Capítulo trece: El Engaño.
…
-Ay Inglaterra, ¿por qué siempre te metes en problemas?
Alertado por la visita de los países latinos, Estados Unidos viajó lo antes posible hacia la casa de su ex tutor para ayudarle. Sin embargo, jamás se esperó encontrarlo tan agobiado. Mentiría si no dijera que tenía ganas de romperle las costillas y el cuello al mediterraneo por la forma tan ruda con la que lo amenazó, sin embargo era consciente que si hacía eso iba a empeorar mucho más las cosas.
Pudo notar en la mirada del británico el temor cuando escuchó que otros países estaban buscando a los desaparecidos, afortunadamente nadie había buscado a las naciones que tenía secuestradas, quizás porque él se estaba camuflando; sin embargo, era consciente que más temprano que tarde la noticia de las desapariciones a manos de ellos se esparcirá y descubrirán la verdad, ahí no serán unos pocos sino que podrán ser muchos más.
-Yo no quiero hacerlo -indicó Inglaterra apretando los labios.- Sí, quería aprovecharme de la situación, sacar riquezas y sabes que, bueno, siempre es divertido molestar a los demás -espetó haciendo alusión a la tortura física y mental que realizó en ambas naciones.- ¿Pero matar por qué sí? No, no es lo mío.
-Lo sé, te conozco, te gusta aprovecharte del resto y herir de gravedad, pero no eres un asesino. Yo lo haría…
-¡Mi niño! -exclamó escandalizado.
-Sí, yo no tendría problema, pero no quiero darle en el gusto a ese imbécil. Ojalá poder estropear todos sus planes… y dime ¿por qué te pidió matarlo?
-Porque fue a Bélgica, mi niño, se enojó porque le contó lo que ocurría a Bélgica pensando que era su Bélgica. Debe temer que se propague lo que está haciendo.
-Pff, ya no tiene remedio, esos latinos lo saben y de seguro divulgarán la noticia, ahí se formará una bola de nieve imparable.
-¡No sé qué hacer! -exclamó en sollozos, abrazando al norteamericano.- ¡Si no lo hago me matará a mí! ¡A mis hermanos! ¡A Bélgica! ¡Todo porque yo le dije de los espejos! ¡Soy un tonto! -Estados Unidos soltó un suspiro y le correspondió el gesto de cariño, pasando su brazo por los hombros del europeo para darle mayor seguridad y confort.
-Hagamos como que hacemos el encargo y te vienes conmigo a América.
-¡No puedo hacerlo!
-Inglaterra, cálmate por favor -lo tomó de los hombros para que lo mirara.- Vamos a fingir su muerte.
-¿Qué? -preguntó deteniendo los sollozos.
-Vamos a hacer parecer que lo matas.
-Mi niño, Italia no es idiota, me va a pedir alguna prueba y cuando no la vea se dará cuenta que le mentí y será peor.
-Creo que se me ocurrió algo, pero vamos a necesitar a Bélgica.
Por videollamada, contactaron a la belga y entre los tres pulieron el plan original de Estados Unidos, llegando a acuerdo que grabarían el asesinato de Romano, pero que al momento del disparo la cámara "accidentalmente" caería y no se vería el impacto. El disparo haría explotar un globo con pintura roja para que pareciera sangre y así, parecería que el muchacho habría muerto.
-Lo mejor será hacer la llamada en directo -sugirió la belga.- Para que así él no pueda tener dudas de que fingimos esto.
-Sí, se verá más espontáneo -comentó Estados Unidos.- Luego, él podrá avisarle al resto qué está pasando y así, por fin, podré sabotear los planes de ese maldito infeliz.
-Pensar que si te hubiera citado tú lo que menos estarías haciendo sería boicotearlo -opinó Bélgica.
-Creeme -indicó Estados Unidos.- La idea original me parece fantástica y feliz estaría destruyendo todo el otro mundo, pero cómo ese maldito imbécil no me llamó quiero que se arrepienta de no haberme incluido.
Inglaterra, en tanto, estaba en silencio. Se sentía nervioso de solo pensar en engañar al italiano, si no resultaba saldría todo tan pero tan mal que llegaba a sentir cómo el interior de su cuerpo temblaba de puro miedo.
…
-Fratello, al fin haces algo bien -entró al calabozo Italia del Norte en tono alegre. Se le veía con una sonrisa de oreja a oreja.
Las naciones aprisionadas lo miraron expectante. El nor-italiano se detuvo unos momentos a apreciar a sus prisioneros, colocó su mano derecha sobre su pecho izquierdo y soltó un suspiro.
-Aw, se ven tan adorables, les sacaría una foto para la posteridad -se burló al ver a su hermano apoyado en el hombro de España, ya que producto de sus heridas el ibérico lo había acurrucado para hacerlo sentir mejor. Ahora estaba más repuesto, aunque todavía le dolía la cabeza.- Quizás ese España la quiera de recuerdo, yo te recomiendo que si tienes algo pendiente con él, lo hagas ahora -le sonrió con malicia.
-¡¿Qué dices?! -preguntó a la defensiva el español, abrazando a Italia del sur.
-Adivina quién me contacto hace unas horas -ignorando completamente al hispano, Italia habló mirando a su hermano.- ¿Ninguna idea? Te la haré fácil, Inglaterra me contó algo genial.
-¿Mh? -preguntó en un musito, hablar aún le causaba dolor.
-Bélgica con Inglaterra encontraron a tu contraparte, qué chico el mundo, ¿no?
-¿Romano?
La mención del hermano mayor de Italia angustió tanto al ibérico como a la representación italiana; durante todo este tiempo ambos deseaban que se encontrara libre de peligro, pero al parecer la mala suerte lo había alcanzado.
-Exacto, a Romano. Y me contó que pronto lo van a… -hizo un gesto de corte en la garganta, aterrando a España y a Italia.- Y sabes lo que significa eso, ¿no? Ay claro que no, quizás cuántas neuronas perdiste en nuestra última charla -se burló riéndose en su propia cara.- Aprovecha tus últimos momentos, fratello -le dedicó una siniestra sonrisa.- Qué pena, no alcanzarás a ver la gloria de una Italia reunificada.
¿Muerto? ¿Moriría así no más? Prisionero de su propio hermano, sin saber siquiera cuando pasaría o cómo pasaría, ¿cómo la vida dio un giro así? ¿Habrá sido un error cruzar? Sintió a España abrazarlo y eso le reconfortó un poco su alma, su aroma le daba calma y su calor algo de confort. España se sentía impotente, al igual que Alemania, los dos sabían que podían hacer algo pero no habían logrado descubrir cómo abrir la puerta. El dueño de casa amaba ver la desdicha de otros, por lo que se sentó en la misma silla que había utilizado el Imperio Alemán para ver fútbol, solo que a diferencia del germano, su espectáculo era la agonía de sus prisioneros. Esperaría pacientemente la llamada de Inglaterra con las "buenas nuevas".
El italiano de ojos claros no pudo evitar sollozar ante el miedo de perder a su hermano, no sabría cómo podría reponerse de una pérdida tan grande; ya la había pasado bastante mal cuando fueron separados al ser anexado al imperio Austrohúngaro, como también la nostalgia y tristeza que sintió cuando Romano viajó a Estados Unidos para trabajar con el norteamericano ante el auge de la revolución industrial; no soportaría vivir la eternidad sin él.
Los sollozos de Italia no hacían más que aumentar la impotencia de Alemania, estaba tan cerca y a la vez tan lejos de él, no lo podía reconfortar ni consolar, estaba atado a esos malditos barrotes y aun con toda su fuerza, no podía zafarse.
España, al mismo tiempo, se sentía angustiado y culpable, él dejó irse a Romano cuando llegó su contraparte. Debió insistir en que se quedara, que los acompañara o dejarle claro que él resolvería el conflicto y que se quedara escondido en Roma, no que fuera a otro país a buscar ayuda, ¿cómo no lo vio venir? Con lo enojado que estaba Romano con él era claro que buscaría a otra nación y las contrapartes se estaban infiltrando, era cosa de tiempo que lo atraparan. Y ahora, por su error, ambos italianos del sur morirían.
No pudo evitar recordar las últimas palabras que le dijo antes de salir del palacio "vete a la mierda, no te soporto". Si tan solo hubiera actuado diferente…
-Es mi culpa -susurró agobiado.
-No, Antonio… -respondió Italia del Sur con la voz más apagada posible.
-Si yo hubiera insistido…
-No es culpa tuya -repitió con la mirada perdida.
-Tortolitos -llamó Italia del Norte en tono burlesco.- Se les acaba el tiempo jajaja.
En ese momento Alemania perdió los estribos y empezó a insultar en su idioma al dueño de casa, que respondió con risas burlescas. Las risotadas se silenciaron cuando un timbre telefónico sonó, cortando el ambiente. Con una sonrisa maliciosa, apreció que era una videollamada, le subió el volumen para que los prisioneros escucharan.
Al otro lado de la cámara, vio a la joven belga.
-Italia, tal como dijiste tenemos a la contraparte de Romano y estamos Inglaterra y yo aquí con él.
El mediterráneo observó como la cámara volteaba y mostraba a un tipo de cabello castaño sentado contra un muro, dormitando, y a una distancia no menor estaba Inglaterra apuntándole. Sabía que era Romano porque lo había visto en la casa de su contraparte, pero aun le sorprendía las grandes diferencias con su hermano, como su desordenado estilo de vestir, descuidado cabello y que este fuera castaño oscuro. -Está así porque Inglaterra, para variar, lo drogó…
Notó que alguien hablaba pero no pudo entender qué decían, alzó la ceja como respuesta, no alcanzó a preguntar pues la chica volvió a tomar la palabra.
-Pero ahora terminaremos el trabajo. Listo.
Italia sonrió al ver cómo ella enfocaba al inglés, los prisioneros sintieron que perdían en aliento, Italia del Sur cerró los ojos y escondió su rostro en el hombro de España, ¿moriría instantáneamente apenas su contraparte fuera asesinada? ¿O sufriría una agonía de algunas horas? Tenía tantas cosas que hacer y, en especial, por decir.
-Mi piaci -susurró con profunda tristeza, incapaz de pronunciar un "me gustas" en español para que España le entendiera, le brotó del corazón en medio de la incertidumbre. Si iba a morir, tenía que decírselo.
España solo escuchó que el italiano susurró, pero no entendió palabra alguna, no tanto porque fuera en otra lengua, sino debido al atronador ruido del disparo.
-¡Hey! ¡¿Qué pasó!? -gritó Italia del norte cambiando su expresión jocosa a una desconcertada al ver que la cámara cayó justo al momento del disparo.
-¡Perdón! ¡Perdón! Se me resbaló la cámara… -intentó aclarar Bélgica enfocándose ella misma, sacando de quicio al mediterráneo.
-Ma sei scemo?! ¡¿Acaso eres tonta?! -aclaró al final en inglés.- ¡Muéstramelo!
La chica cambió la cámara hacia la trasera y pudo ver el cuerpo de Romano tirado en el suelo con una mancha de sangre alrededor del pecho. En ese momento, alzó la mirada directamente a la celda donde estaba su hermano, ignorando el teléfono.
-Vamos a deshacernos del cuerpo antes de que alguien lo vea…
-¿Flavio? ¿Flavio? -llamó España preocupado, moviéndole el hombro.
Italia del Sur abrió los ojos, aún respiraba, todavía estaba vivo. Si no fuera por el dolor de cabeza, podría decirse que estaba íntegro. Se tocó el pecho y el cuello, sintiendo los pálpitos de su corazón acelerado.
-¿Qué carajo está pasando? -se preguntó Italia del Norte viendo la situación. Miró el teléfono y la chica le había colgado.
Alemanía le dijo que si la contraparte moría, ellos morirían, por ende su hermano debía estar muerto y no era así, algo estaba fallando en la ecuación, y cualquier alteración en su plan le desataba una crisis de nervios.
-¡Alemania! ¡Maldita sea Alemania me mentiste! -enfurecido, salió con gran rapidez del calabozo.
En la habitación se escuchaban los jadeos de Italia del Sur, quien tenía una mezcla rara de sensaciones, asustado y aliviado; como también los sollozos de Italia, conmocionado por la muerte de su hermano.
-Ita-chan lo siento -habló España, aun abrazando a Italia del Sur.
El muchacho no podía hablar por la angustia que lo abordaba, estaba sobrepasado por la tristeza y, también, por la rabia. España y Alemania, desconcertados, observaron como el miedoso y torpe Italia comenzaba a gritar, a patear y sacudir con furia la jaula, soltando improperios que sonrojaron a la contraparte de su hermano. Ninguno supo qué decirle ni qué hacer, solo observaban como si la crisis de nervios del italiano de ojos rojos se hubiera traspasado al Italia que conocían de toda la vida.
Es más, Alemanía jamás lo había visto así, ni siquiera en las guerras donde vio morir a tantos soldados, jamás lo había visto tan iracundo, tan fuera de sí. Lo más abrumante de todo era que el muchacho se estrellaba contra las rejas y las pateaba con sus pies desnudos, pues su contraparte le había quitado casi toda la ropa.
-¡Italia cálmate! -pidió Alemania preocupado.- Te vas a lastimar.
Haciendo caso omiso, el joven siguió descontrolado, llegando a tener las manos y pies rojos producto de los golpes que le daba a la reja. Alemania, temiendo que se lastimara en serio, siguió gritándole, pero terminó callando cuando el italiano logró forzar los barrotes y salir de la celda.
Aun anonadados, España y Alemania esperaron que Italia los ayudara a salir, sin embargo vieron como el joven seguía alterado, gritando y llorando, rompiendo la silla por ejemplo.
-¡Italia! ¡Italia escúchame! -llamó Alemania, siendo otra vez ignorando.
-Tienes que decirle algo para que se calme, o mi hermano lo escuchará -indicó Italia del Sur inquieto; sin embargo España estaba tan atónito que era incapaz de pronunciar alguna palabra.
Como tan abrupto empezó la crisis nerviosa, así de rápida se deshizo. De pronto Italia dejó de gritar y se lanzó al suelo, llorando desolado. De todo lo que decía, España y Alemania solo entendían que llamaba a su hermano; se sintieron profundamente entristecidos por la escena.
-Hey, Italia -llamó Italia del Sur, soltando entre medio un quejido por el dolor de cabeza.- Escúchame, sé que esto te duele mucho, pero tienes que ser fuerte.
-¡Tú no sabes lo que estoy sintiendo! -le gritó en italiano.
-Pero sé lo que es perder a tu hermano, él no está muerto pero ni la hermandad nos une -le respondió en el mismo idioma.- Tienes que ser fuerte por él, o sino moriremos todos.
Italia siguió llorando amargamente, sentado en el suelo y jalándose el cabello como una forma de suplir el inmenso dolor emocional que sentía, pero ni siquiera podía sentir el dolor en sus manos y pies, no sentía para nada el dolor físico.
-Tu hermano quería rescatarte, no puedes permitir que sus esfuerzos queden en vano.
-¿Qué quieres que haga? -le preguntó entre sollozos.
-Ayúdanos a salir de aquí.
…
-¿Tú crees que se haya creído esto? -preguntó Inglaterra tembloroso, mirando cómo Bélgica cargaba al adormecido Romano.
-Por el bien de nuestras cabezas, lo deseo -indicó la chica, llevándolo de vuelta a la camioneta.
El estadounidense, en tanto, ya había subido a la contraparte de Bélgica, quien estaba en estado de shock.
-¿Romano? -se le acercó cuando lo colocaron de regreso en la camioneta, la mancha de cerca se notaba que era pintura y el chico apretaba los ojos, pero no tenía la energía para abrirlos.
-¿Y ahora? -preguntó Inglaterra.
-Me los llevaré a mi casa y los esconderé hasta que las cosas se calmen -respondió Bélgica.
Sin más demoras, la chica regresó con los secuestrados a su país, en tanto Estados Unidos agarró del brazo a su ex tutor y lo condujo lo más rápido posible al aeropuerto.
-Espera, no le dije a mis hermanos.
-Ellos ya están lo suficientemente grandecitos para cuidarse solos -reprochó Estados Unidos.- Tú seguridad es lo primero.
-Allen, mi niño -suspiró el inglés, aferrándose a los macizos brazos de su ex colonia.- ¿En qué momento creciste tanto?
-Tengo más de 200 años, trátame como un igual.
-¡No puedo! Siempre serás mi niño querido -le dedicó una tierna sonrisa y Estados Unidos se imaginó a una madre feliz con su hijo, lo cual le generó cierto desagrado, odiaba que Inglaterra lo viera como un niño a estas alturas.
…
-Dime dónde está Suecia o te acabaré -desafió Dinamarca, preparando su hacha.
Sin inmutarse, sin cambiar siquiera la sonrisa, con lentitud Suecia se llevó una mano a su cintura y sacó una pistola. Finlandia se llevó sus magulladas manos al rostro, preso total del pánico. De las manos de Noruega brotaban suaves ráfagas de energía color verdoso.
-Eso lo veremos -respondió el sueco, apuntando directamente a los visitantes.
Finlandia lo único que atinó fue a agacharse y cubrirse la cabeza, tenía demasiado miedo como para moverse o ayudar a sus vecinos. Noruega intentó desviar la bala que el otro sueco disparó, sin éxito. La bala golpeó directamente en el brazo derecho de Dinamarca, obligándolo a soltar el hacha. Suecia entregó una sonrisa más amplia, satisfecho, aunque eso no hizo más que acrecentar el enojo de Noruega. El chico corrió hacia el hombre dispuesto a enterrar el cuchillo que Dinamarca le prestó, pero Suecia estaba muy bien entrenado en la batalla cuerpo a cuerpo.
El danés, lleno de energía y resentimiento, tomó el hacha con su brazo izquierdo y se lanzó de lleno a atacar a ese impostor.
Aun siendo atacado por dos naciones, el sueco de ojos rojos no cambiaba su semblante, seguía sonriendo cómo si aquello fuera el juego más divertido al que se había enfrentado en décadas.
Mientras tanto, en la frontera, el Finlandia de ojos rojos llevaba a cabo uno de los pasos de su plan. Le sorprendió, de cierta forma, que a nadie le extrañara el cambio de personalidad. Solo con su presencia los empleados lo guiaban a la oficina de la Primera Ministra y ella se mostró gustosa de recibirlo.
-Cuéntame, Fin, ¿qué necesitas? -le preguntó cariñosamente.
Él había hecho un trabajo de investigación previo y le comentó sus "temores" por el despliegue ruso en la frontera con Ucrania, como la anexión de Crimea y los infinitos roces desde el fin de la Guerra Fría, por lo que creía que sería más seguro fusionarse con Suecia.
-¿Me estás diciendo que quieres que hagamos una confederación con Suecia? -le preguntó extrañada.- Entiendo tus miedos, pero eso sería pasar a llevar nuestra independencia. Tú mismo viviste siendo parte del Reino de Suecia, ¿quieres volver a eso?
-Es lo mejor para nuestra seguridad, así Rusia no se acercará a nosotros -respondió a secas.
La mujer lo miró confusa y extrañada, no recordaba ver a la representación de su país tan serio y frío, aunque claro ella entró en el detalle que jamás había vivido los procesos de guerra. Si Finlandia le decía que temía eso y que lo mejor era unirse a Suecia, debía ser por algo, ella confiaba mucho en su nación. Después de todo, él jamás querría algo malo para sus ciudadanos, ¿cierto?
Claro, ella no sabía que estaba conversando con su contraparte que quería destruir todo lo que Finlandia había trabajado por lograr.
-Hablaré con Andersson.
-Yo me adelanté.
-¿Cómo dices? -preguntó con un tono que reflejaba su molestia.
-Hablé con Suecia y él está de acuerdo -hizo una pausa.- Sé que habló con su primera ministra.
La mujer lo miró entre aturdida y levemente irritada, se suponía que ella veía ese tipo de temas, su nación no debía pasar por alto su autoridad. Y la expresión vacía de Finlandia no ayudaba a apaciguar las cosas.
Hubo un incómodo silencio, el cual la Primera Ministro cortó.
-Hablaré con él, déjame estas cosas a mí.
-Cuido a mi gente -mintió el joven, buscando dejar la semilla de incertidumbre en la autoridad.- Por eso hago lo que hago.
Ella suspiró y se llevó la mano a la cabeza.
-Lo sé, Fin, lo sé -hizo una pausa.- Es solo que…
-No lo digo porque sí -insistió, mirándola fijo a los ojos. Ella sintió la presión y suspiró.
-Le pediré a mi secretario que agende una reunión con ella lo antes posible.
Como respuesta, el finés alzó un poco la comisura de sus labios, pues ese gesto no daba para sonrisa de lo escueto que fue, y se retiró de la oficina.
Si efectivamente lograban unir ambos países, ambas contrapartes tomarían el mando y la primera acción sería atacar a Noruega. Sí o sí se apoderarían de Escandinavia, costara lo que costara.
Con ese sentimiento, que podría describirse como felicidad, ese Finlandia aprovechó un momento en que nadie lo observaba para cruzar a su realidad; caminó a paso firme directo a un sótano por un pasillo que nadie de los que trabajaba ahí conocía, pues él lo había pedido construir durante la época de la guerra en el siglo pasado. Siguiendo su marcha decidida, mantenía una mueca tiesa pero en sus ojos se apreciaba el entusiasmo, estaba feliz, a su forma.
Abrió la puerta fortalecida y las comisuras de sus labios crecieron un poco más, apareciendo la postura de su prisionero.
Ambos se miraron y se dijeron todo con la mirada. Finlandia satisfecho por tener a Suecia aprisionado desde las muñecas a la pared; Suecia, en cambio, lleno de rabia y rencor, estaba herido pero implacable, no iba a ceder a lo que Finlandia le estaba exigiendo: descubrir el punto débil de la nación de Santa Claus.
El sueco le siguió la vista sin parpadear, respirando agitado pero por la rabia, sintiéndose frustrado al no poder liberarse mientras veía como el albino iba a buscar una fusta; venía otra ronda y lo sabía. No se dejó intimidar, no demostraría temor, él había soportado situaciones brutales en su historia, tenía la serenidad para mantener la mente controlada.
Y eso a Finlandia le molestaba una barbaridad, por lo que se desquitaba con el hombre, frustándose al no poder sacarle una mísera palabra. Lo único que lo mantenía tranquilo era pensar que al otro lado de la frontera, el Suecia que conocía tenía todo en calma.
Nada más lejano a la realidad.
Un solo movimiento mal calculado podía llevar a la derrota, en especial cuando te sientes tan seguro de lo que haces y esa misma arrogancia te pasa factura; eso experimentó Suecia cuando Dinamarca de un hachazo le hirió de gravedad el brazo derecho, donde llevaba la pistola. El arma cayó al suelo, junto con un charco de sangre. Para fortuna del hombre de ojos rojos, no perdió el brazo, pero sí quedó lo bastante malherido como para utilizarlo.
-¡¿Dónde tienes a Suecia?! ¡Dinos o te mataré!
El hombre se carcajeó al oírlo.
-¿Tan poco aprecio le tienes a tu amigo? -replicó entre risas, sujetándose el brazo con la otra mano para hacer presión en la herida.
Claramente para los otros nórdicos aquello no era para nada gracioso, lo miraron con furia. Dinamarca, ya hastiado con la situación, lo apresó con el mango del hacha. Entre dientes, replicó la pregunta.
-Yo no lo haría si fuera tú -respondió agraciado, especialmente cuando vio cómo su sangre ensuciaba el abrigo del danés.- ¿Acaso no lo entienden? -Dinamarca apretó los dientes, Noruega el entrecejo mientras protegía a Finlandia.- Si me matan, lo matan a él, ¿realmente eso quieren?
El aire se cortó para los demás y Finlandia entendió porqué en esos tres días no le habían herido de gravedad. Tembló al pensar que si no fuera por esa limitación, quizás ya lo habrían asesinado apenas se hubieran topado. Pero, ¿y dónde estaba Suecia?
Dinamarca, aún apresando al hombre, miró a Noruega, quien se devolvió una mirada confundida. Aprovechando el desconcierto, el otro Suecia le propinó un rodillazo al danés, logrando liberarse del agarre. El arma cayó al suelo.
-En cambio -espetó el forastero, caminando hacia el hacha y se colocó delante de ella.- Yo no tengo problema en que ustedes mueran -mencionó a la vez que llevaba su mano izquierda hacia el interior de su abrigo-. Sería un alivio para nosotros -finalizó sacando un cuchillo y los apuntó con él.
Todo ocurrió tan rápido que el más bajo de los nórdicos no alcanzó a procesar lo que sus ojos vieron. De pronto, ese Suecia se abalanzó sobre Dinamarca para apuñalarlo, pero Noruega se interpuso utilizando magia para detener el ataque; sin embargo el sueco supuso que algo así ocurriría así que lanzó el cuchillo directo al danés antes de que se interpusiera Noruega y lo que el noruego alcanzó a detener fue su cuerpo, no así el cuchillo.
Un grito desgarrador resonó por todo el palacio. Arrodillado y con las manos en la cabeza, estaba Dinamarca preso de dolor.
-¡Anko!
Por girarse y perder el contacto con su atacante, la magia perdió efecto y Suecia logró liberarse del amarre, sin tiempo que perder se abalanzó sobre Noruega, pues con su brazo izquierdo inutilizable, necesitaba ayudarse con el cuerpo.
Finlandia estaba paralizado del miedo, simplemente no logró atinar a hacer nada mientras Dinamarca agitaba sus manos sin saber cómo apaciguar el dolor que sentía. El cuchillo se clavó directo en su ojo izquierdo, afortunadamente el impacto no fue tan profundo como para que le dañara más allá, sin embargo el dolor que experimentaba era brutal, lo mareaba y lo enloquecía, no había forma de reducirlo como sí pasó con el disparo que le llegó en su brazo derecho, si apretaba su brazo bajaba un poco la molestia. Ahora era diferente, ¿cómo podría siquiera quitarse él mismo el cuchillo?
Otro grito irrumpió en la sala, ahora venía de Noruega.
-Ja, quiero ver cómo haces magia ahora.
Usando su cuerpo como apoyo, Suecia aprisionó al noruego para poder exponer sus palmas y usando el mismo cuchillo del muchacho, le cortó las palmas.
El Noruega de su mundo no sabía usar magia como aquel, pero el que sí sabía era Islandia y en una guerra que tuvieron siglos atrás, logró sacarle ventaja cuando en batalla le cortó la palma derecha y el muchacho no pudo utilizarla. Cuando vio que esa nación hacía lo mismo, supo que tenía que aplicar la misma táctica para vencerlo.
Se sintió satisfecho al ver que el joven de ojos violetas seguía aprisionado en sus brazos, que había causado suficiente daño en el más alto para poder contrarrestarlo y que el más pequeño estaba demasiado paralizado como para actuar. Tres contra uno y les ganó a todos, era demasiado satisfactorio.
-Tú y yo vamos a dar un pequeño paseo para conocernos mejor -le susurró en el oído mientras lo arrastraba a la salida.
-Suéltame maldito hijo de puta -reprochó el noruego tratando de zafarse, pero el farsante era mucho más fuerte que él, aun con el brazo herido.
Dinamarca no podía oír nada, el dolor lo tenía prisionero en su mente. Intentó serenarse y respirar profundo, tenía que quitarse el cuchillo él mismo o sino todos morirían. En medio de un grito que caló hasta lo más profundo de los huesos de Finlandia, el danés logró quitárselo y lo lanzó al suelo con las manos temblorosas.
Dolía, dolía muchísimo, sentía como si ráfagas de fuego entraban por la cuenca de su ojo e incendiaran todo su cerebro. Dolía tanto que su ojo bueno no podía enfocar nada. Respiraba agitado, con ambas manos sobre la cuenca de los ojos, sentía cómo la sangre empapaba su mano izquierda pero no era consciente de cómo le temblaban.
-Dime, ¿cuál paisaje te gusta más? Creo que aquí hay más verde, ¿no?
El Suecia del otro lado logró sacar al arrastra a Noruega por la entrada principal, dirigiéndose hacia un bosque cerca del palacio. Era cierto, ese lado era mucho menos industrial, partiendo de la base que al costado había realmente un frondoso bosque rodeado de nieve. El noruego intentó varias veces liberarse del agarre pero el sujeto era muy fuerte y por más codazos y rodillazos que le pegara, permanecía como si nada.
-A mí en lo personal me gusta más este, aunque no he tenido el tiempo de conocer bien como es el otro Finlandia.
"¿Estamos en Finlandia?" se preguntó el chico al oírlo, pues habían llegado a la casa de Suecia, por lo que siempre pensó que estaban en la otra realidad de Suecia.
-Ya verás, te encantará -lo decía tan casual como si estuvieran dando un paseo amigable, no llevándolo al arrastra mientras sangraba.- Aquí nosotros somos más artesanales, nos dedicamos a la pesca, muy diferente a ustedes, pero eso va a terminar.
-¿A qué te refieres? -le preguntó secamente, insistiendo en liberarse. Las manchas de sangre se camuflaban en el rojo abrigo del sueco.
-Ya verás, mi nuevo amigo, ya verás.
-Suéltame ya.
-¿Ahora? Pero todavía no llegamos.
-Qué me dejes, maldito.
Se sentía tan impotente por no poder usar magia y apartarlo, por no poder quitárselo de encima con su fuerza.
De pronto, el hombre detuvo su caminar y lanzó al muchacho hacia adelante, Noruega se tropezó y cayó directo al suelo, ensuciándose sus manos ensangrentadas con nieve.
-¿A no que es bonito, verdad?
Noruega alzó la vista y vio un lago rodeado de árboles, se parecía bastante a los paisajes de Finlandia la verdad, muy diferente no era. Lo que le llamó la atención, eso sí, era que el lago no estaba congelado siendo que era invierno.
-Gracias a que eres un debilucho podremos adueñarnos de toda Escandinavia, será una pena cuando conozca a tu Islandia.
Sintiendo una brisa de energía en su interior, se levantó lo más rápido que pudo y vio la sonrisa burlona en el rostro del hombre. El sueco vio en los ojos violetas del muchacho como ardía el fuego del odio y como un aura verde azulada lo envolvía. Soltó una burlesca risilla.
-Vaya, ¿tu poder sale cuando se burlan de ti? Cosita…
-Te mataré, maldito.
No tenía ningún arma así que lo enfrentó cuerpo a cuerpo, el enojo que sentía era el motor suficiente para sacar fuerzas de donde no tenía, ese sujeto había herido a Finlandia, a Dinamarca, a Suecia y a él mismo, no le permitiría que siguiera saliéndose con la suya, destruyendo todo lo que apreciaba. El forastero vio cómo la energía vital del noruego aumentaba y se sintió complacido. Sin embargo, ya las visitas habían estado demasiado tiempo y él tenía otras cosas que hacer.
Le hizo una zancadilla al noruego, tirándolo cerca del lago, para aprovechar de sacar el cuchillo con el que le hizo las heridas en las manos. Noruega trató de levantarse pero el hombre le clavó el cuchillo en el tórax, causándole un fuerte dolor que le impidió incorporarse.
-Fue un gusto conocerte, le daré tus saludos a Islandia cuando lo conquiste.
Y en ese momento, Suecia hundió la cabeza de Noruega en el frío lago. Comenzó a patalear y a darle golpes en la mano, buscando liberarse. Sin embargo, con la mentalidad asesina y fría que tenía, Suecia empujaba con su brazo herido el cuello de su víctima, cargándose encima para hacer más fuerza, mientras con su mano buena le propinaba nuevas puñaladas en el tórax. Por el dolor, Noruega gritaba bajo el agua, sintiendo cómo el agua y el frío escocía su garganta y pecho. No podía oír nada y desesperantemente iba sintiendo que su energía se acababa, que su concentración se iba, que el oxígeno se esfumaba, ¿moriría así? ¿su historia de siglos, llena de cruentas guerras y batallas terminada por un lunático de otra realidad? Pero por más que luchaba, no podía quitárselo de encima y mientras más se movía más sangre perdía, más dolor sentía, más mareo lo abordaba, más agua inundaba sus pulmones.
Intentó hacer un último esfuerzo, invocar a un troll, que algo de magia saliera de él y poder liberarse, no iba a dejar que ese asesino le hiciera más daño a los nórdicos, en especial a su hermanito Islandia. Pensó en él, tenía sangre vikinga pero era pequeño y él, como su hermano mayor, debía protegerlo, cuidarlo, no podía permitir que le hicieran daño. Hizo el último esfuerzo en concentrarse y preparar bien el puño para apartar a ese Suecia, pero algo ocurrió.
De pronto dejó de sentir peso sobre él y algo lo sujetó del hombro, sacándolo del agua. Dio una gran bocanada de aire para luego toser y escupir gran parte del agua que había tragado. De su garganta solo salían jadeos. Cayó de espaldas, sintió su pecho subir y bajar con irregularidad y la nieve a su alrededor se impregnó de sangre. Se sentía profundamente mareado por las heridas y la falta de oxígeno, pero estaba vivo, aún estaba vivo. Su labio inferior temblaba por el frío como también por la conmoción; sin embargo no tenía la fuerza para girarse.
-¿Estás bien, Nor? -apareció arriba de él Finlandia, su Finlandia de toda la vida. Seguía pálido, ojeroso, temblaba de miedo y ansiedad, pero estaba ahí.- Dios, estás muy herido, debemos volver.
Quería hablar pero no podía articular palabra alguna, sus pulmones solo querían recuperar el máximo de oxígeno posible y no podía darse el gusto de desperdiciar la oportunidad hablando. Giró la cabeza y vio una masa roja en el lago, ¿acaso…?
-No morirá, nosotros no podemos morir ahogados, creo -le aclaró mientras lo ayudaba a incorporarse.- De a poco, Nor, levántate de a poco.
Con mucha ayuda, Finlandia lo ayudó a levantarse y ahí se dio cuenta lo herido que estaba. Esas puñaladas serían mortales en un humano, pero para él solo eran heridas graves. La única forma que pudieran morir era que les detuvieran el corazón y ahí entendió, lo apuñaló tantas veces buscando perforarle el corazón y no lo logró. Menos mal no lo logró.
En el agua se veía el cuerpo de ese Suecia flotando boca abajo. Como estaba tan concentrado intentando matar al noruego, ese Suecia jamás se percató que los seguían y menos que Finlandia lo golpearía con el palo de un hacha que estaba en el camino, dejándolo inconsciente. Para evitar que se levantara, lo empujó al agua fría, donde quedaría en coma hasta tener atención médica. No estaría muerto, pero no los volvería a atacar.
Con gran esfuerzo, caminó junto al finés de regreso al palacio. Finlandia iba despacio para no agotarlo, pero aunque no fueran heridas mortales sí eran lo suficientemente graves para causarle un desmayo.
-Fin, déjame aquí -pidió mientras se detenía, estaba muy cansado y mareado.
-No, tenemos que volver, Dinamarca nos espera, Suecia nos espera.
-Ayuda a Den, está muy herido.
-¡Tú también lo estás!
-No puedo más.
-Noruega, mírame bien -le tomó la cabeza para que lo mirara a los ojos.- Eres un guerrero, tú puedes mucho más de lo que crees.
Finlandia podía ver cómo el joven estaba más pálido de lo usual, incluso transpiraba helado por la pérdida de sangre. Miró el camino, aun faltaban unos cuantos kilómetros para volver al palacio así que, dándose cuenta que no habría otra forma, cargó a la nación de los fiordos en su espalda.
-No te voy a abandonar -le dijo jadeante.- Ustedes vinieron a ayudarme, yo no los voy a abandonar.
En ese momento una ráfaga de energía alzó al finés, asustándolo por un momento pero luego notó que era la energía de un troll el que lo estaba ayudando a volver. Noruega descansaba en la espalda del chico, respiraba agitado y se encontraba demasiado mareado como para prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.
-¡Noru! ¡Fin! -exclamó en un susurró el danés al verlos llegar. Ya no temblaba pero todavía tenía su mano tapándose el ojo izquierdo. El dolor había disminuido pues se había acostumbrado a él.- ¿Qué le pasó? -preguntó al ver el deplorable estado del muchacho.
-Casi lo mata, menos mal alcancé a llegar -Finlandia miró a Dinamarca, quería preguntarle cómo estaba aunque claro, era obvio que él tampoco estaba bien. Su mano izquierda estaba empapada en sangre y lo más probable era que hubiera perdido el ojo.
-Tenemos que volver -mencionó el danés.- Nos tienen que curar.
Finlandia lo sabía, no iban a poder rescatar a Suecia si estaban así, menos aún cuando su contraparte era todavía más bélica que la contraparte de Suecia; sin embargo, se sentía mal por irse de ahí sin él.
-Volveremos a por él -lo calmó el danés, como leyendo sus pensamientos.- Pero ahora ni Noru ni yo podemos ayudar.
-Lo sé… es solo que…
-Fin, creeme que te entiendo -apoyó su mano en el hombro del muchacho, transmitiéndole cercanía y empatía.- Pero si este no nos mató, tu contraparte lo hará si vamos así.
Finlandia guardó silencio, entendía la situación pero eso no lo hacía sentir mejor.
-Crucemos por cualquier espejo, estamos en la contraparte de mi país.
-¿O sea que todo este tiempo hemos estado en Finlandia?
-Sí, no sé como, pero a Suecia lo hicieron cruzar así, apareció de la nada con esos dos por el espejo del suelo. Estoy seguro que lo tienen prisionero acá, pero no sé donde.
-Una vez curados, vendremos otra vez y más preparados. Te ayudo a llevar a Noru.
Entre los dos, con cuidado, cargaron a la nación hasta el espejo más cercano. Una empleada de la casa de Finlandia se asustó tanto al verlos cruzar de repente, que en cosa de segundos se llenó de personas la sala donde ellos estaban. Empezaron a escuchar en finés las palabras "médico" "ayuda" "urgente" pues el estado de los tres era sencillamente deplorable. Dinamarca se tuvo que sentar a esperar la atención en el suelo, apoyándose en la pared, no era capaz de sostenerse en pie. Finlandia acomodó a Noruega al costado de Dinamarca, quien recargó su cabeza en el hombro del nórdico más alto, seguía respirando con dificultad y tenía toda su ropa llena de sangre.
-¿Pero qué está pasando aqu…?
El rostro de la Primera Ministra finlandesa quedó tan blanco como la nieve cuando vio a los tres nórdicos en ese estado mientras llegaba la atención médica, especialmente cuando vio a Finlandia en bata y en deplorable estado, ¿cómo podía ser si hacía apenas unas tres horas había hablado con él?
-Fin, ¿pero como…? -no sabía ni como empezar a preguntar por la impresión.
-Llegó la ambulancia -avisó uno de los empleados.- Permiso señora ministra, los tenemos que llevar.
-Ven conmigo -le pidió Finlandia a su jefa.- Te explicaré todo.
El sentimiento de angustia se apoderó de la jefa de estado cuando se enteró que fue víctima de un enorme engaño que pudo haber puesto en severo riesgo a su país. Iban solos en la ambulancia, pues en otra iban los otros dos países.
Finlandia estaba sentado en la camilla, le habían puesto una sonda con líquidos para hidratarlo y le habían curado la herida en la cabeza.
-Tranquila -le decía de forma conciliadora, no estaba molesto para nada.- No llegó más lejos, así que todo está bien.
-No, Fin, no está bien. Le creí a alguien demasiado parecido a ti, pude haber causado una catástrofe, no merezco este título.
-Tú mejor que nadie lo merece -le insistió, manteniendo una mirada calma y amable.- La gente confía en ti, yo confio en ti y fue mejor que no le llevaras la contra, ese tipo es… -guardó silencio al recordar cómo lo amenazó con una metralleta.
-¿Esto tiene relación con el caos que hay en algunos países?
-Sí -asintió.- Varios fuimos secuestrados -ella se llevó las manos a la boca.
-¿O sea que Suecia…? -Finlandia asintió angustiado, sintiendo que se le cerraba la garganta.- Oh por Dios -espetó aturdida.- ¿Qué podemos hacer?
-Esto lo tenemos que resolver nosotros -mencionó la nación recuperando la compostura.- Los humanos no tienen que saber.
-Pero…
-No, no todos lo entenderán, puede ser peor. Pueden cometer un error.
-¿A qué te refieres?
-Si saben que hay un impostor, tratarán de matarlo… y si lo logran… moriré yo… y si un país muere, muere su gente, morirían ustedes… todos nosotros -la jefa de estado estaba realmente sorprendida escuchándolo.- Por eso, ningún humano debe saber y debes prometerme que no le dirás a nadie.
-Pero si otros jefes se enteran tomarán medidas…
-¿Confías que todos lo tomarán con la calma que esto amerita? ¿Confias que todos los jefes de estado son personas serenas y cuerdas?
Ella negó, sabía que había personas con poder que lo que menos tenían era serenidad y que con esa información se podía generar un enorme caos.
-Esta bien, Fin, haré lo que tú me digas.
-¿Qué fue lo que hablaste con él?
…
-Cómo ya le dije, no puede verlo.
-¡¿Por qué no? No me iré hasta que Inglaterra se digne en aparecer.
-Porque salió a caminar, dijo que necesita…
-Aire, sí, así me informó mi secretario -replicó con desdén Escocia, a la vez que sacaba un cigarro.
-Aquí no puede fumar.
Se encontraba en la sala principal del Palacio de Buckingham, él por ser Escocia podía entrar a ese lugar sin mayores problemas; el problema era avanzar más allá de esa sala.
El pelirrojo decidió acatar la indicación del empleado, solo para poder entrar; en otros tiempos lo habría encendido igual.
-De todas formas, que necesite aire no impide que hable con él, podemos estar en los jardines.
-Señor, ya le dije. El mismo Inglaterra pidió que nadie lo viera.
-Pero yo no soy un humano, soy su hermano quiera o no, tiene que verme. Así que hazme el favor y déjame pasar.
-No puedo.
-¿No vas a dejarme pasar? Puedo esperarlo pero déjame pasar,.
-Es que…
-Me parece de pésimo gusto que a mí, que soy parte del Reino Británico se me haga este desaire.
En el fondo, Escocia tenía razón. El Reino Unido surgió por la alianza entre él e Inglaterra luego de unas catastróficas campañas de conquista en el caribe, por lo que él tenía el mismo derecho de Inglaterra a estar en los palacios así como Inglaterra se paseaba por los de Edimburgo como Pedro por su casa.
El hombre no pudo frenar sus intenciones y al final cedió, dejándolo pasar. Ya dentro, Escocia notó con mayor intensidad las ráfagas de energía que había notado en su propia casa, y lo más curioso es que no se veía reflejado en los espejos. El hombre avisó al secretario de Inglaterra, quien, ya cabreado por lidiar con los países, lo llevó a una sala que Escocia no había visto.
El pelirrojo miró a su unicornio, invisible para el resto de los humanos, quien estaba algo inquieto.
-Estoy seguro que me trajo aquí para que deje de molestar -sacó el cigarrillo de su chaqueta.- Al menos aquí nadie me prohibirá fumar.
Dio una bocanada de aire, sintiendo cómo la nicotina lo relajaba. Sin embargo, notó que el humo se movía de una forma diferente. En general, el humo va en una dirección según el viento o se queda estático en un lugar ante la falta de él, pero en esa habitación se movía en amplias ondas, como si quedara atrapado en una corriente que nadie podía sentir.
Y la corriente venía principalmente de un amplio espejo bellamente decorado.
El unicornio relinchó y movió la cabeza hacia los lados, la colita también la movía como intentando apartar algo que lo molestaba.
-¿Qué pasa? -el mítico animal apuntó con su cabeza el espejo y el pelirrojo se acercó a observalo mejor.- ¿Ves algo extraño en él? Porque, analizándolo bien… -aspiró otro poco del humo y lo dispersó directamente en el cristal, para su sorpresa el espejo absorbió el humo en vez de reflejarlo.- Este espejo no es normal -comentó aturdido.
Acercó la mano libre a él y notó cómo sus dedos se fundían con el vidrio, el cual se sentía como agua bajo su piel. Miró a su compañero, quien relinchó más fuerte.
-Shhh -lo silenció.- Si haces ruido vendrá alguien, ¿quieres venir conmigo?
El unicornio titubeó y Escocia notó eso, si él estaba indeciso, ¿valía la pena averiguar qué pasaba? Sin embargo, sabía dentro que sí que no se quedaría tranquilo, la idea le carcomería la cabeza hasta que, tarde o temprano lo haría… y si su hermano no quería recibirlo… ¿por qué no averiguar qué ocurría?
Le hizo un gesto al animal y ambos cruzaron el espejo.
No supo si le impactó más ver una versión apagada y decadente del brillante Palacio de Buckingham que conocía o ver a Inglaterra magullado y atado a un pilar. Lanzó el cigarro al piso para luego apagarlo con el pie y rápidamente se acercó a él, tomó con suavidad su rostro entre sus manos y palideció al ver lo herido que estaba.
-Inglaterra, por Dios, ¿qué te pasó? -le preguntó completamente sorprendido.
El hombre rubio tenía tan hinchada la cara que no se veía si tenía abierto o cerrado los ojos, tenía restos de sangre seca en la boca y en la cabeza, su ropa estaba rasgada y con manchas de sangre. Se le veía pálido y con la piel fría al tacto. Trató de hablarle pero solo murmuraba, no se le lograba entender. Lo que Escocia no sabía era que al inglés le dolía hasta respirar por tener las costillas rotas.
-No te entiendo, habla más fuerte -nuevamente murmuró cosas inentendibles.- Da igual, te sacaré de aquí.
Sintiendo lástima por él, notó las heridas en las muñecas, las tenía al rojo vivo de tanto roce y las cuerdas estaban con manchas de sangre seca. Con suavidad, lo desató y escuchó como Inglaterra soltaba un suspiro de alivio.
-¿Te puedes parar? -intentó levantarlo pero era cargar un peso muerto, el hombre no prestaba ayuda alguna, por lo que tuvo que volver a sentarlo en el suelo o sino se caerían ambos.
Escuchó a su unicornio reclinar y tuvo una idea, colocar a Inglaterra arriba de él para cruzar otra vez a su realidad.
-Oh, al fin te conozco -escuchó una voz a sus espaldas, mientras volvía a levantar al inglés.- Cuando fui a tu casa no te vi.
De inmediato volteó y se topó con alguien muy parecido a él, pelirrojo y de ojos igual de rojizos, vestía ropa de civil, una camisa cuadrillé que le recordaba a los patrones de los Kilt y pantalones de jeans. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue ver en su hombro a una criatura mágica mostrándole los dientes, en pose amenazante.
-¿Quién eres?
-Yo diría más bien, ¿qué haces tú llevándote a nuestro prisionero? -el muchacho entró a la habitación con absoluta calma.
-¿Tú le hiciste esto? -preguntó sintiendo cómo la rabia se apoderaba de él. Era cierto, se llevaba mal con Inglaterra, pero eso no significaba que iba a permitir que cualquiera lo maltratara así. El sujeto sonrió.- Lo vas a pagar.
-¿Tú solo? Ja, no me hagas reír -la calma que tenía el hombre le causaba mala espina a Escocia.- A diferencia de tu Reino Unido, acá realmente estamos unidos.
-¿De qué…?
En ese momento, la puerta se abrió y observó a dos personas más, parecían trillizos, todos pelirrojos de ojos rojos.
-Te repito, ¿qué haces tú llevándote a nuestro prisionero?
