Varios días después, un pergamino apareció en los tablones de anuncios de tres de las salas comunes de las cuatro casas.

La gente miraba extrañada el pergamino, el día anterior no estaba allí, pero lo más raro era que el pergamino estaba en blanco, sin embargo en los bordes tenía una gruesa línea roja, que se ponía brillante cada vez que alguien pasaba cerca del tablón.

En la sala común de Hufflepuf dos chicas se acercaron al ver cómo brillaba un pergamino del tablón de anuncios.

Estimada alumna, a ti que me lees:

Hoy es tu día de suerte. La soltera más codiciada de Hogwarts, Hermione Granger está disponible y ansía encontrar a su gran amor. ¿Podrías ser tú?

--¡Que fuerte! – le dijo Susan Bones a su amiga Hannah Abbot mientras leía.

--¿Qué fuerte, qué? – le respondió su amiga extrañada

--¿Pero no lo lees?

--¿El qué?

--El pergamino – Susan se exasperó, pero mira que era cortita la pobre Hannah.

--Susan… - la miró esta condescendientemente – el pergamino está en blanco.

Susan se quedó de piedra.

--¿En blanco dices?

--Sí, yo no sé que te pasa esta mañana, Susan – le espetó la otra – anda, vamos a desayunar.

La pobre chica se quedó allí boquiabierta, sin entender porqué su amiga decía que estaba en blanco y no prestaba atención, cuando no solo estaba escrito, sino que las letras brillaban y ponía claramente que Hermione (Bombón) Granger, era bollera. Eso no solo era un notición, era una bendición caída del cielo.

Antes de salir hacia el comedor terminó de leer el pergamino.

Si crees que puedes ser tú la afortunada que se gane el amor de esta hermosa bruja, acude esta tarde al campo de Quiddich a las 4 pm.

¡No faltes!

No hacía falta que le insistieran, Susan no se lo perdería por nada del mundo.

Harry estaba muy contento, las cosas estaban saliendo a pedir de boca. En la sala de Gryffindor, su pergamino encantado estaba siendo todo un éxito. La mayoría de la gente lo miraba con extrañeza y seguían su camino, pero unas cuantas chicas se habían parado ya a mirarlo con mucho detenimiento, y Harry había comprendido que lo estaban leyendo. Era de prever que en las salas de Ravenclaw y Huffelpuf fuera todo igual de bien. En Slytherin no había querido ponerlo, por si acaso resultaba que Pansy Parkinson también era de la otra acera, porque eso de estar saliendo con Draco Malfoy no podía ser otra cosa que una tapadera. Nadie en su sano juicio, ni siquiera la idiota de Pansy Parkinson podía considerar a Draco actractivo.

--¿Qué es eso? – Harry se sobresaltó, no se había percatado de que Ron, aún somnoliento, había llegado y se había puesto a su lado a mirar el pergamino, que Harry miraba con tanto orgullo.

--Es un anuncio para reunir a todas las chicas lesbianas del colegio – le dijo harry pletórico

--Ah… pues no pone nada.

--Ya, le he hecho un hechizo – harry realmente estaba entusiasmado con su pequeño proyecto de buscarle una novia a Hermione – Solo lo pueden leer las personas con tendencias homosexuales, que no sean Hermione, claro, que me mata. Encontré el hechizo en un libro de la biblioteca.

--¿Y qué pone? – le preguntó Ron mirando el pergamino interesado.

Harry se lo leyó de cabo a rabo.

--Genial, ¿eh?

--¿Y tú cómo es que puedes leerlo? – Había una mezcla de sorna y extrañeza en la voz de su amigo.

--Pues porque yo lo he conjurado, ¡mira que eres tonto!

--Bueno, bueno – le dijo el otro entre risas y ambos se fueron a desayunar.

La sala común de Gryffindor estaba ya vacía, todo el mundo había bajado a desayunar. Ginny Weasley bajó apresuradamente las escaleras, ¡Menos mal que es sábado! Se decía, porque menuda forma de pegársele las sábanas.

Llevaba la camisa mal abotonada y aunque había tratado de metérsela debajo de la falda, parte se le había quedado por fuera. La corbata la llevaba floja, la chaqueta abierta. Y los libros, a los que tenía que pegarles un buen repaso, los llevaba en la mano haciendo equilibrios para que no se cayesen.

Cuando estaba a punto de salir vio el pergamino que había en el tablón de anuncios. Desde allí no podía leerlo, pero brillaba tanto que le pudo la curiosidad y se acercó a echarle un vistazo.

Se sobresaltó del ruido de los libros al chocar contra el suelo. No podía creerlo, no podía. Hermione era… ni en su pensamiento era capaz de componer la frase. Era como ella. Había pasado tantas horas en los dos últimos años pensando en ella y compadeciéndose de si misma porque Hermione jamás la querría. ¿Cómo la iba a querer, si Hermione era perfecta, y heterosexual? Algún día se casaría con su hermano y Ginny sería la pobre solterona... No era la única, y por si fuera poco ella, su ella, el amor de su vida también era… No era capaz de decirlo. Era como ella.

Una especie de fuerza estaba dentro de su cuerpo, pugnando por salir. Como si estuviera henchida de felicidad, y fuera tanta, que trataba de salir de su cuerpo, que se estaba quedando pequeño para tanta dicha. Y mientras, sonreía de tal forma que le empezaban a doler las mejillas. Era la primera vez en su vida que se sentía así, no recordaba ninguna sensación parecida y se sentó en uno de los sillones de la sala, porque no era capaz de decidir qué hacer a continuación. Simplemente quería ahogarse en su felicidad y soñar despierta con que Hermione y ella podrían tener algo juntas.

Harry se estaba empezando a impacientar. Faltaba un cuarto de hora para las cuatro de la tarde y no creía poder retener a Hermione por mucho tiempo en el estadio de Quiddich. La chica se quejaba porque estaba descuidando los deberes. ¡Qué pesadita con los deberes! Si Ron no aparecía pronto y el tiempo pasaba más deprisa todos sus planes se iban a ir al traste.

Había conseguido reservar el campo de Quiddich, había engañado a Hermione para que fuera allí con él, suplicándole que le enseñara en privado algunos hechizos. Esta era la parte más brillante de su plan, había instado a la chica que le enseñara a crear una barrera de protección alrededor del campo, para que ningún curioso pudiera entrar sin su consentimiento. Y juntos, habían hecho aparecerse una mesa y un par de sillas.

Hermione, que de tonta no tenía un pelo, había sospechado algo, porque ahora no paraba de insistirle los motivos por los que estaban realizando tales hechizos, que no estaban dentro de los planes de estudio de ese trimestre. Harry trataba de convencerla que era para estar preparado por si tenía que vérselas pronto con Voldemort, pero Hermione no creía que una mesa y un par de sillas fueran un arma eficaz para tales menesteres y a Harry se le estaba acabando la inventiva.

--¡Menos mal! – dijo aliviado al ver aparecer a Ron. Pero le cambió la cara casi instantáneamente, Cho Chang venía detrás de él.

--Se lo he tenido que contar, íbamos a pasar la tarde juntos – se excusó el pelirrojo avergonzado.- Y… ya no vamos a escondernos más, Harry, te guste o no.

A Harry no le hizo mucha gracia, pero tampoco quería pelearse con su amigo. Había decidido que todo iba a marchar bien entre ellos pasase lo que pasase y además, no quería hacer perder la paciencia a Hermione.

--Vale, vale, no hay problema – dijo secamente y se dirigió a Cho susurrando – vete a la entrada y deja pasar a todas las chicas que vayan llegando, por favor.

Unos minutos después empezaron a llegar algunas chicas del colegio. La primera fue Susan Bones, que había estado horas dando vueltas en la puerta del colegio esperando a que fueran las cuatro de la tarde. Llegaron algunas chicas más a las que Harry solo conocía de vista. Cuando vio aparecer a Katie Bell pegó un gritito de satisfacción ¡Lo sabía! Y se dedicó unos momentos a pensar, que si no fuera porque ya se habían ido del colegio, Alicia Spinnet y Angelina Johnson estarían allí sin ninguna duda.

Hermione mientras tanto se empezaba a impacientar, por la cara que tenía, no atinaba a comprender porqué estaban apareciendo tantas chicas del colegio en el campo de Quiddich. Harry la cogió por los hombros y la sentó en una de las sillas junto a la mesa, puso la otra delante y se fue hacia el grupo de las chicas que se habían quedado todas junto a la puerta, sin estar muy seguras de qué hacer a continuación. Hermione estaba quieta en su silla. Era todo tan raro que se quedó sentada a ver qué sucedía, porque no tenía ni idea de qué podía pasar a continuación. De repente, una de las chicas, tras hablar con Harry se fue hasta la mesa y se sentó en la silla enfrente de Hermione. Ron, que estaba cerca le dijo que disponía de 5 minutos. Hermione, que ya estaba empezando a impacientarse con tanto secretismo y tanta parafernalia, abrió la boca para protestar y exigir una explicación. Fue tarde porque la chica que se había sentado frente a ella la miraba sonriendo, y habló primero.

--Hola – le dijo la chica, que según los cálculos de Hermione debía ser Ravenclaw de cursos inferiores. – Soy Carol Emmettson. Igual me has visto alguna vez por la biblioteca, yo voy mucho por allí. – la chica parecía algo nerviosa

--A-ah , pues encantada – le respondió cortésmente Hermione cada vez más confusa.

--A mi también me gusta mucho leer.

--¿Ah, sí? – Hermione ya no sabía qué pensar, se volvía a mirar a Ron pero este miraba hacia otro sitio y parecía divertirse, no le sentó muy bien, así que se volvió hacia la muchacha con cara de pocos amigos, pero esta estaba tan nerviosa que ni lo notó.

--Sé que te gusta leer porque te he visto mucho por la biblioteca, yo voy mucho por allí.

--Eso ya me lo has dicho – le dijo cortante

--B-bueno, lo siento, yo he pensado… bueno, podríamos quedar algún día para estudiar juntas ¿sabes? Si quieres, claro.- la muchacha estaba como un tomate – ya-ya nos veremos por la biblioteca…

La muchacha se levantó y se fue cabizbaja, Hermione intentó aprovechar la oportunidad para montar en cólera, pero tampoco ahora le dio tiempo. Lavender Brown se sentó dónde momentos antes había estado la otra chica.

--Tanto tiempo compartiendo cuarto… - Lavender le sonreía con picardía, y Hermione estaba cada vez más intranquila. – si lo llego a saber antes me hubiera acercado a tu cama… - de repente inclinó la cabeza y se acercó más hacia Hermione, como para hacerle una confidencia – este invierno promete mucho frío…

--¡Lavender! – Hermione estaba escandalizada

--No te preocupes – y le guiñó un ojo – será nuestro secreto.

Lavender se levantó y Hermione, aunque hubiera querido no era capaz de quejarse, ni decir nada, estaba demasiado escandalizada.

Una por una, todas las chicas que estaban en el campo de Quiddich se acercaron a la mesa y le tiraron los trastos a Hermione. Esta hacía rato que comprendía lo que estaba pasando, pero seguía tan impresionada, que no era capaz de quejarse.

Al final, todas las chicas se fueron, pero Hermione se quedó allí sentada y aturdida. Harry se acercó a ella y se sentó en la silla que tenía enfrente.

--Me has organizado una cita a ciegas con todas las chicas del colegio – le dijo a Harry con voz cansada, como si este no lo supiera.

--Anda ya, no había más de veinte. – le replicó el muchacho quitándole importancia.

--Harry…

--Hermione, tienes que olvidarte de Pansy. Ella no te conviene.

--¡Harry!

--No, tienes que olvidarte. Hay muchas chicas guapas. Mira Katie Bell, es guapísima y además es muy simpática. ¡Está en el equipo! – Para Harry, estar en el equipo era lo que hacía brillar a Katie por encima del resto de candidatas.

De repente una escandalera llegó desde la puerta. Cuando se fueron todas las chicas, Ron se fue hacia allí, que estaba Cho, y por lo último que había visto Harry, estaban apoyados contra la puerta pegándose lenguetazos.

Ginny venía, ahora, andando hacia ellos y Ron la perseguía enfadado.

--¡No me digas que tú también eres bollera! – le gritaba tratando de alcanzarla.

Ginny seguía andando hasta ellos con el paso firme, cargada de dignidad, mientras su hermano la seguía furioso e incrédulo.

--Yo también quiero participar – dijo cuando llegó a la mesa.

--Bueno – Harry se levantó para dejarle el sitio sin creer que la hermana de Ron pudiera ser también lesbiana.

--Ginny Weasley – Ron estaba fuera de sí

--Ronald Weasley – le respondió ella también enfadada – hago lo que me plazco y si te has creído ahora que eres mi padre estás listo. No vas a controlarme, ¿te enteras?

--¡Se lo voy a decir a mamá!

--Y yo le voy a decir que te he visto enrollarte con la exnovia de tu mejor amigo ¡Y con los pantalones semibajados! ¡Ron, que lo he visto!

Y debía ser cierto, porque a Ron se le subieron los colores, se dio media vuelta y se alejó corriendo.

Siento haber llegado tarde, Peeves me dejó atrapada en los lavabos. – dijo la pelirroja tratando de excusarse.