Pareja: Rei&Takao
Boris&Mao&?
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
TAN DIFERENTES TAN IGUALES
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
A la mañana siguiente, Mao bajó muy temprano a desayunar antes de que Derek se despertara. Al subir las escaleras se encontró con Hitoshi saliendo de su habitación.
–Buenos días– saludó Mao.
–Buenos días, ¿cómo está Derek?
–Bien, está dormido– sonrió –.Si quieres puedes pasar a verlo.
–Vale, pero procuraré no hacer ruido para no despertarlo –advirtió siguiendo a Mao, pasando a la habitación, encontrándose al bebé dormido en la cuna– ¿Te ha dado una mala noche? –preguntó Hitoshi casi susurrando.
–Me ha levantado un par de veces en la noche. El pobre tenía hambre, ¿no lo habéis escuchado llorar?
–Yo no –contestó mirando al bebé.
–Voy a hacer la cama. Échale un vistazo por mí.
–Vale.
Cuando Mao terminó de hacer la cama se quedó mirando a Hitoshi. Vio cómo estaba pendiente de Derek y no le quitaba la vista ni un segundo de encima. El bebé cambio de posición y siguió durmiendo.
–Qué manitas tan pequeñas tiene –agregó Hitoshi sonriendo–.Y tiene unos deditos tan chiquitines –miró a Mao–. Parece un angelito. –Mao sonrió y se acercó a la cuna para ver a su hijo.
–Anoche creo que me quedé mirándole durante horas –sonrió–. Me parece mentira tenerlo ahí, darle de comer, vestirlo, cogerlo en mis brazos. –Derek empezó a llorar y Mao lo cogió en brazos.
–Sshhh, tranquilo cariño, mami te a va a dar de comer enseguida, tesoro.
–Yo... mejor me voy... a... abajo y después... am... volveré más tarde a verlo –anunció nervioso. Cogió al niño de la mano y le dio un beso. Derek no dudó en agarrarle la mano a Hitoshi con fuerza–. Derek, mamá te va a dar de comer, así que tienes que soltarme la mano –el bebé paró de llorar y se quedó mirando a Hitoshi.
–Se ha callado –dijo Mao sorprendida.
–Pero... vas a darle el pecho... y...–intentaba explicarse mientras se ponía rojo como un tomate. Mao sonreía de ver a Hitoshi así de sonrojado–. Derek... te dejo con mami para que comas a gustito. Mao, cógele la mano. Yo...
–Tranquilo, te entiendo –dijo sonriéndole mientras separaba la mano de Hitoshi de la de Derek y lo cogía ella. Mao se sentó en la cama, viendo cómo Hitoshi se iba hacia la puerta nervioso.
–Cierro la puerta, hasta luego.
–Hasta luego –dijo ella. Cuando Hitoshi cerró la puerta, Mao comenzó a darle a Derek de comer.
&&&Rei&Takao&&&
Más tarde Rei y Takao bajaron a desayunar. Estuvieron con el niño bastante rato y le dijeron a Mao y a Hitoshi que iban a salir por ahí esa tarde.
–¿Y a dónde vais a ir? –preguntó Mao mientras vigilaba que su niño no se fuera a despertar en el carrito.
–Al cine –dijo Takao.
–Y a más sitios –contestó Rei–, pero eso será después.
–Pues divertiros todo lo que podáis –añadió Hitoshi.
–Eso intentaremos –contestó Takao sonriéndole a su hermano, cogiendo la mano de Rei por debajo de la mesa– ¿Queréis qué os traigamos algo?
–A mí, no –contestó Hitoshi.
–A mí tampoco me hace falta nada –dijo Mao.
–¿Y al peque? –preguntó Takao.
–Al peque por ahora tampoco. Su preferencia en estos momentos es dormir –miró el reloj– .Y dentro de quince minutos puede que sea comer –añadió Mao riendo.
–Pues entonces nos vamos –dijo Rei poniéndose de pie. Hasta luego.
–Adiós –contestaron Hitoshi y Mao viendo cómo Takao y Rei iban cogidos de la mano mientras se iban al comedor.
–Me alegra tanto ver a mi hermano así de feliz –anunció Hitoshi.
–Al mío también. Nunca lo había visto tan feliz como ahora.
–Me alegra mucho que por fin Takao vuelva a confiar en la gente.
–Es muy difícil confiar en alguien que juraba quererte y después descubres que no es así. Eso te hace desconfiar de todo el mundo –sonrió con algo de nostalgia–. Cuesta mucho superarlo, pero se logra.
–Sé a lo que te refieres, hace mucho tiempo tuve una novia. No duramos mucho tiempo debido a mi enfermedad. Yo tenía catorce años más o menos, ella era un año menor que yo. Ella era una chica guapa e inteligente. Cuando empezó a salir conmigo no sabía que yo estaba enfermo del corazón. Dos meses después me dio un pequeño ataque al corazón. Cuando se dio cuenta de que estaba enfermo cortó conmigo. En parte la entiendo y no la culpo. A nadie le gustaría estar atada de por vida a un chico enfermizo que seguramente hubiese muerto de no ser por esa operación.
–Esa chica era una idiota –dijo Mao–. Si de verdad te hubiese querido hubiera permanecido a tu lado. Se está perdiendo la oportunidad de estar con un chico tan amable, bueno, atractivo y cariñoso como tú.
–¿De verdad lo crees? –preguntó Hitoshi sonriéndole avergonzado.
–Sí –afirmó Mao sonrojándose.
&&&Rei&Takao&&&
Takao y Rei estaban sentados juntos, en las butacas del cine, viendo una película de risa mientras comían palomitas y bebían coca cola. Después se fueron a una pista de patinaje sobre hielo. Takao intentaba enseñarle a Rei a patinar. El pelinegro tenía que ir abrazado al chico de cabellos azules para no caerse. Después de eso, Rei le enseñó a jugar a Takao a los bolos. Los dos se lo estaban pasando realmente bien esa tarde. Después fueron a una cafetería para comerse unos churros con chocolate caliente. Desde allí decidieron irse a un parque para ver los peces que había.
–Se me ocurre algo –dijo Takao.
–¿El qué?
–¿Por qué no vamos al supermercado y compramos bolsas de maíz para hacer palomitas? Es que tu hermana y mi hermano no pueden salir ahora de casa, así que, ¿por qué no se lo compramos? Podrían comérselas mientras ven una peli o algo así.
–Tienes razón –respondió Rei cogiéndolo de la cintura–, vamos.
Entraron a un supermercado y comenzaron a buscar por separado donde podían estar las palomitas. Un chico de cabello castaño, ojos marrones, vestido con un pantalón vaquero, un jersey de lana de cuello alto de color blanco y un abrigo de color marrón, se quedó mirando a Takao durante un buen rato. Se acercó disimuladamente hacia él mientras le miraba el trasero.
–Hola –le dijo a Takao.
–Hola –contestó Takao buscando las palomitas mientras seguía andando por el pasillo.
–¿Tienes nombre encanto? –preguntó el chico siguiendo a Takao. Takao lo miró reconociendo enseguida de quien se trataba.
–Claro que tengo –dijo Takao mirándole.
–Me llamo Smith Rait Wyatt–se presentó extendiéndole la mano.
–Sí. Ya lo sé. Si me disculpas, me están esperando –decía sin tan siquiera mirarle, y no deteniendo su caminar.
–Todavía no me has dicho tu nombre.
–¿Para qué? Lo sabes de sobra.
–Si lo supiera no te lo preguntaría. Tengo muy buena memoria y no me olvidaría jamás de un chico como tú.
–Sí, ya, seguro. No me sigas, ¿quieres? –le pidió al no dejar de escuchar su voz y los pasos tras él.
–Tú y yo podríamos conocernos.
–Ni lo sueñes –contestó Takao buscando a Rei. Finalmente lo encontró y se dirigió hacia él sin perder el tiempo–. Rei, ¿has encontrado algo?
–No. ¿Y tú? –le preguntó el chino.
–Tampoco.
–Oye, estás muy bueno –le dijo Wyatt, mirando a Takao.
–¿Te está molestando? –le preguntó Rei a Takao.
–No, venga, mejor vámonos de aquí –contestó Takao cogiendo a Rei de la mano.
–¿Estás saliendo con ese chico? Te lo pasarías mejor conmigo –aseguró Wyatt.
–¿Cómo dices? –preguntó Rei fulminando a Wyatt con la mirada.
–Rei, déjalo. No le hagas caso. Mejor vámonos ya –anunció Takao intentado mover a Rei de ahí–. Anda, mira. Las palomitas están aquí –concretó Takao arrastrando a Rei hasta allí. Wyatt los seguía–. Por fin las hemos encontrado –anunció Takao cogiendo cuatro paquetes pequeños–. Ahora sólo a pagar y listo.
–Si quieres yo puedo invitarte pagándote las palomitas e invitándote a salir –seguía diciendo Wyatt.
–No, gracias –contestó Takao agarrando de la cintura a Rei quien estaba muy enfadado. Pagaron las palomitas y salieron a la calle.
Wyatt no iba a darse por vencido–. Sería sólo una cita, no te arrepentirías.
Rei ya había escuchado suficiente. Si ignorarle no funcionaba, lo encararía. Deteniendo sus pasos se dio la vuelta para mirarle– ¡Escúchame bien, idiota! ¿¡Qué parte del no, es la que no entiendes!? ¿¡Te dice algo que yo y él vayamos abrazados!? –Preguntó Rei enfadado–.¡ Te aclaro las dudas por si eres un poco lento de reflejos! ¡Este chico es mi novio, así que déjalo en paz! –sentenció.
–Creo que no te quiere –argumentó Wyatt sacando de quicio a Rei.
–¡Será idiota! –gritó Rei mientras intentaba acercarse a él para pegarle un puñetazo, pero Takao lo tenía sujeto por detrás.
–Rei, déjalo. No vale la pena –decía Takao mientras intentaba que Rei no hiciera nada.
–Este idiota se te está insinuando, Takao –contestó con ira.
–Wyatt –le llamó Takao–. Mírame bien a la cara, ¿no me reconoces? –preguntó poniéndose delante de Rei.
–No –contestó simplemente el chico– ¿Nos conocemos?
–Claro –contestó Takao sonriendo.
–Perdona, pero no me olvidaría jamás de un ángel como tú.
–Puede que no siempre haya sido un ángel. Te refrescaré la memoria. Teníamos once años, estuvimos saliendo tres meses por una estúpida apuesta que tenías con tus amiguitos del colegio. Después me dejaste sin más a pesar de lo que yo sentía por ti. Te reíste de mí y tus palabras fueron... ¿Quién puede quererte si eres como un patito feo? Mírate bien al espejo y dime que es lo que ves. Nadie, nadie te querrá jamás... Takao.
Wyatt se quedó boquiabierto mirando a Takao–. No puede ser. Eres Kinomiya Takao... pero estás... tan diferente.
–Puede que el físico me haya cambiado, pero sigo siendo el mismo chico que conociste.
–Pero... yo...
–¡Pero tú nada! –gritó enfadado–. No sabes cómo me sentí cuando me dejaste y cuando me dijiste esas palabras. Ahora me alegra muchísimo que rompieras conmigo. Gracias a ti, he conocido a un chico que no sólo le importa el físico como te importa a ti, sino que también se fijó en mi interior. Así que déjame en paz y no me salgas con tus estupideces de... solo será una cita... yo soy mejor que él...–decía imitando la voz de Wyatt–. Porque eres una basura, y te diré algo. Este patito feo se ha convertido en un cisne. Pero la basura no pasa de ser eso. Una basura inútil e inservible para la gente, que después de conocerla la tirará a la calle sin ningún tipo de piedad al olvido, dónde nadie pueda encontrarla jamás, ni siquiera en los restos de la basura o en el contenedor. Creo que no tengo nada más que decirte salvo que me das pena –dijo abrazándose a Rei–. Vámonos Rei, dejemos a este estorbo ahí, con su sucia conciencia –agregó Takao para ver cómo Wyatt se quedaba arrodillado en el suelo boquiabierto.
&&&Rei&Takao&&&
Los dos jóvenes caminaban por la calle y guardaban silencio, hasta que Takao decidió romper el hielo.
–Rei, no le hagas caso a ese estúpido.Yo te quiero muchísimo –decía Takao con su brazo puesto en la cintura de Rei, con tristeza.
–Ya lo sé –contestó Rei parándose en la calle para abrazar a Takao– ¿Ese idiota fue tu primer amor?
–Por desgracia sí. –contestó correspondiendo el abrazo.
–¿Por eso pensabas que no te quería nadie? ¿Por lo que él te dijo? "Seguro que es el idiota que una vez me dijo Hitoshi", pensaba Rei al recordar aquella vez que fue a la casa de Takao para hablar con Hitoshi.
Flash Back
–Verás, Rei –dijo Hitoshi poniéndose serio–. Takao estuvo saliendo con un chico muy popular en su colegio, antes de empezar el instituto. El chico le decía que le quería y de hecho estaban saliendo juntos, pero, el chico salía con mi hermano únicamente por una apuesta que hizo con unos amigos suyos.
–¿Sobre qué era la apuesta? –preguntó el chino.
–No estoy muy seguro, por lo que me contó después Takao, ese chico hizo la apuesta de salir con mi hermano durante un mes para demostrarle a sus amigos que él era capaz de salir con un chico como Takao.
–¿Con un chico cómo Takao? –preguntó el chino sin entender.
–Con un... ratón de biblioteca –decía Hitoshi enfadado–. Jugaron con sus sentimientos durante un mes. A Takao siempre le había gustado ese chico, porque era el más popular y guapo de la escuela, así que cuando le dijo que quería salir con él, mi hermano no se lo pensó dos veces y le dijo que sí. Cuando pasó un día más del mes, ese chico trató a mi hermano como si fuese de nuevo una basura. Takao lo pasó muy mal, por eso no quiere confiar en nadie más, para protegerse de esa manera y que nadie le vuelva a hacer daño nunca más.
–Entiendo, pero Hitoshi. A mí me gusta tu hermano de verdad y mucho.
–Pues demuéstraselo.
–¿Cómo lo hago?
–Trátalo bien, pero no intentes pasarte de listo. Me refiero a besarlo. Si lo haces él solamente pensaría que intentas jugar con él, al igual que lo hizo ese chico hace años. Deja que sea él quien decida qué hacer con su vida, no intentes forzarlo a nada –le aconsejaba Hitoshi.
Fin Flash Back
Takao asintió–. Por culpa de él no he confiado en nadie.
–Piensa que ya eso es cosa del pasado, que ahora ese tío pertenece al pasado y que ya no vas a caer en su juego. –decía separándose un poco de él para poder mirarle a los ojos.
–Rei... me siento mal.
–¿Por qué? ¿Por lo que le has dicho? A veces las palabras duelen más que los puñetazos y él se lo tenía merecido.
–No es por eso.
–¿Entonces?
–Estaba siendo una tarde perfecta y siento que la he estropeado.
–No es así. Takao da igual lo que hagamos o no. Lo importante es que estamos juntos y que nos queremos. Para mí con estar contigo un día más, es suficiente para que sea el día más feliz de mi vida –confesó Rei acariciándole la mejilla– ¿De acuerdo?
Takao asintió– De acuerdo –dijo con una media sonrisa.
–¿Dónde está esa sonrisa que tanto me gusta? –le preguntó Rei.
–Escondida –contestó Takao mirando a Rei como si fuese un niño pequeño.
–Pues si está escondida, habrá que buscarla –decía Rei dándole varios besos en los labios– ¿Dónde estás sonrisa? –Preguntó para seguir besando a Takao arrancando una sonrisa del menor–. Creo que la he encontrado –sonrió–. Estaba escondida –anunció abrazando al chico de cabellos azules mientras veía cómo Takao sonreía mirándole.
–Gracias Rei, me siento mucho mejor –confesó Takao dándole un sonoro beso en los labios para irse agarrados de la cintura a su casa.
&&&Rei&Takao&&&
Cuando Rei y Takao entraron a su casa, Mao estaba en la cocina.
–Hola chicos –saludó ella saliendo con los platos de la cena de la cocina.
–Hola –saludó Rei.
–Hola, ¿dónde está Hitoshi? –preguntó Takao.
–Cogiendo a Derek en brazos –dijo pasando delante de ellos con unos platos en la mano, entrando los tres en el comedor algo sigilosos.
El mayor de todos estaba sentado en el sofá con el niño–. Y el gatito se escondió detrás de un gran árbol –le decía Hitoshi a Derek mientras lo tenía en brazos y Derek lo miraba atento cogiendo la mano de Hitoshi con fuerza– ¿Y sabes qué paso? –sonrió –. Que el gatito salió detrás de su dueña maullando –Takao y los demás estaban pendientes a Hitoshi. Parecía un padre con su hijo contándole historias para que se durmiera. Mao decidió entrar con los platos en la mano para terminar de servir la mesa.
–¿Qué le cuentas? –preguntó Mao curiosa.
–Un cuento inventado.
–Está muy pendiente de ti –dijo Mao sonriendo.
–¿Tú crees? Yo creo que soy un extraño para él –dijo mirando a Derek– ¿Tu qué dices Derek? –preguntó mirando al niño que no le quitaba la vista de encima.
–Pues no ha llorado en todo el tiempo que ha estado contigo –le hizo ver Mao sentándose junto a él.
–Supongo que estará a gusto.
–Chicos, ¿pensáis quedaros ahí parados mucho rato? –preguntó Mao mirando a los chicos que todavía estaban esperando de pie a la entrada del comedor.
–¿Eh? –preguntó Hitoshi mirando hacia los chicos, los cuales entraron en el comedor mirando a Hitoshi.
–Hitoshi, sé que quieres coger al bebé. Pero el médico te dijo que nada de peso y esfuerzos –dijo Takao regañando de alguna manera a su hermano.
–Sólo lo estoy... sosteniendo, sostener no es coger. Además, no pesa mucho. Apenas tiene unos días de nacimiento –miró al niño–. ¿A qué si, Derek? –sonrió–. Díselo al tío Takao. –El bebé le sonrió un poco.
–Oye, eso es nuevo –contó Mao mirando al niño–. Es su primera sonrisa –dijo emocionada.
–Yo quiero verla –dijo Rei, acercándose hasta ellos.
–Yo también –confesó Takao acercándose a Hitoshi a la vez que lo hacía Rei.
–A ver, ríete otra vez –le pidió Rei–. Échales una sonrisita a los titos.
–Mejor dámelo para darle de comer –le pidió Mao a Hitoshi. Antes de que lo fuera a coger, el niño comenzó a llorar con genio.
–Tendrá hambre –refirió Hitoshi dándole a Derek a Mao. Mao lo cogió, el niño lloraba desesperado.
–Sshhh, vamos al cuarto a darte de comer.
&&&Rei&Takao&&&
Ocho meses después...
En ese tiempo Takao e Hitoshi habían recuperado su casa, pero seguían viviendo con Rei y Mao por petición de ambos. El niño estaba muy grande y muy contento. Su cabello era de color gris platino como el de su padre, sus ojos color miel como el de su madre y siempre estaba sonriendo por todo. En eso era igual que su madre. No habían vuelto a saber nada de Boris en todo ese tiempo y estaban muy contentos por eso. El niño estaba muy unido a Hitoshi, ya que casi siempre era el que jugaba con él a la vez que lo hacía su madre. Hitoshi y Mao se amaban en silencio. Mao no quería atar a Hitoshi a que fuera el padre de un bebé que no era suyo. Hitoshi por su parte quería que Mao encontrase a otro chico que pudiera hacerla feliz. Ellos pensaban que sus hermanos no sabían nada, pero estaban muy equivocados. A Rei y a Takao les iba muy bien en su relación. Eran muy felices por estar juntos. Hitoshi estaba en la cocina preparando la cena. Mao por su parte estaba en la ducha bañándose con el niño. Y Rei y Takao estaban a punto de salir del trabajo.
–¿Dónde estará la sal? –se preguntó a sí mismo Hitoshi mientras buscaba el paquete de sal por los armarios sin encontrarlo–. Creo que iré a preguntarle a Mao –se decía apagando el fuego de la hornilla. Subió las escaleras– ¡Mao! –la llamó.
–¡Estoy bañando al niño! –le avisó ella enjuagando al niño, que estaba muy contento por el baño mientras jugaba con sus manos dando pequeños golpes en el agua. Derek estaba sentado encima de las piernas de su madre que estaban flexionadas.
–Tatatatapataba –decía el niño riéndose.
–Mao –volvió a llamarla mientras abría la puerta encontrándose a los dos dentro de la bañera. Cerró rápidamente la puerta mientras se sonrojaba a más no poder–. ¡Lo siento! ¡Yo no sabía que tú también! ¡... sólo quería saber dónde estaba la sal...! ¡Pero perdóname, he sido un idiota! ¡Debía de haberte preguntado primero... antes de pasar! ¡Pensaba que sólo estabas bañando a Derek! –estaba tan nervioso y avergonzado que no atinaba ni a disculparse.
–Tranquilo –respondió desde el interior, riéndose al sentir el nerviosismo de Hitoshi en su voz– ¿Has mirado en el comedor? -preguntó refiriéndose a la sal.
–No.
–Dentro del armario pequeño hay un salero –le explicó, saliendo de la bañera con el niño, mientras le ponía una gran toalla al pequeño y lo comenzaba a secar, poniéndole su camisa del pijama. Se fijó en que el pantalón del pijama no estaba, tumbó al niño sobre la canasta de la ropa sucia y le puso el pañal–. Hitoshi, hazme un favor.
–¿Qué? –preguntó, sintiéndose todavía culpable.
–Ve a mi cuarto y coge el pantalón de pijama de Derek. Tiene que estar ahí en la cama o quizás se me haya caído al suelo. Pensaba que me lo había traído, pero aquí no está.
–Sí, voy a mirar –Mao escuchó cómo los pasos de Hitoshi se alejaban de ahí. Mientras ponía a Derek sentado en el tacatá con una pequeña toalla, para que al niño no le diera frío, Mao se enrolló una toalla en el cuerpo.
–Ya lo tengo –avisó Hitoshi–, estaba en la cama. –Mao abrió un poco la puerta y sacó la mano.
–Dámelo –Hitoshi no tardó en dárselo–, espera un momento ahí.
–Vale.
Cogió a Derek, lo sacó del tacatá y le puso los pantalones, abriendo la puerta, se lo dio a Hitoshi.
–Toma –dijo Mao dándole a Derek. Hitoshi lo cogió pero no pudo evitar mirar a Mao con sólo una toalla alrededor de su cuerpo. El chico tragó duro cuando la vio así y no pudo evitar sonrojarse mientras tenía al niño en brazos e intentaba tranquilizarse–. Enseguida bajo yo, no tardaré mucho –aclaró ella cerrando la puerta.
–Claro –contestó Hitoshi–. Derek, vámonos abajo.
&&&Rei&Takao&&&
Mao bajó al comedor en pijama mientras veía la mesa puesta, con la cena servida y a Derek y a Hitoshi jugando en el sofá.
–Te voy a comer… –dijo Hitoshi pensando mientras miraba a un Derek sonriente esperando a que le hiciera algo–… el brazo –finalizó cogiéndole de las dos manos para darle muchos besos en el brazo. Derek estaba muerto de risa y eso hacía que Hitoshi también se riera–. Jajaja. Te voy a comer… –sonrió–…la mano –añadió dándole muchos besos en la mano, arrancando carcajadas del menor. El niño estiró la mano con una sonrisa esperando que Hitoshi le hiciese lo mismo. Hitoshi repitió lo de antes y se fijó en que Derek miraba por detrás de él– ¿Qué miras? –se preguntó a sí mismo.
–Mamama –decía el niño sonriéndole a su madre.
Hitoshi se dio la vuelta y vio a Mao sonriendo mientras se acercaba hasta ellos.
–Hola –le saludó al niño alargando la frase, dándole un beso al niño en la mejilla.
–Mao, siento lo de antes –se disculpó Hitoshi.
–No ha sido tu culpa, yo te dije que iba a bañar sólo al niño. Es que después cambie de idea y quise bañarme con él. –aclaró, sentándose en el sofá.
–Yo, no he visto nada –respondió Hitoshi sonrojándose–. Sólo te he visto la cabeza.
–No ha sido tu culpa, también ha sido mía. ¿A quién se le ocurre estar bañándose sin echar el cerrojo de la puerta? –sonrió–.Solamente a mí. –la chica silenció unos segundos, para después continuar–. Hitoshi, yo quiero preguntarte algo.
–¿Qué?
–¿Son imaginaciones mías o yo te gusto? –preguntó observando cómo Hitoshi se ponía rojo como un tomate.
–Bueno... yo... es que...
–Sólo dime sí o no. No te pongas nervioso. –añadió.
Hitoshi tragó saliva con dificultad al ver cómo Mao lo miraba tan fijamente a los ojos–. Será mejor que le des al niño de cenar en su sillita. –le respondió cambiando de tema.
–¿Por qué haces eso? –preguntó confundida.
–¿Hacer qué? –se hizo el despistado.
–No sé –dijo ella cogiendo al niño en brazos, mientras lo sentaba en su sillita y lo amarraba con un cinturón en ésta, para después sentarse en el sofá junto a él–. Te sonrojas y me intentas cambiar el tema –sonrió–. Si sientes algo por mí, creo que deberías de decírmelo.
–¿Por qué crees que tú me gustas? –preguntó Hitoshi.
–Me lo dice mi intuición femenina.
–Bueno... eres una chica muy buena. Eres preciosa, buena madre...–argumentó mirándose las manos, viendo cómo la de Mao agarró la suya.
–Al grano. –le pidió–. Solamente dime, no Mao, solamente te veo como una amiga o si Mao, me gustas aunque sea un poco.
–Si Mao, me gustas muchísimo –aclaró Hitoshi mirándola, armándose por fin de valor.
–¿Desde cuándo? –se atrevió a preguntar.
–Desde que te vi por primera vez ya me pareciste un ángel y poco a poco me he ido enamorando de ti.
–¿Y por qué no me lo habías dicho antes? –preguntó ella sonriendo.
–Porque prefiero verte feliz con un chico que sea fuerte. Que pueda protegerte y pueda complacerte por las noches. Yo estoy operado del corazón y no puedo darte lo que tú necesitas. –le hizo ver.
–Claro que si puedes –sonrió–. Quizás no puedes coger cosas de peso, no puedas complacerme por las noches, pero, eres una persona estupenda Hitoshi y puedes protegerme, y al niño también –sonrió–. Yo siento lo mismo por ti, pero no quisiera atarte a mí y a mi hijo. No eres su padre y eso lo entiendo. Por eso no te había dicho nada hasta ahora.
–Al niño lo quiero como si fuera mío. Mao, ¿cómo no lo voy a querer? –preguntó mirando al niño, viendo cómo los miraba atentamente–. Es un niño muy risueño, bueno y cariñoso. Además es hijo tuyo, de la persona que más me importa en este mundo.
–¿De verdad te importo tanto? –preguntó sonriendo.
–Me importáis muchísimo los dos –dejó claro. Mao acortó la distancia entre ellos, dándole un beso en los labios a Hitoshi. Hitoshi no tardó en besarla y en abrazarla, a la vez que Mao le cogía ambas mejillas para profundizar más el beso–. Te amo –le dijo separándose un poco de los labios de Mao para coger aire–. Te amo a ti y a tu hijo.
–Yo también a ti –contestó ella acortando la distancia con Hitoshi para fundirse en otro beso.
–Mamama abamama –decía el pequeño Derek riéndose a carcajada, haciendo que Hitoshi y Mao se separaran para mirarle con una sonrisa.
–Aum, aum –decía Derek mirando a su madre.
–Ahora mismo vamos a cenar cariño. Mamá va a prepararte la papilla. –respondió al saber a lo que se refería su hijo.
–La tienes hecha en la cocina –aclaró Hitoshi.
–¿La has hecho tú? –preguntó sorprendida.
–Sí.
–Gracias –le dio un beso–. Voy a por ella –avisó poniéndose de pie para irse a la cocina.
–Le pondré mientras el babero a Derek –anunció Hitoshi. Cogió el babero limpio que estaba atado a la silla en la que se encontraba el niño. Lo desató y se lo puso al niño haciéndole un pequeño lazo por detrás.
–Aum, aum –decía el niño mirando a Hitoshi.
–Mami ya ha ido a por la comida y Derek se va a poner muy grande cuando se coma toda la papilla.
–Ande –repitió Derek sonriéndole.
–Muy, muy grande –anunció Hitoshi levantando su mano más alto que él–. Así de grande –Derek le imitó el gesto, cuando vio entrar a su madre con la papilla.
–¿Qué hacéis con los brazos levantados? –preguntó sonriendo.
–Díselo Derek, dile a mamá. ¿Cómo se va a poner Derek?
–Ande –repitió Derek estirando el bracito hacia arriba.
–Mi niño se va a poner muy grande –anunció Mao sonriéndole al niño para empezar a darle de cenar.
&&&Rei&Takao&&&
Un rato después, el teléfono sonó mientras los dos estaban jugando con Derek en el sofá.
–Ya lo cojo yo –avisó Mao, viendo cómo Hitoshi sostenía a Derek en el sofá. Cogió el teléfono y lo descolgó– ¿Diga?... ¿diga?... qué raro –dijo colgando el teléfono al no escuchar contestación de nadie por éste. El teléfono volvió a sonar, así que volvió a descolgarlo para contestar– ¿Diga?... ¿diga? –colgó. Cogió el teléfono al sentirlo otra vez sonar– ¿Diga?
–Mao, soy Rei.
–¿Qué pasa? ¿Por qué no habéis llegado todavía?
–Tenemos mucho trabajo esta noche. Cenad sin nosotros, volveremos tarde. Además, está empezando a llover y no hemos traído paraguas.
–Vale, adiós y la próxima vez que coja el teléfono contéstame, ¿quieres?
–¿De qué hablas? –preguntó confundido–. Lo que sea ya me lo explicarás mañana. Cierra todo con llave, adiós –le despidió Rei.
–Sí, adiós –dijo Mao colgando el teléfono. Se fue al comedor y le dijo a Hitoshi que su hermano iba a tardar. Miraron por la ventana del comedor y efectivamente estaba lloviendo. Cenaron y después se sentaron en el sofá. Derek se restregaba los ojitos por el sueño.
–Pobrecito mío –decía Mao cogiéndolo entre sus brazos, tumbándolo sobre ella–. Duérmete cariño –le pidió poniéndole una mantita encima.
–Yo voy a revisarlo todo para ver si está todo apagado y cerrado –le avisó Hitoshi dándole un beso en la mejilla a Derek–. Buenas noches, Derek. –Después de revisarlo todo y cerrar con llave todas las puertas que daban a la calle y cerrar todas las ventanas, regresó junto a Mao para ver como Derek estaba profundamente dormido–. Ya está todo cerrado.
–¿Me acompañas arriba? Quisiera acostarlo en su cuna –le explicó Mao.
–Claro que sí –contestó Hitoshi. Subieron las escaleras y acostaron a Derek en su cuna, bien tapadito.
–Me parece mentira. Dentro de cuatro meses cumplirá un añito –decía la chica sentándose en la cama–. Recuerdo el día que mi hermano me subió una tele pequeña aquí, en la habitación. Estaba viendo una película. Me puse a llorar como una tonta y en ese momento entraste tú y te asusté muchísimo. Pensabas que algo malo me había pasado –sonrió–. Desde ese día mi hermano me dejó sin tele. –recordaba, mientras echaba una pequeña carcajada.
–Pensaba que ibas a tener a Derek y que por eso llorabas. Cuando me dijiste que los protagonistas de la película se habían casado, sentí un gran alivio –confesó Hitoshi sentándose junto a Mao.
–Es que estaba muy sensible por el embarazo, ¿me perdonas? –le besó.
–No sé, fue un susto muy grande –argumentó Hitoshi. Mao volvió a besarlo–. Pensaba que ibas a tener al niño –sonrió al recibir otro beso–, um...
–¿No se te ocurre nada más? –preguntó Mao sonriéndole.
–Um, creo que no. Pero te perdoné hace mucho. Además, ni siquiera me había enfadado contigo –refirió Hitoshi dándole un beso.
&&&Rei&Takao&&&
Cuando Rei y Takao llegaron, cenaron un poco y se fueron a descansar. Había sido un día muy duro. Por suerte les pagaban muy bien las horas extras. Habían quedado en limpiar la casa de Takao para que el polvo no se le acumulara demasiado. Irían una semana si y otra no.
&&&Rei&Takao&&&
Al día siguiente, Mao dejó al niño echando la siesta en la cuna. Ella se estaba secando el cabello con el difusor. Hitoshi había ido a comprar pañales a la farmacia. Takao y Rei estaban trabajando.
La puerta de la habitación de Mao se abrió dejando ver a Derek de pie, encima de la cuna, sonriéndole a la persona que se acercaba a él...
Continuará...
&&&Rei&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Senshi Hisaki Raiden: Takao quedó con su nuevo look (igual que en la tele, pero no me negarás que de cómo estaba antes, a ahora no es un cambio de look). Sobre tus preguntas Takaita ya te las contestó así que ansiamos que llegue el momento para leer tu fic. ¿Te gustó el lemon de Zafiro? Pues éste te aseguro que te va a gustar más, está más detallado. Además, el próximo capítulo ya es el último, espero que os guste a ti y a Ari–Yuna.
Quimera: Si te tocara veinticinco millones, tu y yo sabemos qué harías aparte de lo que escribiste (muchas bombas) ya sabes quién fue el estúpido que se lo hizo pasar mal a Takao. Wyatt. Así que quedamos en ponerle una bomba nuclear. Y bueno sobre lo de Yuriy, (le tocó salir con Takao en zafiro, así que ya ha tenido su oportunidad, ahora le toca al chino)
Takaita Hiwatari: Bueno, me he retrasado un poco en subir el fic, o eso creo. Ya no sé ni en qué día vivo y creo que tú tampoco, jejeje. Ya tengo seis fics de siete terminados, pero falta subir capis. ¿En serio me admiras? Vaya, jejeje, no lo sabía. Pero creo que te refieres a que soy rápida para terminar algo, cuando el tiempo está en mi contra. (Hago mis deberes muy rápido, jejeje).
Como ves nuestro Takao salió en el pasado con Wyatt y le ha dado su merecido con palabras, jejeje. Lo que no sabe Wyatt es que después vamos a ir las dos a hacer el trabajo sucio pero, shhh, no se lo digas a él, no vaya que se escape.
No olvidéis decirme vuestra opinión, eso me ayuda a mejorar. Cuidaos y xao.
