Kai no podía conciliar el sueño, estaba comprometido con Rina y sabía que lo que sentía por ella no era simple amistad; solían hablar todos los días por mensaje y las veces que lograban tener un espacio en sus apretadas agendas laborales lo aprovechaban para salir a cenar o ir a pasear, ya que Rina deseaba conocer Tokio, y todos esos lugares de los que él le había platicado en la abadía.
Esas salidas y lindos momentos, en los que reía como en mucho tiempo atrás no lo hacía, fueron los que lo llevaron a su situación actual; se sentía como un tonto al no percatarse que había personas espiando sus salidas, que les había fotografiado juntos, eran simples amigos, pero la prensa del corazón pronto empezó a publicar notas sobre una "supuesta" relación amorosa entre ambos herederos. Pronto los chismes de pasillo en sus empresas y en otras no se hicieron esperar, se decía que el peli azul tenía fama de playboy y que debido a la crisis de su empresa buscaba conquistar a la chica, con la finalidad de salir de su mala racha.
Hartos de los chismes, Voltaire Hiwatari y Robert Engers se reunieron en secreto, debían de poner punto final a la situación y la mejor forma de hacerlo era dar un anuncio que permitiera dejar a sus nietos, familia y empresas bien parados, así que la mejor solución que encontraron fue que debían de casarse, todos saldrían ganando; ellos como socios empresariales, no quedarían como una burla ante la prensa, ya que aceptarían que las salidas eran parte de la relación "amorosa" de sus nietos, quiénes serían los más beneficiados en su decisión, porque ambos patriarcas sabían perfectamente que tenían sentimientos el uno por el otro, pero eran incapaces de reconocerlos... y para comprobarlo cada uno por su lado informó la acción a tomar, en la que ambos jóvenes aceptaron sin poner ningún pero, al final lograrían lo que muy pocos en las altas esferas sociales podían, tener un matrimonio arreglado donde ambos involucrados así lo quisieran.
Ignorante a todo esto, el joven Hiwatari pasaba noches de insomnio, cada día que avanzaba lo acercaba al día de su boda; a una que añoraba, pero al mismo tiempo no deseaba, ya que el temor de que su futura esposa no sintiera nada por él, lo volvía loco. Habían asistido a diferentes eventos sociales y empresariales después de que se hiciera público su compromiso, lo único que hacían era incrementar la incomodidad, ya que siempre les preguntaban por cómo había sido la pedida de matrimonio y detalles sobre su relación, previendo esta situación se habían tenido que sentar a conversar e idear juntos una historia que fuese convincente sobre todo eso que les preguntaban, sin llegar a rayar en lo cursi, pero tampoco que pareciese frívolo.
Entre sus ocupaciones como futuro matrimonio y representantes de sus empresas, asistirían a un cóctel en la Asociación de empresarios, que cómo todos los eventos que hacían en el lugar solían ser de recaudación de fondos para alguna fundación y esta vez no era la excepción. Tenían que disimular ante todos los presentes que la relación de amistad pasaba por una mala racha y que la tensión era parte de esta; habían saludado a muchos de los asistentes en pareja, sin embargo, poco a poco se fueron separando entre la multitud con el pretexto de que debía de atender asuntos referentes a sus empresas y que no involucraban al otro.
Rina había terminado de charlar con un grupo de empresarios jóvenes que parecían muy interesados en invertir en la Bladecorporation, sentía la garganta cerca y buscaba a un mesero que pudiera proporcionarle algo de beber, cuando de pronto chocó con alguien
- Lo siento- se disculpó, mayor fue su sorpresa al descubrir con quién se había topado, era ni más ni menos que Ken Watanabe; el tipo que la había estado acosando días después de conocerse, le había enviado flores y regalos caros que devolvió, hasta había tenido la osadía de irla a buscar a su oficina para invitarla a salir; a lo que ella siempre rechazaba excusándose que tenía una agenda muy ocupada.
- Pero, mira, es más ni menos que la futura señora Hiwatari - artículo el hombre frente a ella, con enorme ironía - Quizás si me hubiese sabido que tu mano estaba en venta, me hubiera ahorrado tantos desaires y ahora sería mi prometida - dejó escapar venenosamente.
Deseaba darle un buen golpe al tipo, pero no podía hacerlo, no enfrente de gente tan importante, lo única forma de defenderse era devolver el "golpe" -Mi mano nunca estuvo en venta; Kai no tuvo que recurrir a algo tan bajo como comprar una esposa, ¿o acaso es la única forma en la que puedes conseguir una pareja? - lo interrogó de manera seria.
Watanabe ardía en furia, no podía creer que esa mujer dijera que era inferior que Kai Hiwatari, a quién siempre odió y consideró un pobre diablo con suerte; ahora su "noviecita" lo humillaba, y ambos lo pagarían. Sabía que el chico rebelde estaba locamente enamorado de la castaña y que la mejor manera de destruirlo era rompiendo la relación, pero no de cualquier forma, Hiwatari debería sentirse traicionado y exhibido como un cornudo, para ello había contratado a un paparazzi que haría el trabajo sucio y que él sólo se vería como una víctima de la prensa.
-Si no tienes más que decir, me retiro, buenas noches- le dijo la chica Engers, tomando camino hacia la terraza del recinto, justo como él lo quería, le había tomado un tiempo observar y darse cuenta de que aquella mujer tenía la manía de salir a la terraza cuando se sentía ofuscada en eso eventos; así que este era el momento de accionar su plan.
Estaba a punto de ir tras los pasos de la chica, cuando una voz que odiaba lo sacó de sus pensamientos - ¿A dónde crees que vas, Watanabe-
-Voy a encontrarme con tu linda novia - soltó sin reparo – desea charlar a SOLAS conmigo –recalcando esta última parte de la oración de forma burlona.
-No lo creo, Rina no te soporta- le contestó de forma segura
-Eso es lo que ha hecho creer Hiwatari, pero casi me suplicó que tuviéramos una charla a solas- dijo de forma orgullosa y con un ligero tinte de burla.
Kai solo apretó los puños y le enfrento –No te creo nada, eres una serpiente. Así que si me disculpas iré a ver a mi PROMETIDA-
No era lo que había planeado en lo absoluto, pero al menos había logrado sembrar la discordia, y conociendo al orgulloso de su "rival", este iría a reclamar y los "enamorados" tendrían una discusión, que a la brevedad sería de conocimiento público, rompiendo con el encantador cuento que habían creado a su alrededor. Lo mejor era volver a la fiesta y pasar desapercibido, por si atrapaban a su cómplice, o se viera involucrado.
Rina tenía la costumbre de salir a las terrazas o balcones a tomar el aire cuando se sentía ofuscada o molesta, esta no era la excepción; por suerte se encontraban en plena primavera y el clima era muy agradable para estar al exterior, estaba recargada en el barandal que le permitía admirar la maravillosa vista de la ciudad, cuando de pronto oyó una voz llamarla, con un tono que casi rayaba en un grito.
- ¡Rina!, ¿qué haces aquí? - le increpó su prometido, mientras se acercaba a ella, para quedar frente a frente.
- Mejor dicho, ¿tú qué haces aquí? - le interrogó con total inocencia y desconcertada de la presencia del chico en ese lugar.
Para Hiwatari esa respuesta fue como una afirmación a lo que le había dicho Watanabe, y eso hacía que le hirviera la sangre, se valentonó y le respondió -Parece ser que nos soy a QUIÉN esperabas-
- ¿De qué rayos hablas? - la chica realmente estaba confundida, no entendía de que hablaba, ¿a quién se supone que estaba esperando? ¿por qué la actitud del hombre que tenía enfrente a ella, cuando se había dedicado a distanciarse las últimas semanas? -
- Si no estabas esperando a ALGUIEN, ¿qué diablos hacías en este lugar tu sola? - estaba molesto, al borde de la desesperación, su voz se oía autoritaria, la duda lo carcomía.
- ¡El que yo esté aquí, no te incumbe! - Rina realmente se había molestado, no podía creer que Kai no la conociera lo suficiente para saber que cuando se sentía presionaba, buscaba darse un respiro; cuando trabajaban juntos, solía abrir las enormes ventanas para que el aire circulará o se asomaba por unos minutos - ¡No tengo que darte ninguna explicación, ME LARGO DE AQUÍ! - mientras emprendía su marcha hacia el salón principal. Apenas si pudo avanzar unos pasos en su intento de fuga del lugar, cuando un mano detuvo su andar, la giró y la atrajo hacia el cuerpo de su prometido; quién la besó intensamente.
