El frío surco lento entre la rendija abierta del ventanal, recorrió la habitación e impactó con avidez el cuerpo del castaño, quien despertó con un leve tiritar, viéndose rodeado por los firmes brazos de Iori. Este todavía yacía profundamente dormido, su respiración fuerte y limpia contrastaba con la blancura de su piel.
Se sentó aperezadamente mientras el brazo de Yagami se deslizó inconsciente hasta su regazo. Extrañado, espabiló algo aturdido, llevaba mucho tiempo sin sentir la sensación de frío. Incluso el calor lacerante que arrebujaba debajo del fluctuar pasivo de su fuego, se había atenuado a la calidez de una vela. Apreció los leves copos derretidos que se habían filtrado por el delgado espacio dejado en la ventana. La luz a pesar del tono mortecino del cielo encapotado, estaba intensa.
Recordó los últimos instantes de la noche anterior. Como solo ciñeron sus cuerpos tras regresar a la cama y cayeron presas de un agradable sopor. Miró el torso desnudo de Iori y reconoció en ese instante que esa cosa dentro de él había estado absorbiendo su energía Kusanagi durante toda la noche.
Observó el celular con un resoplido. Ya había pasado más de medio día. Extendió la mano, inclinándose sobre el pelirrojo y le apartó el cabello revuelto del rostro. Este frunció el ceño por la intromisión y extendió el otro brazo atrayendo a Kyo e inmovilizando su cadera sobre la cama.
— Vamos Yagami. No podemos quedarnos aquí todo el día. —apuntó el castaño recostándose sobre su hombro y dando un suspiro corto—. Hoy es el día de la infiltración.
Iori gruñó con desgana y Kyo le dió un beso algo brusco de buenos días y sin mediar más palabras se levantó.
Compartieron en silencio algo de comida preparada por los hombres Kagura, y tras terminar de alimentarse Mahime pidió a estos retirar los despojos ya empacados del ritual y dirigió a ambos jóvenes hacia el salón principal. La ausencia de Mai y Benimaru se hizo evidente con cada alargada nota de silencio en la casa.
Salvo por los tintes oscuros de los vidrios y las quemaduras en el piso, todo parecía muy limpio y ubicado en su posición original. La mujer vertió algo de té ya tibio al lado de unas delicadas galletas soba boro restantes.
— Supongo que tienen preguntas. — Acotó con delicada elegancia. Kyo gruñó decidido a comenzar esa conservación.
— ¿Qué fue todo lo que pasó anoche? ¿Qué le está haciendo esa cosa a Iori? …maldición todavía sigo sin entender qué podemos esperar de eso. Es algo malo, algo bueno…que demonios implica. — indagó Kyo con más dudas en la punta de la lengua, pero la mujer asintió y evitó que siguiera cavilando.
— Sé concisa Kagura. — Apuntó Iori justo antes de que esta hablara.
— Como ya les había dicho, Ankoku es un poderoso espíritu de la naturaleza con una función reguladora. No tiene ningún lineamiento. El sufrimiento es solo una parte natural de la vida. Y él solo un ente natural del equilibrio terrenal. —Bebió un corto sorbo de té como de costumbre, con parsimonia, y depositó la taza delicadamente en la mesa—. Ankoku tiene la capacidad de conectar con el corazón de todo ser vivo y buscar su mayor vulnerabilidad para alimentarse. Eso lo hace un ente territorial, no una consciencia única. Su esencia se expande tan naturalmente como respirar y conecta espiritualmente casi con todo en su entorno. O eso era en un inicio, antes de ser usado y corrompido por nuestros antepasados…
Iori recordó como casi perdió la cabeza en la multitud de esencias a su alrededor. La miríada de voces y sensaciones. No era la primera vez que sincronizaba con el sufrimiento de otros a través de esa criatura, pero en esa ocasión, confrontar una infinidad de mentes al unísono era algo muy diferente. Majime lo observó con agudeza.
— Iori Yagami. Debes mantener lejos de ti esa percepción territorial. Un ser humano es incapaz de concebir algo así sin perderse. Podría destruir tu mente. —Kyo empuño las manos mirando de soslayo al pelirrojo que solo cerró los ojos con calma y asintió—. Debes enfocar tu mente solo en la esencia que altera el fuego. Aquello que sí puedes controlar. — acotó la mujer.
— Primero decías que no lo intentara y ahora aseguras que es justo lo que debes hacer…cuáles son esas supuestas ventajas que implica esa esencia dentro de su cuerpo. — Indago Kyo de nuevo.
— Debería darle inmunidad a la anulación del fuego de los Bihksu, y debería permitirle confrontar el gran poder otorgado a Takeshi, ya que provienen de la misma fuente; así este tenga un vínculo directo y privilegiado con el Yokai. —miró fijamente a Iori—. Dada la limitante naturaleza de la carne mortal, no deberías permitir que se manifieste durante mucho tiempo. Mantener un foco que te tenga anclado a la realidad es primordial para no perder tu consciencia en otra especie de disturbio, plenamente desconocido para todos. — Puntualizó la mujer observando a uno y otro. Sonriendo ante el contraste frívolo de Iori con la tensión evidente en el castaño.
Se levantó de la silla con una pequeña bolsa de tela clara en las manos y la posó delicadamente en las manos de Kyo.
— Me tomé la libertad de concentrar lo que quedaba de mis perlas kori no, para ti. —deslizó la bolsa y vació sobre su palma el contenido de un pequeño entramado de perlas fusionado en una sola esfera agrietada, de tacto tan frío, que sorprendió al castaño. Era como tocar la nieve meses atrás, cuando no tenía ninguna herida espiritual—. Como ya te lo he dicho antes. No debes por nada del mundo, Kyo Kusanagi, confrontar a nuestros enemigos sin usar la reliquia de tu familia. — Puntualizó con severidad.
El castaño empuño la esfera, que se sentía como hielo en sus manos.
— Si la necesitas, debes perforar la coraza y absorber su esencia dentro de ti. —indicó la mujer haciendo un leve ademán hacia el rostro—. Pero ten en cuenta que su alivio será temporal. Si vuelves a desgarrar tu cuerpo con la energía Kusanagi tras eso, no tendrás otra oportunidad. — apuntó levantándose y desarrugando con elegancia la tela de su falda. Apreciando curiosa como los papeles entre ellos se invertían. Ahora Kyo asentía con aire distraído mirando las perlas, mientras Iori lo observaba de soslayo con rigidez en el rostro.
— Supongo que ya finalizaron las preparaciones y cuidados. — acotó Iori con tono fastidiado tras tantos días de quietud.
— Aunque mi trabajo ha terminado por el momento joven Yagami. Le recomendaría que descanse una noche más y asimile parte de esa nueva esencia que comparte su cuerpo. Por lo menos antes de incursionar en alguna actividad que implique el uso del fuego.
— Lo hará. — dijo Kyo con tono determinante y se levantó a su vez con una sonrisa retadora. Esto provocó un leve suspiro exasperado en el pelirrojo. Pero no contrarió aquella afirmación.
La mujer asintió con condescendencia y tras expresar que estaría ocupando algunos asuntos de los clanes, partió con los monjes.
Después de la despedida y la partida de los miembros Kagura, Iori se dejó caer pesadamente en el sofá.
— Contacta a Bogard. Debemos saber que sucederá en ese lugar y que información logran recaudar de Takeshi. — Apuntó Iori recostando la cabeza en el espaldar del sillón y mirando al techo. Ya tendría tiempo de sobra para rasgar sus entrañas reconociendo al Yokai. Necesitaba averiguar la ubicación de ese bastardo, era imposible que después de tanto tiempo siguieran sin conocerla.
— Es justo lo que estaba haciendo. —apuntó Kyo sentándose en el espaldar del sillón empujando levemente a Iori—. Y tú también puedes contactarlo si te interesa. — Refunfuñó marcando el número de Benimaru, ya que el de Terry solo iba al buzón de mensajes. Iori bufó divertido con aparente desinterés.
Tras Kyo cruzar un par de palabras rápidas con Benimaru, colgó y ambos hombres tomaron sus respectivos abrigos y salieron al encuentro en el Illusion Bar.
El recorrido fue lento a pesar de que la moto cruzó a cierta velocidad por varias de las concurridas calles de la ciudad. Aunque habían constantes cambios en las lecturas climáticas, y las barredoras de nieve habían comenzado a dar rondas de limpieza, la gente no parecía preocuparse mucho por ello y las calles abarrotadas le impedían a Kyo saltarse semáforos.
Subieron por el ascensor del bar en un silencio extraño. Yagami recostado en el fondo del muro, parecía sumido en sus pensamientos mientras leves copos de nieve se derretían en el cuero de sus hombros. Kyo se acercó y le dio un pequeño empujón con el hombro al recostarse a su lado. Este lo miró con cierto desdén y Kyo le sonrió con un gesto de se que estás pensando. Iori susurro un "no lo sabes" con calma, desviando la mirada.
— Y pensé que ya habías aprendido a ser más jovial. — Acotó Kyo divertido por el repentino semblante serio de Iori. Ya reconocía su forma casual de abordar reuniones grupales, adoptando siempre una actitud más rígida y poco accesible. Deslizó la mano organizando la solapa algo torcida de su gabardina.
— No te mal acostumbres. — Habló Iori en tono frío, contrastando con una sonrisa maliciosa ante el acercamiento intencional del castaño, siendo esta respondida por otra igual. Atrajo a Kyo hasta ceñirlo y este lo beso con lentitud. Pero sólo tras un instante de cerrar las palabras en un beso, el ascensor dio su parada y la luz del bar los baño en tonos dorados.
Kyo se relamió los labios y se apartó con un gesto silencioso de "Oh, que lastima" y Iori gruño nuevamente pero lo soltó y ambos ingresaron al lobby.
El bar, que ostentaba una nueva y lujosa iluminación, estaba totalmente vacío salvo por Mai y Benimaru que parecían observar algo en una tablet sobre la barra. Y en un extremo cerca al balcón, Bogard yacía hablando con un hombre de mediana edad de apariencia bastante mestiza.
— …mantenga todos los dispositivos en esa sintonía, le avisaré cuando su hermano tenga los equipos listos para la transmisión. — Puntualizó el hombre y tras cargar un par de maletas medianas, se despidió con una leve reverencia de los jóvenes.
— Llegan justo a tiempo. — Saludó Benimaru al percatarse de su presencia. Mai parecía muy concentrada en lo que estaba leyendo y Bogard, rodeado por múltiples equipos compactos de sonido y un par de pantallas que marcaban numerosos lectores y decibeles, les hizo un gesto para que se acercaran.
Todos se posicionaron alrededor de los mecanismos, menos Mai que seguía absorta en su lectura.
Kyo se recostó en una silla y montó los pies sobre una de las mesas.
— …entonces. Cómo definieron todo esto. — Indagó el castaño despreocupado.
— Que tal si empiezas bajando los zapatos de la mesa. Pareces un pandillero. — Refunfuño Benimaru empujando uno de sus pies. Kyo recordó que Benimaru era el encargado de mantener el bar funcionando en las ausencias de King y rió haciendo caso omiso.
— ¿Qué? ¿Ahora te has vuelto una madre regañona?. — Acoto el castaño con una sonrisa divertida.
— Me he…? —hizo una pausa con dejo indignado—. Me han vuelto ustedes dos, tal vez, la única persona con sentido común en este grupo. Nunca había tenido tantos problemas como en los últimos meses desde que tocaste mi puerta con Yagami medio muerto. — agregó insidioso.
Iori bufó con descaro y Benimaru le dedicó una aún más indignada mirada. Pero cualquier represalia fue interrumpida por Mai.
— No se peleen, solo estás nervioso... —apuntó la mujer con una sonrisa dulce, sentándose en la mesa al lado de los zapatos de Kyo—. Lo encontré. — agregó para Terry girando la pantalla en su dirección.
— Esta es la empresa. Una subsidiaria de los Krauser, que ejerce en América. Es parte de un consorcio amplio y tiene recientes vínculos comerciales con Japón. — apuntó Mai entregando el dispositivo a Bogard.
— Clever Rute…— la nombró en tono bajo como para sí mismo.
— Tiene la misma subsidiaria que otra de las empresas investigadas por Mary. Y su reciente actividad económica parece estar más enfocada al sector privado del país. — apuntó la mujer cruzando las piernas sobre la mesa y bajandolas ante la mirada inquisitiva de Benimaru.
— Entonces crees que esa debe ser la fachada que están usando los seguidores de Howard…— Agregó pensativo Terry mientras Benimaru y Kyo observaban expectantes. Iori por su lado pareció tener una idea repentina, se acercó al rubió y tomó la tablet de sus manos sin mediar palabra. Este lo observó intrigado mientras Yagami analizaba el nombre, el logotipo y la información de la empresa.
— Es la misma empresa que aparece en algunos de los documentos, esa y una armamentista del mismo país... —habló inicialmente como para sí mismo—. Esta empresa estaba registrada en los movimientos del clan Yagami pocos meses antes de…— suspiró molesto y dejó la tablet en la mesa.
— ¿Qué es lo que están buscando ustedes? — preguntó Iori directamente a Bogard.
Kyo guardó un silencio especulativo ante la intervención de Iori. Pensó en los documentos que le habían entregados los Supaida en la mansión de Alexander, cuando apenas se estaban enterando de que algo sucedía. Los mismos donde aparecían sus familiares reunidos con agentes desconocidos del gobierno.
— Hay que informarle a Blue Mary que su objetivo principal debe ser esa empresa. La armamentista debe ser también parte del mismo consorcio. — agregó Mai y Terry asintió pensativo recostandose en la mesa.
— Es una historia larga Yagami, pero a grandes rasgos trata de problemas de desestabilización interna de varios lugares. Provocaciones en algunas diplomacias desde Asia del norte hasta el sur. Es una investigación que nos pidió hacer Heidern, ya que parece estar vinculada a ciertas actividades de las empresas Howard. —apuntó pensativo mirando a Iori y a Kyo—. No sé si eso pueda guardar alguna relación a lo que está sucediendo con sus clanes. Pero sospechamos que por lo menos sí debe estar muy relacionado con los cambios políticos de este gobierno. — Acotó Terry y un silencio pesado se acentuó entre todos.
La quietud de la especulación fue rota por un sonido estridente de la radio. Que tras unos segundos se acopló a los decibeles del marcador y la voz de Andy resonó parcialmente clara.
Terry respondió al llamado y en voz entrecortada, mal sintonizada, Andy le hizo entender que debía conectar ya las comunicaciones de Mary y King.
La reunión ya estaba iniciando.
Calibró el sonido hasta quedar con una señal nítida y conectó a las dos mujeres.
El sonido de fondo se vió apaciguado gracias a los programas y la voz clara de Blue Mary se escuchó por los parlantes. Estaba hablando en inglés con lo que debían ser sus acompañantes, los representantes de la empresa a la que servía de traductora.
Pasó un largo rato de inducción, recepción, entrada de los diplomáticos y empresarios al recinto. En lo cual May y Benimaru trajeron algunas sodas y conversaron extendidamente con Kyo, mientras Iori parecía muy concentrado con el dispositivo donde Mai había estado investigando. El mismo donde estaba guardando todo el registro de la información ofrecida por la red Shiranui.
Bogard terminó de organizar las conexiones guiado en una llamada por el señor Takemura.
Tras casi dos horas, la voz de King sonó fuerte y clara.
— ¿Me escuchas? — preguntó y Terry confirmó.
— Bueno aparte de todo lo que no teníamos previsto, tengo la esperanza de que eso evite cualquier posible conflicto. —habló King con eco un poco reverberante a causa de la ubicación—. Ya que la reunión se filtró y es de conocimiento público, la prensa completa está revoloteando en el exterior. Es probable que ya se hayan reunido antes y decidieran oficializar los acuerdos aquí en el palacio de Akasaka, para darle un tinte más oficial. — Apuntó mientras el sonido de vidrio chocando levemente llenaba los vacíos de su voz.
— Creo que Mary no podrá comunicarse directamente. No parece que pueda tener espacio suficiente. Así que me encargaré de buscar la forma de comunicarme yo como pueda. — Apuntó King tras lo cual se escuchó una puerta pesada abrirse, una voz masculina la llamó por el nombre de Jean y ella dió algunas indicaciones en inglés sobre mover botellas a la parte exterior.
— Clever Rute. Dile que esa es la empresa vinculada a los Howard, que tenga especial atención con esa y el consorcio que tenga con otras de ese lugar. Y tengan cuidado con ellos. — Aseveró Terry.
King asintió mezclando el asentimiento con uno hacía sus asistentes y cortó la respuesta desde su canal, dejándolos solos con la recepción de sonido sin interacción.
Terry bajó el sonido de esta y cambió al canal de Mary en el que seguía enfrascada en una conversación en inglés con sus acompañantes. Kyo y Mai no entendieron muy bien lo que decía, pero Benimaru y Terry les indicaron que parecían solo cuestiones de la empresa y el contacto que les gustaría tener con algunas de las familias influyentes.
Kyo se percató que Iori continuaba apartado cerca al ventanal de la terraza. Se denotaba serio revisando lo que sea que hubiese en la pantalla del dispositivo. Se alejó de la zona de control y se sentó frente a él.
— Que estás viendo. —preguntó directamente—. ¿Encontraste algo importante?
El pelirrojo extendió la pantalla hacia Kyo, mientras, prendió un cigarrillo y discurrió el ventanal abriéndose paso hacia el balcón. El castaño observó detenidamente sin entender mucho hasta que reconoció el nombre de Seiki Kusanagi.
En cierta parte la nota decía:
"...el influyente empresario Seiki Kusanagi medió un millonario contrato con una de las empresas extranjeras en un reconocido lobby de Seoul, siendo muy controversial dentro de las esferas tradicionales del país. Y en especial dentro de la política pacifista de Japón.
Corea del Sur se posiciona como un importante proveedor del lobby armamentista en el mundo y…"
Kyo apretó el dispositivo, tenso. El artículo llevaba casi un año desde su publicación.
— Que demonios significa esto…—habló bajo, siguiendo a Iori al exterior del balcón—. Primero Takeshi busca armar un ejército privado y ahora Seiki firmaba compra de armas para el país…que demonios tienen que ver nuestras familias con toda esa mierda política. No se supone que nuestra labor era solo mantener el sello…? — dejó la frase a medio decir y miró la tablet pensativo.
Los copos de nieve, leves, delicados y volátiles, se posaron sobre la pantalla. Y una bocanada de humo cruzó impulsada por una corriente de viento.
— Los reportes de los Supaida mencionan tratos iniciales con el gobierno. Libertades otorgadas a la familia Yagami para representar y cerrar negocios con algunas empresas extranjeras. Ciertamente cosas que no debería habernos interesado en absoluto…no con el enfoque que siempre han tenido los clanes del sello. — Asintió Iori con lentitud.
— No…no debería haber conexión alguna de nuestros clanes con esto. Pero aun así, aquí estamos. —bufó Kyo con cierto dejo escandalizado—. Como algo que no debería incumbir a los clanes del sello, parece haberle costado la vida a tantos… — acotó Kyo con voz baja sin dejar de mirar el nombre de su tío en el artículo. Uno de tantos asesinados. La condena a su padre y el preámbulo a la tragedia que caería sobre el clan Kusanagi.
— No. —cortó Iori tras otra calada profunda al cigarrillo. Tras lo cual lo hizo arder en el aire. Su fuego fue de un intenso fulgor magenta con leves vetas oscuras—. No es nuestro problema que haga el maldito gobierno con este país, ni que tan metidos en esto están algunos miembros de los clanes. Nuestro objetivo debe ser detener al hijo de puta de Takeshi y reducir a esos traidores Kagura que iniciaron con las cacerías…. — puntualizó cortante y Kyo lo observó con cierta reserva.
— Si esta reunión sirve para obtener más información sobre Takeshi. Bien. Si no, no vamos a inmiscuirnos en nada de lo que están buscando los Bogard. Ni esas mierdas políticas que está planeando este país. No me importa qué consecuencias o implicaciones tenga si matamos al maldito de Takeshi. Esta es una cuestión interna de los clanes y vamos a terminar el asunto como tal. — puntualizó mirando a Kyo, molesto por su titubeo.
— No tienes que intentar convencerme de ello. —respondió Kyo, molesto a su vez—. Nadie quiere destruir a esos malnacidos más que yo. Pero…hay algo más que no me deja tranquilo. ¿Qué condenada relación tiene Orochi en esto? Porque la tiene. ¿No? — preguntó Kyo empuñando las manos. Iori guardó silencio desviando la vista al panorama de la ciudad. Todos tenían la misma certeza pero tampoco encontraban una respuesta clara.
— Chizuru…ella lo supo antes que nosotros, que el Tenno estaba involucrado, y por eso desestabilizaron todo con su muerte. Tomar posesión del Yata los llevó a encontrarnos e intentar robar las reliquias. Pero vuelve la misma pregunta. ¿Para qué exactamente quieren las reliquias? — agregó desconcertado.
— Eso no importa ahora. —aseveró Iori—. Ya veremos cómo se las arreglaran con Takeshi muerto y sin las reliquias. En ese momento sabremos sus verdaderas intenciones.
Kyo asintió con un gruñido frustrado pero de acuerdo con Iori. Su objetivo era claro.
—Aún así, no logro quitarme de la cabeza la advertencia de Chizuru.— agregó Kyo mirando el cielo nublado que reflejaba las luces de la ciudad.
— Lo sé. —habló Iori quedamente, recordando aquel espectro pálido que le hablaba con mayor o menor claridad en aquellas visiones. Sin comprender aún cómo Chizuru parecía manifestarse por momentos como un ente consciente...guiandolos aun después de la muerte. Suspiró pensativo—. Podemos hacer lo que debemos hacer, Kyo. Con el resto lidiaremos después. — insistió Iori posando la mano en el cuello del castaño. Este le miró y sonrió con desgana, agradeciendo el tacto frío del pelirrojo.
— …cada vez se ven más cercanos…—habló Benimaru conflictuado, desviando la vista del ventanal y recostandose en uno de los sillones. Todavía asimilar esa relación que tenían le era extraño, aunque ya no difícil.—. A veces hasta se muestran despreocupados en medio de todo esto. — refunfuño queriendo pensar en otra cosa. Mai sonrió.
— Estás insoportable. Sabes que si les importa, y que tienen muchas otras cosas en qué pensar. —agregó con una sonrisa comprensiva—. Pero no te preocupes, todo saldrá bien. Y se que lograremos contactar con Kaoru también. — agregó palmeando con delicadeza su mano. El rubio suspiró poco convencido, pero sonrió.
— No se si me preocupa mas que salga algo mal en esa reunión, o que salga todo bien y esa chiquilla logre parte de lo que busca. —miró al techo nuevamente, entrecerrando los ojos por el destello intenso de los candelabros dorados—. Lo que sea que busque, tengo la certeza de que puede ser muy peligroso para ella…como una oveja entre muchos lobos…— agregó.
Mai emitió una risa leve pero mesurada.
— Yo no diría una oveja. Es una chica astuta. — agregó la mujer dándole ánimos.
"Pero idealista…" susurró Nikaido mirando el suelo y Mai asintió pensativa, entendiendo la preocupación de este.
El sonido de las voces se mezclaba en un vaivén idiomático contrastando con la pulcra interpretación del piano en el centro del salón. Mary cruzó entre los comensales distribuidos en diferentes mesas a lo largo del espléndido salón dorado.
Inicialmente le había sorprendido el cambio de ubicación al palacio Akasaka. Uno de los principales puntos de reunión gubernamental. Pensó que aquello era menos confidencial de lo que habían previsto, posiblemente ellos no eran los únicos detrás de los tratados que allí se hicieran. Caminó con calmada elegancia apreciando el elegante y exquisito porte europeo del palacio. Le generaba una divertida sensación aquello tan ajeno a la cultura japonesa, siendo la principal recepción internacional del país.
Saludó a un par de coterráneos con una reverencia de estilo japonés, como para sopesar tanta occidentalidad, pensó con una tenue sonrisa. En el centro del salón, aledaño al pianista, se encontró con sus acompañantes. Un mayordomo los guío a una de las mesas cercana a un arco que comunicaba con otra ala complementaria.
Hizo un disimulado paneo de su entorno al tomar asiento, y buscó algún tipo de distintivo en los trajes de los comensales, algo que le diera información extra entre tanta ostentación de etiqueta.
Sus ojos discurrieron disimuladamente por el salón hasta cruzar el arco y percibir no solo la otra ala, si no un poco más allá, hacia un amplio pasillo de madera más oscura. Un grupo de hombres de aspecto rígido y fría altivez cruzaron el gran pasillo que daba acceso al ala. Una mujer algo mayor de cabellos canos muy cortos, con unos particulares ojos rojos que le daban un aire dominante, caminó con el mismo porte orgulloso entre estos. Todos vestían trajes tradicionales japoneses que contrastaban con las ropas formales occidentales de sus propios asistentes y del personal del gobierno.
No era de extrañar, sabía bien que las familias más representativas de la economía japonesa solían hacer sus apariciones con aquella vestimenta. Pero ellos en particular resaltaban profusamente por la opacidad de sus telas y…la media luna plateada pulcramente bordada en las mangas.
El grupo Yagami, observó con renovada curiosidad. Hasta donde recordaba, los clanes del sello no hacían parte de las familias más influyentes en la economía del país nipón.
Analizó parcialmente a los sirvientes y percibió a dos chicas muy similares, de vestido muy pulcro y cubierto, negro, con altos tacones y ojos tan oscuros como sus cabellos. Una de ellas debía ser la chica llamada Kaoru, supuso. Aunque la similitud entre ambas le hizo dudar.
Sonrió en respuesta a una de las preguntas formuladas en su mesa y respondió con total naturalidad mientras mantenía una parcial atención en el grupo, ya había localizado a uno de los objetivos, el grupo Yagami.
Kaoru asintió con el mismo ademán de la otra asistente. Yui Yagami ordenó que solo las dos chicas y otros dos hombres que los seguían continuarán como la comitiva. El resto debía aguardar en el salón principal.
Ambas mantuvieron su posición tras la mujer, al costado de unas enormes puertas enchapadas en metal dorado. Una zona más privada de la vista del salón principal.
La chica miró a su compañera, sus rasgos, su traje, toda su apariencia era una copia exacta de la otra. Kaoru había logrado simular casi perfectamente a Masaki. Una de las nietas gemelas de Yui Yagami.
Solo alguien muy cercano a la casa de la señora Yui podría distinguir las pequeñas particularidades en los rasgos de Kaoru, y confiaba en que Takeshi no fuese uno de ellos.
A pesar de su rostro impávido y su apariencia rígida, hacía regulares respiraciones profundas que le ayudaban a calmar los nervios. Sabía que era imposible evitar un encuentro directo con Takeshi, pero confiaba que su posición y lo mediático del evento, facilitara su anonimato.
Tras unos minutos de espera un grupo de hombres de gran altura y porte extranjero cruzaron silenciosos y enfilados, acompañados por miembros del gobierno.
Pasos atrás, con un porte intimidante y elegante, vió aquel rostro rígido de mirada carmesí, ocultando parte de la cicatrizada quemadura en su rostro. Llegó acompañado de dos ancianos, uno de traje tradicional que claramente se denotaba como representante del Tenno y otro de traje ceremonial sin marca distintiva alguna, que Kaoru estaba segura que era un miembro de los llamados Bihksu.
Miró con aprehensión como tras cada paso de Takeshi, las luces aledañas en el recinto parecían menguar levemente.
Su corazón se apretó en un puño, pero mantuvo el papel porcelánico de una estatua decorativa tras la señora de la casa. Los hombres cruzaron siguiendo la comitiva del Tenno mientras el líder Yagami se rezagaba para reunirse con los suyos. Hizo una elegante reverencia a los representantes del clan, y Kaoru agradeció que ignorara totalmente la existencia de los asistentes. Ingresaron todos juntos tras los extranjeros.
Yui tuvo la precaución de tomar asiento en la silla más alejada de Takeshi dentro de la comitiva Yagami y las dos chicas desplegaron algunos documentos para la señora disponiendose a tomar nota de la reunión.
Kaoru fue testigo silencioso de la soltura con la que Takeshi planteaba sus propuestas, y el traductor las comunicaba con igual grácil seguridad. Se le hizo difícil comprender las palabras de los ejecutivos extranjeros. Pero disimuladamente anotó cada pequeño detalle e intercambio de papeles, términos y acuerdos.
Había una particular mezcla de desconcierto y tensión dentro de las cabezas del clan Yagami. Ella misma no alcanzaba a dimensionar todo el contexto de aquella conversación.
Takeshi estaba negociando más territorios Yagami al servicio de una empresa militar afiliada al gobierno americano, para montar algunas bases de investigación y desarrollo, mientras la contraparte ofrecía entrenamiento especializado más algunas cláusulas de tecnología militar.
El gobierno parecía dar una extraña potestad tanto a los extranjeros como a los Yagami de cerrar acuerdos, mientras concretaban futuras concesiones de algunos territorios que no estaba del todo segura si le pertenecían a alguien en esa reunión.
La conversación estuvo cargada de un tenso silencio, afirmativo a ratos, reticente a otros, por parte del grupo Yagami. Se alargó una hora hasta que se le pidió a todos los asistentes de todas las partes, abandonar la sala temporalmente y regresar con algunos documentos al ser llamados.
Kaoru salió de aquel lugar con una profunda desazón. Incapaz de comprender el alcance de lo que había atestiguado. Parecía una cuestión completamente ajena a los clanes, un proyecto privado patrocinado por el mismo gobierno.
Camino alejándose de las puertas y se preguntó si el interés en las reliquias sagradas sería plenamente de Takeshi, en una búsqueda por controlar todo lo relacionado a los clanes.
Aún recordaba muchas de las promesas vacías que Yui Yagami le había compartido y con las que prometió erradicar la maldición de Orochi de la sangre Yagami.
Pero ahora comprendía mejor que lo había llevado a asesinar a sus padres. Ellos siempre habían sido fieles seguidores de las tradiciones y mantenían con leal determinación la voluntad del padre de Iori. Uno de los representantes más importantes de las tradiciones Yagami.
Apretó las manos conteniendo en enojo y el dolor que le produjo ver a Takeshi, recordar a sus padres y evitó darse el espacio para pensar en Aki. Caminó con tranquila seguridad al salón principal. Si algo había denotado hasta el momento, era que las cabezas del clan Yagami se apreciaban más reticentes que a favor de aquellas negociaciones. Y aún así le molestaba que Takeshi hablara con la seguridad de quien tiene consigo la concesión de todo el clan.
Giró la vista deteniéndose un instante en el dintel del salón y observó al fondo las puertas cerradas de la reunión. Tenía la fuerte certeza de que las cabezas del clan Yagami estaban titubeando. Y no iba a desaprovechar esa brecha.
Mary observó con detenimiento a la chica parada en el arco dorado, como una sombra rodeada de oro. Bebió un trago corto de su copa y apreció como su gemela, que parecía tensa, se le acercó y la instó a seguir. Ambas caminaron a un costado del gran salón guiadas por otro mayordomo. El contraste de la leve ansiedad de la una, solo recalcaba la fría resolución de la otra.
Sonrió lamiendo sutilmente el vino de los labios. "Got her" susurro, y anunció a sus acompañantes que iría por una bebida más suave.
Kaoru cerró la carpeta de cuero, sellando los documentos con un delicado broche metálico de media luna. Había transcurrido poco menos de media hora desde la salida del punto de reunión. Su acompañante había retornado a la expresión inmutable de siempre y le indicó a la Kaoru que iría al lavado. Normalmente ese tipo de reuniones se extendían por horas, le había asegurado la chica antes de irse.
La mayoría de los asistentes Yagami estaban distribuidos entre los comensales que no estaban en sus mesas. Recaudando cualquier tipo de información útil entre los extranjeros, pensó. Las manos le temblaban un poco, temía que hoy mismo se definiera todo y el clan quedará totalmente comprometido y a merced de un cronograma extranjero en el país. Si es que ya no lo estaban, apretó los puños. Ciertamente esta era solo una de muchas reuniones que habían establecido con los extranjeros, pero la familia seguía sin aceptar del todo las condiciones de los acuerdos.
Miró con cierta preocupación la fecha de algunos papeles restantes que estaba terminando de sellar. Aquellos acuerdos tenían más de un año de haber iniciado el proceso. Más de un año…pensó tensa. ¿En qué momento habría decidido la muerte de sus padres?
Cerró las carpeta con fuerza y desvió la mirada, no podía pensar en eso en ese momento. Debía concentrarse. Una mano enguantada cruzó por uno de sus costados sorprendiéndola y un mesero hizo una reverencia a modo de disculpa y tras ofrecerle una mirada extraña, se alejó en dirección a otra mesa. Parpadeo confusa y observó la bebida que le había puesto en la mesa. Ella no la había pedido.
Se sorprendió al ver un cóctel de colores tenues, generando destellos azulados en la mesa. Como un pequeño colibrí cristalizado. "Benimaru" fue el primer nombre que vino a su cabeza al reconocer la bebida. Era el mismo cóctel que había bebido en aquel bar con todos, pensó con una nerviosa tensión en el pecho. Respiró profundo evitando mirar sospechosamente a su entorno y levantó la bebida. Ese era un mensaje claro que solo habría entendido ella. Tenía que aprovechar la ausencia de la gemela para acercarse a la barra de dónde provenía aquella bebida.
Tras caminar como una sombra poco llamativa y cruzar como la ausencia misma entre los comensales, no logró evitar en su recorrido maravillarse con la decoración y diseño del palacio. Los detalles grabados en los marcos superiores, los enormes candelabros dorados con cristales impolutos que refractaban destellos blancos y perlados. Las colosales puertas y columnas decoradas, el contraste del mármol y el oro. Todo era tan magnífico como foráneo, pensó.
Llegó a un salón algo solitario tras seguir a algunos de los sirvientes que iban de un lado para otro con bebidas renovadas. No era tan amplio como el resto y sus muros eran más amaderados y oscuros, con escasas mesas, la mayoría vacías, y al fondo un espejo curvo reflejando las tenues luces de una barra elegantemente improvisada. En ella yacían 3 bartender masculinos, uno de ellos de rasgos particularmente muy pulidos, ojos azules y cabello café cobrizo corto. Tras unos movimientos gráciles al acercarse, aquel buen mozo se le hizo muy parecido a King.
Está la atendió con la naturalidad de los desconocidos, y muy educadamente, con un particular acento que antes no tenía, le indicó que la mesa que había solicitado estaba lista, en el extremo interno del salón al lado de uno de los ventanales.
Kaoru asintió con tranquilidad a pesar de la emoción que se contrajo en su estómago. Siguiendo el juego accedió a la indicación y tras hacer una leve reverencia a ella y al bartender acompañante de King, se acercó a la mesa.
Había una mujer de cabellos oscuros y ojos miel que la observaba con una tenue sonrisa y una bebida en la mesa. Kaoru se sentó algo tensa, no sabía quién era aquella persona.
La noche se extendió larga, entre bebidas y conversaciones que le daban vueltas al tema político del país. Mai informaba como las tensiones con Corea y China se habían vuelto un factor más que evidente en las nuevas decisiones.
— Ahora entiendo porque la red Shiranui ha estado tan reticente con la información. —agregó Mai revolviendo los hielos en su bebida—. Con los profundos cambios que está sufriendo el país, cualquier filtración es delicada. —sacudió un poco el vaso haciendo tintinear la bebida—. Lo curioso es que ellos tampoco entienden porque todo eso se está dando al mismo tiempo que la masacre de los clanes…— recostó la mejilla en la mano, pensativa.
— Esa es una de las grandes cuestiones. —apuntó Terry dejando caer la cabeza en el espaldar de la silla. Se notaba cansado—. Supongo que lo descubriremos eventualmente. — apuntó tras un bostezo leve. Habían pasado largas horas desde la última comunicación de King, cuando informó que habían localizado a Kaoru y que camuflaría un mensaje para ella.
— ¿Entonces habrá trabajo conjunto de aquí en adelante? — preguntó Benimaru girando entre sus manos un whisky a medio terminar. Eso sorprendió un poco a sus dos acompañantes, ya que el rubio había estado bastante silencioso y expectante desde la última comunicación de King.
— …supongo que si. — dijo Terry despreocupado.
— No exactamente. — apuntó Kyo sentándose en la mesa donde estaba Mai. Todos lo miraron con algo de extrañeza, y apreciaron a Iori al fondo, en el balcón, hablando por celular bajo la nevada tenue.
— No…pero si. —repitió Benimaru con mirada escéptica—. A ver, explicate.
— No vamos a inmiscuirnos en lo que buscan ni los Ikari ni ustedes, ni en ninguna cuestión del gobierno. Nuestro objetivo es reducir a Takeshi, a los traidores Kagura y recuperar las reliquias que tienen. En especial vengar a Chizuru…y a mi padre. —hizo una pausa corta y Terry apreció en la expresión de sus ojos una intensidad peligrosa. Algo extrañamente similar al aire predador de Iori, pero con un toque muy propio. El castaño sonrió—. Pero si esto está tan relacionado como parece…y Iori tiene razón, hacer cenizas a Takeshi, reducir a los traidores y quedarnos con las reliquias sagradas, seguramente les facilitará la investigación a todos. — puntualizó retornando a su expresión casual.
Terry asintió en silencio con aire afable y cómplice. Aunque sabían que ellos estaban dispuestos a apoyarlos en lo que necesitaran, ambos se empeñaban en mantener cierta distancia con el asunto de los clanes. Aún así consideraba que él no era nadie para juzgar como los líderes de las familias del sello de Orochi deseaban manejar sus problemas. Aceptaba las condiciones y límites que quisieran establecer.
— Espero que ese "no vamos a inmiscuirnos…" no se refiera a mantenernos al margen otra vez a nosotros también. Ya estamos bien metidos hasta el cuello en este lodazal. Así que nada de ustedes dos solos otra vez. — Replicó Benimaru molesto apuntando a Kyo con un dedo, ya estaba algo ebrio. Tanto así que su cabello se elevó un poco con un suave movimiento ondulante y los dispositivos electrónicos empezaron a titilar.
Kyo levantó las cejas divertido, mientras Bogard se acercó con un movimiento veloz hasta Nikaido para alejarlo de la mesa. La energía estática que había emanado de este, estaba desconfigurando los equipos.
Iori regresó al interior del bar y observó una extraña escena donde Mai y Kyo reían con soltura mientras Bogard parecía regañar a Nikaido, el cual estaba más centrado en alguna obstinación que en las palabras de este.
Se acercó hasta el grupo apreciando disimuladamente la risa despreocupada del castaño y sonrió para sus adentros. Le gustaba verlo así.
Tras un sonido distorsionado ante el cual Terry exclamó una maldición y recalibró los equipos. Se aclaró la voz de King.
—...s…mucho…ro ha finalizado. Ya lo que queda es la recepción. La mayoría de los comensales importantes se han ido. Podemos decir que lo hemos logrado. —habló la rubia con tono bajo, pero animado—. La recepción se extenderá hasta la madrugada y nos quedaremos un rato más para complementar la coartada. No puedo decir mucho, salvo que logramos contactar a la chica Yagami. En unas horas regresaré al bar. — Puntualizó sin dar espacio a ninguna respuesta y cortó la comunicación.
Todo había sido muy impersonal y con pocos diálogos directos. Incluso Mary había tenido que deshacerse del micrófono en algún punto y se habían quedado solo con las actualizaciones de King.
Un momento de silencio expectante se alargó entre todos tras la comunicación de King, hasta que Mai rompió la quietud.
— Maldición, lo lograron. Incluso contactaron a Kaoru. — Repitió con una voz cargada de emoción. Terry asintió con una sonrisa ancha y el semblante más tranquilo.
— Creo que nos vendría bien una ronda de bebidas más fuertes. — apuntó el rubio. Mai indicó que prepararía algo.
— Eh...si preparas bebidas como cocinas, no sé si sea buena idea envenenarnos a estas alturas. — Bromeó Kyo solo para fastidiar a Shiranui. Recordando sus terribles habilidades en la cocina. Iori bufo por lo bajo. Ese era el Kyo de siempre.
— Tal vez tú seas el único al que envenene, Kyo Kusanagi. — acotó Mai con una sonrisa macabra mientras Kyo levantó levemente las manos como un inocente.
— Jeje. Supongo que la habilidad de cocina no estaba en el kit básico de entrenamiento Shiranui. — agregó Benimaru con una risita, arrastrando un poco las palabras por el alcohol. Automáticamente un objeto a gran velocidad se dirigió a su cabeza siendo esquivado por poco. El objeto derribó una silla al fondo. Y benimaru gruñó ante una punzada en el costado.
— Tal vez deba mostrarte qué técnicas si me enseñaron. — apuntó Mai con una sonrisa asesina, pero Terry extendió el brazo sobre sus hombros y se ofreció a ayudarle a traer las bebidas, antes de que se quemara algo en el bar, asegurando mientras se alejaban que no debía atender las palabras de un par de ebrios.
— De donde demonios saco ese abanico…— Indago Benimaru perplejo viendo el objeto a un costado de la silla derribada. El licor en sus venas había descendido un poco de golpe.
— Yo ni siquiera estoy ebrio…— apuntó Kyo por lo bajo, jocoso y apreció como Iori retenía una sonrisa. Se inclinó hacia el pelirrojo.
— Vamos, puedes sonreír con confianza. — apuntó el castaño con cierto tono coqueto y Benimaru se levantó de golpe.
— No, no. Nada de ponerse melosos en mi cara. — apuntó al pelirrojo que lo miró con desdén. Y se alejó de la mesa refunfuñando que prefería arriesgarse con las bebidas que ver a Yagami coquetear con Kyo.
El castaño rió con soltura, aunque tenía las orejas enrojecidas. Lo había dicho sin pensar en la compañía, pero de cierta forma, cada vez se sentía menos cohibido de expresarse con Iori. Observó risueño al pelirrojo y apreció la sonrisa apacible que tenía Yagami al mirarlo. Tan natural y espontánea, como aquel comentario.
— Deberías sonreír así más seguido Yagami. — apuntó Kyo retomando el tono coqueto y Iori bufó, desviando la mirada una vez más.
— Eh…te digo algo bonito y eso respondes. Dime algo tú.— reclamó Kyo divertido.
— Déjame en paz Kusanagi. — refunfuño Iori y caminó hacia la barra. Kyo lo siguió de buen genio, entre ellos aún estaba esa conocida reticencia que hacía poco natural hablarse como una pareja normal.
"Una pareja normal" se sorprendió pensando seriamente en esos términos. ¿Realmente eran algo así? Y si lo fueran ¿Hasta cuándo podrían serlo? Se preguntó apreciando los reflejos dorados en el piso casi prístino del bar.
La mano de Iori se extendió hasta tomar parcialmente la suya.
— Deja de pensar tonterías. — agregó con una suave caricia al separarse y una indicación con la cabeza hacia la barra. Kyo no supo qué expresión había demudado su rostro, pero asintió despreocupado.
No consideraba que fuera algo poco importante, ya había pensando en ello antes, pero tampoco era algo que le inquietara en el momento. Como estaban, estaban bien.
Tras un par de horas ya iniciada la madrugada, todos estaban un poco entrados en tragos. Habían hablado de una gran variedad de temas. Desde un repaso por la información recaudada por Shiranui hasta cuestiones más personales.
La fluctuación de la conversación general se detuvo cuando Benimaru preguntó a Yagami cómo demonios alguien como él terminaba siendo un buen músico.
Todos lo observaron expectantes menos Kyo que bebió otro trago con una leve sonrisa. Una que parecía no haber desaparecido en la última hora.
— Por qué lo preguntas Nikaido. ¿Acaso un monstruo no puede aprender a crear música? — Indago insidioso Iori, con expresión inmutable. Kyo miró a Iori de soslayo. Sabía muy bien que al pelirrojo nunca le gustaban las preguntas personales.
— No es que no pueda. Pero como sale música tan hermosa de uno…y…—se calló al ver la mirada inquisitiva de los dos castaños—. ¿Qué? —
Terry sonrió afable y miró a Iori.
— Eres un hombre de cuidado Yagami, poderoso y claramente impredecible. Pero también he notado que eres perceptivo, extrañamente empático y tranquilo, no considero que seas un monstruo. — apuntó Terry con una sonrisa confiada. Iori bajó la vista con una leve mueca displicente, le fastidiaba que lo estuvieran abordando de esa manera. Ellos no podrían entender nunca que era ser lo que era.
— He lidiado mucho tiempo con lo que me habita y ahora parece que tengo un infierno completo adentro. —apuntó Iori mirando a Terry y un extraño fulgor carmesí tiño sus iris mientras unas flamas violeta veteadas de negro danzaron casuales entre sus dedos—. ¿Dirías que esto no pertenece a uno?
— Tener uno o más demonios habitando tu cuerpo no te hace un monstruo si eres consciente Yagami. Antes has resistido lo imposible. Y aún así…— agregó Mai pero Iori la interrumpió.
— ¿No has pensado que tal vez yo deseo serlo? ¿Qué es tan mío como la música? — preguntó Iori con aire altivo. Le molestaba que hablaran a la ligera sobre él. Le molestaba tener que explicar lo que era o podría ser.
Kyo lo apuñaló con una mirada intensa y molesta, teñida de una leve tristeza.
— No. Se que no es así. Sabes que no es así. — Apuntó Kyo determinadamente y Iori se sintió desarmado frente a sus palabras.
Kyo tampoco entendía del todo, él tampoco podía comprender lo que era vivir en su piel. Pero era lo más cercano a ello, era la única persona que creía fervientemente en que ese no era su destino y eso siempre le generaba una sensación tan cálida como dolorosa en el pecho. Kyo jamás le perdonaría aceptar lo inevitable.
Gruño por lo bajo asintiendo y desvió la mirada sin ganas de responder a más preguntas. Tanto Kyo como sus acompañantes sonrieron considerando que Iori había aceptado a regañadientes sus argumentos.
Todos excepto Benimaru que levantó la mano con cierta timidez.
— Conste que yo si creo que eres una bestia salvaje y peligrosa. Que hace muy buena música…pero peligrosa. — apuntó convencido con las palabras un poco arrastradas por el alcohol. Ya había hecho las paces con esa idea hacía rato y aceptaba a Yagami así.
Mai miró a Benimaru con el ceño fruncido y este encogió los hombros. Terry rió por lo bajo y Kyo suspiró con una sonrisa sardónica. Era una tontería darle tanta importancia, todos estaban medio ebrios.
Iori sonrió para sus adentros mientras tomaba otro trago. Cada vez le agradaba un poco más el maldito de Nikaido.
El sonido del ascensor atrajo la atención de todos y la figura elegantemente masculina de King entró en escena.
Tras unos saludos efusivos y amables de Mai, Benimaru y Terry, tomó asiento con todos. Aunque cansada, se notaba de buen semblante.
— Vamos Nikaido, regalame algo fuerte. Tengo cosas que contarles. — apuntó desde la cabecera de la mesa. El rubió hizo un gesto silencioso con las manos de "ok"
— Aunque nada de esto está registrado y lo único que sí, lo tiene todo Mary. Tengo información valiosa. — aseveró mientras sacaba del bolsillo interno del traje un sobre medio arrugado y lo deslizó en la mesa aún sin abrir. El rubio puso un Whisky en las rocas al frente de ella y tomó asiento a su lado. Todos la observaron expectantes.
— Bueno, como ya habían dicho. La empresa vinculada a los Howard si era Clever Rute. Y fueron exactamente los mismos representantes de esa empresa los que se la pasaron acompañados por el funcionario del gobierno toda la noche. —empezó King, generando un cambio de ambiente en la mesa—. Fueron extremadamente esquivos y solo estuvieron el tiempo suficiente para reunirse inicialmente con los agentes gubernamentales y posteriormente…con los Yagami. — hizo una pausa corta donde apreció la tensión revolotear entre Iori y Kyo.
— ¿Y Kaoru estaba con los Yagami…?— preguntó Benimaru.
— Si. Y fue gracias a ella que pudimos acceder a parte de las conversaciones que tuvieron. Mary me dió inicialmente parte de la información. La que creyó más relacionada a ustedes.—apuntó mirando a Iori y a Kyo—. Pero fue Kaoru la que envió esto para ustedes. —tamborileo los dedos encima del sobre arrugado y tomó otro sorbo grande de whisky—. Las posibles ubicaciones actuales de Takeshi Yagami.
Iori pareció hacer un ademán de levantarse por el sobre, pero King lo retuvo bajo su mano, aún faltaba lo importante.
— Como ven, logramos contactar a la chica Yagami y ella accedió por nosotros, a infiltrar una de las grabadoras a la reunión que tuvo el clan Yagami al final de la noche.
— ¿Y qué información dijo Mary que era relevante para nosotros? — preguntó Kyo mirando el sobre bajo las manos de King.
— Bueno, los Yagami han concedido territorios del clan a una empresa militar a cambio de tener potestad sobre algunas islas vacías. Buscan montar un par de bases militares en conjunto con los extranjeros. Al parecer habían estado en negociaciones desde hace más de un año, inicialmente con el difunto Seiki Kusanagi…quien los conectó con Takeshi Yagami. —hizo una pausa apreciando la tensión desencajada de Kyo—. Resulta que ambos son miembros de una sociedad anónima de accionistas, que invirtieron en una de las principales empresas armamentistas de Corea del Sur...ambos usaron sus influencias para presionar a varios funcionarios del gobierno a presentar algunos proyectos de defensa ante las tensiones con China y Taiwán por el territorio marítimo comercial y las rutas de buques. Japón necesitaba evitar que los barcos Chinos entraran a sus aguas y que mejor que una base militar camuflada en un centro de control marítimo, para vigilar la zona...— argumentó tomando otro trago mientras un desconcierto cruzaba la mesa—. Bueno, ya deben saber cuales son las islas que hay en el punto medio de los territorios marítimos disputados.
— Senkaku…— dijo Mai por lo bajo.
— Exacto. Al parecer todo esto viene desde mucho antes de que estallara la matanza entre los clanes. Lo más seguro es que sea la causa directa. —suspiró mirando a Kyo y a Iori particularmente. Cruzó los dedos con cierta tensión. — Al parecer el Tenno ya había delegado algunas personas para visitar de forma inicial las islas. No sabemos para qué, pero según lo hablado en esa reunión, el encargado y quien parece haber enviado el personal a las islas, era un anciano, el cual la chica Yagami asegura que es parte de los llamados Bihksu. — Puntualizó King.
— Que dem... ¿Qué tiene que ver eso con esos malditos Kagura? ¿Todo inició por ellos? — preguntó Benimaru anonadado.
— No lo sabemos con certeza, pudieron ser ellos, los Kusanagi, los Yagami, el mismo Tenno…solo sé que esos malnacidos parias mataron a Chizuru por oponerse. O como dijo la sacerdotisa Kagura, tal vez por querer establecer una conciliación, por querer curar el daño generado por siglos. Se aprovecharon de su naturaleza justa y la engañaron. Le arrebataron la reliquia y…bueno, ya saben el resto. — puntualizó King con un evidente enojo contenido. Un silencio que podría cortarse con el filo de un cuchillo se plantó en la mesa. Todos parecían tener algo que pensar.
— No pudimos ayudar a Chizuru. Pero si podemos darle justicia a su muerte. —apuntó Terry con frialdad—. La investigación de Mary y mi hermano puede esperar. Cuenten conmigo para lo que necesiten hacer. — habló en tono resuelto Bogard, dirigiéndose a Kyo y a Iori. Mai y Benimaru asintieron a su vez confirmando su propia voluntad en aquellas palabras.
Kyo parecía aturdido. Como si estuviera atando todo el caos en el que se había convertido su vida. Asintió distraído y se paró de la mesa. Sentía una enorme presión en el pecho y le faltaba el aire. Confirmar aquellas sospechas y todo lo demás…había perdido tanto, tanto, por un maldito juego de poder. Su padre asesinado, Yuki lastimada, el clan casi destruido. Caminó hasta el ventanal y salió al frío exterior, algo le quemaba la garganta, necesitaba aire. El dolor de su madre, tener a Iori al borde de la muerte, perder el control de su propio poder…Chizuru…respiró con dificultad.
Iori dio un respingo repentino, saliendo del ensimismamiento en el que lo había sumido aquella información. Todos parecían mirar a Kyo con preocupación, pero respetaban el espacio que este quería darse.
Pero Iori fue el único que sintió la amenaza, desbordada, intensa. La energía Kusanagi estaba reaccionando en Kyo.
Avanzó rápido hacia el balcón y cruzó con velocidad el espacio que lo separaba del castaño hasta abrazarlo por la espalda y retenerlo contra sí mismo. Su cuerpo estaba caliente de sobremanera. La nieve a su alrededor había comenzado a derretirse. Un leve vapor empezaba a emanar de su boca y sus ojos tenían un peligroso fulgor dorado.
Kyo gruñó intentando contener la ira que lo rebosaba. Intentando retener la emancipación del fuego, que amenazaba con desbordarse sin control. Una de las sillas laterales del balcón estalló en unas llamas anaranjadas de luz dorada muy intensa.
— Kyo, cálmate. — Le hablo Iori en tono bajo mientras lo apretaba contra sí en un abrazo fuerte. El castaño resopló resistiendo al contacto, tenía mucha dificultad para respirar y una de las macetas aledañas a Iori estalló en llamas, derritiendo el hielo que la rodeaba y derramando esquirlas en varias direcciones.
— Voy a matar…a todos esos…hijos de puta. —habló el castaño con la voz entrecortada, sofocada por el vapor caliente que salía de su boca. Las lágrimas asomaban en sus ojos, la ira, la frustración y el dolor juntos, lo asfixiaba—. Él era de mi maldita familia...destrozaron todo. Chizuru…mi padre…— Intentó respirar con dificultad, las manos le temblaban de la rabia contenida.
Había pasado demasiado tiempo evadiendo gran parte de sus emociones, acumulando cada uno de sus dolores y pérdidas, filtrándolos por fragmentos para actuar enfocadamente, para no perderse en la venganza, y ahora lo ahogaban. Quería quemarlo todo. Quería estallar y quemar al mundo. Quería destruir la existencia de todos los que le habían arrebatado los suyos.
— Kyo…— habló Iori en tono bajo, concentrando en aquella ponzoñosa sombra que ocupaba las entrañas de su alma. Dándole paso y permiso al Yokai para tomar lo que deseaba. El dolor de Kyo y su energía dorada.
Sintió la calma placentera que traía la energía de Kyo, contrastando con el dolor que compartía con el castaño.
El Kusanagi fue cediendo poco a poco hasta dejarse rodear por completo de Iori.
El ardor de su cuerpo se replegó dolorosamente y parte de su tristeza e ira pareció ser robada, alejada de su mente. Eso le molestó de sobremanera y apartó a Iori con un empujón fuerte. Ambos cayeron sentados sobre la nieve a pocos metros.
Kyo lo observó con rabia. Era su dolor, su pérdida. No tenía derecho a quitarla. Pero aún así aliviano el semblante y agradeció que le hubiese ayudado a calmar su fuego. Que aunque se mantenía intenso y doloroso, ya no estaba lacerando su interior.
Iori se levantó sacudiendo tranquilamente la nieve de la gabardina y se acercó al castaño de nuevo. Le extendió una mano y aguardó calmadamente, sin disculparse, sin pedirle nada.
Kyo sonrió sardónico. Así era todo con ese hijo de puta de Yagami, pensó aún alterado, siempre le dolía lo que hacía, pero siempre podía estar seguro de que estaria allí para él.
Tomó la mano de Iori y se irguió a su lado, ambos cruzaron una mirada fría y comprensiva. Ambos resonaron en una misma determinación.
Benimaru se dejó caer pesadamente en uno de los sillones, apreciando como las partes quemadas y destruidas a causa del fuego, empezaban a cubrirse de nuevo por la nieve.
El ánimo de todos había sido destrozado con la información entregada por King.
La tensión de Kyo, su ira, había sido un reflejo del sentir de todos en aquel espacio.
Tanto Iori como Kyo habían salido tras tomar el sobre. Sin miramientos, sin disculpas, en un silencio que todos comprendieron y aceptaron.
Luego Terry y Mai se retiraron tras cruzar un par de palabras más. Todos estaban agotados.
Y ahí estaba él, como el único remanente de lo inesperado, afectado por un pequeño e insignificante trozo de papel que habría preferido no leer.
"Este es para ti" fue lo que dijo King cuando todos habían partido. El rubio observó el papel doblado.
— Que demonios niña…— maldijo por lo bajo y posó la cabeza sobre sus manos.
Una bebida carbonatada con hielo, tintineo en la mesa al frente suyo.
— Es mejor que dejes de beber. ¿Quieres hablarlo? — Le preguntó King a Benimaru tomando asiento a su lado.
El rubio empujo la nota hacia ella con desgana y bebió un trago de la soda. La mujer leyó con lentitud las palabras. Era una escritura torpe y nerviosa, eran pocas las palabras, pero contundentes.
"Muchas gracias por todo. Jamás podré olvidar…" un manchón de tinta había dañado la hoja. Y un poco más abajo, atravesando el margen un "...por favor no me busque mas. Lo siento."
— Suena a despedida ¿no? — bufó Benimaru con amargura.
— No lo sé Beni…solo puedo decir que ese mensaje no lo tenía preparado. Lo escribió a último momento. Estaba nerviosa. —explicó King deslizando el papel de regreso—. Creo que quiere alejarte de todo esto. Y dada la situación en la que se encuentra, entiendo que desee hacerlo.
El rubio río con dejo cínico.
— Igual ahí estaré…por ella o por Kyo. No habrá diferencia alguna. No era necesario que se distanciara…— suspiró recostando la cabeza en el espaldar.
— Es pronto para hablar. Aún no sabemos qué nos depara todo esto. Pero ya estás lo suficientemente ebrio y agotado. Vamos a dormir a la zona de descanso. — indicó King con aire de mamá que no acepta negativas. El rubio asintió en un silencio condescendiente y ambos salieron tras apagar todo.
