Disclaimer: Naruto y todos sus personajes siguen siendo propiedad de Masashi Kishimoto TT_TT
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Naruto
Nada más abrir la puerta de casa, se vieron recibidos por la gata, caminando de lado a lado del pasillo con el rabo en alto, y maullando como saludo. Enseguida Sasuke se agachó a su lado para acariciarla con mimo.
—¿Qué pasa?
—¡Miau!
—Sí, ya lo sé… —la agarró de la cabeza con cuidado para darle un beso.
Tan sólo pudo sonreír con afecto al verlo así con Cleo. Era como si el animal fuera de verdad una persona, y estuvieran manteniendo una conversación realmente importante.
Y cuando Sasuke alzó la cabeza para mirarle a él…
Sintió ese 'pang' al ver su sonrisa dulce mientras la cogía en brazos y la acunaba para seguir llenándola de besos.
—Al final me voy a poner celoso —comentó con fingida aflicción, al tiempo que le acariciaba la cabeza a la minina.
—No seas bobo —rió por lo bajo.
De pronto, aquélla se retorció en su regazo, Sasuke la dejó caer al suelo, y la siguieron hasta la cocina.
No pudo evitar quedarse mirándole el culo cuando Sasuke se alejó de él, hacia la galería, y luego cuando volvió a salir para agacharse y echarle la comida a la gata. Pero se recuperó rápido de su abstracción, recordando cómo Sasuke se había quedado igual de embobado esa tarde, después de que comenzaran a charlar tras traer las bebidas…
Regresándole la curiosidad, se metió las manos en los bolsillos y se apoyó en la encimera, toda su atención puesta en Sasuke y los gestos que pudieran delatarle.
—¿Qué te dijo Kiba cuando fuisteis dentro?
Durante unos cuantos segundos, Sasuke permaneció en silencio al tanto que acariciaba a Cleo por el lomo.
—Nada importante —respondió en un susurro.
"Nada importante… unos cojones", replicó en su interior, suspirando profundamente.
Ya cuando le preguntó al regresar con las cervezas, lo vió con cara de circunstancia. La misma que se le estaba poniendo ahora. ¿Qué le había dicho el anormal de Kiba para que se pusiera así?
Estaba a punto de seguir interrogándole cuando Sasuke dio un profundo suspiró al tanto que se ponía en pie.
—Tenemos que hablar —dijo Sasuke con gravedad.
"No…", lamentó para sus adentros.
Odiaba con toda su alma esas tres palabras. Nunca traían nada bueno.
¿Ya se había cansado de él? ¿Era por sus amigos? Sabía que entre Ino y Kiba podían haberlo agobiado… Pero si era necesario, hablaría con ellos para que le dejaran en paz si alguna otra vez quedaban todos juntos. O si Sasuke lo prefería, podía irse con sus amigos y no tener que aguantar a los suyos.
Pero por favor… Que no fuera lo que creía que le iba a decir.
Con exasperante lentitud, Sasuke se acercó a él y le pasó la mano brazo arriba, antes de darle un apretón y encaminarse fuera de la cocina.
Naruto cerró los ojos y respiró hondo, mentalizándose de que no tenía que reaccionar, fuese lo que fuese que le dijera. Su padre siempre le decía que dos no pelean si uno no quiere, así que debía templarse porque por nada del mundo quería discutir con Sasuke.
Con resignación, siguió los pasos del otro, se dirigió al salón, y se sentó a su lado en el sofá, reposando todo su peso contra el respaldar. De repente fue como si le regresara todo el cansancio de la semana. Entonces Sasuke se giró hacia él, subiendo una pierna sobre el cojín y acomodándose de lado contra él. Pero no le dirigió la mirada. Le puso incluso más nervioso que le envolviera la mano con las suyas y comenzara a jugar con ella, agarrándola y dejándola caer en peso muerto, una y otra vez.
Sin embargo, de pronto sintió como si en lugar de que Sasuke quisiera echarle en cara algo, estuviera buscando esconderse. Como cuando Menma venía corriendo a acurrucarse a su lado cuando tenía una pesadilla.
Algo se le removió por dentro al ver a Sasuke así. Todas las dudas que había tenido antes quedaron a un lado, comenzando a preocuparse por él.
—Sasuke —lo llamó cuando no pudo soportar más la espera. —¿Qué pasa?
Si bien aquél no parecía que fuera a responder en breve, así que Naruto se removió para llegar a ponerle la mano en la cara, y con cuidado le hizo levantar la cabeza. Y no le caían las lágrimas… pero notaba sus ojos acuosos, mordiéndose el labio con la respiración contenida.
Sólo pudo apretar los labios, llevando la mano en una caricia a su nuca para atraerle y abrazarle. ¿¡Qué demonios le había dicho Kiba!? Si era culpa suya que Sasuke estuviera así de afectado… Le iba a escuchar. Vaya que sí le iba a escuchar.
—Sasuke, dime que Kiba no tiene nada que ver con que estés así porque te juro que le parto los dientes —dijo con el mal humor creciente, abrazándole más firme.
—No —negó con la cabeza.
"Bien…", respiró aliviado.
Ciertamente, sabía que Kiba podía llegar a ser un incordio en ocasiones, pero seguía siendo su mejor amigo y no quería tener que pelearse con él.
Así pues, más calmado de que el problema no fuese a causa de su amigo… e intuyendo que tampoco era lo que había pensado en un principio, permaneció en silencio a la espera de que Sasuke se recuperase, dándole caricias por la espalda, y algún que otro beso en la sien de vez en cuando.
Tal vez pasó un cuarto de hora cuando aquél aspiró con fuerza por la nariz, apartándose un poco al lado, pero no lo suficiente como para perder el contacto físico, pues se encorvó un tanto, apoyando la frente contra su hombro.
—Mi familia no sabe nada aún —le dijo con la voz un poco áspera.
Incrédulo de que fuera sólo eso el problema, observó cómo la mano de Sasuke se coló por debajo de su brazo, buscando entrelazar los dedos con los suyos.
—No pasa nada, Sasuke. A mi madre le cuento todo lo que me pasa cada vez que nos juntamos, pero no hay prisa.
—Me refiero —tomó una bocanada de aire—, que mis padres no saben que me relaciono también con hombres. Mi padre es bastante homófobo.
Como si le echaran encima un balde de agua fría, Naruto se quedó inmóvil, notando cómo le apretaba la mano cada vez más fuerte. Una sensación desagradable le recorrió el cuerpo sólo de pensar que Sasuke no podía contarle estas cosas a su familia. Por miedo. ¿Cómo podía haber nadie que generase tanto miedo en sus hijos como para cohibirles de simplemente… ser?
—Lo siento, Sasuke —le devolvió el apretón.
Y de nuevo, el miedo de antes lo oprimió con más fuerza.
¿Quería decir que no podrían tener nunca una relación estable? ¿Que no podrían… vivir juntos? Ya ni qué hablar de casarse…
Aquel se encogió levemente de hombros, y se pasó una mano por la nariz.
—Espera que ahora vengo —le dijo tras darle un beso en la cabeza.
Sin demora, se fue directo a la cocina para hacerse con el servilletero, se lo llevó al salón, y lo dejó sobre la mesa baja de centro que había frente al sofá, entregándole un par de servilletas a Sasuke al tiempo que volvía a sentarse junto a él.
Ahora empezaba a comprender la reacción que tuvo la noche que se conocieron. Aunque también era cierto que a la luz del día, tampoco es que se molestara mucho en esconderse. Cuando iban al parque con Menma, siempre le daba algún tipo de muestra de afecto, bien fuera darle un beso, cogerle de la mano, o alguna caricia por el hombro o la cabeza. Nada obsceno, pero sí podría llamarlo afectivo, cariñoso. Sasuke era muy cariñoso. Mucho más de lo que su apariencia dejaba ver.
Ahora se daba cuenta que era más sensible de lo que había creído también. Al menos en lo concerniente a este tema. Casi pareciera un pájaro herido buscando un lugar oscuro y apartado donde cobijarse, lejos de donde pudieran encontrarle y herirlo, así como estaba medio encogido contra el sofá, apoyando la cabeza de nuevo en su hombro.
Y aunque sentía como si se le clavaran cien mil agujas en el pecho…
Necesitaba preguntarle, porque no quería andarse con rodeos a estas alturas de la vida.
—Entonces… ¿Significa esto que no quieres salir conmigo en serio?
Haciendo un esfuerzo consciente, Naruto mantuvo su respiración pausada mientras le sostenía la mirada cuando al fin alzó la cabeza.
—¿Qué?
—Quiero decir que si sólo quieres que nos veamos de vez en cuando.
—No —respondió de inmediato, aparentemente confuso. —No, Naruto, no quiero dejar de quedar contigo.
Más que una afirmación, casi parecía una súplica con ese tono de voz quebrada, y algo se le removió por dentro cuando vió que le cayó una lágrima, mirándole casi sin pestañear, y apretando los labios. No sabía si sentirse aliviado por ello, ya que al menos Sasuke parecía sincero.
Pero no podía dejar de sentirse agitado por verlo llorar. Provocaba que se le hiciera un nudo en el pecho a él también, y no podía soportarlo.
Por eso se ladeó y lo abrazó con fuerza, respirando profundamente para oxigenarse y tratar de no contagiarse de su estado de ánimo, aunque era algo complicado pues podía notar bajo sus brazos la respiración alterada de Sasuke. Lloraba en silencio, sin dejar escapar el llanto, como si fuera algo normal para él.
No tenía ni idea de en qué podría estar pensando, qué cosas podrían haberle ocurrido, para provocarle tal desazón, pero para Naruto había algo que casi siempre conseguía animarlo, más allá de que pudiera desahogarse con alguien.
—¿Quieres un helado? —le propuso en voz baja.
Por un momento se desconcertó al sentir como si le dieran espasmos… Si bien se dio cuenta rápido de que le había hecho reír, y se separó un poco para mirarle a la cara.
—¿De qué tienes?
—Uno de vainilla y otro de dulce de leche.
A Naruto se le escapó una risilla al verlo arrugar la nariz tras la segunda opción. Mejor. Más para él.
—De vainilla entonces —dijo al tiempo que se inclinó para besarle en la mejilla.
Acto seguido, se levantó de un bote del sofá, y se dirigió a la cocina. Desvió sus pasos hacia el dormitorio cuando se dio cuenta de que como se pusieran a comer helado como si no hubiera un mañana… se iban a quedar congelados con el frío que estaba haciendo. Así que sacó una manta del armario, y la sacó al salón antes de ir, ahora sí, a hacerse con los helados.
Sasuke
Después de comerse media tarrina cada uno, se quedaron tumbados en el sofá bastante rato al abrigo de la manta, viendo series de comedia. Sospechaba que Naruto no había elegido ese género por casualidad… Pero lo agradecía.
Apreciaba más aún las caricias que le daba por el pecho y el abdomen, y los besos que le daba por la mejilla y la nuca de vez en cuando. Le hacía sentirse querido, o al menos apreciado, y calmaba al mismo tiempo la ansiedad que le había dado de repente cuando pensó que Naruto creía que le quería nada más que para pasar un rato "divertido" y ya está. Fue fugaz el momento, pues Naruto enseguida lo colmó de abrazos y caricias… Aún así, le hizo temblar con la idea de que quizá no quisiera volver a verle.
La desazón provocó que se le cerrase el estómago y, aunque se obligó, no comió mucho durante la cena, regresando al sofá para acomodarse ahí y distraerse con la televisión.
Todos sus planes de por la mañana a la mierda… Pero bueno, si después de esa noche continuaban quedando, ya le daría uso a sus compras en otro momento.
Ahora se sentía a gusto con la simple presencia de Naruto a su espalda, sintiendo su calor envolverle y haciéndole sentir soñoliento.
Como siguiera así, se iba a quedar dormido.
—Sasuke —lo llamó en un susurro.
—¿Hmm?
—¿Y si te dijera…?
Intrigado de que aquél no continuara, se giró con cuidado para no caerse por el borde, quedándose frente a frente con él. Parecía estar en conflicto con lo que quería decirle, así que salvó la poca distancia que les separaba para darle un breve beso en los labios. Lo que provocó que su mirada se suavizase un poco al menos.
—¿Y si me dijeras…? —lo animó a continuar tras unos segundos.
No sabía qué esperar de él. No obstante, viniendo de Naruto, seguro que no era nada malo. Menos aún cuando sintió que subía la mano por su costado, llevándola a su baja espalda para acariciarle ahí.
—¿Quieres…?
Pero no terminó la pregunta. Otra vez. En su lugar, carraspeó levemente y apretó los labios sin apartarle la mirada.
¿Qué le daba tanta vergüenza preguntar?
—¿Quiero…? —repitió con algo de mofa.
¿Acaso quería que fueran a la cama…?
Varias veces, Naruto entreabrió los labios para volver a sellarlos, no encontrando al parecer las palabras que expresaran lo que quería decir. Y aunque en parte le hacía gracia verlo tan contrariado, también empezaba a carcomerle la curiosidad.
—Dime —le susurró al tiempo que volvía a besarle suavemente.
—No quiero que te vayas.
Sin embargo, no pudo sino quedarse confuso con la petición. En ningún momento le había hecho entender que no quisiera pasar otra noche más con él…
—No he dicho que me vaya a ir ya —contestó con obviedad.
Respuesta que produjo un gruñido en el otro, que agachó la cabeza hasta que se juntaron sus frentes.
—No quiero que te vayas mañana tampoco.
Por un momento, Sasuke se quedó en blanco intentando procesar el significado de esas palabras, sintiendo cómo aquel le apretaba más en su abrazo.
Empezaba a sentir algo que no sabía cómo describir, aunque no era desagradable. La respiración comenzaba a agitarse sola, incapaz de apartar la mirada de esos ojos claros pero intensos.
¿Le estaba…?
—Naruto… ¿Me estás diciendo que quieres que vivamos juntos?
Los segundos que siguieron fueron los más eternos de su vida. O eso creía.
Pero cuando notó asentir a Naruto…
Era tal el revoltijo que se le hizo en el pecho que sentía que fuera a llorar de nuevo. Era consciente de que todo estaba pasando muy deprisa, pero le tranquilizaba saber que no era el único que no quería despegarse del otro.
Se mordió el labio para no contestarle por impulso. Sí, y mil veces sí. Claro que quería dormir a su lado cada noche, igual que el día anterior. Pero Menma… La guardería y el parque estaban ahí en el centro. Y su gata… Tampoco quería dejar sus streams, ni su jardín.
—Mi casa está un poco lejos del centro —quiso hacerle consciente.
—Puedes venirte aquí —replicó en un murmullo.
—Pero tengo mi set up allí… Y Cleo está acostumbrada a salir al jardín. Además, la casa es mía y tengo espacio de sobra. Si te vinieras a mi casa, no tendrías que pagar alquiler.
Le había metido en un conflicto interno. Lo podía ver en su rostro, la forma en la que movió los labios para morderse la mejilla por dentro… Seguramente, esa última parte no la había pensado. Al igual que no debía de haber pensado en el trastorno que le podía causar al niño.
—De todas maneras —le siguió explicando—, Menma va a necesitar más tiempo para acostumbrarse a que haya alguien que le robe la atención de su tito —añadió con retintín.
No, no debía de haberlo pensado mucho, pues arrugó el entrecejo antes de dejar escapar un gruñido tras el que se encogió, escondiendo la cara contra su pecho.
Lo abrazó con medida fuerza y le dio un beso en la cabeza antes de quedarse absorto mirando a la nada.
Naruto iba en serio con él.
Tanto, que por un momento parecía haberse olvidado de algo que era tan tremendamente relevante en su vida como lo era su sobrino.
Algo ausente se quedó jugueteando con mechones de su pelo, perdido en ese pensamiento. Era consciente de que para Naruto, el niño era su máxima prioridad. Y aunque fuera por un segundo, se había olvidado de él. ¿Tanto efecto tenía sobre él? ¿O quizás no fuera él per se, sino que Naruto estaba ya tan saturado que cualquier cosa le hubiera llevado al mismo punto?
Fuera como fuere, se sentía aliviado. No del hecho en sí de que, momentáneamente, Naruto hubiera hecho a un lado a Menma, pues una vez se acostumbrara a su presencia seguramente volvería a sus rutinas anteriores a conocerlo a él. Pero sí de que lo considerase igual de transcendente.
Cerró los ojos al tiempo que le acariciaba espalda arriba y abajo, respirando lenta y profundamente, dejándose invadir por la calidez que emanaba de él.
Ciertamente, podía acostumbrarse a esto.
—¡Miau!
Dejando escapar un profundo suspiro, Sasuke se ladeó cuando notó a la gata encaramarse al sofá a sus pies, y no tardó en subirle por las piernas hasta que llegó a su cadera, dejando las patas clavadas ahí.
—Quita de ahí, Cleo —se quejó meneando el culo para que bajara.
No contenta, sintió cómo iba a seguir danzando por encima suya, y por reflejo soltó a Naruto y se cubrió con el brazo el riñón, justo a tiempo de que le clavara la pata.
—¿Qué quiere? —preguntó Naruto después de que volviera a maullar.
—Comer, mimos o dormir. A saber.
A pesar de que le fastidiaba que interrumpiera el momento, no pudo sino sonreír cuando aquélla se inclinó para olfatear su cara, acercándose a Naruto después. Y de nuevo, la gata creyó a Naruto mejor cojín, y se quedó tumbada sobre su brazo.
—¿Ahora qué hago?
—Quedarte quietecito hasta que se vaya. Si no, te morderá y te odiará por el resto de la eternidad.
Evidentemente, era mentira. Pero le hizo gracia la cara de pánico que puso. ¿De verdad creía que se iba a quedar así toda la noche?
—Vámonos a la cama anda —dijo con sorna.
Con cuidado de no perturbar a la gata, se apartó la manta de encima y se bajó del sofá. Cleo le siguió los pasos al instante y le adelantó incluso antes de abandonar el salón, yendo hacia la cocina.
Comer. Eso quería.
Con cuidado de no pisar a Cleo, que iba restregándose por sus piernas mientras caminaba hacia los boles, se acercó hasta la galería y le echó la comida húmeda.
—Tú también vas a tener que acostumbrarte —le susurró al tiempo que le acariciaba el lomo.
Como si de verdad entendiera lo que le había dicho, dejó de comer un momento para girarse a mirarle mientras tragaba.
No pudo sino sonreír para sí, alzándose cuando la gata volvió a dirigir su atención al plato, y cogió el que iba a ser el último cigarro del día, abriendo la ventana antes de encenderlo.
Era sorprendente lo rápido que se estaba acostumbrando no sólo a Naruto, sino todo lo que le rodeaba: su casa, el niño, sus horarios… Incluso Cleo parecía de lo más cómoda, explorando todos los rincones de la casa. Ya debía de haber encontrado su lugar favorito, pues durante horas había estado ausente. Sólo esperaba que no hubiera estado divirtiéndose arañando los cobertores de las camas o los muebles…
Le daba algo de miedo pensar que toda la última semana parecía casi como una ilusión. Un sueño del que se iba a olvidar en cuanto se despertase. Sin embargo, era real, ¿verdad? Esperaba por todos los dioses que no estuviera en un limbo, alucinando, después de haber tenido un accidente con la moto… Si eso había ocurrido después de conocer a Naruto, si había pasado en esta semana, y no en la anterior… No quería ni pensar en cómo se sentiría Naruto si alguna vez le llegaba la noticia, sabiendo el porqué de tener a Menma a su cargo.
Suspirando profundamente, apartó ese último pensamiento a un lado en tanto que apagaba la colilla, y dejó el cenicero sobre la lavadora tras cerrar la ventana. Sabía que no tenía que hacerle caso a ese tipo de pensamientos que se colaban de vez en cuando en su mente, a pesar de que bien podría suceder. No obstante, prefería pensar que, si era capaz de llegar a tal conclusión, era porque realmente no había ocurrido.
Un maullido de Cleo lo devolvió al presente, y se quedaron mirando a los ojos durante unos segundos mientras aquélla se relamía. Y Sasuke tembló del escalofrío que le dio, frotándose los brazos al tiempo que salía escopeteado de la cocina, la misifú tras él.
Naruto debía de estar en el baño pues no escuchaba movimiento por la casa y no lo vió al entrar en el dormitorio. Así pues, tomó ejemplo y se llevó su neceser al baño de invitados para proceder con su rutina nocturna: primero la máscara hidratante para la cara para dejársela un rato mientras se cepillaba los dientes, luego el tónico, y para terminar, cogió las pinzas para quitarse algún pelo rebelde de las cejas.
Una vez hubo terminado, se pasó una mano por el mentón en búsqueda de algún lugar que tuviera que afeitarse, observándose en el espejo. Tenía suerte, en parte, de que no le crecía una barba especialmente espesa, pero sí que le fastidiaba que había algunas partes por donde no le salía ni un pelo, y al no dejarla crecer, se veían feos los claros que le quedaban. Se puso un poco de crema de afeitar por la garganta cuando notó que raspaba un poco por ahí y se afeitó esa pequeña zona. Una vez terminó con ese asunto, se metió en la bañera para darse una ducha rápida, con cuidado de no mojarse el pelo.
Éste parecía ser el baño que usaban para Menma, pues por los bordes de la bañera había un par de juguetes de goma y champú para niños. No pudo evitar que se le escapara un suspiro, recordando su niñez. Con la edad que tenía Menma, él se pasaba largos ratos en la bañera jugando con muñecos parecidos.
Y con su hermano.
Itachi parecía no cansarse nunca de él a pesar de que, pensándolo ahora, debía de ser más bien aburrido quedarse en la bañera —en ocasiones incluso durante horas—, hasta que quedaban más arrugados que una pasa. Haciendo qué, a saber. Más allá de chapotear con las manos y tirársele encima —con los consiguientes accidentes ocasionales—, no recordaba mucho más. Ni de qué hablaban, ni a qué jugaban, pero pasaban mucho tiempo juntos.
Esto es, hasta que Itachi se hizo un poco más mayor, y dejó de compartir el baño con él. Suponía que seguramente, al entrar en la pubertad, le daría reparo que Sasuke viera los cambios por los que estaba atravesando, pero en su momento sintió como si de alguna manera le estuviera dando de lado. Mismo sentimiento que tuvo cuando decidió irse a la capital cuando empezó la universidad, en lugar de quedarse donde vivían sus padres. Cierto era que en el otro lado tendría más posibilidades… Pero hasta ese momento, Sasuke nunca pensó de Itachi que fuese ambicioso. Con lo tranquilo que era, y lo mucho que creía que valoraba a su familia, nunca hubiera podido imaginar que se marcharía tan lejos para seguir su propio camino.
Sin embargo… Era ahora, con los años, que comenzaba a entenderlo mejor. Su padre sí era ambicioso, y siempre tuvo expectativas demasiado altas para ambos, pero especialmente para Itachi, y hasta ahora no había cumplido nada de lo que su padre esperaba: ni carrera militar, ni pareja que se conociera, ni apego a la familia. En esto último Sasuke era algo diferente a su hermano, pero en los otros asuntos, ambos eran bastante opuestos a los ideales de su padre, y alguna vez los escuchó discutir antes de que Itachi se marchara.
Al menos su primo Shisui estaba con él…
Con un suspiro, terminó de aclararse y cortó el agua, apurándose para salir, coger una toalla, y secarse lo mejor que pudo. No había caído en la cuenta de preguntarle a Naruto dónde guardaba las toallas, ya que las que tenían ahí para Menma apenas le llegaban para anudárselas a la cintura.
Cuando regresó a la habitación, Naruto ya estaba metido en la cama, y ahora, al sentirlo entrar, alzó la mirada, quedándose en silencio. A Sasuke no le pasó por alto el rápido examen que le hizo de arriba a abajo, antes de girarse de nuevo a mirar la pantalla de su móvil.
—¿Quieres que te deje un pijama?
—¿Te incomoda que duerma desnudo? —le devolvió la pregunta.
—Nop —respondió apretando los labios.
No pasaron ni cinco segundos cuando notó que a Naruto comenzaba a brotarle el rubor.
Tragándose una risilla burlona, meneó la cabeza y dejó sus cosas sobre la cómoda, tras lo que deshizo el nudo de la toalla y la dejó en el suelo a un lado. Ya se la llevaría por la mañana.
Y antes de que terminara de congelársele el soldadito, aprisa se metió bajo las mantas, dando algunos espasmos para sacudirse el frío de encima al tiempo que se frotaba los brazos.
—Mira que eres cabezón —se rió de él Naruto. —¿Te saco un pijama?
—Déjate de pijamas y ven aquí.
Le tiró del brazo levemente, y aunque no se negó, pareció confuso con su petición hasta que se abrazó a él, y suspiró aliviado cuando Naruto le devolvió el abrazo, empezando a recuperar el calor. Aún así, un escalofrío le hizo volver a temblar, Naruto acariciándole por los brazos y la espalda para que entrara en calor más rápido. Y funcionó.
En apenas dos minutos notó que sus músculos se relajaban, permitiéndole respirar más pausadamente. Cosa que debió notar Naruto también, pues no fue sino hasta ese momento que se removió para besarle en la frente.
Y quiso devolverle el gesto, y llenarlo de caricias también, pero tanto pijama, y tantas monsergas…
—Quítatelo —le dijo en un susurro al tiempo que arrastraba la camiseta hacia arriba.
—¿Por?
—Porque se duerme más cómodo sin nada puesto —puso de excusa.
Aunque no era mentira.
Era uno de los placeres que había descubierto al vivir solo.
Naruto no parecía muy convencido de sus palabras. Aun así, colaboró sin queja cuando tiró con cuidado para sacarle la camiseta, al igual que con los pantalones y los calzoncillos.
Una vez se deshizo de las prendas malignas, se removió para abrazarlo de nuevo, no sin antes darle un suave beso en los labios.
—Más cómodo, no sé… —dijo Naruto tras unos minutos así, empezando a juguetear con su pelo—, pero más calentito sí que es.
Sin querer retener una sonrisa, Sasuke se apartó un poco para poder mirarle a la cara.
—Y más accesible también.
Hubo de contener una risotada ante la cara de bobo que se le quedó al otro, con la boca medio abierta y subiéndole los colores de golpe. Como si él mismo no lo hubiera pensado de ese modo. Aunque, bueno, quizá de verdad no lo había pasado por la mente si estaba acostumbrado a dormir con ropa.
—Hmmm…
Sasuke hubo de apartarse cuando aquel se incorporó. Iba a quejarse de que le privase de la calidez de su cuerpo, pero vió que simplemente se giró para dejar el móvil en la mesita. Y para apagar la luz.
Entonces se giró otra vez hacia él, quedándose ambos de lado, frente a frente.
—Hola —le saludó Naruto tras unos segundos.
No pudo contener una risa floja.
—Hola.
—¿En qué piensas?
—En nada.
Era la pura verdad. Estaba más concentrado en sentir todo ese calor proveniente del otro y dejar que le embriagara. No quería pensar en absolutamente nada más si podía evitarlo.
Por eso, aunque le pasó por la mente preguntarle a Naruto en qué estaba pensando él, optó por callar porque se le ocurrían unas cuantas cosas sobre las que no quería indagar, al menos en ese momento.
Prefería perderse en su mirada, fija en él, y en sus labios. Llevó la mano a su cara para acariciarle la mejilla, lentamente moviéndola hasta que llegó a acariciarle los labios con el pulgar, repasándolos de un lado a otro. Los tenía un poco resecos, pero aún así esponjosos.
Se inclinó lo justo para llegar a besarle tenuemente, paseando la mano por su cuello y por su pecho, hasta llegar al costado y acariciarle ahí. Gesto que imitó Naruto, posando la mano sobre su baja espalda, atrayéndolo hacia él.
Un leve jadeo resonó en su garganta al unirse sus torsos, sintiendo la presión sobre su sexo. No había tenido ninguna pretensión de hacer nada cuando se había metido en la cama, pero desde luego no se iba a quejar. Menos aún al sentir el tacto firme de Naruto bajarle por la nalga, y sin dudar, Sasuke acompañó el movimiento cuando le tiró de la pierna para que se la pasara por encima, dejando escapar aquél el aire por la nariz de forma contenida.
Empezaba a visualizar las posibles alternativas sobre cómo podía terminar esto, sus caderas comenzando a mecerse con voluntad propia al sentir la pierna de Naruto entre las suyas, y el leve roce en su sexo.
Siendo sincero consigo mismo, tenía unas ganas horribles de pedirle que se diera media vuelta y hacérselo pero… ¿estaba Naruto preparado mentalmente? Lo dudaba mucho.
Decidió no adelantarse a nada, y simplemente seguir el ritmo de Naruto que, lenta y pausadamente, paseaba la mano libre por su pierna y hasta su espalda, agarrándole la nalga entre medias. Sus besos se iban tornando más lánguidos por momentos, y aunque aún emanaba de él un calor bastante intenso, no era tan agobiante como para querer apartar las mantas de encima.
Si no supiera lo agotado que acaba cada día durante la semana, incluso llegaría a ofenderse de que pareciera estar quedándose dormido.
Se apartó lo suficiente para poder mirarle a la cara y observó la reacción retardada con la que levantó un poco la vista. Parecía no tener fuerzas ni para mantener los ojos abiertos.
—Te estás durmiendo —susurró lo más bajo que pudo para que no se pusiera alerta.
—No es verdad.
Aguantándose la risa, se inclinó para volver a besarle tenuemente, le pasó el brazo por debajo del cuello, atrayéndolo en un abrazo, y se giró con cuidado para tumbarse sobre su espalda, Naruto sobre su costado.
Cosa a la que evidentemente no se opuso, pues a saber qué debía de estar pasándole por la cabeza, más en el lado de Morfeo que en el suyo.
—¿No quieres hacerlo conmigo? —preguntó Naruto quejumbroso.
—Sí, pero cuando estés despierto —le susurró antes de darle un suave beso en la mejilla.
—Estoy despierto… —balbuceó.
Aquél gruñó por lo bajo, restregando la cara contra su pecho. Y aunque en un primer momento le hizo creer que de verdad era consciente de lo que decía, en el instante que volvió a reposar la cabeza sobre su hombro, dio un profundo suspiro tras el que quedó completamente inerte.
Casi no le notaba moverse ni para respirar.
Sólo su corazón le indicaba que seguía entre los vivos, pues latía con una fuerza tal que, además de escucharlo sin necesidad de acercar la oreja a su pecho, podía sentir sus vibraciones a través del colchón.
Sasuke tomó una larga bocanada de aire que luego exhaló controladamente, cerrando los párpados para descansar la vista. No debían de ser ni las doce de la noche, así que no tenía sueño aún, pero ahora se daba cuenta de la fatiga de sus ojos tras todo aquel día, aliviándole no tener que focalizarlos en nada.
Fue ahora, en el silencio de la noche, notando la respiración de Naruto contra su costado y el peso de su cabeza sobre el hombro, que empezó a darle vueltas en la cabeza todo lo que había ocurrido desde la tarde anterior. Empezando por la rabieta de Menma en el parque, Kushina viniendo al rescate, los amigos de Naruto… cómo terminaron la noche anterior y cómo habían amanecido.
Y la propuesta que le había hecho Naruto.
Respirando de forma consciente, se quedó contemplando la idea.
Durante sus años de estudiante había compartido piso con otra gente. Con algunos la convivencia fue más llevadera que con otros, pero por lo general, mientras no entraran a su cuarto, no había tenido mayor problema con nadie.
Bueno, sí. Había cosas que le cabreaban, como el tema de la basura. La mayoría de veces le tocaba tirar el reciclaje a él porque los contenedores estaban a un par de calles, y normalmente a nadie le apetecía ir a tirarlo… Seguramente, si hubieran tenido que hacerlo aquéllos, no hubieran separado la basura y lo hubieran tirado todo junto.
No obstante, Naruto también tenía dónde separar el reciclaje, así que ése era un problema que no iba a tener con él.
El mayor inconveniente que encontraba en toda la situación era que Menma no se adaptara bien a su presencia. ¿Se sentiría traicionado de que Naruto dividiera su atención entre los dos? ¿O quizá le gustaría que hubiera otra persona haciéndole caso?
No sabía muy bien cómo funcionaba el sistema de las guarderías, pero si podía cambiarlo cuando quisiera, había una bastante cerca de su casa a la que ni siquiera tendría que ir en coche. Y cerca de allí también había un parque. No estaba tan cerca como el que Naruto tenía al lado de su piso, pero era un lugar tranquilo, alejado del tráfico, por el que la gente que pasaba era mayormente del barrio. Siempre que tenía que salir a comprar algo, había un montón de críos jugando a la pelota o a cualquier cosa que se pudieran inventar.
Le apartó la mano de la espalda a Naruto cuando notó que se removía, y se quedó inmóvil para no despertarlo. Aquél carraspeó un poco y tragó saliva, tras lo que dio un profundo suspiro, movió levemente la cabeza para acomodarse mejor, y siguió durmiendo como si nada.
Le daban ganas de abrazarlo con fuerza contra sí y colmarlo de besos. Sin embargo, se contentó con volver a posar la mano sobre su espalda, y cerró los ojos otra vez.
Al día siguiente, si volvía a salir el tema, intentaría convencerlo de los beneficios de vivir lejos del centro. Especialmente para el niño.
Debía ir pensando cómo hablar sobre todo esto al menos con su madre…
Si la cosa funcionaba entre ellos, quería presentarlo como lo que era —su pareja—, y no tener que fingir que eran simples amigos.
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Continuará
08/03/23
No tengo mucho que contar... Los que me conocieran de mi otro fic "El chico de la camiseta de manga larga" y sepan por qué escribí esa historia... Mi tía entró en la UCI hace un mes, y parece que ya le llegó el momento =( Está en un callejón sin salida que no sabemos cómo va a terminar. Bueno, sí lo sabemos... pero rezamos porque se le conceda algo más de tiempo v_v
