Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.

En las ruinas del futuro

En silencio, dejando que sus pies fuesen quienes decidieran su camino, Shinji continuó con su errante caminata por la aldea, sin saber, sinceramente, hacia dónde se dirigía. Habiendo huido, una vez más, de la cabaña de Kensuke al no querer ser visto como una molestia, el otrora piloto de la Unidad 01 vagaba perdido sin que reconociese ninguno de los rostros de las personas que miraba al seguir avanzando.

A su alrededor, yendo y viniendo en todas direcciones, Shinji observó asombrado como cada individuo que veía cumplía con una función específica que, al combinarse con la de los demás, ayudaba a mantener a flote a la villa. Algunos se encargaban de construir nuevas edificaciones utilizando materiales reciclados, otros, vestidos con ropa agrícola, sembraban y cultivaban en los campos.

Entre dicho gentío, haciéndolo detener de improviso su marcha, Shinji se quedó perplejo al ver a Ayanami rodeada de un grupo de mujeres que, riéndose y conversando con ella, se dirigían, desde muy temprano, hacia los sembradíos de arroz. Rei, quien no se percató de su cercanía, se dejaba llevar por aquellas mujeres, cuyas carcajadas, sin problemas, llegaban a los oídos de Shinji pese a la distancia.

Poco a poco, al ser conducida por sus alegres compañeras, Ayanami se fue alejando de Shinji al perderse en la muchedumbre que atestaba la que era la carretera principal de la Villa-3. Allí, quedándose congelado sin que pudiese moverse, Shinji, cada vez más cabizbajo, se reprochaba que incluso Ayanami; a pesar de sus limitaciones, ya era parte de la comunidad aportando a su crecimiento y desarrollo.

– Ayanami está ayudando, es alguien útil para los demás. No es como yo, yo no sirvo para nada.

Con más de una semana desde que llegó a la aldea, sin hacer algo distinto a alejarse del resto para ver las horas pasar sin dejar de sentir lástima por sí mismo, Shinji se convencía, aún más, que era un estorbo y que su presencia no era más que una carga. Aquello, para su consternación, se confirmaba con el recuerdo de Asuka, donde ella, ante su negativa de comer, debió alimentarlo en contra de su voluntad.

Rei, quien realizaba preguntas que sólo un niño de primaria haría, estaba probando ser muchísimo más útil que él. Así pues, con el peso de la vergüenza y el dolor creciendo sobre sus hombros, tales pesares lo empujaban a romper en llanto ahí mismo al estar en medio de una multitud. Si haber casi destruido el mundo no era suficiente, al ver que no tenía ninguna utilidad, Shinji cuestionaba su propia existencia.

– ¡Oye tú, mocoso! ¡Quítate del camino!

Sobresaltándolo, tomándolo desprevenido, una voz masculina lo sacudió al provenir de sus espaldas. Shinji, volteándose a su derecha, se asustó al mirar, a muy escasos centímetros de él, la gigantesca cabina de un camión que, por culpa suya al bloquear la vía, le era imposible continuar con su ruta. Ante esto, paralizado por la impresión, Shinji apenas consiguió dar un par de pasos torpes hacia atrás.

– ¿Acaso eres tonto o qué? –Gritándole, asomándose por la ventanilla junto a él, el conductor de dicho vehículo le preguntó con palpable enfado– ¡Hazte a un lado o te haré puré, mocoso idiota!

Shinji, al verse arrinconado por las muchas miradas de quienes andaban por ahí, sumado al estridente sonido de la bocina de aquel automotor, tropezó con él mismo al ladearse a un costado para quitarse de la carretera. Tal tropiezo, para infortunio de Shinji, lo hizo caer sentado en el suelo, segundos antes que el camión, con sonora urgencia, pudiese seguir andando por la calzada sin ningún obstáculo.

Todavía conmocionado por lo ocurrido, Shinji no le quitó los ojos de encima al vehículo notando la insignia de Kredit escrita en una de sus paredes. Evocando que había visto esa insignia en la chaqueta de Kensuke, Shinji, avergonzándose más de sí mismo, vio como sus amigos de la infancia ya eran hombres con deberes y responsabilidades de gran valía; en tanto él, aún siendo un "mocoso", carecía de valor.

Kensuke, viajando de un punto a otro en la aldea, aplicaba sus conocimientos de mecánica y electrónica para volver a poner en funcionamiento cualquier aparato que necesitase una reparación. Toji, además de ser el padre de una bebé y el esposo de Hikari, era un respetado médico que, con orgullo, portaba una pulcra bata blanca al escuchar y atender los diversos padecimientos que sus pacientes tuviesen.

¿Pero cuándo fue que sucedió tan abrupto cambio de realidad?

¿Cómo era posible que sus amigos de la niñez hayan avanzado tanto?

¿Por qué su reloj se congeló en el tiempo mientras que el de los demás siguió hacia adelante?

Por más doloroso que le resultase tener que aceptarlo, Shinji, al sacudir el polvo de su ropa en tanto se levantaba, sabía las respuestas a dichas preguntas. El "cuándo" se produjo el día en que libró su última pelea contra un ángel, el cual, habiendo devorado a Ayanami, abriendo las puertas de una tragedia apocalíptica, causó que la rabia cegara su juicio haciéndolo tomar decisiones impulsivas y erradas.

Aquellas decisiones, siendo la raíz del "cómo" que respondía a su segunda interrogante, le mostraron varias imágenes mentales de Toji y Kensuke, en el centro de la devastación que él provocó, luchando por sobrevivir al enfrentar una vasta variedad de adversidades como la escasez de alimentos, agua y medicamentos. Tales penurias, forjándolos con fuego, les dieron el temple y madurez que poseían hoy.

Esto, llevándolo directamente a contestar su tercer y último cuestionamiento, le ayudó a comprender el "por qué" de su actual desgracia. Haber querido rescatar a Rei de una muerte más que segura; si bien sonaba como una intención noble y altruista de su parte, hizo reafirmar aquel viejo adagio que advertía que el doloroso y espinoso camino hacia el infierno se hallaba pavimentado con buenas intenciones.

Shinji, en aquella ocasión, al dejarse poseer por la furia, no entendió la magnitud del poder que ostentó en sus imprudentes manos, y tal ignorancia, para perjuicio de la humanidad, no le permitió vislumbrar las posibles consecuencias, que casi acabaron por borrar, en su totalidad, la vida misma en el planeta. Haberse encaprichado con salvar a Rei, le arrebató su lugar en la sociedad al congelarlo en el tiempo.

Así, al despejar sus dudas, al discernir con más claridad el "cuándo", el "cómo" y el "por qué" de sus tribulaciones, Shinji, al ya estar totalmente de pie, podía plantearse una incógnita adicional: ¿Quién era él? Algunos, como una parte de la tripulación del Wunder, lo consideraban como la encarnación viviente del mal. Otros, como Misato y Asuka, lo señalaban como el principal culpable del Casi Tercer Impacto.

Y volviendo aún más grande su desventura, sin una brújula que le apuntase al norte, ni siquiera el mismísimo Shinji contaba con una contestación a dicho enigma. Conocerse a sí mismo primero, antes que pensar en cualquier otra cosa, como en sus equivocaciones, será el primer paso firme que lo hará salir del abismo. El "quién", al averiguarlo y definirlo, le permitirá descubrir hacia "adónde" quería ir.

Por el momento, al no tener un empleo o trabajo asignado como sucedía con los restantes aldeanos, Shinji, con una expresión de tristeza que lo hacía ver como un cachorro bajo la lluvia, reanudó su andar siguiendo los pasos que Ayanami dio unos cuantos minutos antes.

– Todos tienen a alguien, ninguno de ellos está solo. Son como una familia.

Dejando detrás de él los sonidos de los vehículos y el bullicio de la gente, escuchando la dulce melodía de las ramas de los árboles al mecerse con el viento, Shinji vio como las personas que sembraban y cosechaban siempre estaban muy cerca los unos de los otros. Trabajaban y platicaban; sudaban a cántaros y sonreían con alegría, tal cosa, con ímpetu, produjo que Shinji pensase en una familia.

– La mía ya no existe. No tengo a nadie.

Recordar a su padre que, al estar ausente, le daba la impresión de simplemente no existir, inducía a Shinji a volcarse hacia su lado materno en busca de consuelo, aceptación y perdón. Empero, reabriendo aún más la herida, por más que buscase, su madre se esfumó de este mundo al desaparecer. Ante esto, quedándose sin nadie con un lazo sanguíneo que lo acogiese, Shinji carecía de un verdadero hogar.

Nunca conoció a sus abuelos, y considerando los catorce años que pasaron en un parpadeo para él, era posible que incluso ya no estuviesen vivos. Tampoco sabía si poseía tíos y primos en alguna parte, el apellido Ikari, más que ser sinónimo de maldición para muchos, solamente parecía pertenecerle a él. Por ende, sin importar en qué dirección mirase, para Shinji todos los senderos yacían igual de solitarios.

Distinguiendo a Rei en la lejanía, mirándola colocar plantas de arroz en los campos cubiertos con agua, Shinji, como si fuese el público de una obra de teatro, se maravilló del movimiento casi sincronizado de aquellos que se encontraban junto a ella haciendo lo mismo. Por ello, dándose un descanso, Shinji se puso de cuclillas para mirarlos al esconderse entre el verdoso pasto que crecía en las laderas cercanas.

Ahí, al verlos trabajar, con la brisa jugando con su cabello, Shinji, por primera vez desde que llegó a la aldea, se sorprendió a sí mismo al no estar llorando. Una inusitada paz, teniéndole compasión, le obsequió la suficiente concentración como para darse cuenta que la villa, en su simplicidad, emanaba un aura de espiritualidad, que casi borraba, de su mente, el paisaje rojizo de muerte que invadió la Tierra.

A pesar que no terminaba de entender de dónde venía ese sentimiento, Shinji, agradeciéndolo, no podía evitar percibir su energía. Así, por más que se sentía tentado a correr colina abajo y ofrecerse a ayudar, temeroso de equivocarse o de ser rechazado como un leproso, Shinji todavía se hallaba muy lejos de superar sus miedos e inseguridades al no poseer la confianza requerida para ir y unirse a los demás.

Así pues, prefiriendo, por ahora, guardar su distancia hasta que tuviese la seguridad mínima para intentar acercarse, Shinji se enfocó en la única persona que identificaba de entre todos los presentes: Ayanami. Si bien entendía que esa no era la misma Ayanami que conoció hace tanto tiempo atrás, al verse y sonar como ella, para Shinji, literal y metafóricamente, era la única Rei Ayanami que existía.

Así, viéndola agacharse al colocar una planta más en la hilera que, gradualmente, iba formando con la colaboración de sus locuaces nuevas camaradas, Shinji la siguió con la mirada confiando en que ni ella ni nadie más se percatase de su presencia. Sin embargo, uniéndose a sus pensamientos, su memoria le trajo un corto recuerdo muy reciente protagonizado por la voz del veterano Vicecomandante de Nerv.

La Rei Ayanami que tú llegaste a conocer, sólo era una réplica artificial de tu madre.

Durante su estadía en las ruinas de Nerv, luego de haber huido de Wille, Shinji, al fin, pudo conocer una ínfima fracción de toda la verdad que ignoraba. Y al mejor estilo de un puñetazo en el estómago, dejándolo sin habla, tal verdad, sin evasivas, lo golpeó de lleno al descubrir que Ayanami no era quien él creía ser. Asimismo, entendiendo porqué la Unidad 01 lo aceptaba, Shinji logró unir varios cabos sueltos.

Desde que sus caminos se cruzaron el día cuando visitó las instalaciones de Nerv, Ayanami, para Shinji, siempre tuvo un halo de misterio coronándola que le resultaba imposible de pasar por alto. Su cara y peinado, sin sospechar a quién hacían referencia, se ganaron su interés, de inmediato, al evocarle sensaciones y sentimientos familiares que, gracias a su inmadurez y juventud, no discernía del todo.

Habiendo sido un chico con un inexistente círculo de amistades, Ayanami, al conocerla y al pilotear juntos, acabó por ser la primera amiga que tuvo en su vida. Si bien no hablaban mucho, tratándose ella de una chica muy callada y enigmática, Shinji, a causa de la familiaridad que le producía, experimentaba una confortable comodidad y cercanía cuando se hallaba con ella, y que, al luchar, calmaba sus nervios.

Con el avanzar de las semanas, al adaptarse a Tokio-3 y al iniciar su travesía como el piloto del Eva 01, la brecha entre él y Rei fue achicándose cada vez más. Tal cosa, inclusive, lo hizo verla salir desnuda de la ducha en el que era uno de los varios incidentes más vergonzosos que ha vivido hasta la actualidad; no obstante, sin que ella mostrase ninguna reacción, tal suceso era superado fácilmente por otro mejor.

¿Por qué piloteas un Evangelion, Ayanami?

Mucho antes de la llegada de Asuka; antes que ocurriese la trágica activación de la Unidad 03 y que se diese su contienda final contra el ángel que allanó el camino para el inminente apocalipsis, al encontrarse frente a frente ante una fortaleza geométrica voladora que atacó la ciudad, Shinji y Ayanami, en la denominada Operación Yashima, unieron fuerzas para derrotar a tan enorme enemigo.

Ubicándose en una plataforma elevada, muy por encima de Tokio-3 para realizar un preciso disparo de francotirador, ambos miraban el panorama nocturno, que era desafiado, únicamente, por las luces artificiales de la metrópoli por debajo de ellos. Allí, al gozar de unos minutos de privacidad previo a que iniciase la tormenta, Shinji se atrevió a cuestionarle a su compañera su motivo para ser piloto de un Eva.

Porque es un vínculo.

Reviviendo esa noche en su cabeza, Shinji, como si hubiese sido ayer, escuchó la suave y endeble voz de Ayanami al responderle a su pregunta. Rei, abrazando sus piernas con los brazos, elevó la mirada al contemplar la urbe que debían salvar. Shinji, por su lado, al estar a pocos metros de ella, se volteó a verla sin comprender a qué se refería con exactitud; por ende, enseguida, le lanzó otra interrogante.

¿Un vínculo?

Sí, un vínculo.

Más confundido aún, evocando la sospechosa e inusual relación que sostenía Ayanami con su padre, Shinji, continuando con su interrogatorio, le planteó una nueva consulta para despejar sus inquietudes.

¿Un vínculo con mi padre? –Temeroso, sinceramente, de la contestación de Ayanami, Shinji sintió su corazón estrujarse en su pecho.

Con todo el mundo, es mi forma de sentirme unida a los demás.

De repente, apagándose paulatinamente una tras otra, las luces de Tokio-3 se dejaron doblegar por la oscuridad al permitir que el fulgor de la luna, brillando impoluta y gloriosa en el firmamento, fuese la única que reinase al ser laureada por el brillo de millones de estrellas.

¡Eres muy valiente, Ayanami!

Es lo único que tengo, pilotear lo es todo para mí.

Sorprendido por aquella declaración, Shinji, pestañeando en reiteradas ocasiones, no se cansó de hacer más preguntas.

¿Es lo único que tienes?

Ya debemos irnos, la Operación Yashima comenzará pronto.

Sin responder a esa última cuestión, Ayanami, poniéndose de pie, hizo que su figura sobresaliera al contrastar con el bellísimo resplandor lunar que llenó el paisaje. Shinji, sin decir nada más, la vio dirigirse hacia la Unidad 00 después de dedicarle una sencilla despedida, la cual, reverberando desde el remoto pasado, calzaba a la perfección con el crudo presente que Shinji vivía al ser un refugiado en la Villa-3.

Adiós.

Levantándose, ya no importándole si era descubierto por los aldeanos que plantaban arroz, Shinji se dio la vuelta marchándose de allí al no querer seguir pensando en nada relacionado con los Evas. Y así, sin que lo supiese aún, empezando la crucial búsqueda por definir "quién" era él realmente, Shinji fijó su rumbo hacia los vestigios de la antigua Tokio-3 que se hallaban dentro del perímetro de la aldea.

Dicha área, estando conformada por varias edificaciones que colapsaron durante el Casi Tercer Impacto, había sido conquistada por la maleza y la vegetación que, al sufrir de un marcado abandono, la cubría de principio a fin. En tal zona, en los días anteriores, Shinji solía derramar un mar de lágrimas al ahogarse en sus penas; aunque, harto de llorar, Shinji decidió explorar un poco las ruinas para hallarse a él mismo.

Al sentirse como una antigüedad de otra época, Shinji, guiado por sus instintos, supo que el lugar correcto para redescubrirse, era buscar, justamente, en un sitio que le perteneciese al pretérito.

– Parece ser una tienda, o lo fue alguna vez.

Susurrándose, conversando consigo mismo, Shinji sintió como si retrocediese en el tiempo justo a cómo eran las cosas antes que todo se destruyese. A su derecha, parcialmente demolida, Shinji se topó ante los escombros de una pequeña tienda de comestibles, donde vislumbró, amontonadas entre sí y destruidas por el óxido, un puñado de máquinas expendedoras de café como las que había en Nerv.

Al término de unos cuantos minutos de contemplación, no habiendo mucho que ver ahí, Shinji reinició su marcha internándose en lo que aparentaba haber sido un vecindario común en las afueras de Tokio-3. Mirando las casas a ambos lados del camino, Shinji, pensando en cuando viajaba a la escuela cada mañana, recordó lo movidas y llenas de personas que relucían las calles al comenzar un nuevo día.

Empero, no hallando más que silencio y desolación, Shinji se tomó una pausa para reclinarse en un dañado y torcido poste de alumbrado público situado a su izquierda. Allí, al notarlo con el rabillo del ojo, alcanzó a ver un doblado y quebrado tablero de baloncesto, el cual, al ganarse su atención, le trajo recuerdos de él acompañando a Toji y Kensuke a pasar juntos un rato una vez que las clases terminaron.

Para cuando fue consciente de ello, pestañeando al sorprenderse, Shinji vio como sus pies lo llevaron hasta allí mirando la canasta carcomida por la corrosión que, ante la más suave brisa, daba la impresión de caerse. Bajo sus zapatos, borrada casi del mapa por el césped y la grava, la cancha y sus respectivas líneas que demarcaban el campo de juego, apenas alcanzaban a verse al ir desapareciendo sin remedio.

Si Asuka y Rei eran quienes le ayudaban a sentirse seguro al ser parte de la dura tarea de ser piloto, Kensuke y Toji, en el extremo opuesto del espectro, fueron quienes le hacían sentir como alguien normal al hablar de videojuegos, programas de televisión y otras cosas más mundanas. Y al estar en aquella destrozada cancha de básquetbol, pensando en aquellos días, Shinji volvió a sonreír.

– Nunca les dije lo mucho que los quiero, son los únicos amigos reales que he tenido en mi vida.

En una de las muchas tardes de ocio que tuvieron, al acabarse la jornada escolar, Shinji se dejó arrastrar por Toji y Kensuke quienes solían visitar una cancha de baloncesto similar a esa. Toji, quien, en aquel entonces, soñaba con convertirse en un jugador profesional, acostumbraba practicar constantes tiros de tres puntos al emular a los grandes basquetbolistas extranjeros que admiraba y veía en el televisor.

Kensuke, con su videocámara, lo filmaba al seguir los movimientos de Toji, el cual, deseando un futuro mejor para su hermana menor y su familia, fantaseaba con ser descubierto por algún cazatalentos que lo llevase a un equipo donde se convirtiese en una estrella del deporte. Por ende, necesitando de alguien para que simulase ser un adversario, Shinji, al ser el único disponible, interpretó ese papel.

Aunque Shinji no destacaba en ninguna actividad deportiva o atlética, aceptando ayudarle a Toji, se colocó frente al aro para defenderlo. Suzuhara, luciéndose para la lente de la cámara de Kensuke, realizó una serie de maniobras para eludir y driblar los intentos de Shinji por arrebatarle el balón. Toji, al gambetear con facilidad a Shinji, concluyó la jugada con un lanzamiento perfecto que entró en la red.

– No le di las gracias a Toji por haberme atendido en su clínica, ni tampoco se las he dado a Kensuke por hospedarme en su casa. No he hecho más que pensar en mí mismo.

Avergonzado otra vez, pero no por sus errores de hace catorce años, si no por los más recientes, Shinji se convenció de agradecerles por sus atenciones la próxima vez que los viese en persona. De repente, chocando contra su faz, una ventisca interrumpió sus pensamientos forzándolo a girarse para cubrirse, y al hacerlo, al observar con los ojos entrecerrados, Shinji vio de soslayo la que será su siguiente parada.

Como el resto de las edificaciones circundantes, marcada con profundas grietas en sus paredes que la llevaron a casi caer sobre sus cimientos, las pupilas de Shinji observaron los vestigios de un otrora almacén de instrumentos musicales. Sorprendido, no recordando haber visto ese lugar cuando la metrópoli aún vivía, Shinji se alejó de la cancha de baloncesto para acercarse allí y explorar un poco.

Gruesos trozos de hormigón, bloqueando la puerta, le impidieron usarla para ingresar; sin embargo, gracias a una ventana abierta cuyo cristal se rompió hacía mucho, Shinji se aventuró a deslizarse por ahí para colarse en su interior. Así, oyendo los crujidos del vidrio roto debajo de sus pies, Shinji, con problemas para ver, agudizó su visión temiendo tropezar con algo al no mirar con claridad donde pisaba.

En los muros que aún se mantenían erguidos; aunque al borde de derrumbarse, Shinji logró distinguir, con la asistencia de un tenue rayo de sol, lo que era una treintena de guitarras acústicas y eléctricas colgando. Todas ellas, incapaces de cumplir la función para la que fueron creadas, poseían sus cuerdas rotas e inservibles. Shinji, sintiendo pena por ellas, se lamentó con un gemido que salió de sus labios.

No muy lejos de donde se ubicaba, Shinji notó lo que eran pianos y teclados estropeados a los que les faltaban teclas. Tambores, trompetas, saxofones, flautas y timbales, cada uno de ellos, sin importar si eran de viento o percusión, perdieron su capacidad de generar hermosas melodías que deleitaran los oídos de una audiencia, pero, entre ellos, todavía negándose a morir, un violonchelo sobrevivía intacto.

– ¡No lo puedo creer! ¡Es casi igual al chelo que tenía mi antiguo tutor!

Remontándose a un ayer tan lejano y antiguo que, sin impedimentos, lo transportó mucho más allá que cuando conoció a Misato, Shinji, rememorando su niñez bajo el cuidado de su tutor, se vio a sí mismo haciendo todo aquello que éste le ordenase. Al no tener amigos de su edad, sin contacto con otros niños, el pequeño Shinji Ikari no conocía otra cosa fuera de los límites establecidos por su maestro.

Más allá de enseñarle a leer y escribir el complicado sistema de escritura japonés que Asuka siempre odiará, su profesor, quien era un amante de la música, no se demoró en instruirlo en los conocimientos básicos de dicha disciplina. Así fue cómo Shinji se sumergió en el mundo musical, sabiendo identificar el nombre y el sonido de cada nota al leerlas en una partitura que, para otro individuo, era ininteligible.

Pero no limitándose solamente a la teoría, debiendo entrenar sus manos y dedos para sostener y utilizar correctamente el violonchelo, Shinji pasó cuantiosas horas al día haciendo vibrar las cuerdas con la ayuda del arco, el cual, al combinarlo con las distintas posiciones que ejecutaba al momento de tocar el mástil del chelo, provocaba que la habitación donde se encontrase se llenase de un ruido en especial.

Dicho ruido, en un comienzo, fue espantoso e insoportable. Al ser un novato, el violonchelo de su tutor parecía agonizar y lamentarse al ser usado por Shinji; empero, con el paso de los meses, teniendo la estricta supervisión de su maestro, los chillidos insufribles fueron afinándose hasta volverse tolerables y melodiosos. Si bien se hallaba lejos de serlo, de continuar practicando, podría ser un gran chelista.

– Es un milagro que haya sobrevivido todos estos años aquí abandonado, ni siquiera tiene una abolladura en su armazón.

Dejando las huellas de sus pies dibujadas en el suelo cubierto de polvo, rompiendo varias telarañas para llegar hasta el violonchelo, Shinji, quien en aquel entonces sufría al no querer ensayar ni practicar, ahora miraba con nostalgia y añoranza aquellos tiempos cuando intentaba interpretar alguna de las piezas musicales que su tutor le ordenaba tocar. Así pues, sin acordarse de los Evas, tomó el chelo con deseo.

Al no tener mucha iluminación en ese sitio, sosteniendo el violonchelo y el arco con ambas manos, Shinji fue acercándose de vuelta hacia la ventana rota que le ofreció una entrada, y que, en ese instante, también le bridaba la suficiente luz como para que pudiese ver lo que hacía. Así, sentándose en un bloque de concreto, soplando toda la suciedad del instrumento que pudiese, Shinji lo miró más de cerca.

Luego de un examen visual superficial que, de nuevo, le aseguró que la estructura del chelo se mantenía en buenas condiciones, Shinji, aplicando las enseñanzas que recibió de su tutor hace más de quince años, se colocó en la posición correcta para iniciar con el afinamiento de las cuerdas. Una tras otra, cobrando vida otra vez, aquel chelo volvió a cantar mientras Shinji deslizaba el arco por cada cuerda.

Como si el fantasma de su tutor estuviese sentado allí con él, Shinji, jurando que podía escuchar su voz hablándole, lo oyó indicarle cuando alguna de las cuerdas no estaba afinada al oír el tono que emitía al ser frotada. De inmediato, ladeándose hacia las clavijas situadas en el extremo superior del mástil del chelo, Shinji, girando las llaves de metal, fue tensando las cuerdas hasta llevarlas a su punto idóneo.

Habiendo hecho eso, prestando su atención a la parte baja del violonchelo, Shinji repitió el mismo procedimiento al verificar la tensión de las cuerdas en los sujetadores del cordal. De ese modo, después de unos veinte minutos de ajustar la afinación de las cuatro cuerdas que poseía el chelo, Shinji consiguió mejorar su calidad de vibración que se vio mermada por la oxidación que se formó en todas ellas.

Con los preparativos iniciales ya terminados, Shinji, experimentando una vasta gama de sensaciones sacudiendo sus nervios al retomar un pasatiempo que creía muerto, reclinó el instrumento de madera sobre su costado izquierdo, a su vez que posicionaba los dedos de su mano izquierda en el tope del mástil, donde irá marcando, con las yemas, las notas que querrá tocar al frotar las cuerdas con el arco.

Su tutor, al ser un gran amante de los compositores clásicos, acostumbraba hacerlo interpretar obras de grandes músicos de siglos antes de su nacimiento, y una composición en específico, reverberando en la cabeza de Shinji, lo indujo a elegirla para ser la primera de las canciones que tocará esta tarde. Por ende, soltando un suspiro, sintiendo el sudor impregnar sus palmas, Shinji dio comienzo a su recital.

Con una notable torpeza al empezar, con más confianza y seguridad al ganar ritmo, Shinji desapareció de su mente los demonios que lo atormentaban al ahuyentarlos con la música que resonaba a su alrededor. Sus ojos, al dejarse seducir por la tranquilidad, se cerraron con suavidad, en tanto sus labios, delineando una sonrisa que añoraba tiempos mejores, se alegraron al imaginar un mundo muy distinto.

Cocinar era una de sus más queridas aficiones, le encantaba combinar diversos ingredientes para crear una infinidad de sabores que inundaran su paladar y el de sus comensales. Igualmente, al mecerse como un árbol al ser empujado por el viento, Shinji se sentía volar al embriagarse con las melodías que él mismo creaba al dejarse llevar por la velocidad y la precisión de sus movimientos con el violonchelo.

¿Quién fue Shinji Ikari?

¿Quién era Shinji Ikari hoy en día?

¿Quién será Shinji Ikari cuando haya superado su prueba final?

Reapareciendo nuevamente, las preguntas que lo han acompañado desde que emprendió su caminata ansiaban ser contestadas por Shinji, el cual, enlistando sus gustos e intereses, se iba redescubriendo y definiendo como persona. La música y las artes culinarias, sobresaliendo en lo más alto, lo hacían soñar con ser un chef profesional que tuviese su propio restaurante, o con ser un músico de la élite japonesa.

Cuando vivía con su tutor, al ser un chico cohibido, que se censuraba y reprimía a sí mismo, jamás contó con el valor para reconocer sus preferencias. Irónica y paradójicamente, tuvo que protagonizar el apocalipsis para poseer la sapiencia y la claridad requeridas para aceptarse como era. No obstante, sin que supiese la manera para materializar sus sueños, seguía siendo un refugiado sin hogar propio.

Más adelante, sospechando que será visto con desconfianza cuando llegase la hora; empero, sin que lo detuviesen las miradas cargadas de recelo hacia él, Shinji se ofrecerá a unirse a la lucha contra su padre. No porque quisiese limpiar su nombre o para que fuese recordado como un héroe, sino para saldar su deuda pendiente con todos aquellos a los que él, con sus acciones imprudentes, agravió y perjudicó.

Así honrará la memoria de Ayanami, se disculpará con Toji y Kensuke; asimismo, le dará una nueva oportunidad de vivir a Asuka.

– Asuka…

Deteniéndose, congelándose al abrir los ojos, Shinji terminó de tocar al enfocar sus sentires en la germana que, junto a él en la casa de Kensuke, era un huésped más mientras el Wunder llegaba a la aldea para recogerla. Asuka, a diferencia de Ayanami, se robó sus miradas de una forma completamente nueva para Shinji, quien, sin saberlo, estaba dando sus primeros pasos hacia la caótica adolescencia.

Haber visto a Ayanami al salir desnuda de la ducha, horrorizó a Shinji al no tener la intención de mirar su cuerpo expuesto; por el contrario, cuando accidentalmente vio a Shikinami hacer lo mismo al ser asustada por Pen Pen, su rostro se enrojeció al admitir que le agradó lo que vio. Aquello que inició como algo fortuito, progresivamente, al conocerla y convivir con ella, originó que Shikinami le gustase.

Asuka, cuando su temperamento no la hacía recaer en la arrogancia y soberbia, para Shinji, era una jovencita interesante que despertaba su curiosidad. Su larga cabellera rojiza, haciéndola relucir como si fuese una llama encendida, siempre centellaba ante Shinji quien se asombró al saber que ostentaba un rango militar. Aún así, más que parecerle bonita y atractiva, ella lo fue hechizando con sus acciones.

Todavía recordando el aroma de su cabello impregnando sus mantas, Shinji, sonrojándose con levedad, no olvidaba aquella ocasión cuando Asuka se metió en su dormitorio para dormir con él. A pesar que se mantuvieron espalda con espalda, el calor corporal de ambos, manteniendo caliente la cama, les brindó un lecho cómodo y acogedor donde pasar la noche en tanto platicaban y se conocían más a fondo.

En ese momento, careciendo de la madurez para entender los sentimientos que la pelirroja empezaba a incitar en él, Shinji no era consciente que se estaba enamorando de ella. Igualmente, sin notarlo, él no se imaginaba que Asuka comenzaba a enamorarse de él. Era una lástima que una tragedia, literal y metafóricamente, haya sido la responsable de arruinar y truncar algo que prometía ser muy bello.

Aquello era tan triste, que Shinji, sin que lo sospechase, nunca supo que Shikinami intentó preparar una cena para él, como agradecimiento por los almuerzos que cada día él cocinaba para ella.

– Le debo una enorme disculpa a Asuka por lo que pasó con la Unidad 03, debí haber hecho más que sólo mirar. Si no hubiera sentido tanto miedo, nada de lo que ocurrió hubiese pasado.

Ya siendo muy tarde para cambiar los hechos, considerando que éstos se dieron catorce años atrás, al menos Shinji podía reconocer su cuota de culpabilidad en la maldición que, sin clemencia alguna, mantenía cautiva a la teutona en un cuerpo de niña; a pesar de ser una adulta. La propia Asuka se lo dijo hacía unos días: comer, dormir, crecer y envejecer, eran cosas que para ella eran más que imposibles.

Apretando los puños al seguir sujetando el violonchelo y el arco, negándose a llorar al saber que no resolverá nada con derramar más lágrimas, Shinji, sintiendo el impulso de ya no huir más de sus pesares, se armó de valor al hacer sonar una larga nota sostenida antes de reiniciar su recital con la siguiente canción. Así, de tal modo, Shinji fue pensando en las cosas que hará cuando volviese a la villa.

Le agradecerá a Toji por haber atendido sus lesiones.

Le dará las gracias a Kensuke por darle un techo donde refugiarse.

Le prometerá a Ayanami que jamás olvidará la valiosa amistad que le ofreció.

Le brindará sus disculpas a Asuka por todas las calamidades que ha soportado por su culpa.

Concentrado, con los ojos fuertemente cerrados, Shinji dejó de usar palabras para hablar al preferir expresarse con el cantar del chelo. Por ende, sin que se percatase de ello, Shinji no alcanzó a ver una silueta escarlata que se hallaba a unos metros de distancia, la cual, mirándolo fijamente al ocultarse entre los escombros cercanos, se complacía al ser la única espectadora del concierto de Shinji.

Shikinami, por más que aseguraba que no le importaba, no se separó de Shinji en ningún instante vigilándolo y acompañándolo como una sombra. La piloto de la Unidad 02, desde que Shinji comenzó su travesía, lo vio ser casi atropellado por el camión de Kredit, lo cuidó cuando le echó un vistazo a la muñeca en los campos de arroz, lo contempló al vagar por las ruinas y lo escuchaba al tocar el chelo.

Desde que lo conoció hace tres quinquenios, al descubrir que Shinji era mucho más que el "hijito de papá" que ella creía, Asuka no paraba de encontrar facetas nuevas en él que la sorprendían. Añoraba y extrañaba los sabores que él lograba crear al cocinar, y ahora, sin que supiese, con anterioridad, que era un músico prometedor, Shikinami lamentaba que la oportunidad que ambos tuvieron acabó estropeada.

Haberse enamorado de él, incluso seguir estándolo, era una "maldición" aún más poderosa que la desatada por el ángel en su interior; sin embargo, tratándose también de su mayor bendición, era la luz de esperanza que la consolaba por su atroz infancia al haber sido la primera persona en tratarla con humanidad. Por ello; aunque se convencía a sí misma que no sobrevivirá, lo dará todo por triunfar.

Ninguno de ellos podía vaticinar el futuro, no veían venir la milagrosa victoria que se conseguirá cuando la guerra aparentaba darse por perdida. Aunado a eso, brindándoles la sanación personal que necesitaban para curar sus heridas, ni Asuka ni Shinji sospechaban que sus caminos acabarán por separarse, no sin antes, al ser sinceros el uno con el otro, confesarse el amor que sintieron.

Aquellos que morirán en la contienda serán sepultados y laureados entre miles de flores, siendo despedidos con el máximo de los honores, por devolverle, al mundo, el verdor que alguna vez se tiñó de rojo. La civilización se levantará, los libros de historia escribirán en sus páginas sobre la maldad que casi acaba con el planeta, así como de la bondad y los sacrificios que impidieron que aquello sucediese.

En cuanto a Shinji, después de haberse encontrado a sí mismo y habiendo logrado vencer a su padre, nadie sabrá qué pasó con él. Algunos, como los tripulantes del Wunder, dirán que murió durante la batalla, otros, como Kensuke y Toji, no perderán la fe que volviese pronto. Entretanto, Asuka, mirando el alba cada mañana, preferirá pensar que Shinji, al fin, logró hallar un sitio donde sentirse en paz.

La paz que todos buscan, pero que muy pocos consiguen encontrar, y al poseerla, con la fortuna sonriéndoles a ambos, Asuka confiará que algún día, de nuevo, sus senderos se volverán a cruzar.

Fin

Hola, les agradezco por haber leído esta historia. El día de hoy, 8 de marzo de 2023, es el segundo aniversario del estreno en Japón de la película Evangelion 3.0+1.0: Thrice Upon a Time. El año pasado, para celebrar su primer aniversario, publiqué la historia Lo que nos queda por decir, y para este 2023 no tenía planeado hacer otro fic similar, pero como pude contar con un poco de tiempo libre, quise hacerlo.

Es sorprendente lo rápido que pasan los años, puedo recordar con nostalgia todos los años de espera que tuvimos que soportar, además de los retrasos como consecuencia de la pandemia. Y ahora, la saga de Rebuild of Evangelion se ha terminado dándole un final definitivo a la historia de Evangelion; sin embargo, sigo manteniendo la opinión que Rebuild debió ser una serie y no una franquicia de películas.

Como todos ustedes saben, en la serie original de 1995, Shinji nos mostró que era un talentoso chelista; aunque se menospreciase a sí mismo. En Rebuild, vemos a Shinji con una nueva faceta musical al tocar el piano; no obstante, yo quise rescatar lo que vimos en NGE y por eso traje de vuelta al violonchelo. En este fic, como en el capítulo quince, Shinji tocó la Suite No.1 para Chelo de Johann Sebastian Bach.

Para finalizar les comento, por millonésima vez, que me divertí mucho escribiendo mientras escuchaba un poco de mi colección de bandas sonoras favoritas de películas. De todas ellas, una calzó perfecto con la temática que quise darle a la historia, me refiero a esta canción que pueden buscar en You Tube con este nombre: The Last Samurai Soundtrack - A Small Measure of Peace.

Muchas gracias por leer y hasta la próxima.