Hola a todo el mundo. Ya está aquí el quinto capítulo, espero que un poco más estructurado que los anteriores… estos días he sentido que el título de la historia no cuadra mucho con ella, pero estoy en la duda de si cambiarlo o no (de todos modos, no he pensado en otro que le quedara mejor)… no sé, igual y me animo.

Pasando a los reviews, sólo quiero decir GRACIAS a todas las que me mandaron una crítica. Es la primera vez que recibo tantos reviews para una historia de Harry Potter, y me hizo mucha ilusión ver que el capítulo anterior les había gustado. Ojalá que este también sea de su agrado.

Gracias por sus comentarios a:

Atzweasley, Yo ( jeje), Mione-weasley, Merodeadora-Chii, Conny-B, Pibi Weasley y Andrea… pero en especial a Irmafran, que también dejaba reviews en mi historia anterior ( gracias por animarte a leer esta también!). Besos a todas.

DISCLAIMER: Harry Potter es propiedad de JK Rowling.

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V. ¡Que alguien la ayude!

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Comenzó a despertar lentamente, casi sin querer, debido al roce que sintió sobre su frente. No abrió los ojos de inmediato, algo en su interior se lo impidió. Fue una decisión acertada ya que unos segundos después de oler el perfume de Hermione y saber que había besado su frente, se percató del nuevo contacto: una suavidad increíble se posó en sus labios, y con un vuelco en el corazón supo que era la boca de Hermione (¡Me está besando!). Al borde del infarto, permaneció con los ojos cerrados, simulando dormir. En su cuerpo pasaban mil sensaciones, todas alucinantes y demasiado agradables a la vez: calidez, emoción, sorpresa, deseo de no separarse de Hermione, su corazón latiendo sin control en su pecho…

Después de lo que le pareció un segundo y una eternidad al mismo tiempo, ella comenzó a separarse. Ron abrió los ojos y observó su rostro a centímetros del suyo, la chica todavía tenía los ojos cerrados y casi podía sentir sus largas pestañas sobre su nariz. Era tan hermosa y le gustaba tanto, que sin pensarlo siquiera hizo lo único que pudo hacer en ese momento: con rapidez, la tomó del cuello y volvió a unir sus bocas, para prolongar aquel contacto que ella había comenzado pero que ahora él iba a terminar.

Hermione abrió los ojos, sorprendida, pero Ron no le dio tiempo de hacer nada más. Con lentitud comenzó a acariciar con sus labios los de ella, saboreando la dulzura de su aliento. Sus mejillas se llenaron de sangre de inmediato, en tanto sus labios seguían midiéndose sin reservas. El pelirrojo entreabrió la boca de Hermione, esperando encontrar algo de resistencia, pero se llevó una grata sorpresa al descubrir que ella correspondía con entusiasmo al beso, con la misma vehemencia que él. Durante un momento mágico no existieron ni la habitación, ni la cama adoselada, ni el tiempo: sólo permanecían los dos chicos que juntaban sus labios en un beso tierno y lento, probándose por primera vez dejando atrás los temores y prejuicios…

Cuando terminaron de besarse Hermione se incorporó, rojísima hasta las orejas, y observó fijamente a Ron. Él la notó demasiado inquieta, y no solamente avergonzada. Un momento después bajó la cabeza, negando imperceptiblemente con ella, y se quitó el edredón de encima, dispuesta a irse de allí.

-Por favor, no te vayas… -Ron se había abrazado a la espalda de la castaña, que ya tenía los pies en el suelo. La sintió temblar ligeramente bajo sus brazos, pero no dijo nada (Háblame, Hermione… quédate conmigo).

Aspirando por última vez la fragancia de su cabello recogido en una trenza, la soltó resignado y Hermione salió deprisa de la habitación, sin mirar atrás y dejando a Ron con cara de tristeza y muy desconcertado. Se tocó los labios con los dedos, aún estaban calientes y hormigueaban con la sensación de la boca de su chica…

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Recostada en su propia cama, Hermione aún se sentía irreal y confundida. ¿Qué estaba pasando? Recordó una y otra vez cómo había sido todo: sus deseos súbitos de besar a su amigo, el besito inocente en su frente y después el primer roce de labios… Ron había despertado y la había besado como nadie lo había hecho, con una ternura que la derritió, y la hizo sentirse transportada como a otro mundo… despertó en ella una ola de sensaciones que no hubiese creído tener dentro, y al separarse de esos labios de miel fue cuando escuchó esa vocecita en su cabeza, la que generalmente guiaba su conducta: "Esto no está bien, no está nada bien. Si lo quieres, no deberías estar aquí…"

Se llevó las palmas de las manos a los ojos, cansada de escuchar esa voz. Todas sus acciones tenían consecuencias, claro que lo sabía, pero es que a veces era tan divino dejarse llevar por el corazón… Con un nudo en la garganta, aceptó lo que ya había descubierto después de leer el diario: te amo a Ron…

No sabía qué había pasado y por qué se había confundido de esa manera al creer que estaba enamorada de su mejor amiga, lo que sí tenía muy claro era que iba a averiguar qué se escondía detrás de sus mareos constantes y toda esa avalancha de sentimientos falsos.

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La mañana del martes, amaneció nublada y con un clima más bien frío. Los primeros vientos del otoño comenzaban a soplar por los pasillos del castillo, y escuchar su murmullo lejano deprimía un poco a Ron. Ya habían pasado dos días desde que Hermione y él se habían besado en la noche, y las cosas entre ellos no iban muy bien. Caminando hacia su última clase de ese día, Harry, Hermione y él iban en silencio, pensativos.

-¿Qué les pasa a ustedes dos? –soltó Harry con voz calmada, sin mirar a ninguno de ellos. Iba caminando entre sus amigos, y esa tensión invisible comenzaba a incomodarlo.

-Nada… -respondieron al unísono Ron y Hermione.

El pelirrojo observó de reojo a su amiga al escuchar su tono desalentador, pero ella seguía sumida en su mundo. Tenía ganas de estar a solas con ella y preguntarle tantas cosas. Debía interrogarla acerca de qué le pasaba, por qué lo evadía de esa forma; o bien el por qué lo había besado primero y después correspondido al segundo beso…

Al finalizar la clase, Hermione recordó que tenían junta de prefectos. Harry y Ron se sorprendieron mucho, era como si ya no le importaran esas cosas a la castaña. Harry se lo hizo saber, con el entrecejo fruncido:

-¿Qué? Tienen reunión de prefectos y no te preocupa que hasta este momento lo recuerdes?

La chica no contestó, sólo lo miró con aire cansado. Harry interrogó con la mirada a Ron, pero desgraciadamente él se encontraba en las mismas. Claro que sabía cosas que su amigo no (por ejemplo, que unos días atrás Hermione y él dormían juntos), pero su actitud tan extraña para todo también a él lo desconcertaba sobremanera. Hermione era la primera en estar pendiente de todo lo relacionado con su función de prefecta, así como se la pasaba tras Ron para que él también asistiera a todo, entonces esta nueva indiferencia lo tenía de cabeza.

Ante el prolongado silencio de Hermione, Harry se despidió de sus amigos y se dirigió a la biblioteca, pues tenía pensado adelantar algunos deberes. Si debía ser sincero, se alegraba un poco de dejarlos solos, quizá así resolverían sus asuntos y todo volvería a ser como siempre.

Avanzando por un pasillo del segundo piso hacia la reunión de prefectos, Hermione y Ron se toparon con Ginny, que se dirigía tarareando a la torre de Griffyndor. Ron se puso alerta de inmediato al ver a su hermana acercarse; a pesar de todo lo que pasara o no pasara entre él y Hermione, no olvidaba que su amiga le había comentado que le gustaba Ginny…

Al pasar al lado de la pelirroja ella los saludó con la mano muy alegre, a lo que respondieron los dos con una sonrisa. Pero el chico inmediatamente notó que la sonrisa de Hermione había sido distante, ensimismada. ¿Qué no le gustaba mi hermana? se preguntó Ron a sí mismo. Esa no es manera de saludar a la persona que supuestamente quieres… ¿será que Hermione cambió ya de idea?

Las dos horas que duró la junta, permanecieron en su inmutable silencio. Ron seguía dándole vueltas al hecho de que Hermione se mostrara tan distante con Ginny, mientras Hermione era un mar de confusión e incertidumbre: ¿ahora cómo voy a comportarme con Ron?

Cuando regresaban a la torre para sentarse un rato en el fuego y después comenzar los deberes, Hermione se dobló un poco sobre sí misma mientras se llevaba las manos al estómago. Ron volteó a verla de inmediato, y lo asustó la palidez de su amiga.

-¿Hermione, te sientes bien? –preguntó al sostenerla pues se había quedado parada y con los ojos cerrados.

-Ron, tengo ganas de vomitar…

Dicho esto se echó a correr al baño más cercano, que era el que antes usara Myrtle. Ron la siguió y la esperó afuera, preocupado por la repentina arcada de Hermione. Además de todo lo que ya era extraño, estas náuseas que de un tiempo para acá había observado en la chica tampoco eran precisamente normales. Junto a la puerta del servicio de niñas, el pelirrojo vió salir a Hermione. Estaba sin color, con las mejillas un poco hundidas, y le confió a Ron en un susurro, recordándole a su amiga de unos días antes:

-Ronnie, tengo el presentimiento de que me están envenenando.

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Harry se encontraba en la biblioteca buscando libros para su redacción de Defensa contra las Artes Oscuras. Esa materia siempre había sido su favorita, pero este año que la impartía Snape estaba siendo la excepción. Snape siempre era desagradable con él, y ahora se dedicaba a arruinar su materia predilecta con montones de deberes e investigaciones. Refunfuñando porque no encontraba información, se puso en cuclillas para buscar en la hilera de abajo, quizá esos libros contendrían algo que valiera la pena.

Mientras pasaba el dedo por entre los polvorientos volúmenes que estaban casi a ras del suelo, observó a través de la estantería que un par de alumnos se acercaban con rapidez y sigilo, se colocaban justo del otro lado de él y comenzaban a hablar rápidamente y en susurros. Eso no debió haberle llamado la atención, todo el mundo hablaba en la biblioteca aunque la señora Pince se enojara, pero un retazo de conversación fue la que lo hizo poner atención:

-Exacto, le puse la pastilla vomitiva a la sabelotodo en el jugo de la comida. La muy tonta no se dio cuenta, porque se lo encargué a un novato de primer año.

-Pero esas pastillas hacen efecto de inmediato… ¿cómo sabes que aún no ha ido al baño?

Harry notó que la primera voz había sido de mujer (aunque era un tanto áspera y masculina), la que había mencionado la palabra "sabelotodo", en tanto que la persona que respondía sonaba como chico. Desde su posición Harry no distinguía quiénes eran ni nada que lo ayudara a conocer su identidad, sólo sabía que eran Slytherins porque sus bufandas a rayas verdes y plateadas se distinguían entre las estanterías, dentro de su limitado campo visual.

-Lo sé porque le puse un hechizo protector, que se disolvía en un determinado tiempo… -continuó la primera voz, un tanto impaciente-. Tiene que hacer efecto en unos diez minutos a lo sumo, que es cuando sale de su junta de prefectos.

-Con ella también irá Weasley… ¿qué piensas hacer? –se escuchaba que el chico no estaba muy convencido con el plan, y Harry aguzó más el oído porque era bastante alarmante enterarse que pensaban hacerle algo a sus amigos.

-Eso se resuelve en el momento… lo importante es sorprenderla cuando vaya al baño, estoy segura que irá a los servicios del segundo piso porque son los más cercanos al lugar donde se encuentra.

-Entonces vámonos ya, que si no nos damos prisa ya no la vamos a alcanzar….

Harry los escuchó alejarse apresuradamente, su mente intentando asimilar en un segundo lo que acababa de escuchar.

"¡Tengo que ir a ayudarlos!", se dijo y salió corriendo de la biblioteca, con la mochila en su mano derecha (la cual había tomado con rapidez de la mesa) y los ojos de la señora Pince amonestándolo por su comportamiento tan impropio en ese lugar.

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En el segundo piso, afuera del baño de chicas, Ron escuchaba un tanto incrédulo el comentario de Hermione. ¿Envenenando? Eso se le hacía demasiado… aunque bien podría ser, quizá era la explicación a todas las situaciones tan ilógicas y sin sentido que les estaban pasando últimamente.

Antes de abrir la boca siquiera para preguntarle a su amiga por qué creía una cosa semejante, captó los ojos castaños de ella abrirse y a continuación sintió una golpe agudo en la cabeza, detrás de él. Su vista se nubló y comenzó a caer, con un dolor sordo en la nuca y a la vez una punzada de miedo en el estómago al ver a Hermione gritar y ser silenciada por una sombra que se paró frente a ella, mientras otra la llevaba a rastras al baño.

Impotente por no poder hacer nada, en el momento en que sus ojos se cubrían de oscuridad escuchó a lo lejos la voz de su amada pedirle ayuda, y su corazón sólo pudo exclamar una frase: "¡Que alguien la ayude!"...