Pareja: Rei&Takao

Boris&Mao&?

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

TAN DIFERENTES TAN IGUALES

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

Al día siguiente, Mao dejó al niño echando la siesta en la cuna. Ella se estaba secando el cabello con el difusor. Hitoshi había ido a comprar pañales a la farmacia. Takao y Rei estaban trabajando.

La puerta de la habitación de Mao se abrió dejando ver a Derek de pie, encima de la cuna, sonriéndole a la persona que se acercaba a él. Mao apagó el secador y comenzó a enrollar el cable para después guardarlo en el armario. Escuchó a Derek llorar, así que salió del cuarto de baño.

–¿Ya te has despertado, cariño? –preguntó cerrando la puerta del cuarto de baño para acto seguido comenzar a andar por el pasillo. Escuchó cómo el niño no paraba de llorar–. Mami ya está aq... –no le dio tiempo a terminar la frase ya que se sorprendió cuando al entrar a su habitación, se encontró a Derek llorando en los brazos de Boris.

–Mama –decía Derek llorando, estirando sus bracitos para que su madre lo cogiera.

–Tranquilo cariño, ya estoy aquí –le avisó su madre mirando a Derek para luego mirar a Boris– ¡Suelta a mi hijo! –Gritó quitándole el niño a Boris– Sshhh, ya está Derek –miró hacia Boris– ¡Fuera de aquí!

Boris sonrió– ¿Ese es nuestro hijo?

–No es tu hijo Boris. Es mi hijo.

–Me dijeron que lo habías perdido –sonrió–. Me alegra muchísimo saber que está bien y que todo fue una mentira.

–Pues no ha sido precisamente gracias a ti. –siseó.

–Lo dices por lo de las bofetadas que te di –anunció Boris un poco preocupado.

Mao le tapó el oído a Derek con la mano– ¿¡Bofetadas!? ¡Me diste una paliza, casi pierdo a mi hijo que es lo más sagrado para mí y casi me matas a mí también! –le recordó.

–Lo siento –se disculpó arrepentido.

–Eso no me sirve, Boris. Quiero que no vuelvas a entrar nunca más a esta casa y que nos dejes en paz a mí y a mi hijo. –le ordenó.

–También es mi hijo. –le reclamó.

–Mi hijo no te necesita y menos para que le pegues como hiciste conmigo.-le hizo saber enfadada.

–Estaba celoso y borracho.

–Pues haberlo pensado antes de ponerme la mano encima. –siseó–. No me molestó que me pegaras a mi Boris. Me dolió más que no me creyeras cuando te dije que era nuestro bebé y que me pegaras patadas en el vientre. –le hizo saber.

–No hables en pasado, todavía sigue siendo mi hijo. –intentaba que Mao le diese un oportunidad.

–No desde que lo despreciaste con esas patadas. –aclaró–. No sabes la angustia que he tenido que pasar durante todo el embarazo pensando que mi hijo no iba a llegar a nacer. Por tu culpa he tenido que estar todos los días tumbada en la cama, haciendo reposo, sin poder levantarme ni tan siquiera para ir al servicio o poder vestirme. No sabes lo difícil que era para mí ver cómo hasta incluso para poder bañarme tenía que llamar a mi hermano para que me metiera en la bañera con la ropa, para que yo intentará desnudarme y vestirme en ella.

–Mami –le llamó Derek agarrándose del cuello de su madre, ya más calmado.

–¿Qué tesoro? –contestó ella, quitando esa mirada de odio para convertirla en una de ternura al mirar a su hijo.

–Aum, aum.

–Ahora mismo –le sonrió– ¿Quieres tu bibe?

Derek asintió–. Bibi –sonrió–. Ande.

–Sí, te vas a poner muy grande cielo. –repitió sonriente.

Boris sonreía de ver a su hijo hablar–. Es muy listo, ¿cómo se llama?

–Kon Derek.

–Kuznetzov Derek –nombró Boris orgulloso.

–Tu apellido sobra Boris –argumentó enfadada.

–¿Cuándo nació?

–El treinta y uno de diciembre.

–Está muy grande para tener ocho meses. –decía fijándose bien en el pequeño.

–Boris... será mejor que te vayas, no quisiera tener que llamar a la policía. –le informó Mao.

–No estoy haciendo nada malo. –le hizo ver.

–Pero te has colado en mi casa. –le recordaba.

–Sólo quería ver cómo estabas –aclaró Boris defendiéndose.

–Aum, aum –se quejaba Derek.

–Es verdad cariño, vamos a prepararte el bibi –contestó Mao. Bajó las escaleras y entró a la cocina seguida por Boris. Se fue al comedor y sentó al niño en su sillita mientras le ponía el cinturón y el babero. Comenzó a darle el biberón.

–Despacio Derek –le advirtió ella.

–Está tragando muy deprisa –dijo Boris. Derek se apartó el biberón y comenzó a toser.

–Cof...cof... –Mao le sopló en la frente haciendo que el niño le sonriera para coger de nuevo el biberón con sus dos manos.

–Despacio hijo –le pidió Mao acariciándole la cabeza. Boris se acercó más a los dos para verlos de cerca. El niño no tardó en beberse el biberón.

–Aum.

–¿Tiene más hambre? –preguntó Boris sorprendido.

–Se me ha olvidado el potito en la cocina –aclaró Mao mientras iba a desamarrar el niño.

–¿Por qué haces eso? Yo puedo vigilarle, si quieres puedo mirarle desde lejos –advirtió alejándose–. Mira desde aquí.

–No –contestó ella mientras le intentaba desamarrar al niño el cinturón.

–Venga Mao, soy su padre. Por lo menos déjame mirarle. Al menos intenta confiar en mí como lo hacías antes.

–Y que gran error cometí. –anunció.

–Sí, te engañé con otras chicas y para colmo te di una paliza estando borracho porque no soportaba la vida sin ti. –reconoció–. No sabes cuánto me arrepiento de haber hecho lo que hice. Daría lo que fuera por echar el tiempo hacia atrás. Te echo mucho de menos y soy consciente de que no vas a volver conmigo. Por lo menos tengo unos maravillosos recuerdos del tiempo que pasamos juntos y nuestro hijo es fruto del amor que una vez sentiste por mí y que yo sigo sintiendo por ti.

–Pues deja de quererme Boris. Estabas con otras cuando estabas conmigo, así que ya tienes candidatas para empezar con quien quieras una nueva vida –dijo yéndose a la cocina para coger el potito. Llegó lo más rápido que pudo al comedor y Boris estaba en la misma posición que lo había dejado, salvo que lo encontró silbándole a Derek para llamarle la atención.

Silbó–. Derek –el niño le sonrió haciendo que él también le sonriera –, que sonrisa tan bonita tienes.

–Atatatata –dijo el niño dando varios golpes en la mesa.

–Eres fuerte, grande y guapo –añadió Boris captando la atención del niño–. Algún día tendrás una novia. Sólo espero que no cometas los errores que yo he cometido. Perdóname, yo no quise pegarte. Nunca te pondría la mano encima, hijo.

–Ah, ah –dijo estirando sus brazos, abriendo y cerrando la mano.

–¿Qué quieres? Lo siento Derek, pero no te entiendo.

–Quiere tocarte los botones de la camisa –aclaró Mao entrando al comedor con el potito y una cuchara en la mano.

–¿Te gustan los botones? –preguntó Boris acercándose a él. Derek no tardó en pasar sus manos por los botones de Boris mientras Mao le daba su potito.

–¿Um? –Decía Derek fijándose en el reloj que llevaba Boris–. Ah, ah –pedía señalando la mano de Boris.

–¿Quieres ver el reloj? –preguntó acercándole la mano. El niño comenzó a mirar el reloj mientras sus manitas estaban sobre la mano de Boris–. Que manos tan pequeñas tienes –dijo emocionado.

–Boris, tienes que irte ya, por favor –le pidió Mao.

–Déjame sólo un poco más estar con él.

–Ni siquiera tendrías que estar aquí ahora. –le hizo ver–. Si mi hermano te ve aquí...

–¿Me pegará? Me da igual, me lo merezco después de lo que te hice. Aunque si hubiera estado ebrio jamás te hubiese puesto una sola mano encima. Lo sabes, ¿verdad?

–Sí. –contestó con pesar.

–Mao, deberíamos intentarlo. Por nuestro hijo. Él nos necesita a los dos.

–Es que yo ya tengo a alguien. Es mejor así Boris, no funcionaría. Nunca ha funcionado.

–¿Y qué pasará con nuestro hijo? ¿Me estás pidiendo que no le vea más? –preguntó confundido.

–Yo no he dicho eso, puedes venir a verlo cuando quieras. Ya te lo dije hace tiempo, tu por tu camino y yo por el mío. Es lo mejor.

–Me lo merezco por idiota –se resignó acariciándole la mejilla al niño que aún estaba mirando su reloj, cuando escuchó.

–Ya estoy aquí. ¿Mao? –la llamó Hitoshi entrando en la casa.

–¡Estoy en el comedor! –le avisó Mao mirando a Boris.

–He tenido suerte, estos eran los últimos pañales que...–dijo entrando al comedor, viendo cómo había otro chico con Mao y el niño–... hola. –saludó.

–Hola –saludó Boris–. Yo... tengo que irme –dijo mirando a Mao. Miró al niño y le dio varios besos en la mejilla–. Te llamaré –avisó mirando a Mao. Mao asintió viendo cómo Hitoshi dejaba los pañales en el sofá y viendo cómo Derek quería irse con Hitoshi levantando las manos para que lo cogiera. Boris se fijó en cómo el niño quería irse con ese chico de cabellos azules.

–Es él, ¿verdad? –le preguntó Boris a Mao lo más suave que pudo.

–Sí –afirmó ella mirando a Hitoshi.

–Bueno me voy, adiós –les volvió a despedir mirando a su hijo para acariciarle la cabeza.

–Adiós –respondió ella, asomándose hasta la calle para ver que efectivamente Boris salía de la casa. Cuando entró vio a Hitoshi riéndose con el niño en la sillita.

–Así que tenían pañales –dijo ella desabrochándole el cinturón al niño para cogerlo en brazos y sentarse en el sofá.

–Sí. Mao ese es el padre de Derek, ¿verdad?

–Sí, ¿cómo lo has sabido?

–Tienen el cabello del mismo color –dijo Hitoshi. Tuvieron una conversación sobre si debían decirle a Rei que Boris había estado allí y sobre si debía dejarle ver al niño.

Al final quedaron en que dejarían a Boris ver a su hijo y le contaron a Rei todo lo que pasó inclusive su noviazgo.

&&&Rei&Takao&&&

24 de diciembre...

Takao y Rei hacían un año que habían salido juntos. Takao decidió que como el niño estaba creciendo y que lógicamente necesitarían otro cuarto para el niño, decidió irse a vivir a su casa. Así que Rei le estaba ayudando a limpiar el comedor mientras él limpiaba el cuarto de sus padres. Los dos estaban muy felices por hacer un año que se habían dado su primer beso correspondido. Rei tenía pensado de llevarlo esa noche a cenar por ahí fuera y Takao... bueno tenía otros pensamientos.

–Rei –dijo bajando al piso de abajo por las escaleras–. Los cuartos están limpios –sonrió– ¿Y a ti que te falta?

–Sólo me queda poner esto sobre la mesa –dijo limpiando un cuadro– ¿Seguro que quieres volver aquí? Me vas a dejar solito. –le recordó.

–Rei, ya hemos hablado sobre esto.

–Pero, yo podría dormir en el sofá. Mao podría dormir en mi habitación, vosotros en la que estáis y Derek en la cama de Mao –dijo dejando el cuadro en la mesa, girándose para mirar a Takao.

–No hay necesidad de eso y lo sabes –contestó Takao rodeándole con sus manos el cuello.

–Es que no me gusta dejarte aquí solo, en una casa tan grande. No quiero que esta noche que es especial, no sólo porque es noche buena, sino porque hoy hace un año que estamos juntos, te quedes solo –le informó Rei rodeándolo de la cintura–. Quédate solamente esta noche con nosotros.

–Rei, aunque me quedase esta noche con vosotros, mañana tendría que dormir aquí –sonrió–. Además, mañana no trabajamos porque el restaurante cierra y voy a estar todo el día contigo.

–Pero yo quería ver una película contigo, abrazadito a ti.

–Ya lo sé –contestó Takao acercándose a él, dándole un beso–. Tengo hambre. ¿Te quedas a cenar?

–Pensaba invitarte esta noche en un restaurante –le dijo Rei sonriendo.

–¿Y por qué no mejor mañana? No te ofendas, pero es que estamos todo el día metidos en uno. –le recordó con gracia.

–¿Y qué sugieres que hagamos? –preguntó pensando en otras posibilidades.

–Pues no sé, yo iba a pedirme una pizza, mientras veía la tele. Piensa que podrás abrazarte a mí –argumentó Takao sonriéndole.

–Está bien. Llamaré a mi hermana y le diré que no me esperen despiertos.

–Yo llamaré a la pizzería –aclaró separándose de él.

–Vale –Rei marcó el nº de su casa con el móvil.

–¿Diga? –contestó la chica.

–Mao, soy yo. Te llamo para decirte que no me esperéis levantados, llegaré algo tarde.

–¿Cómo vais? ¿Estáis ya en el restaurante?

–No, lo hemos dejado para mañana.

–Rei, ¿no le vas a dar su regalo?

–Claro que lo haré. Te dejo, ya viene, hasta mañana.

–Adiós.

&&&Rei&Takao&&&

Mao colgó el teléfono y se fue al comedor.

–¿Quién era? –preguntó Hitoshi al ver a Mao entrar en el comedor.

–Mi hermano, dice que no le esperemos levantados –sonrió mirando a su hijo tumbado en el sofá, con la cabeza apoyada en las piernas de Hitoshi–. Ya sé a dormido. Voy a subirlo arriba –avisó cogiendo en brazos al niño–. Ahora vuelvo.

–Vale –le sonrió–. Aquí te espero.

&&&Rei&Takao&&&

Tocaron el timbre en la casa de Takao–. Ya voy –avisó Takao caminando hacia la puerta. Cuando Takao abrió la puerta se encontró con el repartidor de pizza. Le pagó el dinero, cogió la pizza y las bebidas y cerró la puerta dándole un empujón con la espalda, para luego entrar al comedor y dejar la cosas sobre la mesa–¡Rei, la pizza ya está aquí! ¡Venga, vamos a cenar! –le anunció.

–Ya voy –contestó sacándose la mano del bolsillo, entrando a el comedor.

–¿Dónde estabas? –preguntó el joven de cabellos azules.

–En el patio, he ido a cerrar la puerta. Es que antes se me ha olvidado echarle el cerrojo.

–Ah. La he pedido con queso, como a ti te gusta –le informó destapando la caja, sentándose en la silla.

–Um, que buena pinta tiene –celebró Rei sentándose al lado de Takao.

Comenzaron a cenar. Después de limpiar la mesa, se sentaron en el sofá y vieron una película. Rei tenía su brazo alrededor de la cintura de Takao y Takao tenía su cabeza apoyada en el hombro de Rei.

Al finalizar la película Takao miró a Rei– ¿Vemos otra? –le preguntó.

–Me encantaría, pero ya es tarde –aclaró Rei mirando el reloj que había en el comedor–. Sintiéndolo mucho tengo que irme ya –le hizo saber poniéndose de pie.

–Así que me dejas solito –contestó Takao poniéndose de pie, haciéndole círculos en el pecho con el dedo índice–. Quédate un poquito más.

–Takao, si me quedo, no me voy –le dijo sonriendo.

–Está bien. Pero ponte el abrigo, porque hace mucho frío.

–Claro –contestó Rei mirando a su alrededor– ¿Dónde está? Pensaba que lo había dejado en esa silla.

–¿En serio? –Preguntó Takao mirando la silla–. A lo mejor la habrás puesto en otro sitio.

–No, estoy seguro de que la había dejado ahí.

–A lo mejor está en las habitaciones de arriba. Recuerdo que la tenías puesta cuando estabas limpiando el cuarto de baño y en la habitación de Hitoshi.

–¿Puedo ir a mirar? –preguntó Rei.

–Claro que puedes –contestó Takao cogiéndolo de la mano, para subir los dos juntos por las escaleras. Entraron a la habitación de Hitoshi y al cuarto de baño. Pero ni rastro de la chaqueta. Takao lo guió hasta la habitación de sus padres sin soltarle de la mano.

–Takao, ¿porque me traes hasta la habitación que era de tus padres? –Preguntó a la vez que veía cómo Takao cerraba la puerta con llave– ¿Qué haces? –preguntó más confundido todavía.

–Echar la llave –contestó sonriéndole.

–Jajaja, ya lo sé. Pero, ¿por qué? –preguntó.

–Para que no te vayas.

–Takao, tengo que irme. Ya es tarde y seguro que tú quieres dormir.

–Qué va, yo estoy bastante despierto esta noche –le informó poniéndole ambas manos en la cintura mientras lo besaba en los labios. Rei no tardó en abrazarlo también. Takao metió sus manos por debajo del abrigo de Rei. Comenzando a acariciarle, besándole la boca con pasión para después abandonar la boca de Rei y dirigirse a su cuello. A Rei le parecía estar tocando el cielo en esos momentos. Takao bajó una de sus manos hasta el trasero de Rei, mientras que la otra la bajaba muy despacio hasta llegar a la entrepierna de Rei, agarrando ese bulto con cuidado en su mano, haciendo que el pelinegro diera un respingo al sentir la mano de Takao ahí y un jadeo cuando éste le apretó un poco.

–¡Ah! –jadeó–. Takao –le llamó Rei apartándole las manos con cuidado y lentitud, ya que estaba deseando que el joven de cabellos azules siguiera con lo que hacía– ¿Qué estás haciendo?– preguntó Rei, provocando que Takao parase de besarle el cuello para mirarlo.

–Yo creo que está claro –anunció sonriéndole y sonrojándose al mirarlo a los ojos–. Este día es especial para nosotros porque hoy es cuando nos declaramos nuestros sentimientos. Yo quiero convertir esta noche en algo especial. Y detrás de mí, hay una cama de matrimonio que me encantaría compartir contigo, porque eres muy importante para mí y te amo –le sonrió.

–Takao, a mí también me encantaría compartirla contigo. Me muero por compartirla contigo –confesó–. Pero, no quiero destruir esa confianza que tengo contigo, no me lo perdonaría. Me costó mucho trabajo que confiases en mí y no me gustaría perderla.

–Rei, no lo harás. Sé que eres una persona buena, eres cariñoso, comprensivo, sensible, maduro, tienes un gran corazón y sé que no le harías daño ni a una mosca. Además. Este es mi regalo de aniversario para ti.

–Pues si es así, no lo voy a rechazar.

–Creo que has hecho una buena elección –contestó Takao para besarlo en los labios, sintiendo cómo Rei lo volvía a abrazar con la excepción de que ésta vez el chino le estaba tocando el trasero.

Takao por su parte fue sacándole el abrigo y la camisa del pantalón, levantándosela hasta el pecho.

Rei se separó un poco de Takao, cogiendo con ambas manos la camisa y el abrigo, levantándoselas hasta sacárselas y tirarlas al suelo.

Takao al ver que Rei se separó un poco de él para quitarse el abrigo y la camisa, decidió también quitarse su abrigo de cuello alto, tirándolo al suelo a la vez que Rei lo hacía. Se miraron a los ojos para sonreírse y fundirse en un apasionado beso, mientras los dos se acariciaban la espalda y el pecho con deseo.

Rei dejó los labios de Takao para besar su cuello, momento que Takao aprovechó para bajar sus manos hasta los pantalones de Rei y comenzar a desabrocharle el botón y a bajarle la cremallera, para luego acariciar con una mano la espalda de Rei y con la otra la nuca. Rei por su parte dejó el cuello de Takao para besarle de nuevo los labios, a la vez que con una mano le desabrochaba el botón del pantalón y le bajaba la cremallera. La otra mano la usó para acariciarle la espalda y juntarlo más a él. Haciendo que sus dos miembros chocase por la cercanía.

Takao decidió dejar los labios de Rei para besarle el cuello, descendiendo poco a poco hasta el pecho, jugando con la tetilla de Rei, mordisqueándolo, haciendo que Rei suspirase. Takao siguió descendiendo hasta encontrarse con el pantalón de Rei. Comenzó a bajarle el pantalón, encontrándose con el abultado bóxer de Rei. Se sonrojó al ver ese gran bulto frente a sus ojos. Sin pensarlo más, fue bajando los bóxers de Rei hasta el suelo, donde Rei subió sus piernas, ayudándose a quitárselos de una vez, dejándolo todo en el suelo. Con una mano Takao cogió el miembro de Rei y se lo metió en la boca, comenzando a succionarlo, mientras que la otra mano la tenía en el trasero de Rei.

Rei se abrió más de piernas, disfrutando de lo que le hacia el joven de cabellos azules en ese momento. Puso una mano sobre la cabeza de Takao, mientras veía cómo una de las manos de Takao subía por su abdomen, haciéndole caricias profundas. Rei cogió esa mano y la entrelazó con la suya, al tiempo que jadeaba de placer y su cuerpo se movía inconscientemente, creándole mayor placer.

Cuando Takao terminó con lo que hacía, probando toda la esencia que Rei había soltado, miró a Rei y sonrió al verlo, sonrojado y con cara de alivio. Se puso de pie, lo cogió de la mano, la cual fue entrelazada, mientras lo guiaba hasta la cama. Con su mano libre, Takao, retiró las sábanas hacia atrás, deshaciendo la cama.

Rei lo abrazó por la espalda mientras comenzaba a besarle y a mordisquearle el hombro y la espalda, haciendo que Takao suspirase, agarrando con una mano, la mano de Rei más fuerte. Y con la otra, llevándola hasta el trasero de Rei, haciendo que el miembro de Rei chocase con el trasero de Takao. Rei le dio un beso en el cuello, haciendo girar a Takao, dándole la vuelta para besarlo en los labios. Momento que empezó a recostar a Takao en la cama. Abandonó los labios del joven de cabellos azules para ponerse de pie y bajarle los pantalones y los bóxers al mismo tiempo, quitándolos y tirándolos al suelo.

El joven de cabellos azules aprovechó eso para meterse más adentro de la cama. Rei no tardó en meterse dentro de la cama con él, tapándose con las sábanas, colocándose encima de Takao, acariciándola cada centímetro de su piel. Besándole mientras se susurraban uno al otro cuanto se amaban.

Rei le puso tres dedos a Takao en los labios, los cuales Takao no dudó en ensalivar, abriéndose bien de piernas. Rei comenzó a introducirle un dedo muy despacio, haciéndole movimientos circulares. El cuerpo de Takao se tensó al sentir esa invasión dentro de su cuerpo, así que Rei comenzó a besarlo para tranquilizarle. Cuando Rei sintió que le cuerpo de Takao se había acostumbrado a la invasión, introdujo el segundo dedo. Provocando que el joven de cabellos azules diera un pequeño grito ahogado en los labios del chino. Cuando Rei le introdujo el tercer dedo, Takao estaba más tranquilo. Rei entonces decidió sacarle los dedos de su entrada para comenzar a penetrarlo poco a poco.

Vio como Takao se agarraba fuerte a las sábanas, así que decidió pararse un momento para hacer que Takao se relajase un poco. Con una de sus manos le acarició la mejilla al joven de cabellos azules. Takao cogió esa mano de Rei y la besó.

–Rei, no te detengas –le pidió sonriéndole de forma tímida. Rei comenzó a besarle, sintiendo cómo Takao lo abrazaba, para después comenzar a moverse despacio dentro de él.

Rei sentía las profundas caricias de Takao sobre su espalda y cómo se separaba de sus labios para intentar coger aire y respirar. Bajó su mano hasta el miembro de Takao y comenzó a acariciarlo.

Takao por su parte agarró con una mano la almohada, apretándola, mientras su otra mano estaba en el cuello del pelinegro. Rei estaba besándole el cuello, escuchando cómo el joven de cabellos azules estaba empezando a jadear.

–Más rápido –pidió Takao empezando a moverse él también. Rei aceleró el ritmo de sus caricias sobre el miembro de Takao, a la vez que aceleraba sus penetraciones, mirando al joven de cabellos azules a los ojos, mientras unas sonrisas cómplices salían de sus labios para darse un pequeño beso y acelerar aún más el ritmo de sus caderas, proporcionándoles un placer más intenso a ambos.

Los dos jadeaban de placer. Takao agarrado a la almohada de la cama, sonrojado y apenas sin aliento, y Rei sonrojado, penetrándolo rápido pero con cuidado, intentando respirar. Takao sintió que estaba llegando al clímax por su parte.

Inconscientemente arqueó la espalda un poco hacia atrás, hundiendo el colchón hacia abajo, dejando salir su esencia, manchándole a Rei su mano y el abdomen. Eso no le impidió seguir disfrutando de las penetraciones de Rei.

Rei por su parte, lamió la esencia que Takao había derramando en su mano, tragándosela para luego coger las manos del joven de cabellos azules, y entrelazarlas con las suyas. Por último Rei inclinó su cuerpo hacia atrás, derramando su esencia en Takao, dejando caer su cuerpo sobre el joven de cabellos azules, intentado recobrar el aliento.

Takao soltó sus manos y lo abrazó, acariciándole la espalda con una mano y con la otra el cabello.

&&&Rei&Takao&&&

Takao abrió los ojos lentamente, viendo como su chico tenía los ojos cerrados, mirando hacia él con una mano debajo de la cabeza y la otra puesta sobre su pecho. Takao se quedó observándolo durante un rato, recordando la noche tan maravillosa que habían pasado juntos. Sonrió al recordarla y sus ojos comenzaron a cristalizarse. Se dio la vuelta, sintiendo cómo las lágrimas le resbalaban por el rostro.

Rei abrió los ojos y vio a Takao dándole la espalda. Se acercó a él con cuidado de no despertarlo, poniéndole su mano sobre la cintura de su joven de cabellos azules. Escuchó a su chico sollozar, así que se acercó más todavía a él, levantando su cabeza, recostándose de lado para mirarlo. Vio a Takao mordiéndose el dedo índice, intentando no hacer ruido.

–Buenos días, osito –le saludó acariciándole la mejilla, la cual estaba empapada. No tardó en escuchar sorber el moquillo–. Takao, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás llorando?

–Snif... lo siento... snif... te he despertado.

–No, no lo has hecho. A ver... –dijo poniendo a Takao boca arriba, secándole las lágrimas–. Cuéntale a tu peluche que te pasa.

Sorbió el moquillo–. No es nada.

–¿Es por algo que he hecho mal? ¿Es eso? –preguntó el chino con un tono suave, viendo cómo Takao negaba con la cabeza.

–No. Es que estoy muy feliz de tenerte –sorbió el moquillo –, a mi lado. Anoche hicimos el amor... snif... y no puedo creerme que toda esta felicidad sea para mí.

–¿Y por qué no podría serlo? ¿Eh?

–Nunca he tenido suerte en la vida. Todo siempre me ha ido fatal –contaba entre lágrimas–, y ahora todo es tan perfecto y maravilloso, que tengo miedo. –reconoció.

–No tienes porqué tener miedo, Takao –le hizo ver el otro mirándole a los ojos, a la vez que le acariciaba la mejilla–. Esta es tu recompensa por todo el esfuerzo que has hecho durante todo este tiempo. Tienes un nuevo trabajo, has recuperado tu casa, eres rico, tu hermano ya no está enfermo, Derek se va a convertir en un futuro en tu sobrino. Y que conste que si no es por mi parte es por la de tu hermano –añadió Rei haciendo que Takao le sonriera–. Y me tienes a mí a tu lado para consentirte en todo lo que quieras –contestó dándole un beso– ¿De acuerdo?

–De acuerdo. Por cierto, feliz navidad.

–Feliz navidad –dijo dándole otro beso–. Casi se me olvida –comentó Rei levantándose de la cama, sacando algo de el bolsillo de su pantalón, volviéndose a meter en la cama. Vio cómo Takao se sentaba en ella, tapándose con las sábanas.

–Jajaja, hace frío. -reconoció –.Takao, anoche me encantó tu regalo, pero yo tengo que darte el mío. Anoche pensaba invitarte a cenar como te dije y allí pensaba dártelo. Pero eso ya da igual, porque no sabes lo feliz que me hiciste anoche –anunció sonriéndole–. El caso es que espero que te guste –decía dándole una pequeña caja envuelta en papel de regalo. Takao lo cogió entre sus manos y la abrió sacando una caja de color azul de terciopelo. La abrió sonriente, quedándose sorprendido al ver lo que había dentro.

–Rei, es preciosa.

–¿De verdad?

–Sí –afirmó sacando una alianza de plata con la fecha 24/12/06, fecha en la que habían comenzado a salir, dentro de la alianza y por fuera la palabra "te amo".

–Deja que te la ponga –dijo Rei metiéndole la alianza en el dedo anular.

–Gracias, ¡me encanta! No me lo voy a quitar nunca –sonrió, dándole un beso–. Rei. ¿Te gustaría venir aquí, a vivir conmigo?

–Pensaba que nunca me lo pedirías –contestó Rei con una sonrisa–. Claro que acepto, además Hitoshi y Mao necesitan su intimidad. Me mudaré hoy mismo, para estar a tu lado el resto de mi vida.

–Eso, se merece esto –dijo besándole mientras lo recostaba en la cama. Se colocó encima a la vez que se tapaban con las sábanas por completo, dejando ver las sábanas moverse.

&&&Rei&Takao&&&

–A ver, ¿Cuánto me quiere Derek? –preguntó Hitoshi con los brazos extendidos, esperando a que el niño fuera andando hasta él. El niño se fue andando con pasos inseguros hacia él para abrazarlo– ¡Muy bien! –Le felicitó, dándole un beso en la cabeza al niño– ¿Otra vez? –le preguntó al niño viendo cómo éste le sonreía–. Venga –le animó, retirándose un poco lejos de él para después arrodillarse en el suelo–. ¿Cuánto me quiere Derek? –volvió a preguntar, extendiendo sus brazos, esperando a que el niño fuese otra vez a por él.

–Ababa –decía el niño andando hacia él, perdiendo un poco el equilibrio y cayendo finalmente en el suelo de culo. Le sonrió a Hitoshi y poniendo sus manitas en el suelo consiguió ponerse de pie y caminar lentamente hacia él.

–Muy bien Derek –le sonrió–. Bien –alargó la frase aplaudiéndole.

–Bee –repitió el niño imitándole mientras aplaudía y le sonreía.

–Te voy a comer. ¡Me voy a comer a este niño! –Anunció cogiendo al niño en brazos, tumbándolo en el sofá–. ¡Me lo voy a comer entero! –Decía mientras le subía la pequeña camisa y le hacía ruidos extraños con la boca en la barriga, haciendo que el niño riese a carcajadas– ¡Te voy a comer!

–Jajaja, mama –decía Derek al ver a su madre sin dejar de reír.

–Jajaja, ¡me voy a comer a mamá también! –anunció Hitoshi haciéndole cosquillas.

–¿Ah, sí? –preguntó Mao a su espalda, haciendo que éste la mirara sin poder dejar de reír– ¿Me vas a comer?

–Es lo que le he dicho –contestó sonrojado.

–Ajá –dijo enarcando una ceja– ¿Cómo ha llegado el niño al sofá?

–Lo he subido yo –contestó mirándola.

–Hitoshi, ¿qué te han dicho los médicos acerca de coger peso?

–Que no puedo coger nada de peso. Pero es que tenía que comerme a este niño –dijo mirando a Derek para seguir jugando con él, haciendo que el niño comenzara a reírse–. Además, sólo ha sido para tumbarlo, casi no he notado el peso y no pesa tanto. –se excusó.

–Hitoshi –le llamó ella sentándose en el sofá.

–No me gusta sentirme como un idiota por no poder hacer cosas en las que tenga que hacer esfuerzos. Quizás te gustaría tener a otro chico a tu lado. –concretó.

–No digas eso –contestó, dándole un beso en los labios.

–Quizás no pueda llegar a ser un buen padre para Derek.

–No seas tonto, ya estás siéndolo. –reconoció –. Lo eres desde su nacimiento. Desde que estaba dentro de mí. –concretó–. Hitoshi, quizás no puedas coger cosas de peso, pero eso no significa que no puedas hacerlo reír, como ahora. Que no puedas darle un consejo, darle cariño, darle ánimos, educarlo... Hitoshi somos pareja y todavía no estamos casados, pero, eso no impide que seas el padre de mi hijo. Yo necesito a un buen padre para mi hijo y a un esposo que me haga feliz. Te necesito a ti, Hitoshi –aclaró dándole un dulce beso que Hitoshi correspondió gustoso mientras con una mano estaba sujetando al niño para que no se fuera a caer del sofá. El niño jugaba con la mano de Hitoshi–. Te amo, Hitoshi.

–Y yo a ti.

&&&Rei&Takao&&&

Ya han pasado diez años desde que le pedí a Rei que se viniera a vivir conmigo. Han sido diez maravillosos años en los que todo me ha salido genial. He seguido trabajando con él en el mismo restaurante, aquel donde yo empecé a tomar confianza con él.

Visitamos a mi hermano y a mi cuñada frecuentemente para ver cómo están ellos y mis sobrinos. Ellos se casaron por el juzgado hace cinco años. Recuerdo ese día tan especial, porque fue el mismo día que me casé con Rei. Sí, ya soy un hombre casado y muy dichoso al tener a un hombre como Rei a mi lado. Fue una boda doble. ¿Adivináis que fecha escogimos?

Sí. Fue el día 24 de diciembre. Fue la fecha en la que Rei y yo nos declaramos nuestro amor uno al otro, donde desatamos nuestra pasión cada año que pasa. Bueno, aunque no es el único día en que la desatamos.

Boris va a visitar a su hijo de vez en cuando, antes llama a mi cuñada por teléfono. El niño está feliz porque tiene dos padres en lugar de uno. También está muy feliz porque tiene una hermanita de casi cinco años. Sí, Hitoshi y Mao tuvieron una preciosa niña, ¿qué cómo es mi sobrina?

Pues tiene los ojos color miel, cabello azulado, es tan simpática y tan dulce como su madre y tan cabezota como su padre. Su nombre es Jacqueline. Derek se divierte mucho jugando con su hermana. Los dos son unos niños muy juguetones y cariñosos.

Mao trabaja como dependienta en una tienda, vendiendo ropa para bebés y mi hermano trabaja como dependiente en una pastelería. Es cierto que he vivido momentos muy duros en mi vida, pero también es verdad que conseguí superarlos con ayuda de mis seres queridos.

Siempre hay momentos malos en la vida, sólo hay que intentar verle el lado positivo y no huir de los problemas, por muy difíciles de resolver que estos sean, porque siempre tienen solución. Nunca dejéis que las personas os digan que no valéis la pena, que no sois nadie, porque no es verdad. Seamos de diferente sexo, raza o color, todos somos personas y tenemos corazón y sentimientos. Nunca penséis lo contrario, porque os engañaríais a vosotros mismos.

Ahora os preguntareis, ¿quién es este chico? Pues soy Kinomiya Takao, el chico que en el pasado pensaba que no le importaba a nadie y que nadie llegaría a sentir por él nunca amor, pero que se dio cuenta de que le importaba a más gente de la que él pensaba. Un chico que resolvió sus problemas con el apoyo de sus seres más queridos para él. Por eso os digo ¡ánimo! y ¡luchad, jamás os rindáis!

–Takao –le llamó Rei, sacándole de sus pensamientos, con una mano detrás de la espalda.

–Dime peluche –contestó cogiéndolo de la mano– ¿Qué escondes? –preguntó al ver la mano de Rei escondida detrás de su espalda, viendo cómo Rei sacaba una rosa roja y se la daba.

–Esta rosa es para mí osito, ¿te gusta?

–¡Me encanta! Muchas gracias –le hizo saber oliéndola, para después darle varios besos en los labios. Metiendo la rosa después en un jarrón.

–Vámonos o llegaremos tarde a la casa de Mao –aclaró Rei.

–Claro –contestó Takao dándole un beso más profundo–. Te amo, Kon Rei.

–Yo también te amo, Kinomiya Takao –respondió dándole otro beso, para después coger al joven de cabellos azules de la cintura y viceversa, saliendo de su casa abrazados.

&&&Rei&Takao&&&

&FIN&

Gracias por sus reviews a:

Zeiriyu, K, Airisu arashi por su apoyo hasta ahora.

Senshi Hisaki Raiden: Gracias por tu review y tu apoyo incondicional en esta historia que hice para ti y para Ari (sé que la pobre estará ocupada con los estudios), cómo ves todo ha terminado bien. Quise sembrar la duda en el anterior capitulo y me alegro de a verlo conseguido, jejeje. Me enteré por Takaita que (en Beyblade yaoi o en no sé qué página, no la recuerdo) pusiste un enlace de mi historia Zafiro (según Takaita no se puede entrar, parece ser porque dejaste una coma al final)

De todas formas muchas gracias por el intento, te lo agradezco mucho.

Quiero intentar escribir un one–short de Kai/Takao para estas navidades, pero no sé si me dará tiempo o no. ¿Tú qué crees? Jejeje, lo intentaré. Ya que sólo me falta un fic por terminar y según calculo no le queda mucho.

Takaita Hiwatari: He tardado un poco en actualizar por el trabajo, jejeje. Tú ya lo sabes. Espero que te haya gustado la historia.

Wuonero: Claro que me acuerdo de ti. Este ha sido el último capítulo de esta historia. Espero que te haya gustado. Gracias por leer otra historia, además de "Amor ciego" y darme tu opinión.

Quimera: Jejeje, está bien. Primero a Wyatt y después nos cargamos a Boris. Ya ves que a Derek no le tocó ni un pelo. ¿A qué es mono, Derek? Tienes razón, yo también me lo imagino y es más guapo que su padre. Espero que te haya gustado la historia al igual que te gustó Zafiro. (Aunque tu pelirrojo te gusta más que Rei como pareja de Takao)

Ari–Yuna Sé que no me dejaste reviews esta vez, pero aún así espero que te haya gustado la historia. Gracias por tu apoyo.

Espero que os haya gustado la historia. No importa el tiempo que la historia esté aquí, yo recibiré vuestras opiniones siempre. Cuidaros mucho y xao.