Para que Mona Mayfair no quiera asesinarme :), he escrito un capítulo un poquito más largo de lo habitual. Igual no demasiado más largo, pero prometo esforzarme más para el próximo. Espero que os guste, es un poco soso, pero tengo intención de liarla bastante en el siguiente.

Y muchas gracias por los reviews :)


La muchacha se puso también en pie sobre la cama. Harry resoplaba por la ira, pero ella no estaba asustada, si muy sorprendida. Le miró a los ojos unos segundos y se marchó.

Harry escuchó como se cerraba la puerta tras su amiga, y sintió a Seamus revolviéndose en sueños, unos metros más allá. Se tumbó en la cama y aspiró aire con todas sus fuerzas. Le comenzó a doler la cicatriz pero tras unos minutos frotándose la frente comprendió que lo que le dolía era la cabeza.

¿Qué coño le pasa a Hermione? Se preguntó. Después de todo lo que estaba haciendo por ella, así le pagaba. Cómo se había atrevido a insinuar siquiera que podía atraerle Malfoy. El que ella hubiera captado que era gay no le resultaba molesto. Al principio el no lo quería creer, de hecho, ni se había dado cuenta. Pero la salida del armario de Hermione le había hecho meditar al respecto y había llegado a la conclusión de que quizás él lo era. Y no se había sentido mal por ello. Al fin y al cabo, a quién podría importarle. A Ron, desde luego sí, pero él se había liado con Cho, que era su ex.

Cho si le había gustado, eso era raro. En su día tuvo cierto afán por el antiguo capitán de Quiddich, pero eso supuestamente era algo normal. Él mismo lo había interpretado como admiración, al fin y al cabo Wood era un magnífico guardián, y le había enseñado las claves del Quiddich. Más tarde apareció Cho, ella si le gustaba. Quizás por eso no se había dado cuenta de que era gay.

¿Pero me pueden gustar los hombres y las mujeres a la vez? Se que Wood me gustaba, Cho también. – Harry apretó los ojos, tendido sobre la cama, haciendo un gran esfuerzo mental – Hermione seguro que sabrá algo al respecto.

Porqué habría pensado de nuevo en Hermione. Harry volvió a encenderse de rabia. Él y Malfoy, eso si que era una estupidez.

Hermione bajó las escaleras y se sentó en uno de los sofás de la sala común de Gryffindor. En la chimenea apenas quedaban rescoldos del fuego. No había pensado ni por un momento que Harry fuera a tomarse tan a pecho que le dijera lo que pensaba sobre sus sentimientos hacia Malfoy. Después de haberle montado el numerito circense en el campo de quiddich, y haber compartido con él algunos de sus secretos más vergonzosos, le parecía que estaba en el perfecto derecho de opinar también sobre la vida sentimental de su amigo.

Unos ruidos procedentes de la entrada a los dormitorios de las chicas llamaron su atención. Hermione se arrellanó en el sofá, temiendo que Lavender, al no encontrarla en su cama hubiera supuesto que pensaba dormir en la sala común.

-- Harry¿Eres tú? – susurró Ginny Weasley, desde la puerta.

Hermione no se movió.

-- Hoy tampoco consigo dormirme – decía la pelirroja muy bajito, mientras se acercaba y rodeaba el sofá.

Se quedaron mirando durante unos minutos en silencio. Ginny parecía muy sorprendida y Hermione, por fin, abrió la boca para saludarla, pero esta salió corriendo y desapareció escaleras arriba.

-- ¡Perfecto! – exclamó Hermione abatida, sin poder evitarlo.

Carol Emmetson levantó la vista de sus apuntes y bostezó pesadamente. Se había levantado muy temprano y llevaba ya un par de horas con la nariz pegada a su libro de pociones. La biblioteca comenzaba a llenarse de estudiantes, estaban casi a principios de curso, pero los Ravenclaw siempre habían sido lo suficientemente sensatos como para empezar a estudiar la materia según les era impartida.

Carol comenzó a golpear sus apuntes con los nudillos, mientras miraba hacia la puerta con inusitado interés. Unos momentos después entró Hermione Granger y dejó sus libros y pergaminos en una mesa cercana. Puntual como un reloj, pensó Carol con una sonrisa. Le parecía increíble, que aquella chica, con semejante potencial, hubiera acabado en Gryffindor. Carol dejó de lado sus apuntes, apoyó la cabeza sobre uno de sus brazos y se dedicó a mirarla cual Venus surgiendo de la espuma.

Hermione abrió su libro de aritmancia por la última lección y se centró en estudiar complicadas secuencias numéricas, que según la profesora Vector, tenían un importante valor mágico para la comprensión de determinados factores de la causa – efecto. La aritmancia era la asignatura favorita de Hermione, y estudiarla, más que un trabajo, suponía un grato entretenimiento. Pero el último tema que dieron en clase le había dado que pensar, más allá de lo que se suponía que era una simple clase. No paraba de meditar los motivos por los que había acabado teniendo tantos problemas. Si Pansy no la hubiera acorralado nunca en los servicios...

Una desagradable sensación de ser observada tampoco le ayudaba a concentrarse en el estudio. En realidad era más que una sensación, era una certeza. Si levantara la cabeza, vería a Susan Bonnes de frente, mirándola, solo unas mesas más allá. Un par de Gryffindors de tercero estaban a sus espaldas, cuchicheando cosas sobre filtros de amor, e intercalando su nombre cada dos o tres frases. A su derecha, la chica aquella de Ravenclaw, que acudió tan nerviosa al campo de Quiddich, cuando Hermione todavía no tenía claro qué estaba pasando.

Ni en la biblioteca podía estar ya tranquila.

El almuerzo también supuso un suplicio para la chica. Ginny y Harry se habían sentado juntos varios cubiertos más lejos y Ron, de muy mal humor, se dedicó a atosigarla a preguntas, con la boca medio llena de pudding de riñones.

-- ¿Y a ti qué mosca te ha picado?

-- ¿A mi? – le respondió Hermione sin entender.

-- Harry está enfadado contigo.

-- Y por supuesto has pensado que yo tengo la culpa.

Ron pareció considerarlo.

-- Claro, sino no estaría enfadado.. – A Hermione no le gustó nada su tono despectivo.

-- Ron – le replicó indignada y bastante harta ya – sé perfectamente, que jamás podrás comprender a nadie. Todo lo que está más allá de tus intereses es un galimatías para ti, pero aunque solo sea por una vez en tu vida podrías hacer un esfuerzo. – Estaba casi a punto de llorar, porqué tendría que ser todo tan difícil.

Hermione se levantó de la mesa con aire ausente. Era imposible, a pesar de todo, no podía controlarlo todo, no sabía cómo salir de aquel atolladero y estaba empezando a perder las fuerzas necesarias para seguir haciéndole frente. Salió del comedor y se dirigió hacia las puertas del colegio. No tenía planeado ir a ningún sitio en particular, simplemente necesitaba evadirse durante un rato.

Pero Ron la había seguido. La salida del comedor de Hermione le había sonado a ofensa. Le había dejado allí sentado con la palabra en la boca y no estaba dispuesto a permitirlo.

-- Te crees siempre muy lista ¿verdad? – le gritó el muchacho

Hermione se volvió y le miró a los ojos. Ron parecía completamente fuera de sí. Tiempo atrás, en una situación similar, le hubiera plantado cara. Se hubiera encendido también por la furia y habrían tenido una larga y desagradable discusión, pero Hermione no tenía fuerzas para eso. Estaba cansada, abrumada por tantas complicaciones. Ni siquiera le dolía ya la actitud de Ron, era simplemente, una cosa más. Todos sus amigos tenían una actitud hostil hacia ella y estaba empezando a hundirse.

Se miraron unos minutos a los ojos. Ron la mirada airado, con un brillo de falsa arrogancia, esperando que reaccionara y poder cebarse en ella con todas sus inflexibles opiniones. Pero Hermione se limitó a mantenerle la mirada, no tenía nada que decir, ni quería hacerlo.

-- Espero – le escupió – que no te acerques nunca más a nosotros. Aléjate de Harry, aléjate de mi hermana, y sobre todo, mantente apartada de mí.

Ron se dio la vuelta y se marchó satisfecho.

Hermione siguió andando, más perdida aún si cabe. Todo se le estaba yendo de las manos, y no lo había previsto. Se había limitado a ser ella misma¿por qué era tan malo? Había confiado en ellos y ahora estaba sola.

Se sentó bajo el mismo haya donde había estado con Ron días atrás, explicándole, sin saber que no era necesario, que no era él la persona de la que estaba enamorada. Esa conversación, que no debió haber existido, como tantas otras.

-- Hola – le sorprendió una voz.

Hermione dio un respingo al ser arrancada de sus reflexiones. Levantó la cabeza y abrió la boca.

-- Hola – respondió sorprendida.

-- Yo... espero que no te ofendas... – comenzó a decir Cho dubitativa, tras sentarse junto a ella.

Hermione no estaba en condiciones de ofenderse por nada, después de todo lo que le venía sucediendo. Hubiera sido más adecuado que hubiera dicho algo así como: espero que no te sorprendas. Porque Cho Chang podía ser muchas cosas; hermosa, popular, impredecible¿loca? (era la novia de Ron ¿no?) y tremendamente cursi. Pero jamás había sido santo de devoción de Hermione, y claramente siempre había sido algo recíproco.

-- He seguido a Ronnie – continuó Cho, sin estar completamente segura de que Hermione deseara escucharla, no lo parecía por la cara que tenía – y no he podido evitar escucharos.

Hermione asintió con la cabeza.

-- Ya sabes que Ronnie es un poco intransigente

-- Sí lo sé – le resplicó Hermione. ¡Como si ella no lo supiese!

-- A mi me gusta mucho... – Hermione se empezó a impacientar – pero no estoy de acuerdo con él. Yo te entiendo ¿sabes?

Hermione contuvo un gesto de sorpresa.

-- ¿Qué me entiendes? – le dijo con incredulidad

-- Bueno, yo no soy lesbiana – se apresuró a explicar Cho – pero no me parece mal¿sabes? Y eso de Pansy... – Hermione se irguió de repente – sí, me lo contó Ronnie – le explicó Cho – a mi no me parece tan mal. Oye, cualquiera es libre de enamorarse de quien quiera¿no? – Hermione estaba de acuerdo con esto, además, qué otra cosa puede pensar Cho, si al fin y al cabo, estaba liada con Ron. – Si quieres – continuó Cho – puedo ayudarte a intentarlo con Pansy.

-- En realidad, me he dado cuenta que no me interesa Pansy. Quien me gusta es Ginny.

-- ¡Ginny! – repitió Cho. Y ahora ¿por qué se sorprendía tanto?

-- S-sí – le respondió dubitativa.

-- Pero Ginny se ha echado novia, nos lo contó justo antes del almuerzo.

Hermione sintió como algo le golpeaba en el estómago. No podía ser.

Harry terminó de comer, se despidió de Ginny y salió apresurado del comedor. Por culpa de Hermione, llevaba todo el día huyendo de cualquier uniforme verde y plata que se le cruzara por el camino. Y haber tenido que almorzar en la misma sala en la que estaba Draco Malfoy había sido todo un suplicio. Claramente, era algo que no iba a poder evitar a la larga. Al fin y al cabo, todos los alumnos comían juntos desde que llegó allí en primero. Y además, durante la semana tendrían algunas clases en común. Pero mientras pudiera evitarlo lo haría.

Salió con tanto aplomo del comedor, que casi se tropieza con Ron, que quería entrar en ese momento.

-- ¿Dónde has estado? – sentía curiosidad, Ron era demasiado glotón como para haberse ido tan pronto del comedor.

-- He estado afuera – le replicó señalando hacia la salida. – He tenido una charla con Hermione.

-- ¿Y eso?

-- Se estaba pasando, Harry. Ya no puedo soportar ni una más de sus tonterías. Y me da igual si no me pasa más sus apuntes. Le he dicho que no se acerque más a nosotros.

Harry abrió los ojos con evidente sorpresa.

-- ¿Pero porqué?

-- Pues... – Ron se paró a meditarlo – porque desde que es lesbiana está muy rara. Y tú mismo te has dado cuenta, que tampoco le hablas.

-- ¡Pero si a ti no te ha hecho nada! – Harry no era capaz de entender porqué su amigo tenía tanta animadversión hacia Hermione. Después de todo, ellos tres eran los mejores amigos desde primero y habían pasado muchas aventuras juntos. Una cosa era estar enfadado con Hermione, y otra muy distinta desterrarla de sus vidas.

-- Claro que me ha hecho – le respondió Ron furioso – le ha pegado a mi hermana el germen lesbiano o lo que sea. ¡Qué va a decir mi madre?!

-- Y a ti qué más te da lo que diga tu madre. Además, la homosexualidad no es una enfermedad y no se pega. – Harry estaba empezando a alterarse.

-- ¡Pues claro que se pega! Qué sabrás tú...

-- ¡Pues lo sé perfectamente! – gritó Harry

-- ¡Ah sí! – Ron estaba más colorado que su cabello, desgañitándose.

-- Pues sí, porque resulta que yo también soy gay y me encuentro la mar de sano.

Ron se quedó petrificado mirándole. Seguía igual de rojo, pero ahora tenía los ojos desmesuradamente abiertos y la mandíbula desencajada.

Harry también estaba asombrado. No podía creerse lo que acababa de decir. Ni siquiera lo había asimilado, cómo había podido decirlo tan alegremente.

En ese momento empezaron a salir los alumnos del comedor. Harry sintió como estaba siendo vapuleado por unos y por otros, todavía en estado de shock. Se alejó como pudo del tropel de gente y se sentó en uno de los bancos que había en el vestíbulo. Ron había desaparecido.

Hermione y Cho volvían al castillo. Hermione parecía un alma en pena, no le había sentado muy bien la noticia de que Ginny se había echado novia. En realidad, no acababa de creérselo. No quería creérselo. Cho, por su parte, hacía los mejores esfuerzos por reconfortar a Hermione, pero lamentablemente para esta, la idea de Cho sobre animar a alguien tras saber que el amor de su vida estaba con otra persona, era soltar una y otra vez la cantinela aquella de: tú no te preocupes, que un clavo se quita con otro clavo, que ya sabes lo que dicen por ahí, cuando se cierra una puerta, siempre se abre alguna ventana... y en el colegio hay muchas ventanas.

Cuando estaban a punto de entrar Ron se cruzó con ellas. No iba corriendo, pero andaba tan rápido y tan enhiesto, que casi se lleva a las dos chicas por delante.

-- Ronnie – Cho se estaba recuperando del tropezón con su adorado novio, pero este no le hizo ni el más mínimo caso y desapareció fuera del colegio. - ¡Ronnie! – Cho se quedó mirando la puerta extrañada – Oye, Hermione, voy a ir a ver qué le pasa ¿te molesta?

-- ¿Eh? – Hermione solo podía pensar en Ginny – Si, no, claro, vete.

Cho desapareció corriendo por la puerta en busca de su Ronnie, y Hermione se adentró en el vestíbulo. Debería ir a la biblioteca como tenía planeado, pero temía que no iba a poder estudiar demasiado. No hasta que viera a Ginny. No podía estar con nadie. Cho era demasiado entusiasta con cualquier cosa que sonara a romance. Lo debió entender mal, porque Ginny Weasley no podía estar con nadie, era para ella, suya. Ahora que lo había comprendido, tenía que ser suya.

-- ¿Harry? – Hermione lo vio sentado en un banco del vestíbulo, justo cuando se decidía a subir a su habitación para descansar un rato. El muchacho parecía completamente ido. Tenía cara de susto, que cualquiera diría que había visto a Voldemort bailando en un cuadro flamenco.

-- ¿Uhh?

-- ¿Estás bien? – Hermione se puso a zarandearlo - ¡Harry, reacciona!

Harry pareció volver al mundo real. Y es que Hermione solía ser muy sensata para todo, pero en una situación como aquella, con tanta presión y tantos líos, hasta una mente privilegiada como la suya, podía olvidarse de medir sus propias fuerzas. El muchacho, la miró enfadado, menudo vapuleo que le había dado. Se desembarazó de las manos de su amiga, que tenía fuertemente apretadas a las solapas de su túnica.

-- Tranquilizate.

-- ¿Pero estás bien?

-- Sí, sí estoy bien – Harry dudaba – Hermione, tenías razón. – dijo bajando la mirada.

-- ¿En qué? – Estaba acostumbrada a que al final, todos le dieran la razón en todo, pero ahora mismo, estaba un poco perdida.

-- P-pues... – Harry empezó dubitativo, pero algo le impulsó a levantarse y decir en el tono más orgulloso que pudo – soy gay.

Hermione le miró durante unos segundos en silencio. Pero mira que eran raros los chicos.

-- Harry, ya sé que eres gay – le respondió con condescendencia – si se nota... – se interrumpió a tiempo, le faltó un pelo para mencionar a Malfoy – Pero eso tenemos que solucionarlo después. Me han dicho que Ginny tiene novia.

-- Sí, me lo ha contado todo en la comida.

-- ¡Y no me lo has dicho!

-- ¡Estaba enfadado contigo¿recuerdas?!

-- Tienes razón. – Hermione se estaba alterando, no quería seguir discutiendo, solo quería que le aclararan de una vez qué pasaba con Ginny- ¿Cómo es que se ha echado novia?

-- Uff – Harry no sabía como empezar – ayer se enfadó mucho contigo... – Hermione asintió con la cabeza – me dijo que ya no estaba enamorada de ti, ya sabes, que la habías rechazado – Hermione sintió un profundo malestar al escuchar esto – y me dijo que no pensaba seguir esperándote. Uhm... pues anoche, se levantó para no se qué y en las escaleras se tropezó con Lavender, que estaba buscando algo, a saber qué... – Hermione tenía una ligera idea de qué, o mejor dicho, a quién podía estar buscando Lavender la noche anterior. – Y se pusieron a charlar y no sé, por lo visto ahora están saliendo.

-- ¡Ginny y Lavender! – el grito fue tan potente, que Harry se interrumpió asustado.

Hermione se sentó a su lado en el banco. Harry la abrazó, ya se le había olvidado el enfado y su amiga realmente tenía motivos para estar mal. Y todo por no hacerle caso.