Descansamos en una mesa a las afueras de un café francés, no muy lejos de la Torre Monotoli.

Jeff escucha la radio para tener las noticias más recientes de la ciudad. «Efectivamente, la policía ya no nos busca. Ya se "comprobó" que el incendio de los almacenes sí fue planeado».

«Bien, ahora por Paula».

«Espera Ness, aún no tenemos un plan. Si bien la policía ya no es un problema, Monotoli podría seguir haciendo todo lo posible para que no lleguemos a él».

«Si Monotoli perdió el control que tenía sobre la ciudad este es el mejor momento para confrontarlo».

No muy lejos de nosotros había una dama preguntando sobre un yogurt de trucha.

No me quede con la duda y fui a saber más por mi cuenta.

¿Eso que tiene de relevante? dirán. Resulta que hasta hace unos días jamás había escuchado sobre tal cosa, no hasta que Manzanito me habló sobre el dispensador de yogurt que había inventado. Y ahora esta mujer buscaba precisamente un lugar en donde vendieran ese sabor en específico. ¿Quién era la única persona además de Jeff y yo que sabía sobre el yogurt de trucha?

La dama nos informó que trabajaba para Monotoli, quien tenía a una invitada especial en su condominio a quien por el momento solo le apetece tomar yogurt de trucha. «[…] La reputación del alcalde está en juego, si sabes de algún lugar donde vendan esa cosa te agradecería que me lo digieras».

«De hecho mi amigo y yo sabemos cómo hacerlo, solo que… Tendríamos que ir por la maquina».

«Oh, ¿enserio? ¿Qué les parece si en lo que ustedes van a buscarla yo los agendo para darles acceso en la Torre Monotoli?».

La idea nos pareció perfecta.

Hablando de la Torre Monotoli, todo era un desastre en ese lugar. Había un grupo de personas intentando meter sus quejas en la recepción. A pesar de todo, no tuvimos muchos problemas para que nos dejaran pasar.

Entre todo el caos vimos a Porky, todo desesperado y peleándose con sus guardaespaldas, quienes se reusaban a seguir prestándole servicio.

«Ness, ¿qué estás haciendo aquí, y porque hueles a mi padre un sábado por la noche?» preguntó con nerviosismo.

«Eso no te importa».

«Como sea, esto es malo. Monotoli tiene a tu novia, él es malo Ness y jamás debí asociarme con él, pero para que veas que en realidad estoy arrepentido y que no tengo nada que ver con esto voy a ayudarlos. ―Comienza a escribir en un pedazo de papel―. Este es el código que desactiva los robo-centinelas que yo mismo mandé a hacer para proteger al alcalde».

«¡¿Esto es otra de tus bromas?!» exclamo furioso después de leer el supuesto código ―bésame el trasero―.

«No, no, es solo que me pareció gracioso cuando los instalé».

«Bien, entonces ven con nosotros» le digo.

«Pero si Monotoli se entera que lo traicioné…».

«No vamos a dejar que te haga daño. ― Le extiendo una mano, él la estrecha con la suya antes de dibujar una sonrisa en su rostro―. Eso sí, si intentas un truco sucio lo pagaras caro». «Jeff, vigílalo».

Jeff saca su laser y le apunta a mi vecino con este.

«Relájate cerebrito, fui el mejor amigo de Ness… Aunque él ya no lo recuerde».

Intento ignorar la indirecta.

Los tres tomamos el ascensor.

«Gladys, llévanos al piso 100, mis amigos quieren hablar con el alcalde Monotoli».

En ese pequeño espacio el aire se volvió denso y silencioso. Ahora sin la estatua Mani-mani Pokey no podía seguir siendo manipulado; sin embargo, había algo que me impedía confiar en él, ¿le podía dar una oportunidad?

«¿Puedo preguntar para qué es esa máquina?» dijo Porky intentando romper el hielo.

«No».

La mucama de Monotoli salió a recibirnos. Le dejamos la maquina dispensadora de yogurt y entramos con permiso de Porky. No había ninguna alma en los alrededores.

«Ha habido una ola masiva de despidos ―nos dijo Porky―. Exempleados malagradecidos que se empezaron a quejar de ser mal pagados. Los únicos que quedan son, como ya les dije, los robo-centinelas que instalé. Como siempre, las maquinas siendo más eficientes que los torpes humanos».

¿Y que era un robo-centinela? Lo descubrimos pronto: Un robot de tamaño mediano que patrullaba el pasillo con cohetes cargados en uno de sus brazos, cosa que le llamó la atención a Jeff.

«Contraseña» chilló el robot.

Jeff y yo miramos a Porky para ver si lo que decía del código era cierto.

«Diga la contraseña en 10, 9…».

«Bésame el trasero» farfulló Porky.

«Buenos días señor» dijo el robot.

¿Quién lo habría dicho? Pokey había sido útil después de todo.

«¿Ven? se los dije, estoy intentando enmendar mi error».

«En ese caso, adelante» le dije a mi grupo.

En cierto momento Pokey se detuvo. «Chicos, espero no incomodarlos, pero tengo que ir al baño».

«¿Qué?».

«No esperan que me enfrente a Monotoli con una vejiga llena, ¿o sí?».

Suelto un suspiro. «Puedes ir» le contesto a Porky a la vez que le hago una seña a Jeff para que baje su arma.

Jeff, me voltea a ver sorprendido.

«Gracias, Ness, veras que vuelvo en seguida».

«Sí, como sea» le contesto luego de voltear los ojos.

Una vez que Porky se fue, Jeff me reclama confundido: «¿En serio lo vas a dejar ir así nada más?».

«Oye, conozco el estilo de Porky, solo quiere salir huyendo de la pelea, que nos haya ayudado a llegar hasta aquí ya es ganancia».

«Pero…».

«Créeme, entre más lejos se mantenga de nuestros planes mejor».

Llegamos a un pequeño salón con una puerta de dos piezas frente a nosotros. Era la entrada al condominio de Monotoli. En ese mismo salón había un pequeño robot plateado limpiando la habitación con un plumero. Al vernos entrar se dirigió a nosotros cerrándonos el paso a la vez que pitaba y chiflaba. Su cabeza tenía la forma y el tamaño de un balón de futbol y su cuerpo era desproporcionadamente más pequeño que su cabeza, lo que lo volvía un robot muy torpe

Pewwk, clack clack .

No supe que quiso decir eso, así que solo repetí la contraseña. «¿Bésame el trasero?».

Traca, traca, pío, pío.

El robot no nos abría el paso, así que solo lo pateé. Estamos por abrir las puertas cuando…

¡ZZZAAP!

En un instante quedamos inmóviles y con los músculos acalambrados, y en pocos segundos, en el suelo.

Pewwk, clack clack .

«¿Ese pequeño robot nos dio esa descarga?» preguntó un Jeff con los pelos de puntas intentando procesar lo que acababa de pasar.

Hablando del robot, seguía zumbando y pitando cerca de mi cuerpo tirado en el piso. Lo agarré y lo aventé contra una pared. El impacto lo desarmó y dejó sus piezas tiradas en suelo. Rápidamente se armó y volvió a ponerse en pie.

«¡Rapido, a la puerta!» le grité a Jeff.

¡ZZZAP!

Una vez más quedamos tensados en el suelo. El robot se burla de nosotros.

Con la voluntad (y la estupidez) que me queda me pongo en pie procurando no desmayarme. «¿Eso es todo lo que tienes?» pregunto mientras mantengo una posición de boxeador.

A la habitación entro un niño rubio y regordete comiendo una bolsa de cacahuates.

«¿Qué hacen jugando con el robot de limpieza?» preguntó Pokey. Agarró al robot y lo desactivó. Resulta que el torpe robot tenía un interruptor de apagado y encendido en la parte trasera de su cabeza.

«¿Por-Pokey?».

«Cielos Ness, no puedo dejarte por un segundo porque te metes en problemas» dijo él en un tono burlón pero cordial.

«¡Volviste!» exclamo con los ojos bien abiertos.

«Pues claro, te dije que solo iba al baño». Me extiende la mano con la que sostiene los cacahuates invitándome a agarrar mientras aprieta la boca de la bolsa.

De forma sincera le expreso gracias a mi vecino

«Aun así solo te toca uno» me responde bromista, aun con el brazo extendido.

«Bien chicos, llegó la hora» dije después de acomodarme la gorra. «Recuerden que Monotoli podría intentar usar a Paula como rehén, hay que ser precavidos.

Había algo bloqueando la puerta en el otro lado.

«Espero no tener que ocupar PSI para abrirla. Ayúdenme».

Desde el otro lado una voz dulce pregunta: «Ness, ¿eres tú?».

Era ella, finalmente volvía a escuchar su voz, eso me puso muy feliz. «¿Paula? ¿te encuentras bien?» pregunté poniendo mi oreja sobre la puerta.

«Me encuentro bien, deja…».

«Hazte para atrás, vamos a tirar la puerta». Doy dos pasos hacia tras e insto a Jeff y Pokey a correr detrás de mí.

«No Ness, ¡esperen!».

Demasiado tarde. Ya nos habíamos lanzado con todas nuestras fuerzas. Para nuestra sorpresa la presión aplicada para abrir las puertas fue más de la que creímos requerir. Jeff y yo caímos al piso, pero nos encontramos a alguien debajo de nosotros dos. Resulta que por accidente nos habíamos aventado sobre Paula.

En su rostro se leía miedo, pero curiosamente este había agarrado color en vez de perderlo como sucede en varios sustos.

Sin saber que hacer me limité a sonreír apenado.

«Hola Paula» dijo Jeff desde arriba de la bolita, haciéndola volver en sí.

«Hola Jeff» le respondió ella.

Una vez de pie, los tres nos abrazamos mientras carcajeábamos de felicidad.

«Un momento ―dijo Paula después de olfatear―, ¿por qué huelen como los vagabundos de la otra noche?».

«Larga historia» contesté otra vez apenado.

Desde una planta superior un hombre salió desesperadamente cargando unas maletas. «Solo me llevaré lo más importante, ya no tengo…». Al vernos quedó aterrado.

«Monotoli».

Era el mismo hombre que vimos en Moonside frente a la estatua Mani-mani.

Salí corriendo detrás de él. Intentó encerrarse detrás de una puerta, pero yo se la cerré con telequinesis. Lo tenía acorralado.

Ahora sí Monotoli, vaya diciendo sus plegarias».

«No Ness, espera ―dijo Paula mientras me jalaba de una manga―. Resulta que Monotoli no es tan malo como pensábamos».

«¡¿Que no qué?!» exclamé confundido.

«Grandioso, desarrollaste el síndrome de Estocolmo» comentó Jeff.

«Paula, él te secuestró».

«Mira mis brazos flacuchos ―suplicó Monotoli―, mi cuerpo delgado y mi cabello blanco. Nunca sería capaz de lastimar a Paula, ella es una niña tan dulce».

«¡¿Entonces por qué la secuestró?!».

«¿Señor Monotoli? ―llamó una dama desde la entrada del condominio―. El yogurt de trucha está listo».

«¡Excelente! Paula, llegó lo que me pediste» comentó Monotoli con un tono de alegría bañada en miedo. «Ahora suplícale a tu amigo que no me haga daño» agregó antes de romper a llorar.

«¡¿Qué está sucediendo aquí?!» exclamé realmente confundido.

Paula me agarró del hombro y con una voz dulce y serena me pide que escuche lo que Monotoli tenía que decir.

«Hice un trato del que me arrepentiré toda la vida, él vino a mí y me ofreció tecnología, poder y fortuna a cambio de compartirla con él».

«¿Se refiere a Giygas?».

«Llámalo como quieras, el punto es que me dijo que lo único que debía hacer era robar la estatua que tú buscas y esconderla en un lugar donde un niño jamás se le ocurriera buscarla».

«El bar de Jakie, ¿qué más?».

«Así lo hice, y tal como me lo prometió, al terminar las elecciones me volví el alcalde de Fourside y la persona más poderosa de toda la ciudad, pero entre más poderoso me hacía mi voluntad más se veía sometida. Sin darme cuenta me había convertido en una marioneta, ni siquiera era capaz de revisar las acciones de mis propios negocios».

«Lo obligaron a mantenerme encerrada en su condominio».

«Pero yo me encargué de hacer que su estancia fuera lo más cómoda, puedes preguntarle si quieres».

Un poco más tranquilo voltee a ver a Paula mientras armaba todas las piezas en mi mente. «Uno de los secuaces de Giygas te llamó nuestro punto fuerte. Dijo que sin ti no llegaríamos a ningún lado».

Paula queda sorprendida. «Que equivocado estaba ― dijo ella―. Digo, el punto fuerte del equipo eres tú, ¿no?». «Eh, no es por ofender Jeff» agregó un poco avergonzada.

«Bueno, resulta que una charla con un viejo raro pero sabio nos hizo comprender que nuestro punto fuerte es nuestra amistad. Sin ella quizá ya nos habríamos rendido hace tiempo».

Paula me regala una sonrisa que me hace sonreír consecuentemente. Toda esa odisea en Fourside había valido la pena para poder ver esa pequeña gesticulación.

«Oh, que lindo ―exclamó Monotoi―. ¿Ya me puedo ir?».

«No» respondimos los tres al unísono.

«Hay una cosa que no entiendo aún. Nosotros destruimos la estatua Mani-mani hace unas horas ¿por qué insistió en retener a Paula?».

«Por temor de que me denunciara con la policía, ella me prometió no decir nada a cambio de que le diera a probar un yogurt de trucha».

Confundido volteo a ver a Paula.

«Era la única forma de hacerte venir sin que nadie sospechara nada» dijo ella mientras voltea las palmas de sus manos en señal de inocencia.

«¿Y si Paula no estaba realmente retenida por qué la puerta estaba truncada?» le pregunto a Monotoli.

«¿Truncada? Oh cierto, el helipuerto, yo, estaba por dar un paseo en helicóptero y…».

«Se enteró que estabas en el edificio e intentó escapar antes de que llegaras» corrigió Paula.

Bajamos los escalones hacia la entrada del condominio.

«Verán, cuando coloco este oso en la entrada se abre una puerta que me lleva a mi helipuerto».

Efectivamente, había un oso disecado en el paso de entrada, y detrás de este se encontraba la criada del señor Monotoli.

«Que extraño ―exclamó Paula―. Juraría que yo lo quité para dejarlos pasar».

En eso, escuchamos las hélices de un helicóptero. Corremos hasta un pasillo, subimos las escaleras que había en este y llegamos al helipuerto, de donde provenía el ruido.

«¡Mi helicóptero!» exclamó Monotoli al ver la pequeña nave amarilla despegándose del suelo».

«¡Pokey!».

A través de un micrófono él me contestó: «¿Qué dices? no te oigo por este ruido. Como sea; quería darte las gracias por ayudarme a llegar hasta el helicóptero de Monotoli. Desde que ese hombre se convirtió en un simple anciano ya no tiene ningún propósito para mí. Pero su helicóptero me será muy útil».

El helicóptero pasa por en sima de nuestras cabezas antes de abandonar el helipuerto.

Todo este tiempo había sido él. «Ahora soy socio del alcalde de Fourside». Monotoli no se estaba refiriendo a Giygas, sino a mi vecino: el único "empleado" que jamás llevó puesto un broche "M", y a pesar que él me lo dijo en mi cara, fácilmente se había hecho pasar por una víctima.

«… Ness, Ness, reacciona, ¡él está escapando!» me decía Jeff mientras le apuntaba al helicóptero con su láser «Dime y lo derribo».

«Déjamelo a mí». Extendí el brazo. Aún estaba yo a tiempo de darle al helicóptero, de tirarlo y hacer que se estrellara con uno de los edificios de la ciudad para estallar en llamas y consumir la vida de su piloto en una muerte muy dolorosa.

Estuve a punto de liberar PSI pero me contuve. Sentí un escalofrío al pensar que tenía el poder para matar a alguien, a otro ser humano y a alguien que había conocido desde mi infancia. Fuera con PSI o por algún otro medio, pero me aterró más saber siquiera que esa idea había pasado por mi mente.

Encogí mi brazo sobre mi pecho.

«No podemos usar PSI ofensivo contra humanos» dije.

Ambos nos quedamos viendo alejarse el helicóptero sobre la enorme ciudad de Fourside, entonces Paula, que está a mi derecha pone su mano sobre mi hombro, la volteo a ver, ella me regala una sonrisa cordial.