Ya estoy de nuevo, con el tercer capítulo… cada vez tardo más en actualizar, como que ando de bloqueo mental estos días (y casi todos en mi vida)…

Sólo quiero dar gracias a todos los que leen esta historia, pero más aún a aquellos que me regalan un poquito de su tiempo y me mandan un review... me encantan! Y estas personas son:

madgirl008, Sara1308, un usuario anónimo (que me regañó, por cierto... P), Veronika Black, Vivi-G Weasley, atz, Faithfrv.

Dedicado a ustedes, chicas ;)

DISCLAIMER: Harry Potter es propiedad de JK Rowling.

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III. El secreto que me une a ti.

Lentamente, Ron fue despertando… no sabía por qué, pero tenía un dolor de cabeza horrible, y una sensación de irrealidad. No abrió de inmediato los ojos, temiendo el inevitable destello del sol matutino en su rostro, cuando se percató de qué era la sensación extraña: el ambiente estaba saturado del dulce olor de Hermione.

(¡Hermione!) Ante el recuerdo de su amiga, abrió los ojos rápidamente, recordando de golpe que la noche anterior habían dormido juntos (en el sentido estricto de la frase, por supuesto), temiendo y a la vez deseando que ella estuviera ahí… pero no, se encontraba solo, con todas las ropas de cama revueltas y las almohadas en el suelo. Sorprendido de que no hubiera sol (era madrugada todavía), recogió sus almohadas y se dispuso a dormir nuevamente.

Hermione… el nombre se le antojaba irreal, al igual que el delicioso aroma que despedían las sábanas, las almohadas. Incluso su camisa del pijama olía un poco a ella. Sonrojándose, la rememoró como la había visto unas horas antes, angelical en su camisón verde agua y con el cabello alborotado a más no poder, la piel suave y los labios rojos. El chico se abrazó fuertemente a la almohada, consciente de que esta incursión de ella en su cama solo hizo que le gustase muchísimo más.

Cerró los ojos un momento, pensativo. El que ella se comportara de esa manera que empezaba a gustarle (sobre todo por lo impulsiva y alegre), no significaba nada bueno. Era obvio que algo raro le estaba pasando, y le preocupaba el descubrir qué era. Como ya no podía seguir durmiendo, se levantó de la cama aunque apenas eran las seis de la mañana, según comprobó en su reloj de pulsera, se vistió con rapidez y bajó a la sala común, sin hacer nada de ruido. No tenía idea de por qué había bajado, pero al final fue una buena decisión porque al terminar la escalera de caracol se encontró a su amiga sentada en la misma mesa donde él y Harry habían estado jugando ajedrez la noche anterior.

-¡Hola, Ronnie! –saludó Hermione al verlo descender, alegre, cerrando discretamente un cuaderno que tenía abierto frente a ella- ¿qué haces tan temprano por aquí?

-No me digas Ronnie ¬¬ –siseó Ron con voz lúgubre (¡qué necia!).

-Je, bueno, Bil¿te caíste de la cama? –sonrió culpablemente ella, corrigiéndose.

-¿Bil?

-Tu segundo nombre es Bilius ¿no? –preguntó levantando las cejas, como si eso zanjara la cuestión.

-Ay, olvídalo –resopló Ron negando con la cabeza, ya no estaba tan seguro de que le gustara esta nueva Hermione-. Me desperté y después ya no pude dormir, por eso bajé un rato.

Se acomodó frente a Hermione, poniendo los codos en la mesa y descansando la cabeza entre las manos. Miró la pluma que todavía sostenía ella en la mano, y se sorprendió de que hiciera los deberes a esa hora del día.

-No lo puedo creer, estabas haciendo deberes un sábado en la madrugada –repuso Ron con voz incrédula, lanzándole miradas de extrañeza-, tu sí que no tienes remedio.

-Claro que no es tarea… -dejó la pluma en la mesa y se acercó a él- estoy escribiendo un diario ¿sabes?

-¿Ah si? –Ron no creía que eso le interesara mucho, pensaba que todas las mujeres lo hacían.

-Sí, y debo decir que es de mucha ayuda… -sonaba pensativa, haciendo pausas a cada rato-. Ya no te comenté ayer, el caso es que tiene una semana que me siento un poco extraña.

Ron levantó la cabeza, interesado. Así que ella también se había dado cuenta de que algo no estaba bien.

-¿Extraña¿En qué sentido, o por qué? –preguntó aparentando indiferencia, pero su corazón comenzaba a acelerarse.

-Pues… no sé cómo explicarlo, pero tengo la sensación de que no es normal que me guste tu hermana… nunca me había gustado una mujer, y siento como si no estuviera bien… como si fuera falso¿me entiendes?

Ron hizo una mueca, cerró los ojos (¿"sensación de que no es normal"? por Merlín, esta mujer está mal) y se remarcó con los dedos una ceja, en un gesto que denotaba exasperación.

-Vamos, Hermione, es lo mismo que te dije ayer. Es ilógico que te guste mi hermana, nunca nos habías dicho a Harry o a mí que fueras lesbiana, de hecho hasta pasó lo de –tosió, incómodo- Krum ¿lo recuerdas?

Los ojos de su amiga se iluminaron con las palabras del pelirrojo, y una sonrisa (que no gustó nada al chico) apareció lentamente en sus labios.

(¡Por supuesto! No debo buscar en mi diario lo que pasó esta semana o la pasada… debo leer lo que pasó mucho antes, incluso en cuarto año si es necesario, para saber qué es Ron para mí…)

-Es cierto… -contestó, más para ella que para él-. Pero aún así, tengo la impresión de que algo se me escapa, algo importante.

Ron puso los ojos en blanco y no contestó.

oOoOoOoOoOo

Estaban Harry, Ron y Hermione en el Gran Comedor, desayunando un plato de avena con leche. Harry y Ron, como de costumbre, engullían con avidez de sus platos casi sin pronunciar palabra, pero a ella se le veía distraída.

-¿Qué te pasa, Hermione, sigues preocupada por…?

Pero Ron no pudo terminar su pregunta porque la castaña le dio un pisotón debajo de la mesa, con fuerza y observándolo con una mirada cargada de intención, señalando a Harry con los ojos sin que éste lo notara.

-…tu figura? –completó Ron para no parecer sospechoso, con el pie adolorido y recriminándole en silencio.

-¿Estás preocupada por tu figura, Hermione? –inquirió Harry, sorprendido-. Pero no lo necesitas, estás muy esbelta…

-Jaja –la risa de Hermione sonó un poco falsa (o eso pensó Ron), pero Harry no se dio cuenta-, claro que no, es sólo que Ron se imagina todo eso por lo poco que como ¿verdad Ron?

Ron refunfuñó por respuesta (enfrente de Harry no me dices "Ronnie" o "Bil" ¿eh?), fulminándola con la mirada. ¿Qué no pensaba decirle a Harry lo que estaba pasando? Esto se ponía cada vez peor, ahora Ron tenía que fingir indiferencia frente a su mejor amigo, y si no se cuidaba Hermione era muy capaz de dejarlo cojo a pisotones… (¡Mujeres!).

-Potter ¿podría hablar contigo un momento, por favor? –preguntó con voz neutral la profesora McGonagall, que había llegado detrás de Ron y los sorprendió a los tres por su sigilo.

Harry miró a Ron, extrañado, y se levantó de la mesa siguiendo a la profesora hasta un rincón del Gran Comedor, volteando para preguntarles a Ron y Hermione con el gesto si sabían por qué lo había llamado. Como sus amigos negaron con la cabeza, Harry subió los hombros y se dispuso a hablar con la subdirectora.

-¿Para qué crees que quiera hablar con Harry la profeso…?

Por segunda ocasión, Ron no pudo terminar de preguntarle a Hermione porque ésta se le acercó sobre la mesa y lo reconvino, en voz baja:

-¡Ron! Estuviste a punto de decirle todo a Harry, debes tener más cuidado.

-Pero… ¿qué tiene de malo que Harry lo sepa? Si algo no va bien, él podría notarlo y ayudarnos con el problema, estoy seguro.

-No se trata de si hay o no un problema, Ron –continuó la castaña hablando rápidamente-, se trata de que no quiero que Harry se entere.

-¿Por qué? –Ron tenía el ceño fruncido, él y Harry siempre se contaban las cosas. ¿Qué tenía de malo el que los ayudara con ésta?

-Porque… -Hermione titubeó, contrariada- Uhm… ¡Está bien, te lo digo, no me mires así¡Porque a Harry le gusta Ginny, y sería bastante incómodo para mí que supiera que a mi también me agrada tu hermana!

Ron desvió la vista, su paciencia se estaba yendo al infinito. Para él también era bastante incómodo saber eso, y se lo quiso dar a entender:

-¡Pero no es normal¿Cuántas veces voy a repetírtelo¡No es NORMAL! –la última palabra la dijo justo cuando su amigo regresaba a la mesa y se lo quedaba mirando con una ceja alzada. Ron, ante los labios de Hermione que parecían volverse una fina línea en su rostro, intentó explicarle a Harry, con voz cansada y recargando la frente en su mano-: No es normal que se ponga a dieta, convéncela Harry.

(No hay de otra, si no le quiere decir no hay forma de que se entere. Este será el secreto que nos una, para bien o para mal).

-No es normal, Hermione, come o te haremos comer entre los dos –dijo Harry con voz definitiva, observando el tazón lleno de avena de Hermione, que a esas alturas ya era una masa gelatinosa que no apetecía para nada.

Resoplando, Hermione comprendió que no le quedaba más remedio que terminarse hasta la última cucharada.

oOoOoOoOoOo

Al caer la tarde, Hermione se encontraba en la habitación de las chicas, revolviendo su baúl de arriba abajo, infructuosamente. ( ¿Dónde puse el diario? No puede ser, yo lo dejé aquí…)

Estaba buscando su diario anterior, el que terminara hacía dos semanas. Le urgía encontrarlo porque necesitaba saber muchas cosas, ya no sólo el asunto de Ron, sino el por qué de repente le entraban unas náuseas espantosas o se mareaba un poco (por Merlín, si mi madre escuchase eso creería que estoy embarazada). Tenía la fuerte sensación de que leer lo que había al final de ese diario podía ser la clave de todo, era por eso que lo buscaba como loca.

-¡Eso es! –exclamó triunfante, con el librito forrado de piel café en su mano-. Sabía que lo había dejado aquí, sólo tenía que buscar bien…

Se sentó en su cama, una vez ordenado el baúl, y se dispuso a leer el diario. Lo abrió en la fecha 25 de septiembre, exactamente tres semanas antes de la actual:

"Querido diario:

Hoy no fue un muy buen día. Ron, a pesar de ser prefecto, me causa casi tantos problemas como Fred y George. Decomisamos un disco con dientes volador, y él ya lo quería usar… ¡parece un niño! Pero lo peor de todo fue que Lavender le lanzó una mirada bastante coqueta al pasar junto a él después de eso, y él se la respondió (…)"

Conforme iba leyendo, Hermione abría más y más sus ojos. Su pulso comenzó a acelerarse y siguió pasando páginas, con una creciente sensación de irrealidad. Después de un rato, levantó la mirada y la situó en el cielo, a través de la ventana.

¡No puede ser! pensó sorprendida, ¡estoy enamorada de Ron!