Notas: Sir Frederick es uno de los personajes peores que he creado y está basado en una persona real.

Noviembre 1812

"Mi amor, lamentablemente ya escuchaste lo que nos dijo el doctor." Acarició la mejilla de su esposa, y agregó, "Sabes que en tu estado no es conveniente que vengas conmigo a Londres, y bajo ningún concepto quiero que arriesgues tu vida y la de nuestro futuro hijo." Beso suavemente sus labios, "Te prometo que voy a terminar lo antes posible para volver pronto contigo." Hizo una pausa y la miró a los ojos, "Ya sabes que te adoro y no puedo estar mucho tiempo separado de ti."

Su esposa sonrió débilmente y asintió, "Sé que tienes razón y no es conveniente que vaya contigo a Londres, pero voy a extrañarte muchísimo."

"Yo también voy a extrañarte muchísimo."

"¡A veces quisiera que fueras menos responsable y delegaras más tareas!"

"Todo lo hago por ti y por nuestro futuro hijo. Sabes que eres lo más importante del mundo para mi" Diciendo eso comenzó a besarla apasionadamente y posteriormente hicieron el amor.

Esa misma tarde, Sir Frederick salió a Londres por varias semanas con la excusa que tenía varias reuniones de negocios y tenía que ver a su abogado para revisar unos contratos y modificar su testamento.

Su esposa estaba muy enamorada de él y jamás sospechó nada de su querido Frederick. A los ojos de ella, era un esposo ejemplar, amoroso y considerado. Creía ciegamente todo lo que él le decía y se sentía la mujer más afortunada del Reino por haberse casado con un hombre tan perfecto como él.

Sus amigas y conocidas estaban envidiosas por su buena fortuna, e incluso una de ellas que estaba muy celosa le dijo unas mentiras de su querido Frederick con la esperanza que ella lo dejara.

Por otro lado, Sir Frederick a los pocos días de su boda, perdió por completo el interés en su esposa. Aunque si era honesto consigo mismo, los únicos motivos por los que se había casado con ella eran porque era muy rica y precisaba tener un heredero. Además, tenía la ventaja que no era muy inteligente y era muy fácil engañarla.

Unos meses atrás, se había enterado de la ruina y posterior muerte de Caroline Bingley. Por un par de días sintió un leve cargo de consciencia, pero posteriormente se olvidó de su responsabilidad en la muerte de Caroline. Sabía muy bien que era un hombre desalmado, y que no tenía corazón.

No siempre había sido así, varios años atrás había estado muy enamorado de la hija menor de un conde – Lady Marianne - y pensó que ella estaba enamorada de él..., y quizás lo estaba. Coqueteaba con el descaradamente e incluso le permitió que la besara, pero cuando le propuso matrimonio le respondió que su padre ya había arreglado un compromiso con un caballero más rico e importante que él.

Frederick quedo devastado, y a los pocos meses conoció a la Srta. Thorne. Esa fue su primera 'conquista', aunque en ese caso, la Señorita no era precisamente una jovencita inocente y le causó muchos problemas y casi se vio obligado a casarse con ella. Afortunadamente no lo hizo, porque a los pocos meses la señorita tuvo un hijo que no era seguro que fuera de él.

No frecuentaba establecimientos para caballeros ya que sabía que podía contagiarse de alguna enfermedad, tampoco confiaba en la fidelidad de las mujeres - salvo su hermana.

Su segunda conquista fue una jovencita huérfana, muy dulce e ingenua. El problema fue que sus guardianes se enteraron y trataron de forzar un matrimonio e incluso lo retaron a duelo; pero no aceptó.

A raíz de su incidente y para complacer a su padre, se comprometió con su primera esposa y posteriormente se fue por varias semanas a Netherfield con Eleonor.

Ahí fue que conoció a su tercera conquista, la ingenua y hermosa Srta. Bennet. Fue una pena que era la hija de un caballero, sino habría sido su amante. Después de casado tuvo solo dos romances y por último Caroline Bingley.

Por azares del destino hacía unas semanas se había reencontrado en una reunión con Lady Marianne. Ahora era viuda, y más hermosa que nunca. A raíz de ese encuentro, acordaron encontrarse a solas, pero hasta ese entonces no se había dado la ocasión.

Ella estaba ahora en Londres, y pensaban verse en una pequeña casa que su padre había comprado hacia veinte años para su amante que había muerto recientemente. Ya no la quería a Lady Marianne, pero aún estaba obsesionado con ella y la deseaba más que a cualquier otra mujer.

Al segundo día de viaje, finalmente llegó a su casa de Londres y lo primero que hizo fue pedirle a su hermana que le mandara una nota a Lady Marianne.