Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Outtake 5: La historia de James
La primera vez que vi a Bella Swan, se veía fatal. Victoria la había enviado a buscar el almuerzo y estuvo lloviendo a cántaros toda la mañana. Regresó empapada y entregó nuestros almuerzos sin una sola queja.
—¿No podrías haber ordenado entrega a domicilio? ¿Evitar que se empapara? —mascullé secamente mientras Victoria abría su ensalada. Ella me lanzó una mirada.
—Ella está bien. El deli está a la vuelta de la esquina —dijo, rociando vinagreta sobre su ensalada mientras yo desenvolvía mi sándwich.
—Es nueva, ¿verdad? No la he visto antes.
—Sí, su nombre es Bella. Está doble como editora junior y asistente. No entiendo por qué el departamento de marketing obtiene más del presupuesto que nosotros cuando se trata de personal.
Cuando me fui, vi que Bella tenía atado su cabello húmedo en una cola de caballo, estaba sentada en su escritorio con una taza de café y su abrigo empapado secándose cerca. Sus ojos se encontraron con los míos brevemente antes de regresar a la pantalla de la computadora.
No puedo precisar el momento exacto en que la curiosidad por Bella se convirtió en algo más.
Toda mi vida había seguido un plan. Planeado graduarme de la universidad con honores, lo cual hice. Planeado casarme a los veinticinco, y lo hice. Conocí a Victoria a través de un amigo y me atrajo instantáneamente su fuego y determinación. Se parecía mucho a mí en ese sentido.
La vida era fácil con Victoria.
Pero cada vez que visitaba su oficina para almorzar, mis ojos buscaban cabello castaño en lugar de rojo y ojos oscuros en lugar de azules.
Bella nunca me hablaba a menos que yo hablara con ella primero. Era educada y desviaba sus ojos de los míos, tímida, delicada y dulce.
Nunca había tenido dulzura. Victoria era dura y de hierro.
Comencé a preguntarme sobre la delicadez y dulzura.
Me pregunté si su cabello, su piel y sus palabras serían tan delicadas y dulces.
Victoria ya no tenía mi interés. Quizá mis gustos habían madurado, porque el sexo rudo, la bebida y la seducción me aburrían.
Victoria vestía seda negra, me imaginé encaje blanco.
Discutíamos constantemente. Victoria quería saber por qué no la había tocado en días y no tenía respuesta. ¿Cómo le podía explicar que ya no la quería?
Las fotografías de nuestras vacaciones se alineaban en las paredes de nuestro apartamento y las miraba como si fueran extraños.
Vicky me rogó que siguiera intentándolo, me dijo que haría cualquier cosa. Me partió un poco el corazón ver a esta mujer fuerte tan angustiada.
Le hice el amor esa noche y casi deseé que mi corazón todavía le perteneciera.
Prometí encontrarme con Vicky para almorzar algún día. Siempre venía a ella. Siempre.
Había comenzado como una oportunidad de pasar más tiempo con ella. Ahora era una oportunidad de poder ver a su asistente.
Vacilé en la puerta de la oficina. La puerta de la oficina de Victoria estaba abierta y no había nadie dentro. El escritorio de Angela estaba desierto.
Bella estaba sentada en su silla, de lado con las piernas colgando sobre el brazo de la silla. Su cabeza estaba apoyada en el respaldo de la silla, su cabello recogido en una cola de caballo que alargaba su delgado cuello. No miró a su alrededor cuando entré, obviamente no me esperaba.
—¿Cuánto te debo? —preguntó sin levantar la vista, y me encantó el tono casual con el que habló.
—No es nada —indiqué con una sonrisa y ella se sentó rápidamente, dándose cuenta de que no era Angela quien estaba en la puerta.
—Oh, lo siento, señor Hunter.
Tan formal. No me gustaba. Quería familiaridad.
—Seguramente ya puedes llamarme James, Bella. —Sonreí, mirando hacia la puerta de Victoria. ¿Cuánto tiempo teníamos antes de que ella volviera?
—Ella todavía está arriba con el equipo de finanzas, pero se reunirá con usted en la tienda de delicatesen —agregó Bell rápidamente, notando mi mirada. Asentí, moviéndome hacia su escritorio. Se movió en su asiento, apartando sus ojos de los míos.
—¿Cómo te va aquí, Bella? ¿Sigues disfrutándolo? —inquirí, queriendo saber algo, cualquier cosa sobre ella.
—Por supuesto, señor Hunter.
—Bien, bien —musité, mirando alrededor de la oficina. El escritorio vacío de Angela estaba frente al de Bella y su computadora tenía un fondo de ella y su novio en un lugar exótico. No había nada de eso en el escritorio de Bella, ningún toque personal.
—¿Nadie especial en tu vida, Bella? —cuestioné casualmente, acomodándome en el borde de su escritorio. Sus manos comenzaron a hurgar en la encuadernación de su manuscrito.
—Uh... bueno, es... es complicado —susurró y mi corazón saltó a mi garganta.
—¿No lo es cada relación? —dije en voz baja, examinando un pisapapeles de su escritorio.
Mi relación con Victoria, mi esposa que ya no quería, y el deseo de una relación con esta chica… tampoco era sencillo.
»¿Vives sola, Bella? —pregunté, tratando de evaluar su reacción incluso si no respondía. Ella frunció el ceño y giró la cabeza hacia otro lado, con el pelo colgando en una cola de caballo. Quería soltarlo de su banda, verlo suelto y hermoso alrededor de sus delgados hombros.
—Victoria debería estar terminando. ¿Quiere que la llame? —desvió, usando su tono profesional.
Me gustaba verla nerviosa. Aportaba un rubor a sus mejillas que apreciaba contra su tez cremosa. Era impresionante.
—¿Evitando mis preguntas, Bella? —comenté en broma y ella tragó.
La voz de Angela nos interrumpió y me miró sorprendida.
—Oh, hola, señor Hunter. ¿Bella no le dijo que Victoria se encontraría con usted en la tienda de delicatesen?
—Lo hizo —confirmé—, solo estábamos charlando. Me voy a la tienda de delicatesen ahora, si pueden avisarle a Victoria.
Cuando me fui, me pregunté acerca de lo que dijo. Era complicado. ¿Qué quiso decir ella con eso?
Una pequeña parte de mí esperaba que pensara en mí tanto como yo pensaba en ella.
Cuando Victoria se enfermó, aproveché la oportunidad para ir a recoger sus cosas. Se frotó los ojos con sueño, un montón de pañuelos en el bote de basura al lado de la cama.
—Hay un montón de carpetas que necesito. Le enviaré un mensaje de texto a Bella y le pediré que las tenga listas —murmuró, su garganta ronca.
Bella.
Mi corazón dio un vuelco y salí corriendo del apartamento, temeroso de que Victoria se diera cuenta.
Llegué a su oficina a la hora del almuerzo y esperé en la entrada, viendo cómo Bella hablaba por un teléfono inalámbrico. Era eficiente, su voz firme, y no pude evitar sonreír ante su actitud. Pocas veces la vi así, en una posición de poder.
Colgó y me miró, las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.
—Lo siento, señor Hunter, ha estado un poco loco esta mañana.
—No hay problema, Bella. Vicky me ordenó que viniera a buscar unas carpetas, dijo que ya sabías cuáles.
—Las tengo listas. —Pasó junto a mí hacia su escritorio y percibí su olor mientras pasaba, dulce y fresco. El perfume de Victoria siempre era empalagoso y pesado en el aire.
—También hay una copia impresa del cronograma de impresión para la próxima semana, aunque también debería tener un correo electrónico de eso —indicó, creando una pila de carpetas y papeleo. Lo fulminé con la mirada. No había traído nada conmigo para llevarlo.
—¿Supongo que no tienes una bolsa, Bella? Caminé desde la oficina.
—Oh, sí, seguro. —Bella comenzó a buscar debajo de su escritorio y me moví hacia un lado para ayudarla a buscar y acercarme un poco más a ella, preguntándome si su mano podría rozar la mía.
Bella abrió un cajón rápidamente y se abrió de golpe, los objetos salieron volando. No pude evitar reírme cuando ella gimió. Tal vez solo estaba teniendo uno de esos días.
Me arrodillé y recogí una pequeña botella que estaba rodando por el suelo y me puse de pie mientras los ojos de Bella se posaban en ella. La miré con curiosidad y la sangre me empezó a latir en los oídos.
Era una botella de suplementos.
Maldito infierno.
Bella estaba imprimada.
No podía creerlo. Me tomó unos segundos asimilarlo todo. Ella tenía el gen. Pero estaba tomando suplementos. Entonces... entonces no estaba contenta con su impronta. Estaba luchando contra eso. Por alguna razón, estaba tomando suplementos.
Los dedos de Bella se envolvieron alrededor de los míos, alcanzando la botella y la miré a los ojos, buscando la verdad. Ella me devolvió la mirada, sus ojos eran oscuros y profundos y vi algo de emoción en ellos. ¿Qué era eso?
Estaba desesperado por ella. La quería. Su mano estaba sobre la mía y enviaba fuego a través de mí, y ella estaba tan cerca.
Ella estaba luchando contra la impronta. Ella estaba luchando contra la impronta por mí, ¿no? Sus labios se abrieron un poco y la escuché tomar aliento mientras nos mirábamos el uno al otro.
—Bella, hay alguien aquí para ti. —La voz de Angela hizo añicos nuestra burbuja de realidad y Bella me quitó la botella de la mano y la volvió a poner en el cajón mientras yo miraba hacia la puerta.
Estaba un hombre parado allí, con pantalones negros y una camisa abotonada. Estaba de pie, indeciso en la entrada, sus ojos moviéndose entre Bella y yo.
¿Quién diablos era este?
—¡Oh, señor Hunter! ¿Cómo está Victoria? —curioseó Angela alegremente, acercándose a mí para ayudar a deslizar las carpetas en una bolsa de lona que Bella había conseguido.
—Sintiéndose un poco mejor, gracias, Angela —murmuré en voz baja, sin tener idea en verdad. No había hablado con ella desde que salí en la mañana. Bella estaba empujando las carpetas en la bolsa y luego se giró para recoger su bolso, pasando directamente a mi lado sin mirarme dos veces.
—Voy a almorzar. ¿Quieres que te traiga un sándwich? —le preguntó a Angela.
—Pavo derretido, por favor. Tómate tu tiempo. —Angela sonrió, mirando hacia atrás al hombre en la entrada.
Observé, sintiéndome enfermo cuando Bella tomó la mano del hombre y se fueron juntos.
—¿Está bien, señor Hunter? —cuestionó Angela, tendiéndome la bolsa de carpetas. La tomé con un asentimiento mudo—. Se ve un poco pálido.
—Tal vez me estoy enfermando con lo que tiene Victoria. Me quitaré de tu camino.
Regresé a mi oficina lentamente. No podía entenderlo... Bella sentía lo mismo, tenía que sentirlo. ¿Por qué otra razón lucharía contra la impronta? Una parte de mí se preguntaba sobre el hombre en la oficina, pero no… La forma en que me había observado, la forma en que nuestra piel había brillado cuando nos tocamos...
Bella también me quería.
Soñé con Bella.
Soñé con piel pálida y cabello oscuro y labios rosados sobre los míos, mis manos en caderas blancas como la crema y pechos llenos que provocaban y seducían.
Soñé con sonrisas suaves, caricias y ternura.
Me desperté duro y desesperado por ella.
Victoria volvió a llorar.
Rogó y suplicó que siguiéramos dándonos una oportunidad. Que teníamos demasiado para darnos por vencidos.
En cierto modo ella tenía razón. La separación, el divorcio, sería doloroso. Me preocupaba por Victoria, de verdad, pero ya no la amaba. Todavía no había mencionado la idea del divorcio, pero estaba allí, una nube negra acechando sobre nosotros.
Fui a trabajar con la discusión sin resolver.
En lugar de pasar una noche en un departamento con una mujer que apenas podía soportar mirarme, me reuní con algunos colegas para tomar una copa. Victoria se sentó en silencio en el sofá mientras me vestía y cuando fui a la puerta, me detuve y la miré. Ella no podía mirarme a los ojos.
—No llegaré tarde.
Ella asintió en silencio.
Laurent y Marcus estaban esperando en el bar Eclipse. Marcus, casado durante ocho años y con aventuras regulares durante seis, tenía el ojo puesto en la multitud, observando a las mujeres que eran demasiado jóvenes para él. Laurent, un soltero establecido, me sonrió.
—¿Borbón?
—Compraré la siguiente ronda —acordé, tomando la bebida. La música estaba alta y todos a mi alrededor estaban borrachos y casi los desprecié por ser tan libres. El anillo de matrimonio en mi dedo se sentía como si me estuviera arrastrando hacia la tierra, impidiéndome vivir y seguir mi curso natural en la vida.
Observé a la multitud mientras Laurent charlaba con una chica rusa en el bar y Marcus murmuraba al oído de una chica que no parecía mayor de dieciocho años.
En un instante, de un vistazo, todo cambió porque Bella estaba aquí.
No me di cuenta de que era ella al principio, pavoneándose con tanta confianza en vaqueros ceñidos, una camiseta sin mangas de encaje y tacones. Bailaba con una chica alta y rubia, sonriendo, riendo, cantando al ritmo de la música. Ella brillaba entre la multitud, iluminada entre la oscuridad. Era hermosa y brillante.
¿Cómo había vivido tanto tiempo sin ella en mi vida?
Su amiga desapareció hacia las mesas y Bella siguió bailando. Estaba hipnotizado por el balanceo de sus esbeltas caderas, la forma en que se movían sus brazos, pálidos y llamativos. Su largo cabello volaba a su alrededor y no pude evitar sonreír. Era tan encantadora y la necesidad de tomarla en mis brazos era abrumadora.
Encontró mis ojos y se quedó inmóvil, con los brazos caídos a los costados mientras me miraba a través de la habitación llena de gente. Mi sonrisa se amplió un poco. Había algún tipo de electricidad, incluso a esta distancia y recé para que ella tuviera la valentía de venir hacia mí, pero sus ojos se precipitaron en la dirección por la que su amiga se había ido.
Desapareció y unos minutos después la vi irse con un hombre alto. Me volví hacia la barra.
Ella no era lo suficientemente valiente todavía y tal vez yo tampoco. Necesitaba hacerme valiente.
Victoria no lloró cuando le di los papeles. Simplemente los miró y luego a mí. Sus ojos azul claro estaban llenos de angustia.
—No entiendo.
—Esto no está funcionando, Vicky —expliqué suavemente, sentándome frente a ella en la barra de desayuno. Volvió la mirada a los papeles de nuevo.
—Porque no estás haciendo que funcione —susurró—. James, dijiste que lo intentarías. ¡Esto no es intentarlo!
Todavía estaba en camisón y bata, su cabello rizado en un nudo desordenado en la parte posterior de su cabeza. Sus dedos trazaron el papel.
»¿Por qué estás haciendo esto? —Su voz se quebró y me dolió, lo hizo, pero no tanto como debería haberlo hecho.
Negué con la cabeza y me puse de pie, empujando el taburete debajo de la barra. Victoria no se movió, no me miró cuando me fui a la oficina.
Podría ser valiente ahora. Podría ser lo suficientemente valiente como para encontrar a Bella.
Esa tarde salí temprano de la oficina y me dirigí a la dirección que había buscado ese día.
Me senté en los escalones del apartamento de Bella y esperé.
Podía ser valiente ahora y ella también. Haría cualquier cosa para asegurarme de que pudiéramos estar juntos.
Haría cualquier cosa que hiciera falta.
