Hey... tanto tiempo sin leernos! (digo, porque ustedes me honran con leer mi fic mientras que yo los leo en sus reviews!). Este capítulo no estaba pensado antes de enero, sin embargo terminé lo más urgente del trabajo y me apuré a redactar la continuación... más de un mes es mucho tiempo!

Antes de dejarlos con el chapi, quiero mandar muchos saludos y besos a:

Ana, Merodeadora-Chii, Tridjia, Conny-B, Faithfrv, Atzweasley, Irmafran, Veronika Black, Zio, Valeh y Catalina Rhr.

Sus comentarios me alegran el día y me animan a continuar:D

DISCLAIMER: Harry Potter es propiedad de JK Rowling.

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VI. ¿Crees que me importa?

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-Ronnie, tengo el presentimiento de que me están envenenando –le comentó Hermione a Ron con la cabeza dándole vueltas. Aunque tenía muchas náuseas no podía vomitar, quizá porque tenía varios días de estar comiendo muy poco.

Había salido del baño y le hablaba a Ron desde la puerta de los servicios. El pasillo estaba casi desierto, a excepción de dos estudiantes que doblaban la esquina hacia donde estaban ella y el pelirrojo. Hermione los vió con el rabillo del ojo, parecían dos sombras que se deslizaban, pero no les prestó mucha atención porque en ese momento lo importante era descubrir qué pasaba con ella.

Ron meditó el comentario que le hiciera, un tanto incrédulo… Hermione bajó un poco la vista, incómoda. Hasta a ella le sonaba un poco paranoico creer algo así, sin embargo no había otra explicación a lo que pasaba. Cuando el pelirrojo iba a dar su opinión buscó sus ojos, y se sorprendió al ver una sombra detrás de él...

La castaña iba a alertar a su amigo, sin embargo el estudiante apostado detrás ya lo había golpeado y el pelirrojo se desmayaba lentamente, mirándola al caer. Se notaba muy preocupado, y Hermione gritó confundida. No pudo terminar de hacerlo porque la otra sombra se irguió ante ella, imponente:

-¡Cállate Granger!

Hermione no podía distinguir el rostro de la persona que le hablaba, ya que tenía puesto su sombrero de pico y le hacía sombra en la cara; pero sí notó que tanto ella como la otra sombra llevaban una bufanda a rayas plateadas y verdes… (¡Slytherins!). Le había hablado con voz metálica, en un susurro que le provocó un escalofrío. Observó al pasillo para ver si encontraba a alguien que la ayudara, pero únicamente estaba Ron, que luchaba por no perder la conciencia. Con el temor en el estómago por saber cómo estaba su amigo, se sintió arrastrada al interior del baño por la otra persona.

-¡Ayúdame, Ron…! –alcanzó a exclamar antes de que la primera sombra, la que le había hablado, la silenciara con su mano al cerrar la puerta tras ellos.

Dentro del baño, la persona que la arrastraba la empujó de espaldas a la pared y la sujetó con fuerza contra los azulejos, mientras la primera sombra (la más alta), se acercaba a ella hurgando en los bolsillos de su túnica. Hermione iba a gritar nuevamente, pero la persona delante de ella sujetó con fuerza su barbilla para impedírselo.

-Guarda silencio, sabelotodo –repuso con un siseo despectivo la sombra, levantando la cabeza.

Cuál fue la sorpresa de Hermione al encontrarse cara a cara con Millicent Busltrode, una compañera de Slytherin. La castaña intentó zafarse, pero la otra chica la aprisionaba con fuerza, y seguía hablando cada vez con más vehemencia:

-¿Tienes miedo, eh? Lo noto en tus ojos –soltó una risita un tanto perversa, aún sin soltar su mandíbula-. Esto y más te mereces por interponerte entre Weasley y yo. Y todo habría salido ya de no ser porque siempre estás tras él, siempre molestando. Ni siquiera fue suficiente que te diera una poción para odiarlo, al final terminaste enamorándote de su hermana. Eres una estúpida…

Hermione abrió mucho los ojos, no estaba asimilando bien las palabras que escuchaba¿Millicent estaba enamorada de Ron?. ¿Había sido ella la culpable de que creyera que sentía algo por Ginny? Todo daba vueltas alrededor suyo, pero intentaba concentrarse en lo que seguía diciendo Bulstrode, así como en pensar en la manera de escapar de eso.

-…también él es un idiota, mira que fijarse en ti teniendo la oportunidad de estar con tantas otras chicas –continuó con el monólogo su captora, con un brillo insano en los ojos. La castaña estaba al borde del pánico, y el dolor en la mandíbula empezaba a parecerle insoportable-. Pero eso ya no es ningún problema, ya que no volveré a dejar cosas incompletas.

Cuando Milicent terminó, levantó hasta su boca una botellita que contenía un líquido oscuro, reflejando la luz de las antorchas del baño. La destapó y se la acercó a los labios, sonriendo con malicia al notar la expresión aterrada de Hermione. La sombra que mantenía sus manos inmóviles se revolvió, inquieta, mientras inquiría con voz ronca y un tanto preocupada:

-Espera ¿cambiaste la poción?

-Claro que no, sólo le agregué un ingrediente especial…

-Pero la botella decía no mezclar, es peligroso que se la des así –manifestó Nott alzando la cara hacia su amiga-. ¿Qué no ves que puedes dañarle la mente?

-¿Crees que me importa? –replicó con desdén ella, lanzándole una mirada glacial al chico-. Tú limítate a sostenerla, yo me encargo del resto.

Con los dedos, abrió la boca de Hermione a la fuerza. Vació lentamente el líquido viscoso, lo que provocó arcadas en la chica. La obligó a tragar parte de la poción, que sabía asquerosamente dulce. Presionando su cabeza contra la pared, levantó su mentón para que tragara lo demás, susurrando con satisfacción:

-Cuando despiertes, Granger, ya no recordarás nada. Ni a Weasley, ni a nosotros, ni esto…

Una vez se hubo asegurado que la castaña había ingerido toda la poción, soltó su rostro y la observó deslizarse hasta el suelo, libre también de la opresión de su amigo.

-Tenemos que irnos, el pelirrojo podría despertar –apremió Nott avanzando hacia la puerta con nerviosismo, escuchando a través de ella.

-Claro, vámonos.

Sentada en el suelo del baño casi inconsciente, Hermione los observó irse en medio de una niebla que envolvía todo, notando un lacerante dolor en su pecho que amenazaba con ahogarla. Pero el dolor no se debía a la poción que había tomado, ni a la presión que habían hecho en su cuerpo al sujetarla; lo que dolía era pensar que iba a olvidar a Ron nuevamente, después de todo el esfuerzo que le había tomado el recordar que lo amaba…

¡No será así, Ronnie! Yo te amo y no te olvidaré…

Con las últimas fuerzas que le quedaban, y antes de desplomarse inerte, alcanzó a escupir un poco de la poción que había logrado no tragar.

oOoOoOo

Harry corría todo lo que podía, sin embargo le parecía que iba muy lento. Maldecía sin cesar por haberse topado con Malfoy en el camino, ya que el imbécil del rubio le había hecho perder mucho tiempo con sus estupideces, adrede, al notar que llevaba prisa (Resistan, no tardo…).

Al doblar el pasillo para llegar al baño de Myrtle, distinguió al fondo el final de dos bufandas pertenecientes a dos alumnos de Slytherin, probablemente los que había escuchado en la biblioteca. Dudando entre seguirlos o no, se detuvo de inmediato afuera de la puerta de los servicios al ver al pelirrojo tendido en el suelo.

-¡Ron! –llamó Harry al inclinarse sobre él, sacudiéndolo para que despertara. Al comprobar que sólo estaba desmayado, se incorporó y entró con rapidez a los baños, temeroso de lo que pudieran haberle hecho a Hermione; después de todo ella había sido el objetivo de los Slytherin.

Cuando abrió la puerta localizó a su amiga tumbada sobre un costado, en un rincón del baño. Acercándose a ella, también intentó despertarla pero no lo consiguió, entonces se arrodilló para levantarla en brazos cuando la puerta se abrió nuevamente con fuerza, sobresaltándolo y provocando que sacara la varita dispuesto a atacar.

-¡Yo la llevo!

Harry se sorprendió al observar a la persona que le hablaba con voz ronca: era Ron, que había recobrado el conocimiento y se encontraba en el quicio de la puerta con los ojos rojos y varita en mano. Potter no sabía si era porque lo observaba desde el suelo, o por lo extraño de la situación, pero verlo de pie en toda su estatura y con esa cara de determinación lo intranquilizó.

-Ron ¿te sientes bien? –exclamó Harry cuando su amigo avanzó hacia ellos, colocándose al lado de Hermione.

Ron no contestó, sólo miraba con atención a la castaña. Harry se sintió incómodo ante esa visión: Hermione en el suelo, y su amigo observándola con insistencia, podría decirse que con amor… Sintiendo que invadía el espacio de Ron al mirarlo, regresó la vista hacia ella y se sorprendió cuando vió al pelirrojo limpiar con el dedo el rastro de un líquido oscuro que salía de la boca de la chica, para después acercarlo a sus ojos.

-¿Qué haces?

-¿Tienes algún frasco o lo que sea, para guardar esto? –preguntó Ron con voz ausente, dirigiéndole una mirada vacía.

-Eh… -titubeó Harry. No entendía nada, pero se apresuró a buscar en su mochila hasta que encontró un pequeño frasco que contenía algunas escamas de lagartija que había usado en su clase de pociones. Después de vaciar las escamas en su mochila, entregó a Ron el frasco-. ¿Qué está pasando, Ron?

-Ni idea… lo que sé te lo explicaré en la sala común, ahora tenemos que llevarla a la enfermería.

Y sin darle tiempo a replicar, Ron tomó entre sus brazos a Hermione con todo cuidado y caminó al pasillo, posando sus ojos otra vez en la castaña. Harry se encontraba bastante confundido, esos gestos de Ron así como su firmeza y valor lo descontrolaban un poco. Además, tampoco le parecía buena idea que llevara a Hermione después de que hacía un momento estaba inconsciente, pero había algo en su amigo que le impidió decírselo, por lo que se limitó a seguirlo hacia la enfermería.

Los pocos alumnos que había en los pasillos los miraban con curiosidad, pero ellos sólo tenían ojos para Hermione. En el camino, Ron le pidió a Harry que no dijera nada de lo que había ocurrido, únicamente dirían que se había desmayado en el baño. El chico de lentes aceptó, no sin antes decirle:

-Pero necesito que hablemos de esto, Ron.

El pelirrojo aceptó en silencio, apretando los labios y acelerando el paso.

oOoOoOo

Harry y Ron estaban en la sala común, dando vueltas desesperanzados. La señora Pomfrey los había enviado a acostarse, ya que su amiga no despertaría pronto. La había revisado y concluido que estaba agotada por el estudio, y que tenía demasiadas presiones como prefecta y se le notaba muy delgada. Ellos habían favorecido esa historia argumentando que no comía bien y se desvelaba mucho, por lo que sólo le administraron un reconstituyente y esperarían a que al día siguiente recobrara el sentido.

En ese momento se encontraban solos, y afortunadamente nadie había reparado en que faltaba Hermione por lo que no hubo más preguntas que las que se formularon entre ellos. Cada quien había dicho lo que sabía (claro que Ron omitió algunos detalles, por ejemplo el que a la castaña le gustaba Ginny o que habían dormido juntos dos noches), para así llegar a la conclusión a la que había llegado su amiga unos momentos antes: alguien la estaba envenenando. Ron también le relató a Harry las extrañas náuseas de la castaña, así como la sensación que él tenía de que actuaba como si quisiera conocerlo, como si no estuviera muy segura de quién era él para ella… Harry se había mostrado bastante impresionado por todo, sin embargo lo había intentado tranquilizar, al verlo tan inquieto (aunque sin éxito, claro).

-Préstame tu capa –pidió Ron apesadumbrado tras un prolongado silencio por parte de ambos.

Al entregarle la capa, Harry le pidió que tuviera cuidado y le deseó suerte con una palmada en su hombro. Ron esbozó una ligera sonrisa, y se marchó de la sala común mientras se volvía invisible.

Una vez que llegó a su destino, abrió con todo sigilo la puerta de la enfermería, colándose y volviendo a cerrar con cuidado. La única que estaba dentro del lugar era Hermione, esa noche nadie más estaba enfermo (o al menos no en la enfermería). Colocándose al lado de ella, se hizo visible al quitarse la capa y acercó un banco a la cama, sintiendo un nudo en la garganta.

No pude protegerte, Hermione…

Sentado a un costado de la castaña, tomó su mano con suavidad y depositó un ligero beso en ella (Está tibia, como siempre). La chica se veía muy apacible dormida, con el rostro relajado y sus cejas enmarcando sus delicadas facciones. Sus mejillas estaban un poco hundidas y se le veía algo pálida, pero aún así para Ron era la niña más hermosa que había visto en su vida. Con los labios sonrosados descansando en una ligerísima sonrisa, Ron sintió ganas de besarla.

¡Soy un tonto! se reprendió a sí mismo, negando con la cabeza avergonzado. Hermione fue envenenada y lo único que pienso es en probar su boca nuevamente… soy un pervertido.

Sumido nuevamente en sus pensamientos, se enderezó de pronto cuando observó un leve movimiento en sus párpados cerrados. Con su pulso comenzando a acelerarse, apretó su mano al verla levantar las cejas con lentitud, recobrando poco a poco el conocimiento. Cuando hubo despertado por completo, la castaña reparó en Ron y arqueó las cejas, un tanto sorprendida.

-Disculpa… ¿quién eres tú? –preguntó con voz dulce, retirando la mano que se encontraba entre las suyas.