Capítulo 15: La Llegada al Castillo Negro

Asombrada notó que estaba tendida sobre una gran cama de sábanas blancas y adornos de encaje, y esparcidas por sobre toda la cama habían pétalos de rosas rosadas, lo que le daba una belleza y aroma exquisitos.

-Qué cursi. –Dijo Genkai fastidiada. -¡Oh, demonios! –Protestó al notar cómo estaba vestida.

Ya no tenía su habitual vestimenta de guerrera y abuela, ni llevaba su morado sobrero de siempre, ahora estaba vestida con un largo y hermoso vestido blanco de seda, lleno de encajes, vuelos y bucles, pero lo más sorprendente era que estaba bastante escotado y muy ceñido hasta la cintura, haciendo resaltar su menudo cuerpo de jovencita.

-¡¿Pero qué me pusieron estos tontos?! –Dijo muy molesta. -¡Odio estos vestidos y sobre todo que sean tan escotados!

De pronto, se dio cuenta de algo. Rápidamente salió de la cama y se dirigió a un gran espejo de cuerpo completo y se paró ante él, aturdida por lo que veía.

Ya no era aquella anciana de 70 y tantos años de edad, su piel ya no estaba arrugada, era tersa y suave, su cabello antes canoso, ahora era una hermosa mata de cabellos rosa ondulados, sus ojos, antes apagados, brillaban con un bonito tono marrón, su pequeña estatura había aumentado unos centímetros, y su cuerpo era esbelto y delgado como cuando tenía 20 años.

-Pero qué diablos... –Murmuró sorprendida.

-¿Sorprendida? –Se escuchó la voz de Shie.

Sobresaltada, Genkai se dio media vuelta y vio a Shie parado en la entrada de la habitación con las grandes puertas abiertas. Sonreía malignamente. "Qué extraño, no sentí su presencia" pensó preocupada Genkai.

-¡Shie! ¡Maldito desgraciado! ¡¿Qué me hiciste?! –No demostró miedo alguno, estaba furiosa.

-Te devolví la juventud. Deberías estar agradecida.

-¿Agradecida? ¡Yo no te pedí esto! ¡Devuélveme mi apariencia real!

-Tan testaruda como siempre, ¿no, Genkai? –Tranquilamente, Shie serró las puertas detrás de él.

Genkai se alarmó y se puso en guardia, lista para atacar. Pero Shie, al ver su actitud, se rió burlonamente de buena gana.

-¿Aún sientes deseos de pelear con ese patético nivel de fuerza espiritual que te queda? ¡Eso sí es gracioso! –Lugo la miró seriamente y dijo:

-No sabes lo mucho que deseaba verte con esa apariencia de ángel.

-¿De veras? ¡Pues éste no es mi deseo! ¡No me gusta vestirme así! –Y diciendo esto, Genkai rajó la falda de su vestido hasta la rodilla, en un gesto de desafío.

-Mujer rebelde y testaruda... –La ira de Shie se encendió. -¿Me desafías?

-No. –Lo miró a los ojos sin dejarse doblegar. –Te odio.

En un abrir y cerrar de ojos, Shie estuvo de ese lado de la habitación y tomó a Genkai del cuello, estaba enfurecido, hiciera lo que hiciera, ella no le tenía miedo.

-Te enseñaré a respetarme, Genkai, y a amarme.

-Ni lo sueñes, antes prefiero morir.

Bastante enojado, Shie la lanzó al piso con fuerza, Genkai soportó el dolor a pesar de que ahora era una débil mujer, eso no era nada comparado con su entrenamiento. Sólo miraba a ese hombre con mucho rencor.

-Cuando obtenga otra vez mi verdadera fuerza espiritual, te mataré. –Sentenció ella.

-Qué poco femenina.

Shie se abalanzó sobre ella y la tomó de la cabeza comenzando a presionarla poco a poco contra el suelo, entonces, el terrible dolor anterior, volvió, y esta vez, Genkai no pudo reprimir un pequeño gemido de dolor.

-¿Lo ves, Genkai? No puedes hacerme frente con tu nueva y patética fuerza, tu cabeza no soportaría más presión que esta, explotaría.

-...E-eres un maldito... –Pudo responder soportando el dolor que la agobiaba.

-Me impresiona tu poder de voluntad, eres realmente de admirar. –Entones, para horror de Genkai, Shie acercó su boca a la de ella.

-...N-no me toques... –Trató de zafarse, pero no pudo.

-No te niegues, Genkai. Tendrás que acostumbrarte, pronto serás mi esposa.

-...E-eso jamás, Yuske y sus amigos te detendrán antes...

-¿Eso crees, eh? Pues ya tendrían que haber venido, ¿no te parece? Son unos cobardes.

-...N-no como tú. Ellos vendrán...

-No. No vendrán. –Se acercó más aún, y Genkai pudo sentir su aliento sobre su cara. Ella no quería ese beso, no lo quería.

-Yuske... –Murmuró cerrando sus ojos pidiendo por su ayuda.

De pronto, Shie se puso en pié. Alerta. Sintiendo la presencia de varias personas poderosas, personas conocidas.

-Se cumplió tu deseo, Genkai. –Dijo –El equipo Urameshi vino por ti.

Y diciendo esto, se fue de allí, no sin antes asegurar las puertas con llave, dejando a una aturdida Genkai tendida sobre el suelo, pero ya más tranquila y menos adolorida.

-Gracias, equipo Urameshi. –Murmuró con gratitud, y suspiró aliviada.

Afuera del Castillo Negro, el equipo Urameshi estaba listo para actuar, listos para rescatar al otro miembro del equipo: Genkai. Yuske, Kuwabara, Kurama y Hiei se pararon ante la entrada del castillo, que era un puente levadizo.

-Entremos. –Dijo Yuske.