Disclaimer.- Ningún personaje de Rowling es mío y ya he dicho que el argumento central es de Haruko FLCL a quién respondo su desafío con esta historia.
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Presentaciones previas a rivalidades
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Ocho años más tarde.
Corría el agradable mes de marzo, el invierno se había marchado dejando a su paso la vida floreciendo de forma esplendorosa de nuevo. El Callejón Diagon estaba atestado de magas y magos que, junto con su familia, iban y venían para las compras de la temporada y adelantando los útiles escolares.
Una familia llamaba mucho la atención. La líder era una pelirroja de estatura mediana y facciones de ángel, un par de hermosos ojos verdes viendo con curiosidad las cosas más curiosas que se le atravesaran. A su lado iba el que probablemente sería su esposo, un hombre alto y de lentes, el cabello negro revuelto y su mano firmemente sujeta a la de su esposa. Detrás de ellos venían otro hombre muy atractivo de cabello negro y ropas que a simple vista se podían adivinar carísimas. A su lado venía un hombre de aspecto tranquilo, el cabello castaño bien peinado y los ojos miel destilando alegría hacia el pequeño a su lado. Éste era aún pequeño para la edad que debía tener, poseía las mismas esmeraldas que las de su madre y el mismo cabello revuelto de su padre cubriendo de forma agraciada su frente, era más bien tímido con personas extrañas, pero sumamente hiperactivo una vez que entraba en confianza.
- ¡Cissy! – gritó de pronto la mujer pelirroja llamando a una rubia que se encontraba al otro lado de la calle.
La rubia volteó suavemente y sonrió a más no poder al ver quién le llamaba. Intercambió unas palabras con su esposo e hijo y juntos se dirigieron hasta donde se encontraba el otro grupo.
- ¡Lily, cariño! – saludó la mujer de ojos azules abrazando a su amiga – ¡Cuánto tiempo! Oh pero si aquí está Harry, hola cariño.
Harry sonrió tímidamente, después la mujer saludó a los demás miembros de la familia de Lily, lo mismo que su esposo e hijo.
- Ay Draco, has crecido mucho y ni qué decir de lo guapo que estás – dijo Lily guiñándole un ojo al hijo de su amiga –. Si al menos fuera más joven.
Draco le sonrió de forma sincera sin perder el toque aristócrata que reinaba por su familia. A pesar de que su padre no se llevara muy bien con los demás hombres presentes, siempre había sentido una simpatía hacia Lily y que él mismo compartía. La mujer tenía un ángel dentro que la hacía simpática a los ojos de todo el mundo, era de las pocas personas que merecía toda la sinceridad y simpatía de la gente en general, aún si era Gryffindor.
- Potter – saludó cortésmente el jovencito rubio al muchacho de ojos verdes.
- Malfoy – respondió escuetamente el más joven de los Potter.
Los saludos terminaron y acordaron ir a tomar el café a la mansión de los Malfoy, Narcissa quería enseñarle unas plantas nuevas que había conseguido en su viaje por la región asiática y además también tenía que darles a sus amigos los regalos que les había traído.
Las dos damas iban caminando al frente de todo el grupo, hablando y riendo como si no se hubieran visto en años, aunque la verdad era que apenas habían pasado dos semanas sin verse. Lucius charlaba con Remus y de vez en cuando intercambiaba algunas palabras con James Potter. En tanto, Sirius caminaba junto con sus dos queridos retoños, hablando de Quidditch, escobas y dándoles los "consejos" que ambos necesitarían al entrar a Hogwarts.
- Si los dos no se llevaran tan "bien" ya hubieran tenido en su bolsillo a muchas niñas. No lo entiendo Draco, tú no eres petulante como tu padre y Harry no es tan loco como el suyo, no veo porqué los dos…
- Tío... – advirtió Draco sonriendo suavemente.
- ¿Qué? Es la verdad – resolvió cruzándose de brazos.
- Por eso mismo, padrino, Malfoy y yo no compartimos las mismas aficiones – apuntó Harry correspondiendo a la sonrisa de Malfoy sin que ambos se dieran cuenta.
Sirius observó callado y completamente atónito la escena, entre boquiabierto y con una sonrisa en el rostro. Vio que sus dos pequeños habían continuado caminando y él se repuso de la sorpresa anterior. Sonrió arrogantemente con una frase en mente "Si como no…, lo que ustedes digan".
- ¡Draco! – llamó un jovencito que debía estar cerca de los doce años, cabello negro y ojos marrón, hermoso y varonil.
El menor de los Malfoy se giró y se detuvo junto con Sirius y Harry, los demás habían avanzado lo suficiente para no darse cuenta de que no estaban ahí.
- ¡Tom! Qué bueno es verte, pero ¿no deberías estar en la escuela? – preguntó el rubio saludando a su amigo con un abrazo.
- Sí, pero Dumbledore me mandó por una cosa que estaba en la cámara de Gringotts y aquí me tienes – respondió el jovencito sonriendo hasta que reparó en la presencia de Harry y Sirius –. ¡Harry, perdona que no te vi.
- Está bien, te presento al tío de Draco y padrino mío, Sirius Black – presentó el ojiverde mientras Sirius sonreía y saludaba de mano al jovencito –. Sirius, él es Tom Ryddle, un amigo que Dumbledore me presentó cuando fui de visita con mis padres a Hogwarts.
- Encantado de conocerle, señor Black.
- Igualmente, pero llámame Sirius y si me lo permites te llamaré Tom.
- No hay problema, bueno chicos debo irme. Dumbledore mide mi tiempo y tengo una clase qué atender, nos veremos en junio para tu cumpleaños Draco. Cuídense – fue lo último que dijo mientras salía corriendo en dirección opuesta por la que ellos pasaban.
- Interesante muchacho¿es el aprendiz de Dumbledore? – preguntó Sirius mientras seguían caminando para alcanzar a sus familias.
- Sí, así es – contestó el ojigris.
- Es extraño que no lo haya visto en algún cumpleaños, quizá no prestaba demasiada atención – sus dos sobrinos se encogieron de hombros y los tres continuaron sus charlas.
Sin embargo, Sirius había notado algo en el muchacho que le había puesto los pelos de punta. No sabría explicarlo pero sin duda no le había gustado la miradita que le había puesto a Draco y luego a Harry, ya después averiguaría con el mismísimo Dumbledore si era necesario para saber qué pasaba ahí.
- ¿Cuántas veces les hemos dicho que no se atrasen? – reclamó una furiosa pelirroja a los tres cuando éstos doblaron la esquina.
- Perdona, mamá, es que nos encontramos con Tom en el camino – se excusó Harry sonriendo.
- Anda, Lily, no seas tan enojona, mira que ni yo puedo resistirme a la sonrisa de ángel que tiene tu pequeño hijo. Y en todo caso quien tiene la culpa son todos los hombres, ellos estaban a cargo de los pequeños.
- Óyeme Narcissa, ustedes dos nunca debieron de separarse del mundo hablando de chismes y dejarnos a nosotros a cargo¡ustedes son sus madres! – reprochó Sirius, aterrándose por dentro de la gélida mirada que su prima le enviaba.
- ¡Nosotras siempre estamos al pendiente de todos ustedes¿No puedes ni siquiera cuidar unos minutos a tus sobrinos?
- Narcissa, cálmate, no les pasó nada y Sirius no los abandonó. Mejor…
Draco suspiró pesadamente, otra batalla entre familiares a la vista, pensó. Se giró para ver hacia Harry y le encontró frente a un aparador de escobas. Curioso, se acercó al jovencito de ojos verdes.
- ¿Quieres que vuelvan a pelear esta vez porque te has perdido? – preguntó mientras Harry le miraba con una evidente molestia.
- En todo caso también sería tu culpa, por haberte alejado.
- Estaba bromeando – dijo Draco paseando su vista por cada una de las escobas.
- ¿Tú tienes una escoba? – preguntó Harry de pronto.
- Sí, pero la cambiaré por la nimbus 2.000 que saldrá pronto.
- …
- ¿Tú has subido a alguna?
- Sabes cómo es mi madre, más extrema que la tuya y no me ha dejado. Estoy seguro que, de no ser porque está entre las materias, ella no me dejaría subir a una ni estando en Hogwarts – Draco sonrío al igual que Harry –. Pronto entraremos…
- Sí, nos quedan cuatro meses más de vacaciones.
- Yep¿sabes a qué casa entrarás?
- Slytherin por supuesto – Harry rodó los ojos preparándose para otro discurso de aquellos en los que los ideales de Lucius Malfoy salían a relucir –. Supongo que tú piensas entrar a Gryffindor, Sirius y tu padre se mueren si entraras a Slytherin.
- Tal vez – respondió ligeramente sorprendido por la respuesta/pregunta del Slytherin –. Aunque probablemente me vaya a Hufflepuff.
Draco se giró suavemente hacia Harry y notó que éste se encontraba en un estado pensativo. Claro, de no ser así ¿cómo es que hablaban de forma tan civilizada y hasta casi amigable? El ambiente se rompió, Harry hablaba con él como si se tratara de su conciencia, no como el Draco Malfoy que en verdad era.
- Je, cómo se nota que no eres ni un poco de lo que tu madre es, ni siquiera eres como tu padre. Tendrás mucho parecido físico con ellos, pero no tienes talento ni ánimo de un león o cuervo. Tienes razón, tu lugar está entre los Hufflepuff.
- ¡Al menos no seguiré lo que mis padres digan!
- Es mejor eso a sentir lástima por ti mismo y deprimirte por tu falta de valor. ¡Supéralo ya, Potter!
Harry se quedó absolutamente descolocado por las palabras del rubio, había entendido a la perfección la indirecta. Sirius había observado toda la escena una vez que se desprendió de culpas de parte de las dos familias, y éstas por su parte también habían oído la última parte de la discusión.
Lily y Narcissa intercambiaron miradas y con éstas se dieron a entender que ya se verían más tarde.
- Padre, quiero irme ya – dijo Draco siendo apoyado por éste.
- ¡Draco! Debes pedirle una disculpa a Harry y tú también debes hacerlo Harry – señaló Remus más que enfadado por la situación.
- Yo no pienso disculparme con alguien que siente pena por sí mismo – soltó Draco.
- ¡Draco! – regañó su madre mientras su hijo le devolvía una mirada de indiferencia.
- Ya has oído, Remus, mi hijo no se va a disculpar y es mejor que no busquemos más problemas. Vámonos de una vez, Narcissa – dijo Lucius abrazando a su hijo.
- Un momento Lucius Malfoy, esto no se queda así. Sabes la forma en que tu hijo ha ofendido a Harry y debe disculparse por eso – dijo James completamente furioso.
Lily abrazaba a Harry y Sirius decidió actuar al ver la mirada dolida en ambos chicos.
- ¡James, cálmate! Harry también le ofendió, pero en este momento ninguno de los dos están en condiciones de ser forzados y lo que menos necesitan es que ustedes dos se peleen. Luego hablaremos, ahora deja que se marchen.
- Pero Sirius…
- Luego, James, luego – pidió su esposa apoyando a Sirius mientras sonreía suavemente – Ya hablaremos de esto después, nosotros también nos marchamos porque hay cosas qué hacer en el ministerio. Cuídense y nos veremos pronto.
- Perdona por todo, Lily, ya me encargaré de hablar con ellos dos – dijo Narcissa.
Lily asintió y le guiñó un ojo como acto de complicidad.
- Descuida, ya lo arreglaremos.
Los tres magos rubios desaparecieron dejando al otro grupo. Harry no se atrevía a ver a su madre ni a Sirius.
- Harry, quiero suponer que sabes lo que has hecho y que en su momento remediarás el daño, independientemente de lo que Draco haga – Harry asintió y Lily alzó su vista hacia el lupino –. Remus¿podrías llevar a Harry a casa? James y yo debemos ir al Ministerio y Sirius debe ver algo en Gringotts.
- Por supuesto, Lily. Vamos Harry.
- Anda, tigre, no pasa nada – consoló James a su hijo abrazándolo –. No te sientas mal, fue una rencilla normal entre casas. Debes acostumbrarte a ello, simplemente los Gryffindor y los Slytherin no convivimos sanamente. No entre hombres.
Harry se dejó conducir por Remus y no vio en ningún momento hacia Sirius. Sentía vergüenza por haber atacado a Draco por el punto débil que Sirius le había comentado. Interiormente se aterrorizó de pensar que había actuado como un Slytherin, no quería ir a esa casa junto con Draco. Le asustaba la maldad que podía ser capaz de poseer entre las serpientes y sin darse cuenta apretó la mano de Remus un poco más fuerte. Remus no dijo nada y continuaron el camino en silencio.
Mientras tanto, Sirius caminaba rumbo al banco mágico con las manos en los bolsillos. Pensaba en la forma en que sus sobrinos habían actuado, Draco se había mostrado tan frío y por un momento le había dado un poco de miedo ver la furia en esos ojos grises a pesar de que su rostro se mostraba impasible. Y Harry… en Harry había notado un orgullo muy grande y por un segundo pensó que podría soltarle un hechizo a Draco sin todavía haber aprendido gran cosa de encantamientos. Ambos tenían un potencial enorme, y eso le dejó un vacío en el estómago. Jóvenes con tanto potencial eran de aquellos en los que había la certeza de que tenían algo grande que realizar. Pensó en el destino de sus chicos e interiormente pidió que no fueran por caminos separados. Jamás podría tomar partido, por más que todos pensaran que su favorito era el ojiverde…
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- Profesor Dumbledore, aquí tiene lo que me mandó a traer –dijo Tom dándole el paquete al director.
- Gracias, Tom.
- No hay de qué, profesor.
- Tom, hijo, sabes que puedes llamarme Albus. ¿Qué tal tu visita al pueblo?
Tom se sentó en una de las sillas de frente al escritorio rústico del director y sonrió de forma sincera.
- Me encontré con Draco Malfoy y Harry Potter, estaban de compras junto con sus familiares. Dentro de algunos meses ellos entrarán a primer año.
- Sí, así es. Supongo que el joven Malfoy quedará en Slytherin, como toda su noble familia.
- Sí, así lo espero. Pero tengo dudas sobre Harry, él debe tener todo el corazón de un Gryffindor pero sus padres son poderosos y ha crecido en un ambiente de magia muy bueno, no sé si quede en Gryffindor o en Slytherin.
- Recuerda que en Gryffindor no cuenta el nivel de magia, sino lo que el mago lleva dentro del corazón. Depende de qué sea más fuerte en el señor Potter, su deseo por ser más talentoso o el valor que lleve dentro.
- Sí, tienes razón, Albus. Bueno, debo marcharme a mis clases. Nos vemos luego.
Tom salió de la oficina del Director mientras Albus sonreía de forma enigmática. El trío del destino estaba completo.
De pronto, una nota llegó por la chimenea para ir a parar en su escritorio. Lo abrió y el contenido le dejó pensativo. Estaba por llegar el momento en que debía decirle la verdad a Tom…
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Los meses pasaron y ahora era 31 de julio, el cumpleaños de Harry ya había pasado. A pesar de la discusión anterior, todos habían dejado una pelea que no era suya. Sirius y Remus se habían encargado de ello.
Todos habían asistido al decimoprimero cumpleaños de Draco, y ese día que había sido el cumpleaños de Harry, Draco y su familia también asistieron. Sin embargo, de las pocas conversaciones amigables que habían sostenido, solamente quedaron palabras cortantes y llenas de frialdad por parte del rubio porque Harry casi ni habló.
Ahora se encontraba sentado en el borde del enorme ventanal que su habitación tenía. Pensando en su próxima entrada a Hogwarts, él no conocía a casi nadie. Desde aquel incidente no deseó saber más de ninguna otra persona que no se acercara por sí sola y a decir verdad no muchos habían intentado acercarse. Los pocos que lo hicieron habían sido Terry Boot, cuyo padre trabajaba en el departamento de salud del hospital de Saint Mungo junto con su madre pero el muchacho estaba un año adelante y la otra persona había sido Luna Lovegood pero ella no entraría sino hasta dentro de un año. Solamente conocía a una persona de su edad y no llevaba una buena relación con él.
Su padre siempre le habló del espíritu de los leones de Gryffindor, al igual que Sirius. Remus le había hablado de las cuatro casas en general al igual que su madre. Él tenía miedo de defraudar a su padre y a Sirius, pero lo que más miedo le daba era quedar en la casa de las serpientes, el ir a dar a Hufflepuff no era tan malo como lo supondría el entrar a Slytherin. Aunque también sabía que no debía ser tan presuntuoso, quienes caían en Slytherin todos eran magos con un gran potencial, tanto en coeficiente como en magia y él no destacaba mucho de los jóvenes promedio.
- ¿Sabes Harry? Comienzo a creer que no te hace mal estar acompañado de Draco – susurró una voz detrás de él cubriéndole la espalda con una manta –. Al menos con él no estás triste, es un gran paso que muestres algo más que serenidad en un ambiente melancólico.
- ¿Qué cosas dices, Sirius?
- Ustedes dos siempre serán mi orgullo, no importa a qué casa vayan y es por eso que me gustaría que los dos estuvieran juntos aún estando separados. Yo sé que tú no le desagradas del todo y que lo mismo pasa contigo. Solamente es necedad competitiva lo que ustedes dos tienen y que heredaron de sus padres. Pero no por ser Potter y Malfoy tienen que estar peleando siempre, has un intento por abrirte un poco más, Harry, no eres solamente Potter así como él tampoco es únicamente Malfoy.
- Lo intentaré, Sirius. Pero si él se sigue mostrando arrogante olvida que trate de llevarme de forma cordial con él.
- Bueno, eso ya es un inicio.
Sirius sonrió a su ahijado y lo llevó a la cama, arropándolo de forma cariñosa y depositando un beso en la frente del pequeño, quitándole los lentes para dejarlos en la mesita de noche.
- Mañana iremos por unos lentes nuevos, insisto en que no deberías de usarlos pero bueno…
Harry sonrió y se fue al mundo de los sueños. Por Merlín que el deseo de su padrino se cumpliera, no quería entrar a la escuela para pasársela peleando…
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El tan esperado día llegó, todos despidieron a sus hijos en la estación en la que esperarían el expreso de Hogwarts. Harry ya se encontraba a bordo buscando un compartimiento vacío y al encontrarlo se sentó en él dedicándose a observar la vista y pensando en las palabras de su padrino.
La puerta se abrió revelando la figura de un muchacho de unos once años con el cabello un poco menos rojo que el de su madre y de ojos azules.
- ¿Puedo pasar? – Harry asintió y se sintió de pronto muy incómodo –. Gracias, los demás compartimientos estaban llenos.
Harry sonrío y el otro muchacho también lo hizo, le tendió la mano y Harry la aceptó.
- Ronnald Weasley, puedes llamarme Ron.
- Harry Potter.
Ronnald abrió desmesuradamente los ojos y Harry sintió que se ponía rojo de la pena. ¿Por qué ese muchacho le veía con respeto?
- Tu padre es James Potter, el jefe de los aurores y tu madre es Lily Potter-Evans, la mejor medimaga que haya existido.
Ron también encontró sin querer la cicatriz que el muchacho llevaba en su frente, pero decidió desviar su vista antes de que Harry se diera cuenta. No era nada cortés preguntar por eso.
- Ehh… bueno sí, ellos son… – titubeó el ojiverde.
- Mi padre es Arthur Weasley, también trabaja en el ministerio en el departamento de control de artefactos muggles hechizados. – Ron frunció la nariz con molestia y prosiguió –. Aunque no sabe mucho de muggles pero le gusta su trabajo, ama a los muggles. Tengo otros seis hermanos, Charlie es el mayor y…
Harry estuvo escuchando la historia de la familia de Ron por horas y le había puesto toda su atención al jovencito pelirrojo. Le había agradado y pronto perdió la timidez con él. Ron le contó de las hazañas de sus hermanos con cierta amargura y después estuvieron riendo por un largo rato hasta que pasó el carrito con los aperitivos y Harry pudo observar que Ron no parecía ser de dinero, pero no le gustaba comer solo y le invitó a Ron varios de los dulces que el carrito traía.
- Disculpen¿han visto algún sapo por aquí? – fue la voz de una chica que interrumpió la charla entre los chicos.
Tenía el cabello castaño y estaba sumamente esponjado, de tez blanca y los ojos castaños. También parecía que tenía los dientes delanteros un poco más largos de lo normal, lo cual le daba el parecido a un conejito, o eso pensó Harry.
Los chicos negaron.
- A un chico llamado Neville se le perdió, si la encuentran ¿podrían llevarla al vagón de a lado? – Ambos asintieron –. Bueno en realidad no sé mucho sobre las mascotas de Howgarts y se me hace un poco raro que sólo nos dejen traer ranas, lechuzas o gatos.Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente por aquello de no provenir de una familia de magos... Por cierto, mi nombre es Hermione Granger y ¿ustedes son…?
- Ronnald Weasley.
- Harry Potter.
Hermione abrió con sorpresa los ojos y se sentó junto a Harry completamente emocionada.
- Tu madre es Lily Potter-Evans, la mejor medimaga de toda Inglaterra.
- Err… sí, así es.
- ¡No sabes cuánto la admiro! Pero bueno, debes hablarme más de ella y por ahora debo marcharme, deberían ponerse ya sus túnicas porque estamos por llegar.
Ambos chicos asintieron y la jovencita desapareció del vagón. Ya tenía la sospecha de que el pequeño fuera Harry Potter por la cicatriz en su frente, pero consideró que no era pertinente hacerle saber al chico cómo lo había reconocido. Sin conocerlo sentía pena por él, jamás hubiera deseado estar en su lugar.
- Tengo la impresión de que ella tiene un alto sentido de la responsabilidad¿te diste cuenta de cuántas veces mencionó la palabra "deber"?
Harry asintió y se dio cuenta de que ella tampoco le había desagradado. Se encogió de hombros y decidieron hacer caso a la jovencita. Muy pronto llegarían a Hogwarts y también conocerían el comienzo de sus caminos.
Harry comenzó a sentirse nervioso, pronto sería seleccionado a una casa, se volvería a ver con Draco y empezaría su formación como mago.
No se dio cuenta exactamente de cuánto tiempo pasó pensando en su futuro en Hogwarts porque para cuando volvió a la realidad ya se encontraban dentro del castillo aguardando a la profesora que había visto antes de que se fuera.
- ¿Qué esperamos exactamente, Ron?
- Aguardamos nuestra selección de casas, Potter – se adelantó a responder otra persona.
Harry no quería mirar al Slytherin, pero algo en el tono que éste había empleado con él le hizo enojar y mantuvo con el rubio un duelo de miradas. Malfoy luciendo arrogante y él, desafiante; como siempre.
- Harry¿quién es? – preguntó Ron visiblemente desconcertado por la escena.
- Mi nombre es Draco, Draco Malfoy – dijo el rubio sin apartar su vista de las joyas esmeraldas.
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Continuará…
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Je, bueno en este capítulo no se revela gran cosa pero me pareció más conveniente para la historia desarrollarla más o menos desde el principio para que no pareciera que quiero hacerlo todo demasiado rápido o muy lento.
Como pueden ver, he dejado a todos vivos y pues de alguna forma Harry debía tener la forma de ser que adoptó de su vida con los Dursley además de la dichosa cicatriz por la que es famoso, por tanto me vi obligada a hacer algo para que Harry no fuera todo alegría y buena persona que confía en todo el mundo, ya sabrán a su tiempo de qué se trata.
Mientras tanto, ya saben… mientras más reviews, más rápido seguirán viendo esta historia. Chantajista lo sé, pero es justo y necesario.
Me despido y Gracias por leer.
Inocent Muggle.
