Red Velvet
Capítulo 86: Luz
…
Y si, esperar al día sí que fue una tortura.
Que Ruby le tuviese alguna sorpresa era algo para sentirse ansiosa.
Cada día que pasaba, la mujer desbloqueaba algo en ella, algo único, algo oculto en si misma que no creyó que existiría, y no solo eso, si no que le enseñaba un poco más de ese mundo al que tan adicta se había vuelto, porque Dios, sí que se había vuelto adicta.
Y quería saber que era.
¿Un objeto nuevo? ¿Una experiencia nueva?
No quería pensar de más, así no arruinaría la sorpresa si es que ya empezaba haciéndose una idea de inmediato.
Pero, la mera idea realmente le ponía los pelos de punta.
Y no podía dejar que nadie se metiese en su camino.
Así que mantuvo todo a raya.
A pesar de los problemas que tuvo, la fiesta de aniversario salió bien, aún tenía el apoyo de sus trabajadores, y luego de esa velada, los veía moverse aún más eficientemente que antes, y creía que la fiesta y el día libre les había servido para tener más fuerzas. Y ella misma se sentía más cómoda desde ese día, todo el aire en la compañía había cambiado, y para mejor.
Al final del día, eran un gran equipo, y tenían que trabajar juntos para hacer que la empresa creciese aun más de lo que ya era, y creía ir por el camino correcto, ya sea lo que pasara con Ruby, con el secreto de ambas saliendo a la luz, y que a raíz de eso tuviese que tomar sus pertenencias e irse, se iría con la mente tranquila, sabiendo que hizo lo posible para mantener su legado en alto, para mantener el trabajo de su abuelo en la cúspide.
Ojalá la aceptasen, que aceptasen su secreto.
No le importaba la impresión que la sociedad tuviese de ella, para nada, siempre iba a ser su objetivo el separarse lo más posible de lo que Atlas quería de ella, sin embargo, le dolería si es que sus trabajadores la veían mal, se sentiría decepcionada. Al final, tantos años ahí trabajando para que la compañía creciera, para que sus trabajadores tuviesen sueldos dignos y ambientes laborales convenientes, y que al final estos tirasen todos sus esfuerzos a la basura y se tirasen a su cuello, sin la menor consideración.
Esperaba ser mejor jefa de lo que se veía a sí misma.
Siempre fue algo así como una tirana, lo sabía, pero estaba cambiando, la percepción de sí misma desde que Ruby entró en su vida, era la de una mejor persona, estaba siendo una mejor persona. El problema erradicaba dentro de ella, de la vida que tenía, y ahora era más libre que nunca, y quería que la viesen así, no como la mujer amargada que era bajo un compromiso vacío y bajo la influencia de sus memorias corruptas.
Era Weiss.
Solo Weiss.
Y quería que el mundo viese eso, que viese quien era realmente, y si bien las consecuencias de eso no le importaban del todo, ya que siempre podía huir, siempre permanecería el dolor de que el lugar por el que más luchó se le cayese encima. También le dolería que su padre no la aceptase, que su hermano no la aceptase.
Ese si era un rechazo al que le costaría mucho más acostumbrarse.
Habiendo tenido una mañana tranquila, relajaba, con ambos en la mesa, conversando de nada en particular, de nimiedades mientras desayunaban, era algo que le agradaba, que le causaba un alivio increíble, y, de hecho, también se sentía así de bien cuando se encontraban a la cena.
Ya nada de miradas, ya nada de preocupaciones.
Habían llorado en los brazos del otro, y podría decirse que la relación que tenían era más humana de lo que nunca fue, ya no era algo profesional como antes, no, ahora eran una familia normal, o al menos se esforzaban para serlo. Y por eso mismo, por esa felicidad que sentía al tener a su familia de vuelta, al tener la tranquilidad de estar con esas personas lado a lado y sentirse normal, sentirse Weiss, sentirse en una verdadera familia, era algo que le asustaba perder.
Sentía que no debía preocuparse por eso, pero también sabía que el día menos pensado las cosas podrían cambiar, tornarse para bien o para mal, y el último año ya se dio cuenta de que las sorpresas llegaban sin avisar y que debía estar lista para todo.
Al menos no estaría sola.
Nunca más.
Porque ahí estaba.
Miró el edificio aquel mientras manejaba por las calles.
Había tranquilidad en las calles, no había alboroto como cuando salía de casa en la semana y debía toparse con los atascos matutinos, con todos los que viajaban desesperados para llegar al trabajo a tiempo, ahora no, todos iban tranquilos, sin apuro, dispuestos a llegar a su destino sin presión.
Le gustaban los sábados, y sabía que la razón principal por la que le gustaban era porque era el día donde veía a Ruby, así fue desde que empezaron esa amistad. Por suerte, ahora la veía todas las semanas, no como antes, cuando pasaban dos semanas sin verse, o como mucho antes, donde a veces pasaba un mes sin visitar a la chica de rojo en aquel inesperadamente cómodo lugar llamado Red Velvet.
Ahora hablaban cada día.
Ahora eran algo, ahora eran de la otra.
Y le encantaba que así fuese.
La forma en la que habían cambiado, la forma en la que la relación que tenían se había desarrollado siempre le causaba sorpresa, sí, siempre le sorprendía. A veces, se quedaba en la tina, pensando, recordando aquel tiempo, cuando solo era una persona extraña en su vida, una persona con la que compartía comidas, con la que compartía conversaciones, una confidente.
Nunca la vio como lo que era en ese entonces, aunque su mente la obligaba a recordarlo.
Es una prostituta, la voz le decía.
Una y otra vez.
Había noches donde despertaba porque la voz retumbaba en su cabeza, sacándola de su ensueño, esta diciéndole cosas, cosas morbosas, cosas desagradables, imágenes que no necesitaba ver en ese momento, y estas aparecían con claridad en su mente, esforzándose para alejarla de esa mujer de la cual se estaba enamorando cada día más.
Pero la voz no lo consiguió.
No consiguió separarla de Ruby, al menos no para siempre.
Si, su vida en aquel entonces era realmente diferente a como era ahora. Por supuesto que lo era, y si, el que Ruby estuviese ahora presente, donde no tuviesen que ocultarse, o donde próximamente no tendrían que hacerlo en lo más mínimo, siempre le daba cierto alivio, pero el no tener la voz molestándola, su propia voz, rígida, demandante, dolorosamente cruda, era en sí mismo una especie de milagro.
Y si, sabía que toda la enfermedad que la consumía, toda la insalubridad mental de la que era víctima se había calmado, cuando el caos a su alrededor dejó de ser eso, un caos, donde llegó al punto final de su dolor auto infligido y finalmente se tornó en nada.
Se liberó.
Poco a poco, o más bien, rápidamente, su mundo dejó de verse tan retorcido, y el que Ruby apareciera en su vida, de nuevo, dándole un camino fácil, dándole una vida soportable, se dejó llevar por esta, sin miramientos.
Ya no tenía que escoger, porque Ruby había escogido por ella, así que su cabeza dejó de sufrir, dejó de martirizarse en vano, o de buscar excusas.
Y no solo eso.
Su propio deseo de ser feliz fue más grande que cualquier voz que pudiese escuchar, y el tener la felicidad ahí, a su alcance, ¿Cómo no tomarla? Y ahora, con el mundo cambiando más y más, ya no encontraba ya excusa para negarse ese amor, esa vida, esa libertad. Y pronto, esa vida cambiaría de nuevo, y sería incluso más libre, más feliz, y no iba a hacer nada que pudiese mermar el futuro inesperado que le esperaba.
Y quería ese futuro con Ruby.
Sea cual sea que fuese el desenlace.
Si era con Ruby, podría con lo que sea.
Se estacionó, sintiéndose energizada.
Y no iba a mentir, siempre se sentía energizada cuando iba a ver a Ruby, ansiosa, animada, impaciente, y ahora no era diferente. Verle le causaba una euforia inimaginable.
Subió por el ascensor y se paró frente a la puerta.
Ahí estaba, de nuevo, como tantas veces, y si su vida continuaba así, esperaba seguir recibiendo a Ruby, o Ruby recibiéndola. Era casi como una rutina, como el gesto de ambas, el abrirle la puerta a la otra, y era algo que le había agarrado el gusto.
Primera vez que pensaba en eso, y teniendo eso en cuenta, antes, abrir puertas o que las puertas se abriesen siempre le causó ansiedad por todo lo ocurrido, como abrir la puerta del despacho de su padre, o el ser llamada a su oficina en la compañía. También le causaba ansiedad el que la puerta de su habitación se abriese y alguien entrase para cuestionarla, para regañarla, y muchas veces se mereció aquellos tratos, pero se volvió reacia a eso.
Y ahora, le daba una sensación diferente.
Como que Ruby apareciese al otro lado, y eso siempre le daba felicidad.
Y no quería mencionar la situación en su habitación, pero aquella ansiedad, ansiedad positiva la idea de que la puerta se abriese, también había cambiado un poco su percepción.
Si, había cambiado.
Y adoraba que así fuese.
La puerta, como de costumbre, se abrió, dejando ver a la mujer que le salvó la vida.
Le gustaba ver a esa Ruby que no todos veían, esa Ruby tan diferente a la que hablaba cordialmente y vestía formal. La veía ahora con una sudadera sin mangas, esta lo suficientemente corta para mostrar las rosas en su abdomen, así como los shorts rasgados que le mostraban una buena dosis de las piernas entrenadas de la mujer, y en su cuello, la gargantilla de cuero que la hacía lucir imponente.
Si, le agradaba ver partes del cuerpo ajeno que los demás no tenían permitido ver.
Si, ver a la Ruby que nadie veía la hacía sentir afortunada.
Esta se acercó, no sin antes mover su cabello, dejando expuestos los accesorios en sus orejas, gesto que no necesitaba hacer pero que por supuesto la hizo sentir nerviosa.
Que linda era su novia.
Sintió las manos de Ruby en su bolso, quitándoselo para colgarlo en el perchero, pero no la dejó alejarse, la sujetó del borde de la capucha de su sudadera y la acercó.
No podía vivir sin su beso.
Notó la sonrisa de Ruby en la boca, pero no se demoró en corresponderle, la mano de esta posándose en su cintura, profundizando el beso.
Cuando se separaron, la sonrisa ajena seguía en su lugar, y los ojos plateados brillaban divertidos.
"También te extrañé, preciosa."
Se vio sonriendo también, a pesar de que sabía que con el gesto se había avergonzado a sí misma, y sentía el rostro hervir, y eso de pasar dos segundos a su lado y ya estar roja, era denigrante hasta para si misma. Pero ya dudaba dejar de enrojecer.
Ruby soltó una risa, notando su vergüenza, y le dio otro beso, uno más casto, para luego volver a lo suyo y dejar sus pertenencias en el perchero de la entrada. Al menos no le dijo nada o ya estaría más roja aún.
Entró a la casa, ya habiéndose sacado la chaqueta que llevaba encima.
Esa casa, como siempre, estaba en la máxima expresión del verano, y no le molestaba del todo, quizás si fuese así ahí afuera, en medio de la ciudad, con sol, tal vez estaría agobiada. El calor no era realmente lo suyo. Pero ahí, le daba una sensación acogedora que no experimentaba con normalidad, y era bueno también porque podía prescindir de sus ropas.
Por muy descarado que sonase.
Antes, en la antigua casa de Ruby, y habiendo estado en pleno invierno, tenía que estar muy acalorada para permanecer con pocas ropas, y Ruby se aseguraba de mantenerla así, en calor, pero igual debía ponerse ropa si tenían que comer o algo así, en cambio, ahora, podía hacer lo que sea sin preocuparse del frio.
Así que si, el aire acondicionado era una ventaja.
Además, Ruby siempre recordaba el bajarle la temperatura en la tarde, antes de que saliera al pasillo, así no se topaba con el frio Atlas de golpe.
Ruby cuidaba su salud, y fue eso probablemente lo que la obligó a si misma a cuidar de sí misma.
Realmente era su salvadora, o como Ruby dijo…
Su heroína.
Ay, como la amaba.
Sintió las manos de Ruby en su cintura, y le sorprendió ya que estuvo mirando por el ventanal, el sol poco a poco empezaba a asomarse entre las nubes, y se veía bastante bonito desde ahí.
Cuando bajó la montaña no había nada más que nubes.
Iba a extrañar el verano.
Ruby acomodó el rostro sobre su hombro, y poco a poco la sintió apegándosele, los cuerpos de ambas pegados, y sentir el calor de Ruby era abrumador, pero nunca le desagradaba, por el contrario, se trataba de un calor que si podía soportar, sin importar la estación en la que estuviesen.
Giró el rostro, buscando el ajeno, y los ojos plateados la observaban desde su posición, brillantes como siempre, mientras le daba una sonrisa.
"¿Qué pasa con esa melancolía? No me estoy quejando, te ves muy guapa con esa expresión pensativa."
Rodó los ojos al escuchar a Ruby, y se vio sujetando los brazos ajenos que poco a poco la rodeaban, y le agradaba esa sensación.
"Solo estoy pensando que es primera vez que me tomo mi tiempo para mirar al cielo de verano, y sabiendo que se trata de un país invernal casi todo el año, siento que echaré de menos el mirar hacia arriba y ver el sol."
Ruby la miró con cierta sorpresa, y los plateados de inmediato se fueron al cielo, estos brillando aún más con el reflejo del sol apareciendo.
También extrañaría los atardeceres, los brillantes atardeceres al lado de Ruby.
Sintió el agarre en su cintura volverse más firme, y la expresión pensativa se tornó en una sonrisa cálida.
"Ahora es donde podría decir alguna cosa como, aunque no puedas verlo, el sol siempre está ahí, pero, más que hacer una metáfora aburrida, quiero que sepas que cuando extrañes el sol del verano, siempre podemos viajar juntas y buscarlo."
Los ojos plateados la miraron, y se quedó absorta mirándola de vuelta.
Esta soltó una risa, notando su silencio.
"No tienes que extrañar las cosas, Weiss, ni conformarte con lo que tienes a mano. Tú, sobre todo, tienes el poder para conseguir lo que quieras, así que solo tienes que hacerlo realidad."
Oh.
Su abuelo le dijo algo así, tiempo atrás, en su tiempo en cama.
No quería ser una niña mimada, pero su abuelo la hizo así, y siempre le dijo que podía conseguir lo que quisiera, y en esos momentos siempre pensó en cosas materiales, estar en la universidad más prestigiosa, el tener el mejor auto del mercado, el vestir de las mejores marcas.
Y ahora, sentía que aquello era algo tan insignificante.
Se vio asintiendo, sintiendo el rostro cálido, el corazón cálido.
Entendía lo que Ruby le quería decir, incluso aquella metáfora.
Su felicidad estaba ahí, al alcance de su mano, solamente tenía que moverse para conseguirlo, y la idea de ponerle esfuerzo para alcanzar sus objetivos era algo que siempre hizo, y le gustaba hacer, el obtener la recompensa.
Solo tenía que ver las cosas desde otro punto.
Ruby siempre la sorprendía.
Se giró en los brazos ajenos, solamente para llevar las manos a las mejillas de Ruby, sujetándola, la piel cálida y suave, como siempre.
"Es una promesa entonces, a penas extrañe ver el sol, te meteré en la maleta."
Ruby la miró, con sorpresa, y se vio soltando una risa. Ese era un chiste interno que nunca dijo en voz alta, y decirlo ahora sonaba tan ridículo, pero se le escapó.
Pensó que Ruby la miraría mal, pero esta la abrazó más, y la sonrisa creció en esta, divertida.
"Si me lo preguntas, suena a una forma muy extraña de llevar a tu novia, pero si eso es lo que te gusta, sé que puedo encontrar una maleta donde entre con facilidad, pero no soy muy liviana así que tendrías que decirles a tus guardias que me lleven."
La mera idea le causó gracia.
Cuando tenía que viajar, sus guardias si tenían que llevar sus maletas, pero una con Ruby, Dios, le idea era demasiado tentadora.
Ruby notó eso.
Notó su claro interés por hacerlo realidad, y lo que era una broma, empezó a ser algo posible, y el miedo empezó a ser evidente en la mujer, su rostro tornándose el de un cachorro en solo un segundo.
"Weiss, por favor dime que es una broma."
Volvió a reír, ya no estaba tan segura de que fuese una broma.
Ruby hizo un puchero, y tuvo que hacer algo para calmar el estrés de su cachorro.
"Quizás pueda llevarte en una jaula de transporte, así al menos tendrás como respirar."
Intentó mantener la expresión más seria que pudo, pero cuando Ruby soltó un alarido, creyó ser incapaz de mantenerla. Ruby comenzó a lloriquear mientras la movía, los brazos ajenos aun firmes en su cuerpo, y ahí, ya no pudo dejar de reír.
"¡Weiss! ¡Quiero viajar contigo, pero no en la bodega del avión!"
Solo imaginarse a si misma pasando por seguridad, teniendo una jaula con una persona ahí dentro, de seguro tendría a todas las autoridades del país encima, o peor, si es que pesaban su maleta y veían lo que pesaba, y tendría que pagar por el peso extra, y cuando mirasen dentro, sorpresa.
Si, se metería en problemas por eso, sin embargo, siempre dicen que los ricos se pueden salir con la suya en todo, quizás ese era el momento para usar sus privilegios.
Sintió como Ruby escondió el rostro en su cuello, aun lloriqueando, y se vio acariciándola, pasando los dedos por el cabello rojizo, notado como este estaba más largo, e intentó en el proceso el calmar el pavor ajeno, aunque dudaba poder lograrlo, aun le causaba gracia la idea, y el que Ruby temiese que ella fuese capaz de hacer algo semejante, y por lo que veía, Ruby la encontraba capaz de todo, de todo literalmente, y eso ayudaba a inflar su ego de alguna forma.
"Por muy tentador que sea, probablemente sea mejor el que vayas a mi lado, ya que la seguridad fronteriza podría pensar que soy una especie de traficante de personas."
Con sus palabras, Ruby finalmente levantó el rostro de su escondite, sus ojos brillosos.
Pero no la dejó decir nada.
"Pero si voy en un jet privado, ahí nadie cuestionará lo que llevo en la maleta."
Y el corazón de Ruby se rompió de nuevo.
"¡Noooo!"
Volvió a reír mientras abrazó a la mujer, la cual, por muy horrorizada que estaba, aun no le quitaba las manos de encima, aun no soltaba el agarre que tenía en su cuerpo.
Y no le molestaba eso, por el contrario.
Si, quería ver el sol con Ruby, quería ver el sol en tantos lugares diferentes, con Ruby a su lado, al final, era su luz, y solo con su luz a su lado podría apreciar de verdad el calor del sol.
Se quedaron unos momentos ahí, inertes, hasta que Ruby volvió a pararse erguida, ya sin llanto en su rostro, pero aun parecía algo precavida.
Ruby era una mujer muy fuerte y valiente, y no creyó que sería capaz de asustarla, de hecho, ni siquiera con su expresión de jefa lo consiguió, por el contrario, lo que le provocó fue algo realmente diferente.
"Me sorprende la seriedad que tienes para hablar, incluso para las bromas, se me fue el alma del cuerpo y todo."
Ya estaba sobre exagerando.
Rodó los ojos mientras volvía a sujetarse de las mejillas ajenas.
"No haría nada que no quieras, Ruby, además, por algo tenemos palabra de seguridad, así que, si no quieres que te haga pasar por equipaje, puedes detenerme."
Ruby la miró, con cierta sorpresa en su rostro, pero este fue cambiando a alivio, así como vio algo de rojo en sus mejillas.
No creía haber mencionado nunca algo relevante a la palabra que tenían, o bueno, palabras, y ahora empezaba a sentirse avergonzada. Aun no se acostumbraba a esas cosas.
Ruby iba a decirle algo, pero su mente vagó, notó de inmediato que empezó a pensar en algo más y se distrajo de la conversación.
"¿Ruby?"
Esta dio un salto, y le dio una sonrisa nerviosa.
"Hablando de eso, ¿Estás lista para que te muestre la sorpresa?"
Oh.
Asintió de inmediato.
Estuvo lista toda la semana.
Ahora volvía a sentirse impaciente.
Capitulo siguiente: Habitación.
N/A: Un poco de spoiler por aquí y por allá.
Me agrada este capítulo, es muy relajado, me gustó, siento que está bien algo así antes de tener sexo salvaje, le da algo de equilibrio a esta historia, momentos chill, momentos sexys y luego momentos de profundo dolor y tristeza.
Nos leemos pronto.
