No es muy largo, pero no es un fic de capis muy largos. Son cortitos. Igual, he ido contado lo que necesitaba. Acordaros que no uso las reglas de omegas del todo, voy inventado a la marcha, perdón. Y también, que es un cuarteto :3
Siento mis fics raros.
Nota: Definitivamente, este fic tiene ItaShizu.
GEN
No toques lo que es mío.
Evolucionaré lento pero seré esa mariposa.
Muerde hasta el alma.
Iruka Umino
—Déjame salir.
—No.
Naruto pegó la cara contra el cristal. Estaba colorado y necesitaba cualquier cosa fría cerca de él. Ya le habían llevado hielo y tenía la cama empapada, el suelo y todo el pijama pegado al cuerpo de la humedad. El calor del celo como respuesta a las exigencias de sus emparejados.
Sus cabellos rubios se pegaban su frente y sus ojos brillaban febriles.
—Iruka… —suplicó.
El médico negó nuevamente dándole la espalda.
Su parte científica disfrutaba con ello. Su parte encariñada con Naruto: no.
Desde que lo conociera se convirtió en una batalla campal de su vida sin que lo esperase. Recordaba cuando Tsunade se lo había encasquetado porque nadie quería a un chico hiperactivo heredero de un sobreviviente a sus manos. Implicaba que estos fueran complicados de llevar y que dieran más dolores de cabeza.
Cuando conoció a Naruto su primera impresión que era un muerto de hambre. Y no por falta de recursos, sino porque su estómago gruñía durante toda la entrevista —una pantomima más para ocultar su verdadero traslado al hospital—, y tuvo que invitarlo a comer porque no tenía dinero a mano.
Fue un caos que puso su vida patas arriba.
Y ahora, continuaba sucediendo. Debía de reconocer que de alguna forma terminó ganándose su corazón y su cariño.
Sin embargo, con los superiores del hospital mordiéndole el culo y exigiendo que pagara por los errores de Naruto o lo investigara, se sentía condenadamente sucio por utilizarlo como experimento.
—No —repitió cerrando el informe que le habían traído de una palmada—. No insistas, Naruto. Tus niveles de celo están cada vez más alto. No podemos utilizar un restringente porque no funcionaría. Has de pasar por esto. Además, afectará tu rechazo y lucha a ellos a la larga.
Señaló a los otros tres pacientes tras Naruto.
—Entonces, ponme de nuevo anestesia —ordenó.
Eso, sí podía concedérselo. Levantó un dedo hacia un Beta, que enseguida pasó lo necesario por el agujero de la pared de cristal. Naruto lo tomó y aunque los otros gruñeron en desaprobación, se sentó en la cama y él mismo se la inyectó.
No tardó mucho en quedarse dormido y él, en suspirar, agotado. Necesitaba avances, no retrasos. Especialmente, porque su vida personal también pendía de qué ocurriera en esa habitación.
Kakashi era encantadoramente un diablo. Podía provocar que se subiera por las paredes o ponerle a mil. Le gustaba bromear muchas veces con el hecho de haber adoptado a Naruto como hijo, pues Kakashi también aportaba mucho para Naruto. A su modo, por supuesto.
—No puedes tenerlo siempre sedado. Eso lo matará. Es fuerte, pero no tanto. Mira su última analítica.
Sai, como siempre, apareció sin que lo esperase entregándole la carpeta con estos. Umino los leyó detalladamente y suspiró.
—Hablaré con él cuando vuelva a despertar.
—¿Qué ocurre con él?
Levantó la mirada hacia la mujer de cabellos rosas: Sakura. Se había acercado hasta el cristal y apoyaba una mano sobre este, justo donde anteriormente estuviera Naruto. Ya sabía que los enlaces tenían esa clase de característica especial sin que los mismos emparejados se dieran cuenta de ello.
—Debido a que se fuerza en controlar todo su instinto, su cuerpo es ahora como una máquina de vapor que va por encima del cien por ciento. Para explicártelo de forma fácil. Es decir, llegará un momento en que la máquina se rompa y será peor, porque tendremos un suicidio común.
Los tres se miraron entre ellos automáticamente.
—¿Va a morirse? —cuestionó Hinata Hyûga a media voz.
—Si podemos evitarlo; no —respondió lo más calmadamente que fue capaz—. Pero haceros a la idea que de que Naruto es lo más cabezón del mundo. Si no quiere que pase, aunque se reviente, resistirá.
—Eso ya lo veremos —terció Sasuke Uchiha con gesto frío.
Iruka elevó las cejas, curioso.
—¿A qué te refieres? ¿Planeas matarle?
El Uchiha lo estudió con la mirada.
—Eso, seguramente, te traería mucho entretenimiento.
Iruka suspiró, defraudado.
—No sois mi entretenimiento. Estoy intentando…
—Ahórrate las excusas para hacerte sentir mejor —interrumpió Sakura cruzándose de brazos—. Desde que nos hemos levantado sabemos qué somos y qué no.
Iruka negó con la cabeza.
—No lo sois. Por favor, no lo veáis así.
—Entonces. ¿Por qué no podemos irnos a casa? —cuestionó Hinata.
Iruka cerró la boca con fuerza. Odiaba esa clase de preguntas. Difíciles de responder.
—No hace falta que respondas —descartó Sasuke —. Tu mirada lo dice todo.
—No es lo que creéis. No existen tantos estudios como nos gustaría acerca de un alfa enlazado con cuatro omegas. —Fijó la mirada en él en especial—. Especialmente, con tu caso.
Uchiha entrecerró los ojos y él sintió que había ganado una batalla.
—¿De qué estás hablando? —cuestionó Sakura.
—No te inmiscuyas —ordenó Sasuke mordaz.
Sakura dio un respingo y asintió, encogiéndose de hombros. Iruka, mantuvo el interés en ellos hasta que Hinata volvió a entrar en su campo de visión.
—No ha respondido mi pregunta. Puede que ellos no quieran la respuesta, yo sí —invitó amablemente.
Iruka no pudo evitar sentir cierta ternura por ella.
—¿En serio? —cuestionó Sakura detrás de ella elevando las cejas—. Qué idiotez. La respuesta es clara: somos un puto experimento.
Hinata dio un respingo y se lamió los labios lentamente.
—Me gustaría que fuera él quien respondiera y no tú —pidió, aunque no había ninguna nota de amabilidad en ella.
Iruka ladeó la cabeza, curioso. Se fijó en que Sasuke se acomodaba mejor en la cama, discretamente alejado de ellas. El aroma debió de ser más fuerte cuando Hinata finalmente se volvió hacia Sakura, quien había chasqueado la lengua y susurrado unas palabras que no llegó a sus oídos.
—¿Disculpa? —cuestionó Hinata cruzándose de brazos—. ¿Podrías repetir más alto lo que has dicho?
—He dicho que no comprendo cómo una niñita de mamá como tú ha terminado mezclada en esto y que tu inteligencia dejaba que desear si no eras capaz de captar lo entredicho por el doctor.
Wo…
—Sakura —interrumpió—. Por regla general: ¿siempre hablas así?
La mujer le miró con el ceño fruncido, como si estuviera recapitulando sus palabras. Al percatarse, se cubrió los labios y empezó a ponerse pálida.
—¡Dios, no! —respondió—. No suelo atacar a la gente a menos que sea necesario. Entiendo perfectamente por qué Hinata quiere escucharlo de tu parte, pero… una parte de mí pensó que eso podría hacer débil la descendencia del alfa y… lo solté sin más. Perdón —añadió mirando afligida a Hinata, quien parecía parpadear rápidamente para evitar dejarse vencer por el llanto—. De verdad que lo siento.
Hinata sacudió la cabeza y se dirigió a una de las camas. Al sentarse, la ropa superior de su cuerpo estalló. Y tras soltar un gritito de sorpresa, se cubrió el pecho.
—¿Qué ocurre? —cuestionó interesado.
—Mi ropa… —farfulló ella bajando la mirada y poniéndose colorada.
Sakura, quien aceptó la bata que enseguida se acercó a ella y elevó ambas cejas de nuevo, sorprendida.
—Juraría que eso no estaba ahí antes.
Hinata negó, ladeando la cabeza abrumada y aceptando la nueva bata, más grande, que aceptaba un voluminoso pecho.
Iruka casi tenía la nariz pegada al cristal.
—Esto… es absurdo —murmuró desviando la mirada hacia Sasuke.
—¿Qué? —cuestionó al notarse observado.
No percibía ningún cambio especial en él. Hasta que Naruto se movió en la cama, emitiendo un gruñido de molestia por la tirantez en sus ingles. Lo percibió, aunque fue un momento tenue, como un parpadeo.
—Tus ojos han cambiado de color —dijo.
Claramente, Uchiha no entendía de qué estaba hablando, pues no era capaz de notar tal acto. Con lo cual, era algo característico y propio de él.
Y eso, otorgaba nuevas estadísticas a todo aquello…
Naruto… ¿qué has creado?
.
Itachi Uchiha
—Estoy buscando a Umino, el doctor encargado de mi hermano.
La mujer tras el mostrador levantó la cabeza justo cuando el cosquilleo subió por su espalda hasta su nuca. Notó que sus ojos se dilataban y tuvo que retirarse, por precaución.
—Señor Uchiha.
Se volvió al escuchar otra voz femenina. La reconoció enseguida. Después de aquel encuentro parecía que había marcado cierto interés en ella y eso, era de esperar cerca del celo.
—Le están esperando —anunció la mujer.
—Shizune —nombró casi con la lengua dormida.
Ella se detuvo y levantó los hombros a la par que asentía. Acababa de percibir, claramente, su interés en ella.
—Es mi nombre —afirmó—, pero estoy en el trabajo y debo de guiarte a la reunión con Iruka —se disculpó. Como si eso fuera algo que podía postergar.
Más bien, él mismo debía de hacerlo. Su hermano estaba enjaulado y tras nuevos cambios, Iruka le había llamado.
Tomó aire y maldijo cuando el aroma femenino llegó a su nariz, por encima de cualquier otro. Shizune entrecerró los ojos.
—Por favor —le dijo.
Él asintió una vez más y caminó tras ella, manteniendo la vista en el suelo. Era una jodiendo para esa parte que deseaba a esa mujer. Y podía sonar a cuento chino o de hadas. Pero estaba pasando.
Por suerte, Iruka apareció frente a ellos y Shizune, tras rozarle el brazo, se marchó. Tuvo que tomarse un momento antes de centrarse en el hombre.
—¿Qué ha ocurrido con mi hermano?
Iruka asintió.
—Necesito saber si en su familia es común el cambio de color de ojos.
Itachi lo sopesó.
—Sinceramente, no lo sé —respondió—. Nunca me he emparejado como puede ver y nunca noté ese cambio en mis padres.
—Entonces, puede ser algo especial para él —deduzco Iruka.
—¿Es que ha ocurrido?
—Sí. Los omegas enlazados a Naruto han sacado a luz diversos pasos de evolución. Ya sabe que generalmente se elevan los niveles de los sentidos en algunos casos especiales. Suponemos que, a su hermano, la vista. Sin embargo, a una de ellas le ha crecido el busto y, a otra, su carácter ha evolucionado a una doble personalidad. Como es un caso de tres omegas y un alfa, cualquier detalle es importante.
Itachi asintió, aunque no podía negar que todas esas formas le escamaban.
—Hablé con mis padres —dijo. Iruka enseguida se mostró interesado—. Es correcto lo que ustedes temían. Fue un alfa castrado y elevado el omega para beneficio familiar. No sé cómo permitieron hacer eso, pero…
—Los alfas en según qué zonas suelen estar estigmatizados. Especialmente, en familias en las que con un alfa consideran que es suficiente hasta su fallecimiento. Creo que, por lo que sé de vuestra familia, son de ese tipo.
—Sí —confirmó—. Siento lo que eso ha causado en mi hermano o lo que complica las cosas para su estudio.
—Justo, al contrario —descartó Iruka—. Es maravilloso. Porque pese a la castración, queda en su alma arraigado. Dará mucha información a futuro.
Itachi golpeó con la punta de los dedos la mesa.
—A cuenta de eso. No considero que mi hermano sea un experimento.
—Y yo tampoco —descartó Iruka rápidamente—. Sin embargo, esto es nuevo y no podemos arriesgarnos a que suceda lo de años anteriores. La muralla no está preparada esta vez para algo así. Y…
Calló al momento en que el móvil sobre su mesa vibró.
—Lo siento, pero tengo que irme ya. Hay una urgencia en la pecera —explicó.
Itachi se levantó.
—Iré con usted.
Necesitaba ver si su hermano estaba bien.
Siguió al doctor por los pasillos hasta llegar a los cristales. Dentro, era un caos. Una de las mujeres había levantado una de las camas y amenazaba con golpear a una de las enfermeras, quien se mantenía acurrucada contra la pared, temerosa.
—¿Qué ha ocurrido?
Los enfermeros miraron hacia él suplicantes.
—¡Naruto tenía un ataque, estábamos ocupándonos de él! —explicó uno de ellos—. Y dado que necesita vaciar la vejiga, ella lo ha tomado para hacerlo y… ha sido un caos.
—Territorialidad —dijo Itachi.
—Totalmente. —Iruka asintió mientras señalaba a otros dos que se acercaban a Sakura, cosa que parecía realmente espantosa. ¡Esa mujer había levantado una cama sola! Y amenazaba con tirársela a la pobre enfermera.
En lugar de acercarse, usaron algo que pensaba que nunca vería: pistolas con anestesia en forma de dardos. Generalmente utilizadas para animales.
La mujer soltó la cama que crujió con un rugido metálico al romperse, antes de caer de espaldas. Fue Sasuke quien la aferró a tiempo, alejando a su vez a Hinata con su brazo.
Itachi sintió cierta sensación de orgullo hacia él, extraña, entrañable.
En ese momento, su hermano notó su presencia y elevando las cejas, depositó a la hembra sobre el suelo para acercarse a su altura.
—¿El trabajo? —cuestionó sin más.
Itachi estuvo muy tentado de echarse a reír.
—Lo llevo bien —respondió sin mentiras—. Ya podrás volver a él cuando salgas de esto.
Sasuke asintió y miró de soslayo hacia el rubio, quien pese al jaleo no parecía dispuesto a despertar.
—¿Qué tal llevas esto? —cuestionó.
Sasuke desvió la mirada hacia él.
—Nuestros padres debieron de cortarse las manos antes de permitir que esto sucediera.
Entiendo que Iruka le había hablado sobre su condición. Asintió, dándole la razón.
—Te incomoda.
Conocía a su hermano lo suficiente para saber que sacarlo de su sendero de comodidad era lograr que enfureciera o que simplemente se encerrase más en sí mismo.
—No.
La respuesta le sorprendió.
—¿No?
—No —repitió Sasuke—. Simplemente es extraño. Fuera de lugar. Es un macho.
Itachi se encogió de hombros.
—Eso da igual entre gente como nosotros —descartó tranquilamente—. Me habría gustado, eso sí, que pudieras ser al completo.
Un único amante. Al cien por cien suyo.
Por su mente pasó la imagen de Shizune y sintió deseos de gruñir.
—Está bien así —dijo Sasuke apoyándose contra el cristal y cruzándose de brazos—. Yo no soy de siempre estar ahí. Le vendrá bien que otro otorgue lo que no puedo dar.
Itachi elevó las cejas, desconcertado.
—¿Quién eres tú y qué has hecho con mi hermano?
Sasuke chasqueó la lengua y se alejó.
—Me temo que tendré que pedirte que te marches —intervino Iruka—. Aunque me gusta la idea de que socialicen, no tanto. Además, siempre pasa algo inesperado y podría ser preocupante para ti.
—Lo entiendo —aceptó. Especialmente, porque su hermano no parecía estar dispuesto a abrirse más a él.
Salió de urgencias y tomó aire. Metió las manos en los bolsillos y se percató del número de teléfono en su bolsillo.
Sonriendo como un idiota, se alejó.
.
Hinata Hyûga
Miró el rostro apacible de Sakura y apartó sus rosados cabellos con ternura. Sudaba y parecía estar sufriendo por los cambios que el enlace estaba creando en ella. Por suerte, Hinata sólo tuvo un crecimiento de pecho inesperado. Y aunque ahora estaba creándole dolores de espalda mientras se acostumbraba, la inquietaba qué más podría cambiar en ella.
Quizás fuera cosa del deseo. Porque había pasado de ser feliz con cosas leves como ir al cine con su hermana y ahora no podía quitarse de la cabeza la idea de follar con él. Dios, su mente estaba tan caldeada como su propio cuerpo. Y lo peor de todo es que cada vez que sentía esa dosis de deseo, Naruto oscilaba las caderas como si respondiera a su llamada y le costaba terriblemente quedarse a un lado y no trepar la cama, desnudarse y poseerle como deseaba.
Además, la inquietaba que los otros dos supieran cómo se sentía. Avergonzada totalmente de sentirse mujer, de sentirse completa.
Dejándose llevar por sus sentimientos y pensamientos, se levantó. Dejó atrás a Sakura y Sasuke y caminó hasta los pies de la cama. Aferró los hierros entre sus manos y suspiró. Naruto, como respuesta, se sacudió en la cama.
Era tan incómodo sentir la mirada de todos sobre ellos. Tan espeluznante.
—Despierta, por favor —suplicó.
Su cuerpo se estremeció y el de Naruto se elevó. Quedó sentado frente a ella, con los ojos muy abiertos, parpadeando confuso. Ambos se miraron como si intentaran averiguar qué acababa de ocurrir.
—Yo estaba… —farfulló él soñoliento y mirando a su alrededor.
Hinata retrocedió, incrédula.
—¿Ladra? —probó.
Naruto guiñó los ojos sin comprender, echándose algo hacia atrás.
—¿Por qué diablos debería de ladrar? Y ¿desde cuando uno se despierta de la anestesia como si no la hubiera tenido encima? —cuestionó saltando de la cama y caminando hacia Iruka, quien parecía completamente emocionado con lo que acababa de ocurrir. Cohibida, se alejó para sentarse junto a Sasuke.
—¿Qué has hecho? —cuestionó él.
—Sólo he pedido que se levantara —explicó—, pero cuando le he pedido que ladrara, no ha funcionado. Así que…
—Es el alfa, no va a obedecerte —interrumpió Sasuke pensativo—, aunque parece que como Sakura has heredado otra característica.
—¿Otra? —cuestionó confundida.
—Permite que sea yo quien se lo explique a ellos dos, Sasuke —intervino Iruka. Ambos centraron su atención en él—. Como habéis visto, Sakura ha despertado dos características: fuerza y doble personalidad que la protege a ella y a su alfa. Sasuke, tus ojos se volvieron rojos cuando mirabas a Naruto, aunque todavía no termino de comprender qué habilidad será esa. Y tú, Hinata, has cambiado físicamente y al parecer, has despertado el poder del canto de sirena.
—¿Canto de sirena?
—Sí. Es algo que se daba anteriormente en omegas enlazados que deseaban tener sexo cuando fuera y donde fuera. Si el alfa en esos momentos no estaba interesado en responder a su pareja, cosa que sucede muy extrañamente, o que sea un caso como el de ahora, el omega podía usar el canto de sirena para lograrlo. Sin embargo, si el alfa, como en este caso pasa con Naruto, es de determinación tan fuerte, tu poder sólo funciona cuando duerme o está sedado. No diré que no puedan cambiar las cosas, porque sois una caja de sorpresas.
Hinata se tocó los labios, pensativa.
—¿Cómo que ha cambiado físicamente?
La voz de Naruto hizo que mirase hacia él. La miraba fijamente, de arriba abajo. Y eso fue como encender el fuego intensamente en ella. Caminó hacia su altura y se abrió, sin pensarlo, la chaqueta que aún llevaba.
Naruto se quedó pálido, luego, colorado y levantó las manos como respuesta, las puntas de sus dedos apenas rozaron sus senos, tensándose como resortes y retrocediendo, jadeante.
Hinata notó el aura de rechazo y deseo, tambaleándose como respuesta. Notó los brazos de Sasuke detrás de ella, reteniéndola, antes de que el mundo fuera oscuro.
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Sasuke Uchiha, Naruto Uzumaki y compañía
La sostuvo con cautela para posarla sobre la cama junto a Sakura. Pues la otra todavía estaba rota, destrozada completamente.
Extrañamente, estaba tomándose todo aquello con suma tranquilidad. Es como si desde que estaba emparejado una calma extraña irradiara de él. Aceptaba y pensaba más las cosas, tomándose su tiempo. Cuando antes podía llegar incluso a la ira. Especialmente, desde que sus padres decidieron tomar una decisión que era de él y no de ellos.
—Deja que las revise.
La voz del Uzumaki cerca de él despertó las alarmas de alguna forma. La calma cambió a una anticipación estrangulada por la lógica de acceder a eso. Se hizo a un lado, finalmente, tras ver la determinación en la mirada del macho.
Naruto enseguida se encargó de ambas mujeres. Su forma de concentrarse, o sus manos trabajando con habilidad crearon cierta ansiedad de deseo en él.
—¿Podrías dejar de emitir esas descargas por cinco minutos? —cuestionó Uzumaki apretando tanto los labios después que palidecieron—. Necesito concentrarme. Soy médico, joder. No una condenada bolsa de esperma y hormonas.
Sasuke frunció el ceño. Notó que su visión se incrementaba de alguna forma, que podía seguir los pasos de Naruto mucho mejor. Aprender cómo moverse, cómo sudaba incluso. Eso no ayudaba para nada a la comodidad del otro. Intentó desviar esa parte suya, forzándose a abandonar la idea que conllevaba fijarse tanto en él.
—Mierda, estas sangrando.
Sasuke llevó su mano bajo la nariz, pero no era de esta de la cuál salía sangre, más bien, de sus ojos. Parpadeó, confuso, hasta que levantó de nuevo la mirada de sus manos ensangrentadas a él.
Naruto estaba justo en frente, con manos temblorosas. Lo aferró del mentón, levantando su rostro y se agachó para olisquear. Sasuke, lejos de su autocontrol, movió la cabeza justo para alcanzar sus labios. Fue como si acabaran de electrocutarle. Todo su cuerpo ardiendo y con piel de gallina, sensible al Contrario.
—Naruto, la sangre —recordó Iruka del otro lado—. O enviaré a otra persona a ocupar tu puesto.
Un gruñido furioso escapó desde el pecho a su garganta, expulsándose entre sus labios que provocó que, pese al cristal, Iruka retrocediera.
Entonces, la cosa cambió repentinamente.
Sakura despertó y posó una mano en la mejilla de Naruto. Hinata, a su vez, las palmas en su espalda. Él mismo, por inercia, pegó su mejilla contra su pecho, permitiendo que el cuerpo del Uzumaki encajara entre sus piernas.
Naruto volvió a gruñir amenazador. El rugido fue menguando a medida que los tres permanecían a su lado.
Era un enlace extraño. Único.
Los tres abrieron las bocas.
Los tres mordieron al alfa.
Continuará...
