Hermione tampoco dormía bien por las noches. Sabía que no era justo, pero no era capaz de mirar a Harry a la cara después de haberle contado lo que pasó con Pansy en los servicios. Y se sentía terriblemente mal por Ginny. Ella la quería, siempre le había gustado el carácter de la pelirroja y le encantaban también sus sonrisas tímidas. Durante mucho tiempo había soñado despierta con estar con ella. Y durante mucho tiempo, hasta le dolía estar junto a ella y no poder besarla, ni poder decirle lo que sentía. Y ahora, paradojas del destino, la chica se había declarado, le había dicho que le quería y sin embargo, Hermione no había podido corresponderle.
No había dejado de quererle. Le seguía gustando, tanto emocional como físicamente. Le gustaba su cuerpo, sus labios, le atraían las fascinantes curvas con las que había vuelto tras el verano pasado. Pero Ginny jamás le había dado lo que le dio Pansy. Que aún a sabiendas de que era imbécil, cruel y soez, conseguía revolverle el estómago y desear que le arrancara la ropa cada vez que se acercaba a ella y trataba de humillarla.
Pero para Hermione, esto no era el único problema. Desde que Harry había montado el circo para buscarle novia en el campo de Quiddich, tenía constantemente a un grupito de chicas persiguiéndola por todo el colegio. No era nada grave, porque aunque la seguían allá donde fuera, no se atrevían a hablarle. El peor problema estaba en que una de esas chicas si se atrevía a cruzar la línea y abordarla. El peor problema era que esa chica en particular era su compañera de dormitorio y estaba empeñada en meterse en su cama a toda costa. Lavender Brown no la estaba dejando vivir.
Afortunadamente Pavarti Patil, era muy hetero y muy estricta en lo referente a que determinadas prácticas sucedieran en la habitación. El viernes por la noche, Hermione se dio la vuelta en su cama y se encontró con Lavender tumbada junto a ella ¡Desnuda! Y antes de que pudiera reaccionar la tenía a horcajadas encima suya. Estaba a punto de chillar, pero una mano surgió de detrás de las cortinas de su cama de dosel y agarro a Lavender por el pelo, arrastrándola de la cama. Lo siguiente que escuchó fueron las voces de Pavarti chillándole a su mejor amiga y las súplicas de perdón de la otra.
Esto no podía continuar así. El sábado por la mañana, tras casi una semana por fin se dirigió a Harry.
-- Esta noche voy a dormir contigo – fue lo primero que le dijo, en cuanto que lo vio en la mesa del desayuno.
Harry la miró espantado
-- Hermione, en serio, que ser lesbiana no es algo malo.
-- ¿Qué dices? – le preguntó la chica extrañada.
-- B-bueno, somos amigos, y yo te quiero, pero… en serio, que no es malo. No tienes que acostarte conmigo, eso no va a cambiar nada…
Hermione se echó las manos a la cabeza.
-- Harry, ¡Dormir! Claro que no voy a acostarme contigo. – y lo dijo tan alto que muchos de los alumnos que se hallaban en ese momento desayunando levantaron la cabeza de sus platos y empezaron a murmurar y a reírse.
Harry se había puesto colorado.
-- Lo siento – se disculpó la chica – es por Lavender, que sí quiere que nos acostemos.
Harry asintió. Recordaba que Lavender había estado en el campo de Quiddich. Y casi se había pegado con una chica de Ravenclaw para hablar con Hermione antes que ella.
-- Bueno, por mí bien. Tendremos que ver cómo se lo toman los chicos – Harry compartía cuarto con cuatro chicos más. Ron entre ellos.
-- Vale, cuándo sepas algo me avisas. Me voy a la biblioteca, últimamente me estoy retrasando un poco.
Hermione fue hacia la biblioteca, pero a medio camino recordó que había dejado el libro de aritmancia en su dormitorio. Subió hacia los dormitorios de Gryffindor, y a medio camino se tropezó con un corrillo de chicas que hacían mucho jaleo. Hermione quería evitar a toda costa meterse en el barullo, pero si no atravesaba el pasillo, tendría que dar muchas vueltas por el colegio y perder mucho tiempo para poder recuperar su libro.
Cuándo se acercó más, todo seguía siendo un barullo de chicas excitadas, pero obviamente se trataba por una pelea entre alumnos del colegio. Una voz se alzaba sobre todo el ruido, Hermione tragó saliva al reconocer quién era.
-- ¡Maldita serpiente! ¿Crees que no puedo ganarte sin la varita? – La voz de Ginny Weasley tronó por todo el pasillo
Hermione avanzó a trompicones entre las chicas que había mirando la pelea. Ginny Weasley estaba fuera de sí y miraba a su contrincante, Pansy Parkinson, con auténtico odio. La otra chica también estaba alterada, pero su mirada, más que odio rezumaba desprecio.
Pansy levantó su varita y apuntó a la pelirroja, Hermione llegó a tiempo de lanzarle un expeliarmus. La Slytherin miró hacia ella, primero sorprendida, luego cargada de rencor.
-- Vaya, la sangre sucia. – exclamó y se volvió de nuevo hacia Ginny – Veo que además de ser una vergüenza para la comunidad mágica, los Weasley seguís siendo unas ratas cobardes.
-- ¡Voy a matarte, Parkinson, aunque sea lo último que haga! – le gritó Ginny lanzándose sobre ella.
Ginny y Pansy rodaron por el suelo, entre puñetazos y tirones de pelo. Hermione jamás había visto una pelea como aquella en el colegio. De hecho, no había visto una riña así, cuerpo a cuerpo, desde que estaba en el colegio muggle. Rápidamente las separó con un hechizo y se acercó a Ginny, que sangraba por la nariz y estaba muy despeinada.
-- ¡Cómo se te ocurre pelearte así! – le reprendió
-- La odio
Hermione miró hacia donde estaba Pansy, que trataba de limpiarse la sangre que le brotaba de su labio partido.
-- Me dais asco – les dijo con odio – menudas pervertidas. Me hace gracia, Granger, tu debilidad por los insultos y las humillaciones públicas. Pero lo de tu amiga – miró hacia Ginny – eso ya es enfermizo. Sadomasoquismo. Recordadme que os regale una fusta en las próximas navidades, así os podéis insultar y pegar la una a la otra.
Pansy se levantó y tras hacerles una mueca de asco, se marchó en dirección al hall, seguramente en busca de la enfermera Pomfrey.
Hermione estaba avergonzada, pero Ginny sangraba profusamente por la nariz y no parecía haber dado importancia a los comentarios de Pansy.
-- Ven
-- ¿A dónde?
-- Vamos a curarte eso.
La llevó a su habitación. Aunque había alguna gente en la sala común, a esas horas no solía haber nadie en los dormitorios. No se equivocaba. Tras un par de intentos, consiguió cortarle la hemorragia, con un hechizo que había aprendido durante su tercer año en Hogwarts. Lástima que no lo hubiese usado desde entonces, pensó, Ginny se habría ahorrado el susto de ver cómo su nariz parecía un grifo abierto, en el primer intento de cura, y no tendría que mandar las sábanas a la lavandería.
La ayudó después a lavarse la cara y el cuello, le peinó el pelo rojizo y le dio una de sus camisas limpias. Durante todo el tiempo, Ginny estuvo taciturna, con el ceño fruncido y dejándose acicalar como si fuera una muñeca.
-- No debiste pelearte con Pansy, Ginny
-- ¿Por qué le quieres? – le respondió enfadada.
Hermione suspiró. ¿Es que todos los Weasley eran iguales?
-- No, porque está mal
-- También está mal que le quieras. ¡Ella te desprecia!
-- Lo sé
Ginny levantó las cejas y extendió las manos.
-- ¡¿Por qué?!
-- Porque sí. No hay más que hablar, Ginny. Tienes que respetar eso.
Ginny estaba cada vez más enfadada. Dio un paso hacia Hermione y esta tropezó con el borde de la cama. La pelirroja se inclinó sobre ella, cada vez más roja y más cabreada.
-- Harry me dijo que yo te gustaba. ¡¿Y me cambias por esa?! Yo puedo dártelo todo, porque siempre te he querido y te quiero. Pero está claro que para ti nada de eso es suficiente. ¿Qué te da? Dime ¿qué te da?
Hermione hizo un amago de responder, incluso cuando sabía perfectamente que no iba a hacerlo. Ginny podría inmolarse allí mismo si le insinuara si quiera, que era aquello que Pansy le daba.
-- Sabes lo que te digo, Hermione Granger – Ginny se inclinó más sobre ella, mirándola con profundo rencor – eres una maldita rata de biblioteca, una sabelotodo insufrible, pero ni sabes lo que quieres, ni sabes lo que te conviene, y desde luego, no tienes maldita idea de quién te conviene.
Ginny se incorporó y se marchó.
Hermione, que hasta el momento se había sostenido con los brazos, echó la espalda hacia atrás. Respiraba agitadamente y luchó consigo misma para no tumbarse entera sobre la cama y cerrar las cortinas de dosel. Sentía la imperiosa necesidad de aliviar la extraña sensación que Ginny había dejado en su cuerpo. La misma que le provocaba Pansy cada vez.
Se mordió el labio inferior, reconstruyendo en su mente, el momento en el que la pelirroja la había echado hacia atrás. Cómo se había inclinado sobre ella, apoyando las palmas de sus brazos extendidos sobre la cama, apresándola sin posibilidad de escapatoria. Cómo le había hablado, reprendiéndola, acusándola de ser una ignorante, insultándola.
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Muchas gracias por los reviews :) Y lamento mucho subir otro capítulo corto, pero lo que estaba siguiendo no me convencía y además tengo el teclado roto y se hace muy difícil escribir cuando tienes letras y signos de puntación de menos. Espero hacerme con uno nuevo pronto, je.
