puestas sobre la mesa.
–Sí. También te invito a ti, pero le dije que no. –aclaró, sentado a su derecha.
–¿Por qué?
–Porque su casa está muy lejos de aquí y te cansarías. –le hizo ver.
–Es normal que me canse, Takao. Pero podría ir en taxi. A no ser que el verdadero motivo sea que tu no quieras ver a Rei.
–¿Por qué no iba a querer, eh? –le preguntó, fijándose en la cara pálida de su hermano. Su tono de piel ya no era tan moreno como el de hacía años. Era un amarillento enfermizo. Su fatiga se notaba al hablar. Y cuando andaba unos pasos, podía notar cómo se ahogaba.
–¿Crees que porque estoy enfermo, no me doy cuenta de las cosas?
–No es eso... es que no quiero preocuparte.
–¿Por qué? Las personas se preocupan siempre. –podía ver la preocupación, reflejaba en los ojos de su hermano menor. Takao nunca intentaba preocuparle, para que no le sorprendiera y le diera un ataque al corazón – ¿Crees que no sé lo de la casa?
–Hitoshi, yo... –intentó explicarse, pero su hermano no le dejó.
–Takao, sé que nos van a quitar la casa si no pagamos este mes. Pero también sé que tú solo no puedes con todo.
–Si puedo. Lo que pasa es que... quiero demostrarte que puedo salir adelante, Hitoshi.
–Y estoy seguro de que puedes hacerlo. Pero no quiero que caigas enfermo. Estudias, apenas comes, trabajas, casi no cenas y apenas duermes. Me preocupa que nos quiten la casa, pero más me preocupas tú. –garantizó.
Desconocía cómo había sido, pero Hitoshi se había enterado de la verdad y sabía por todo lo que estaba pasando sin que él se lo contase. Así que imaginó, que de nada serviría seguir escondiéndole más problemas, ya que probablemente estaba al tanto de ellas–. Hitoshi, tengo que decirte algo, pero, no quiero que tengas otro ataque. No es nada grave, pero es algo muy importante para mí y que solamente puedo resolver de una manera.
–¿Qué es? Cuéntamelo. –le pidió.
Takao le explicó lo que una vez le dijo el médico sobre la operación y que su corazón no resistiría mucho–. Por eso he decidido dejar el instituto, para poder trabajar una jornada entera.
–¿Es tu decisión y la única solución que le ves?
–Sí, aunque con el título de bachillerato tendría más posibilidades de trabajar en cualquier sitio que con el de la ESO. Si quiero pagar la operación, tengo que hacerlo.
–Takao. –le llamó con pesar y cansado. Se sentía realmente débil. Y aunque sabía que estaba realmente enfermo, no quería que su hermano desperdiciara así su vida por él.
–No me digas que no te quieres operar, porque tú eres la única persona que está a mi lado y haré lo que sea por ti, Hitoshi.
–Claro que quiero operarme, pero no es justo todo lo que estás haciendo por mí. Además yo también tengo mis ahorrillos, así que te los daré para la operación. ¿De acuerdo?
–De acuerdo. Te quiero mucho, Hitoshi –dijo abrazándolo.
–Y yo a ti Takao –no tardó en corresponderle un abrazo débil–. Si Rei vuelve a invitarnos acepta la propuesta. Me gustaría conocer a su hermana, ya que es tu amiga de la que tanto hablas y saber algo sobre él. ¿De acuerdo?
–De acuerdo.
&&&Rei&Takao&&&
–¿Entonces te gusta Takao? –preguntó su hermana desde la cama, mirando hacia su hermano que estaba sentado en la silla del escritorio.
–Sí, me gusta mucho. Pero él me evita todo lo que puede y me habla lo justo. Yo lo único que quiero es conocerlo y saber cosas de él. Incluso se lo dije, pero él no me cree –le contaba Rei.
–Tendrá sus razones. A lo mejor ya le han hecho daño otras veces.
–Es posible, pero si me diera la oportunidad de demostrarle que no soy ningún matón, o que no quiero hacerle daño ni engañarle, no dudaría en hacerlo feliz y ayudarlo en todo lo que necesitara.
–Vaya, y yo sin saber que mi hermano era homosexual. –Decía Mao ante tal confesión–. Pero no me importa, ojalá que te vaya muy bien. –Le deseó– ¿Puedo darte un consejo?
–Claro.
–No te precipites con él, me refiero a intentar besarlo.
–Ya es un poco tarde, porque lo he hecho dos veces –le informó con una media sonrisa.
–¿Qué? Vaya, jajaja. No lo sabía. Con razón Takao se pone tan tenso cuando te escucha hablar.
–¿Me ayudarás a conquistarlo?
–No te aseguro nada, pero lo intentaré.
–Gracias –dijo su hermano levantándose de la silla, dándole un beso en la frente.
–De nada –le contestó ella con una pequeña sonrisa.
&&&Rei&Takao&&&
Pasaron varias semanas. Rei por fin había conseguido que Takao aceptase la invitación de quedarse a cenar en casa, con ayuda de Mao. Rei estaba contento y estaba esmerándose en cocinar. La mesa estaba puesta, sólo faltaba bajar a su hermana al comedor y que los chicos llegaran.
Tocaron el timbre, así que Rei abrió la puerta encontrándose con Takao e Hitoshi.
–Hola, pasad por favor –les invitó haciéndose a un lado de la puerta, permitiéndoles el paso–¿Cómo estás Hitoshi? Hace tiempo que no te veo –sonrió.
–Bien, gracias –contestó sonriéndole, pasando al interior de la casa.
–Podéis sentaros dónde queráis mientras bajo a mi hermana –añadió, para después empezar a subir las escaleras. Ellos se sentaron en el sofá y esperaron a que él bajase.
–¿Estás bien? –le preguntó Takao a su hermano.
–Sí, tranquilo –le informó Hitoshi. Rei bajó con Mao en brazos y ésta estaba bien agarrada a su cuello. Sentó a Mao en la silla junto a la mesa.
–Espera un momento, ahora vuelvo –le avisó Rei.
–Vale –contestó ella, viendo que en el sofá había otro joven con Takao, seguramente su hermano.
Rei se acercó hasta ambos jóvenes para que lo siguieran, éstos se pusieron de pie y caminaron hasta dónde estaba la chica sentada.
–Hola –saludó Takao a Mao.
–Hola –respondió Mao.
–¿Cómo estás?
–Me encuentro bien, gracias. –le sonrió.
–Te presento a mi hermano Hitoshi.
–Hola, encantado de conocerte –dijo Hitoshi haciéndole una reverencia.
–Hola, encantada. –Respondió de la misma forma–. Por favor, sentaros –les pidió Mao.
Todos se sentaron en la mesa. Comenzaron a cenar mientras hablaban para conocerse un poco. Mao estaba sentada al lado de su hermano. Enfrente de Rei estaba Hitoshi y al lado de Hitoshi estaba Takao. Mao comía poco debido a las náuseas, así que lo hacía en pequeñas sesiones. Solía estar en pijama porque no podía salir de la cama, pero cuando su hermano le dijo que esa noche iban a tener invitados quiso vestirse, así que Rei le dio la ropa que ella le iba pidiendo después, la dejó sola para que se cambiase. Llevaba puesto una blusa de tirantes color azul y unos jeans. Hitoshi y Rei también hablaban pero estaban pendientes a su hermano y hermana.
–Jajaja –reía Mao mientras escuchaba a Takao contarle una pequeña anécdota que había pasado en su clase.
–Si lo hubieras visto. Parecía un tigre enjaulado, daba miedo. Claro, que ha castigado a los culpables.
–Jajaja, pobre profesor de literatura.
–Mao. ¿No vas a querer más? –preguntó su hermano refiriéndose a la cena.
–No, lo siento, pero no puedo cenar más. –le especificó.
–No pasa nada –sonrió– ¿Habéis terminado? –preguntó Rei a los hermanos, a lo que los dos asintieron. Rei se levantó y empezó a quitar la mesa.
–Yo te ayudo –se ofreció Hitoshi poniéndose de pie.
–Nada de eso –le advirtió Takao levantándose–. Yo le ayudo –concretó poniéndose de pie mientras recogía los cubiertos y varios platos y seguía a Rei hasta la cocina. Mao e Hitoshi se quedaron mirándose un rato hasta que Hitoshi rompió el silencio.
–¿Quién es mayor de los dos?
–Mi hermano. Nos llevamos un año. ¿Cuántos os lleváis Takao y tú? –preguntó ella.
–Tres años. Mi hermano dice que eres una buena estudiante.
–Bueno tampoco me va mal para decir lo contrario. ¿Y tú? ¿Trabajas o estudias?
–Yo ni estudio ni trabajo debido a mi enfermedad –sonrió–, aunque me gustaría.
Mientras Mao e Hitoshi hablaban, Takao y Rei estaban fregando los platos.
–Me alegra mucho que hayas aceptado la invitación– sonrió – ¿Cómo va tu trabajo con Mao?
–Bien, supongo –contestó Takao cortante.
–¿Y cómo vas en clase?
–Pues no sé si contestarte a esa pregunta. A lo mejor tus compañeros y tú me dais una paliza sin previo aviso –agregó Takao enjuagando un vaso.
–Vale. He captado el mensaje. No quieres hablar conmigo y lo entiendo –refirió Rei enjabonando un plato.
–Menos mal.
–Sé que con lo que pasó el otro día entre nosotros, te asuste y pensabas que quería jugar contigo y hacerte daño. Seguro que te cause una mala impresión. Pero esa no es mi intención.
–¿Y cuál es? –preguntó sin dejar de hacer lo que hacía.
–Sólo quiero conocerte y saber qué clase de chico eres.
–¿Qué clase de chico soy? Pues soy un chico estudioso, que se pasa el día amargado leyendo libros y haciendo montones de deberes. Ya lo sabes. Ahora no necesitas conocerme. No tienes porqué desperdiciar tu tiempo conmigo.
–Para mí no sería desperdiciar el tiempo. Estoy seguro que además de estudiar harás otras cosas. Darás paseos, comerás, dormirás, te comprarás ropa.
–Oye, sé sincero por una vez en tu vida y dime la verdad. ¿Por qué quieres saber cosas sobre mí? –preguntó mirándole–. Ah claro, es por lo que te dije ese día en el hospital. No te lo tomes al pie de la letra, no hace falta. Además no me refería sólo a mí, sino a mis amigos en general.
–No es por eso –contestó Rei, dejando de enjabonar.
–Venga, Rei. ¿Para que el jefe de una banda, de buenas a primera va a querer saber la vida de un ratón de biblioteca?
–No te llames así.
–¿Por qué? Si todo el mundo lo hace y tú también. –le recordó.
–Y no sabes cuánto siento haberte llamado así.
–No lo sientas, es lo que soy o lo que aparento –miró el reloj de su muñeca– Creo que ya se me está haciendo tarde para ir a estudiar –informó Takao con sarcasmo.
–¿Por qué eres así? –preguntó confundido, viendo que Takao cortaba el agua del grifo.
–¿Por qué los demás se ríen cuando me ven? ¿Por qué la gente se burla de mí? ¿Qué les he hecho yo? ¿Por qué nadie, salvo mi hermano y la tuya me tratan con amabilidad, además de mis amigos?
–Porque son unos idiotas que tienen miedo de acercarse a una persona tan maravillosa como tú para no poder tenerla a su lado.
–No Rei, la respuesta está en que es más fácil burlarse una y otra vez de un chico callado que estás seguro de que no te dará un puñetazo cuando le grites a la cara delante de medio instituto la palabra imbécil. ¿Pero sabes? Ya me da todo igual. Algún día la gente me pedirá su ayuda, pero quizás ya sea demasiado tarde –le informó dejando el último plato en el escurridor para acto seguido marcharse al comedor con Hitoshi y Mao.
–Genial Rei, lo has hecho enfadar –se dijo a sí mismo mientras con un paño retorcido quitaba los restos del agua del fregadero.
&&&Rei&Takao&&&
Cuando Takao llegó al comedor, Mao e Hitoshi estaban riéndose.
–Jajaja, sí. Recuerdo cómo me estiraba de la oreja y me decía; y que no te tenga que coger otra vez de las orejas –contaba Hitoshi poniendo voz de anciana.
–Jajaja, no me extraña que no quisieras cruzártela en tu camino –decía Mao muerta de risa.
–Hola, ¿de qué habláis? –preguntó Takao sentándose al lado de su hermano.
–De la señora Hiwatari y de su amor platónico hacia mí –le informó Hitoshi con sarcasmo.
–Ah sí, jajaja. Cuando te cogía de las mejillas y te daba grandes tirones diciéndote; que guapo es este niño –decía Takao imitando él ésta vez la voz.
–Jajaja –reía Mao.
–Exacto –refirió Hitoshi–, luego me dolían las mejillas incluso tres días después –sonrió–. Cada vez que me acuerdo de ella parecen que las mejillas quieren dolerme.
Takao miró el reloj de su muñeca–. Hitoshi lo siento, pero ya es hora.
–Está bien –dijo poniéndose en pie.
–¿Ya os vais? –preguntó Mao con un poco de tristeza.
–Sí –afirmó el menor.
–Es que ya tengo que tomarme las medicinas –le informó Hitoshi–. Me lo he pasado muy bien esta noche, Mao.
–Yo también –sonrió mientras miraba a Hitoshi–. Si queréis otro día podéis venir a cenar aquí otra vez. Me ha encantado estar con vosotros esta noche.
Hitoshi sonrió–. Puede que lo hagamos en otra ocasión, buenas noches –la despidió mirándola, sin poder dejar de hacerlo.
–Buenas noches –les despidió Mao para ver que su hermano entraba en el comedor.
–¿Ya os vais? –preguntó Rei.
Takao pasó de largo de Rei –Sí, es que tengo que tomarme mis medicinas –explicó Hitoshi, viendo cómo su hermano ni siquiera lo esperaba–. Gracias por la cena, cocinas muy bien.
–Otro día si queréis volver a venir a cenar seréis bienvenidos –sonrió.
–Gracias y perdona por las molestias.
–No las han sido. –Le restó importancia– ¿Verdad Mao?
–Verdad –sonrió.
–Bueno, buenas noches y de nuevo gracias –repitió, para mirar después a Mao–. Adiós Mao, cuídate.
–Lo haré, adiós. –contestó sonriente.
–Adiós, Rei –se dirigió ahora de nuevo a él mientras le miraba y salía del comedor. Takao lo esperaba en la puerta principal de la casa. Salieron a la calle, cogieron un taxi y llegaron a su casa.
&&&Rei&Takao&&&
–Bueno, ya has conocido a mi amiga Mao. –decía al tiempo que se sentaba con su hermano en el sofá del comedor.
–Sí –suspiró.
–Hitoshi.
–¿Qué?
–Mao te ha gustado, ¿verdad?
–No, que va. Qué cosas dices, Takao –dijo sonrojándose un poco.
–Lo sabía, te gusta. ¿Sabes la cara de tonto que pusiste cuando le dijiste buenas noches?
–No. Yo no puedo mirarme a la cara –sonrió–. Hay que reconocer que la chica es muy atractiva.
–Sí lo es.
–Y su hermano también es atractivo –confesó mirando a Takao.
El menor silenció y desvió su mirada hacia otro lado–. Mejor vámonos a dormir.
–Está bien –contestó poniéndose de pie–. Buenas noches, Takao.
–Buenas noches, Hitoshi –le dijo poniéndose en pie y saliendo de su vista.
&&&Rei&Takao&&&
Una semana después...
Takao había ido como siempre a casa de Mao. Subió las escaleras y tocó la puerta de la habitación.
–¿Quién es? –preguntó la chica.
–Soy Takao. –respondió.
–Adelante. –le invitó.
Takao abrió la puerta con una sola mano–. Te traigo una sorpresita. –le hizo saber.
–¿Qué es? –Preguntó curiosa desde su posición–, enséñamelo.
–Esto es para ti –dijo mostrándole un ramo de flores. Caminó hasta ella, para después dárselos en las manos.
–Son preciosas –agregó oliéndolas y cogiendo una nota–. Espero que estés bien y si no es así que te mejores. Ojalá te las hubiese podido entregar personalmente. Espero que te hayan gustado. Hitoshi –sonrió mientras volvía a olerlas–. Qué bonitas. Dile que me han encantado. Por favor ponlas en agua. –le pidió.
Sonrió aceptando de nuevo el ramo– Claro, ¿dónde tienes un jarrón?
–Abajo en el comedor hay uno, llénalo de agua y déjalo aquí en mi habitación, por favor.
–Está bien –contestó mientras dejaba el ramo sobre el escritorio y bajaba al piso de abajo, haciendo lo que le había dicho Mao.
Después hicieron su trabajo hasta que Rei regresó a su casa. Rei subió a la habitación, tocó la puerta y esperó a que su hermana le diera permiso para entrar.
–Adelante –dijo ella.
–Hola. –saludó nada más entrar por la puerta.
–Hola, Rei –sonrió–, mira que flores más bonitas me ha regalado Hitoshi. –contaba sonriente.
–¿A estado aquí? –preguntó mirando las flores.
–No, las he traído yo por él –contestó Takao desde la silla del escritorio–. Mao, ya casi está terminado el trabajo. Sólo falta la portada y un par de párrafos por escribir –le contaba poniéndose de pie–, le daré tu recado a Hitoshi. Ahora tengo que irme.
–Claro. Dale las gracias y dile que se cuide.
–Lo haré –le sonrió a Mao–, adiós.
–Adiós –contestaron los dos mientras que Takao salía de la habitación.
Rei se acercó a su hermana y se arrodilló a su lado–. Mao, cada vez me habla menos. ¿Cómo puedo hacer para que cambie eso?
–Lo tienes muy difícil, pero creo que deberías hablar con Hitoshi. A lo mejor él sabe porqué Takao se comporta así contigo y puede ayudarte a que os llevéis mejor.
–Puede que tengas razón. Pero, ¿cuándo puedo hablar con él sin que esté Takao? Además no sé exactamente dónde vive.
–Pues pregúntale a algún amigo suyo. –le contestó, refiriéndose a Takao.
–Eso no funcionaría, no creo que me lo digan –dijo Rei cruzándose de brazos mientras pensaba.
–¿Y Emily? Ella es nuestra amiga y la de él también. Ella sabe que tú no le harías daño a nadie. Si quieres puedes hablar con ella ahora.
–No te voy a dejar sola.
–¿Y qué me puede pasar?
–Nada, pero no quiero que estés sola en ningún momento –sonrió–. Ya sé, llamaré a la casa de Emily por teléfono y le diré que venga aquí, así no te quedarás sola.
–Vale.
–Ahora vuelvo –refirió Rei levantándose, para acto seguido salir de la habitación.
Mao se tocó la barriga. Ya estaba casi de tres meses y su barriga se empezaba ya a notar. En ese tiempo no había sabido nada de Boris y tampoco tenía el más mínimo interés en saber de él. Nunca se hubiera imaginado que su ex novio le daría esa paliza. Por su culpa estuvo a punto de perder a su bebé. Ella estaba haciendo ese reposo para que su bebé naciese bien y fuerte. Nada le importaba más que eso en ese momento.
&&&Rei&Takao&&&
Boris estaba observando la casa de Mao por la parte trasera todos los días. Ahí era dónde estaba la habitación de Mao. Se sentía fatal por lo que le había hecho estando borracho y por culpa de sus malditos celos. Quería pasar dentro de la casa y ver cómo estaba ella, pero desde el principio se dio cuenta de que nunca la dejaban sola. Él no paraba de pensar que debía de estar muy mal por esa paliza. Seguro que Mao había perdido al bebé.
Ya le daba igual si su novia le había engañado con otro o no. Lo que él quería era estar junto a ella y decirle cuanto la quería. Explicarle que lo que pasó ese día fue por culpa del alcohol y de sus malditos celos por no tenerla y pensar que ella era igual que él. La verdad es que había metido la pata hasta el fondo. Teniendo a una chica como ella a su lado, no necesitaba acostarse con ninguna otra. Pero él era un hombre y no podía evitar ir tras unas piernas bonitas y más si las chicas eran unas fáciles.
Se maldecía una y otra vez por lo mal que lo había hecho todo. Si pudiera echar el tiempo hacia atrás, hubiera evitado esos errores con esas chicas y le hubiera pedido que se casará con él. ¿Por qué Mao no salía de allí? Siempre veía la luz encendida cuando empezaba a oscurecer y no se apagaba hasta las once o doce de la noche. Necesitaba saber cómo estaba, necesitaba acariciarle esas mejillas, abrazarla y besarla. Echaba de menos esos momentos que pasaron como pareja y que seguramente no se volverían a repetir nunca.
"Si solamente abandonarán la casa un instante iría a verte, Mao", pensaba mientras miraba la ventana y comenzaba a rodear la casa para dirigirse a la parte delantera. "Está decidido. Mañana vendré a verte preciosa y me dará igual quien esté en la casa contigo", pensó mientras se alejaba de allí cabizbajo
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–Ya estoy terminando el trabajo con Mao –le informó Takao a Hitoshi, sentados en los cojines del suelo a la mesa.
–¿Se lo has contado a ella? –le preguntó Hitoshi.
–¿Lo de que voy a dejar el instituto? No. Lo haré cuando termine el trabajo y entonces se lo contaré. No me gustaría preocuparla. –El menor prefirió desviar un poco el tema–. Por cierto, le han encantado las flores. Me ha dicho que te cuides y que ojalá hubieras ido tú a dárselas y a visitarla.
–Puede que lo haga muy pronto. Tengo ganas de verla desde hace tiempo. –comentó el mayor algo tímido.
–Así que te gusta –refirió Takao sonriendo.
–Sí, me gusta mucho. Es una chica muy simpática, atractiva y... el idiota que le hizo eso, no debería de haberla conocido nunca. –comentó al pensar que la chica no podía ponerse ni siquiera en pie, por culpa de alguien.
–Sí, sé cómo te sientes. Quien fuese el culpable, se pasó de la raya.
Continuará...
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Gracias por sus reviews a:
Takaita Hiwatari: Hermanita, fíjate primero en qué login escribes. Jejeje, bueno un fallo lo tiene cualquiera. Otra más que odia al sádico de Boris. Cómo ves, el chico no se ha olvidado de Mao y ya está planeando verla. Takao, nuestra pequeña persona es tan bueno que donó sangre para salvar a Mao. ¿No me digas que no es para comérselo?
Ari–Yuna: Tus dudas sobre el cambio de look, el desgraciado que le rompió el corazón y sobre si le gusta estudiar o no, lo desvelaré más adelante. Gracias por felicitarme por el cumple. Y estoy casi segura de que el próximo capítulo te va a llamar mucho la atención.
Airisu Arashi: Me alegra mucho que sigas dejando reviews, espero que te haya gustado el capítulo. Pobre Rei, no es correspondido. Pobre Takao, tiene muchos problemas. Hitoshi enamorado de Mao y Mao intentando cuidarse para su embarazo. Y encima Boris va a intentar entrar mañana en la casa de Mao para arreglar las cosas. Esto se está volviendo un caos.
Quimera: Siento no poder responder esa pregunta, pero tranquila, porque todo sale a la luz y Takao sabrá qué hacer. ¿Qué te parece si le pegamos entre las dos una paliza a Boris? Más que nada para que sepa lo que se siente, jejeje. O llamamos a Kai y que nos haga el trabajo sucio. Estate pendiente del próximo capítulo porque nuestro pequeño angelito puede que te sorprenda un poquito.
En el próximo capítulo leeréis el destino del pobre Hitoshi y muchas más cosas. Así que os animo a los que me seguís, para que no os perdáis el próximo capítulo. No olvidéis dejarme vuestra opinión. Cuidaos y xao.
