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CAPÍTULO 20
"Develamientos"
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—Me alegra mucho verte, Kurt —dijo la terapeuta tras abrir la puerta.
—Ahh… —miró preocupado— N-no tengo cita.
—Llegaste en un buen momento porque hay un espacio disponible —lo observó con atención—. ¿Qué ocurre? Te tiemblan las manos.
—Es… es que n-no entiendo… Ni siquiera sé cómo llegué.
—Tal vez tu subconsciente te guio hasta aquí por una razón.
—N-no sé… Yo…
—Pasa y ponte cómodo.
Kurt avanzó y se quedó a mitad del consultorio observando todo.
—Se s-siente tan e-extraño y confuso.
La mujer amablemente se aproximó, sin invadir su espacio personal.
—Puedes sentarte, o si prefieres, recuéstate en el sofá, lo que sea mejor para ti.
Kurt dudó por un instante antes de ir al sillón.
»Cuéntame qué estás sintiendo en este momento.
—Pasó algo hoy y… Creo que e-estoy mejor, pe-pero todavía no puedo respirar bien… Fue… fue terrible… La cabeza… siento como punzadas, el-el corazón…
—¿Te late con fuerza? ¿Te duele el pecho?
—S-sí. No como antes de venir aquí, porque sen-tía que iba a m-morir… Creo que es mi a-ansiedad… aunque nunca ha-había sido tan fuerte.
—Por lo que describes, además de la ansiedad diría que tuviste un ataque de pánico.
—¿Un…? Eso… eso ti-tiene más s-sentido.
—¿Realizaste alguno de los ejercicios que te enseñé para relajarte?
—No podía p-pensar en nada… No sabía… y… y…
—Descuida, ya estás aquí y voy a ayudarte.
Una vez que Hummel logró calmarse, la mujer le entregó una taza con té.
—Gracias —suspiró luego de darle un sorbo, y ella asintió.
—¿Crees que puedas contarme lo que ocurrió para que se desencadenara este episodio?
—Me forcé a salir de la casa. Tenía que comprar unas cosas que hacían falta para preparar el almuerzo… No quería hacerlo, pero por alguna razón pensé que no podía seguir encerrado y traté de convencerme de que no pasaría nada, que a esa hora muy pocas personas van al supermercado así que podría comprar rápido y regresar —exhaló con ironía—. Al parecer no fui el único que tuvo esa idea porque el lugar, a pesar de ser grande, se llenó antes de darme cuenta.
Estuve a punto de irme dos veces antes de entrar, pero empecé a repetirme que podía lograrlo. Necesitaba pocas cosas que sabía dónde estaban, lo único que debía hacer era ir por ellas directamente y luego pasar a la caja exprés.
"Puedes hacerlo. Debes volver a tu vida normal", me repetía mentalmente mientras caminaba en busca de los artículos.
Había casi terminado cuando quedé atrapado en uno de los pasillos.
—¿Atrapado?
—Estaba buscando unos fideos en específico y me tardé en ubicarlos ya que los habían cambiado de lugar. Cuando di la vuelta me vi rodeado de una multitud y eso me descontroló por completo.
Quise avanzar, pero fue imposible porque estaban algunos carritos atravesados. De pronto sentí que me faltaba el aire, así que dejé todo para poder salir de ahí tan rápido como fuera posible.
Empezaron a llamarme, sin embargo, avancé sin prestar atención. No sé si empujé a alguien en el camino o cómo hice para llegar al otro corredor… no lo recuerdo, sólo sé que me detuve cuando creí estar a salvo, entonces me tocaron el hombro… Ni siquiera volteé, lo único que hice fue correr, pero el lugar empezó a volverse más y más estrecho.
Ahora sé que es imposible, pero en ese momento parecía como si las paredes y los estantes se estuvieran moviendo para atraparme —dio otro sorbo a su bebida y sostuvo la taza con ambas manos, concentrándose en el calor que emanaba.
Creo que me desubiqué porque de pronto estaba parado en uno de los corredores principales con una multitud que cruzaba observándome. La falta de aire se volvió peor, el pecho empezó a dolerme y podía escuchar los latidos de mi corazón retumbando en mis oídos. Quería salir corriendo, quería gritar, quería tantas cosas, pero no podía hacer ninguna porque estaba paralizado.
Dos personas se me acercaron y lo único que escuché fue un zumbido acompañado por mis latidos que se volvían cada vez más fuertes. No sé cómo logré entender que me estaban preguntando si necesitaba ayuda. Moví la cabeza y retrocedí varios pasos hasta tropezar con algo o alguien… Luego de eso todo es más borroso.
Estaba sentado en un vehículo, y luego hay un espacio en blanco. Observé mis manos temblar, y hay otro espacio. Me faltaba el oxígeno y pensé que moriría asfixiado, me sentí aterrado y no recuerdo más hasta que estuve frente a su puerta.
Ignoro cómo salí del supermercado, si conduje o tomé un taxi y lo que ocurrió en el trayecto —exhaló.
Mi ansiedad sigue creciendo, y eso me preocupa. Ahora usted dice que también tuve un ataque de pánico y… y… —empezó a ahogarse.
—Kurt, mírame… Estás a salvo aquí, es un lugar seguro. Respira despacio… Eso es… Inhala lento y profundo.
—Tengo miedo… —confesó luego de unos minutos— me preocupa mucho… En esta ocasión me encontraba solo, pero ¿qué tal si la próxima vez que me ocurra estoy con mi hija? Podría hacer algo que la pusiera en peligro.
—Por eso es importante que asistas a las terapias.
—Es difícil para mí salir —cerró los ojos.
—Hoy lograste hacerlo.
—Y fue un desastre.
—¿Recuerdas que hablamos sobre la medicación?
—¡No! ¡No quiero eso!
—Kurt…
—Voy a ser más disciplinado con los ejercicios que me enseñó y trataré de venir, pero no voy a tomar medicina.
—A veces se necesita algo de…
—No… no. Yo-yo puedo… Yo puedo superarlo. Por e-eso estoy aquí. U-usted dijo que iba a-a ayudarme.
—Respira despacio e intenta relajarte. Claro que voy a ayudarte, pero la medicina…
—No, no, no —movió la cabeza acompañando sus palabras—. He superado muchas cosas en mi vida y puedo con esto también.
—Me gustaría que tuvieras contigo las pastillas, al menos para casos de emergencia como el de hoy.
—Eso produce efectos secundarios, y no quiero. Me aterra pensar en ello, en que mi hija me vea mal y… y… —cerró los ojos por unos segundos— Trato de estar bien por ella, de no demostrarle lo que me ocurre, pero bajo el efecto de esos fármacos voy…
—A sentirte mejor.
—¿Y cuando el efecto pase? ¿O cuando no la esté tomando? Ya estuve investigando y… —negó con la cabeza.
—Tus manos están temblando otra vez.
—¿Podemos hablar de otra cosa?
La mujer lo observó detenidamente durante varios segundos, estudiando cada detalle.
—Sí, está bien. Pero sabes que es un tema que debemos abordar en algún momento.
Kurt exhaló y dejó la taza a un costado para empezar a frotar sus manos.
»¿De qué quieres hablar? —preguntó tras un lapso de total silencio. Al no recibir respuesta, decidió mencionar un tema del que sabía que el joven padre no se negaría a hablar— ¿Cómo está Steph?
—Hermosa… —esbozó una minúscula sonrisa— Cada día más inteligente, risueña, madura… —su rostro se tornó serio al instante— No debería ser tan madura para su edad…
Ella debería ser sólo una niña alegre, sin preocupaciones ni… —negó con vehemencia— Es mi culpa que esté envuelta en todo esto y no sé cómo repararlo ni cómo puedo devolverle su infancia.
—No entiendo a qué te refieres. Hasta donde sé, Steph es una niña sana, feliz, amada, tiene a muchas personas que se preocupan por ella y la cuidan, lleva una vida normal, va a la escuela, tiene amigos y dos padres que la adoran y procuran su bienestar en todo momento. ¿Qué es lo que debes reparar? ¿De qué forma ha perdido su infancia?
—Ha padecido tanto desde que era una bebé.
—Lo que sea que haya vivido forma parte del pasado y ella no está afectada porque sigue siendo una niña feliz.
—Yo sé que sí le ha afectado. A lo largo de su corta vida la he visto llorar, la he visto triste, la he visto anhelar cosas que no pude darle por más que me esforzara y…
—Todos los infantes pasan por esos momentos, es parte de su crecimiento. En cuanto a lo de las dificultades económicas, hiciste todo lo que estuvo a tu alcance para que no le faltara lo esencial, así que deberías estar orgulloso de ti. Tal vez no tuvo lujos, pero no le faltó algo para comer ni un techo.
La conversación prosiguió unos minutos y la angustia de Kurt se fue transformando en enojo.
—Pero Steph sufrió mucho por la ausencia de Blaine, y que la relación entre ellos volviera a fluir no fue fácil.
—Es lógico que tomara algo de tiempo, sin embargo, están bien en la actualidad y todo entre ellos es igual o mejor que antes. Tienen un lazo muy fuerte y ella no le reprocha nada, al contrario, está feliz de tenerlo a su lado.
—¿Cómo puede saber esas cosas?
—He visto los dibujos que Blaine ha traído y…
—Perdón, ¿qué dibujos?
—Durante las sesiones, Blaine también me manifestó su preocupación por Steph, así que en una de ellas le pedí que la hiciera realizar ciertos dibujos para poder analizarlos.
—Jamás lo ha mencionado.
—Es complicado que te cuente algo si te esmeras en alejarlo.
—Él le dijo que… —bajó la mirada y frunció— No debió, esas cosas son privadas.
—Si no lo habla conmigo que soy su terapeuta, ¿entonces con quién?
Kurt exhaló con pesadez y miró hacia un costado. Hacer contacto visual con la mujer le resultaba complicado en ese momento.
—¿Esos dibujos que muestran?
—Que tienes una hija inteligente, feliz, curiosa, intuitiva, amable, cariñosa, con un enorme corazón y un gran sentido de la igualdad y el respeto.
Deberías estar tranquilo y sentirte orgulloso tanto de ella como del trabajo que tú y Blaine hacen como padres.
—Estoy muy orgulloso de Steph, pero…
—Tu niña está bien.
—Está inquieta por mi causa, y eso también deben reflejarlo sus dibujos.
Ella se ha dado cuenta de que algo me pasa y de los problemas que tengo con Blaine, y no es correcto porque no debería conocer la angustia o la preocupación.
Yo, a su edad estaba dedicado a jugar, a divertirme con mis amigos, a ser un niño cuya única responsabilidad era estudiar.
—Steph tampoco tiene otra responsabilidad que no sea esa.
—Pero vive preocupada, eso lo sé, aunque usted lo niegue.
Yo tuve una niñez maravillosa, una vida perfecta en la que no conocí el dolor ni nada que fuera negativo, y quiero que sea así para ella. Estoy consciente de que el pasado no lo puedo cambiar, pero sí puedo elegir el modo en el que quiero que su vida continúe.
—Entiendo que como padre quieras lo mejor para tu hija, pero hay cosas que no se pueden evitar porque ella no vive en una burbuja.
—Puedo decir que viví en una durante gran parte de mi existencia, y fue grandioso.
—¿Y qué pasó cuando explotó? Porque si algo ocurre con las burbujas es que no duran para siempre.
Kurt la miró estupefacto sin saber cómo responder.
Durante los siguientes minutos intentó escuchar atento lo que la mujer planteaba, pero por momentos sus pensamientos lo llevaban a otros lugares. Inesperadamente algo de lo que ella mencionó llamó por completo su atención.
—Creo que no entendí bien.
—¿Qué cosa?
—Que Blaine viene a las sesiones en pareja.
—Oh, sí. Lo hace.
—¿Por qué? No tiene lógica que asista solo.
—Fui yo quien se lo recomendó, y él estuvo de acuerdo.
—¿Entonces ya no viene a sus sesiones personales?
—Claro que lo hace. En ellas sigue trabajando en su crecimiento, sus problemas, temores y todo lo que se refiere a él, pero como quería abordar otros puntos, le hice la sugerencia.
—¿Qué otros temas tratan en esas sesiones?
—Tú y Steph principalmente.
—Supongo que no me puede contar lo que él le dice.
—Eso es correcto. Lo que sí te puedo decir es que Blaine busca la forma de entender lo que te ocurre y apoyarte, así como ser un buen padre para Steph y…
Kurt inclinó la cabeza durante unos segundos intentando asimilar todo lo que escuchaba.
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Hummel entró a su casa con un suspiro y observó con atención a su alrededor tras cerrar la puerta. Todo estaba oscuro debido a la hora, excepto por una luz que había sido dejada encendida para evitar que tropezara.
Blaine siempre tenía esos pequeños detalles.
En su mente resonó lo ocurrido durante su terapia, la cual se extendió más de lo imaginado gracias a que la doctora le cedió su hora del almuerzo para seguir hablando.
También estaba presente la conversación con Mercedes, con quien estuvo durante el resto del día.
Sin saber por qué, se dirigió hacia el patio y una vez ahí caminó hasta detenerse al pie de la piscina, elevó la mirada hacia el cielo despejado que contrastaba con sus ojos nublados, y su labio inferior comenzó a temblar.
"Cuánto te extraño, Vane" —sollozó—. "Soy un completo desastre" —se limpió las lágrimas que rodaron por sus mejillas—. "Si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías?"
Tras varios segundos, cerró los ojos y extendió los brazos hacia los lados, dejándose caer. Su cuerpo impactó contra el agua fría y se fue sumergiendo sin que hiciera nada por evitarlo.
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Blaine observó el reloj. Las once y no tenía nada de sueño. Iba a ser una noche muy larga. Saber que Kurt dormiría en casa de Mercedes no lo tranquilizaba.
Cuando llegó con Steph y no vio el auto de su esposo, se sorprendió. Le alegró que este hubiera salido, ese era un gran paso, pero su alegría duró poco. Al entrar a la cocina encontró ollas, utensilios y varios alimentos encima de los mesones, lo que significaba que Kurt estuvo a punto de cocinar cuando se fue. Por lógica pensó que había salido de compras, sin embargo, a esa hora ya debería haber regresado, a menos que hubiera ocurrido algo.
Intentó localizarlo, pero este nunca le respondió, y su preocupación siguió creciendo.
No fue sino un par de horas después que Mercedes lo llamó para decirle que Kurt estaba con ella. Un cierto alivio lo invadió hasta que la escuchó mencionar que él no regresaría a dormir. Eso no podía ser bueno bajo ningún concepto porque este jamás haría algo así. Tal vez las cosas entre ellos no estaban bien, pero nunca dejaría a Steph de esa forma.
Un ligero ruido lo alertó y se levantó para revisar. Supervisó el corredor, la habitación de la niña, e incluso se asomó por la ventana que daba al patio, pero no vio nada. Tal vez había sido algún ave nocturna así que retomó lo que había estado haciendo.
Kurt subió con cuidado las escaleras y avanzó a paso lento hasta llegar al corredor que llevaba a las habitaciones. Vio una luz encendida y suspiró porque no esperaba que su cónyuge estuviera despierto. Por un instante decidió dar la vuelta, pero la voz de Mercedes hizo eco en su interior.
"Hay personas que te sueltan cuando las cosas se ponen difíciles, ya sea porque no quieren involucrarse o porque no saben cómo ayudarte, así que abren las manos y te dejan caer. Pero Blaine no es de esos. A pesar de todo lo que ha ocurrido, no te ha soltado nunca, al contrario, te sostiene con fuerza".
Frotó sus brazos y exhaló antes de recorrer el último tramo y se acercó sigiloso al marco de la puerta.
Sentado en su lado de la cama se encontraba Blaine sosteniendo un libro en una mano y un vaso con whisky en la otra.
Hummel hizo una mueca ante la idea de que su esposo estuviera bebiendo a esa hora y permaneció en silencio observándolo.
—¿Sigues pensando que Blaine no es la persona adecuada para ti? —preguntó la terapeuta.
—Estoy tan confundido porque mi corazón dice una cosa y mi cabeza otra.
—¿Qué siente tu corazón?
—Lo amo. Lo amo con todo mi ser y quiero que las cosas vuelvan a ser como antes.
—¿Y qué hay con tu cabeza?
—Me dice que me aleje de él. Que todos mis problemas surgieron desde que estoy a su lado.
—¿Te refieres a los problemas de los que hemos conversado en otras ocasiones?
—Sí.
—Pero esas situaciones no son su culpa. Él no las ha provocado.
—Tal vez, sin embargo, se trata de su familia y ahora también de su ex, por lo tanto, tiene que ver con él, y… —negó con la cabeza— No sé si debo seguir a su lado.
—¿Y qué hay de los Foster? ¿También es su culpa porque fue saliendo de aquí que los encontraron?
—Ah… No… Eso no tiene sentido… Esa es una situación aparte, algo que sólo pasó.
—Igual que todo lo que ha ocurrido. Son situaciones fortuitas.
—Es diferente, ya se lo he explicado.
—¿Cómo calificarías tu relación con Blaine?
—No lo sé. Teníamos contratiempos como cualquier pareja, pero siempre los superábamos y estábamos bien. Éramos felices y él era maravilloso.
—Hablas en pasado, eso quiere decir que las cosas han cambiado.
—Así es, pero usted ya lo sabe. ¿Cuál es el objetivo de todo esto?
—Comprender tu punto, así como ayudarte a esclarecer el panorama.
—¿El panorama?
—Por ejemplo, el hecho de que Blaine ha pasado por mucho y eso ha influido en su comportamiento, sin embargo, no lo convierte en una mala persona ni en alguien inadecuado para ti.
—Lo que dice tiene sentido, pero eso no me quita la confusión que siento con respecto a él o a nuestra relación.
—Entiendo, y tal vez debemos abordarlo desde otra perspectiva para poder aclarar tus dudas.
Me gustaría que respondieras unas preguntas con total sinceridad. No necesitas extenderte si no quieres, con un sí o un no es suficiente, lo importante es que lo hagas cien por ciento desde tu parte lógica.
—Bien.
—¿Blaine te respeta como persona y como pareja? ¿Está atento a tus necesidades? ¿Permanece a tu lado cuando las cosas se vuelven difíciles? ¿Respeta tus límites? ¿Te demuestra afecto sin que se lo pidas? ¿Tiene disposición para resolver los desacuerdos o problemas que se presentan?
Las preguntas continuaron, y la respuesta fue siempre un sí. Sin importar cuánto las analizó, resultó imposible contestar de otra manera. Hacerlo hubiera sido mentir.
Kurt exhaló con fuerza al sentir que se ahogaba.
La respiración irregular y temblorosa hizo que Blaine volteara asustado. Sus ojos se abrieron enormes ante la imagen frente a él y dejó las cosas a un lado para correr hacia la puerta.
—Dios mío, Kurt, ¿qué te ocurrió? ¿Por qué estás empapado?
—¿P-pue-do pa-pasar?
—Claro que puedes. ¿Qué clase de pregunta es esa? Es nuestra recámara.
Hummel lo miró por un instante antes de poner un pie dentro. Tal vez Blaine no lo veía igual, pero para él no era correcto entrar así nomás cuando tenía dos semanas de haberse mudado a una de las habitaciones para invitados.
»Voy por unas toallas —corrió en dirección del baño.
—¿P-puedes t-tra-er la s-silla? Ne-necesi-to se-sent-tar-me.
—Aquí está la cama —colocó una toalla sobre los hombros de su pareja y con la otra empezó a secarlo, frotando vigorosamente.
—V-voy a mo-mojar-la.
—Eso no importa —frotó un poco más antes de poner la mano en su espalda y guiarlo—. Te traeré un té caliente —aventó las toallas al suelo y lo envolvió con otras secas.
—No —se sentó y se aferró a la toalla más grande.
—No demoro, sólo voy…
—N-no te v-va-yas —lo sujetó de la mano para impedir que avanzara.
—Estás temblando.
—P-por f-fa-vor.
Aquella mirada suplicante lo hizo desistir.
—Está bien. Voy a encender la calefacción, ¿sí?
Kurt asintió y lo soltó para que pudiera buscar el control remoto.
—Te-tene-mos q-que ha-ha-blar.
—Deberías cambiarte primero. Te vas a enfermar.
Kurt inclinó la cabeza hacia un costado y varias lágrimas rodaron por su rostro confundiéndose entre las gotas de agua que escurrían de su cabello.
—P-per-dó-n-name.
—¿Qué?
—P-per-dón.
—No entiendo a qué te refieres… —lo observó dubitativo— ¿Estás llorando? —se sentó junto a él y lo tomó de las manos— ¿Qué tienes?
—S-soy un es-espo-so ho-horri-ble.
Kurt no estaba seguro de si temblaba por el frío o por la angustia que sentía. Tal vez una combinación de ambas, pero le resultaba casi imposible hablar y empezó a desesperarse, lo cual no pasó desapercibido por Blaine.
—Realmente necesitas cambiarte —comenzó a frotarle los brazos—. La calefacción ayuda un poco, pero mientras sigas con esa ropa mojada el frío no va a pasar.
—T-tene-mos que ha-habl-ar.
—Seguro, pero en ese estado no es posible. Necesitas darte un baño caliente.
El de ojos claros asintió. Sabía que era cierto porque debía esforzarse mucho para articular cada palabra, y así no podrían tener ningún tipo de conversación.
»Ven, con cuidado —lo tomó del brazo para que se levantara y caminaron juntos hasta el baño—. Quítate esa ropa —se dirigió a la ducha y empezó a graduar la temperatura del agua.
Kurt dejó caer las toallas y empezó a abrir su camisa, pero el temblor de las manos dificultaba su tarea.
»¿Necesitas ayuda? —preguntó Blaine con recelo pues no quería hacerlo sentir incómodo o ser invasivo. Al recibir un asentimiento de cabeza, se acercó y empezó a desabrocharle los botones. Una vez que todas las prendas fueron retiradas, lo ayudó a entrar en la ducha.
»Si necesitas algo, avísame. Voy a poner esto en el cesto.
En tanto su esposo se bañaba, Anderson aprovechó para recoger lo que estaba en el suelo y cambiar el cobertor y la sábana.
—Blainee…
—Sí, dime —entró presuroso.
—No hay toallas.
—Oh, sí. Son las que te llevé antes. Ya traigo otras.
Kurt volvió a abrir la llave y se colocó bajo el caliente rocío abrazándose a sí mismo mientras esperaba.
Un súbito escalofrío lo atravesó cuando otro grupo de preguntas que le realizó la especialista volvió a su mente, tal vez porque fueron las que más lo impactaron.
—¿Te hace sentir inseguro o inferior? ¿Le resta importancia a tus emociones y sentimientos? ¿Te impide expresarte con libertad?
Con cada una frunció más el ceño y respondió con un "no" rotundo.
»¿Utiliza tus miedos, angustias, fobias, defectos o cualquier cosa que sabe que te afecta para atacarte, reducir tu confianza o hacerte sentir mal?
—¡Jamás! —argumentó horrorizado— Al contrario, él me ha ayudado a superar pensamientos negativos, temores, dudas, y me ha motivado y validado en todo momento.
—¿Cuando tienen alguna discusión menciona o hace hincapié a cualquier situación o error del pasado?
—¿A qué se refiere exactamente?
—Por ejemplo, que te diga que eres el responsable de que siempre ocurra tal cosa, que en cierta ocasión hiciste o dijiste algo que causó un problema, o que por culpa de tal error que cometiste fue que…
—¡Oh! ¡No! ¡No! —interrumpió— Nunca lo ha hecho… —su rostro se torció repentinamente en un gesto.
—¿Recordaste algo en particular?
—Me acabo de dar cuenta de que soy yo quien lo hace.
—¿Qué es lo que haces?
—Cada vez que me siento agobiado o fuera de control, menciono el hecho de que desapareciera de nuestras vidas por tanto tiempo.
No parece sorprendida —dijo al notar que la mujer sólo asintió y escribió algo.
—También lo haces durante nuestras pláticas.
—¿Qué cosa?
—Mencionar ese tema. De algún modo todo termina siempre en el tiempo que Blaine se ausentó.
—No me había dado cuenta.
—Tienes un sentimiento muy fuerte hacia ese acontecimiento y…
Esta vez escuchó con total atención lo que la mujer dijo.
—Entiendo por qué se alejó, él me lo explicó, y aunque no conozco su dolor, puedo imaginarlo. La sola idea de perder a Steph es desgarradora.
—Tal vez entiendes sus razones, pero mantienes ese sentimiento debido a los acontecimientos ocurridos cuando estuvo lejos.
—¿Es eso posible?
—Según lo que me has dicho, parece que le reprochas el haberse ido, pero no por la ausencia en sí sino por no haber estado a tu lado cuando tuviste que enfrentar todas esas situaciones. Y eso justamente es lo que te lleva a actuar con él de la forma en la que lo estás haciendo.
—Guau… Nunca había pensado en ello. ¿Y cómo puedo tener más claridad?
—Lo trabajaremos en las sesiones.
—¿Cómo?
—El primer paso es reconocer que, aunque esas cosas sucedieron durante su ausencia, él no es responsable por ellas.
—¿Kurt?
Hummel sintió unos brazos sosteniéndolo y miró hacia un costado, encontrando a su esposo todo mojado dentro de la ducha.
—¿Qué… qué p-pasó?
—Cuando regresé te encontré llorando y luchando por mantenerte en pie, pero tu cuerpo se desvanecía.
Kurt lo miró a los ojos, tenía mucho tiempo de no hacerlo, y no le gustó ver toda esa tristeza y preocupación en ellos.
Había tanto que quería decir, pero su garganta estaba cerrada. Fue entonces que se dio cuenta de la forma en la que estaba llorando. Su pecho comenzó a doler y su respiración se volvió errática.
Odiaba sentirse así, y lo peor era que no recordaba ninguno de los ejercicios ni las técnicas para relajarse. Blaine no tardó en realizar uno de ellos, y él intentó poner su mente en blanco así que cerró los ojos y se dejó guiar.
Lo siguiente que vio fue a su esposo destilando de pies a cabeza. Su ropa escurría, pero estaba dedicado a secarlo despacio y con cuidado mientras le decía que todo iba a estar bien.
Cuando volvió a abrir los ojos estaba en la cama, bajo el cobertor caliente. Estaba seguro de que acababa de despertar por la sensación que tenía. Lentamente y entre parpadeos observó todo hasta entender que estaba en su habitación. En un costado vio a Blaine poniéndose un pijama. Eso quería decir que no había pasado mucho tiempo.
Un bostezo se hizo presente y sus ojos se cerraron por un instante. Al abrirlos, su esposo se encontraba frotándole el brazo y repitiendo "duerme tranquilo, todo está bien".
¿A qué se refería con eso? ¿Y por qué esa pesadez tan grande que sentía? ¿A caso le había inyectado algo de lo que la doctora recomendó? No se atrevería a hacerlo, ¿o sí?
Quiso preguntarle, pero el sueño lo terminó venciendo.
Cuando despertó vio a su esposo sentado en el borde de la cama. Su postura era encorvada, tenía la cabeza inclinada y no lucía nada bien. Recordó los ojos llenos de tristeza que vio en la ducha y un sollozo casi mudo salió de sus labios.
La doctora le había explicado que Blaine atravesó por un cuadro depresivo agudo y que todavía estaba luchando contra los vestigios. Sintió una opresión en el pecho al pensar que él con su comportamiento no ayudaba, al contrario, le hacía todo más difícil.
—B… Bla… Blaine… —logró decir luego de esforzarse, pero estaba consciente de lo baja que sonó su voz— Blaineee…
—¿Sí? Dime —se acercó de inmediato— ¿Qué necesitas?
—Acuéstate.
—Está bien así. Descansa.
Kurt sacó el brazo de debajo del cobertor y lo extendió. Con sutileza le acarició el rostro con la punta de los dedos.
—Ven… por favor.
Blaine lo miró dubitativo y luego asintió. Lentamente se acostó guardando cierta distancia.
—¿Por qué no te acercas?
—No quiero incomodarte.
Kurt bajó la mirada sintiendo una sensación nada agradable atravesarlo. No podía culparlo, no esta vez, no por eso cuando él lo había causado al alejarlo continuamente.
Al sentir que rompería en llanto, cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes. No quería desarmarse nuevamente.
Se sorprendió al sentir los dedos de su esposo… ¿secándole las lágrimas? ¿En qué momento estas lograron escapar? ¿Y qué era lo que este le susurraba?
—Eso no te hace bien.
Kurt abrió los ojos y negó con la cabeza, apretando con más fuerza los dientes.
—Lo siento tanto —sollozó haciendo su mayor esfuerzo.
El empresario se puso de lado y le secó las nuevas lágrimas que brotaron.
—Lo sé —dijo tomándolo de la mano.
Hummel exhaló con fuerza ante el contacto y cerró los dedos para sujetarlo.
—¿Todavía me amas?
—Claro que sí.
El que su pareja respondiera de forma rápida y sin dudar, hizo que exhalara con fuerza, pero esta vez con un sollozo incluido.
—Debemos hablar.
—Después.
—Es importante.
—También es importante que te relajes y duermas un poco. Cuando regrese de dejar a Steph tendremos todo el día para hablar con calma. Ahora vamos a descansar, nos hace falta.
—Está bien —ajustó más el agarre de la mano—. Te amo… Tal vez no te lo he demostrado últimamente, pero lo hago. Te amo.
Blaine asintió y cerró los ojos, acercándose un poco.
Kurt también cerró los ojos. Sabía que ambos estaban heridos de diferentes maneras y lo habían tratado de cubrir, pero las heridas no pueden taparse sin haberlas curado primero porque corren el riesgo de infectarse.
Las preguntas que le realizó la terapeuta corrieron veloces por su mente una vez más. Cada una de las respuestas las analizó después con Mercedes, y ambas mujeres tenían razón. Blaine no era el problema. Era una buena persona, un excelente esposo en realidad, y también un padre excepcional.
Un nudo se formó en su garganta y fue descendiendo con fuerza hasta llegar a su estómago. Ya habían pasado por eso antes. Él se aislaba, lo alejaba y… —exhaló con fuerza al confirmarlo— Quien estaba causando todos los estragos en la relación era él.
—¿Entonces qué debo hacer? —le preguntó angustiado a la terapeuta.
—No puedo responder eso por ti, ni nadie más puede. Al final es tu decisión.
