Lo que anhelamos
(Ambos)
I
Recostó a Hinata en la cama, cargarla como una princesa no fue un problema, podía llevarla perfectamente, era fácil para él quien se ejercitaba cada madrugada, tampoco es que Hinata fuera especialmente delgada, estaba llena en todos los lugares donde debía estarlo incluido las mejillas que empezaban a recobrar un color más saludable, era completamente indecente como pensaba en ella mientras estaba inconsciente en sus brazos así que solo la acomodo en la cama y se apartó.
Guardó en su cabeza las imágenes restantes de sus párpados aún rosados por los pigmentos del maquillaje, sus pestañas largas y sus cejas pobladas adecuadamente modeladas, su apariencia delicada era cuidada con esmero Shino pensó que no era necesario todo aquello, incluso sin mucha labor Hinata sería siempre más hermosa que el resto.
Se consoló pensando que tal vez sería más sencillo desde aquí, podrían hablar libremente de su relación, irían juntos a comprar detergente… bueno, tal vez no seria tan sencillo…
Que su esposa tendiera a desmayarse de la vergüenza podría ser un gran obstáculo ¿Debería agregar más series a sus ejercicios matutinos? No quería asustarla.
Estuvo apunto de abandonar la habitación cuando el sonido de la cama crujiendo tras él lo hizo voltear, Hinata se sentaba, como si en vez de un desmayo estuviera despertando de un sueño, se tallo los ojos pálidos para devolverle la mirada, todo pasó en cámara lenta para él, sus gestos hermosos mientras extendía despacio los brazos llamándolo a su lado, funcionó como un hechizo, no le estaba ordenando que lo hiciera, pero honestamente deseaba que ella le ordenará que hacer. Fue a su lado detallando su brazo, evitando el contacto visual hasta que su propia mano cayó sobre la suya, fingió tanta tranquilidad como le fue posible mientras por dentro se derretía ante el zumbido de su corazón desembocado.
–¿Shino… vas a dormir aquí hoy?- está vez era la Hinata de siempre, que hablaba despacio y claramente, aquello lo llenó de valor, asintió sentándose a su lado sobre los edredones, Hinata sonrió, de una forma que no se atrevía a llamar provocativa pero cada una de sus reacciones eran especialmente estimulantes para él, siguió el camino de sus labios moviéndose una vez más.
–Shino, son las tres de la tarde- anotó, ¿porque lo hizo? Ah sí… las palmas de sus manos se movieron por sí solas rodeando su cintura, no pidió perdón por eso, aunque fue un error de su propio cuerpo.
–¿Importa?- respondió por fin y recibió un suspiro que se fue directamente al inicio de su erección.
Dios, ella era como un pecado.
Se sorprendió cuando las piernas de Hinata se enrollan por sobre sus caderas, sobre él recostado contra la cama, puso sus manos a acariciar por primera vez desde su boda ese maravilloso cabello, ninguno daba la impresión exterior de que se estaban muriendo de ganas por el otro, pero el beso que se dieron el instante después de estar ambos en la cama estuvo lleno de hambre, los labios expertos de Hinata barrieron sin piedad el estigma del Aburame sobre la mentalidad conservadora de su esposa, la exigencia de sus dulces labios manchaban de labial los suyos propios, mordisqueo en medio de la bruma el labio y lamió la comisura de su boca delineando sus extremos, Hinata era exigente y le compensaba cada caricia con pequeños jadeos sorprendidos, como si la confirmación de que aquello le gustaba le hiciera sentir satisfacción, sus labios presionaron a abrir los suyos y Shino concedió casi de inmediato siendo invadido por ella, la lengua buscado la propia acariciando su cielo y sus dientes nada fue tan intenso como aquello, gimió sin notarlo y descaradamente sintió como su esposa sonrió entre el beso estirando un poco sus labios para separarse.
Ambos se vieron y coincidieron en que amaban la vista, los cabellos de Hinata sobre él caían a su alrededor desparramandose en sus costados como ríos en la noche oscura, sus senos subiendo y bajando tras la tela ajustada provocando y demostrando lo intenso que fue para ella también, sus brazos a los costados de su cabeza aprisionando y sus piernas a horcada sobre él levantando por inercia la falda y poniéndola por encima de sus caderas para no descocerse, Hinata lo tenía atrapado como si fuera plausible la mera posibilidad de huir de ella, sonrió con los labios entreabiertos y malditamente sexy.
II
A los ojos de Hinata, Shino era apuesto, todo sobre él, su cuerpo bien construido palmo a palmo, hombros anchos y brazos fuertes que la sostenían con firmeza, en su rostro masculino predominan las facciones duras que complementaban su expresión seria y finalmente ese pequeño tesoro que desbarataba por completo la sensación misteriosa de su rostro, esa pequeña parte que fue descubierta por ella y estaba siendo gran material de debate en su cabeza ¿era necesario ocultar tal belleza para no hacer caer una a una a las mujeres allí afuera? el verde brillante de los ojos de Shino Aburame era atrapante, no como el mar brillante de Naruto que se complementaban en una piel bronceada dando la sensación de un día de playa, el verde cristalino de Shino era similar a la coloración residual de las hojas bañadas por el sereno siendo iluminadas por la luna, un color nítido, vítreo que complementado con su rostro pálido eran como dos joyas brillantes resguardadas por largas pestañas, Hinata estaba hipnotizada mientras acariciaba el contorno de su rostro, como si tras el beso fogoso que compartieron siguiera el encanto puro de la comprensión por pertenecerse.
Y sin pensar demasiado beso uno de sus párpados y luego otro.
–Son hermosos- dijo entre un suspiro para recibir las manos grandes de Shino en sus caderas sujetándola, haciendo que se arqueara un poco más para poder verlo cara a cara.
–Son sólo ojos, tu entera eres más hermosa- devolvió, no habían muchas sonrisas como pasó después del beso, así que los nervios empezaron a comérsela ante los traicioneros pensamientos de amor correspondido.
–Basta ¿dónde encuentro ojos similares? - murmuró con una pequeña risa cantada, tratando de aligerar el ambiente.
–ya conociste a Shibi- respondió con humor devolviéndole la broma, aunque no era una para ella.
–Los tuyos se ven bien en ti.
Un nuevo beso se inicio, esta vez el exigente fue Shino quien apretó su agarre en sus caderas de vez en cuando soltando una mano para rozar suavemente hasta el nacimiento de los glúteos, Hinata relajó las piernas y él la pegaba aún más a su cuerpo, dispuesto a enseñarle su dureza, y la verdad en sus palabras, esta vez las lenguas danzaron juntas e Hinata se quedó sin aire al estar demasiado embelesada como para recordar como respirar.
Un último beso pequeño para que ambos se separaran.
La respiración pesada de su pecho mientras el rostro de hinata finalmente descansaba sobre uno de los hombros masculinos, Shino finalmente apretaba lo que era legalmente suyo aquí y allá tal vez fue esa íntima posición la cual influyó en el sentimiento que Shino no pudo evitar llevar a las palabras.
–Eres adictiva- declaró.
–Tú iniciaste esto- susurro cerca de su oído haciéndolo infinitamente más difícil para el Aburame sacarle las manos de encima.
–Es porque también eres peligrosa, no sabía si estarías dispuesta... - fue silenciado por un beso más, en su mejilla cerca de su oreja que Hinata con diversión noto roja.
–Siempre quise, no se como empezó solo se que quiero esto.
Las manos de él se escurren por debajo de la blusa sujetando su piel suave con firmeza lo que hizo suspirar a Hinata, cada vez que ese hombre hablaba hacía cosquillas y ahora que sus caderas se juntaban constantemente la presión de sus pantalones hacia estragos en ella.
–¿A cuantas tuviste que sostener antes para que se sintiera tan bien?- a las palabras de Hinata siguió un estremecimiento por parte de Shino mientras seguían restregandose, no sabían si lo estaba haciendo bien, tal vez simplemente ambos encajaban tan bien que cualquier cosa se sentiría como el cielo.
–Eres la primera con la que me siento así, es peligroso, eres demasiado buena - demasiado para un bicho raro como él, pero no iba a renunciar a ello, este derecho era suyo, no lo había ganado, pero ahora le pertenecía y no lo dejaría ir.
–No lo es, no estoy prohibida.
Lo sabían, ambos lo sabían que Hinata Hyugaa no estaba prohibida única y exclusivamente para Shino Aburame, el fuego se desató en sus ojos cuando el Aburame atacó su cuello en un nuevo beso, Hinata se arqueo dándole espacio poniendo sus manos alrededor de su cuello, dejando su peso en él.
–Llévame a donde quieras- suspiro ante el camino de besos hasta su boca.
–Pides cosas que tal vez no puedas manejar- una mano de él tomó su muñeca como si fuera una especie de advertencia, algo sobre las tendencias posesivas que Hinata apenas había notado levemente mientras regaba las plantas cada mañana.
Su rostro se coloreó más ante la comprensión, y Shino lo confirmó.
–Cada mañana Hinata, solo estaba duro pensando en ti en esa maldita pijama de seda regando las plantas mientras tus piernas se bañaban del sol, pensaba en las formas distintas en las que eventualmente te someteria esa misma ropa puesta-
–Shi.Shino…esta vez el suspiro fue entrecortado sus labios se rozaron pero antes de que naciera el beso ella fue jalada repentinamente.
En un movimiento justificado sólo por la complexión atlética de Shino fue empujada sin mucha brusquedad debajo de él quien la analizó con hambre y sin filtro, la respiración pesada de ella con los labios entreabiertos y el labial ya gastado dejando ver solamente los labios rosados maltratados por él era una tentación demasiado fuerte para un hombre, la diosa de la luna con ropa descompuesta, lo peor es que en lo único que podía pensar era en esa molesta falda beige que le llegaba a las rodillas, pero no quería quitarla.
Hinata se sobresaltó cuando Shino alzó la falda sin delicadeza poniéndola por encima de su abdomen y levantándola, descubriendo su ropa interior delgada.
–Como odio esa maldita falda- gruñó, su voz envió una nueva ola de placer a Hinata, era increíblemente masculina.
–Shino-san.
–Tus glúteos se mueven de forma deliciosa delineando esto- dijo mientras sin piedad con dos dedos acariciaba el contorno de la ropa interior – solo mejora un poco cuando usas esas medias veladas, pero hoy estabas especialmente así, es como si quisieras torturarme.
–N.No es así yo…
Shino se deleitó ante la repentina vergüenza de su amante que hace un minuto solo había sabido ser exigente, Hinata actuaba de forma distinta cuando se avergonzaba, pero no presionó demasiado, tal vez solo lo justo para evitar el desmayo.
Su dedo se siguió moviendo como una tortura hasta llegar a la costura de su muslo interno donde froto con cuidado casi con la intención de quitar el pedazo de tela pero finalmente moviéndose a la otra pierna
–Son hermosas…- dijo como un pensamiento propio con un leve suspiro.
–Cuando se mueven de forma estilizada y tus caderas giran, entonces es como si en vez de caminar estuvieras invitándome a ir tras ti, dime ¿estoy loco? -
–Sí, estas loco pero no tengo miedo…
No lo tenía porque… porque…
No pudo terminar de hilar sus pensamientos, sin compasión Shino localizó su clitoris ya sensible tras la tela y lo acarició haciéndola respingar –S.shino… san…
–Dime Hinata ¿porque no te da miedo este esposo tan lascivo?
Pidió saber, sus palabras juguetonas sonaban amenazantes en el maravilloso tono de voz que poseía su amante mientras sus dedos se movían sobre la tela y finalmente moviéndola a un lado exponiendo su vagina.
Shino se estremeció ante la vista que hizo agua su boca, su dedo acarició los labios regordetes y se deleito de orgullo y hambre ante la sensación pegajosa con total descaro ante la mirada impactada de Hinata quien derrepente pretendía cerrar sus piernas Shino se contuvo de enterrar directamente su rostro en la miel y sujeto sus muslos.
–No puedes escapar… dime.
Hinata sintió los dedos índice e intermedio de Shino reanudar su trabajo de forma más eficaz con su propio fluido, gimió y jadeó borracha ante la bruma de la excitación de estar siendo vergonzosamente masturbada por su esposo mientras también pensaba en lo que deseaba hacer con él.
–S.shino yo, yo soy una esposa aún más lasciva, pensaba ummhh uggg oooh.
Como una recompensa por responder acarició la raja por completo llegando hasta la dulce entrada llena de miel que se desbordaba ante las caricias.
–Quería montarme encima tuyo, lamer tu cuerpo, es tan firme pensé que quería tenerlo posee… ahh ahí Shino.
Las palabras se hicieron incomprensibles balbuceos cuando los dedos se enterraron sin piedad, quien lo viera pensaría que era menos que una escena de humillación a la esposa descarada pero en realidad Shino con una furiosa erección apenas contenida en sus pantalones era quien más sufría la anticipación preparando a su esposa para sí mismo.
–Lo tendrás, me tendrás, todo lo que tu mente imagine, todo lo peor que quieras de mí lo haré para ti.
– Uf ahí Shino ahh.
Hinata no pudo resistir mucho más, su propia mano busco el placer de su clitoris frotandolo furiosamente bajo los ojos extasiados de Shino quien acariciaba su propia erección levemente mientras follaba a su esposa con los dedos, sin ningún tipo de emoción posesiva Shino la dejo hacerlo, era un gusto particular suyo verla darse autoplacer, como una escena incongruente de la princesa más noble mancillandose bajo sus ojos, muriéndose de placer y no siendo capaz de contener el deseo de la liberación bajo su mano exigente que la penetra sin piedad, viéndose a los ojos con deseo… Hinata apretó los dedos de sus pies y jadeo furiosamente arqueado su espalda y tensandose mientras el fluido que de por sí ya hacía sonidos increíbles empapó aún más sus dedos hasta chorrear sus manos, Hinata cayó con electricidad recorriendo todo su cuerpo incapaz de moverse pero tampoco de quitar los ojos de encima de su amante quien olvidando todo pudor lamio en sus dedos los restos de su fechoría y no sonrió con picardia, celebrando su fechoría como una especie de reiteración de que había ganado, porque Shino (Su Shino) no era ese tipo de caballero, su mirada brillaba en deseo, amor y lo que Hinata debía describir como hambre…
Este solo era el preludio.
III
Cuando era una niña, Hinata soñaba con muchas cosas para su vida, cosas que eran tan simples y tan grandes, ser una ama de casa como Hana o ser la próxima dueña del grupo Hyugaa, pese a que nunca fue agradable tratar con su padre respetaba su trabajo y como todos los niños Hyugaa eran informados de las cosas increíbles que hacía su empresa, ahora que era una adulta solo veía las cosas malas de esos tiempos que disfrazaba como normalidad.
Por ejemplo condicionar a los niños Hyugaa a vivir por la empresa, hacerles creer que el grupo Hyugaa era su orgullo, la forma como los veía el resto del mundo, estudiar duro, sacar buenos resultados, ser los mejores para llevar todo ese talento a Hyugaa y demostrar al resto su "superioridad" eso pasaba mucho, ese discurso de mentalidad de colmena, sobre todo en la llamada rama principal.
Por eso mientras fue lo suficientemente ingenua pensó que él liderazgo Hyuga estaba más cerca de ella que de nadie, y no era una idea tan errónea, de nuevo, solo fue un poco ingenua, el puesto estaba cerca de ella no solo por línea de sangre, Hinata era buena estudiante, dedicada y honesta, nadie pensaba especialmente mal o bien de ella para ser una lider incluso a su corta edad… pero Hinata no tenía algo que la hacía indeseable para su padre.
No tenía carácter.
Su voz era como un susurro y siempre tenía ganas de estar con todos, no recluirse al lado de su padre, no deseaba imponer órdenes o ser dominante, su padre no la soportaba, y tenía sus razones, el liderazgo de una empresa tan agresiva llena de accionistas y negocios subyacentes tenía que quedar en manos de alguien firme, capaz de pelear y pisotear sin piedad su moral, valores y su gente para funcionar correctamente.
Hinata Hyugaa era solo una niña y desde entonces Hiashi la trataba como un fracaso.
–Crecerás y forjarás carácter.
Le aseguro alguna vez Hana mientras acostada en la cama escogía la horquilla que llevaría a clases ese día.
Pero mientras más pasaba el tiempo, más lejos de Hiashi se sentía, y Hana moría lentamente dejándola sola.
Hinata creció y creció, y se dio cuenta de una cosa.
Ella no se podía corregir, no se podía moldear a los deseos de Hiashi y eso no era una cosa mala, significaba que era más fuerte que el lavado de cerebro Hyugaa y mientras más veía a Hyugaa como una empresa en vez de su familia más sentía que no era uno de ellos.
Como si el clasismo no estuviera arraigado en su clan, incluso sucedía entre ellos, se supone que era una historia antigua, donde existían dos ramas, primaria y secundaria, la secundaria era servidumbre, las historias detallan los tatuajes en sus frentes que los marcaban casi como ganado, a su gente, a sus propios hermanos.
"Fue para proteger la sangre, esas personas eran de bajo rango y tenían más deseos de salir del clan y vivir por otro lado, pero el clan Hyugaa era pequeño, nos habríamos extinguido muy rápido, los consejeros tomaron esa decisión para proteger a nuestra gente."
Y aunque amaba a su madre más que a sí misma, no podía entender como podía ser tan ciega como para apoyar y comprender una práctica tan bestial como la esclavitud.
Hoy día, nadie era marcado en la frente, afortunadamente en ningún otro lado, el racismo externo mantenía a la mayoría de los Hyugaa dentro del clan y la clase más pobre de los Hyugaa que no tenía participación en ningún negocio relevante eran libres de abandonar el clan (y lo hacían) pero eran mal vistos llamados de segunda clase o "de la rama secundaria" como un guiño a los viejos tiempos.
Hinata odiaba a Hyugaa.
Pero eso es algo que nunca nadie iba a saber.
Sabía que ahora estaba siendo llamada rama secundaria por las personas de su clan.
Miró a su esposo semidesnudo dormitando con la cabeza entre sus piernas también desnudas embarradas de su corrida y sus fluidos, no sabía cómo soportaba estar allí sabiendo lo especial que era Shino con la higiene personal, sonrió acariciando su cabello, a pesar de su apariencia reseca, su cabello era suave al tacto, quería acariciarlo como a un gato, la cama King era realmente conveniente para acomodar sus cuerpos como les diera la gana, anotó resistiendo las ganas de despertarlo y darle besos.
Shino amo su cuerpo toda la tarde y al inicio de la noche, no bastaron segundos desde su primer órgasmo para que intentara entrar en ella, pidió permiso, una y otra vez hasta que la respuesta saliera de forma embarazosa de sus labios, como si su cuerpo necesitado no fuera suficiente prueba de su deseo, Shino jugaba con ella poniéndola nerviosa, incluso mientras estaba completamente desnudo tenía toda la autoridad, aunque ella tomara el control por momentos solo era para exigir besos y caricias, en cambio Shino no era nada humilde cuando tenía el control.
Él era tan bueno, tan caliente, no pudo ver apropiadamente su verga, pero era grande, tal vez no increíblemente larga pero lo suficientemente gruesa, encajando dentro de ella de forma enloquecedora, frotando todos los lugares correctos, se liberaba dentro suyo sin remordimiento alguno, marcandola y recuperándose solo unos minutos antes de volver a machacar el mismo lugar que ya estaba empapado de su esencia, era increíble verlo con la misma vitalidad que la primera vez, dos y luego tres veces, no la dejo tranquila, la atormentó hasta que ella misma pidió que parara, y ahora dormía como un bebé sobre ella, como si no tuviera ni un poco de remordimiento por llevarla al borde tantas veces.
Le demostró su vigor y resistencia a cada uno de sus pedidos y se levantó erguido cada que pensaba que había terminado, atormentandola como si el momento fuera a desaparecer si se separaban.
Un amante tenaz, y más que todo lo que significaba el deseo ardiente entre ellos, Shino era un hombre bueno, no tenía idea si la amaba, tal vez por el momento eran solo compatibles en la cama (lo cual era bueno) algunas de sus relaciones se basaron solo en el deseo sexual, sabía manejarlo, y él detergente ya no sería necesario para iniciar el contacto, podía tocarlo y amarlo mientras él la sostenía, podría fingir que la veía con amor a través de sus preciosos ojos.
"No habían muchos mejores resultados que este" pensó burlándose del delgado hilo de saliva que empezaba a escurrir de los labios gruesos de su amante, ahora parecía tranquilo pero Shino se cansó de derramar palabras malvadas.
"De rodillas, separa las piernas, en cuatro, que bien se siente dentro de ti."
Le daba órdenes que seguía sin rechistar y luego mientras la jodía actuaba como si ella fuera lo más precioso.
"Te deseo, que hermosa, déjame hacerlo para ti, ¿te gusta? Déjame moverme por ti"
Y ella se derretía con su calor y su pasión oscilando como un péndulo entre el placer y el amor.
Al diablo la rama secundaria
Ella estaría bien.
En primer lugar, ya nisiquiera era Hinata Hyugaa.
IV
Shino despertó varias horas después, no recordaba haber dormido tanto en una posición tan incomoda, en algún momento Hinata se revolvió desnuda contra él despertando de nuevo su excitación, su sexo aún adolorido quería seguir golpeando contra ella sin piedad, pero Hinata solo se quedó dormida de nuevo mientras su pelvis se encontraba con la suya y su pene semi erecto contra su vientre, probablemente lo hacia de forma inconsciente pero ella era buena para hacerlo olvidar la fatiga y el dolor, incluso la incomodidad, el nunca se encontraba sucio por mucho tiempo, aun así dejó que su sudor se secara en su cuerpo y su seme se restregara por doquier, durmió de esa forma y ahora con ella enterrando su rostro en su cuello no le quedó más que volver a cerrar los ojos.
Hinata era una amante complaciente, se dejaba llevar de su desenfreno adaptándolo como propio, cuando su mente cobraba algo de sentido y se detenía entonces ella pedía más, se lo exigía y él estaba desesperado por dárselo todo, la tomó con voracidad, deseando cada pedazo, tal vez no fue tan romántico o paciente como imagino en sus fantasías mientras se masturbaba pensando en ella, pero fue lo que ella quería, lo que ambos deseaban.
El olor a sexo en la habitación nubló sus sentidos endureciendo su pene, pero se contuvo.
No quería que ella se fuera de su lado, sentía que era un sueño, que si dejaba que se fuera terminaría, volverían a ser una pareja ocupada resolviendo sus propios problemas por separado, no quería asustarla…
La amaba.
Empezó con la limpieza pero se daba cuenta de que sus tendencias posesivas le hacían desear que Hinata dejara de trabajar en cosas que no eran él, deseaba que pasara el resto de su tiempo en casa esperándolo, limpia, agradable, servicial y lista para él.
"Ya basta"
Se reprendió por el pensamiento casi machista.
No sabía qué era ese tipo de amante, tal vez solo era así ante ella, Hinata lo hacía pensar en cosas incorrectas sintiendo que son lo natural, ella probablemente lo odiaría.
Hasta donde pudiera, y mientras tuviera el derecho de ser solo él quien la complazca lo hará, la mantendrá satisfecha, tal vez nunca lo llegue a ver como un interés romántico, pero al menos no la dejaría fijarse en otro hombre para complacerla.
Y tal vez… solo tal vez, entonces ella le entregaría todo.
