Harry Potter, pertenece a J.K. Rowling.

Cazadores de Sombras, pertenece a Cassandra Clare.

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91: La Espada.

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Maryse, Imogen y Jace, presenciaron un tipo de magia, que jamás habían observado. Tanto así, que Jace no pudo evitar resoplar, al ver a Janet, sujetando una varita mágica. ― ¿Realmente, haces magia con eso?

―Sí Chico Ángel, hacemos magia con esto ―contestó Janeth, arrastrando las palabras y colocando la varita tocando suavemente su sien. Al ver a Imogen y Maryse moverse, Janeth miró a los ojos a Jace. ― ¿Sientes dolor?

Él se cruzó de brazos y contestó secamente. ―No. ―La varita se alejó y todos vieron algún tipo de construcción de humo, que formó una diminuta esfera, en la punta de la varita y luego la dejaron en el objeto extraño. ― ¿Y ahora? ―preguntó impaciente.

Daphne suspiró y trató de tener más paciencia con Jace Herondale, mientras usaba su propia varita mágica, para tocar las Runas del Pensadero, momento en el cual se formó una esfera, por encima del mismo y permitió a todos ver, que Jace no volvió a reunirse con Valentine desde Renwick y que, en cambio, estuvo haciendo cosas bastante normales para un Cazador de Sombras, hasta esta noche, en la que se fue a pelear a un bar de Licántropos.

―Y cómo puede usted ver, Inquisidora ―dijo Maryse, sonriente y satisfecha ―la más reciente transgresión de Jace, ha sido una pelea en un bar de licántropos, esta misma noche.

―Solo una semana después, de que se volvieran a firmar los Acuerdos ―gruñó Janeth y Jace tuvo la decencia de sonrojarse.

― ¿Pero de qué lado, están ustedes dos? ―preguntó Jace a sus amigas pelinegra y rubia. Ellas se encogieron de hombros.

Imogen suspiró, mientras se llevaba una mano al rostro, sintiéndose mortificada, por los actos más recientes de su nieto, que casi rayaban en vandalismo. ― ¿Por qué Raziel? ¿Por qué tienes que castigarme, con niños tan rebeldes? Primero mi hijo y luego mi nieto. ―Miró fijamente a Jace, quien se sonrojó.

―Estaba estresado, luego de combatir con demonios Moloch en el metro ―dijo él, haciendo una mueca. ―Janeth, por favor.

―Ya vi a los demonios Moloch ―le riñeron Imogen y Maryse, haciendo que Jace se encogiera un poco en donde estaba parado. Daphne y Janeth, no pudieron evitar sonreír burlonamente; mientras veían a ambas mujeres, apuntar hacia la derecha, para luego decir ― ¡A tu habitación ahora mismo, Jason Herondale-Montclair! ―Y Jace salió de allí, cruzándose de brazos, cabizbajo, con el ceño fruncido y caminando hacía su habitación.

―Muchas gracias por su ayuda, chicas ―dijo Maryse, ahora más calmada, pero comenzando a sentir una migraña inevitable, por todos los actos de Jace, desde Renwick. ― ¿Les molesta si este Pensadero, se queda aquí? Sería muy útil.

―No hay problema ―dijo Daphne encogiéndose de hombros. Entonces, se le ocurrió una idea ―e incluso, podríamos preparar algunos litros de Veritaserum. Poción de la verdad.

―Sería muy útil ―dijo Imogen sonriente. ―Maryse, ¿hay problema, si tomo una de las habitaciones de la primera planta?

―Ninguna, Imogen ―dijo Maryse, también sonriente de que Jace se acabara de salvar de un castigo mayor, que el quedarse encerrado en su habitación. Pensándolo bien: quizás incluso y podría aumentar el castigo, con que no pueda entrenar por una semana y asegurar la habitación del rubio para que no pueda volverse a escapar y ella sea alertada, si es que lo hace ―descansa.

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Habían pasado tres horas, desde que Imogen llegó al Instituto de Nueva York. Al mismo tiempo, Valentine usó el Cementerio Marble de Manhattan, para poder ingresar en la Ciudad Silenciosa, la base de operaciones de los Hermanos Silenciosos, aquellos Cazadores de Sombras, que después de un ritual en el cual empleaban Runas para: coser mágicamente sus ojos y boca o podían usar Runas para simplemente cerrar mágicamente sus ojos y boca; eran los que se ocupaban de que los archivos y la Espada Mortal, estuvieran a salvo y seguros.

Pero los Hermanos Silenciosos, no eran guerreros. Habían dejado las armas, a favor del conocimiento y nadie protegía la Ciudad Silenciosa. Y para cuando Janeth logró recordar esto: el plan del robo de la Espada Mortal y advirtió a Imogen, ella perdió el tiempo, enviando mensajes a Idris, para reunir a los Cazadores de Sombras y que se dirigieran hacía la Ciudad Silenciosa. Lo mismo hizo Maryse, reuniendo a todos los que pudo, antes de ir hacía el cementerio Marble.

Cuando llegaron al cementerio, vieron salir desde las puertas de la Ciudad Silenciosa, a Valentine, quien traía en sus manos la pesada y gigantesca espada plateada con las alas abiertas en la empuñadura. Era la misma que colgaba sobre las Estrellas Susurrantes en la habitación del concilio de los Hermanos Silenciosos.

― ¡¿Robaste la espada de los Hermanos Silenciosos?! ―gruñó Robert furioso, empuñando su propia espada.

―Nunca fue de ellos ―dijo Valentine, notando a los muchos Cazadores de Sombras, presentes allí ―Le pertenece a los Nefilim. Esta es la espada con la que el Ángel expulsó a Adán y Eva del Paraíso. "Y habiendo expulsado al hombre, puso querubines al oriente del jardín del Edén y un remolino que disparaba rayos, para guardar el Árbol de la Vida" Gen 3:24 ―citó, inclinándose hacia la espada.

Jace humedeció sus labios resecos. ― ¿Qué harás con ella?

Valentine no pudo evitar sonreírle con cariño a Jace, quien sufrió un escalofrío. ―Ya sé lo que hice mal en el Renwick ―continuó Valentine ―Aún te recordaba como al niño pequeño que dejé en Idris, obediente a todo lo que le pedía. En vez de eso encontré a un hombre joven, independiente y valeroso, y aun así te traté como a un niño. No me pregunto ya por qué te rebelaste en contra mía.

― ¿Rebelarme? Yo… ―la garganta de Jace se cerró, no le dejó terminar de decir lo que quería decir. Su corazón empezó a golpear al ritmo del temblor de su mano. Valentine presionó.

―Nunca tuve oportunidad de explicarte mi pasado, de decirte por qué hice las cosas que hice.

―No hay nada que explicar. ¡Tú mataste a mis abuelos! ¡Tú mataste a mi padre y cuando se lo contaste a mi madre, sabías que ella se suicidaría! ¡Esclavizaste a otros Cazadores de Sombras para ayudarte a alcanzar tus propias metas! ―cada palabra en la boca de Jace le sabía a veneno.

Valentine solo pudo parpadear, sintiéndose patidifuso, mientras miraba a Jace. Buscó con la mirada a los Lightwood y los escudriñó, luego notó a Imogen allí, su ceño se frunció. Supo al instante, que ella lo crio y no los Lightwood, quienes, de alguna manera, supieron que él era un Herondale. Averiguaron que era el hijo de Stephen y Céline y contactaron a Imogen, para que criara a su nieto. Por eso su plan salió mal y él sabía quiénes eran sus padres. Ese maldito mocoso, jugó con él, en Renwick. ―Sólo conoces la mitad de los hechos, Jonathan. Te mentí cuando eras niño porque eras muy joven para entender. Ahora eres lo suficientemente mayor como para entender. Lo suficiente para saber la verdad. ―No notó a Janeth y Daphne, paseándose detrás de los Cazadores de Sombras, allí presentes. Jocelyn, Robert, Maryse, Imogen, Alec, Izzy, Clary, Simon, Janeth, Daphne, entre otros rostros que no reconoció inmediatamente.

Ellas usaron encantamientos de agilidad y fuerza física, sobre los Nefilim, incluso si todos ellos, ya poseían runas para ello.

Pronto, se arrojaron sobre él. Pero Valentine se defendió con maestría. En una mano, empuñaba la Espada Silenciosa y en la otra, la espada Phaesphoros, la espada hermana de aquella que empuñaba Clary, al intentar darle una mortal estocada a su padre.

Jocelyn empuñaba una espada del mismo largo que Heosphoros, pero llevaba el símbolo de los Fairchild: alas de hadas y para asombro de Valentine, su ex esposa le estaba dando un buen combate, obligándolo a defenderse. Pronto, Clary volvió a la carga y antes de que fueran Robert, Maryse y los jóvenes, Valentine bloqueó un ataque de Clary y la empujó con la espada, antes de lanzar un corte veloz y fuerte, que desestabilizó a Jocelyn, mientras que él usaba su Piedra de Luz Mágica, para enceguecerlos a todos y escapar.

― ¡Tiene la Espada Mortal! ―chilló Imogen, totalmente indignada por lo que acababa de pasar. Valentine tenía uno de los tres Instrumentos Mortales en su poder. Eso era inconcebible.

―Pero no tiene la Copa ―dijo Janeth, enfundando su espada y cruzándose de brazos, mientras que la Inquisidora, miraba a la Morgenstern renacida ―Tienes que poner guardias y todo tipo de protecciones, que se te ocurran alrededor del Lago Lyn, Inquisidora Herondale.

― ¿Por qué el Lago Lyn? ―Preguntó ella, curiosa y patidifusa. ― ¿Qué tiene que ver el Lago, con todo esto?

―Necesitamos volver al Instituto y te lo enseñaremos, ante un libro de historia ―fue todo lo que dijo Janeth, logrando tener la curiosidad de la Inquisidora.