Ginny se sentó frente a Hermione, roja por la rabia y visiblemente alterada. Harry se alejó un poco. Ginny Weasley era muy simpática, pero más valía estar lejos cuando se enfadaba. En ese sentido, era igualita a su madre.

La pelirroja estaba tan alterada por la pelea con su hermano, que casi se le había olvidado qué había ido a hacer al campo de Quiddich. Había dudado mucho antes de entrar, pero desde que Ron empezó a chillarle, dejó de considerar el paso que estaba a punto de dar como algo vergonzoso, para convertirlo en algo personal. No obstante, una vez que estuvo frente a frente con Hermione, que la miraba a los ojos, esperando a que dijera o hiciera algo, volvió a sentirse muy, muy pequeña y seguía roja, pero ya no de ira, sino de vergüenza.

-- Te quiero – fue lo único que atinó a decir, nunca había sido buena con las palabras, al menos cuando se trataba de temas sentimentales.

Hermione abrió mucho los ojos.

-- ¿Desde cuándo?

-- Desde siempre – Le respondió abrumada.

Hermione se quedó quieta y callada, mirándole a los ojos. Ginny empezó a sentir mucho calor. Creía estar a punto de incendiarse por dentro.

-- Ginny – por el tono de voz, entendió a Hermione antes de que esta pudiera llegar a decírselo. – yo no estoy en condiciones de corresponderte. L-lo siento.

La pequeña de los Weasley ya se estaba levantando, antes de que Hermione terminara de hablar. Parecía estar a punto de llorar y se marchó corriendo.

-- ¡Pero Hermione! – Harry se había acercado corriendo a la chica y le hablaba desesperado - ¡Cómo has podido! Es Ginny, ¡Ginny! ¡Está en el equipo! – Harry clasista, como siempre – y además es una Weasley. ¡Y es guapa!

-- Siempre me ha gustado – Harry abrió la boca, su amiga además de lesbiana, se había vuelto loca.

-- ¡¿Y porqué le dices que no!

-- Por lo de Pansy

A Harry le ardían las orejas, y estaba a punto de echar humo. Que no se interesara por Katie Bell, vale, pero que rechazara a Ginny Weasley, eso era una ofensa al buen gusto. Todos los chicos del colegio estaban siempre colados por ella, era la nueva flamante cazadora de Gryffindor y por los entrenamientos prometía mucho. Además, para Harry, los Weasley eran una parte muy importante de su vida, es como si Hermione hubiera rechazado a su propia hermana.

Harry se fue hacia el colegio malhumorado y Hermione le seguía taciturna. A Ron y Cho los habían dejado en la puerta del estadio, entretenidos con lo suyo. Cuando iban a entrar, se toparon con un grupito de Slytherins que salía en ese momento. El grupito se quedó parado, mirándoles con el deje de soberbia de siempre. Harry suspiró hastiado.

-- Vaya, vaya – Pansy Parkinson se apostó frente a él y Hermione – El niño que vivió y la asquerosa sangre sucia.

-- Lávate la boca con jabón, Parkinson, que aquí lo único sucio que hay es tu aliento – le replicó Harry haciendo una mueca de asco.

-- Apártate, lagartija – le dijo en toda respuesta Pansy, y le apartó de un empujón. El resto de Slytherins fueron pasando por su lado riéndose y empujándole. Pansy se volvió hacia Hermione – Tienes algo podrido corriendo por tus venas, Granger – y se marchó con el resto de sus amigos.

Eso era lo único que le faltaba a Harry para montar en cólera.

-- No puedo entenderte. No puedo Hermione. ¿Cómo puede gustarte esa… idiota? Ni siquiera es guapa. – Harry se paró a reconsiderarlo – bueno, no es guapa, pero tiene un aquel. La verdad es que sabe sacarse partido. ¡Pero se maquilla mucho! Y mira como nos trata.

Hermione miraba al suelo.

-- Te llama sangre sucia cada vez que tiene la oportunidad, Hermione.

La chica tenía la cabeza cada vez más inclinada.

-- ¡Le gusta humillarte! – Harry estaba exasperado.

-- Essslqsta

-- ¿Qué? – Hermione había hablado tan bajito y tan rápido que el pobre no se había enterado de nada. Le cogió la cabeza y se la levantó, sosteniéndosela para que le hablase a la cara - ¿Qué? – le preguntó de nuevo.

-- Que eso es lo que me gusta… - Hermione estaba como un tomate.

Harry se quedó traspuesto, no sabía que decir. Hermione siempre había tenido sus excentricidades, pero esto iba mucho más allá. Su amiga lo que era es una pervertida del quince.

-- ¡¿Cómo qué te gusta!

-- A mí siempre me ha gustado Ginny, pero yo pensaba que a ella le gustabas tú y luego, pues no sé, yo no persigo causas perdidas, ya lo sabes. – Hermione empezó a explicarse con el mismo aplomo que siempre, pero se quedó un momento callada y pareció perderlo en solo unos segundos – todo fue muy rápido, ella… Pansy, me acorraló en los servicios de Myrtle… - Harry no podía cerrar la boca mientras la escuchaba – y me echó contra la pared… m-me cogió por la cintura y echó todo su cuerpo sobre mí y me susurró al oído todas esas cosas… las que ella dice; sangre sucia y todo eso y me preguntó si me gustaba que me lo dijera. Me dijo que a ella le ponía hacerlo – A Harry se le iba a caer la mandíbula al suelo – Yo no le respondí, claro, pero me gustó. Sentí algo ahí abajo – Hermione se señaló tímidamente la zona a la que quería referirse y a Harry casi se le caen las gafas de la vergüenza y la conmoción.

Los dos amigos entraron en el colegio abochornados. Hermione salió corriendo escaleras arriba, hacia la sala común. Harry se quedó sentado en las escaleras, porque tras la confesión de su amiga necesitaba sentarse o se iba a caer en redondo. Llevaban muchos años siendo amigos, pero jamás pensó en que iba a compartir con él algo tan íntimo y tan vergonzoso. No estaba preparado para algo así.

Durante los días siguientes, todo se sucedió con aparente normalidad. Pero Harry y Hermione no se miraban. Ginny ya no se sentaba junto a ellos durante las comidas. Y Ron se pasaba el día consternado, quejándose a ratos porque Ginny había resultado ser bollera y otras veces, indignado porque Hermione había rechazado a su hermana. Consecuencia de esto es que tampoco se dignaba a mirarla.

Harry intentaba entender cómo las cosas habían podido salir tan mal. Lo había previsto todo con un único fin. Que los tres estuvieran contentos y su amistad fuera tan bien como siempre. Y al final, todo había resultado del revés.

El jueves por la noche, el muchacho se quedó hasta tarde en la sala común de Gryffindor. Meditaba una y otra vez, qué podía hacer ahora para arreglar todo el entuerto. Ya no quedaba nadie en la sala y el fuego estaba a punto de consumirte. Decidió subir a tratar de dormir, aún a sabiendas de que daría muchas vueltas agobiado con el tema. Justo cuando iba a subir hacia los dormitorios, alguien apareció por la puerta que llevaba a los dormitorios de las chicas.

-- Es muy tarde ya – era Ginny

-- Lo sé, no puedo dormir últimamente.

-- Ya, yo tampoco – le respondió la chica con un deje de tristeza.

Estaba claro que la muchacha quería charlar y Harry tampoco iba a dormirse así que ambos se sentaron en el sofá en el que unos minutos antes había estado el chico.

-- Lo siento, por lo de Hermione… - A Harry le daba mucha pena, que la hubiera rechazado. Sabía que la pelirroja lo estaba pasando mal.

-- Siempre pensé que ella quería a Ron. La he amado en silencio mucho tiempo y ahora que parecía que había una oportunidad…

-- Si te sirve de consuelo, ella me dijo que siempre le has gustado, pero pensaba que estabas por mí.

-- ¿Y ahora, porqué no me quiere? – estaba claro que para Ginny había sido un golpe saber que hubo un tiempo en el que realmente podía haber tenido una oportunidad.

-- Le gusta Pansy Parkinson.

-- ¡Pansy Parkinson! – Ginny abrió los ojos como platos y seguidamente se le empezó a encender la cara – ¡¿esa asquerosa Slytherin!

Harry asintió. Y Ginny se quedó callada mirando los últimos rescoldos de fuego, en la chimenea.

-- La odio – fue lo único que dijo antes de marcharse. Harry se quedó unos minutos más en el sofá, preguntándose si había hecho bien al decirle a Ginny lo de Pansy.