Pareja: Rei&Takao
Boris&Mao&?
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
TAN DIFERENTES TAN IGUALES
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
Takao y Rei acababan de llegar de trabajar a la casa de los Kon.
–Me voy a ver a Hitoshi –le informó Takao un poco cansado por el ajetreo que había tenido en su trabajo.
–Vale, seguro que está con Mao. Dentro de un rato subiré yo. –le decía Rei caminando hacia la cocina.
–Está bien –contestó Takao empezando a subir las escaleras. Una vez en el piso de arriba, tocó la puerta de la habitación de la chica.
–Jajaja, adelante –dijo Mao riéndose.
El menor abrió la puerta–. Hola –saludó Takao encontrándose a Mao y a Hitoshi riendo.
–Hola Takao –le saludó Hitoshi.
–¿De qué os reís? –preguntó el joven de cabellos azules, cerrando la puerta tras de sí.
–De nada. Es que Mao me ha ganado quince veces. Y está muy contenta por eso. Quiero la revancha –dijo mirando a Mao.
–Te seguiré ganando –anunció Mao con una sonrisa mirando a Hitoshi para después mirar a Takao– ¿Cómo te ha ido el día?
–Bien, aunque estoy un poco cansado. Voy darme una ducha para relajarme. Hasta luego –les despidió, abriendo de nuevo la puerta, para salir de la habitación.
–Hasta luego –contestaron Hitoshi y Mao.
&&&Rei&Takao&&&
El agua caliente relajaba su piel mientras él sentía cómo el agua recorría su cuerpo. Cuando Takao sintió que ya estaba bastante relajado, cortó el agua y comenzó a secarse con la toalla para luego enrollársela en la cintura. Se acercó al espejo limpiándolo con la mano, quitándole el vapor. Sacó un cepillo del pequeño armario y comenzó a desenredarse el cabello. Después empezó a vestirse mientras pensaba en Rei. No era el chico que él pensaba. Ahora era todo lo contrario. Ya ni siquiera parecía que estaba detrás de él. En el fondo, Takao se sentía un poco decepcionado, porque Rei entonces sólo quería pasárselo bien con él. Y eso le molestaba porque Takao estaba empezando a sentir cosas por Rei y únicamente quería recibir uno de esos besos que tanto le gustaron. Se quedó mirándose en el espejo durante un buen rato. Quería llamar la atención de Rei. Se tocó el cabello y lo vio largo, con forma recta y aplastado.
"Necesito tener un aspecto diferente, ¿pero y si quedo peor? Ya sé, seguro que Yuriy me ayuda. Quizás pueda asesorarme o algo así", pensaba el joven de cabellos azules. Tocaron la puerta–. Está ocupado –hizo saber a la persona que estuviese al otro lado de la puerta, mientras se hacia una coleta.
–Tranquilo –dijo Hitoshi–, solamente venía a decirte que la cena está lista. Cenaremos en el cuarto de Mao.
–Vale. Ahora voy –avisó mirándose en el espejo. "Le mandaré un mensaje a Yuriy", pensó mientras arreglaba el cuarto de baño.
&&&Rei&Takao&&&
Rei acababa de ayudar a Mao a sentarse en la cama, mientras Hitoshi le acomodaba los cojines y la almohada para que apoyase la espalda en ellos y estuviera más cómoda.
–Gracias chicos –dijo ella mientras veía cómo su hermano le acercaba una mesa con ruedas plegable y le servía ahí la cena con los cubiertos–. Mmm... Qué buena pinta tiene –celebró mirando el plato–. Tengo mucha hambre –sonrió. Takao abrió la puerta y entró en la habitación, sentándose a la mesa del escritorio junto a Hitoshi.
Los cuatro comenzaron a cenar tranquilamente mientras saboreaban bien la cena. El móvil de Takao sonó y él lo cogió para ver que tenía un mensaje de Yuriy. Sonrió cuando lo leyó y se guardó el móvil. Rei se había quedado embobado mirando a Takao.
–¿Era un mensaje? –preguntó Hitoshi.
–Sí –sonrió–. Era de Yuriy. He quedado con él para vernos mañana –le explicó mientras seguía comiendo. Mao observó a Rei y vio cómo su hermano se quedó mirando su plato.
–La cena está deliciosa, Rei –dijo su hermana para llamar la atención de su hermano, la cual consiguió.
–Me alegra que te guste Mao. –contestó intentando ocultar su malestar por la noticia de esa cita.
–Eres un experto en la cocina –dijo Hitoshi.
–No es para tanto –se restó importancia Rei.
–Rei –le llamó Takao.
–Dime.
–¿Sabes si queda más puré de patatas en la cocina?
–Creo que sí –contestó, observando el plato vacío de Takao.
–Pues iré a buscarlo –le informó, poniéndose de pie mientras cogía el plato– ¿Necesitáis algo de allí abajo? –preguntó a todos.
–Yo no –contestó Rei.
–Yo tampoco –dijo Hitoshi.
–A mí con que me sirváis un vaso de agua, ya soy feliz –sonrió Mao.
–Ahora mismo –avisó Rei, para servirle un vaso de agua a su hermana y se lo daba.
–Gracias –dijo ella comenzando a beber.
–Bueno, si nadie quiere nada, me voy abajo para servirme más puré –anunció Takao, saliendo de la habitación.
–Rei, ¿estás celoso? –preguntaron Hitoshi y Mao al unísono para mirarse a la misma vez y sonreírse.
–Un poco. ¿Por qué? ¿Se me nota? –preguntó el pelinegro preocupado por si Takao también lo había notado.
–Un poco –confesó su hermana.
–No os imagináis el gran esfuerzo que tengo que hacer para no acercarme a él. Y encima el pantalón del uniforme del trabajo le queda ajustado. –reconoció.
–¿Le miras el trasero a mi hermano? –Preguntó Hitoshi con una sonrisa–. Jajaja, vaya.
–Hitoshi no te rías, lo paso mal. –reconoció mirándole–. Yo soy un chico muy impulsivo y mi hermana lo sabe muy bien.
–Soy testigo –confirmó ella.
–En serio, me cuesta mucho reprimirme. Pero no quiero hacerle daño y estoy siendo muy paciente hasta que llegue el momento en el que le diga lo que siento por él otra vez.
Takao abrió la puerta de la habitación con el plato lleno– ¿De qué os reís? –preguntó viendo la sonrisa de Hitoshi y de Mao, mientras se sentaba en la silla.
–De nada. He contado una de mis tantas pequeñas anécdotas –inventó Hitoshi.
El menor miró al chico pelinegro–. Rei, me he echado todo el puré que quedaba –sonrió mientras comenzaba a comérselo– Espero que no te importe, es que me encanta el puré de patatas y éste está justo cómo a mí me gusta.
–Claro que no me importa. Me hace feliz saber que os lo coméis todo –anunció Rei sonriendo.
&&&Rei&Takao&&&
Al día siguiente, Takao y Rei llegaron de trabajar. Takao se dio una ducha rápida y bajo las escaleras corriendo. En el trayecto se encontró de frente con Rei.
–Takao –le llamó.
–¿Qué? –preguntó mirándole.
–¿Volverás muy tarde? –se le ocurrió preguntar.
–No lo sé. –confesó.
–Te lo preguntaba por la cena. –inventó.
–Creo que para esa hora estaré aquí. Lo siento, pero tengo que irme ya, o llegaré tarde a la cita y no puedo faltar –le explicaba saliendo de allí casi corriendo.
"¿Cita? ¿Va a tener una cita con Yuriy? Tranquilo Rei, no te pongas celoso. Yuriy sabe que estás enamorado de Takao y es tu mejor amigo. No va a pasar nada entre ellos. Mejor me voy con Mao e Hitoshi para que me tranquilicen", pensó mientras subía las escaleras y entraba a la habitación– ¡Cita! –gritó nada más entrar, sorprendiendo a Mao y a Hitoshi– ¡Acaba de decirme la palabra cita! –explicó Rei nervioso.
–Rei, tranquilo –dijo su hermana. Entre Hitoshi y ella lo convencieron para que se tranquilizara.
&&&Rei&Takao&&&
Yuriy y Takao caminaban por la calle. Habían hablado de algunas cosas y se habían divertido. Finalmente llegaron al punto en el que debían separarse, así que se detuvieron uno frente al otro.
–Yuriy, gracias por ayudarme –añadió Takao sonriéndole.
–No hay de qué. Para eso están los amigos. Oye, ¿me permites un pequeño piropo? –le preguntó con una sonrisa.
–¿Cuál? –preguntó Takao enarcando una ceja.
–Estás para comerte –sonrió.
–Gracias –sonrió–, bueno, tengo que irme.
–Claro. Salúdalos a todos de mi parte –le recordó Yuriy.
–Lo haré –sonrió–. Adiós. –le despidió, tomando su camino.
–Adiós. –le despidió antes de que el otro se marchase, viéndole alejarse.
&&&Rei&Takao&&&
En la casa de los Kon, alguien tocaba el timbre. Rei salió de la cocina, preguntándose quién sería.
–Ya voy –avisó mientras iba hacia la puerta, secándose las manos con un paño de la cocina. Abrió la puerta encontrándose con un atractivo joven de cabellos azules, con flequillo hacia delante, cabello escalado recogido en una coleta y sin gafas, dejándole ver sus radiantes ojos. Tenía puesta una camisa con un botón desabrochado de color roja y unos pantalones negros ajustados. A Rei se le cayó el paño que llevaba en la mano al suelo, mientras se quedaba boquiabierto con el chico que había ante sus ojos.
–Se te ha caído el paño –le avisó Takao mientras lo recogía y se lo daba– ¿Qué hacías?
–Yo... yo... pre– preparaba la cena– decía Rei tragando con dificultad la saliva por su nerviosismo.
–Ah, pues te ayudo –se ofreció a ayudarle cerrando la puerta, tan pronto entró en la casa. Vio que Rei no le apartaba la vista de encima, así que él sonrió, caminando hacía la cocina.
Cuando Hitoshi y Mao vieron su cambio, no se lo creían. Pero estaban muy contentos por Takao. Ahora más que nunca Rei estaba intentado controlarse para no cometer ningún fallo y perder la confianza que había ganado con tanto esfuerzo. Takao estaba feliz de ver la reacción que había tenido Rei nada más llegar él.
&&&Rei&Takao&&&
Veinticuatro de diciembre...
Mao estaba de ocho meses. Estaba muy ilusionada porque estaban a punto de darse los regalos en su habitación.
–Este es para ti, para ti y para ti –dijo Rei dándole sus regalos a cada uno de ellos– No son gran cosa, pero espero que os guste. –explicaba al tiempo que los demás se pusieron a abrir los regalos.
–Rei –habló su hermana sorprendida–, es un trajecito precioso –dijo levantando el traje de color azul cielo para verlo. También había un bote de colonia para Mao–. Gracias, Rei –dijo con una sonrisa.
–De nada.
Hitoshi abrió su regalo y se encontró con una bufanda y unos guantes al igual que tenía Takao en sus manos.
–Gracias –le agradecieron los dos.
–Es mi turno –avisó Mao. A Rei le regalo un pijama, a Hitoshi y a Takao una camisa–. Emily lo escogió todo por mí. Espero que haya acertado. –explicó, viendo cómo todos asintieron.
–Me toca a mí –anunció Hitoshi–. No tenía mucho dinero –advirtió levantándose de su silla, saliendo del cuarto. Entró de nuevo con una mano detrás de la espalda y mostrando dos pequeños regalos en la otra mano–. Esto es para ti, Mao –anunció sacando la mano que tenía escondida detrás de la espalda, enseñándole un ramo de flores.
–Son preciosas, Hitoshi –celebró aceptándolas, mientras las olía. Vio que había una pequeña cajita escondida en el ramo. La sacó y la abrió, sacando un pequeño colgante con la letra "M". Rei abrió el suyo encontrándose con una billetera.
Takao se quedó mirando el suyo. No lo había abierto todavía–. Hitoshi, creía que ya habíamos hablado sobre esto.
–No seas tonto, no dejaría a mi hermano sin su regalo de navidad. Solamente espero que te guste.
Sabía que no era correcto no aceptar el regalo de su hermano, después de que se tomó la molestia de elegirlo. Así que finalmente accedió. Abrió el regalo y se encontró una colonia–. Gracias, hermano –dijo Takao abrazándolo. Se puso de pie y caminó hasta la cama con un regalo en la mano–. Este regalo es de mi parte y de Hitoshi, Mao. –le hizo saber, con una sonrisa, sentándose en la cama. Mao lo abrió y se encontró con una mantita y unos pequeños patucos. Takao le dio su regalo a Hitoshi, sacando unas zapatillas nuevas. Miró a Rei–. No creas que para ti no hay un regalo. Está abajo –sonrió mientras se levantaba–, sígueme –Rei no tardó en seguirlo hasta llegar al comedor dónde Takao se sentó en el sofá–, siéntate –le pidió. Rei se sentó en el sofá con Takao–. Puede que este regalo no signifique nada para ti y que no sea gran cosa. Pero, al menos espero que te guste –dijo acercándose a él, dándole un beso que fue correspondido casi al instante por Rei, de no ser porque al principio se quedó un poco en shock. Comenzaron a abrazarse para después romper el beso por falta de aire, sin romper sus abrazos.
–Takao –sonrió–, es el mejor regalo que me hayan dado jamás, gracias.
–¿De verdad? –sonrió.
–De verdad. ¿Y sabes por qué es el mejor regalo que me han hecho hasta ahora?
–No.
–Porque viene del chico que más me gusta y me ha gustado en toda mi vida. Y con un solo beso tuyo, siento que soy el chico más afortunado del mundo por conocerte –le explicó acariciándole con una mano en la mejilla, a lo que Takao le respondió con un beso más intenso.
&&&Rei&Takao&&&
Siete días después...
Takao y Rei habían bajado a Mao al piso de abajo, mientras Hitoshi terminaba de poner la mesa.
–¿Te encuentras mejor? –le preguntó Hitoshi a Mao mientras veía cómo Takao y Rei la sentaban con cuidado en la silla.
–Sí –sonrió ella.
–Mao –dijo su hermano–, si vuelves a sentir ese dolor, dímelo y llamo una ambulancia.
–Tranquilo, lo haré. Sólo son falsas alarmas.
–Pero le ponen nervioso –confesó Takao mientras se iba a por los platos a la cocina.
–Es normal que me ponga nervioso –decía Rei siguiendo a Takao, dejando a Hitoshi y a Mao solos. Hitoshi se sentó junto a ella. Ese era su sitio desde que Rei y su hermano salían juntos. A él no le importaba, todo lo contrario, le gustaba estar al lado de ella.
–Estás preciosa –le hizo saber Hitoshi, mirándola. Mao llevaba puesta una falda negra y un suéter con el cuello holgado de color morado.
–Gracias. Reconozco que estoy mejor así, que en pijama– sonrió.
–Con el pijama también estás muy bien –aclaró Hitoshi sonrojándose por lo que acababa de decir.
–¿Tú crees? –preguntó ella sonrojándose mientras lo miraba.
–Sí –sonrió. Takao y Rei llegaron al comedor fijándose cada uno en su hermano y hermana para dejarles el plato de comida frente a ellos y ponerse ellos mismos el suyo. Después se sentaron y comenzaron a cenar todos juntos.
Cuando terminaron de cenar y recoger la mesa, pusieron la tele, mientras que Rei y Takao sacaban de los bolsillos traseros de sus pantalones varios billetes de lotería. Eran las diez de la noche y Rei puso uno de los canales en los que iba a empezar el sorteo.
–Mao –dijo Takao con varios billetes de lotería en la mano–, dicen que trae suerte que los pases por la barriga de una mujer embarazada, ¿te importa si lo hago?
–Claro que no –contestó sonriéndole. Cogió uno de los billetes y se los frotó en la barriga suavemente, haciendo lo mismo con el resto.
Después de eso, todos estaban muy pendientes del televisor. El sorteo ya había empezado y los niños estaban anunciando los números ganadores.
–El dos... el siete... el nueve... el cero... el cinco. Nº 27.905 serie 057 con el premio de cinco millones. Todos miraban sus billetes y no tenían ni un solo nº –el uno... el tres... el ocho... el cuatro... el seis. Nº premiado 13.846 serie 120 con el premio de 50 millones. Gracias por su colaboración y esperamos que pasen una feliz noche vieja y un feliz año nuevo. Takao sintió cómo Rei le cogía de la mano por debajo de la mesa. Takao le miró y Rei lo recibió con un beso y un abrazo.
–¿Y esto? –preguntó Takao sorprendido, haciendo captar la atención de Hitoshi y Mao.
–¡Porque te quiero y porque nos acaba de tocar la lotería!
–¿¡Qué!? –dijeron los demás sorprendidos.
–Sí –confirmó Rei nervioso y emocionado, aunque intentaba mantenerse tranquilo–. El nº y la serie –sonrió–, cincuenta millones.
–¿Estás seguro? –preguntó Hitoshi.
–Segurísimo.
–Pues habrá que celebrarlo –anunció Mao con una sonrisa para luego llevarse ambas manos a la barriga– ¡Ay! –se quejó, borrando la sonrisa de su cara.
–¿Estás bien? –le preguntó Hitoshi haciendo que desapareciesen las sonrisas de Takao y de Rei para acercarse a ella.
–¡La barriga! ¡Ay! ¡Ah!¡Rei llama a una ambulancia, deprisa! –Rei fue corriendo a llamar a la ambulancia. Hitoshi y Takao cogieron a Mao de las manos–, ¡creo que Derek ya quiere salir! –gritó apretando las manos de ellos.
–Tranquila, intenta no ponerte nerviosa. La ambulancia vendrá enseguida –dijo Hitoshi.
Rei entró al comedor–. Enseguida vienen –avisó Rei, acercándose a su hermana.
–Creo que se me está pasando el dolor –anunció la chica mientras comenzaba a relajarse, para sentir un dolor más grande– ¡Ah! –Rei comenzó a hacerle aire con un abanico mientras ella intentaba regular su respiración.
Tocaron la puerta y Rei fue lo más rápido que pudo a abrirla, encontrándose con que la ambulancia estaba fuera y uno de los celadores era quien había tocado la puerta.
&&&Rei&Takao&&&
Rei estaba sentado en una de las sillas de la sala de espera del hospital intentando tranquilizarse, mientras Takao lo tenía cogido de la mano e Hitoshi estaba de pie mirándolos a los dos, esperando a que algún médico les dijera algo.
–Tranquilo. Todo va a salir bien –le dijo Takao.
–Eso espero, porque ya llevamos aquí más de una hora. Ya casi son las doce de la noche –anunció Rei mirando el reloj de su muñeca.
–Rei, piensa que Mao va a estar bien y que tu sobrino va a nacer fuerte y sano –decía Takao juntando su frente con la sien de Rei mientras cerraba los ojos– ¿Vale?
–Vale –contestó Rei acariciándole la mano. Cinco minutos después una enfermera se acercó a ellos.
–¿Son ustedes los familiares de Kon Mao?
–Sí, yo soy su hermano –avisó Rei poniéndose de pie– ¿Cómo está mi hermana?
–Está descansando, ha sido un parto delicado. Pero ella y el bebé están bien. La van a pasar a la habitación 274, si quieren pueden esperarla allí –dijo la enfermera amablemente.
–Está bien, gracias –dijo Rei sonriendo– ¿A qué hora nació mi sobrino? –le preguntó Rei a la enfermera cuando estaba a punto de irse.
–A las doce menos diez –contestó la enfermera para finalmente irse de allí.
&&&Rei&Takao&&&
Cinco días después...
A Mao le habían dado el alta y llevaba el recién nacido en los brazos en todo momento desde que se bajó del taxi. Su hermano le iba abriendo las puertas de la casa por delante para que así ella pudiese caminar con más libertad. Todos estaban muy felices porque todo había salido bien y ya los dos estaban en casa. Seguían de cerca a Mao mientras subía las escaleras hasta el piso de arriba.
–Mira Derek –dijo Mao entrando a su habitación–, esta es la habitación de mami, cariño. Vamos a dormir los dos juntos.
–Mao. Primero queremos que vayas al cuarto de Takao para que veas una cosa. –dijo Rei a su espalda.
–¿Una cosa? –Preguntó sonriendo–, vale. –le contestó, caminando hacia la otra habitación.
–Yo te abro la puerta –se ofreció Hitoshi mientras sostenía el pomo de la puerta.
–¿Preparada? –le preguntó Takao.
–Supongo que sí –dijo mirando a los tres chicos ya que no entendía nada. Cuando Hitoshi abrió la puerta, Mao se sorprendió al encontrar; una cuna, un carrito, un tacatá, ropita de bebé, muchos pañales, chupetes, biberones y muñequitos.
–¿Pero cómo? –preguntó Mao sorprendida.
–Sé lo que estás pensando, Mao –dijo su hermano al saber que su hermana pensaría que eso era demasiado y era un derroche–. Pero piensa que todo lo que hay ahí le hace falta a Derek. Además es un regalo de los tres. Y bueno, lo hemos podido comprar con ayuda de lo que nos tocó en la lotería.
–Rei dice que quitaremos el escritorio de tu habitación y meteremos la cuna y lo demás en su lugar –le informó Takao.
–Sólo esperamos que te guste todo lo que hay ahí –dijo Hitoshi.
–Claro que me gusta, ¡me encanta! –Dijo Mao– Muchas gracias –dijo dándole un abrazo con una mano a cada uno. Derek comenzó a llorar porque tenía hambre–. Estaré en mi habitación dándole de comer a Derek. –les avisó.
–Claro. Nosotros prepararemos la cena –dijo Rei mientras los demás lo seguían escaleras abajo y ella entraba en su habitación.
&&&Rei&Takao&&&
Takao bajó a media noche a beber un poco de agua a la cocina. Se encontró con Rei allí sentado, bebiendo un vaso de zumo, que dejó sobre la mesa.
–Hola –le dijo Takao.
–Hola –le contestó Rei, viendo cómo el joven de cabellos azules se llenaba un vaso de agua de una jarra que estaba encima de la mesa.
–¿No puedes dormir? –le preguntó Takao mientras se sentaba a su lado y comenzaba a beber agua del vaso.
–No.
–Yo tampoco –confesó el menor, dejando el vaso encima de la pequeña mesa de la cocina–. Rei, yo quiero darte las gracias por todo.
–No me las des.
–¿Cómo que no? –Sonrió– Me ayudaste a conseguir un nuevo trabajo, nos has dejado vivir aquí a mi hermano y a mi durante meses, y encima nos has dado doce millones y medio a cada uno. –decía cogiendo la otra silla libre, para sentarse a su lado.
–También lo he hecho con Mao. Además eso os pertenecía. Ese fue el billete que compramos a medias, ¿no lo recuerdas?
–Sí, pero me siento raro al tener todo ese dinero de golpe. No sé, estaba tan acostumbrado desde pequeño a otro tipo de vida, que ahora el saber que soy rico, de alguna manera, no puedo creérmelo. Me hubiese venido muy bien para la operación de Hitoshi. –confesó.
–Así no hubieses tenido que renunciar a los estudios. –contestó, al saber todo lo que tuvo que sacrificar el menor por su hermano.
–Bah, a mí nunca me ha gustado estudiar. Lo que pasa es que Hitoshi nunca ha podido hacerlo y tampoco podía sacar muy buenas notas por sus ausencias. Así que lo hacía más bien por él que por mí. Por eso me esforzaba tanto en clase y bueno, en parte me hacía mucha falta tener el título de bachillerato. Ahora lo exigen en la mayoría de los trabajos.
–¿Puedo preguntarte algo?
–Claro –sonrió Takao.
–Yuriy me contó que tus gafas no tienen mucho aumento.
–Sí, es verdad.
–¿Entonces por qué te las ponías?
–Por varias razones. Esas gafas significaban mucho para mí porque hace muchos años Hitoshi me las regaló. Él estaba tan mal por su enfermedad, que bueno, sentía que llevando esas gafas, él estaba a mi lado. Otra de las razones es que de tanto leer libros y hacer trabajos, se me cansaba mucho la vista, así que por eso las llevaba puesta. Descubrí que llevando esas gafas, nadie se fijaría nunca en mis ojos. Así nadie sabría si había pasado la noche entera despierto, si acababa de llorar, si estaba enfadado o triste. Era una manera de ocultarme, de hacerme invisible ante los demás.
–Entiendo –dijo Rei sin más.
–Como ahora ni estudio, ni tampoco leo mucho, no me hacen tanta falta las gafas.
Mientras escuchaba la explicación de Takao, cayó en la cuenta de algo–. Oye. Desde noche vieja no hemos tenido mucho tiempo para nosotros dos.
–Es verdad.
–¿Qué te parece si damos una vuelta por ahí mañana? Al fin y al cabo, mañana no trabajamos.
–Me parece genial –anunció Takao levantándose de la silla, acercándose a Rei para darle un beso que el pelinegro correspondió gustoso.
–¿Te he dicho alguna vez lo bien que te queda ese pijama? –le preguntó Rei mirándole de arriba abajo.
–Una o dos veces, creo –dijo sonrojándose, echándose un poco más de agua de la jarra– ¿Por qué no puedes dormir? –le preguntó, mirándole de nuevo.
–No lo sé. Estoy cansado, pero no hago otra cosa que dar vueltas en la cama –confesó cogiendo de nuevo su vaso de zumo, para terminar de bebérselo y dejarlo sobre la mesa.
–Bueno, ¿estás nervioso por algo? –preguntó Takao cogiéndole de la mano.
–Creo que no. Ahora todo está bien. Tengo a mi hermana feliz por haber sido madre, a mi sobrino en casa, a tu hermano cuidando de mi hermana cuando no estamos nosotros aquí y te tengo a ti a mi lado, que eres una persona estupenda y un novio fabuloso –comentó acercándose la mano de Takao a sus labios para besarla.
–Podemos hacer dos cosas. Quedarnos aquí hablando hasta las tantas de la madrugada o nos vamos cada uno a nuestras habitaciones y dormimos para al día siguiente estar como nuevos –dijo Takao sonriéndole.
–Jajaja, creo que prefieres la segunda opción Takao.
–Jajaja, es que me está entrando sueño. –reconoció.
–¿Tanto te aburro? –preguntó Rei para ver cómo Takao se levantaba y se sentaba sobre sus piernas y lo abrazaba por el cuello.
–No seas tonto –contestó Takao dándole un beso, haciendo que Rei lo cogiera de la cintura–, claro que me aburres –dijo sonriendo–, por eso quiero irme a mi cama.
–¿Ah, sí? Pues no voy a dejar que te vayas –dijo Rei siguiéndole la corriente.
–¡Jo!, yo quiero irme –decía Takao acariciándole la mejilla con una mano mientras le miraba a los ojos.
–Pues no te voy a soltar –contestó Rei en tono cantarín, juntando su frente con la de Takao.
–Y yo que pensaba ver la tele en el comedor mientras me abrazaba a ti –respondió dándole un beso.
–Esa no es mala idea –confesó Rei sonriendo.
Continuará...
&&&Rei&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Ari–Yuna
Senshi Hisaki Raiden
Takaita Hiwatari
Quimera
Airisu Arashi
Espero que os haya gustado la historia. Aquellas personas que lean mi historia y les haya gustado, por favor no olviden decirme lo que piensan. Cuidaros, xao.
