He tardado. Lo siento mucho. En compensación es un pelín más largo de lo normal. Hasta el momento el capítulo más largo de este fanfic, jeje. Para matarme¿eh?

¡Espero que os guste!



Ginny estaba un poco aburrida. Llevaba toda la tarde con Lavender y Parvati discutiendo los modelitos que habrían de llevar en la siguiente visita a Hogsmeade, prevista para el próximo fin de semana. Después del almuerzo, las había acompañado a la sala común de Gryffindor, y desde que ambas vieron la noticia colgada en el tablón de anuncios, no habían tenido otro tema de conversación.

A Ginny le encantaban las visitas a Hogsmeade. Pasar la tarde con sus amigos bebiendo la cerveza de mantequilla de la señora Rogsmeade, la inevitable visita a Zonko. Sonrió para sí misma recordando la vez en la que organizaron las bases del ED en la Cabeza de Puerco. Siempre habían sido divertidas, con la afección de Harry por todo, las disparatadas cavilaciones de Luna y sobre todo, con la compañía de Hermione.

Ginny hizo una mueca, debía dejar todo eso atrás. Cualquier pensamiento acababa siempre con ecos de Hermione en su cabeza y tenía que dejarlo atrás. Ella no la quería, lo había dejado bien claro, y Ginny estaba decidida a olvidarla.

Miró a Lavender, que escuchaba atenta a Parvati relatarle algo sobre sus conquistas con los chicos. Tenía una belleza exquisita. Los ojos grandes, vivos, del color del ébano. Los labios parecían de caramelo, y aunque Ginny sospechó que se debía a algún tipo de brillo labial, debía reconocerlo, el efecto era cautivador. Era realmente hermosa, y Ginny sabía apreciarlo. Pero tendría que buscar algún hechizo capaz de enmudecer a quien lo ingiriera porque todo su encanto desaparecía al tiempo que hablaba.

Para Hermione, aquella semana se estaba convirtiendo en la peor de su vida. Harry parecía más afectado que de costumbre, Ron no se dignaba a mirarles. Y Ginny, en las pocas ocasiones en las que tenía la oportunidad de tropezarse con ella, estaba acompañada de Lavender. Nunca le había caído especialmente bien, pero desde que salía con la pelirroja, sentía ganas de estrangularla con sus propias manos. Y Lavender no se daba cuenta. Ahora que tenía nueva novia, había perdido el interés por Hermione como objeto de deseo, y la había convertido en su confidente.

Para Hermione no era tarea fácil. Cada confidencia era un suplicio, pero Ginny no le hablaba y la única forma de saber cómo iban las cosas entre Lavender y ella, era a través de la propia Lavender.

El miércoles por la noche quiso morirse, o matarla, mientras la escuchaba relatar como le había robado el primer beso a la pelirroja esa misma tarde. Ya era duro saber lo que había pasado, pero Lavender no era precisamente lo que una puede llamar una chica prudente. Se explayó en explicarle con pelos y señales todos y cada uno de los detalles, mientras Hermione apretaba los puños y trataba de mantenerlos lo más alejados posibles de la boca de su compañera de habitación.

El jueves amaneció como un alma en pena y con esa guisa apareció en el comedor para desayunar. Harry, sin embargo, parecía más animado que de costumbre.

-- ¡Tengo una idea!- le dijo en cuanto la chica se hubo sentado junto a él.

Hermione le miró con cierta angustia. Empezaba a temer las ideas de Harry más que a Voldemort. La última vez que tuvo una, su vida empezó a desmoronarse y mientras más le sonreía su amigo, más inquieta se sentía.

-- ¿Sobre qué? – se atrevió a preguntarle, a pesar de sus reticencias.

-- ¡Pues sobre Ginny! – Hermione tragó saliva, no sabía que podía esperar.

-- Creo que es mejor dejarlo.

-- ¡Claro que no lo vamos a dejar!- Harry se puso serio – Ahora nos vamos a clases, cuando terminemos esta tarde, vamos a ir al claustro y te lo explico todo.

Bueno, por lo menos esta vez pensaba explicarle su idea antes de pasar a la acción, era un paso. No volvieron a hablar del tema en las clases, ni durante el almuerzo. Hermione optó por concentrarse en tomar sus apuntes y atender a los profesores. Eso siempre la había evadido de los problemas.

Los gryffindors de sexto acabaron temprano las clases aquella tarde. Harry y ella fueron al claustro del colegio y se sentaron en uno de los bancos. Todavía estaba el sol bastante alto y casi le parecía mentira como podía ir todo tan mal un día como aquel.

-- Bueno, cuéntame tu idea.

-- Ahora no

-- ¿Ahora no?¿Porqué no? – cada día le entendía menos.

-- Tenemos que esperar a Luna.

Hermione levantó una ceja y ladeó la cabeza ¿Luna?

-- Sí, a Luna. Ella nos va a ayudar.

Hermione no tenía nada claro cómo Luna iba a poder ayudarla con el lío de Ginny. Luna no estaba en sus cabales, cómo iba a poder ayudarla en nada. Estaba a punto de replicarle a Harry cuando la Ravenclaw apareció en escena.

-- ¡Luna! – le saludó Harry entusiasmado. Hermione se limitó a inclinar cortésmente la cabeza.

-- Hola – Luna saludó hacía algún lugar situado por encima de sus cabezas, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, se quitó la varita de detrás de la oreja derecha y se la puso tras la oreja izquierda- ¿Vamos a hacer algo con el ED?

-- No, pero necesitamos tu ayuda – le dijo Harry haciendo caso omiso a la peculiar forma de sentarse de su amiga. Hermione, sin embargo, se mordía el labio inferior. Se le ocurrían mil formas de tener un accidente, con la varita en aquella postura.

Luna exhibió un amago de decepción, pero rápidamente comenzó un interrogatorio sobre los oscuros motivos por los que Harry Potter volvía a necesitar su ayuda. Y le ofreció, amablemente, a publicar cualquier otra noticia de interés en la revista de su padre. Harry empezó a ponerse nervioso.

-- No, no. Verás. Necesitamos que salgas con Hermione.

-- ¡Qué! – Hermione estaba lívida.

-- ¿Dónde?- le preguntó Luna con toda la tranquilidad del mundo.

-- ¿Cómo qué dónde? – Harry no tenía claro, que había entendido Luna, pero también hablaba tranquilamente, sin hacer caso a Hermione que estaba empezando a ponerse de color granate y meneaba la cabeza en señal de negación.

-- Pues que a dónde quieres que salgamos.

-- No, que salgas con ella. Que seáis novias.

-- ¡Harry! – Hermione se estaba mosqueando de verdad, pero Harry seguía pendiente de Luna, sin hacerle el más mínimo caso.

Luna siguió igual de tranquila. Como si el cuento no fuera con ella. Harry estaba a la expectativa de su respuesta, pero miró primero a Hermione con curiosidad, haciéndole sentir realmente incómoda.

-- A mi no me gustan las chicas. Bueno, para eso. Pero me gustan, normalmente, todas las personas. A veces no...

-- Si, si – la interrumpió Harry – pero no te tiene que gustar. Solo tienes que salir con ella.

-- ¡Oh! – a Luna se le dibujó una sonrisa - ¡cómo en el teatro!

-- Como en el teatro – le respondió Harry sonriendo.

-- Yo también debería opinar, vamos, digo yo. – Hermione estaba bastante mosqueada ya.

-- ¡Pero si es una idea magnífica!- protestó Harry

-- Claro, por supuesto¿pero porqué tengo que salir ahora con Luna? No lo comprendo.

Harry miró a su amiga con condescendencia. Justa venganza por tantas veces en las que había sido él quien no comprendía cualquier cuestión.

-- Celos, Hermione, celos. ¿Qué crees que está haciendo Ginny contigo?

-- ¿Tú crees? – Hermione, a veces, dudaba si la historia de Ginny y Lavender era algo más serio que un intento, por parte de la pelirroja, de darle celos. Los libros eran pan comido, pero con el amor había conocido la inseguridad.

-- Pues claro, pero debes hacer algo pronto. Ella quiere olvidarse de ti y con el enfado que tiene, y debe ser mayúsculo, para que esté saliendo con Lavender – Harry puso cara de asco – no creo que quiera hablar contigo. Pero... – Hermione le miraba ahora con interés – si ella piensa que tu estás con otra persona, quizás podamos remediarlo.

-- Está bien ¿Cuál es el plan?

El viernes por la noche apenas durmió bien. Se despertaba cada dos o tres horas por terribles pesadillas, que luego no lograba recordar. Cuando por fin amaneció decidió que no podía estar más tiempo en la cama. Se levantó y se dirigió al gran comedor, a desayunar con los más madrugadores del colegio. ¿Porqué siempre son Slytherins? Quizás se levantan antes para poder hacer más maldades. Meditaba.Se sentó y se puso a desayunar relajadamente.

Poco a poco el comedor se fue llenando de estudiantes. Hermione estaba comiéndose su trozo de pan con mantequilla y mermelada de arándanos, con la misma desgana con la que besaría a Ron Weasley. Con la cabeza apoyada en la mano que le quedaba libre vio entrar en el comedor a Ginny, acompañada, como no, de Lavender. Dejó lo que le restaba de pan en su plato, se le había atragantado después de verlas.

-- Buenos días – Harry acababa de llegar y se sentó a su lado.

-- Nefastos, diría yo – señaló hacia donde estaba sentada la pequeña de los Weasley. - ¿Es que no la deja ni a sol ni a sombra?

A Harry se le escapó una sonrisa divertida, que procuró ocultar a ojos de su amiga. Si todo salía bien, por la tarde las cosas serían muy diferentes.

Luna apareció en el comedor. Harry le sonrió desde su mesa y se volvió para comenzar a tomarse el desayuno. Hermione seguía entretenida entre mirar los restos de su desayuno y lanzar miradas furtivas a la pelirroja. Ninguno de los dos la vio acercarse, y cuando pudieron reaccionar ya era tarde.

Luna se acercó a Hermione, le espetó un¡Buenos días, cariño!, con mucho entusiasmo. Hermione se volvió sorprendida ¡¡¡¿Cómo?!!! Y luna lo aprovechó para cogerle la cara y plantarle un sonoro beso en todos los morros.

Luna se dio media vuelta y se alejó para sentarse en la mesa de Ravenclaw. Mientras, casi la mitad de los comensales de Gryffindor miraban a Hermione con la boca abierta. Hermione estaba igual de asombrada que ellos, pero los codazos de Harry y el consecuente mosqueo por parte de la muchacha, no dieron lugar a que su sorpresa fuera también evidente.

-- ¡Me acaba de besar! – Hermione estaba tan alterada que le costaba bajar el tono de voz, a pesar de los aspavientos de Harry para que lo hiciera - ¡Harry¡Que me acaba de besar!

-- ¿Te crees que no tengo ojos?

-- ¡En la boca!

-- Ya – Harry le respondió tranquilamente, pero por dentro estaba haciendo grandes esfuerzos por no echarse a reír.

-- ¡Esto no estaba en el plan! – a Hermione le iba a dar un sofoco de lo alterada que estaba.

-- Lo sé, pero da igual. – Hermione estaba a punto de replicarle, pero Harry se limitó a hacer un sencillo movimiento de cabeza, señalando el lugar donde la pequeña de los Weasley estaba desayunando – Ginny lo ha visto y todavía no ha sido capaz de cerrar la boca.

Hermione lanzó una rápida mirada hacia donde le señalaba su amigo, la pelirroja estaba, ciertamente, con la boca abierta de puro asombro y les miraba fijamente. Durante una fracción de segundo, los ojos de ambas se encontraron, pero Hermione desvió rápidamente la mirada, no quería que la otra pensara que había sido algo más que una mirada causal.

-- Si razón tienes, Harry, pero no es la única que me está mirando asombrada – le respondió algo molesta. Muchos de sus compañeros de Gryffindor seguían mirándola extrañados.

-- ¡Y qué más da! – Desde que Harry había asumido que era gay, parecía haberse vuelto activista o algo similar, porque no le daba ninguna importancia al hecho de que los demás lo supieran – Hemos conseguido que lo vea, y que haya pasado así, lo hace más creíble.

Hermione no pudo objetar nada por esta vez, así que volvió a coger su trozo de pan con fastidio y dejó que Harry acabara su desayuno.

A media mañana todos los alumnos que tenían permiso para ir a Hogsmeade se reunieron en el claustro del colegio a la espera de que la profesora McGonnagall les pasara lista y pudieran emprender, por fin, el recorrido hasta el pueblo.

Harry y Hermione esperaban sentados en uno de los bancos. El chico parecía muy seguro de sí mismo, y bastante tranquilo. Pero Hermione seguía con el cuerpo en tensión. Ginny no estaba lejos de ellos, acompañada por Lavender y Parvati. Hermione, por supuesto, seguía preguntándose qué podía ver la pelirroja en su compañera de habitación. Para Hermione, la definición de aburrimiento era pasar una tarde con Lavender y Parvati. Aunque bien mirado, Lavender era muy guapa, igual Ginny estaba enamorada de verdad.

Hermione apartó la mirada del grupito de chicas, no podía seguir con ese comezón que le entraba cada vez que se topaba con ellas. No consiguió nada con hacerlo, Ron Weasley estaba también bastante cerca de ellos. Abrazado de una forma que Hermione consideraba más artificial y complicada que otra cosa, a Cho Chang, y riendo con las, seguramente absurdas, bromas de Michael Corner y Terry Boot.

¿Es que el mundo se ha vuelto del revés? – se preguntó con desesperación.

Cabía esa posibilidad, pero aunque el pastel estaba hecho, todavía le faltaba la guinda, que apareció en escena con los ojos perdidos y haciendo extraños malabares con la varita.

Luna se acercó a Hermione, tras saludar rápidamente a Harry, y le volvió a dar un sonoro beso en los labios. Le sonrió abiertamente y Hermione no tuvo más remedio que dibujar una media sonrisa en respuesta. Al fin y al cabo, le estaba haciendo un favor. Para Luna, debió sonar a invitación, porque lo siguiente que hizo fue sentarse sobre sus rodillas y pasarle un brazo por la espalda. A Hermione se le subieron los colores. ¡Menuda vergüenza!

Ron les miró con acritud y siguió el paso de sus "nuevos amigos" que ya salían para Hogsmeade. Ginny volvió a abrir la boca y no reaccionó hasta que Lavender se la llevó a rastras hacia la salida. Y mientras, Harry trataba de contenerse la risa ante las carantoñas y los besitos que Luna estaba propinando a Hermione, que se dejaba hacer por pura estupefacción y se iba poniendo cada vez más colorada.

-- Anda, nos vamos ya. – dijo Harry a punto de estallar, con la intención de salvar a su amiga y que acabase ya esa situación, porque ya no era necesaria, una vez que Ginny se había marchado y porque si continuaba viéndolo iba a empezar a reírse y en lugar de ir a Hogsmeade, iba a acabar en la enfermería con un ataque.

Hicieron todo el camino en silencio. Harry estaba empezando a calmarse. Imaginaba una y otra vez, estrategias de quiddich, con tal de no evocar la escena que un rato atrás había presenciado en el claustro del colegio. Cada vez que lo recordaba tenía que toser, para no estallar en carcajadas. Hermione no le prestaba atención, iba con la mirada perdida en el infinito mientras Luna la guiaba agarrada de la mano.

Fueron a HoneyDukes, porque Harry quería ranas de chocolate. Y luego fueron paseando hasta que llegaron a la puerta de Las tres escobas.

-- Bueno, yo me quedo aquí – les dijo Harry a las chicas.

-- ¿Qué te quedas? – Hermione habló por primera vez en toda la tarde.

-- Claro, vosotras vais al salón de té – Harry miró preocupado a Hermione, la pobre estaba al borde de una crisis - ¡Ahí van todas las parejitas, Hermione! Después de los pasos que hemos dado para llegar hasta aquí, no vas a desbaratarlo todo ahora¿no?

-- No, claro – Hermione resopló y siguió a Luna, camino a la tetería, mientras esta se explayaba ilusionada, en lo bien que lo iban a pasar y en las ganas que tenía de descubrir si todas las leyendas sobre aquel lugar eran ciertas. En el número 256 del Quisquilloso habían hecho un reportaje que...

Hermione dejó de escucharla.

En el salón de té de Madame Tudipié, el ambiente estaba recargado. Había muchas parejitas regalándose carantoñas, y cientos de pequeños cupidos revoloteando de un lado a otro. Luna y Hermione perdieron por un instante la noción de la realidad, y se olvidaron de qué habían ido a hacer allí. Ninguna de las dos había estado antes. Luna se sumió en una serie de fantasías sobre lo mucho que le gustaría que cierto pelirrojo la llevase allí algún día. Y Hermione se dedicó a analizar, de forma objetiva, las características que reunía el lugar, para convertirlo en un pequeño paraíso para enamorados. Según sus convicciones, lo importante era el amor, no el aderezo. Y esto la llevó a pensar, en los motivos por los que había rechazado a la persona que amaba, simplemente por un detalle de índole sexual.

La voz de Madame Tudipié las sacó de su ensimismamiento.

-- Chicas, no os quedéis ahí en la puerta ¡Os vais a pillar un resfriado! – las guió hasta una pequeña mesa rodeada de cojines al fondo del salón. – sentaros aquí, en seguida os traigo una tetera humeante – y se marchó rápidamente, tras dedicarles su mejor sonrisa comercial.

Hermione se puso a buscar con la mirada a la pelirroja. Según el plan de Harry, ella debía estar allí. Y no se equivocaba, la localizó sentada junto a Lavender, solo unas mesas más allá. Se dedicó a mirarla unos minutos, la pelirroja no la había visto aún y pudo observarla sin peligro. Parecía aburrida, mientras que Lavender hablaba sin cesar, de dios sabe qué tonterías. Mientras hablaba, la morena se dedicaba a acariciar las manos que la pelirroja tenía sobre la mesa y le sonreía con descaro, Hermione diría que lujuriosamente. Se le estaba empezando a encender la sangre.

-- ¿Y si se van?

Hermione miró a Luna contrariada. ¿Ya estaba desvariando otra vez?

-- ¿Qué quieres decir con eso?

-- Pues ya deben llevar aquí un rato, si se van no podremos llevar a cabo el plan.

-- Claro – Hermione tragó saliva – no se irán. No creo que Lavender quiera interrumpir este momento – añadió con un tono agrio, lanzando una nueva mirada hacia donde estaban sentadas.

Luna miró hacia donde le señalaba Hermione. Parecían una pareja más de enamorados, en el salón de Madame Tudipié. Aunque la tacharan de Lunática, ella siempre estaba al tanto de todo, era una persona observadora, y precisamente por estar tachada de loca, e incluso de tonta por muchos, siempre tenía más información que los demás. A nadie le importaba si estaba presente o se enteraba en secretos y aventuras varias. Y si había alguien a quién conociera bien era a Ginny Weasley. La pelirroja nunca le contaba las cosas explícitamente, pero se dedicaba a explayarse durante horas en detalles de su vida, que a oído de buen entendedor, eran mucha más información de lo que realmente hubiera querido dar.

Luna lo tenía claro, Ginny quería a Hermione. No solo la quería. Bebía los vientos por ella y desde hacía ya mucho tiempo. No sería capaz de contar las innumerables veces en las que la pelirroja le había contado, con la voz sobrecogida, anécdotas en las que las protagonistas eran ella misma y Hermione, y donde cada palabra ambigua o cada roce casual, habían supuesto una larga cavilación, intentando darle el tono más inocente posible y sin embargo, dando a entender un anhelo casi insoportable.

Y por eso, porque sabía lo que realmente deseaba su amiga, a la que quería a su manera, pero más que a nadie en el mundo. Y porque al fin y al cabo, si sus sueños se convirtieran en realidad algún día, serían familia, debía ayudar a Hermione con el plan. Hermione no le caía tan bien. Siempre estaba poniéndole caras agrias y discutiendo casi cualquier cosa que decía. Pero se alegraba mucho de haber decidido ayudarle. No solo le estaba haciendo un favor a su mejor amiga, sino que a la vez, estaba consiguiendo una pequeña venganza, que tenía pendiente con la castaña. Por eso intentaba ponerse lo más cariñosa y exhibicionista posible, le encantaba ver a Hermione roja como un tomate, tensa y desconcertada.

-- Ginny se acaba de levantar, seguramente vaya al servicio.

-- Vale, este es el momento propicio. No creo que Lavander la siga – respondió Hermione mirando como la pelirroja se levantaba y se excusaba.

-- No, sería de muy mal gusto. – Hermione la miró perpleja¿qué había querido decir con eso? Pero Luna se levantó y siguió a Ginny hacia los servicios.

Cuando Luna entró en el servicio del salón de té, parecía que estaba vacío. Se paró un momento a escuchar y decidió que la pelirroja debía estar detrás de alguna de aquellas puertas ocupada con sus menesteres. Abrió el grifo y empezó a pasar la mano una y otra vez por debajo del chorro de agua.

-- Hola Luna – Ginny acababa de salir tras una puerta situada casi a su espalda. A través del espejo pudo apreciar en ella una mueca de fastidio, antes de saludarla secamente. Al momento, la tenía a su lado lavándose también las manos.

-- ¿Qué tal lo estás pasando? – Luna quería iniciar una conversación a toda costa. Todo dependía de su actuación.

-- Bien – le respondió ocupada en enjabonarse las manos.

-- Yo lo estoy pasando genial ¿Sabías que nunca había estado aquí¡Me encantan esos pequeños cupidos! Son como los duendecillos de Cornualles, pero bonitos...

-- Yo creía que te gustaba mi hermano –le interrumpió Ginny con brusquedad.

Luna reprimió una sonrisa. Ahora solo le tocaba hacer su parte de teatro.

-- ¿Tú hermano? – Se puso a morderse los nudillos, como si no fuera con ella. Era su mejor baza para no tener que responder a una pregunta directa.

-- Sí, Luna, mi hermano. Llevas dos años enamorada de él ¿qué haces saliendo con Hermione? – Ginny estaba bastante molesta.

-- Me gusta Hermione

-- ¿Desde cuándo?

-- No sé.

-- Pero ¿Cómo te puede gustar? – Luna le miró divertida, "si bebes los vientos por ella"

-- Me gusta como besa.

Ginny se puso roja. Ya había tenido suficiente con verlas besarse, tampoco tenían porqué recordárselo.

-- ¡Pero a ti te gusta mi hermano!!

-- Pues ahora me gusta Hermione – le respondió Luna mirándole a los ojos, con exactamente el mismo tono que Ginny acababa de utilizar. La pelirroja no se esperaba una respuesta tan rotunda y se quedó un poco traspuesta – ¿Te molesta que salga con Hermione?

-- ¡¿Qué¡No! No, en absoluto

Cuando Luna desapareció en dirección a los servicios, Hermione se apresuró en acercarse a la mesa que ocupaba Lavender.

-- Hey – le saludó como si se la hubiera encontrado por casualidad.

-- ¡Hola Hermione! – Lavender lucía su mejor sonrisa – siéntate un momento.

Hermione obedeció y se sentó en la silla que unos minutos antes había ocupado su pelirroja.

-- Estoy super-emocionada – Lavender, realmente parecía haberse tomado un termo entero de café, porque le faltaba pegar botes en la silla. Hermione aspiró hondo – No sabía nada de lo tuyo con Luna Lovegood. – Hermione le dedicó una sonrisa falsa – Dicen que está un poco loca... aunque las rubias tienen algo especial¿eh? – le guiñó un ojo – Pero no hay comparación con las pelirrojas.

-- A mi me interesan más aspectos que el puramente físico.

-- Oh, si, claro. Pero si tiene buenas tetas, mejor¿eh?

Hermione abrió los ojos desorbitadamente. ¡Pero será guarra!

-- Insisto, para mí hay otras cosas más importantes – le respondió severamente.

-- Allá tú. ¿Sabes una cosa?

Hermione no tenía ganas de saber nada que pudiera salir por su boca, trataba desesperadamente de alejar de su cabeza una serie de imágenes libidinosas, que el comentario de su interlocutora había conseguido evocarle. Además, cada vez estaba menos segura de que el plan de Harry funcionase. Luna tenía que conseguir que Ginny se encelara tanto, que se pelease con ella y quedase claro quién le gustaba realmente. Y por si eso no bastaba, Hermione debía tirarle, descaradamente, los tejos a Lavender, cosa que la chica jamás podría resistir, para demostrarle a la pelirroja con qué tipo de persona estaba saliendo. Pero tirarle los tejos a Lavender era tan poco grato como hacerle la pedicura a Grawp y Hermione estaba empezando a pensar que el plan de Harry era demasiado absurdo como para funcionar.

-- ¡Hermione! – Lavender se impacientaba, llevaba un rato haciéndole aspavientos con las manos, sin conseguir que Hermione reaccionara.

-- ¡Eh?

-- Hija¿qué te pasa¿Te han echado ajenjo en lugar de té¡Despierta!

-- Ah, sí – Hermione volvió a prestarle atención, muy a su pesar, como casi siempre.- ¿qué me decías?

Lavender asomó una sonrisa pícara, miró hacia ambos lados, como si le preocupara que alguien la escuchase hablar y se acercó todo lo que pudo a Hermione, para poder susurrarle.

-- Esta noche voy a intentarlo

Hermione ladeó la cabeza

-- ¿Intentar qué?

-- Hacerlo con Ginny.

Hermione se irguió lentamente, volvió a ladear la cabeza y sé quedó unos segundos cavilando. Hacerlo con Ginny. Uhm. Hacerlo con Ginny. ¡Hacer qué con Ginny!!

La mirada satisfecha de Lavender dejaba claro qué planeaba hacer con Ginny. Su Ginny. Hermione estaba a punto de hiper-ventilar, aunque no sabría discernir si por rabia, ansiedad, o pura desesperación.

Se levantó rápidamente, dejando a Lavender con dos palmos de narices y se encaminó hacia el lavabo.

-- ¡Hermione! – Luna se sorprendió cuando vio aparecer a la chica en el lavabo. ¡Eso no estaba en el plan! Justo acababa de conseguir enfurecer a la pelirroja, que negaba su interés por Hermione con tanto énfasis, que ni ella misma creía que aparentaba menos que lo contrario.

Ginny también se sorprendió con la repentina entrada de Hermione en los servicios. Pero apenas tuvo tiempo de reaccionar de ninguna manera. Hermione agarró a Luna por la solapa de la túnica y se la llevó arrastrando hasta la salida. Pues sí que le gustaba a Hermione el sado, sí, se atrevió a pensar. Eso sí, con cualquiera menos con ella.