¿Qué coño le pasa a Hermione?
--¿Qué coño le pasa a Hermione?
--Eh?
--Harry, ¿me oyes!
--Te oigo, te oigo. Y haz el favor de dejar de zarandearme.
A pesar de que Ron era su mejor amigo, Harry Potter no podía evitar pensar, a veces, que el muchacho era un poco pesadito. Sobre todo cuando se trataba de cualquier tema relacionado con Hermione, de la que estaba perdidamente enamorado, aunque se bebería cualquier poción preparada por Neville Logbotton antes que reconocerlo.
--Qué le pasa ahora a Hermione? – le preguntó Harry con tono aburrido.
--¿Cómo que qué le pasa? ¿Es que no lo has visto? ¡En qué estabas pensando Harry! Se ha ido. ¡Así, sin más!
Harry se empezó a sentir crispado por los gritos de Ron. Estaba pensando en Sirius y concentrándose en odiar a Bellatrix Lestrange y a Lord Voldemort. Qué narices le importaba a él si Hermione se ha ido o se ha dejado de ir.
--¿Que se ha ido a dónde, Ron? – le respondió Harry, con voz de hastío. Tenía claro que si no le decía algo, su amigo iba a empezar a montar la marimorena y se iría a su cuarto cabreado. Ya tenía suficientes problemas como para pelearse también con su mejor amigo.
--Y yo que sé. Me ha dicho que deberían suspender la copa de Quiddich, porque piensa que los dementores pueden atacar a alguien como hicieron contigo en tercero. – Ron no se paraba ni para respirar.- Como si no supiéramos hacer los patronus…blablabla…. Y no pueden entrar al colegio, que está protegido..blablabla.. por supuesto le he dicho que…. Y ella me ha dicho que…
Los eternos le he dicho, me ha dicho, pensó Harry, ya hartísimo.
--Pero ¿por qué se ha ido?- le interrumpió
--Eso te iba a decir. Me ha dicho que se iba a la biblioteca a estudiar y se ha largado, ¡y tan campante!- Ron, a quién la interrupción de Harry, apenas había dejado tiempo para respirar, casi se ahoga al decir estas últimas palabras.
--Bueno, ya sabes como es… con los estudios y tal…- le replicó un poco sorprendido por ver a su amigo tan fuera de sí.
--¡Te da igual! ¡Pues vete a la mierda! – le gritó Ron por última vez y se largó escaleras arriba hacia los dormitorios.
Harry se quedó en el sofá, contemplando el fuego de la chimenea y pensando con extrañeza cuánto le recordaba ese comportamiento, al de Cho Chang durante el curso pasado. No estaba seguro, si es que el amor convertía a la gente en gilipollas, o es que su amigo se estaba volviendo afeminado… o si estaba poseído por el espíritu de Cho.
De todas formas, si que era raro el comportamiento de Hermione últimamente. Las discusiones, sin fin, de Ron y Hermione habían sido algo tan habitual, que había acabado por ser algo normal. Y justo por eso, incluso para él, cuya mente estaba demasiado ocupada con las profecías, los señores tenebrosos y el amor a su adorado e idolatrado Sirius, era algo notorio el cambio que se había producido.
De alguna manera, Harry no sabría precisar exactamente cuándo, Hermione había empezado a pasar, literalmente, de discutir con Ron. Y este, en consecuencia, hacía todo lo posible por cabrear a su amiga, sin resultados.
Harry no tenía ninguna gana de inmiscuirse, pero Ron se enfadaba cada vez más con él por culpa de Hermione. Y además, eran sus amigos. Y ese bonito equilibrio que había habido siempre entre los tres, peligraba desde que la chica parecía determinada a hacer a Ron, menos caso que a una mosca.
Tampoco sabía muy bien, si a Hermione le iba a hacer mucha gracia que él fuera a preguntarle qué le pasaba con Ron, sobre todo ahora que estaban un poco distanciados. Otra de las particularidades de este nuevo curso. Tenía a un amigo permanentemente irascible y a otro que, poco a poco, se alejaba de él. Y no sabía lo que estaba pasando, ni siquiera estaba seguro de querer saberlo. Simplemente quería que las cosas fueran como siempre. Con sus amigos, en el colegio, sin Voldemort, con Sirius…
Harry se inmiscuye
Harry entró en la biblioteca, y paseó por las filas de mesas hasta dar con Hermione. La muchacha estaba enfrascada leyendo un libro increíblemente grueso. Harry carraspeó.
--¿Vienes a estudiar? – le preguntó Hermione, levantando la cabeza, con un deje
--de sorpresa.
--Err…no.
--Lo imaginaba.- Volvió a decir la chica y se quedó mirándolo expectante.
--Quisiera hablar contigo Hermione.- Se paró, pero como la aludida seguía mirándole, volvió a tomar la palabra.- Bueno… esto… es que últimamente no hablamos mucho…
--Ya.- respondió ella. Y volvió a quedarse callada, pero esta vez no le miraba a la cara.
--Y pasas de Ron…
--¡Es un pesado!
--Lo sé, lo sé- empezó a decir Harry, pero Hermione volvió a tomar la palabra interrumpiéndole.
--Yo no tengo el mismo interés en él… que el que él tiene conmigo. Y no tengo ganas de discutir sobre todo, ¿entiendes Harry? Están los EXTASIS a la vuelta de la esquina y... bueno, si al menos ligara como las personas normales, yo le hubiera mandado a la mierda y a la larga se acabaría arreglando, ¿no crees? – Hermione le miró inquisitiva, pero Harry no estaba muy seguro de qué responder a eso.
--P-pues…
--Yo no puedo mandarle a la mierda, porque él jamás reconocerá que le gusto.- prosiguió la muchacha.
Se quedaron ambos callados, mirándose. Harry pensó que las cosas estaban muy crudas. Tan crudas, que se atemorizó a si mismo pensando en que esto era el fin de la amistad que había unido a los tres desde primero.
--Tienes que decírselo, Hermione. Porque lo reconozca o no lo reconozca, más vale que se entere pronto que no quieres nada con él. – Le dijo Harry con el tono más autoritario que pudo.- Y que sea lo que tenga que ser.- añadió con desesperación.
--Tienes razón.- Respondió Hermione cabizbaja y comenzó a recoger sus libros.
Harry y Hermione llevaban ya un buen rato esperando, sentados bajo un haya en la salida del castillo, cuando Ron se presentó. Todavía traía en la mano el pergamino que le habían enviado atado a Hedwig.
Harry se levantó y murmuró algo sobre unos deberes atrasados y se marchó en dirección al colegio. Se sentó en las escalinatas de la entrada. Desde allí no escuchaba a sus amigos, pero podía verles hablar sentados bajo el haya. Se sentía un poco mal, porque no les estaba dando toda la intimidad que debiera, pero no estaba muy seguro de cómo iban a acabar la cosas tras lo que iba a acontecer y como amigo debía estar ahí por si le necesitaban. Y como cotilla, tenía que estar ahí, para no roerse las uñas en el castillo, de pura angustia, sin saber qué narices estaba pasando entre esos dos.
Al principio parecía todo muy normal, pero al rato le llegaron voces. No entendía nada, pero sin duda estaban discutiendo a voces. Ron se levantó y se dio la vuelta airado. Hermione le gritaba algo, y el muchacho se volvió para gritar también. Más volvió a darse la vuelta y salió corriendo en dirección a donde estaba Harry.
Ron pasó como una flecha a su lado, y Harry esperó a que llegase Hermione, que venía andando tranquilamente hasta donde estaba él. La muchacha no tenía buena cara, y a Harry le daba la impresión de que estaba a punto de echarse a llorar.
--Parece que no ha ido muy bien, ¿no?
--Ha sido desastroso, Harry. – le respondió la muchacha.- Ha negado que yo le gustara, y luego me ha llamado de todo y después me ha preguntado si viktor me ha presionado para esto y luego me ha llamado de todo, otra vez. Y finalmente se ha ido corriendo.
Hermione no tenía muy buena cara y Harry la conocía demasiado bien como para intentar consolarla. De hecho, era siempre Hermione la que estaba ahí para él cuando las cosas se torcían. Se hizo un silencio incómodo y Harry hizo un ademán de marcharse. Ella le retuvo.
--Harry – le dijo con la voz quebrada.
Volvió a quedarse callada, él esperaba algo, un discurso, cualquier cosa, pero ella se quedó callada. Veía la desesperación en sus ojos, y no entendía los motivos. Cierto era que la charla que acababa de tener con Ron no era un buen trago, pero la peor parte se la había llevado el chico. ¿Se habrá arrepentido? Se preguntó. Ella había dejado claro que no estaba enamorada del pelirrojo. Entendería tristeza, entendería cierta impotencia, ¿pero desesperación?
--Has hecho lo que tenías que hacer – fue lo único que se le ocurrió decir.
--Lo sé – le respondió ella – tarde o temprano tenía que decírselo.
Volvieron a quedarse callados. Harry intuía que su amiga esperaba algo de él.
--¿Estás bien, Hermione? – obviamente no lo estaba, pero si ella no era capaz de desahogarse sola, tendría que ayudarla de alguna manera.
--No, no estoy bien – parecía a punto de llorar
--¿Por lo de Ron?
Hermione se estremeció y empezó a ponerse roja. Harry empezó a asustarse, definitivamente su amiga tenía problemas. Seguramente problemas mucho más graves que su pelea con Ron. Nunca la había visto en ese estado.
--¡Por supuesto que es por lo de Ron! ¿Por qué iba a ser sino? – le chilló de repente Hermione, asustándole.
Y seguidamente se dio la vuelta y entró corriendo en el colegio. Harry se quedó mirando la puerta boquiabierto, no entendía nada de nada.
Harry se durmió esa noche pensando lo graves que se iban a poner las cosas a partir de ahora. Ya nunca más serían ellos tres. Serían él y Ron o él y Hermione. Él siempre había creído que los tres serían amigos para siempre. Algún día le ayudarían a deshacerse por fin de Voldemort y después trabajarían en el departamento de aurores del ministerio y vivirían en la misma ciudad. Para Harry, sus amigos eran la familia que nunca había tenido y ahora, ese núcleo que habían creado se estaba desmoronando. Tenía que hacer algo.
Se levantó temprano con la determinación de lograr reunir de nuevo a la pandilla. No sabía exactamente qué paso iba a dar, pero no pensaba quedarse de brazos cruzados.
Durante la clase de Historia de la magia se hizo patente la nueva situación. Se sentó junto a Hermione, como hacía siempre en esa asignatura. Era la única manera de conseguir buenos apuntes. Pero Ron, en lugar de ocupar su sitio, al otro lado de Hermione, se sentó varios pupitres más atrás, junto a un chico de Hufflepuf.
Harry se volvió varias veces durante la clase, para mirar a su amigo, pero este ni siquiera levantaba la vista del pupitre, se dedicaba a jugar con su pluma como si el resto del mundo no existiese.
Al finalizar la clase Harry le cogió del brazo y se lo llevó arrastrando fuera del aula.
--Ron, no tienes que estar enfadado conmigo
--¿Ah, no?- Ron, evidentemente estaba muy, pero que muy enfadado.
--Y tampoco tienes que estarlo con Hermione
Ron estaba tan enfadado que parecía que le iba a salir espuma por la boca en cualquier momento. Agarraba la varita con inusitada fuerza, tenía los nudillos blancos de la presión y Harry se metió la mano en el bolsillo de la túnica para agarrar la suya. No quería tener que usarla, pero no estaba seguro de lo que iba a hacer Ron, estando como estaba.
--¿Tú también piensas que estoy enamorado de Hermione, verdad? – le gritó furioso.
Harry se quedó lívido.
--¿Cómo? – le dijo abriendo los ojos como platos.
--Os creéis muy listos los dos – le decía Ron, aún rojo por la ira, con el tono más digno que le había escuchado jamás – no se cómo se os ha pasado por la cabeza pensar que me gusta. Es como si dices que me gusta mi hermana. No te fastidia.
--¡Pero siempre te ha gustado! – Harry pensó por un momento que debía ser algún tipo de técnica de defensa, pero no pudo evitar lanzar esa exclamación.
Esta vez Ron no le respondió, se había calmado y parecía ahora dubitativo. Harry empezó a preocuparse. Desde que había empezado el curso, sus amigos estaban de lo más raro.
--Creo que debemos hablar los tres – le dijo, entonces, Ron.
Encontraron a Hermione en la biblioteca, como siempre y salieron con ella al claustro del colegio. La chica parecía intrigada y Harry definitivamente lo estaba. Cuando se sentaron, en el primer banco que encontraron en el camino, Harry no sabía que era más raro, si la extraña e inusitada reunión, o el temple de Ron, que parecía muy seguro de si mismo.
--Tengo que contaros algo – les dijo el muchacho perdiendo un poco del porte que traía momentos atrás. Harry y Hermione lo miraban expectantes. – Para empezar sois idiotas, imbéciles y unos amigos de mierda – empezó a perder la compostura, pero se recuperó al instante, no así sus amigos – Yo no estoy enamorado de ti – se dirigió a Hermione – Ni siquiera entiendo cómo habéis podido pensar eso.
--L-lo siento – dijo Hermione con mucha suavidad – creía que era así y yo… yo no siento eso por ti, y no quería hacerte daño. De verdad, lo siento muchísimo.
--No importa – la tranquilizó el muchacho – Yo no pensaba deciros esto. Harry, no quiero perderte como amigo.
--No vas a perderme como amigo, Ron – le replicó Harry sorprendido.
--Harry…. – Ron parecía no saber cómo continuar – Estoy saliendo con Cho.
Harry y Hermione lo miraron asombrados.
--¡Cómo! – Harry no podía creérselo - ¿Desde cuándo?
--P-pues empezamos el curso pasado – Ron empezaba a tener problemas para expresarse – cuándo ella y tú lo dejasteis. N-no creí conveniente… decírtelo. – estaba rojo de la vergüenza.
Harry estaba indignado y Hermione seguía sorprendida. ¿Cómo había podido hacerle aquello? ¡Su mejor amigo! ¡con su ex! No tenía nombre. Enfadado, Harry se levantó con ganas de lanzarle un maleficio a su amigo, pero Hermione le retuvo.
--Yo también tengo que deciros algo – ella también se puso colorada. Y los dos chicos la miraron.- Me da muchísima vergüenza.
La chica se quedó callada y Harry que estaba perdiendo la paciencia con tanta confesión inesperada le increpó para que hablara de una vez. No tuvo mucho efecto, porque la muchacha, se puso aún más nerviosa.
--Hermione – le dijo Ron, cogiéndole de la mano, ahora que las dudas sobre su posible romance estaban disipadas. - ¿Qué te sucede?
--C-creo….c-creo, esto, c-creo – cada vez estaba mas colorada y más insegura, y eso no era normal en ella – me parece que me gustan las chicas.
Harry abrió la boca, no se esperaba una confesión como aquella. Y parecía que a Ron le pasaba algo de lo mismo.
--¿Qué te gustan las chicas? – le preguntó Harry para cerciorarse.
--Sí – le respondió ella mirando al suelo, avergonzada.
--¿Estás segura?- Harry no lo tenía claro.
--¡Es una barbaridad! – dijo Ron, de repente, con un tono un poco más alto de lo normal.
--Pues no sé que tiene de malo que le gusten las chicas, tú estás saliendo con Cho Chang – le replicó Harry indignado, y presto a ponerse del lado de Hermione, por una vez en su vida. – Hermione, en serio, no pasa nada. Si te gustan las chicas a mi me parece estupendo.
Ron bufó algo media voz, pero aunque a regañadientes, parecía estar formulando algún tipo de frase de apoyo sobre la recién descubierta tendencia sexual de su amiga. Sin embargo, Hermione no levantaba la cabeza y seguía mirando el suelo con inusitado interés.
--Hermione – Harry trataba de darle un tono comprensivo a su voz – de verdad que no nos importa, nos parece genial ¿A que sí, Ron?
--Si, genial – volvió a decir este a regañadientes.
Hermione levantó la cabeza y seguía igual de avergonzada. Estaba a punto de echarse a llorar.
--Me gusta una chica, es terrible.
--Que no, que no es grave, Hermione. Que es una cosa normal – Harry quería consolarla.
--Es terrible, me gusta… - los dos amigos la miraban expectantes, Ron hacía como que no estaba interesado, pero Harry estaba loquito por enterarse – Pansy Parkinson.
¡¡Pansy Parkinson! – Gritaron los dos al unísono. Hermione no sabía dónde meterse.
Esta era buena, menuda mañana. Que Ron estuviera saliendo con Cho Chang era un terrible agravio, pero podría sobreponerse. Que a Hermione le gustaran las chicas, era algo inesperado para él, que pensaba que esas cosas solo salían en la tele muggle, no obstante tampoco le parecía algo grave. Pero que Hermione estuviera enamorada de Pansy Parkinson, eso era algo terrible, era casi asqueroso.
Durante el almuerzo se sentaron juntos, como siempre, pero los tres estaban taciturnos, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Harry no hacía más que darle vueltas. Se volvió varias veces hacia la mesa de los Slytherin para mirar a Pansy, a ver si descubría qué narices le interesaba a Hermione de esa chica, pero Draco le descubrió y empezó a increparle y a amenazarle con media mazorca de maíz en la mano. Así que cesó en el empeño de mirar a la Slytherin, no por sentirse intimidado por el idiota de Malfoy, sino más bien por no darle el placer de creer que merecía la más mínima atención por su parte.
Se había levantado esa mañana con la determinación de solucionar las cosas entre los tres. Y se dijo que debía aceptar la nueva relación de su amigo, pero jamás podría apoyar a Hermione con el tema de Pansy. Ni siquiera sabía si la Slytherin quería algo con su amiga, pero si lo quería se iba a dar con un canto en los dientes. Había decenas de chicas guapas en el colegio, alguna tendría que haber a quien también le gustaran las chicas.
--¡Claro! ¡Eso es! – gritó de repente, con satisfacción.
Todos los que estaban sentados alrededor le miraron como si fuera un bicho raro. El bicho raro que vivió.
--¡Ron, tienes que venir conmigo!- y le cogió por la manga de la túnica arrastrándolo hacia la salida.
--¿Pero qué te pasa? – le decía el otro con la boca llena y un muslo de pollo mordisqueado en la mano.
--Vamos a encontrar una chica para Hermione – le respondió Harry contentísimo por su acertada decisión.
--¿Una chica para Hermione? – Ron no se podía creer lo que estaba oyendo.
