Mi Diosa
Caminando por la calle te recuerdo, no puedo más. En mi mente esta grabada tu figura, tu silueta, la forma en que caminas, la manera en que me besas; tengo que llegar. Apresuro un poco más mi firme paso, casi corro, vuelo. El sonido de mis pisadas contra el asfalto mojado por la lluvia me ensordece; ya estoy muy cerca, tu olor me embriaga. Al vislumbrar tu casa, mi casa, tu figura inunda mi cabeza, de nuevo; ya no quiero esperar. Abriendo la puerta de golpe entro lo más rápido posible hasta que las escaleras me obstaculizan, las recorro deprisa, voy directo a tu habitación. Aunque mi corazón late con fuerza abro tu puerta lo mas despacio que puedo; la emoción se ha apoderado de mi. Al estar dentro tu habitación, de nuestra habitación, te veo. Los cielos deben estar enfurecidos, eres una Diosa y te escapaste de ellos. Tu cuerpo recostado sobre la cama me enseña la espalda; tus formas entran por mis ojos para recorrer entero mi cuerpo como si un rayo fuese. Por Dios, eres lo más sensual que existe. Tus rizos castaños manchan el perfecto blanco de las sabanas y al parecer a ti ni te inmuta…no, así esta bien, que no te importe, no te muevas, me deleitaré. Sin disimulo alguno paso mi mirada desde tu enmarañada cabellera, pasando por tu espalda, esa espalda cubierta por una delgada y transparente bata de encaje rojo que deja desnudos tus hombros, prosigo con el camino; al llegar a tu cintura, esa cintura que me como a besos inexistentes, imaginarios; tus caderas prominentes me hipnotizan, y ni hablar de tus piernas torneadas que me idiotizan y me hacen querer pecar lo más pronto posible. Me excitas, estas dormida y me excitas. Lentamente me quito los zapatos y la chaqueta, el calor de tu cuerpo dormido me ha invadido. Me acerco a ti, a tu cama y me subo en ella tratando de no hacer movimiento brusco alguno; lo hice, sin querer lo hice, te levante. Por Dios¿para que lo hice? Lo único que logré fue que tu cara aún adormilada volteara; un poco confusa, me descubres y me brindas la más calida de las miradas, me insitas, me sonríes, sabes lo que anhelo y al parecer tu también lo quieres. Tus pechos, desafiantes, apuntaron hacía mí discriminantes, acusando a quien había interrumpido su letargo. ¿Qué le hiciste a Dios para que se enojara contigo? Que los ángeles bendigan tu delgada, pequeña y transparente bata, porque yo no. Al parecer has comprendido todo y me miras sonriendo, tus ojos bailan ante mi cara, me besas, de verdad me besas. Demasiada sensualidad ante mis ojos, quiero poseerte, solo yo puedo hacerlo, ni siquiera Dios tiene derecho. Volteas tu cuerpo completamente hacía mi, perfección, solo eso. Gateas un par de pasos desbordando sensualidad con ellos hasta llegar encima mí, me tienes a tus pies, soy tuyo, lo que quieras. Poco a poco vas a ejerciendo más fuerzas hasta dejarme completamente acostado sobre la perfecta cama, todo contigo es perfecto, excelso. Es indescriptible la sensación de tus voluminosos pechos sobres el mío, y más aún si empiezas a frotarte de la manera en que solo tú lo haces. Tus manos empezaron a explorarme como ya muchas veces antes, pero no importa cuantas, cada una es mucho mejor que la anterior. Eres una bruja, tus dedos hacen magia e incluso maravillas. Reconozco tus manos en mi cara, mi pecho, mi abdomen, mis piernas, te deleitas, me tienes loco. Sin poder contenerme un poco más hago un hábil movimiento que me deja sobre de ti, eres bella. Mi movimiento te sorprende, te ríes, te ves angelical y completamente indefensa. Me encanta esa expresión tuya, me hace sentir que me necesitas para protegerte, para cuidarte, para tenerte entre mis brazos, para hacerte mía, para poseerte.
Continuará...Esperenlo con ansias, tan solo como él.
