56. NODOS
Pero al buscar, ¿cómo podemos no desear un resultado concreto? ¿Qué científico afronta un proyecto sin una esperanza de lo que encontrará?
De El Ritmo de la Guerra, subtexto de la página 6
Venli estudió la gran maqueta de la torre. Qué construcción tan compleja, qué obra maestra de la escultura, bañada en la violeta luz de luna que entraba por la ventana. ¿Para qué la habrían usado los antiguos Radiantes, hacía tantos años? ¿Era una obra de arte olvidada o algo más? Había oído a varios vacíospren comentando que quizá fuese un modelo a escala para que los spren vivieran en él, pero, por muy intrincada que fuese, carecía de cosas como mobiliario o puertas.
Venli la rodeó y pasó por el centro, donde estaba partida para mostrar un corte longitudinal. Por algún motivo, verla en miniatura resaltaba lo imposiblemente gigantesca que era la torre. Incluso reconstruida a escala, tenía dos veces la altura de Venli. Negó con la cabeza y dejó atrás el modelo para pasar entre los Radiantes caídos, que yacían silenciosos en el suelo de aquella gran cámara. A petición de Rabeniel, Venli había encontrado un lugar en el que tenerlos a todos juntos. La Dama de los Deseos había querido que estuvieran en la planta baja y cerca de las salas del sótano, para poder enviar mensajeros con rapidez, pero aquella zona de la torre estaba demasiado ocupada. Así que, en vez de molestarse en expulsar a la gente de una cámara para utilizarla, Venli se había apropiado de aquella recién descubierta y vacía. Solo tenía una entrada, así que era fácil de proteger, y la ventana proporcionaba luz natural. Había unos cincuenta en total. Quizá, siendo tan pocos, las fuerzas de Rabeniel podrían haber conquistado la torre incluso si los Radiantes hubieran luchado. Quizá no. Aquellos Radiantes modernos tenían algo. Los Fusionados parecían sorprenderse una y otra vez con ellos. Habían esperado incapacidad, falta de experiencia. Roshar llevaba muchos siglos sin el vínculo Radiante. Los nuevos caballeros no habían contado con maestros que los entrenaran, habían tenido que descubrirlo todo por su cuenta. ¿Cómo les había ido tan bien?
Timbre latió sus pensamientos sobre el asunto. A veces la ignorancia era una ventaja, ya que no estabas limitada por las expectativas del pasado. Quizá fuese eso. O quizá fuese otra cosa. Spren nuevos, jóvenes, entusiastas… enfrentados a almas Fusionadas viejas y cansadas. Venli se quedó cerca del cuerpo de una mujer joven. Cada Radiante estaba tendido sobre una manta y cubierto por una sábana, como un cadáver, con solo la cara a la vista. Aquella Radiante, sin embargo, se movía. Tenía los ojos cerrados pero contraía la cara, como atenazada por una terrible pesadilla. Tal vez fuese eso. En el pasado, Odium había invadido la mente de Venli, así que ¿quién sabía hasta dónde podía llegar su toque corruptor?
«Corredora del Viento», pensó Venli leyendo las marcas del suelo al lado de la mujer. Habían apuntado allí todo lo que el equipo de Venli había podido averiguar sobre cada Radiante interrogando a los humanos de la torre. Miró hilera abajo hacia otro Radiante cuyo rostro tenía tics parecidos. También era Corredor del Viento.
Concluyó la inspección y fue a reunirse con Dul. Al final Venli no había tenido ninguna dificultad en poner a su gente de más confianza a cargo de los Radiantes caídos, ya que Rabeniel lo consideraba un buen uso para ellos.
—Los otros Corredores del Viento —dijo Venli en voz baja—. ¿Parecen todos…?
—¿Más cerca de despertar? —aventuró Dul a Asombro—. Sí. Así es. Cuando algún Radiante se mueve, siempre es un Corredor del Viento. Hemos visto a algunos murmurando en sueños.
—Rabeniel me ha pedido que compruebe precisamente eso —dijo Venli a Ansiedad—. Parece que ya lo anticipaba.
—Tampoco era difícil de adivinar —repuso Dul—. La Radiante que está despierta y que en teoría merodea por la torre es un Corredor del Viento, ¿verdad?
Venli asintió, mirando las hileras de cuerpos. Los leales a ella caminaban entre los Radiantes, administrándoles caldo y cambiando las mantas manchadas.
—Ha sido una buena jugada situarnos aquí —susurró Dul—. Cuidar de los humanos nos permite reunir mantas y ropa, para cuando nos marchemos. He empezado a hacer acopio de pasta de caldo, que debería aguantar bien.
—Bien —dijo Venli a Ansiedad—. Cuando solo haya nuestra gente por aquí, haced pruebas a esos Corredores del Viento y mirad a ver si podéis despertar a uno.
—¿Y si lo conseguimos? —preguntó Dul a Escepticismo—. Creo que es una idea espantosa.
El primer instinto de Venli, incluso entonces, fue darle una bofetada. ¿Cómo osaba cuestionarla? Sofocó ese instinto, aunque la advirtiera de que seguía siendo la misma persona egoísta a pesar de todo. Unas pocas Palabras no la convertían de repente en alguien mejor.
—Sus poderes seguirían estando reprimidos —le explicó Venli—, así que no debería ser un peligro para vosotros. Y si se pone violento, huid y dejad que supongan que ha despertado espontáneamente. Eso evitará que se nos implique.
—Bien, pero ¿por qué arriesgarnos?
—Escapar y escondernos sería mucho más fácil con la ayuda de uno de estos —dijo Venli—. Como mínimo, necesitaremos una distracción para huir. Que los Corredores del Viento despertaran de pronto y se pusieran a luchar nos la proporcionaría.
Miró a Dul, que seguía canturreando a Escepticismo.
—Escucha —dijo Venli mientras completaban su ronda por la sala—, no me gustan los humanos más que a ti. Pero si de verdad queremos escapar, tendremos que aprovechar todas las ventajas que encontremos. —Barrió con la mano la sala llena de Radiantes desmayados—. Esta podría ser una enorme.
Por fin, Dul canturreó a Reconciliación.
—Supongo que tienes razón. Merece la pena intentarlo, aunque no sé muy bien cómo despertar a esta gente. Lo que necesitamos es un cirujano. Nos vendría bien de todas formas, porque algunos empiezan a tener llagas y atraer a putrispren. Otros no aceptan el caldo, aunque tienen hambrespren zumbando alrededor.
Venli armonizó a Paz mientras se le ocurría una idea.
—Seguro que puedo proporcionaros cirujanos. De hecho, sé de uno que podría estar dispuesto a apoyar nuestra causa. Un humano. Está escondido, por ciertos asuntos que no debemos revelar. Pero creo que podría traerlo aquí para ayudar.
Dul asintió, canturreando a Apreciación. Venli lo dejó allí y salió al atrio, con su largo pozo vertical que ascendía hasta la cima de la torre. Pasó junto a varios regios que montaban guardia en el acceso a la sala de la maqueta. Leshwi le había dicho que pusiera al cirujano y su familia en algún lugar seguro. Bueno, pues tenía sentido llevarlos allí. Se aproximaba la hora del toque de queda, así que en el suelo del atrio la gente estaba apresurándose a terminar sus últimas actividades. Los humanos, que ya no estaban recluidos, habían salido reptando de sus caparazones como enredaderas tras una tormenta. Muchos de ellos vivían alrededor del atrio, y habían llevado carros para erigir comercios improvisados cerca del inmenso ventanal. Los humanos buscaban la luz del sol como los spren las Pasiones. Esa noche, caminaban con aprensión y guardaban la distancia con Venli, como si no pudieran creerse que debieran continuar con sus vidas como si no hubiera pasado nada. Venli encontró una escalera y subió deprisa, provocando que unas mujeres humanas se apartaran a un lado y diesen leves respingos, atrayendo miedospren con forma de gusanos. A veces Venli olvidaba lo temible que parecía su forma regia. Se había acomodado en ella y cada vez la sentía más y más como su estado natural, aunque tuviera un vacíospren atrapado en su gema corazón. En la primera planta, Venli se dirigió a un punto de reunión cerca de los balcones que asomaban al atrio. Se suponía que debía ponerse al servicio de un equipo de Fusionados, por si necesitaban intérprete. Muchos Fusionados tenían problemas para hablar con los cantores modernos. Tenía sentido, dado el poco tiempo transcurrido desde su regreso. Lo que Venli encontraba raro era que algunos, como Rabeniel, ya hubieran aprendido a hablar alezi moderno. Venli llegó al lugar acordado y se sorprendió al encontrar allí a varios Profundos, los extraños Fusionados de cuerpos cimbreños y ojos blancos lechosos, que brillaban en rojo desde atrás. Les gustaba pasar el tiempo hundidos en la roca tanto como a los Celestiales volar. A veces Venli entraba en una sala y encontraba a uno o dos de ellos pasando el rato allí, hundidos en el suelo, revelando solo sus caras con los ojos cerrados. Esa noche había un grupo de cuatro, asistidos por unos cuantos cantores comunes que cargaban material. Los Fusionados estaban discutiendo entre ellos en su idioma.
—Ya pensaba que la arena no funcionaría —dijo un Profundo a Resentimiento. Sus ritmos sonaban raros. Apagados—. Tenía razón en esto. Deberíais reconocerlo.
—Hay demasiados fabriales distintos en la torre —dijo otro—. Y demasiados spren. El dispositivo que buscamos no deja una impresión lo bastante fuerte para ser perceptible, oculto como está.
—Estáis buscando el fabrial que genera el escudo alrededor de la columna —adivinó Venli.
Rabeniel había mencionado que el campo lo creaba un fabrial, del que teorizaba que estaría mantenido por varias gemas, llamadas nodos, escondidas en algún lugar de la torre. Los Profundos no la reprendieron por haber hablado sin que se dirigieran antes a ella. Como Voz de Rabeniel, Venli tenía cierta autoridad, incluso con aquellos. No para darles órdenes, pero desde luego sí para hablar.
—¿Por qué no usar secretospren? —preguntó—. Encuentran fabriales con tanta facilidad como encuentran Radiantes, ¿verdad?
—La torre entera es un fabrial —dijo una de los Profundos—. Aquí los secretospren no sirven de nada. Dan vueltas en círculo, confundidos. Pedirles que encuentren un uso específico de luz aquí es como pedirles que encuentren una zona concreta de agua en un océano.
—Spren inútiles —dijo otro—. ¿Habéis visto a los caospren?
Venli los había visto. Aquellos tipos de vacíospren, en general invisibles salvo para aquellos a quienes escogían aparecerse, estaban dejando chispas en el aire, como si reaccionaran de alguna manera al campo de amortiguación. En aquel lugar, hasta alguien que no pudiera mirar en Shadesmar sabría si lo estaban observando o no. Al pensarlo, Venli armonizó a Emoción. No había spren invisibles… y los secretospren eran inútiles. Eso significaba que en la torre, un Radiante podría usar sus poderes con libertad sin que lo detectaran.
Ella podría usar sus poderes sin que la detectaran.
Lo que implicaba aquello hizo que Timbre empezara a vibrar a Emoción también, en sincronía con la armonización de Venli. Por fin.
Podrían practicar.
Pero ¿se atrevería?
—Voz —dijo una de los Profundos, haciéndole un gesto para que se acercara. Era una mujeren con la piel blanca y unas tenues líneas arremolinadas de rojo—. Tenemos que encontrar esos nodos. Pero sin los secretospren, quizá nos toque registrar la torre entera. Tú empezarás a interrogar a los humanos. Pregúntales sin han visto alguna gema grande que no parezca estar conectada a ningún fabrial visible.
—Como deseéis, antigua —respondió Venli a Vergüenza—. Pero si me permitís decirlo, me parece una solución poco elegante. ¿No es probable que los nodos estén ocultos?
—Sí —dijo otro—, pero también deben ser accesibles. Su propósito es permitir que los Radiantes carguen el escudo de luz tormentosa.
—Aun siendo así, antigua, me mantengo escéptica —dijo Venli—. Suponiendo que los humanos me respondieran con sinceridad, sospecho que no sabrían nada. No han terminado de cartografiar todas las plantas de la torre, no digamos ya sus lugares secretos. ¿De veras deseáis que pasemos meses hablando con todos los humanos, preguntándoles si han visto algo tan poco preciso como una gema cualquiera?
Los Profundos canturrearon a Destrucción, pero no la contradijeron. Como ocurría con muchos de los Fusionados, no se oponían en principio a que los desafiaran, si el argumento era válido. Venli podría aprender de ellos a ese respecto.
—Es lo que decía yo —insistió uno a los demás—. Podríamos pasar años registrando este lugar sin descubrir nada.
—¿Los nodos no estarán conectados a la columna de cristal? —preguntó Venli.
—Sí —dijo un Profundo—. Por vetas de cristal, para transportar la luz tormentosa.
—Pues podríamos seguirlas —propuso Venli—. Podríais hundiros en la roca, buscarlas y usarlas para encontrar los nodos.
—No —dijo otro a Mofa—. No podemos ver estando insertados. Podemos oír, y podemos cantar, y los tonos de Roshar nos guían. Pero este fabrial está creado para guardar silencio ante nosotros. Si quisiéramos seguir las líneas, tendríamos que partir la piedra, y cercenar así toda conexión con la columna. Eso podría destruir por completo las protecciones de la torre, permitiendo que los Radiantes despierten y perjudicando nuestros propósitos.
—Por tanto, si encontrarais una gema en la torre —dijo Venli—, no podríais saber si está enlazada o no al campo de protección. Quizá romperíais la gema y descubriríais que estaba conectada a otra cosa que no tenía nada que ver.
Los Fusionados le canturrearon a Mofa. Venli estaba forzando los límites de interferencia que estaban dispuestos a aceptar.
—No, necia —dijo la mujeren—. Este fabrial de protección es nuevo. Se añadió a la torre después de su creación. Habrá pocas otras gemas que se parezcan a estas. El resto de la torre funciona como una sola entidad, motivo por el que Rabeniel pudo activar sus protecciones infundiéndola con luz del vacío.
Eso… no explicaba tantas cosas como ellos parecían creer, en realidad, pero Venli canturreó a Sumisión para indicar que agradecía la información y que la hubieran sacado de su error. Mientras tanto, su mente seguía amilanada por lo que había descubierto antes. Llevaba muchos meses cohibiéndose con sus poderes, diciéndose a sí misma que no se atrevía a usarlos. Pero ¿por qué seguía preocupada después de lo que había averiguado?
Timbre latió. Le indicaba que no pasaba nada por temer algo nuevo. Era natural.
Pero no lo era, no del todo. Parecía que Venli se había pasado casi toda la vida temiendo las cosas que no debía. Su curiosidad había provocado la perdición de su pueblo. Y estaba jugando con unos poderes que no comprendía y reuniendo todo un grupo de esperanzados que dependían de ella. Si hacía alguna jugada errónea, Dul y los demás estaban condenados. Los Profundos conferenciaban entre ellos. Pero la mujeren no dejaba de observar a Venli. Los otros tres parecían considerarla su superior, porque callaron cuando ella habló.
—Eres mortal —dijo la Fusionada a Venli—. Eres la Última Oyente. Pocos regios se ganan un verdadero título, y me resulta extraño encontrar a la hija de traidores con uno. Dime, ¿dónde situarías tú esos nodos, si tuvieras que hacerlo?
—Yo… —Venli armonizó a Agonía—. No tengo conocimientos sobre la torre. No sabría deciros.
—Prueba —la animó la Fusionada—. Inténtalo.
—Supongo que los situaría en algún lugar donde resultara fácil proporcionarles luz tormentosa —dijo Venli—, pero donde nadie fuese a buscarlos. O… —Se le ocurrió una idea, pero la silenció. No quería ayudarlos. Cuanto más tardaran en corromper del todo la torre, mejores perspectivas pensaba que tendrían los suyos—. No, no importa. Soy una necia, antigua, y una ignorante.
—Tal vez, pero también eres mortal, y piensas como tal —repuso la Profunda—. Los mortales se ajetrean. Tienen unas vidas cortas, siempre llenas de demasiadas cosas que hacer. Y en cambio, también son perezosos. No quieren hacer nada de lo que deberían. ¿No dirías que eso es cierto?
—Eh… Sí, por supuesto —respondió Venli. Aquella no era una Fusionada que buscara objeciones.
—Sí —dijo otro Profundo—. ¿No colocarían las gemas nodo, al menos una de ellas, donde la luz tormentosa pudiera renovarla de forma natural?
—Las tormentas llegan hasta esta altura muy pocas veces —dijo otro—, pero el hecho es que llegan. En consecuencia, tendría sentido poner una al alcance de una ocasional infusión gratuita de energía.
Timbre latió a Pena en el interior de Venli. Era justo la idea que había elegido no compartir. ¿Cuál era el mejor lugar para un nodo?
En algún punto del exterior, pero no en las terrazas, donde alguien podría verla. Miró a través del atrio hacia el enorme ventanal. Los Profundos parecían haber llegado a la misma conclusión que ella, porque se alejaron fluyendo hacia la pared del fondo para buscar señales de una gema incrustada fuera. Timbre latió a Decepción.
—No intentaba ayudarlos —susurró Venli—. Además, lo han deducido casi todo por su cuenta. Timbre latió de nuevo. Con un poco de suerte, aquello quedaría en nada. Era solo una suposición, al fin y al cabo. Los Fusionados no le habían dado instrucciones, así que Venli se quedó con los sirvientes hasta que distinguió una figura conocida que cruzaba presurosa el pasillo. Era Mazish, la esposa de Dul, también miembro del círculo interno de Venli. Se adelantó deprisa para interceptar a la achaparrada mujeren en forma de trabajo, que estaba canturreando a Ansiedad.
—¿Qué pasa? —preguntó Venli.
—Venli —dijo ella—. Venli, han… han encontrado a otro.
—¿Otro Radiante? —preguntó Venli a Confusión.
—No. No es eso. O sea. —Cogió a Venli por el brazo—. A otro como tú. A otro oyente.
