Disclaimer.- Lo sabemos, ningún personaje es mío.
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3
El hombre de tormentos
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Ron no pudo evitar ahogar una risita por el nombre del jovencito rubio. Éste se giró furioso hacia él y le miró de forma despectiva.
- No necesito preguntar tu nombre – afirmó con una sonrisita de superioridad –. Pelirrojo y pecoso que porta una desgarbada túnica de segunda mano. Debes ser un Weasley.
Ron se quedó callado ante las palabras lanzadas con tanto desprecio por Malfoy mientras sus orejas adquirían un rojo intenso de vergüenza. Harry, en cambio, se sintió más furioso con el rubio¿cómo se atrevía a hablarle así a alguien? Sabía por su padre del carácter de Lucius Malfoy pero nunca se imaginó que ese niño lo había heredado a tal grado, nunca lo vio en todos los años que tenía de conocerlo.
- Muy pronto entenderás, Potter, que habemos familias de mejor categoría que otras. Si me lo permites, yo podría enseñarte a diferenciar mejor los niveles que hay en nuestro mundo – dijo Draco ofreciéndole la mano.
Harry aún lo miraba furioso, bajó la vista hacia la mano de Malfoy, pero no la aceptó para sorpresa de todos.
- No, gracias. Yo sólo puedo darme cuenta de las diferencias entre las personas, no necesito de tu ayuda – dijo ante la mirada atónita de los presentes, Draco dejó de sonreír y clavó sus dagas plateadas sobre las esmeraldas prometiéndole con ellas una guerra.
La profesora regresó y Draco se marchó con los compañeros que probablemente conocía de años atrás. Harry se dio cuenta entonces que, a partir de ese momento, le había aceptado la propuesta de batalla a Malfoy y se sentía entre mal y emocionado a la vez, aun así no quiso saber por qué. Después Ron le comentó entre susurros que aquella mujer alta y de cabello negro que vestía una túnica esmeralda y sombrero puntiagudo se llamaba Minerva McGonagall e impartía la materia de Transformaciones, pero no supo más de eso porque después fueron conducidos en una hilera a través del vestíbulo hasta pasar en medio del Gran Comedor.
Harry no reparó mucho en la ostentosa decoración del salón, ni en los platos y copas de oro como tampoco se fijó en el "techo" del Gran Comedor pues volvió a sentir aquella sensación de emoción y miedo; adrenalina. Sentía que su corazón latía fuertemente y que amenazaba con salirse en cualquier momento. Podía percibir la mirada de los jóvenes más grandes sobre él y todos sus compañeros, también la de los profesores. Pero su atención la tenía puesta sobre el sombrero desgastado, sucio y viejo que estaba en un taburete de madera al frente de todo el salón. ¿Qué tendría que hacer¿Algún truco con la varita o quizá sacar animales del sombrero? Podía oír que el Director hablaba, pero no podía identificar las palabras que éste decía y luego vio que el sombrero movía una rasgadura cerca del borde, que Harry había pensado era un hoyo por lo raído del artículo, pero que en realidad había resultado ser la boca del sombrero.
Si no había oído las palabras del Director, mucho menos oyó siquiera lo que sea que el sombrero dijera. Apenas y volvió a la realidad al escuchar los aplausos que todos los miembros de las Casas hacían.
- Cuando oigan sus nombres – escuchó que la profesora McGonagall decía con un gran rollo de pergamino ya desenrollado en las manos –…quiero que pasen al frente y se sienten en el taburete, yo misma les colocaré el sombrero y la selección vendrá por decisión del mismo.
Entonces Harry sintió más temor¿y si el sombrero se tardaba horas hasta decirle que tenía que ir a dar a Slytherin¿Qué si decía Hufflepuff? Pudo ver como sus compañeros iban uno a uno pasando al frente y cada uno iba a sus mesas cuando el sombrero gritaba su destino. Lejanamente podía oír los aplausos de cada una de las mesas, a veces unos más intensos que otros. ¿Qué pasaba?
- Granger, Hermione – alcanzó a oír Harry de labios de la profesora y luego vio el nerviosismo de la chica cuando el sombrero fue colocado en su cabeza –. ¡Gryffindor!
Harry sintió de nuevo que se moría apenas oyendo como la mesa más alejada a la izquierda, la de los leones, estallaba en aplausos. En tanto, Draco aún se encontraba enojado por la actitud de Potter y no ponía nada de atención en la selección, ya se esperaba que no pudieran ser los mejores amigos y en realidad no era eso lo que le importaba. El problema era que le había prometido a su madre no llevarse mal con Potter pero ese niño era el necio que le metía en problemas. En cuanto a la selección de casa, no sentía muchos nervios; sabía que quedaría en Slytherin, pero le daba escalofríos pensar en qué sucedería si el sombrero exclamaba Gryffindor.
- Malfoy, Draco – ahí estaba, su nombre, era ese momento en que debía centrarse en él y en el momento, por tanto: sus deseos.
Harry escuchó el nombre de Malfoy y, aún temblando ligeramente, observó como éste se abría paso con un aire elegante y tomaba asiento de forma altanera en el taburete. Vio cómo el sombrero se acercaba a la cabeza del rubio y sin que alguien lo advirtiera…
- ¡Slytherin! – exclamó el sombrero apenas habiendo tocado la cabeza del heredero Malfoy.
La mesa de las serpientes, la más alejada de la derecha, aplaudió fuertemente, conscientes de la imagen soberbia que debían mantener manteniendo al margen su exaltación. Draco se levantó y fue en dirección a su mesa, caminando contento y de forma altiva. Se sentó a lado de Tom que le felicitaba y, por un momento, el rubio creyó haber visto los ojos curiosos del Director sobre su nuca junto con una sonrisa asomándose entre la espesa y larga barba de éste mas decidió no ponerle atención.
Harry vio que cada vez quedaban menos compañeros por ser seleccionados y, para aumentar su nerviosismo, podía percibir la mirada divertida del Director y otra demasiado intensa proveniente de un profesor con un turbante en la cabeza.
- Potter, Harry – dijo la profesora con una sonrisa.
El momento había llegado. Harry se acercó con paso lento hasta el taburete donde se sentó. Los murmullos habían comenzado ya, provenientes tanto entre los compañeros que restaban y los miembros de las Casas.
- Mmm… Interesante – dijo el sombrero mientras Harry repetía una y otra vez "No Slytherin" –. Así que no quieres ir a Slytherin¿estás seguro? Veo un gran potencial mágico en ti, no tienes malas intenciones y en Slytherin podrías tener lo que siempre has deseado.
- No Slytherin – repitió mentalmente Harry con el corazón latiéndole rápidamente.
- Bueno, si estás seguro de que un Slytherin no deseas ser y tu corazón late de forma tan fuerte y determinada es mejor que seas un… ¡Gryffindor!
La profesora le quitó el sombrero dirigiéndole una sonrisa amable y después Harry se dirigió a la mesa de los leones sintiéndose aliviado. La mesa Gryffindor estalló en aplausos y unos gemelos, que debían ser los hermanos de Ron, comenzaron a exclamar "Tenemos a Potter" una y otra vez para el agrado de sus compañeros de casa.
Draco había observado el paso torpe con el que Harry se había movido y también notó cómo el sombrero había tardado tanto en su decisión, también le vio mover ligeramente la boca pero no pudo entender o leer las palabras que profesaba el sombrero. Entonces, cuando por fin hizo saber su decisión, algo dentro se oprimió con fuerza justo en su pecho y había sonreído de forma desdeñosa, estaba en sus destinos llevar una guerra a cabo.
Harry había saludado a muchos de los miembros de la casa que se habían presentado y al girarse a ver la mesa de los profesores, descubrió que el Director le sonreía de forma sincera. Harry correspondió el gesto y después se dedicó a atender las relaciones sociales que le requerían.
Apenas terminó de saludar a las personas que le vitoreaban su llegada al colegio, el sombrero había vuelto a gritar ¡Gryffindor! Ron había llegado casi corriendo a la mesa y sus hermanos le felicitaron revolviéndole el cabello y jalándole las mejillas. Harry rió un poco hasta que escuchó al sombrero gritar ¡Slytherin! Al girarse a ver al otro miembro de la casa de las serpientes, vislumbró a un muchacho de cabello negro azulado y ojos azul añil. Lo reconoció de inmediato, se trataba de uno de los amigos de Malfoy y sabía que de ese chico tampoco se podía esperar nada bueno.
También alcanzó a ver que, cuando Zabini (si mal no recordaba el apellido), se sentaba a lado izquierdo de Draco, una muchachita de cabello castaño oscuro y ojos miel ya estaba charlando amenamente con el rubio. Rápidamente a la charla se les unió Zabini y pudo notar que Tom se veía entre inquieto y molesto. No siguió observando más la mesa Slytherin y volvió a centrar su atención en sus compañeros de casa.
La profesora enrolló el pergamino y se retiró. Entonces Albus Dumbledore se puso de pie y todos guardaron silencio.
Harry oía lejanamente el discurso de bienvenida del Director puesto que sus ojos estaban puestos de nuevo en los ojos de su rival rubio que anunciaba con los labios que ese año no sería para nada tranquilo. Cuando Malfoy apartó su mirada, Harry desvió la suya hasta el profesor con turbante que había visto antes de sentarse y justo como aquél le vio en ese momento, así le miraba ahora.
Algo dentro de su cabeza comenzó a punzarle de forma dolorosa cuando desvió su vista al profesor junto al del turbante. Intentaba no soltar ningún sonido que descubriera su malestar, sentía que un sudor frío le recorría y después todo se volvió oscuro…
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Harry comenzó a abrir lentamente los ojos y al no ver bien, buscó a su lado sus gafas que encontró inmediatamente. Recorrió con la vista todo el lugar en el que se encontraba y no vio a nadie más ahí.
Se levantó y caminó con los pies desnudos inspeccionando la estancia donde se encontraba, por el olor a medicinas dedujo que se encontraba en la enfermería de la escuela. Aunque a decir verdad no recordaba cómo había llegado ahí, únicamente se acordaba de la selección y de la mirada del otro profesor que estaba junto al de turbante que lo miró en el momento en que algo dentro de su cabeza comenzó a doler.
- Así que ya estás despierto, Potter – dijo a modo de saludo una voz más que conocida.
- Malfoy¿qué haces tú aquí?
- Por si no lo recuerdas, soy el único con el que has llevado una relación "amistosa" de más tiempo. Me concedieron permiso para venir a verte y decirte que tus padres no podrán venir sino hasta el fin de semana. Han surgido algunos casos muy urgentes para ambos y Remus junto con Sirius les ayudan.
- ¿De qué tipo?
- No lo sé, Potter – respondió el Slytherin cruzándose de brazos –. ¿Y?
- ¿Y qué?
- ¿Qué demonios te pasó?
- No lo sé¿sabes qué dijo la enfermera?
- Exceso de emociones fuertes, tu organismo colapsó – informó el ojigris.
- Ah… oye Malfoy¿sabes cómo se llama el profesor que estaba junto al de turbante morado?
- Sí, es mi padrino y se llama Severus Snape. Es el profesor de Pociones y el Jefe de mi casa¿por qué lo preguntas?
- Curiosidad, me perdí todo lo relativo a las casas y sus reglas¿recuerdas?
- Hm… bueno no hay mucho en realidad, la jefa de tu casa es la profesora McGonagall y para ir a tu habitación, debes ir a la torre Gryffindor y atravesar el cuadro de la Dama Gorda para pasar después con una contraseña que obviamente desconozco. No es gran cosa en realidad, lo interesante llegará mañana que comenzaremos las clases.
- Oye, Malfoy¿te das cuenta que estamos hablando normalmente?
- Lo ameritaba la situación, aprecio a tu madre y además la mía me quitaría muchos privilegios si le desobedezco. Pero que te quede bien claro, Potter, que no intento ganarme tu amistad porque después de todo fuiste tú quien despreció la mía.
- ¡Insultaste a alguien que no te había hecho nada!
- Se estaba burlando de MI nombre, si eso te parece nada ahora ya sabes que con el nombre de un Malfoy nadie, y que te quede bien claro, absolutamente nadie juega con él.
- Eres tan pedante como tu padre.
- Y tú no tienes nada de los tuyos.
- ¡Lárgate!
- ¡Por supuesto, no fue por mi gusto venir a buscar a un remedo de león.
Draco salió hecho una furia de la enfermería mientras Harry se sentó en su cama y trató de conciliar el sueño, sintiendo como su corazón latía rápidamente. Le molestaba tanto la arrogancia de Malfoy que había veces en las que temía no poder controlarse e irse a los golpes con él. Nunca le había gustado la gente que hacía menos a otros y tanto Lucius como su hijo eran un claro ejemplo de esas personas indeseadas.
- Estúpido Malfoy…
Después de un rato de llegar a su casa, Draco se encontraba acostado en su cama cerrando los ojos intentando calmarse. Potter era tan… Gryffindor, le sacaba de sus casillas por completo a él¡el príncipe del autocontrol! Pero simplemente no podía evitarlo, sencillamente con Potter cerca no era posible estar calmado y eso añadido a su reciente odio hacia los híbridos no ayudaba en nada pues Potter representaba todo lo que él odiaba, a excepción de la sangre de Lily; ella era la gran excepción, y en cuanto a Remus, el lupino era tolerable.
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Los días pasaron y Harry había entablado una muy buena relación con todos los miembros de su casa y el ambiente alegre había influido en ello. No volvió a sentir ningún dolor parecido al que sintió el día del banquete y por fin había llegado el día que más había esperado: aprendería a montar y manejar una escoba.
El problema era que la clase la compartía con los Slytherin, al igual que Herbología y Pociones, a decir verdad desde la clase de Pociones le habían quedado pocas ganas de pelear con Malfoy. Snape le había bajado muchos puntos a su casa por nimiedades y a él lo destruía con la mirada y ni siquiera sabía el motivo de tan grande odio. Por supuesto que tampoco había intentado averiguarlo y nada más había decidido restarle importancia.
- Bueno, jovencitos, sitúense en el lado izquierdo de la escoba, pongan la mano derecha sobre ésta y griten "Up" – indicó la profesora de cabello cano, regordeta y de aspecto severo.
Draco Malfoy fue uno de los primeros cuya escoba llegó a su mano a la primera llamada, al igual que la de Harry. Hermione al igual que Seamus Finnigan habían tenido problemas con la escoba, pero una vez que todos la tenían en sus manos Madame Hooch les indicó el siguiente paso, aunque no todo salió como ella esperaba de una clase con chicos de primer año…
- ¡Señor Longbottom, baje de esa escoba ahora mismo! – Decía la profesora a la figura flotante de un chico de cabello negro y cara redonda mientras se alejaba más y más de la vista de todo el mundo pidiendo ayuda –. ¡Por Merlín! Ese chico ha perdido el control de su propia escoba.
De pronto, se escuchó el sonido de algo rompiéndose y al ver lo que era se dieron cuenta de que la escoba se había impactado directamente contra un muro de la torre Gryffindor y Neville estaba atorado en una lanza de las estatuas en la parte media de la torre de junto, su túnica se había atorado antes de que Neville se fuera a impactar junto con la escoba contra el muro.
- ¡Madame, se caerá si no usa usted un hechizo para traerlo pronto! – exclamó Hermione completamente alarmada.
La profesora asintió y salió corriendo en dirección al chico.
- ¡Auxilio¡Ayúdenme por favor! – gritaba Neville tratando de no moverse para que su túnica soportara lo más posible.
Entonces todo ocurrió en un instante, la profesora estaba por llegar a donde Neville cuando la túnica de éste cedió al peso de su portador y Neville comenzó a caer completamente aterrorizado. La profesora no supo qué hacer y sin más le tendió los brazos al pequeño, haciendo que la caída del chico fuera lo menos dolorosa posible aunque fuera a costa suya.
Las carcajadas de los Slytherin no se hicieron esperar, mientras que los Gryffindor se acercaban corriendo a su amigo.
- ¡Señor Longbottom¿se encuentra bien? – Preguntó la profesora con Neville desmayado encima suyo – Se ha desmayado, todos quédense aquí y que a nadie se le ocurra subir a una escoba, quien me desobedezca quedará expulsado de la escuela¿entendido?
- Sí, madame – respondieron todos los niños al unísono.
La profesora se marchó con Neville frente a ella siendo transportado gracias al bendito hechizo de levitación que había recordado hasta ese momento.
- ¿Vieron la cara de horror de ese perdedor? – Preguntó Malfoy agachándose para recoger un pequeño objeto que seguramente Neville había dejado caer en medio de su accidente – Miren nada más, ese tonto tenía una snitch de juguete. Sin talento y pretendiendo hacerla de buscador cuando ni siquiera sabe sostenerse en una escoba tan lenta.
Todos los Slytherin rieron ante el comentario de Draco. Harry lo vio y Draco percibió que la molestia en el Gryffindor aumentaba. Estaba aburrido y deseaba divertirse, no había mejor remedio que hacer erizarse a los gatos de Gryffindor para divertirse jugando con ellos.
- La colocaré en un buen lugar para que la busque – comentó subiendo a su escoba dirigiéndose a los árboles más altos del castillo.
- ¡Dame eso ahora, Malfoy!
- ¿La quieres, Potter? – dijo deteniéndose un momento mientras una sonrisa maliciosa se asomaba en sus labios –. Ven por ella.
Harry accedió al desafío a pesar de las palabras de Hermione que trataba de detenerlo y se dirigió al encuentro de Malfoy. Se sentía tan enfadado por la actitud tan cínica de éste, se estaba portando como un niño malcriado. ¿Dónde había quedado el niño cortés que Narcissa había criado?
- ¿Qué te crees, Malfoy¡Tú pudiste haberlo ayudado! – Gritó Harry completamente molesto ya desde arriba –. ¡Tú sabes más que yo de hechizos para evitar caídas dolorosas!
- Pruébalo – soltó con una carcajada el otro – .Yo no tengo por qué ayudar a los pulgosos sin talento como él. Deja de perder el tiempo¿o es que acaso no venías por esta pequeña porquería?
- ¡Dámela ahora mismo, Malfoy!
- Ya te lo dije, ven por ella…
Draco sonrió de forma despectiva y lanzó la imitación de snitch hacia la cabaña de Hagrid, pero ésta se abrió y se perdió de su vista aunque no para la de Harry.
Él vio claramente cuando la snitch se detuvo y se dirigió a una de las torres del castillo y la siguió sin detenerse a pensar en nada más. Vio como ésta estaba a punto de doblar para ir al suelo y aceleró la velocidad de la escoba. Un poco más, pensaba y en un instante frente a una ventana logró darle alcance a la snitch para atraparla y bajar antes de que alguien más viera que había roto las reglas de madame Hooch.
Sus amigos corrieron a celebrarle la victoria sobre Malfoy y su impresionante desempeño con la escoba. Harry se sentía feliz y completamente realizado, no le tenía miedo a las alturas, es más ¡hasta podía pasársela volando el resto de su vida!
- Harry Potter – llamó presurosa una voz severa, rompiendo el momento feliz de Harry –. Acompáñeme.
Harry le dejó la pelota a Ron, cerró los ojos y siguió a la profesora McGonagall, esta vez si que la había hecho y en grande.
Mientras tanto, Draco veía con una sonrisa como McGonagall se llevaba a Potter seguramente a su despacho para darle las últimas noticias. Se sintió satisfecho consigo mismo, la deuda con Potter había quedado saldada aun si éste no lo sabía. Con que su orgullo estuviera libre de favores ahora sí podría competir libremente con Potter. Aunque en medio de su plan, Potter iba a terminar debiéndole una que él no se cobraría, le iba a ganar a Potter sin la ayuda de un ajuste de cuentas.
Entre tanto, Harry seguía el paso de la profesora con la cabeza gacha. De no haber seguido las provocaciones de Malfoy no estaría tan cerca de ser expulsado, se sintió mal de pronto. No le gustaba para nada la imagen que seguramente su madre proyectaría al saber la noticia de que su hijo sería expulsado de la escuela en menos de una semana de haber llegado.
- Espéreme aquí, Potter – indicó la profesora.
Harry asintió y siguió pensando en las reacciones de sus familiares. Sin darse cuenta, ahora tenía enfrente a Oliver Word, de quien sabía, era el capitán de Gryffindor e iba en cuarto grado.
- Potter, te presento a Oliver Wood. Oliver, Harry – presentó la profesora luciendo emocionada y sin más agregó –. Wood, he conseguido el miembro que te hacía falta.
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Harry aún no se creía lo que pasaba. Toda la torre Gryffindor había celebrado su nombramiento como el nuevo Seeker de la casa y él se había sentido como en un sueño. ¡Ni en sus más remotas fantasías había imaginado que tendría talento para jugar Quidditch! Seguramente su familia vendría el mismo sábado para felicitarlo y él esperaba impaciente su llegada. Con esto en mente se quedó dormido, sólo quedaba el viernes de clases…
Sin embargo, despertó a las 3 de la madrugada completamente empapado de sudor. Había vuelto a soñar con aquello que más le atormentaba. Sabía que el sueño no volvería y muchas noches más a partir de ésa se despertó a esa hora. Aún el día en que su familia llegó a visitarlo.
James y Sirius le habían abrazado muy fuerte apenas tuvieron la oportunidad. Su padre le habló de algunas tácticas que podría usar en los partidos y Sirius le subió los ánimos hablándole de las jugadas espectaculares de muchos jugadores famosos. Su madre le habló de tener cuidado en los juegos y Remus le dijo que debía divertirse y no solamente buscar un trofeo. Por supuesto que James y Sirius discutieron con el lupino por eso; pero todo en general había distraído y animado a Harry, aunque no lo suficiente.
Después de aquella visita, las clases de la semana transcurrieron con relativa normalidad, pronto llegó la hora en que tenía que entrenar para los próximos partidos de Quidditch. Cuatro veces por semana, Harry se encontraba en los campos de juego entrenando arduamente junto con los otros integrantes del equipo. Oliver Wood había demostrado ser un capitán exigente y lleno de optimismo. Sus entrenamientos eran muy duros y a pesar de eso, los integrantes no se quejaban porque realmente estaban mejorando. Wood aún no había hecho oficial la noticia de que Harry jugaría como buscador, pues había decidido que sería su arma secreta.
También durante las semanas siguientes había establecido una gran amistad con Ron y era el pelirrojo el que le animaba sin saberlo en sus momentos de melancolía. Hermione Granger muchas veces los buscó y había ocasiones en que ellos tenían que esconderse de la chica ya que, a pesar de ser simpática, era demasiado responsable para un par de niños como lo eran ellos.
Incluso Snape había pasado a formar parte de su rutina. Aquel tipo de cabello grasiento y túnica negra larga siempre encontraba cualquier razón para bajarle puntos a su casa. Lo peor era que a veces se aprovechaba de lo malo que era Neville en Pociones, no que Ron y él distaran mucho de la suerte del pobre chico.
Aun así, solamente en el viento había logrado librarse del pasado que no recordaba muy bien. En otras ocasiones, en los pasillos, descargaba parte de su malestar con Malfoy que también le provocaba los pleitos, aunque nunca se percató de que el rubio tampoco estaba en muy buenas condiciones de ánimo cuando reñían. Y junto con esa monotonía, llegó Hallowen.
Los preparativos habían comenzado y Harry había entablado una bonita amistad con Hagrid, el semigigante guardabosques de la escuela. Le había parecido una persona muy amable desde que sus padres se lo presentaron y no tardó en tenerle confianza.
- ¡Oigan chicos, esperen! – pidió Hermione dejando sobre la fuente su lectura de la tarde para seguir a Harry y a Ron a través del patio. Las últimas clases del sábado habían finalizado y ambos chicos habían preparado un día de campo con Dean y Seamus en el lago.
- Y aquí viene la señorita comelibros abandonando su cueva entre el conocimiento – soltó Ron en un susurro que Hermione alcanzó a oír.
Harry se rió e inmediatamente se sintió mal al ver el rostro triste de la chica que detuvo su persecución y se fue rumbo a la escuela aguantándose las lágrimas. El ojiverde decidió que más tarde se disculparía con ella, en realidad no le caía mal y sencillamente había sido nada más el momento en que decidió ponerse a actuar como un patán. Justo como Malfoy, pensó.
La tarde pasó rápidamente y llegó la tan esperada noche de Hallowen. Harry había buscado a Hermione por todos lados pero nunca logró dar con ella y ya estaba por comenzar el banquete del día de las brujas.
- ¿Han visto a Hermione? – le preguntó a una de las gemelas Patil.
- Está en los baños cerca del tercer piso llorando – respondió la chica para luego tomar asiento junto a Lavender Brown.
Harry se fue corriendo hasta donde le habían indicado que Hermione se encontraba. Todos sus movimientos fueron seguidos por los ojos grises de un jovencito que negó suavemente y maldijo por lo bajo sus tontos presentimientos.
- Vengo en un rato, Tom. No me estoy sintiendo muy bien – dijo para escabullirse e ir detrás de ese tonto Gryffindor.
Tom Ryddle le observó alejarse y sintió lo más parecido al enojo corriendo por sus venas, pero decidió hacer caso omiso a ello y dedicarse a disfrutar del banquete.
- ¿Hermione? – Preguntaba Harry al otro lado de la puerta del baño de las chicas –. Escucha, sé que debes estar molesta conmigo por lo de Ron pero no fue mi intención burlarme de ti, ni tampoco la de Ron…
Escuchó un ruido raro al otro lado de la puerta y presintió que algo no andaba bien, además de que había comenzado a sonar una tranquila melodía: - Voy a entrar¿oíste?
Otro ruido demasiado fuerte para provenir del llanto de una chica y lo que vio dentro de la habitación le dejó un escalofrío recorriéndole el cuerpo por completo.
- Vaya, vaya¿qué tenemos aquí? Venía buscando una cosa en especial y no me esperaba poder matar dos pájaros de un tiro… – murmuró la voz de una persona detrás de un enorme perro negro de tres cabezas que dormía plácidamente.
- ¿Quién es usted y qué hace aquí?
- No creo que esas sean las preguntas adecuadas... ¿Sabes Potter? Confirmo una vez más que tu sangre es justamente la que buscábamos y al haber estudiado tu comportamiento por un largo año, supe la forma en que podía atraerte a nosotros pero no me esperaba que llegaras antes de tiempo.
- ¿Quién es usted en realidad? – preguntó sintiéndose un tanto inseguro, había algo en la habitación que no le gustaba en lo absoluto además del detalle del enorme monstruo y la música tranquila.
- Mi nombre puede ser Charles o Gilbert¿qué importa el nombre? Más bien deberías informarte del asunto por el que no saldrás de aquí – Harry pasó su vista por todos lados tratando de encontrar un medio para escapar cuando la puerta fue cerrada –. No trates de buscar algo que no existe, Potter, la única forma de que escapes de nosotros es pasando por mi cadáver.
Harry vio al misterioso hombre a los ojos, o eso supuso porque el rostro del individuo no podía ser visualizado, y volvió a sentir ese dolor punzándole dentro. Imágenes borrosas llegaban a su mente y de pronto la luz verde que lo destruyó todo.
- ¡Tú!
- Oh, veo que por fin me has recordado – puntualizó el hombre riendo desdeñoso –. Aunque no puedas verme por completo. Sí, Potter, soy yo, uno de los hombres que le arrebataron la vida a tu pequeña hermana.
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Continuará…
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Ejem, me matarán por cortarle justo cuando lo interesante llega, pero bueno se detendrán al último momento porque éste día cumplo años y soy inmune a todo xD -pero no diré cuántos -o-. Ya había mencionado yo que debí escribir algo por lo que el joven Potter se comporte como lo hacía luego de salir de casa de los Dursley. Aquí está el comienzo de su verdadero pasado en esta historia. Creo que haré tres o cuatro capítulos por cada libro hasta llegar al año donde todo lo interesante comienza, pero descuiden que le pondré unos toques extra ligeros para que no se aburran.
Como habrán visto, omití algunos detalles que no eran tan necesarios como la selección de casa y otras cositas más ya que si no lo hacía nos íbamos a llevar más capítulos del primer libro y pues acelerando un poco más las cosas no me queda más que esperar a que no se aburran con esta forma de llevar la historia. Y bueno, ya saben pero para recordárselos: sin reviews no hay actualizaciones y mil Gracias por leer.
Inocent Muggle.
