Ranma ½ y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.
El corazón de Nabiki
Por
Dr Facer
Capítulo 7
~ Mes de Junio, parte 1~
=0=
—Pero Kasumi, no tienes necesidad de hacer esto —discutió Soun, de pie frente a la puerta de su casa, bloqueando el paso de su hija mayor.
—Papá, es importante para mi, por favor déjame pasar —pidió la mayor de las hermanas tratando de buscar la manera de convencer a su padre de dejarla salir de la casa.
—¿Hay algún problema? —preguntó Nabiki, que acababa de bajar de las escaleras y se estaba arreglando un chaleco y alisando su falda—. Por cierto papi, tengo qué salir, ¿podrías hacerte a un lado?
—Tú sí puedes salir, pero Kasumi se queda aquí —indicó Soun con firmeza y sin moverse un centímetro de la puerta.
—¿Por qué no te deja salir papá? —preguntó Nabiki suspirando, dirigiéndose a su hermana mayor—. ¿Te vas a fugar con un novio que nunca nos presentaste o ago?
—¿Tienes un novio? —preguntó el afligido padre, bastante alterado ante la idea de que su hija mayor estuviera saliendo con alguien sin su consentimiento.
—No, papá, no estoy saliendo con ningún muchacho —dijo Kasumi para calmar a su padre y evitar que comenzara a llorar—. Y si quisiera salir con alguno te lo diría. En este momento sólo quiero ir a trabajar, no quiero llegar tarde en mi primer día.
—¿Conseguiste un trabajo? —preguntó Nabiki, mirando a la mayor con los ojos muy abiertos. La idea de que Kasumi hubiera decidido trabajar le parecía algo completamente imposible.
—Sí, y empiezo hoy —contestó Kasumi que se giró a mirar a su padre—, y ya voy un poco tarde.
—Papá, deja ir a Kasumi, estoy segura de que no le pasará nada —pidió Nabiki—. ¿Qué no le tienes confianza?
Soun observó a sus dos hijas mayores antes de responder. Honestamente le parecía innecesario que Kasumi trabajara, pero tampoco tenía otra excusa que pudiera usar para detenerla, pues aunque en realidad ya no era tan necesario que Kasumi se hiciera cargo de la comida o la limpieza desde que la señora Saotome había empezado a vivir en el dojo, simplemente no le gustaba la idea. ¿Qué tal si alguien asaltaba el lugar donde trabajaba su hija mientras ella estuviera allí?
—Papi… —comenzó Nabiki, que era obvio estaba perdiendo la paciencia—. Necesitamos salir, ¿nos vas a dejar pasar o no? Te advierto que no me iré sin Kasumi, y me sentiría muy triste si no puedo hacer lo que necesito.
—Por favor, papá —insistió Kasumi—, te prometo que regresaré de inmediato a la casa si algo malo sucede.
—Lo sé, pero yo…
Cualquier cosa que pensaba decir Soun fue interrumpida por un estallido que salió directamente de la cocina, por un momento pareció que no iría a ver qué sucedía pero escuchar a Akane quejarse mientras prometía no volver a equivocarse con la olla de presión obligó al afligido padre a dejar camino libre a sus hijas mayores para dirigirse a la cocina para ayudar en caso de que hubiera sucedido algo que necesitaría de una reparación.
—Prométeme que volverás de inmediato si hay algún problema —ordenó entonces Soun, deteniéndose antes de entrar al pasillo que llevaba a la cocina.
—Claro que sí, papá —sonrió Kasumi, feliz de que podría salir de la casa—, confía en mí.
Satisfecho con eso pero aún lleno de dudas sobre dejar a Kasumi ir a trabajar, Soun desapareció por el pasillo, esperando que su hija menor no hubiera causado algún problema en la cocina y sobre todo que no se hubiera lastimado.
—Tendremos qué agradecerle a nuestra hermanita por intentar cocinar esta mañana —dijo Nabiki con una sonrisa un poco sarcástica—. ¿Nos vamos? Papá no tardará en regresar.
—Sí, será lo mejor —asintió Kasumi—, salgamos ya.
—¿Qué estaba haciendo Akane en la cocina, por cierto? —preguntó la mediana mientras seguía a la mayor y salían de la casa—. Si no me equivoco el desayuno lo preparaste tú.
—La señora Nodoka dijo que quería enseñarle a picar y hervir verduras —suspiró Kasumi mientras cerraba la puerta.
Nabiki se limitó a asentir, sin siquiera poder imaginar cómo algo tan simple como hervir verduras podía terminar haciendo estallar una olla de presión, aunque sabía bien que con Akane en la cocina todo era posible.
-0-
Un poco después…
Mientras caminaban juntas, Nabiki no pudo evitar comenzar a preguntarse la verdadera razón por la que su hermana mayor había decidido conseguir un empleo. Kasumi nunca había mostrado interés en esas cosas, y la razón detrás de algo tan fuera de lo común le estaba causando una fuerte curiosidad.
—En realidad ya tengo desde el lunes trabajando —confesó Kasumi de repente cuando las dos cruzaron la calle y doblaron por la siguiente esquina para entrar a la zona comercial del distrito—. Empecé desde el primer día del mes, y hoy es mi primer sábado en la cremería.
—...Bueno, si es tu primer sábado técnicamente no le mentiste a papá —dijo Nabiki mirando a la mayor, notando que Kasumi estaba más pensativa que de costumbre—. ¿Y por qué conseguiste un trabajo?
—Es por… por la señora Saotome —dijo Kasumi suspirando, su voz sonando un poco apenada—. Por favor no malentiendas lo que voy a decir, Nabiki, pero desde que Akane y Ranma regresaron de China… Nodoka comenzó a ayudarme con cosas en la casa, primero haciéndose cargo de la ropa de Ranma y Gema. Después ofreció ayudar con la limpieza, después con la comida… hasta que finalmente ella terminó haciéndose cargo casi de todo, ¿no lo habías notado?
—Sí, pero como eso te daba más tiempo libre para que hicieras otras cosas me pareció que estaba bien —contestó Nabiki alzando los hombros—. Además, Nodoka sólo lo hace para enseñarle a Akane cómo llevar una casa correctamente… no pensé que te afectaría que ella hiciera todo.
—No estoy molesta con la señora Saotome, simplemente me he quedado sin nada qué hacer en la casa —comentó Kasumi—. Ya estaba aburrida, pero esa mañana cuando salimos las tres y fui a la nueva cremería, vi que el dueño era alguien conocido.
—Y me supongo él aceptó a darte un trabajo —completó la mediana—, ¿cómo conseguiste ocultarlo?
—Le dije a papá que estaba yendo a un club de lectura por las mañanas y nadie de la casa me ha visto en la cremería —sonrió Kasumi, obviamente complacida de que su plan hubiera funcionado—. He tenido cuidado, sé bien que en cuanto papá se entere de que trabajo en la cremería se preocupará mucho y…
—Y…¿qué más? —preguntó Nabiki intrigada—. Parece que conoces muy bien al dueño del negocio, pero por lo que dices creo que es alguien que no le agrada a papá, ¿quién es?
—Es… Yakkun —murmuró Kasumi bajando la mirada.
—¿Quién?
—Yasukichi, visitó Nerima el año pasado y papá pensó que era un vagabundo.
—...¿El malabarista de huevos? —comentó Nabiki luego de hacer memoria. (1)
—Sí, él.
Nabiki volvió a hacer memoria, y le pareció recordar que su hermana y ese muchacho eran amigos de la infancia pero no lo mencionó, pues no estaba completamente segura de ello. De lo que sí estaba segura era de que si su padre se enteraba que Kasumi trabajaba con ese tal 'Yakkun' terminaría sufriendo un ataque de nervios bastante considerable.
—Papá no aceptará esto, ¿sabes? —dijo Kasumi entonces, como si hubiera leído los pensamientos de su hermana—, él seguramente piensa que Yakkun sigue de vagabundo.
—Probablemente, la vez anterior que nos visitó pensó que definitivamente era un vago.
—Pues no lo es —disputó con firmeza la hermana mayor—, él nunca fue un vago y quiero demostrarle a papá que Yakkun es un hombre responsable.
—¿Y cómo lo harás? —preguntó la mediana, bastante interesada en la reacción de Kasumi.
—Lo ayudaré a que su cremería tenga buenas ventas—dijo Kasumi, mirando a su hermana mientras sonreía—. Creo que es lo mejor que podemos hacer.
—Ajá… —Nabiki ya no respondió y simplemente caminó junto a su hermana en silencio. No recordaba la última vez que Kasumi había decidido hacer algo que no tuviera relación directa con la familia, pero le parecía bueno que hubiera encontrado algo más en qué ocuparse. A fin de cuentas Kasumi era una persona bastante activa, y quedarse sin nada qué hacer en la casa seguramente le había afectado más de lo que estaba dispuesta a admitir. Sobre su obvio interés en este tal Yakkun, sin embargo, prefería no hacer ninguna suposición hasta tener más información sobre el asunto.
—Llegamos —anunció Kasumi, deteniéndose afuera de un local, mirando con cierto orgullo al letrero que decía "Cremería Shinsetsu" colgando de la entrada—. Yo le puse nombre al negocio, ¿sabes? Yasukichi insistió y lo único que se me ocurrió en ese momento fue usar su apellido. (2)
—Creo que le queda bien —contestó la mediana, que no pudo evitar mirar al muchacho de overol verde y camisa blanca que se les acercaba cargando una caja llena de quesos. Definitivamente era el malabarista de huevos, que había vuelto a Nerima para abrir un negocio, aunque al ver la manera en que Yasukichi miraba a su hermana mayor, Nabiki se dio cuenta de inmediato cuál fue la verdadera razón por la que había regresado.
—Hola, Yakkun —saludó Kasumi sin entrar al negocio—. ¿Recuerdas a mi hermana Nabiki?
—Buenos días —dijo Nabiki, inclinándose un poco al saludar. La situación le parecía bastante interesante, y tenía un poco de curiosidad por conocer mejor a este muchacho.
—Buenos días, señorita —contestó él luego de colocar la caja que llevaba en las manos en el suelo—, me parece que no hablamos mucho la última vez que nos vimos, ¿no es cierto? Un placer verla de nuevo.
—Ella me ayudó a calmar a papá cuando le dije que conseguí trabajo —le dijo Kasumi mientras entraba al local como si le perteneciera, caminando hasta detrás del mostrador para tomar un delantal blanco que se colocó sobre su vestido azul—. Perdona el retraso, lamento no haber podido ayudarte a abrir hoy.
—No te preocupes, es sábado y por las mañanas es tranquilo —comentó él al tiempo que comenzaba a acomodar los quesos en un refrigerador—. De hecho creo que si no hay muchos clientes podemos cerrar temprano hoy y hacer inventario de la semana.
—Eso me parece bien —respondió Kasumi acercándose de nuevo—. Así podremos hacer la lista de productos que hacen falta para hacer el pedido, creo que nos falta crema y leche.
—Mi hermano nos traerá huevos de la granja de mis padres el lunes, podremos pedirle lo demás para que aproveche el viaje —dijo él entonces—. Y tienes razón, ya casi no hay crema ni leche, sólo hay suficiente para tres días.
—Ah… Kasumi, si no me necesitas, ya debo irme —dijo Nabiki entonces, esperando hasta el momento en que hubo una pausa. Le había sorprendido la manera en que Kasumi interactuaba con Yasukichi. Pues en cuanto se puso el delantal ambos comenzaron a comportarse de una manera diferente, completamente enfocados en la cremería. Eso le agradó, no se habría sentido cómoda dejando a Kasumi sola con un tipo que estaría perdiendo el tiempo intentando cortejarla en lugar de concentrarse en su trabajo.
—Está bien, Nabiki, gracias por acompañarme hasta aquí —sonrió la mayor—, te veré más tarde, cuídate.
—Fue un placer saludarla —agregó Yasukichi—. Que tenga un bonito día.
—Sí, gracias, igual para ustedes —dijo ella. Una vez que se había alejado un poco, Nabiki se detuvo y se giró para mirar. Pudo ver a Kasumi recibir amablemente a una clienta que entró a la cremería mientras que Yasukichi seguía ocupado acomodando mercancías.
"Es… como si hubieran estado haciendo esto juntos ya por años," pensó, sorprendida por la facilidad con la que su hermana se había sincronizado con el dueño de la cremería después de sólo una semana trabajando con él. "Pero… no es malo, como dijo Kasumi, ahora que la señora Saotome se hace cargo de la casa, ella necesitaba otra cosa qué hacer y… bueno, en realidad hay cosas peores que prácticamente ser dueña de una cremería y además…"
—Además, se ve contenta —murmuró mientras caminaba. Sonriendo, Nabiki no pudo evitar sentirse feliz por su hermana—. Espero todo te resulte bien, Kasumi, te lo mereces.
Sintiéndose de buen humor, la mediana reanudó su camino y no tardó en pasar de pensar en su hermana a lo que en realidad tenía qué hacer; confiaba en que le resultaría bien, pues lo había investigado bastante antes de tomar la decisión de intentarlo.
-0-
Algo después…
Nabiki cruzó uno de los puentes de concreto que atravesaba uno de los muchos canales de Nerima y llegó a lo que era el límite norte del distrito con el siguiente. Era una zona donde había mayoritariamente bodegas, empacadoras y talleres, por lo que normalmente las calles eran solitarias durante las horas de trabajo. Había también algunas calles en las que se podían encontrar ferreterías, restaurantes, bares y algunos locales de comida rápida.
La razón por la que la muchacha estaba en esa zona del distrito era porque había estado haciendo algunas llamadas telefónicas y también hablando con los contactos que le ayudaban a vender algunas cosas en otros distritos hasta que finalmente logró conseguir la dirección de un lugar en donde podría apostar en varios eventos deportivos y ganar una considerable cantidad de dinero. Si bien algunos de sus contactos le habían aconsejado evitar hacer apuestas en este lugar, Nabiki decidió arriesgarse, a fin de cuentas no había vendido fotografías ni información en la preparatoria desde la pelea de Ranma con Manabu y necesitaba recuperar sus ingresos, y le parecía que esta podría ser una manera rápida de conseguirlo, además de que no lo haría de nuevo, o al menos no muy seguido.
Avanzó por las grises y empolvadas calles, pasando por la entrada de varias bodegas y talleres mecánicos hasta llegar a la esquina indicada, por la que dobló y llegó a una calle lateral que daba por su lado izquierdo con el canal y que estaba llena de restaurantes. Había locales de ramen, de okonomiyaki, de yakiniku, de anguilas, de sushi y también una cantina en la otra esquina, pero ninguno de esos negocios le interesaba. Nabiki iba a un local ubicado justo a mitad de la calle, una casa de mahjong que también vendía té y café.
La muchacha se detuvo en la entrada del local y miró por las ventanas antes de decidir entrar. El lugar estaba limpio, aunque no muy bien iluminado y el olor a humo de cigarrillo ya estaba permanentemente impregnado en el ambiente. Había allí doce mesas para cuatro personas sobre las que había tableros de mahjong y en ese momento sólo tres estaban ocupadas. Al fondo había dos mesas de billar en la que dos hombres con los brazos completamente tatuados se ocupaban en un juego y más allá estaba la cocina. A su izquierda estaba el mostrador y, detrás, una puerta en la que se veía un letrero que decía 'administración, exclusivo personal'. Ignorando las miradas de los ancianos que ocupaban las tres mesas de mahjong, jugando mientras bebían té o sake, Nabiki se acercó al mostrador, en donde el obeso encargado del local la miraba con una expresión de enfado. Si tenía que adivinar, Nabiki pensaba que el tipo estaba a punto de decirle que saliera del negocio, y en cierta manera ella también pensaba que quizás sería buena idea salir del lugar, pero ya había entrado así que al menos intentaría confirmar si podía apostar allí o no.
—Buen día —saludó la muchacha—. Vengo a hacer negocios aquí.
—Este no es lugar para niñas de secundaria, mocosa —le contestó el encargado—. Lárgate y ve con tus amigas a comprar pastelitos o lo que sea que hagan ustedes estos días.
—Estoy en preparatoria —corrigió ella sin demostrar ninguna emoción, luego de eso bajó la mirada, se acercó al mostrador y discretamente sacó un montón de billetes de su bolso, los cuales le mostró al empleado—. Y en verdad quiero hacer negocios, he venido a apostar cincuenta mil yenes a favor de los Gigantes en el juego de esta noche contra las Golondrinas.(3)
—Aquí no hacemos apuestas —dijo el hombre—. Sal de aquí.
La puerta de la oficina detrás del empleado se abrió de repente, y un hombre que ya pasaba los sesenta, vestido con pantalones grises y camisa sin mangas que mostraba los muchos tatuajes en sus brazos y hombros, salió y se detuvo junto al mostrador, mirando el dinero con curiosidad y luego a la muchacha que sostenía el dinero.
—Acepta la apuesta de la señorita, quizás es hija de algún trabajador de por aquí —ordenó el viejo, que se cruzó de brazos y esperó mientras el dependiente tomaba la apuesta.
Nabiki tuvo que llenar una hoja donde se enlistaban los partidos de béisbol de ese fin de semana y después permitir que copiaran algunos datos de su identificación de estudiante, (la cual Nabiki había falsificado con datos personales distintos), y finalmente firmó un contrato que luego de leerlo le pareció bastante razonable, ya que si perdía su dinero sólo debería pagar una comisión del cinco por ciento del monto apostado, pero si ganaba podría obtener cincuenta veces la cantidad apostada.
"Y ganar dos millones y medio de yenes es una fantástica inversión," pensó mientras recibía una copia del contrato y a cambio entregaba el dinero.
—Si gana, el lunes podrá venir por su dinero —comentó el viejo al tiempo que encendía un cigarrillo—. Pero si pierde sólo tendrá una semana para pagar la comisión, ¿entiende?
—Sí, por supuesto —respondió Nabiki mientras guardaba el contrato en su bolso—. El lunes vendré por mi dinero.
—¿Confía en que va a ganar? —la retó el dueño del local.
—Estudié bien a los dos equipos —dijo ella—. Estadísticamente es imposible que pierdan los Gigantes.
—En ese caso nos veremos el lunes —sonrió el viejo luego de darle una larga fumada a su cigarrillo—. Hasta entonces, señorita.
El dueño del negocio observó con atención cómo la muchacha salía del local y una vez que se había ido se cruzó de brazos y asintió complacido—. Esa muchacha está bastante bien. Creo que le podremos sacar mucho dinero cuando pierda la apuesta, si no nos paga la venderemos a los burdeles de Shinjuku por varios millones de yenes.
-0-
Algo más tarde…
Nabiki, que había ya caminado por casi una hora haciendo pequeñas pausas para mirar aparadores o descansar, iba ya camino al parque cercano al dojo cuando se dio cuenta que estaba por entrar a la zona de complejos habitacionales de Nerima, y que justamente un poco más adelante estaban los departamentos Nakayoshi, en donde vivía la maestra Hinako.
—Si no me falla la memoria tres edificios más adelante están los departamentos Hinode, y allí es donde vive él —murmuró ella, deteniendo sus pasos frente al edificio Nakayoshi y recordando la información que consiguió cuando leyó el expediente del maestro.
Pensando que podría cambiar de dirección, Nabiki estuvo a punto de hacer un rodeo para evitar cruzar por la zona de departamentos, pero al final siguió adelante. A fin de cuentas si se topaba con él quizás por fin podría convencerlo de que le comprara algo, pues a pesar de sus esfuerzos y de que había seguido hablando con el maestro después de clases, todavía no conseguía que Manabu gastara un sólo yen en ella.
"Y eso es algo que debemos solucionar, ¿no es cierto?" pensó la muchacha, caminando sin prisas hacia los departamentos Hinode. Le quedaban de paso así que si se encontraba con él, pues sería una coincidencia, y si finalmente le compraba algo, pues sería mucho mejor.
Se detuvo un momento al llegar al edificio de cinco pisos con la placa que decía 'Departamentos Hinode' junto a la puerta. La entrada tenía un pequeño jardín y al acercarse un poco más, descubrió que junto a la puerta había un interfono con los nombres de los residentes. Notó por el listado que el edificio tenía veinte departamentos, y que Manabu vivía en el cuarto piso. Una mirada a través de las puertas de cristal le reveló que no había nadie en planta baja, aunque podía ver las oficinas del conserje al fondo junto al elevador. Retrocediendo unos pasos, Nabiki observó la entrada al sótano a su derecha, en donde seguramente estaban estacionados los automóviles de algunos residentes del edificio.
—Me pregunto si tiene auto —murmuró con curiosidad, aunque no se podía imaginar al maestro Manabu conduciendo un automóvil.
Aun sintiendo un poco de curiosidad, Nabiki rodeó el edificio andando con cuidado entre el espacio que separaba a los departamentos Hinode del siguiente edificio y que formaba un callejón de algunos metros de ancho bien iluminado por la luz del sol. Mirando hacia arriba, se concentró en las ventanas del cuarto piso y se preguntó cuál era la de él.
"Oh, bueno, no importa," se dijo pensando que estaba perdiendo el tiempo mirando las ventanas y regresó al frente para proseguir su camino, pues era claro que no vería a Manabu y no podría pedirle que le comprara algo.
Sólo que al alcanzar la calle de nuevo y girar a la derecha para tomar el camino al parque y de allí seguir hasta su casa, Nabiki lo vio saliendo de los departamentos. Llevaba su habitual conjunto de sudadera y pants blancos con amarillo, y cargaba una mochila de gimnasio en la mano izquierda. Por un momento dudó en acercarse, pero antes de tomar una decisión el maestro se giró y pareció sorprenderse de verla allí.
—Señorita Tendo —la saludó mientras se acercaba—, ¿qué hace por aquí?
—Ah… pues, me quedaba de paso, voy de regreso a mi casa —respondió ella al tiempo que se golpeaba mentalmente por no tomar inmediatamente el control de la conversación.
—Muy bien, entonces la veré el lunes en la escuela —dijo él, que comenzó a andar hacia el parque—, que tenga un buen fin de semana.
"¿Por qué me habla así?" Pensó Nabiki, sintiendo una ligera molestia por la manera tan formal en la que el maestro le estaba hablando, pues era algo que ya sólo hacía cuando estaban en clase. No era que le molestara pero… ¿por qué lo estaba haciendo?
—Espera Manabu, yo también voy en esa dirección… —llamó ella, alcanzando al maestro antes de que llegara a la esquina—, podemos ir juntos, ¿está bien?
—Sí, está bien —respondió él, reiniciando el paso cuando Nabiki estaba junto a él, pero sin ningún interés aparente en conversar con ella.
—Supongo que vas al gimnasio —adivinó la muchacha luego de andar en silencio durante algunos minutos en los que no pudo dejar de preguntarse si Manabu no le hablaba porque estaba de mal humor.
—Sí, y de allí iré al Pabellón Korakuen —contestó él.
—¿Para qué irán allá?
—Tengo pelea hoy por la noche, Nabiki —respondió el maestro mientras se ajustaba los anteojos—. Es mi tercera pelea de doce rounds, y creo que podré ganar sin muchos problemas si no me descuido.
—¿Y no es muy temprano para ir al pabellón? —preguntó ella —Apenas son las dos.
—Me dará tiempo de comer algo ligero antes de la pelea —explicó el maestro—. Y prefiero estar temprano para poder prepararme.
"Me pregunto si ya se recuperó de los golpes de Ranma, no ha pasado ni una semana desde ese día, y…" pensó Nabiki, que parpadeó al darse cuenta de lo que acababa de pasarle por la cabeza. ¿Desde cuando se preocupaba por esas cosas? Haciendo la idea a un lado para no comenzar a sentir remordimientos, prefirió pensar en el juego de béisbol de esa noche y en el dinero que podría cobrar el próximo lunes.
—Creo que aquí nos separamos —dijo Manabu entonces, deteniéndose a la entrada del parque—. Hasta luego entonces, Nabki.
—Hasta luego, Manabu —le dijo ella, que sin más le ofreció una sonrisa y se despidió de él levantando la mano—. Suerte en la pelea.
—Te lo agradezco —contestó él, devolviendo la sonrisa, colgándose la mochila al hombro para dirigirse hacia la siguiente avenida, dejando a Nabiki detrás.
Ella lo miró alejarse durante algunos momentos antes de dirigirse al dojo, y sólo fue cuando llegó a la otra salida del parque que se dio cuenta de algo importante.
—Se me olvidó pedirle que me comprara algo —murmuró ella deteniéndose antes de cruzar la calle—. Y está era una buena oportunidad para por fin lograrlo.
Suspirando a causa de su descuido, Nabiki alzó los hombros y reanudó el camino al dojo. ya habría otras oportunidades de sacarle a Manabu algunos yenes. En ese momento tenía otras cosas de qué preocuparse, como por ejemplo si su padre ya se había tranquilizado y también del resultado del partido.
A fin de cuentas, si Manabu ganaba o perdía su pelea de box era algo que no le interesaba para nada.
"Espero que no resienta los golpes que le dio el cuñado durante su pelea…" se dijo al darse cuenta de que si Manabu perdía su encuentro, sería culpa de ella, y muy a su pesar un pequeño tirón de culpabilidad comenzó a recordarle la espalda. "No, no puede ser culpa mía. Si él no me hubiera arruinado las cosas entonces no lo habría hecho pelear con Ranma."
Aunque el pensar eso no logró que la culpa desapareciera, al menos no por completo.
—Esto es culpa tuya, Akane —masculló la mediana, recordando nuevamente lo que su hermana le había dicho en esa ocasión—. ¿En serio crees que no tengo corazón?
Para cuando llegó al dojo Nabiki todavía no podía olvidarse de las palabras de su hermana.
"Cuando quieres sabes cortar hondo, Akane," admitió Nabiki mientras se quitaba los zapatos y los colocaba en el recibidor. "Tal vez sea mejor que hablemos, y…"
Los pensamientos de Nabiki fueron interrumpidos por un estallido que venía directamente de la cocina. Estaba por acercarse a ver qué había sucedido, pero ver salir a su hermana y a la señora Saotome por el pasillo, bañadas en un líquido color púrpura, fue toda la respuesta que necesitaba.
—No entiendo por qué la cacerola de vegetales explotó —dijo Akane ignorando a Nabiki, su atención concentrada en su futura suegra—. Lo lamento mucho señora Saotome, yo…
—Vamos, Akane, no te sientas mal —la animó la mujer, apoyando una mano en el hombro de la muchacha—, ya casi consigues terminar un guisado, ¡vas mejorando!
—¿Usted lo cree?
—¡Claro que sí! —dijo Nodoka—, la próxima vez estoy segura de que recordarás que no debes intentar agregar aceite vegetal y vino tinto sin bajar la flama antes, es un error que podría cometer cualquiera.
"Bueno… supongo que será mejor que hablemos mañana," pensó Nabiki mientras observaba a Nodoka y Akane. "No tiene caso decirte algo que te moleste y arriesgar a que la señora Saotome se ponga de tu parte y no quiera cocinar la cena de hoy."
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Gracias por leer este nuevo capítulo. A partir de aquí empezamos el segundo arco narrativo de la historia, en el que habrá un progreso importante entre Nabiki y el maestro, además de que en el próximo episodio veremos cómo le fue a Nabiki con la apuesta del partido de béisbol.
Notas:
(1) Yasukichi es un amigo de la infancia de Kasumi que aparece en el episodio del anime que si no me falla la memoria se titula "Un lindo recuerdo".
(2) Shinsetsu significa amabilidad en Japonés.
(3) Los equipos de béisbol referenciados son los Gigantes de Tokio y las Golondrinas de Yakult de Tokio.
