Capítulo XI
Semanas habían transcurrido desde que Kenny se había mudado, había regresado el otro día para terminar de llevarse sus cosas, Cartman le compartió un poco de comida que había comprado demás para que comieran, y al resto de pertenencias Kenny fue comprándolas de a poco en un bazar. Los chicos, Stanley y Kyle, también habían aportado en la mudanza del rubio, regalándole vajillas, juegos de sábanas, entre otras cosas que podían serle de utilidad.
El destello de la pantalla de la televisión brillaba sobre su rostro aburrido, estaba echado en el sofá haciendo zapping, con su gata echada encima suyo, sin nada para hacer. Los días cada vez eran más largos y aburridos, todo lo que hacía era ir a la facultad. La exigencia universitaria había aumentado, pues habían pasado ya los primeros exámenes, en los que había rendido muy bien, pero el segundo cuatrimestre había llegado ya junto al frío del invierno, y esta vez se había atrasado un poco porque su condición mental empezaba a ser un impedimento para el estudio. Se sentía cada vez más agotado, se la pasaba durmiendo como antes, y como no tenía que simular apariencias se pasaba varios días sin comer nada, sólo vivía a base de agua y té verde. Lo más reciente que había hecho respecto a eso fue crearse una cuenta anónima en una red social, empezando por ver a gente que se autoflagelaba o que pasaban hambre igual que él y no hacía otra cosa más que compararse. Si bien había dejado de cortarse un poco, pero había empezado a quemarse con el horno muchas veces a propósito. Le gustaba esa sensación que le propiciaba, sentía algo al fin y sus pensamientos se callaban sólo con eso. Cada vez la violencia contra sí mismo iba en aumento; incluso había empezado a arrancarse algunos cabellos de su cabeza y pequeños lugares pelados empezaron a aparecer, tanto por el estrés como por su labor, los cuales empezó a ocultar con su característico gorro.
La soledad estaba siéndole muy dura, pero no es algo que admitiría o pediría ayuda, pensó que eso era de débiles, de cobardes, y también pensó que lo que estaba haciendo no era ningún problema, sino que era lo que tenía que ser, lo que era natural.
Hacía rato que no se cruzaba con Kyle en la facultad, tampoco a la hora de almorzar. Aunque siendo sinceros, Cartman había empezado a pasar menos tiempo en ese lugar. Tan sólo iba a las clases y se iba rápidamente a su hogar o a caminar por la ciudad. Se sentía juzgado por la otra gente y no quería que lo vieran en esas condiciones. Empezó a sentirse observado, como si su ropa fuera de un material invisible, como si todos pudieran ver a través de ella y lo juzgaran por sus prácticas cada vez más peligrosas. En el único lugar en el que no se sentía juzgado era su hogar, por lo que había empezado a estudiar allí antes que en la biblioteca. Claro que así las chances de encontrarse con Kyle se redujeron aún más, no era una sorpresa.
Aunque Cartman sentía que era algo merecido y la naturaleza de las cosas, no podía obviar la insistencia de los mensajes del judío. Cada día era un nuevo meme que le enviaba, o iniciaba la conversación intentando preguntarle con insistencia cómo estaba, a lo que siempre respondía de la misma manera, con un "bien" a secas o intentando cambiar el tema. Muchas veces era invitado a salir, pero Cartman optaba por estar solo. No quería levantarse, tampoco quería salir a comer, sentía que ya no podía darse el lujo de hacer esas cosas, había mucho en juego y no quería perder.
Ese día particularmente su celular también vibro con insistencia. Cartman en un inicio había optado por ignorarlo y seguir haciendo zapping, pues seguro encontraba algo que le gustase en la televisión, pero el vibrar de su celular fue tan insistente que terminó por soltar un bufido y tomarlo entre sus manos. Cuando lo desbloqueó y su rostro se vio iluminado por la pantalla, pudo ver nuevos mensajes de Kyle que le avisaban que estaba en camino y llevaba para que comieran juntos. Que lo esperase. Cartman se sentó de repente, aunque al hacerlo se mareó un poco, intentó decirle que no viniera pero sintió el timbre sonar. Era en vano.
No se había bañado hacía ya un par de días, por lo que gritó un "ya voy" hacia la puerta para que lo escuchara y corrió a vestirse con la ropa que había estado usando esos días, que cada vez le quedaba más suelta, y el gorro para tapar tanto su mugre como esos pedazos en los que su pelo no crecía. Cuando estuvo listo, abrió la puerta.
— ¿Por qué no me respondías Cartman? —Preguntó apenas vio a Eric. Éste se encogió de hombros como respuesta.
—Estaba ocupado. —Dijo el menor y se hizo a un costado para que Kyle pasara. La casa estaba algo sucia y desordenada, pues ya no tenía ni ánimos para limpiar y muchas veces era Kenny el que se encargaba de hacer eso.
—Parece que un huracán pasó por aquí. —Dijo Kyle, viendo a su alrededor y fijando su atención en la televisión que estaba en un canal algo extraño, asumió que el castaño había estado sentado ahí. La gata prontamente salió a recibir al pelirrojo y a pedirle mimos. —Hola Tiffi, ¿Cartman se viene portando bien? —Le dijo al animal, que apenas maulló y se refregó en sus piernas. Kyle dejó la comida que había traído en la mesa, se trataba de unos burritos, cosa que recordaba que a Cartman le encantaban.
—Tengo que poner la mesa, ya vengo. —Dijo Eric y se escabulló en la cocina. Cuando llegó se apoyó contra la mesada y sentía como su respiración se sentía agitada. No quería comer, realmente no lo quería. Había estado haciendo un ayuno muy estricto y ahora sentía como el corazón podría salirse de su pecho. Tenía un miedo desmedido a comer y realmente no quería enfrentarlo. Suspiró profundo, abrió el grifo para enjuagarse el rostro e intentar calmarse, pero nada resultaba.
— ¿Estás bien? —Se escuchó desde el comedor. Kyle ya había sacado los burritos de su envoltorio y esperaba a que Cartman fuera con los platos.
— ¡Sí, ya voy! —Exclamó Cartman. Cerró el grifo, tomó coraje y llevó la vajilla junto con los vasos a la mesa, con cuidado de que no se le cayeran. Kyle puso el mantel en la mesa, luego ayudó a Cartman con los platos y se dirigió al refrigerador a buscar algo que tomar, sacando una botella de agua que estaba en la puerta. Se sorprendió por la falta de alimentos, apenas distinguió un tupper con guiso que estaba pudriéndose en el fondo de ella. Suspiró apenado y cada vez confirmaba más sus sospechas. Le había comentado a Stan el asunto y realmente ninguno supo que hacer. Stanley sugirió que si se confirmaba hablase con Kenny o pidiera algo de ayuda en su universidad y era algo que Kyle consideraba hacer, después de todo estaba rodeado de psicólogos y gente que estudiaba para serlo todo el tiempo, y alguna idea respecto al tema tendrán.
De lo que había buscado sólo dio cuenta gracias a testimonios que muchos de quienes sufren de un trastorno de la alimentación no daban cuenta de que lo tenían o que realmente era un problema, simplemente lo tenían naturalizado como si se tratase de un hábito más. Kyle quería comprobar si era así en Cartman. Fue al comedor nuevamente con la bebida y sirvió un burrito en cada plato, sentándose a comer. Eric dio su primer bocado, en silencio.
— ¿Cómo te estuvo yendo en la facultad? —Preguntó el pelirrojo. —Hace mucho ya que no te veo por ahí.
—Bien, ya sabes. —Respondió encogiéndose de hombros. —Ahora estudiando para los parciales.
— ¿Ya no vas a la biblioteca?
—No, no me podía concentrar. —Dijo, para luego dar un sorbo del agua fresca. Sentía como sus pensamientos intrusivos iban ganando terreno, pensó en que se estaba fallando e intentó desviar su atención a cualquier otro tema, total después podría vomitar y hacer de cuenta que nada había pasado y ese era su único consuelo.
—Ya veo. Pero tampoco te veo a la hora del almuerzo.
—Es que estoy intentando ahorrar, ahora almuerzo aquí. —Mintió. Kyle se dio cuenta de que mentía, después de todo no había visto ninguna comida, fruta o verdura en la nevera. Cartman era un pésimo mentiroso y cada palabra hacía que sospechara aún más.
— ¿No fuiste tampoco a visitar de nuevo a Kenny? —Inquirió, nuevamente. Cartman negó con su cabeza. —Ya veo, debes haber estado muy ocupado.
—Ya sabes, la vida del estudiante. —Confirmó Eric. Comía muy lentamente, saboreando cada bocado. Tomaba agua entre cada uno de ellos y desviaba su mirada hacia el reloj que estaba en la pared colgado.
—A mí también me vienen exigiendo bastante más en la facultad, hace poco estuvimos viendo nuevos temas. —Informó Kyle.
— ¿Ah, sí? ¿cuáles?
—Empecé una optativa hace poco en este cuatrimestre, nos empezaron a informar sobre trastornos alimenticios. —Mintió. En realidad sólo había estado buscando información y recientemente le había preguntado a una profesora, pero quería ponerlo a prueba. —Es bastante interesante. —Dijo y metió otro bocado en su boca.
— ¿Ah sí? ¿qué es eso? —Preguntó con curiosidad.
—Gente que no come o que si come vomita. —Respondió Kyle, mirándolo atentamente. Cartman desvió su mirada, se empezó a poner nervioso y solamente dirigía su atención a las manecillas del reloj esperando que el tiempo pasara más rápido para despedir a esa visita que empezaba a volverse molesta.
—Deben estar mal de la cabeza, ¿no? —Contestó Cartman, fingiendo desinterés y disimulando como podía, haciendo de cuenta que ese dato no le había afectado.
—Sí, muchos terminan muertos. Hace poco me enteré que una compañera tenía eso. —No era su compañera, sino que se refería a María, esa persona por la que empezó este tema, aunque muchas veces sí sentía curiosidad de ese caso, quisiera saber cómo es que terminó, cómo es que fue ese desenlace, si finalmente pudo pedir ayuda. Se había informado bastante, sabía que la mayoría no pedía ayuda, que muchas veces veían la delgadez como una competencia que nunca era suficiente, que se canalizaba como si fuera una obsesión indulgente que nunca era satisfecha. Era un tema difícil de tratar y la mayor causa en muertes en gente con problemas mentales. Sabía del gran peso que Cartman tenía sobre sus hombros, quería ayudarlo pero sentía que no podía. Observaba cada reacción que el menor tenía, dio cuenta que había empezado a incomodarlo, lo mejor sería cambiar el tema rápido para que no lo eche y acabar con esa intervención enseguida.
—Vaya, ¿se mató?
—No lo sé. —Respondió con sinceridad y terminó su burrito. Cartman dejó la mitad en el plato, dándose por satisfecho. Kyle optó por no decir nada, ya había tenido suficiente, podía notarlo en el nerviosismo ajeno y el ambiente se sentía lo suficientemente tenso.
A continuación le ofreció al menor si quería que le avise a Stan para que vaya y compartan la tarde juntos, pero éste se negó. Cartman estaba ansioso de que Kyle se fuera, pero no quería tener que echarlo, sonaría raro pero mucho tiempo había pasado desde que se encontraban solos y de alguna manera quería aprovecharlo, aunque sabía que si pasaba el tiempo esas calorías iban a ser digeridas. No quería eso, pero no sentía que había otra manera. Empezaba a sentirse irritado, de mal humor.
Kyle puso en el televisor una película, "La historia Oficial", Cartman le había dicho que aún no la había visto y ansiaba poder hacerlo, por lo que Kyle le obedeció. En un momento Cartman se ausentó, le dijo que iría a bañarse y sintió el ruido de la ducha y el agua caer, pero el tiempo que había pasado desde ese entonces fue demasiado, casi una hora. Fue hasta el baño y golpeó la puerta a preguntar si se encontraba bien, Cartman dio una positiva, y un poco de olor extraño llegó a percibirse cuando estuvo cerca de la puerta. Se quedó pensando un rato y dio cuenta de que el menor había estado vomitando. Se sintió frustrado luego del esfuerzo que había hecho para asegurarse de que el menor comiera algo, y dio cuenta que sus esfuerzos eran inútiles, Cartman no lo veía como un problema, veía todo eso como un deseo, como un estado en el que quería mantenerse, como un objetivo y una meta a seguir.
Kyle dio cuenta de que no había manera en la que podía ayudarlo, o al menos no de forma indirecta y disimulada, tal vez tendría que forzarlo y esa idea empezaba a inquietarle. Tendría que planearlo con antelación para reducir las chances de que saliera mal, o para que al menos saliera lo mejor posible y el contrario no pudiera negarse. Tenía que mostrarle que estar bien era lo realmente deseable, pero ¿cómo podía explicárselo a alguien que se lastimaba con tal de seguir arruinándose? No lo sabía. Tendría que buscar ayuda, pedir consejos, informarle a sus amigos y rezar para que funcionara.
En el tiempo que Cartman demoró bañándose, Kyle empezó a sentirse culpable. Juraba consigo mismo no volver a decirle ni un sólo apodo que refiera a su peso, pero pensaba en todo el posible daño que durante años pudo ocasionarle. Recordó cada año, cada día y cada momento, sintiéndose impotente. Quería golpearse. Quería gritar que lo sentía y que nunca más volvería a hacerlo, pero daba cuenta de que era tarde, que el daño estaba hecho y que ahora Cartman sufría por su culpa. También pensó que en algún momento de su vida darse cuenta de algo como eso le habría producido satisfacción y se sintió asqueado por ese pensamiento. Se sentía como una basura, ahora tenía que batallar con las consecuencias de sus acciones, con lo que todos esos años trajeron. Recordó incluso el día en el que junto a Stan lo habían dejado atado en una cruz durante semanas y el estado en el que lo encontraron luego de ello y como se burlaron. Sintió náuseas de la culpa y aprehensión por todo aquello que había hecho. Si bien había sido un niño y un adolescente, pero sentía que no era suficiente para poder excusarse. Su cabeza giraba sobre el mismo tema, una y otra vez. Cada vez estaba más convencido sobre lo que era, una mierda. No merecía ser psicólogo, no merecía nada. La había cagado, o al menos eso sentía.
Cartman salió de bañarse, se vistió, tiró la cadena luego de un rato y cuando apareció nuevamente en la sala de estar llevaba puesto su gorro aunque su cabello estaba húmedo. A Kyle eso también le llamó la atención, había visto que la gente con trastornos perdía pelo en cuanto se agravaba y supo que seguramente eso se relacionaba. Se estrujó su corazón.
Pusieron la película cuando por fin Cartman se acomodó. Kyle decidió no sugerir más nada, ni palomitas ni ningún otro snack. Sabía, después de todo, que sería en vano. Dio cuenta que pese a todo, Cartman no podría parar. Cartman y Stan tenían problemas, problemas que lo excedían y como nunca dio cuenta de su impotencia e inutilidad.
