N/A: hola de nuevo!

Primero que nada, queremos expresar nuestra solidaridad con los hermanos y hermanas de Chile, Brasil y Perú, por los últimos acontecimientos. Lo mismo va para las personas en Asia víctimas de los últimos terremotos en la zona de Turquía y Siria.

Brick: ahora, quién está listo para una pelea épica con masacre zombi?

Yo: ah sí,, una advertencia, este capítulo es el más "fuerte" que hemos escrito hasta el momento.

Brick: habla por ti,, no me importa! Después de todo, es el tipo de cosas que Bleach siempre nos da, estamos acostumbrados...

Yo: están advertidos! De todos modos, si la siguiente batalla es demasiado para alguien, pasen directamente a la segunda parte del capítulo, si no el próximo van a estar algo perdidos. Brick?

Brick (con una bolsita de pororó/pochoclo): ya podemos empezar? Quiero acción!

Yo: OK, al capítulo,, entonces.

Capítulo 30

Un no muerto entre los vivos

Shuhei dio un paso hacia atrás. A su alrededor, los escombros y la muerte creaban un ambiente lúgubre y estremecedor.

Ryoketsu Haka, mientras tanto, se atrevió a darle la espalda, y una repentina brisa agitó su capa de shinigami siniestramente. Parecía estar particularmente interesado por la destrucción que los rodeaba. EL teniente del Noveno Escuadrón no perdió de vista la enorme lanza de dos metros y medio en su espalda, su Zampakutou en su estado sellado, listo ante el menor movimiento.

-¿Qué significa esto, Haka? Si estás implicado en este atentado...

-Ya, no hay que ser un adivino para saber eso, teniente. –Ryoketsu se giró repentinamente hacia él, con una mirada burlona en su rostro; una sonrisa maliciosa completaba el look espeluznante-. Sólo me gustaría recordarle sus... posibilidades.

-¿A qué te refieres?

-A sus bajas probabilidades de... sobrevivir en una pelea contra mí, por ejemplo. Pero si se larga ahora mismo, no me veré obligado a aniquilarlo. Claro que no le impediré informar al respecto, después de todo, dirige esa excusa de revista por una razón, ¿no es así?

-¿Me estás llamando debilucho? ¿O cobarde?

-Da igual, ambos sabemos que la cosa terminaría mal. A menos que desee unirse a mi causa, lo que me llenaría de satisfacción. Nos hacen falta cazadores de talento como usted, teniente.

-¿De qué rayos estás hablando ahora?

-¡Una primicia para la revista, teniente! –Ryoketsu abrió los brazos, con las palmas abiertas al cielo-. ¡La última noticia del milenio! ¡Los Cazadores de almas están aquí, y han decidido salir de las sombras para poner orden y devolver la justicia a la sociedad de almas! Hemos venido a poner las cosas en su lugar, teniente. Elija: puede formar parte de la era que comienza, o desaparecer con los demás invéciles que intenten detenernos.

-¿Te has vuelto completamente loco? ¡Nunca me uniré a ti y a tu grupo de asesinos desquiciados!

-Que así sea, entonces.

Shuhei se puso firme. SU actual insubordinado se veía más que confiado, y el teniente esperaba que esto fuese su perdición. Reparó en los detalles visibles de su oponente: Ryoketsu era un shinigami de estatura media, uno o dos centímetros más alto que él, cosa que podría haberlo sacado de quicio antes de las últimas dos guerras; menos mal que hacía tiempo que eso lo traía sin cuidado. Llevaba ambos brazos cubiertos de varias capas de vendajes blancos y grises, por razones que ignoraba, y si bien aparentaba buena salud, sus manos huesudas y de dedos largos, y su rostro macilento, con la piel pegada a los huesos, delataban su condición fuera de lo común.

-No eres único, ¿lo sabías? Independientemente de lo que hayas planeado, perderás. Y serás llevado ante la justicia... o ante los restos de ella, por lo menos.

-¿Qué tal esto? Como señal de respeto, teniente, no liberaré mi Shikai. Ya puestos, me permitiré darle una oportunidad de pelear en igualdad, sólo por ahora.

-Lo que sea.

-Sin embargo, se lo advierto –el segador de almas zombi se crujió los nudillos, sacándose de lugar algunas de sus articulaciones, que acabó por reacomodar-. No significa que vaya a evitar matarlo. Prolongaré esta pelea lo más posible, si eso prolonga su agonía por más tiempo.

-Presumido.

Shuhei esperó, pero el otro acabó por resoplar.

-Está bien, teniente, puede dar el primer golpe.

-¿Por qué está tan confiado? Que no lo haya visto pelear antes no significa gran cosa. Además, luché en las guerras contra Aizen e Yhwach, este idiota simplemente está presumiendo... ¿verdad?

Avanzó rápidamente, probando el terreno. Dio una estocada con Kazeshini al brazo de su oponente, quien acababa de descolgarse su lanza de la espalda, la cual utilizó para bloquear su golpe con destreza.

-Bien, teniente, estamos progresando.

La fuerza del bloqueo resultó en el retroceso del teniente, sorprendido por el poder de su contrincante. ¡Ni siquiera estaba usando su Shikai, y ya lo había obligado a retroceder con la sola fuerza de un bloqueo sencillo! ¿Cómo era posible?

El aire a su alrededor se estremecía con cada paso, y parecía enfriarse. Al mismo tiempo, Ryoketsu dio un paso atrás, sujetando su arma con ambas manos. Le ofreció una sonrisa sardónica a su ex teniente, quien estaba ahora a la defensiva.

-No se preocupe, no pretendo alargar esta pelea eternamente, sólo lo justo.

A la velocidad del rayo, el zombi shinigami se acercó hacia él, convirtiéndose en un borrón. Cuando consiguió reaccionar, tuvo que saltar hacia un lado, evitando por poco la decapitación, si es que era posible quedar decapitado por una lanza.

-Tu técnica –observó Shuhei, recuperando el aliento y la compostura-. No se parece en nada a la de Kaien Shiba. Si fuera Kira, diría que me ofende tu uso de la lanza.

-Ah, claro. Lástima que no conociera al subcapitán del Escuadrón Trece. Hmm, ¿no era ese patán petulante que acabó muerto? Y por un hueco, nada menos.

-¡Oye! ¡No insultes su memoria!

Ryoketsu se burló de él con un resoplido. Sus dientes amarillos parecían haberse roto varias veces. Sus ojos del color del cobre prometían una muerte dolorosa.

-Si no va a activar su Shikai por las buenas, tendré que obligarlo por las malas.

Saltó hacia atrás, antes de correr alrededor de un Shuhei receloso. Estuvo a punto de empalarlo, pero el teniente consiguió girarse y bloquearlo, no sin dificultad, antes de regalarle una patada en la cara, que le rompió uno o dos dientes.

Shuhei le sonrió, pero su sonrisa se desvaneció en seguida.

-Eres duro. Si no lo supiera mejor, diría que eso podría haberte arrancado al menos un gruñido de dolor. Uf, quizás debimos colocarte en el Escuadrón Once junto a Ikaku, seguro que disfrutaría volándote todos los dientes.

-Le dejo eso a Logan, muchas gracias.

Ryoketsu se recolocó los dientes fragmentados y amarillentos, pero su mano estaba relativamente limpia. Shuhei admitió estar sorprendido. ¿Qué? ¿Sin sangre?

-Pero si va a dejar que lo mate tan fácilmente, me voy a aburrir mucho.

-Espera, ¿quién es Logan?

-Logan Eviltrain, ¿le suena? ¿Escuadrón Once?

-Puede que sí, no soy un experto en acordarme de todo el mundo.

-De todos modos, si yo fuera usted, me preocuparía por no terminar muerto, jaja.

Su risa volvió a irritarle los oídos. Era como papel de lija o hierro oxidado contra otro trozo de hierro o una piedra.

-¿Qué te parece tan divertido? ¿Estar a punto de ser juzgado?

-Oh, eso es innecesario. Estamos en el Juzgado, teniente, y los protocolos me traen sin cuidado.

-Volaste el lugar, no creo que te hayas dado cuenta de ese pequeño detalle todavía.

-El Juzgado, o sus restos. Da igual. No me juzgarán los muertos. ¿Y usted, teniente? ¿Lo juzgarán los muertos a usted?

-Evidentemente, a ti te juzgarán los que aún siguen vivos, en el Monte del Sokyoku, tarde o temprano, porque, si de algo estoy seguro, es que no te dejaré escapar.

-¿Escapar, yo? ¡Qué broma!

De repente, la Zampakutou de Ryoketsu brilló, y Shuhei supo, repentinamente, que no tendría otra opción. Debía liberar su Shikai ahora.

-Tú te lo buscaste. ¡Siega, Kazeshini!

-Más bien –prosiguió el zombi, como si ni siquiera lo hubieran interrumpido-, es usted el que no escapará. ¡Redúcelo a polvo, Gaikotsu!

AL menos, el suelo no tembló cuando se liberó el Shikai de su enemigo. Eso tenía que ser una buena señal, ¿verdad? Sin embargo, no esperaba que sucediera eso, ¿o sí?

La lanza seguía siendo una lanza, aunque su forma había cambiado. Antes era negra, gris y aburrida. Ahora, era completamente blanca, excepto por la punta plateada, con forma de cuchilla curva. Ésta no estaba completa, sino que parecía o bien haber sido construida a pedazos, o bien haberse roto un par de veces en dos sitios, de manera que semejaba una S irregular y siniestra.

-Vaya, linda arma. ¿Usas esa cosa para pinchar los fideos?

-No. Aunque podría usarla para convertirlo a usted en fideos o arroz, pero supongo que eso sería demasiado amable para Gaikotsu.

Shuhei apretó los dientes. Confiaba en que su habilidad y el poder de su Zampakutou fueran suficiente para frenar a este tipo, al menos en su Shikai. Si no, necesitaría pedir refuerzos, y no sabía si los capitanes de las Trece Divisiones seguían confundidos en el Monte del Sokyoku, pero el hecho de que al menos buena parte de los jueces se hubieran salvado parecía una buena noticia, dentro de lo razonable.

-Sé lo que sucederá si intento acercarme –farfulló su confiado oponente-, su presencia temible me impedirá matarlo. Bueno, supongamos que así es, de todos modos no tengo que perder mi tiempo.

Ryoketsu plantó la base de su lanza en el suelo agrietado, y un escalofrío bajó por la columna del teniente.

-Oh, ¿y ahora qué?

Esta vez, aunque ya sin sentirse sorprendido, el suelo tembló. Una capa de polvo y cenizas se levantó sobre ambos, y Shuhei se encontró tosiendo.

-¿Qué pretendes? ¿Matarme con una falta de limpieza?

-Mire a su alrededor, teniente. Como dije, no pienso perder mi tiempo.

-Quieres decir...

Se le cortó la voz. Cerca de un centenar de cuerpos se irguieron en mitad de las ruinas del Juzgado, la mayoría enfundados en togas azules. No portaban Zampakutous, un alivio para el teniente, o al menos eso creyó.

-Claro, ¿cómo pude ser tan estúpido? ¡Debí suponer que harías algo como esto!

-¡Contemple, teniente, mi nuevo ejército de zombis! ¡Y usted pronto será uno más de ellos!

-¡Ni en tus sueños!

Shuhei saltó hacia atrás, pero no tenía margen suficiente para un ataque amplio. Incluso si no profanara sus restos, era inverosímil que no intentara por lo menos dejarlos fuera de combate.

-Claro, ya están muertos, no podría revivirlos aunque quisiera.

-¡Acaben con el teniente Hisagi!

Shuhei se movió más rápido que los zombis sin conciencia, pero lo que sucedió a continuación estuvo a punto de desestabilizarlo. Una andanada de hechizos voló para explotar en la roca donde acababa de estar un segundo antes, provocando varios estallidos.

-¡Electrocruz! –gritaron a coro.

De nuevo, el teniente Hisagi tuvo que esquivar los ataques entrantes, sólo que esta vez venían de tantas direcciones que se vio obligado a interponer su Zampakutou.

-¿Cómo es posible? ¡No sabía que estos tipos supieran kido!

-Así que no sabe nada sobre la leyenda del kido secreto, ya veo –se burló su oponente, ahora al margen de su batalla desigual-. Está bien, deje que lo instruya. La stavromancia es un kido que aprenden los jueces para defenderse en situaciones límite. Yo diría que es una excusa pobre para evitar el asesinato, pero bueno, era lo que había.

Shuhei maldijo para sus adentros, y sus ojos se abrieron como platos mientras era cubierto por una andanada de rayos helados.

-¡Congelacruz! –repitieron a coro sus atacantes zombis, y una segunda capa de hielo cubrió al teniente.

-Vamos, esto es demasiado fácil, incluso para usted, teniente.

-¡Basta! –Shuhei rompió el pilar de hielo y se lanzó contra sus atacantes.

Esta vez, ya no se contuvo, y las hojas dobles, cadenas incluidas, giraron como un vendaval de la muerte a toda velocidad, desviando rayos y cortando cabezas y extremidades.

-Jueces zombi con un kido raro, ¿eh? ¿Es todo lo que tienes? ¡Creo que no estuviste en la guerra contra el Wandenreich!

Shuhei sólo se detuvo cuando todos los zombis se hubieron convertido en parte de los escombros. A su alrededor, mareas de polvo blanco se levantaban en un mar de neblina.

Cuando el polvo y la neblina se hubieron despejado lo suficiente, Ryoketsu se paró a varios metros delante de una entrada con las puertas bloqueadas por enormes cascotes, de brazos cruzados. Su Zampakutou descansaba cómodamente a su lado, y el shinigami zombi se encontraba apoyado despreocupadamente en el astil.

-En realidad, teniente, sé lo suficiente sobre las últimas guerras. Y me importa poco, aunque agradezco que fuera tan... preciso en su relato de los acontecimientos, leí cada número de la revista como para estar informado.

Shuhei se limió el sudor de la frente, con las hojas giratorias de Kazeshini flotando a ambos lados.

-¿Y eso qué? Lo que quiero decir es que no sabes nada, al menos en lo que equivale a la experiencia. Mis compañeros y yo, Ichigo Kurosaki y sus amigos también, luchamos y sufrimos. Un Sternritter incluso me poseyó y todo eso, bla, bla, bla. Y mis amigos fueron poseídos por una loca, convertidos temporalmente en zombis, pero claro, ¡eso no te interesa, ya lo entendí!

-Ya, habla como si yo fuera un mero espectador de todo lo que sucede en la sociedad de almas. No participé activamente de los conflictos que tanto usted como el resto se jactan de haber experimentado de primera mano, muchas gracias. Pero no vaya a creer ni por un segundo que no tengo experiencia. ¡Puedo hablar por mí mismo, no necesito que usted ni nadie vengan a enseñarme lo que es el dolor!

Ryoketsu se separó de su lanza, que quedó a un lado como una columna de hierro abandonada junto a los escombros, y avanzó furioso hacia el teniente.

-¡No volverás a causar más dolor y sufrimiento, Haka! ¡Kazeshini!

Para su asombro, Ryoketsu no se apartó del camino de las cuchillas de Kazeshini. Aguardó el golpe frente a su ex teniente con la espalda recta, los brazos cruzados sobre su pecho. Los ojos fríos, duros como un cable quemado y cortocircuitado del mundo de los vivos, fijos en la Zampakutou que, calculó Shuhei, le segaría su vida shinigami definitivamente, terminando con sus fanfarronadas.

Las cuchillas fueron a incrustarse con un sonoro crac en los antebrazos cubiertos de vendajes del zombi, pero ahí se quedaron, al menos por un par de segundos, que fue todo el tiempo que necesitó Ryoketsu para dejar sin palabras al teniente Hisagi, abrir los brazos con fuerza y desequilibrarlo, utilizando su empuje inicial para atraerlo hacia sí y propinarle un rodillazo mortal en su vientre, siguiéndolo con un cabezazo en el pecho y un segundo rodillazo en la cara, tirándolo lejos.

Cuando Shuhei consiguió levantarse, escupiendo una bocanada de sangre, con Kazeshini aún en sus manos, se quedó aún más asombrado, si es que eso era posible. Las cuchillas de Kazeshini estaban cubiertas de sangre, pero ésta estaba tan reseca que era como si unas costras rojizas se hubiesen incrustado como parásitos sanguinolentos en ambas hojas, impidiéndole cortar cualquier cosa.

Shuhei abrió mucho los ojos cuando, pese a sacudir las cuchillas, al punto de hacerlas girar como hélices de un helicóptero, descubrió que las feas costras de sangre no salían.

-Uh, qué molesto. La próxima vez, teniente, al menos intente cortarme la cabeza, me decepciona.

Los brazos de Ryoketsu tenían ahora dos enormes agujeros en forma de cuchilla, pero no había riachuelos de sangre que denotaran que estuviera realmente herido. En lugar de quejarse o apretar los dientes por el dolor, se limitó a desenvolver algunos vendajes desde sus hombros, que se arrancó y colocó en ambos agujeros, donde se enroscaron como parches.

-No puede ser...

-No me diga que no se esperaba esto. ¡Vamos, soy un zombi, por el amor de Dios! Y sí, a diferencia de cualquier otro zombi que haya conocido, o no, cosa que me importa poco, yo no voy a ser derrotado. ¡No podrá vencerme, teniente, no importa lo que intente!

-Si de verdad eres un zombi, ¿cómo tienes conciencia y tus marionetas no?

-Porque puedo. Y no me importa.

-¿Qué? ¿Qué significa eso? Eres un zombi consciente, ¿y tu respuesta es "porque puedo"?

-Ya, es lo único que se me ocurre, qué va a ser.

-El capitán Muguruma dijo que eras especial. Creo que tenía razón. Ahora bien, ¿cómo es que no te has vuelto loco? Ya sé, no vas a comerme el cerebro ni nada, pero...

-¿Qué cree que soy, un hueco? ¡Claro que no me volveré loco! –su sonrisa maníaca, que dejaba al descubierto su dispareja y amarillenta fila de dientes rotos, rompió sus labios y abrió la piel en sus mejillas-. ¡Estoy más allá de todo eso!

Con un aplauso de su parte, una nueva ola de polvo blanquecino le cubrió los ojos y la nariz, obligándolo a retroceder. Shuhei observó, horrorizado cómo todos y cada uno de los zombis en toga que había golpeado se ponían nuevamente de pie, reconstruyéndose lenta pero seguramente.

Los pies, las manos y los brazos, las piernas y las cabezas, las mandíbulas y los ojos, todo ello volvió a acomodarse en su sitio original, y alrededor de un centenar de muertos vivientes le devolvieron la mirada con los ojos en blanco o directamente con las cuencas vacías. (Entonces, no todos habían tenido ojos al principio de esta pelea, ¿eh? ¡Un punto para él, entonces!). Eso sí, sus trajes hechos jirones, piel y músculo abiertos y ríos de sangre ya coagulada en pies y akamas continuaron en su lugar, y Shuhei tuvo que resistir el impulso de vomitar. La vista resultaba espantosa; uno de los cuerpos reanimados con la magia que fuera,,,, exhibía la mitad de un corazón, completamente quieto, con un fragmento de lo que le pareció una ventana rota, incrustada en mitad de un esternón; la cabeza de un juez anciano, con un martillo de madera incrustado en la cien derecha; un funcionario de aspecto juvenil, con la hoja de un cuchillo sobresaliendo de la rótula izquierda.

-No lo entiendo –murmuró para sí-. ¿Ninguno de estas personas parece haber sido asesinada directamente con tu Zampakutou. ¿Cómo murieron?

-¡Me halaga su pregunta, teniente! Uno de nosotros realizó los cálculos adecuados, alguien más colocó los explosivos. Una vez hubieron estallado, entramos y nos llevamos el premio. ¿en mi caso? Mi nuevo ejército de acólitos zombis. Ya sé, no es la gran cosa, pero no podía pedir mucho.

-Entonces, ¿murieron por la explosión? Porque es como si estas personas se hubieran defendido antes de morir, o por lo menos la mayoría.

-Ah sí, eso. Nah, los que seguían con vida cuando llegamos no tardaron en caer como moscas. Ya no tienen que trabajar, desempeñando tareas que jamás prefirieron. Ejecutando sentencias ridículas o caprichosas propias o ajenas, o asistiendo a aburridos juicios y demás procedimientos, en el caso de los funcionarios de menor rango. Ahora, sólo tienen que seguir en pie, y hacer mi voluntad, nada más.

-Tú debiste acabar con ellos sin dudarlo. ¿Eres un monstruo, Haka?

-No puede culparme sólo a mí, teniente –lo despidió su macilento oponente, sacudiendo una mano al viento-. Obviamente, no lo hubiéramos conseguido sin la ayuda grupal. En solitario, somos fuertes, pero torpes e inútiles. ¿Juntos? ¡Seremos invencibles!

-¡Sin importar cuántos sean, tú y tu gente caerán!

-Lo que usted diga. ¡Acaben con él! Mejor no, denle una paliza, ¡pero déjenme lo mejor para rematarlo yo mismo!

Los zombis dispararon andanadas de hechizos al teniente, quien estaba comenzando a hartarse. Si los zombis del asesino que los había creado, matando primero a los verdaderos jueces que habían vivido en sus cuerpos primero, no se detenían, si continuaban levantándose sin importar cuántas veces los golpeara, la única manera de hacer que se detuvieran era acabando con su mismo creador.

-¡Siega, Kazeshini!

Shuhei saltó por encima de los ataques y, dirigiéndose a toda velocidad al verdadero oponente, lo sorprendió ahora, ensartándolo por el pecho y haciéndolo girar en el aire, antes de arrojarlo contra una pared, donde se estrelló con fuerza.

Como esperaba, los ataques de sus zombis se detuvieron, y acabaron por quedarse congelados en sus posturas de ataque.

-¡Finalmente un progreso! ¿Bien!

Ryoketsu se levantó de la pared en la que lo habían incrustado, escupiendo un diente amarillo.

Su pecho, sin embargo, parecía estar mayormente ileso. Lo único que delataba su último par de heridas eran dos hendiduras insignificantes en su traje. Un par de gotas de sangre cayó hasta el suelo por ambos agujeros, pero ahí terminó todo.

-¿Qué ocurre contigo? ¿no tienes sangre? Entonces, ¿cómo sigues moviéndote y respirando?

-Soy un zombi, teniente, ¿no se lo dije?

Shuhei notó la más leve diferencia. Puede que no lo pareciera, pero el hecho de que los cuerpos de los jueces asesinados no volvieran a la carga era signo de un cambio, quizás las heridas realmente lo habían afectado, aunque fuese sólo un poco.

-Está bien –Ryoketsu ya no sonreía-. Iba a darle una muerte rápida e indolora, y hacer que la cosecha de su alma durase un par de segundos. ¡Ya no seré indulgente! ¡Gaikotsu, hagámoslo trizas!

-Ah, ya no estás enviando a tus seguidores, ya veo. Supongo que el club de fans te duró poco.

-¡Deje de burlarse de mí!

Shuhei sonrió para sus adentros. Su oponente era rápido, pero por alguna razón, le resultó relativamente sencillo desviar y bloquear sus ataques.

-Ahora, ya conozco tu punto débil. Te gusta esconderte tras una pandilla de matones sin cerebro, que te hagan el trabajo sucio. Pues bien, eso se acabó.

Shuhei se hizo a un lado, girando para colocarse detrás del zombi. Esta vez, las cuchillas de Kazeshini giraron mortalmente. Primero, le cortó ambos brazos. En cuanto Ryoketsu se hubo dado cuenta, paralizado por la sorpresa, Shuhei le cortó ambas piernas y, esta vez, finalmente, Ryoketsu gritó de dolor, y la sangre se derramó por su torso.

-¿Querías que te cortara en pedazos? Bueno, eso hice. ¡Ah, cierto, me dijiste que la próxima vez, fuera a por tu cabeza! ¡Veamos si tengo suerte!

Pero cuando fue a por la cabeza, un dolor indescriptible asaltó sus sentidos, obligándolo a alejarse del ahora mortalmente herido ex subordinado. Shuhei sujetó su brazo izquierdo, donde, desafiando lo imposible, Gaikotsu acababa de desgarrar la piel y el músculo.

-¿Cómo?

-¿Qué pasa, te-teniente? –escupió su oponente, aún en el suelo; sus palabras iban acompañadas de escupitajos sangrientos-. ¡Creyó que no me def-endería? ¡Es miedo lo que veo en su rostro?

-¡No lo entiendo! ¡Tú eres quien debería estar muerto de miedo, zombi o no!

Para horror y asombro de Shuhei, aunque ahora en guardia, Ryoketsu fue rodeado de energía de color negro, mientras sus miembros anteriormente amputados volvían a unirse en su sitio, produciendo varios chasquidos escalofriantes, similares a los que haría un codo o un hombro desacomodado siendo devuelto a su lugar.

Una vez esto hubo acabado, la energía negra desapareció, pero Ryoketsu se veía significativamente agotado. Resollaba por el esfuerzo, y las junturas en sus hombros y bajo su cintura echaban humo, un humo blanco, como polvillo.

-Vaya, eso no lo ves todos los días...

-¿Sorprendido? –Ryoketsu farfulló, apretando los puños por primera vez en toda la pelea.

-¿Por qué debería sentirme sorprendido? Tú mismo lo dijiste, eres un zombi.

-De todos modos, se unirá a mi ejército de sirvientes caídos. ¡Un teniente shinigami bajo mi control, con todos sus poderes para mí!

-¿De qué estás hablando?

Su oponente volvió a ordenarles a sus marionetas que atacaran a Hisagi, pero ahora, extrañamente, las cosas parecían empezar a cambiar a su favor. Incluso defenderse le resultó fácil, limitándose a desviar los rayos que le lanzaban sin esforzarse siquiera.

-¿Qué pasó? ¿Tus marionetas tienen batería baja? ¿O se les terminó por completo? ¡Hasta están comenzando a desarmarse!

En efecto, los jueces zombi fueron de moverse cada vez con mayor lentitud, hasta desmoronarse poco a poco.

-¡Rayos! ¡Esto no está resultando como yo quería!

-Pues como yo lo veo, pensabas masacrar todo el Seireikei y preguntar después. Dime, ¿qué planean tú y tus cómplices? Deben ser un montón de trastornados, pero tengo que hacer un informe y, ya sabes, sería útil si pudieras ayudarme con algún dato importante. ¿Nombres? ¿Color y comida favoritos?

-Realmente cree que entregaría los nombres de mis compañeros, teniente. ¡Eso es ridículo!

-Sólo estaba tratando de facilitarte las cosas. Porque, ya sabes, puede que la próxima vez no consigas rearmarte.

-¡No permitiré que esta humillación continúe!

-¡Qué bien! ¿Cómo se llaman tus compinches, entonces?

Ryoketsu saltó hacia él en un borrón, pero Shuhei estaba listo. Detuvo su golpe entrante con una cuchilla, y le cercenó la oreja izquierda con la otra.

El zombi se separó de él, aunque, de la nada, su seguridad anterior parecía haber vuelto. Pudo intuirlo porque, de repente, volvía a sonreírle con esa sonrisa de Glasgow.

Asqueado, Shuhei liberó la oreja cortada de la cuchilla de Kazeshini, y ésta dejó un rastro de líquido transparente en el suelo donde fue a caer, consumiéndolo antes de derretirse.

-Cuidado, teniente, podría ser el próximo en quedar consumido, si no me deja cosechar su alma.

-En primer lugar, no entiendo tu punto. ¿Qué pasa con todo eso de cazar almas? Y, en segundo lugar, ¿consumido por qué?

-Más preguntas, teniente. Y yo amo responder preguntas, sobre todo si quien pregunta está a punto de morir.

-Sí, claro.

-Hablo de la enfermedad del zombi. Algunos, los menos, soportan un infierno de dolor durante meses o años, antes de transformarse finalmente en zombis. ¿Los más? Son consumidos, como... ¿cómo se llamaba la habilidad de ese arrancar, el Rey de Hueco mundo a las órdenes de Aizen? ¿Muerte? Un poco como eso, aunque mucho peor.

-Tengo que evitar tocarlo... Un momento, pero eso significaría... ¡Kazeshini!

Para su alivio, sin embargo, su Zampakutou seguía en perfectas condiciones, si bien todavía tenía varias costras de sangre reseca por todas partes,, e ignoraba cuánto tiempo le llevaría sacarla.

-Ah, y lo de la caza de almas... Los Cazadores somos shinigamis especiales. Nos preparamos para una tarea singular. Puede ser durante el entrenamiento en la Academia, puede venir después, eso no importa. Seguramente se está preguntando cuál es nuestra misión real,, ¿eh, teniente?

-Depende, ¿la respuesta es una redundancia?

-sí y no. Naturalmente, nos dedicamos a cazar almas, pero nuestra verdadera misión es...

De repente, Ryoketsu comenzó a toser polvo blanco, y tuvo que apoyarse en su lanza para no caerse.

-¿Qué te pasa ahora?

-¡Es culpa de su Zampakutou, me hizo esto!

Soltó una mano de Gaikotsu, apretándose una de las heridas en el pecho, donde el vendaje acabó por soltarse, derramando un hilillo constante de sangre.

-¿Cómo? ¡Espera!

Era cierto, Shuhei quería detener a Ryoketsu Haka, quería llevarlo ante la justicia y, de paso, darle una lección. Pero ¡no pretendía matarlo, no realmente!

Fue cuando sintió una extraña vibración proveniente de Kazeshini, que lo obligó a detenerse,, a un par de metros del zombi agonizante. (¿Podía agonizar un no-muerto?).

-¿Qué ocurre, Kazeshini?

El aire seguía frío, aunque el peso había disminuido apenas. Su Zampakutou parecía en conflicto. Como si quisiera destrozar a su enemigo,, segar su no-vida de una vez, pero como si hubiera algo más que se lo impidiera.

-Ja, ja,, ja. Ja.

-Tú... ¿Qué hiciste? ¡Cómo te atreves!

Shuhei pudo entender lo que sentía su Zampakutou. Kazeshini representaba su respeto por su trabajo como segador de almas, por eso ahora, a punto de entregarle el golpe final a su actual enemigo, no le era posible dar un paso. Kazeshini,, y ahora él también,, se arrepentía. ¿De qué? Se sentía arrepentido, arrepentido de segar vidas que no estaban allí, desmembrar y decapitar una y otra vez los cuerpos de los jueces que, incluso muertos,, seguían sufriendo, sus restos profanados por un asesino, utilizados como carne de cañón, sus almas sin poder tener descanso.

-¡Tú, infeliz! ¡Kazeshini te odia! ¡Nos das asco!

-¿Qué, teniente? ¿No cubrí su Zampakutou con mi sangre? ¡Ilumíneme!

-¡Ésa no era tu sangre,, monstruo! ¡Era la sangre... de los que asesinaste! ¡Hiciste que Kazeshini y yo nos mancháramos con sangre inocente!

-En eso se equivoca, teniente –Ryoketsu volvía a tener un rostro serio y frío como una tumba,, como su apellido-. Esos hombres eran todo menos inocentes. Mi gente hizo lo que tenía que hacer. Sus almas ahora son mías.

-Y tampoco tienes miedo a la muerte, eres un zombi,, ¿es por eso?

-Mejor dicho, por la razón de ser un zombi,, teniente. EL capitán Muguruma siempre se refirió a mí como "el shinigami más feo y más duro que haya visto". En fin, es su juicio, lo respeto, pero disentiría,, si bien no importa.

-Bueno,, esos arrancar que el capitán Kurotsuchi se trajo a la sociedad de almas... Podría llamarlos zombis,, ¿verdad? Fueron, esto, resucitados,, devueltos a la vida.

-Puede que compartamos ese rasgo, sí –estuvo de acuerdo su enemigo, sacudiéndose el polvo de la ropa-. Pero existe un mundo de diferencia entre ellos y yo. Eiji lo sabe.

-¿Lo ves? ¡Ahí hay un nombre! No era tan difícil, ¿verdad?

-Oh, Eiji puede patearles el trasero a todos ustedes cualquier día, sólo tienen que darle motivos para hacerlo. En fin, soy un zombi, teniente, pero como dije, hay un mundo de diferencia. ¿Sabe por qué?

-Algo me dice que no deseo conocer los detalles.

-Ni planeo contárselos. Sepa sólo esto.

Ryoketsu se irguió en toda su altura, sujetando ahora su Zampakutou con ambas manos,, en dirección a su ex teniente.

-¡A mí no me revivió nadie! ¡volví por mis propios medios!

-¡Eso es imposible!

-¿Por qué lo sería? ¿Sólo porque el único capaz de algo parecido se llama Ichigo Kurosaki,, y que él volvió de convertirse en hueco? ¿Cree que no lo sé, teniente Hisagi?

Fue en este punto que Shuhei empezó a sentir verdadero miedo hacia su ex subordinado. No sólo Kazeshini parecía desequilibrada y afligida, resistiéndose a dar un golpe más en sus propias manos. Su oponente no le tenía miedo a la muerte,, sin contar que parecía haber vuelto de un jacuzzi.

-¿Cómo de pronto estás más fresco que una lechuga?

-Debería haberme puesto más atención,, teniente, como el capitán Muguruma. ¡Entonces quizás sabría por qué va a morir!

Shuhei tuvo el tiempo justo para retroceder, bloqueando uno, dos estocadas. La tercera, sin embargo, vino en forma de una puñalada en pleno pecho,, con la fuerza de un gigante. Shuhei se encontró resbalando hacia atrás, antes de perder el equilibrio.

Ryoketsu no se dignó siquiera a rematarlo con su Zampakutou, en su lugar,, le propinó una patada en la cara, que lo lanzó contra una pared, que acabó por derrumbarse encima de él.

-Si no le tuviera tanta repugnancia, teniente, le contaría algo más de mí, pero no lo vale. De todos modos, no podrá publicarlo en su revista. ¡Ahora, su alma será mía! ¡Cosechacruz!

-¡No!

Una humareda blanca se levantó de los escombros y de cada uno de los jueces zombi, que se pararon sobre ellos como una escolta mortuoria. Levantaron las manos al cielo, con los rostros pálidos y muertos vueltos al sol.

Ni siquiera Kazeshini fue suficiente para desviar la ola de polvo que cubrió a Shuhei, haciéndolo toser sin control, y arrodillarse sujetándose el pecho.

-¿Qué es esto?

-¿Alguna vez, teniente, ha experimentado la muerte? En carne propia, quiero decir.

-No fui humano, a diferencia de Rukia Kuchiki. Nunca estuve tan cerca de morir como... no necesitas saberlo.

-No tiene que contármelo, el capitán Muguruma dejó escapar algo hace tiempo. Fue demasiado vago al respecto, pero investigué lo suficiente. EL capitán lo salvó de la muerte, teniente. Debería sentirse afortunado. Alguien llorará su pérdida.

-No te saldrás con la tuya,, los demás los encontrarán y...

-¿Y entonces qué? Tienen dos opciones: rendirse, o convertirse en los siguientes sirvientes caídos de mi ejército, sin cerebro ni alma ya.

-Espera un momento. ¿Qué quieres decir con eso?

-Tengo sus almas. Aquí.

Se señaló el pecho, donde debería estar su corazón. Hisagi ignoraba si aún tenía uno,, o si había tenido uno en los últimos años.

-Así es, teniente. Es la parte más triste. En nuestra profesión, no hay descanso, no hay perdón. Pero no se preocupe, a la larga los shinigamis también acabarán por jubilarse.

-Ahora, estás divagando.

Shuhei escupió polvo blanco, y descubrió lo que era. ¡Polvo de huesos!

-Ya no será necesario perder el tiempo, purificando huecos. Bastará con cosecharlos. Un cazador no hace distinciones,, los efectos de cosechar un alma hueca,, shinigami o de cualquier otro tipo son los mismos: lo único que cambia son los poderes que gana el cazador. No es mucho, ya sé. Yo solo ya soy lo bastante feo,, no necesito sus poderes para dar miedo a mis enemigos. Esto –señaló el círculo de muertos vivientes a su alrededor- será suficiente.

-¿Qué me harás? ¿me convertirás en una de tus marionetas?

-Eso intentaré. Al final, el dolor terminará. Lo sé, porque yo mismo he muerto.

-Estás loco.

-Ya se lo dije antes,, estoy más allá de esas tonterías. Ahora,, cállese y déjeme trabajar.

Para su sorpresa, Ryoketsu abrió mucho la boca, exhibiendo una lengua rojiza e hinchada. Una cruz púrpura brillaba en el centro, y Shuhei supo que había visto la cosa más asquerosa de su vida. Si esa lengua putrefacta lo tocaba, estaba tan bien como muerto. (Espera, pronto lo estaría,, qué confusión. Pero sería un no-muerto,, ¿no? pero su alma desaparecería, ¿verdad?).

-Nunca he cosechado a alguien con su tipo de reiatsu,, teniente Hisagi, puede sentirse afortunado.

-Preferiría estar muerto.

-Que así sea.

Shuhei cerró los ojos, esperando sentir una cosa pegajosa y putrefacta en su cara. Esperó y siguió esperando,, pero, para su asombro –otra vez-, nunca sucedió.

Un grito lo sobresaltó, y volvió a abrir los ojos. El polvo blanco se había ido, y también la neblina del aire,, aunque los jueces zombificados de antes seguían en su lugar, con sus manos y rostros al cielo.

Frente a él, Ryoketsu yacía con la boca llena de espuma sangrienta, atragantándose con su propia sangre, si es que tenía. Una de las cuchillas de Kazeshini le había apuñalado la lengua,, atravesándole el mentón y la garganta. La otra,, cadena incluida, se hallaba en torno a su pecho, aún en manos de su portador, pero cada vez más tirante.

-Eso estuvo demasiado cerca. Está bien, Kazeshini, creo que eso será suficiente. Al menos por ahora.

Shuhei retrajo la cadena restante de Kazeshini, y la cuchilla partió la cara del zombi por la mitad, arrojándolo a un lado.

-Los zombis siguen en pie, eso debe significar que sigue vivo, o no vivo, o lo que sea.

Al verlos,, no pudo evitar sentir pena por los ex funcionarios asesinados, utilizados como marionetas.

-En fin, es hora de irse, informar al capitán Muguruma y al resto, sólo espero saber cómo evitar que mis lectores arrojen el próximo número de su revista de noticias a las llamas, asqueada por todo.

Shuhei Hisagi se alejó del lugar en ruinas, rehaciendo sus pasos.

Entre los escombros,, Ryoketsu Haka se levantó, su cara parecía un rompecabezas sangriento. Ya no tenía nariz, ni la oreja izquierda, pero no podía importarle menos.

-Me he visto más feo –se dijo para sí,, escupiendo otro diente-. ¡Maldición,, dejé escapar a Shuhei Hisagi! ¡Soy un fracasado! ¡Eiji se reirá de mí por los próximos mil años!

Pateó el suelo, y estaba a punto de marcharse, cuando descubrió a sus sirvientes mirándolo.

-¿Qué están mirando? –nada-. Ah, claro, están esperando órdenes. Síganme, y más les vale estar callados.

-Espera un segundo –el capitán Muguruma desvió la atención de su colega, esquivando sin mirar siquiera su golpe-. ¿Sentiste eso?

-¿Sentir qué? ¿Cómo se escapan los ryoka?

-Nada. Por un momento, creí sentir el reiatsu de Shuhei a punto de desaparecer. Pero debió ser idea mía, porque ha vuelto a la normalidad de repente. Lo que me recuerda...

Kensei Muguruma se dio la vuelta, despidiendo a su anonadado colega con la mano.

-¿Qué pretendes, Kensei?

-Asegurarme que mi teniente sigue con vida, eso hago. Te aconsejaría hacer lo mismo con tus subordinados, pero es tu decisión, no la mía. Nos veremos otro día y, si Dios quiere, en paz. Después de todo, los capitanes de los Trece Escuadrones no debemos estar enemistados entre nosotros, no hace falta más conflictos.

Tetsuzaemon Iba asintió, devolviéndole el jesto.

En la torre de Shinto Kirisame, la tensión era palpable.

-¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? –un Yang aturdido abrió finalmente los ojos.

-¡Vaya,, estás despierto! Qué bien –Orihime suspiró de alivio.

Sentaron al conejo en una mesa bajo una ventana, donde procedieron a contarle los últimos acontecimientos. No supo cómo reaccionar ante la noticia de que el actual dueño de la torre donde estaban podría ser, al menos potencialmente, un traidor de los propios shinigamis.

-Los cazadores son shinigamis poderosos –concluyó Uryu-. Será mejor que tengamos cuidado. Si podemos evitar la confrontación, eso será lo mejor.

-¡Oye, no hay ningún problema! –Yang no estaba de acuerdo con él-. ¡Después de todo, mi hermana y yo conseguimos nuestros Bankais, esos idiotas no sabrán qué los golpeó!

-Ejem –Yuki le tocó el hombro, regalándole una mirada de desaprobación-. No quiero arruinar tu fiesta,, pero si la memoria no me falla,, uno de esos idiotas te dejó planchado con tu propia técnica en segundos.

-¡Sólo tuvo suerte! ¡No podrá sorprenderme la próxima vez!

-Chiwa –su hermana negó con la cabeza, intercambiando miradas con sus amigos.

-En todo caso –Chad se hallaba revisando actualmente una de las innumerables estanterías-, mantengámonos fuera de la vista.

-Nah, digo que salgamos a darles una lección a los malos –Roger corrió al exterior, eufórico.

-¡Yo te sigo, amigo! –Jobeaux fue el siguiente en salir.

-¡Vuelvan aquí, ustedes dos! ¿No entendieron nada? –Lina corrió para impedir que hicieran una tontería.

-Yo también estoy harto de quedarme aquí de brazos cruzados –Vinnie fue a levantarse y salir al exterior, pero los demás lo detuvieron-. ¿Qué? ¿Qué se supone que haga mientras tanto?

-Por ejemplo, ayudar con la búsqueda de información –Chad le arrojó una decena de pesados libros encuadernados,, que estuvieron a punto de aplastar al oso-. Si hay algo por aquí que pueda darnos una pista sobre todo este lío, lo mejor será encontrar ese algo antes de que el bibliotecario regrese.

-Lina,, ¿vienes? ¿Lina? –Dave llamó, pero la perrita no regresaba.

-¿Lina? –Yin y Yang lo imitaron.

Un grito se escuchó desde afuera, y los conejos fueron los primeros en reaccionar.

-¡Allá vamos! –los gemelos corrieron a la salida.

-¿Esperen! ¡Podría ser una trampa! –Orihime fue ignorada olímpicamente.

Coop intentó seguirlos,, pero como con Vinnie, Uryu le lanzó una segunda decena de pesados volúmenes al pollo,, y a los amigos no les quedó otra que quedarse y esperar que no fuera un problema real.

Pero lo era. En cuanto los conejos se asomaron al exterior,, encontraron a Roger, Jobeaux y Lina con sus fullrings y arco quincy activados, en posturas defensivas ante un shinigami en particular.

-¡Tú! –a Yang le hirvió la sangre-. ¡No volverás a lastimar a mis amigos!

Byakuya Kuchiki se paró en medio del claro, empuñando su Zampakutou en su forma sellada.

-Puede que creyeran que podrían escapar,, pero se equivocaron. Como ryoka, todos ustedes deben venir conmigo para responder por sus fechorías. Y, de paso,, pueden comenzar diciéndome dónde esconden a la prófuga.

-¡Nunca! –gritaron los cinco amigos al unísono.

-Que así sea. Dispersa,, Senbonzakura.

N/A: cómo hizo Byakuya para encontrar a nuestros amigos tan rápido? Hm, el capitán del Sexto Escuadrón sabe moverse, y rápido!

Brick: espera, qué pasó con la última batalla? Arruinaste el final!

Yo: los demás cazadores no lograron cosechar el alma de ninguno de los tenientes que los enfrentaron, por qué en este caso la cosa sería diferente? Está bien, quizás hice a Ryoketsu demasiado poderoso, jeje. Pero oye,, Shuhei Hisagi escapó de su muerte, el zombi sigue por ahí, todos contentos!

Brick: está bien,, ya me hiciste enojar. La próxima vez, será mejor que hagas que leer esta historia valga la pena, o no te seguiré apoyando!

Yo: con eso fuera del camino, es el momento de las aclaraciones!

Gaikotsu: en español, Osamenta.