—Uf, el mío es seguro.

—Sí, dile eso a mis planos, Hallie.

—¡¿Podrían ustedes dos callarse, por favor?! —gritó Patán mirando a ambos hermanos.

—El diseño de un plano de sustentación es fundamental para que funcione y el tuyo no está completamente listo —dijo Hallie de brazos cruzados ignorando por completo a su primo.

—Eso está por verse.

—Si, ya lo veremos.

—¿Desde cuándo te volviste tan arrogante? —preguntó Hipo alzando una ceja.

—No es arrogancia, trató de razonar contigo para que no cometas una locura y salgas lastimado.

—Awww, ¿te preocupas tanto por mi, dragoncita?

—Tu diseño no cumple con las necesidades de la aerodinámica, Hipo.

—¿Desde cuándo sabes sobre aerodinámica? ¡Tienes once años!

Hallie y los otros jinetes estaban en la isla, los hermanos Abadejo les habían insistido a los otros jinetes que se encontraran con ellos en la cima de un acantilado.

Todos los jinetes estaban jadeando cuando llegaron a la cima e Hipo y Hallie todavía no habían explicado por qué tenían que estar en un acantilado y en lugar de eso se pusieron a discutir sobre algo que los jinetes no entendían.

—Está bien, ustedes dos, nos arrastraron hasta aquí así que basta de discutir —dijo Astrid con cansancio deteniendo la pelea de los Abadejo.

—Les prometo que valdrá la pena —dijo Hallie.

Ella les devolvió la mirada con una pequeña sonrisa crispando en las comisuras de sus boca. Los gemelos estaban uno al lado del otro, ambos parecían completamente exhaustos, Patapez, Astrid y Patán no se quedaban atrás.

—Ahora, ¿qué es lo que quieren mostrarnos? —dijo Brutacio—. Más vale que involucre comida o destrucción. O una combinación de ambas.

—Sé que todos se preguntan por qué los trajimos aquí hoy —dijo Hipo mientras se inclinaba por algo que estaba al lado de Chimuelo—. Y la respuesta es, queremos mostrarles nuestro último invento. Les presentamos el Dragón Volador Uno.

Luego les mostró una extraña mochila que consistía en un conjunto complejo de engranajes fijados a dos pares de alas rojas. Un par era un poco más grande que el otro, algo que a Hallie le inquietaba.

Los jinetes simplemente los miraron en silencio sin parecer impresionados por eso.

—¿Ah? —preguntó Hipo con entusiasmo y agarró una barra tirando de ella hacia arriba y extendiendo el ala y lo repitió varias veces.

De hecho, el único sonido que se podía escuchar era el suave cloqueo de la gallina mascota de Brutacio.

—La gallina no está sorprendida —dijo Brutacio levantando a Gallina.

Hallie miró a su hermano con una mirada seria—. Te dije que el diseño no era lo suficientemente impresionante.

—¿Qué es eso? —preguntó Patán.

—Un traje para volar —dijo Hipo balanceando las alas de un lado a otro en un movimiento deslizante. Aún así, los jinetes no dijeron nada y lo miraron en blanco—. No aplaudan todos juntos.

—Un momento, ¿dijiste "nuestro invento"? —preguntó Astrid mirando a Hipo antes de dirigirse a la niña a su lado—. Hallie, ¿en serio? ¿Tú también?

La pequeña Abadejo era lista, proactiva y la más centrada de toda su familia o más bien de toda la Isla de Berk. Pensaba en todos los posibles escenarios y calculaba las posibilidades de cualquier acción que se presentaba, así que por esas razones Astrid estaba sorprendida que Hallie participará en las pruebas locas de Hipo.

—Se como se ve esto, Astrid —dijo ella tranquilamente. Luego señaló a su hermano y al invento con molestía—. ¡Pero mi diseño es mucho más seguro y funcional!

—Hipo, Hallie, no creo que tenga que recordarles que ya tenemos dragones voladores —señaló Patapez señalando a Albóndiga—. ¿Por qué querríamos un traje para volar?

—Oye, algunos no tenemos dragones voladores —Hallie se señaló a sí misma bastante ofendida que no la tomaran en cuenta.

—Bueno, ¿y si tenemos que separarnos de nuestro dragón a mitad del vuelo? —dijo Hipo mientras se ponía el traje de vuelo—. Con esto podemos volar solos hasta que los volvamos a encontrar.

Chimuelo olfateó la mano de Hipo y miró a Hallie suplicando como si lo último en este planeta que quisiera que hiciera fuera dejar que su hermano probara esto.

—Cuando esto no funcione, y es claro que no lo hará, ¿Chimuelo será mío? —preguntó Patán.

—Creo que Chimuelo pasaría a ser de Hallie si esto no funciona —dijo Brutacio poniendo una mano en su barbilla.

Hipo puso los ojos en blanco—. Oh, por Thor —dijo y se dirigió al borde del acantilado. Chimuelo le gruñó a Patán y Brutacio.

Astrid vió las intenciones de Hipo y lucía extremadamente preocupada.

—¿Qué estás planeando hacer ahí? —preguntó Astrid, aunque ya sabía la respuesta.

—Saltar. A menos que tengas una mejor idea —dijo Hipo.

Astrid se palmeó la cara—. ¡Chicos! —ella murmuró.

—Oye, no me mires —dijo Hallie—. Le di mis razones por las que no está listo y que sería peligroso probarlo pero no me escucha.

Hipo le lanzó una mirada acusadora a su hermana y ella levantó sus manos en señal de rendición.

—¡Chicos, relájense! ¿Sienten la corriente? —dijo Hipo señalando el viento que venía del acantilado—. Por eso escogí este lugar. Levantaré las alas y planeare en una cama de aire.

Hipo luego jaló una palanca y las alas se extendieron. Bueno, el izquierdo completamente extendido, el derecho no. Hipo luego comenzó a jugar con él y se rió torpemente hasta que el ala se extendió por completo.

Hallie se contuvo de hacer un comentario sarcástico.

—O caerás en una cama de rocas —dijo Patán.

—Para que lo sepas, Chimuelo y yo estamos preparados por si algo sale mal —dijo Hallie subiendo a la espalda de Chimuelo y él la miró preguntándose en qué momento lo habían arrastrado a esto.

Hipo sonrió orgulloso de su hermana y volvió su atención hacia el acantilado—. Muy bien, escuchen. Dragón Volador Uno, vuelo inicial —dijo.

—Recuerda, Hipo —dijo Hallie señalando con el dedo—. Solo tienes tres intentos, si en esos tres intentos tu diseño no funciona, probaremos el mio.

—¿En serio están compitiendo sobre cuál diseño es mejor? —Patapez preguntó sorprendido.

Ambos hermanos se miraron y luego a Patapez—. Si —respondieron sin ninguna duda y Astrid volvió a palmear su cara.

Luego Hipo saltó del acantilado y en cuestión de segundos algo salió mal. El traje de vuelo y las alas no hicieron absolutamente nada y comenzó a caer hacia el suelo gritando.

—¡Hipo! —gritó Astrid.

—¡Primer intento! —Hallie exclamó y abrió la aleta de la cola de Chimuelo.

Y una vez Chimuelo saltó del acantilado con Hallie en su espalda y se deslizaron hacia Hipo.

—No sé ustedes, chicos, pero tengo la impresión de que con el traje para vuelo debía volar —dijo Brutacio.

—Sí, ese parece más un traje para desplomarse—dijo Brutilda.

Afortunadamente, Hallie y Chimuelo lograron agarrar a Hipo y lo protegieron del impacto del río en el que cayeron.

Brutilda se rió entre dientes—. Hazlo de nuevo —dijo ella.

Minutos más tarde, Hipo, Hallie y Chimuelo regresaron al acantilado y, después de hacer algunos ajustes en su traje de vuelo, Hipo se preparó para saltar del acantilado nuevamente.

Hallie miró con el ceño fruncido a su hermano mientras se quitaba el cabello mojado del rostro, y Chimuelo le gruñó luego de sacudir su cuerpo, preguntándole cuánto tiempo más tendría que pasar para detener a Hipo

—Bueno, si, hice algunos ajustes —dijo Hipo—. Ahora observen cómo vuela un profesional.

Saltó al acantilado y extendió sus alas y por una fracción de segundo pareció que funcionaba, pero comenzó a caer y gritar. Para la niña eso no era muy profesional.

—¡Segundo intento! —exclamó Hallie con cansancio.

Chimuelo suspiró y Hallie y él saltaron detrás de Hipo de nuevo y todos los jinetes se encogieron cuando chocaron con fuerza por el acantilado.

Hipo y Chimuelo regresaron al acantilado e Hipo todavía estaba decidido a probar su traje de vuelo. Le había hecho más modificaciones y esta vez confiaba en que funcionaría.

—Solo te queda un intento —advirtió Hallie a su hermano. No iba a admitirlo en voz alta pero no le agradaba para nada caer dos veces seguidas en un río.

—Esta vez, estoy completamente seguro de lo que estuve haciendo mal —dijo Hipo—. Todo es el momento. Analice mal la corriente. Les aseguro que ahora sí lo lograré.

Chimuelo parecía que estaba listo para saltar y rescatar a Hipo por tercera vez y esto no pasó desapercibido para Hipo.

—No, no, Chimuelo. No te preocupes, amigo, lo tengo bajo control —aseguró.

El viento ahora soplaba mucho más fuerte que antes—. ¿Lo ven? Ahí está —dijo Hipo luciendo complacido.

—Antes de que saltes —Hallie lo interrumpió—. Trata de planear hacía adelante así las alas desviarán el aire hacia abajo y eso creará una reacción para que te eleves.

Hipo asintió con la cabeza y luego miró el acantilado—. ¡Muy bien, ahora!

Hipo extendió las alas y saltó del acantilado. Astrid y Hallie miraron hacia abajo y miraron preocupadas mientras Hipo caía en picado hacia el río y Chimuelo se cubría la cara con su ala.

—¡Funciona! —Hipo pidió en voz alta.

Hipo lanzó un grito de frustración cuando las alas, una vez más, no lograron tomar vuelo, un largo grito escapó de sus labios mientras el agua se acercaba y aún no se levantaba. Sus dedos rozaron la superficie del agua antes de que algo se abra y voló hacia adelante en lugar de estrellarse

Estaba volando sobre el río, para sorpresa de los otros jinetes y Hallie, incluso Hipo estaba sorprendido.

—¿Estoy volando? —Hipo dijo atónito mirando hacia abajo a sus pies viendo el agua correr a su lado. Luego miró hacia adelante triunfalmente y gritó—: ¡Estoy volando!

—¡Está volando! —exclamó Hallie emocionada.

—¡Si! —gritó Hipo y estiró los brazos para ayudarse a mantener el equilibrio, se lanzó más allá de una pila de mar y dejó escapar una risa de victoria—. ¡Excelente!

—No puedo creer que ese pedazo de basura de verdad funcione —dijo Patán atónito.

Pronto Hipo estaba volando hacia un callejón sin salida y los ojos de Hallie se abrieron con miedo, los engranajes de las alas no estaban hechos para hacer giros longitudinales.

—Muy bien, vuelta a la derecha —dijo Hipo. Luego trató de mover su cuerpo hacia la derecha, pero pronto descubrió que no podía girar y pronto se encontró volando a gran velocidad hacia el callejón sin salida—. Si, bueno, tal vez debí escuchar a Hallie cuando me habló sobre la dirección. ¡Chimuelo! ¡Hallie!

—¡Se lo dije! —Hallie gritó subiendo a la espalda de Chimuelo.

Inmediatamente, Chimuelo saltó del acantilado y se dirigieron hacia Hipo. No fue fácil, porque la niña no tenía tanta experiencia operando la aleta de la cola y los jinetes temían que no llegaran a tiempo.

—¡Oh, Thor! ¡Oh, Thor! —Patapez entró en pánico cubriendo los ojos de Albóndiga y cerrando los suyos.

Hipo intentó todo para detenerse o girar, pero pronto se encontró girando fuera de control como lo había hecho hacia el callejón sin salida. Hipo se preparó para el impacto, pero Chimuelo y Hallie saltaron y lo agarraron. Los tres aterrizaron de nuevo en el río.

Hallie a pesar de haber estado preparada para el choque repentino, tenía poco aire en sus pulmones. Chimuelo agarró su arco con sus dientes y la arrastró hacia la superficie, no tenía idea de cómo nadar. Odiaba no saber nadar.

—Olvidaste el deslizamiento aerodinámico —logró decir Hallie cuando su cabeza salió a la superficie y se arrastró sobre las rocas, estaba completamente empapada—. Tonto.

—Gracias por salvarme, chicos —dijo Hipo después de que salieran del río. Chimuelo respondió escupiéndole agua y comenzó a hacer el equivalente a la risa de un dragón. Hipo tomó esto como un recordatorio de que no era la primera vez que lo hacían—. De nuevo.

Hipo luego se levantó y descubrió que su traje de vuelo estaba en ruinas.

—Parece que nuestras pruebas de vuelo se acabaron por hoy —dijo mirando el ala rota. Luego observó preocupado a su hermana al recordar su incapacidad para nadar—. ¿Estás bien, dragoncita?

Hallie respondió salpicando agua a su rostro en un gesto de molestía y Hipo suspiró.

—Tal vez sí tenías razón sobre que no estaba listo —dijo con una sonrisa nerviosa. Pero Hallie lo seguía mirando con la misma expresión—. ¿Si te digo que probaremos tu diseño dejaras de estar enojada conmigo, mi niña hermosa?

Antes de que ella pudiera contestar, miraron hacia arriba y vieron a los otros jinetes acercándose a ellos en sus dragones. Astrid fue la primera en aterrizar y se veía extremadamente furiosa.

—Muy bien, basta. Eso se terminó —dijo enfadada.

—Claro —estuvo de acuerdo Hipo y luego agregó en voz baja—. Por ahora.

—Hasta que hagamos mi diseño —Hallie susurró con los brazos detrás de la espalda.

Entonces escucharon un chillido en la distancia. Hallie levantó la cabeza, sonaba familiar, pero sin embargo diferente.

—¿Pero qué fue eso? —preguntó Astrid.

—Parece un dragón en aprietos —dijo Patapez.

—Uh, chicos, algo en ese alarido me parece extrañamente conocido —dijo Patán—. No algo conocido. Bueno, sino algo muy malo.

Volvió a mirar a los demás, pero pronto descubrió que despegaron sin él.

—Eh, chicos —dijo.

—Patán, rápido —gritó Hipo.

—¡Date prisa, primo! —exclamó Hallie.

Miró hacia arriba y los vio volar hacia donde escucharon la llamada de socorro, para su molestia.

—Argh, tiene que ser una broma —dijo mientras los seguía.

—Los alaridos vienen de aquí adelante —dijo Hipo.

Siguieron volando hacia el cañón y después de doblar la esquina escucharon la llamada nuevamente. Miraron a su alrededor y vieron un Aguijón Veloz tirado en el suelo, pero a diferencia de los otros Aguijones Veloces, vieron que este era más pequeño, lo que indica que solo era un bebé.

—Un Aguijón Veloz —dijo Hipo.

Los jinetes y Hallie tenían algo de experiencia con Aguijones Veloces, hace tres años Berk fue invadido por ellos. Los Aguijones Veloces eran dragones no voladores y sólo podían cruzar islas a través de puentes terrestres. Su picadura podía dejar paralizada a una persona o un dragón adulto. Patán en particular, había experimentado esto muchas veces y el recuerdo aún dejaba una cicatriz.

—Un Aguijón Veloz, ¿por qué justo un Aguijón Veloz? —Patán gimió.

—Parece uno joven —señaló Hipo—. ¿Por qué salió de día? Estos son dragones nocturnos.

—Ah, pobrecillo. ¡Vámonos a casa! —dijo Patán—. Está oscureciendo, y en donde hay un Aguijón Veloz, ¡suele haber una manada!

El Aguijón Veloz luego se levantó, pero después de dar un paso, chilló de dolor y cayó al suelo. Hallie se mordió el labio cuando un sentimiento de angustia invadió su corazón, era como si sintiera el dolor de ese pequeño dragón.

—Hipo, tiene la pata muy lastimada —Hallie señaló con una mueca.

—Y los Aguijones Veloces no pueden volar —dijo Patapez estando de acuerdo con ella.

—Y por eso no podemos dejárselo a sus depredadores —dijo Hipo. Luego miró a Chimuelo—. Vamos, Chimuelo.

—¡Vamos a ayudarte, amiguito! —exclamó Hallie.

Chimuelo se dio la vuelta y se dirigió directamente hacia el Aguijón Veloz, para disgusto de Patán.

—¿En verdad van a regresar? —gritó desconcertado.

—Patán, pero ellos son Hipo y Hallie. ¡Claro que van a regresar! —dijo Astrid.

—¡Oh, por favor! —gimió Patán.

Él, sin embargo, los siguió, de mala gana, hacia el Aguijón Veloz.


Al Aguijón Veloz no parecía gustarle la presencia de Hallie y los jinetes, seguía chillándoles.

—Oye, espera, no, no —dijo Hipo con calma—. Tranquilo. Tranquilo, pequeño.

El Aguijón Veloz luego los apuntó con su picadura de una manera amenazante.

—Hipo, parece que sabe defenderse muy bien —dijo Patán, quien todavía quería dejarlo atrás—. Solo salgamos de aquí.

—¡Ssh! Baja la voz, Patán —siseó Astrid.

—Tú cállate —siseó Patán en respuesta.

—Por favor, Patán, ¿en serio quieres abandonar a un dragón inofensivo? —preguntó Hallie mirando a su primo.

—¿Inofensivo? —dijo Patán sorprendido—. Esa cosa es cualquier cosa menos inofensiva, enana.

—Por desgracia, el pequeño no podrá defenderse de jabalíes salvajes o dragones. Un Aguijón Veloz sin su manada es muy vulnerable —dijo Hipo.

—Debe haberse separado de los demás y tuvieron que ir a su refugio antes de que saliera el sol —supuso Patapez.

—Parece correcto. Vámonos —dijo Patán.

—Patán, no podemos dejarlo así —dijo Hipo—. Lo traeremos de vuelta a la Orilla del Dragón, lo cuidaremos y cuando sane, lo traeremos aquí.

Patán gimió.


—No te separes de mi lado —ordenó Hipo mirando a su hermana.

—Entendido —respondió Hallie.

—Ten mucho cuidado con el aguijón

—No hay problema.

—Y con su boca.

—Está bien —Hallie dijo en un tono irritado.

—Y si te mira feo, apártate inmediatamente.

—¿Por qué mejor no pones a todos nuestros dragones alrededor de ella como un muro de protección? —Astrid sugirió sarcásticamente poniendo sus manos en su cintura.

Ya era tarde cuando estuvieron listos para acercarse al Aguijón Veloz. El plan era simple, los gemelos sujetarían el Aguijón Veloz mientras Hipo y Hallie lo atendían. Hipo sostenía dos bielas que eran del Dragón Volador Uno y Hallie tenía listo su kit de curación.

Unos minutos antes Hallie se habría ofrecido para curar al Aguijón Veloz, algo a lo que Hipo inmediatamente se negó hasta que Patapez le recordó que de todos ellos la niña era la que tenía más experiencia en curar heridas por ser aprendiz de Gothi. Así que luego de unos minutos lograron convencer al sobreprotector hermano mayor de Hallie de dejarla acercarse al Aguijón Veloz pero solo con la condición de que Hipo la ayudaría.

—Esa podría ser una buena idea, Astrid —Hipo dijo meditándolo.

—¡Hipo! —Hallie exclamó en un tono no tan elevado para no asustar al Aguijón Veloz.

—Está bien, está bien —respondió Hipo resignado. Luego miró a los gemelos—. ¿Brutilda? ¿Brutacio? Entendieron el plan, ¿cierto?

—Sí —dijo Brutacio.

—Por supuesto —dijo Brutilda.

Tanto Hipo como Hallie los miraron y en cuestión de segundos los gemelos los miraron de nuevo.

—No.

—No.

—Está bien —gimió Hipo—. Ustedes sujetan el aguijón para que pueda estabilizarlo con las piezas rotas del Dragón Volador Uno y Hallie se encargará de vendar su pata. ¡Y tengan cuidado! Creo que todos sabemos lo que hacen los Aguijones enfadados.

—No tienes que recordármelo. Sé exactamente lo que pueden hacer —dijo Patán.

Aguijón Veloz luego le gruñó a Patán con enojo. Aparentemente no le agradaba mucho.

—Este plan es demente. Lo saben, ¿verdad? —dijo Patán mirando a sus primos—. Si digo que es demente, es porque es demente.

—Si que es un plan demente —dijo Brutacio—. Y por esta vez, no es un plan demente nuestro.

Entonces él y su hermana se inclinaron el uno hacia el otro. Hallie miró al cielo con irritación viendo la luz del día desvanecerse. Debían estar bromeando, en serio, en comparación con otros planes, este era perfectamente sensato. ¿Qué tenia de demente ayudar a un dragón indefenso?

—¡Empieza a haber un patrón aquí! —dijo Brutilda.

—Primero ese traje de vuelo lunático, ahora esto. ¿Podría ser…

—¿Hipo y Hallie estan pasandose a nuestro lado?

—¡Oh, Loki, por favor que así sea! Los recibiremos con los brazos abiertos —dijo Brutacio siniestramente—. ¡Les enseñaremos los caminos de la verdadera demencia!

—Cuando terminen de gritarle al cielo, tenemos algo que hacer —dijo Hallie.

—Sí, solo hagamos esto —estuvo de acuerdo Hipo.

Los gemelos se rieron, lo que nunca era una buena señal.

Luego, los cuatro se acercaron lentamente al Aguijón Veloz. Luego les lanzó un aguijón, pero pudieron evitarlo.

—Ven por mi, Aguijón —dijo Brutacio mientras bailaba frente a él—. Carne fresca en la parrilla, justo aquí.

—¡No! ¡Por aquí! —dijo Brutilda saltando entre el Aguijón Veloz y su hermano—. Soy toda tuya. Conviérteme en un alfiletero. Te daré hasta un objetivo —luego comenzó a mover su trasero—. Es mi trasero.

El Aguijón Veloz rugió y les lanzó su aguijón. Los gemelos se agacharon y el aguijón voló sobre sus cabezas.

—¿Es todo? ¿Es todo lo que tienes? —dijo Brutacio burlonamente.

—Chicos, ¿qué están haciendo? ¡Tenían que sujetar la cola! —Hipo gritó.

—¡No burlarse de él! —Hallie agregó.

—Oigan, sabemos lo que hacemos —dijo Brutilda.

—Bueno, creo que él también —dijo Hallie viendo la mirada que el Aguijón Veloz le lanzaba a Brutilda.

Luego, justo después de que lo dijo, el Aguijón Veloz atacó a Brutilda con su aguijón pinchando su brazo izquierdo. Lentamente sintió que su cuerpo se congelaba cuando el veneno atravesó la parte superior de su cuerpo.

—Qué, qué, ¿qué está pasándome? No puedo… —dijo Brutilda antes de que su boca se congelara.

—¿Hablar? ¡No puede hablar! —dijo Brutacio emocionado. Luego comenzó a jugar con la mandíbula de su hermana—. Bueno creo que decía eso.

Sin embargo, Brutilda no estaba completamente paralizada. Solo estaba paralizada de la cintura para arriba, sus piernas aún se movían.

—Hmm. Interesante —dijo Patapez mientras Brutilda caminaba alrededor—. Solo una parte está paralizada. Como es adolescente, la potencia de su aguijón no tiene efecto completo.

—¿Cómo hacer para que le paralice la otra mitad? —Brutacio preguntó reflexionando. Luego comenzó a hablarle al Aguijón Veloz como si fuera una especie de perro—. Oye, Veloz. Ven. Te falta la otra mitad de Brutilda. ¿No la quieres?

El Aguijón Veloz se puso de pie, pero solo pudo dar un paso antes de colapsar. Brutacio luego saltó sobre él inmovilizando al dragón al suelo. Sin embargo, se olvidó por completo del aguijón, que ahora lo estaba apuntando.

—¡Que alguien ayude a Brutacio! —Hipo gritó.

Inmediatamente, Astrid y Patapez corrieron hacia el Aguijón Veloz.

Agitó su aguijón hacia Astrid, pero ella lo esquivó y lo atrapó en sus manos. Luego clavó el aguijón en el suelo.

—Tengo el aguijón —dijo Astrid.

—Tengo la cabeza —dijo Patapez sujetando la cabeza del Aguijón Veloz contra el suelo.

Tanto Hipo como Hallie corrieron hacia la pierna lesionada del Aguijón Veloz. Primero, Hallie colocó un poco de gel en la pierna, Hipo luego colocó las dos bielas contra la pierna y Hallie las unió para crear una férula.

—¡Listo! —Hipo gritó.

El Aguijón Veloz luego derribó a los jinetes y se acercó cojeando a Hipo y Hallie, gruñéndoles enojado. Hipo rápidamente puso a su hermana detrás de él.

—Oye, está bien, está bien —dijo Hipo con calma—. Te ayudaremos.

—¿Vas a hacer lo que creo que es? —Hallie preguntó animadamente.

—Tiene que hacer lo de la mano, ¿cierto? ¡Por favor, dime que va a hacer lo de la mano! —dijo Patapez igual de emocionado que la niña.

Hipo de hecho hizo lo de la mano. Extendió la mano y apartó la cabeza del Aguijón Veloz. Luego, segundos después, sintió que el Aguijón Veloz colocaba su hocico contra la palma de su mano.

Hipo luego se giró y miró a los otros jinetes—. Chicos, muy bien, creo que todos estamos bien —dijo—. Ahora lo subiremos para llevarlo a la Orilla del Dragón.

—Sabes que su manada hará todo lo posible para encontrarlo, ¿verdad? —dijo Astrid mirando hacia el cielo que ahora se estaba oscureciendo.

—Sí. Y por eso tenemos que hacer que se ponga de pie y llevarlo a la isla lo más pronto posible —dijo Hipo.

Hallie se inclinó hacia el dragón y lo recogió con sus brazos gimiendo levemente por el peso ganándose la mirada de los jinetes.

—¿Qué? —preguntó mirando confundida a su hermano—. Dijiste que hay que llevarlo.

—¡No me refería a que tú lo llevarás! —exclamó Hipo con los ojos bien abiertos preocupado que el Aguijón Veloz la lastimara. El dragón ahora era dócil pero cuando se trataba de su hermana, Hipo siempre iba a priorizar su seguridad.

—Pues a él no le molesta —Hallie se encogió de hombros sintiendo como la cabeza del Aguijón Veloz se frotaba felizmente contra su barbilla—. Bien, ¡vámonos!

Astrid le lanzó una mirada burlona a Hipo quien no pudo hacer más que suspirar y seguir a Hallie hacia Chimuelo.

Luego, todos alzaron vuelo hacia la Orilla del Dragón. Sin embargo, no estaban al tanto de dos Aguijones Veloces, que habían aparecido fuera del bosque en busca del joven Aguijón Veloz y luego apareció el líder de la manada y rugió enojado.


Era tarde en la noche, en la Orilla del Dragón y Patapez quería mostrarles a los jinetes, menos Patán, que no quería tener nada que ver con Aguijón Veloz, y Brutilda, que todavía estaba paralizada de cintura para arriba, algo dentro de la cúpula, que estaba cerrada. Estaba apoyado en Albóndiga y la jaula del Aguijón Veloz estaba justo a su lado.

—Echenle un vistazo a esto —dijo.

Patapez abrió la jaula y el Aguijón Veloz salió cojeando de ella. Luego comenzó a correr, sin atacar a ninguno de ellos.

—Wow. Buen trabajo —dijo Hipo luciendo impresionado.

—Ajá. Gracias al programa de rehabilitación cuidadosamente diseñado basado en la confianza y el entendimiento —dijo Patapez.

Albóndiga luego salió corriendo persiguiendo al Aguijón Veloz y el brazo izquierdo de Patapez se dejó caer a su lado como si no tuviera huesos dentro.

—Patapez, ¿qué tienes en el brazo? —preguntó Astrid.

—Supongo que la rehabilitación fue más fácil decirlo que hacerlo —dijo Hallie con una mueca.

—Es que, digamos que el Aguijón y yo tuvimos algunas diferencias de opiniones los últimos días —dijo Patapez frotándose la parte posterior de la cabeza con el brazo bueno.

Brutacio luego empujó el brazo de Patapez, lo agarró y luego lo dejó caer—. ¡Miren! Parece un pez muerto —se rió.

Chimuelo gruñó detrás de Hallie y ella suspiró antes de mirar lo que traía en su mano.

Patapez luego se acercó a los escudos—. Bien, Albóndiga, volvamos al trabajo —dijo. Y llevaremos esto, por si acaso.

Trató de quitar un escudo de la pared, pero siguió usando su brazo paralizado. Cuando finalmente pudo quitar el escudo de la pared con su brazo, simplemente rodó hasta Hallie y ella lo agarró.

—Aquí tienes, Patapez —dijo Hallie caminando hacía él y le entregó el escudo.

—Gracias, Hallie.

—Oye, ¿puedo? —preguntó la niña señalando su brazo paralizado.

Patapez miró confundido a Hallie—. Ah, claro, Hallie. Pero no creo que…

De repente la niña clavó un dardo en el brazo paralizado de Patapez quien emitió un jadeo de sorpresa provocando que soltara el escudo. Los demás jinetes miraron a Hallie estupefactos, incluido el Aguijón Veloz que miró a la niña con curiosidad.

Tal vez el dragón pensaba que la pequeña humana también se defendía de sus enemigos clavando dardos.

—¡Hallie! —Hipo regañó a su hermana.

—¿Qué? —preguntó ella confundida mirándolo—. Él me dió permiso.

—¡No me lo creo! —Brutacio exclamó sonriendo emocionado—. ¿Vieron eso? ¡Hallie definitivamente se pasó al lado de la demencia!

Patapez se estremeció hasta que lentamente comenzó a sentir una sensación enternecida en su brazo paralizado y sus dedos lentamente se movieron.

—Esperen… —musitó Patapez antes de que Hipo pudiera acercarse a regañar severamente a Hallie. Todos lo miraron antes de que su hombro se moviera hacia adelante y luego levantó su brazo soltando un jadeo antes de bajarlo.

—¡Funcionó! —Hallie exclamó euforicamente dando pequeños saltos de alegría y extrañamente el Aguijón Veloz corrió a su alrededor compartiendo su emoción.

Hipo miró sorprendido a su hermana al igual que los demás, Hallie acababa de curar el brazo de Patapez del veneno del Aguijón Veloz. Eso era algo increíble, algo impresionante.

—¡Oh, Thor! —gritó Patapez asombrado moviendo su brazo—. ¡Esto es increíble!

—Wow, Hallie. ¡Eso fue impresionante! —dijo Astrid sorprendida—. ¿Cómo descubriste la cura para el veneno del Aguijón?

—Moringa Oleifera. Lo descubrí hace un año gracias a Johann—respondió Hallie señalando la punta del dardo de donde se veía un líquido verdoso—. Es un árbol que no crece en nuestro lado del archipiélago y es muy difícil encontrarlo. Refuerza el sistema inmunitario y sirve de antídoto para la parálisis.

—¿Y por qué no dijiste nada? —Hipo preguntó un poco molesto que le ocultara un descubrimiento tan grande como ese.

Hallie se encogió de hombros—. No lo sé, supongo que porque hace un año las personas ignoraban mi inteligencia y mis opiniones por ser una niña.

El Aguijón Veloz le gruñó amistosamente a Hallie para llamar su atención y ella comenzó a jugar con él ignorando la mirada de pena y culpa que compartieron los jinetes entre ellos.

Hipo miró con tristeza a su hermana, en estos últimos tres años había estado tan ocupado siendo líder de los jinetes de dragones que no notó las sorprendentes habilidades que Hallie poseía siendo tan joven.

Patapez carraspeó su garganta incómodo recogiendo el escudo del suelo y luego se acercó al Aguijón Veloz, que estaba parado frente a varios troncos con Hallie a su lado.

—Bien, pequeño, ¡puedes hacerlo! —él dijo.

Albóndiga empujó suavemente el Aguijón Veloz hacia adelante y comenzó a saltar de un tronco a otro.

—Muy bien, aquí vamos, pequeño —dijo Patapez con entusiasmo.

—¡Así se hace! —celebró Hallie y el Aguijón Veloz le respondió con un graznido animado.

—Huh. Es malhumorado y testarudo, pero parece que ya aceptó a Patapez, Hallie y Albóndiga —señaló Astrid.

—Bueno, tiene sentido, son dragones de manada. Solo funcionan en grupo —explicó Hipo, que miraba al Aguijón Veloz con curiosidad—. Pero si te aceptan en el grupo, entonces tienes su lealtad.

Astrid reconoció esa mirada en su rostro—. Oye, pero no estarás pensando en entrenarlo, ¿o sí? —ella preguntó.

—¿Qué? ¡No! No, no, no. Yo…Yo no podría —dijo Hipo acercándose a Hallie quien lo miró con una sonrisa divertida.

Astrid no parecía convencida.

Patán luego abrió la cúpula y entró y en uno vio el Aguijón Veloz, que ahora estaba de pie en una pared de madera.

—Vaya, vaya, vaya, miren esto —dijo—. Nuestro amiguito puede pararse sobre sus garras de nuevo. Es cuestión de tiempo para que trate de atacarnos y olvide todo.

—Patán, eso ya no es un problema —Patapez dijo y Patán levantó una ceja.

—Oh, ¿en serio? ¿Cómo es eso? —él preguntó con poco interés.

—Hallie descubrió la cura para el veneno del Aguijón —Patapez explicó rápidamente. La mandíbula de Patán cayó ligeramente y miró a la niña antes de cerrarla lentamente con rabia.

—¡¿Descubriste qué?!

Hallie levantó sus brazos a la defensiva—. ¡Oye! Deberías agradecerme. No fue fácil, ¿sabes?

El Aguijón Veloz luego saltó de la pared y le gritó a Patán.

Patán resopló y cruzó los brazos sobre su pecho—. Bueno, aun voto por llevarlo a donde lo encontramos. Voy por la jaula —le dijo a Hipo y se dirigió hacia el Aguijón Veloz.

—¡Patán! —Hipo dijo a modo de advertencia.

El Aguijón Veloz luego le gritó y él siseó de vuelta.

—Patán, como la aprendiz de sanador aquí, no está en condiciones de viajar y no sobreviviría lo suficiente si su manada lo encuentra —dijo Hallie cruzándose de brazos.

—Hallie tiene razón, se quedará aquí, ¿sí? Al menos por un tiempo —dijo Hipo con firmeza.

—Tener cerca un Aguijón Veloz es muy peligroso, especialmente para mí —dijo Patán y caminó hacia el Aguijón Veloz.

—Es un Aguijón Veloz adolescente que se está recuperando de una lesión. No puede hacer tanto daño —dijo la niña.

El Aguijón Veloz luego trató de picar a Patán, pero lo esquivó—. Nunca me ganaras, amigo —dijo levantando los puños.

Brutilda luego corrió hacia la cúpula—. ¡Buenas noticias! —ella gritó—. El veneno del aguijón ya no tiene...

Sin embargo, se encontró con el Aguijón Veloz, que estaba tratando de picar a Patán, y terminó siendo golpeada por el aguijón.

Hallie hizo una mueca adolorida. Estaba feliz de haber predecido un escenario como este por lo que hizo más de un antídoto.

—...efecto —terminó y se desplomó en el suelo.

—Escuchen, todos. Sin movimientos bruscos —dijo Hipo poniendo a su hermana detrás de él.

Brutilda, que esta vez estaba paralizado de la cintura para abajo, intentaba subirse encima del cofre.

—¿Es una broma? —ella dijo—. Estoy dura de la cintura para abajo. Por favor.

El Aguijón Veloz se estaba volviendo un poco más salvaje. Hipo estaba haciendo todo lo posible por calmarse, pero con poco éxito.

—Espera, tranquilo, jovencito —dijo con calma levantando una mano y con la otra manteniendo a Hallie aferrada a él—. Soy tu amigo, ¿recuerdas?

—Bueno, yo tampoco me calmaría si me llamaran "jovencito" —comentó Hallie abrazando la cintura de su hermano solo para que él le lanzara una mirada—. ¿Qué? Fue solo una opinión personal.

Brutilda finalmente logró subirse al cofre y cruzó las piernas—. Brutilda, uno. Piernas muertas, cero —dijo triunfalmente.

Entonces, de repente, su pierna derecha pateó a Brutacio, que estaba de espaldas disfrutando de la escena con el Aguijón Veloz, en el trasero.

—Oh, no estaba tan muerta después de todo —dijo mirando sus piernas.

—Oye, ¿por qué hiciste eso? —dijo Brutacio volviéndose hacia la cara con enojo.

—Oh, como si tuviera el control… —entonces su pierna izquierda pateó a Brutacio justo en la cara, haciéndolo caer de trasero.

A medida que esto sucedía, Aguijón Veloz comenzaba a verse agitado y esto no pasó desapercibido para Hipo.

—¿Eh, chicos? Silencio, por favor. Creo que está agitado —dijo Hipo.

—Entonces ya somos dos —dijo Brutacio poniéndose de pie—. Cuidate el trasero o te patea.

Luego, el Aguijón Veloz comenzó a correr alrededor de la cúpula luciendo salvaje.

—Oh, esto me temía —dijo Hipo—. ¡Todos, cubranse!

Brutacio corrió y Brutilda intentó hacer lo mismo, pero sus piernas aún estaban paralizadas. Astrid rápidamente agarró un escudo y bloqueó el aguijón del Aguijón Veloz. Hipo agarró a Hallie y saltó rápidamente por una de las paredes de madera para alejarse de él.

Hallie no pudo evitar quedarse asombrada por la velocidad del Aguijón Veloz, era muy rápido.

—Por favor, conserven la calma —dijo Patapez—. Todo va a estar bien—. Chimuelo luego saltó sobre el Aguijón Veloz mientras corría hacia él—. ¡Conserven la calma!

Patapez y Albóndiga se movieron cuando el Aguijón Veloz se dirigió hacia ellos y, cuando pasó junto a Eructo y Guacara, los picó. Eructo estaba completamente bien, pero Guacara se quedó sin fuerzas y su cabeza se derrumbó en el suelo.

—¡Guacara! —Brutilda gritó y luego se cayó del cofre y cayó de bruces sobre su rostro.

—¡Tormenta, arroja espinas! —ordenó Astrid.

Tormenta disparó varios picos al Aguijón Veloz y Chimuelo comenzó a disparar ráfagas de plasma. Los dos dragones estaban acorralando al pequeño dragón hacia su jaula. Cuando finalmente entró en la jaula, la explosión de plasma de Chimuelo cerró la jaula.

Mientras esto sucedía, Brutilda había estado arrastrándose hacia Guacara y finalmente lo alcanzó antes de colapsar.

—Uh, chicos, ¿podrían ayudar? —ella dijo.

—Uh, no —dijo Brutacio.

—Iré por más antídoto —anunció Hallie bajándose de la pared de madera y saliendo de la cúpula.


Más tarde esa noche, Astrid observó cómo Eructo y Guacara pasaban por la casa club. Fue un espectáculo extraño ver a Eructo arrastrando la cabeza de Guacara mientras escupía gas.

—Eso es realmente perturbador —dijo Astrid.

Luego entró en la casa club donde los otros jinetes se estaban recuperando después de su asalto con el Aguijón Veloz mientras que Hallie terminaba de poner el antídoto en los dardos para Brutilda y Guacara.

Hallie luego de un par de minutos se acercó a Brutilda quien estaba sentada en la mesa redonda y le clavó repentinamente el dardo en una de sus piernas ganándose un chillido de sorpresa de su parte. Hipo suspiró, tenía que enseñarle a Hallie a pedir permiso a las personas antes de clavarles dardos medicinales.

—Daselo a Guacara cuando ya estés bien —Hallie dijo dejando un dardo al lado de Brutilda.

—Y termina tal y como pensé —dijo Patán—. Esa cosa va a paralizar a todos en la isla. Y así acaba y no habrá nadie para llevar a ese estúpido dragón a donde lo encontramos.

Por lo general, Patán había olvidado por completo que él fue quien inició todo el evento. Sin embargo, Hipo, Hallie y los otros jinetes estaban demasiado cansados para discutir con él.

—Bien, estoy muy cansado para discutir —dijo Hipo—. Hablaremos de esto por la mañana.

Cuando Hallie y los otros jinetes se fueron, Brutilda miró a Patán y susurró: —Oye, tú quieres deshacerte de ese Aguijón, yo igual—Brutilda luego se derrumbó en el suelo debido a que el antídoto aún no hacía efecto—. No puedo soportarlo mucho más. Supongo que será él o yo.

Patán solo le sonrió.


Unas horas más tarde, Hallie y Patapez estaban en la cabaña del jinete y estaban a punto de quitar la férula del Aguijón Veloz.

—Buenas noticias, pequeño —dijo Patapez.

—¡Sí, tu tablilla te la quitamos hoy! —dijo Hallie emocionado como si estuviera hablando con un niño pequeño. Luego se volvió hacia Patapez—. ¿Dr. Patapez, quiere hacer los honores?

—Ciertamente lo haré, Dra. Hallie —dijo Patapez y miró a Albóndiga—. Enfermera Albóndiga, ¿si quiere hacer los honores, por favor?

Albóndiga luego arrojó una pequeña cantidad de lava sobre la tablilla. Inmediatamente la tablilla se derritió, revelando una pierna curada. El Aguijón Veloz les rugió en agradecimiento y los dos sonrieron.

El Aguijón Veloz dio un paso adelante y encontró su pierna completamente curada.

—Sí, ¿lo ves? No hay dolor —dijo Patapez.

—Pero como aprendiz de sanador, sugeriría que te lo tomes con calma —dijo Hallie.

Sin embargo, Aguijón Veloz no se lo tomó con calma y comenzó a correr por el lugar a toda velocidad.

—Alguien está muy emocionado, ¿no es así? —dijo Hallie.

—Sí, sí que se guardó mucha energía esta vez, ¿verdad? —dijo Patapez.

Luego vieron al Aguijón Veloz corriendo hacia el estanque y ambos se quedaron mirando horrorizados.

—¡Oye! ¡No te curamos para que te suicidaras! —gritó Hallie llevándose las manos a la cabeza.

—Oh, cielos —dijo Patapez. Luego se volvió hacia Albóndiga—. ¡Albóndiga, detenlo! ¡Los Aguijones no saben nadar!

Albóndiga comenzó a perseguir al Aguijón Veloz, pero fue demasiado lenta y saltó al estanque. La niña y el jinete corrieron alrededor de la cabaña, se quedaron mirando con asombro, el Aguijón Veloz no se había hundido, en cambio, increíblemente, corría por el agua y luego saltó como si nada.

—Pero los Aguijones Veloces que atacaron nuestra isla no pudieron hacer eso, tuvieron que usar un puente terrestre, ¿verdad? —dijo Hallie confundida mirando a Patapez.

—Sí, ¿cómo hiciste eso? —dijo Patapez asombrado.

El Aguijón Veloz corrió hacia ellos y lo estudiaron de cerca y por primera vez se dieron cuenta de algo. Este Aguijón Veloz tenía patas palmeadas.

—¿Membrana? —Hallie jadeó.

—Claro. Si no puedes volar, necesitas una forma de ir de una isla a otra —dijo Patapez.

—Te adaptaste, evolucionaste —finalizó Hallie sonriendo. El Aguijón Veloz chilló asintiendo.

—¡Es increíble! —dijo Patapez. Luego miró a Hallie—. Tenemos que contárselo ahora mismo a Hipo.

Con eso, los dos corrieron a buscar a Hipo.


En la isla donde encontraron al Aguijón Veloz, el líder de la manada apoyó su pie en la playa antes de rugir. Los dragones aceleraron y comenzaron a correr por el agua hacia la Orilla del Dragón.


Por la mañana, Hallie y Patapez hablaban con Hipo y Astrid sobre el domo donde se guardaba el Aguijón Veloz. Acababan de contarles sobre su descubrimiento.

—Esto es grandioso, chicos —dijo Hipo mientras se acercaban a la cúpula—. Finalmente, una prueba real de la evolución de los dragones. Es histórico.

—¡Lo sé, verdad! —dijo Patapez emocionado mientras abría la cúpula.

—Esto definitivamente tiene que estar en el Libro de Dragones —dijo Hallie.

—Y las membranas del Aguijón realmente me inspiraron para hacer algunos cambios en algo en lo que he estado trabajando —dijo Hipo cuando entraron en el domo.

—Si dices Dragón Volador Dos, te encierro —dijo Astrid en advertencia.

—¿Qué? —Hallie miró a su hermano con un gesto triste—. Hiciste los cambios… ¿sin mi? —preguntó sintiéndose traicionada.

El corazón de Hipo se rompió al ver sus ojitos llenos de tristeza pero antes de que pudiera responder, Patapez fue a revisar la jaula, solo para encontrarla vacía.

—Oh, no. Se ha ido —gimió él

—¡¿Se ha ido?! —exclamó Hallie.

Hallie, Hipo y Astrid vieron que la jaula del Aguijón Veloz estaba vacía.

—¿Cómo pudo salir de la jaula? —dijo Astrid.

—No salió. Al menos no solo —dijo Hipo. Tenía una suposición bastante buena sobre quién tomó el Aguijón Veloz—. Y tengo una idea de quién pudo ayudarlo.


Era tarde en la noche y Patán y Brutilda estaban en la espalda de Colmillo con Aguijón Veloz, quien estaba durmiendo y amarrado. Brutilda luego notó que el Aguijón Veloz se estaba moviendo.

—¡Aww, qué lindo! —ella dijo—. Está soñando.

—Ah, no, no es así —dijo Patán con voz femenina—. Está despertando. ¡Es casi el anochecer!

—Oh, genial —gruñó Brutilda—. Brutilda será paralizada. De nuevo.

—¡Vamos, Colmillo, vuela rápido! —Gritó Patán. Luego, cuando el sol estaba a punto de ponerse, el Aguijón Veloz se despertó—. Oh, no.

—La cuerda debe aguantar —aseguró Brutilda—. La ate con —entonces las cuerdas alrededor del Aguijón Veloz se rompieron—... fuerza. Uy.

—¿Uy? ¿Es todo lo que tienes? ¡Uy! —gritó Patán.

—Quiero decir muchas cosas, pero no son de señorita —gritó Brutilda.

El Aguijón Veloz luego se dirigió lentamente hacia ellos y luego golpeó a Brutilda con su aguijón. Esta vez el lado derecho de su cuerpo estaba paralizado.

—Uh-oh. Patán, Vikinga cayendo por la borda —dijo mientras comenzaba a deslizarse de Colmillo.

Rápidamente, Patán agarró su pierna, pero el Aguijón Veloz picó a Colmillo y, al igual que Brutilda, el lado derecho de su cuerpo quedó paralizado.

—Uh-oh. ¡Colmillo! —gritó Patán.

Luego, todos se estrellaron contra el suelo y fueron arrojados de Colmillo. De alguna manera Patán se estrelló contra el suelo con el Aguijón Veloz en sus brazos y él lo lamió en la cara. Luego respondió arrojándolo a un lado y corrió hacia Colmillo.

—¡Oye, cuidado con la lengua! —él dijo.

El Aguijón Veloz luego comenzó a acercarse a él y Colmillo se encendió. Luego, Hallie y los otros jinetes, menos Brutacio, Eructo y Guacara quien no se había curado por completo, aparecieron colocándose entre Patán y Aguijón Veloz.

Brutilda luego caminó hacia Hipo—. Hola, Hipo. Me atacó de nuevo. Solo en la parte derecha esta vez —dijo con voz medio apagada. Luego comenzó a caminar en círculos—. Trato de quitármelo, pero solo puedo ir en círculos —miró a la niña—. Oye, Hallie, ¿podrías ayudarme?

Hallie suspiro pesadamente sacando un dardo de su bolso y acercándose a Brutilda

Hipo luego dirige su atención a Patán—. ¿Secuestras dragones, Patán? Es que, esto es muy bajo, incluso para ti —dijo.

—¡Trataba de salvarnos! —argumentó Patán.

—¿Y cómo te ha funcionado eso? —Hallie preguntó retóricamente clavando el dardo en el brazo derecho de Brutilda.

Chimuelo y Tormenta rodearon al Aguijón Veloz para evitar que se acercara más a alguno de ellos. Luego escucharon un chillido en la distancia y les sonaba terriblemente familiar.

—Uh, escucharon eso, ¿verdad? —dijo Astrid.

—¿Crees que fue el eco? Por favor, dime que fue el eco —suplicó Patapez.

Entonces el chillido se hizo más fuerte como si se estuviera acercando.

—Me temo que no —dijo Hallie sabiendo más o menos qué estaba haciendo ese sonido. Luego ella suspiró—. Estamos muertos.

Unos segundos después un rugido atravesó el aire con más fuerza esta vez. Hallie y los demás jinetes se taparon las orejas con las manos y se las quitaron cuando cesó el escozor.

—Ay, no. La manada viene a buscarlo —dijo Astrid llegando a la misma conclusión.

—¿Cómo es eso posible? ¡Pero si ellos no pueden volar! —dijo Patán viéndose terriblemente nervioso.

—Sí, pero acabamos de descubrir que estos Aguijones Veloces pueden caminar sobre el agua —dijo Patapez.

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! —Patán jadeó horrorizado.

Hipo rápidamente colocó su mano sobre su boca—. Muy bien, si bajamos la voz, tal vez no sepan nuestra ubicación —dijo.

En ese momento, el joven Aguijón Veloz chilló informando a la manada de su ubicación. Al segundo siguiente escucharon la respuesta de la manada y sonaba terriblemente cerca.

Hallie miró al joven Aguijón Veloz—. ¿Por qué? —preguntó en un tono dramático.

Los dragones se prepararon para una pelea, informando a Hallie y a los jinetes que los Aguijones Veloces estaban realmente cerca.

Luego escucharon el sonido de los Aguijones Veloces corriendo hacia ellos y los vieron aparecer en la cima del acantilado.

Patán dirige su atención hacia el joven Aguijón Veloz y se acercó enojado.

—¡Tú! Sabía que nos delatarías —dijo.

Luego escucharon un fuerte chillido y miraron hacia arriba para ver aparecer al líder de la manada y les dio la orden de atacar.

—¿Por qué siempre cuando tratamos de ayudar suceden cosas como estas? —Hallie preguntó llevándose las manos a la cara.

—¡Chicos! ¡No se muevan! —Hipo ordenó y mantuvo a su hermana lo más cerca posible de él.

El Aguijón Veloz comenzó a correr a su alrededor y Patapez, en particular, estaba gimiendo bastante fuerte. Hallie se abrazó a la cintura de Hipo y a pesar de que seguía enojada por él, no podía evitar sentirse nerviosa mientras veía a los Aguijones Veloces rodeándolos como lobos cazando a su presa. Uno de ellos volvió a picar a Brutilda y ella gimió en voz alta.

—¡Oh, tienes que estar bromeando! —ella gritó con frustración.

Hallie se contuvo de imitarla. ¡No había hecho la cantidad suficiente de antídoto para una manada completa!

Chimuelo, Tormenta fueron los únicos dragones que hicieron algo para defenderse de la manada. Brutilda y Colmillo mientras tanto caminaban en círculos.

Un Aguijón Veloz se dirigía hacia ellos, pero Albóndiga se colocó entre ellos y tomó el aguijón por ellos.

—Oye, nena, gracias —dijo Brutilda acariciando a Albóndiga ahora paralizada. Hallie se maldijo a sí misma, el antídoto no hacía efecto lo suficientemente rápido en los dragones.

Pronto, ella y los jinetes se vieron rodeados por los Aguijones Veloces.

—Son demasiados —dijo Hipo abrazando fuertemente a Hallie mientras más Aguijones Veloces aparecían fuera del bosque—. Nuestra única esperanza es alejarlos.

—Tenemos que separarnos —sugirió Hallie.

—¡No dejaré a nadie aquí! —dijo Patán mientras apartaba a Aguijón Veloz con una rama rota.

Este comentario hizo girar algunas cabezas. Por lo general, Patán era el primero en irse cuando las cosas se ponían feas.

—¿En serio, desde cuándo? —dijo Hipo.

—Desde ahora —dijo Patán—. No preguntes por qué, pero de pronto me siento altruista y heroico—El Aguijón Veloz al que se enfrentaba salió corriendo y balanceó la rama de su árbol como un loco—. ¡Alejate! ¡Fuera!

Lentamente, más Aguijones Veloces aparecieron del bosque.

—¿Eh, chicos? —Hallie llamó llamando su atención sobre los recién llegados.

—Uh-oh. Tenemos que irnos —dijo Brutilda todavía caminando en círculos—. ¡Vamos, vamos, piernas!

Entonces Patán hizo algo que sorprendió a todos, agarró al joven Aguijón Veloz. Tenía un brazo alrededor de su cuerpo y otro agarrando su aguijón.

—Tranquilos. Volveré por ustedes —dijo. Luego se volvió y miró el paquete—. ¡Vengan por mí, Traseros de Aguja!

Patán luego salió corriendo y una vez que los Aguijones Veloces corrieron justo detrás de él. Todos lo miraron sin comprender mientras desaparecía en el bosque.

—¡Tú puedes, Patán! —dijo Brutilda.

—¡Solo no te mueras, primo! —exclamó Hallie preocupada por él.

—Patán, Patán. ¡Oi! ¡Oi! ¡Oi! —Patán gritó mientras corría por el bosque. Miró hacia atrás y vio que los Aguijones Veloces todavía lo perseguían—. Siganme.

Pronto corrió hacia un claro y jadeó para liberar al joven Aguijón Veloz. Sin embargo, cuando volvió a mirar hacia atrás, vio que los Aguijones Veloces se habían ido.

—¿Se fueron? —dijo desconcertado. Entonces oyó un susurro en los arbustos detrás y se dio cuenta de inmediato de qué se trataba y se dio la vuelta lentamente—. Y eso es porque ya están aquí para la gran emboscada.

Efectivamente, los Aguijones Veloces salían de los arbustos uno a uno y avanzaban hacia él.

—Esta fue una mala idea —dijo Patán levantando las manos.

Entonces, de la nada, el joven Aguijón Veloz se alejó frente a él y comenzó a picar a los primeros tres Aguijones Veloces. Y una vez colapsaron, parcialmente paralizados.

—¿Qué fue... Espera —se quedó boquiabierto mirando al joven Aguijón Veloz—. Nunca te entenderé, dragón.

El líder de la manada se acercó mirando a los Aguijones Veloces paralizados que se alejaban arrastrándose. Luego chilló enojado y avanzó hacia Patán, pero el Aguijón Veloz más joven se mantuvo firme protegiéndolo.

—¿Qué? —dijo Patán confundido.

—Está dividido entre su manada y la que le salvó la vida —dijo Hipo. Patán miró hacia arriba y vio a Hipo y Hallie flotando sobre ellos en Chimuelo—. La nuestra.

—¡Pero me odia! —Patán.

—Pero eres uno de nosotros —señaló Hipo—. Su instinto es protegerte.

—Aunque trataste de deshacerte de él —dijo Hallie de brazos cruzados.

Chimuelo disparó una explosión de plasma en el líder de la manada derribándolo un poco.

—Ahora sal de ahí antes de que se de cuenta de que tiene que elegir una manada —dijo Hipo.

Patán miró al joven Aguijón Veloz, sin saber cómo tomar esta noticia.

Hipo miró a Chimuelo y dijo—: Bien, amigo. Hagamos que vuelvan al agua.

Hipo, Hallie y Chimuelo luego volaron hacia la manada y comenzaron a dispararles ráfagas de plasma. Luego, la manada corrió hacia la playa y el líder de la manada por ellos.

Una vez que estaban en la playa, algunos de la manada comenzaron a darse la vuelta. Entonces, de repente, Astrid apareció y comenzaron a distraerlos. Tormenta comenzó a disparar púas bloqueando su camino obligándolos a dar la vuelta de nuevo en el agua.

—Traje refuerzos —dijo Astrid volando al lado de Hipo y Hallie.

Hipo y Hallie luego vieron a Brutacio volando encima de Eructo. Guacara todavía estaba paralizado, pero ayudó esparciendo gas por la playa y luego Eructo lo encendió. Esto creó un muro de fuego que impidió que los Aguijones Veloces regresaran al bosque.

—Bien, Guacara. Fue extraño, pero aún así estuvo bien —dijo Brutacio.

—Nota mental, los dragones necesitan más de una dosis de antídoto —dijo Hallie mirando a Guacara.

El único Aguijón Veloz que no se retiraba era el líder de la manada, comenzó a saltar por las rocas hacia Brutacio, Eructo y Guacara. Se dieron cuenta de que el líder de la manada aterrizó en la roca detrás de ellos y golpeó a Eructo y Guacara con su aguijón.

—Oh, no —dijo Brutacio cuando comenzaron a caer del cielo.

—¡Oye! —Hallie gritó molesta al líder de la manada—. ¿Tienes idea de lo difícil que es curar tu veneno?

—Eructo y Guacara cayeron. Tenemos que deshacernos del jefe de los Aguijones —dijo Hipo.

Entonces ellos y Chimuelo comenzaron a volar hacia el líder de la manada.

—¿Hipo? —Hallie preguntó confundida sintiendo como su hermano le colocaba algo en la espalda y unas correas en sus muñecas—. ¿Qué… ¿Qué estás haciendo?

—Mantén tus brazos abiertos y piernas extendidas —ordenó Hipo luego de ajustar algo en sus tobillos—. Plano de sustentación, ¿verdad?

El líder de la manada comenzó a correr por las rocas hacia ellos y saltó en el aire.

Hallie asintió un poco dudosa—. Uh, si.

Parecía seguro que el líder de la manada iba a golpearlos, pero Hipo bajó algunas correas de su armadura y miró a Chimuelo.

—¡Chimuelo, separados! —él ordenó antes de tomar a Hallie de la cintura y lanzarla por los aires.

Hallie lanzó un gritó de sorpresa. ¡Un aviso habría sido bueno!

Chimuelo luego arrojó a Hipo al aire y todos descubrieron que Hipo había completado su traje de vuelo Dragón Volador Dos y además había hecho uno para Hallie. A diferencia del anterior, estos trajes tenían un par de alas que estaban atadas a sus brazos y casi parecían las correas de los pies de un Aguijón Veloz. Eso facilitaba la movilidad.

El líder de la manada pasó por en medio de ellos y comenzó a caer hacia el suelo debajo de él.

La sonrisa de Hallie no podía ser más grande. ¡Hipo había combinado su diseño con la idea de las membranas del Aguijón! Y no solo eso… ¡Su hermano había hecho un traje de vuelo para ella! ¡Tenía sus propias alas!

—¡Dragón Volador Dos, aquí va! —Hipo gritó volando unos metros por debajo de su hermana.

Chimuelo aterrizó en el suelo, vio a Hipo y Hallie volando por el cielo nocturno y el líder de la manada aterrizó con fuerza en el suelo.

—¡Excelente! —Hipo se rió mientras volaba sobre Chimuelo.

—¡Esto es asombroso! —Hallie gritó con entusiasmo antes de girar su cuerpo y volar de espaldas.

El líder de la manada se levantó, pero vio que los otros jinetes de dragones lo rodeaban. Luego miró al joven Aguijón Veloz y le chilló, quien le devolvió el chillido.

Al ver que no había forma de que pudiera ganar, el líder de la manada siguió a la manada a través del agua.

—¡Sí! ¡Váyanse de aquí, Aguijones! —Patán gritó triunfalmente.

Hipo pronto aterrizó en el suelo y extendió sus brazos para atrapar a Hallie cuando ella voló hacia él. Hipo se tambaleo un poco hacia atrás pero logró recuperar el equilibrio cuando su hermanita rodeó su cuello con sus brazos y sus piernas en su torso.

Las risitas de Hallie se intensificaron cuando Hipo la hizo girar unas cuantas veces mientras la cargaba.

—Esto si cumple con las necesidades de la aerodinámica —comentó Hallie entre risas en el cuello de Hipo y él se rió abrazándola con fuerza.

—¿Te gustó mi sorpresa? —preguntó Hipo y Hallie se separó un poco para mirarlo.

—¡Me encanto! —ella chilló con una enorme sonrisa en el rostro—. ¡Tengo mis propias alas!

—¿Y ya no estás enojada conmigo?

Hallie negó con la cabeza a lo que Hipo respondió dándole muchos besos en la mejilla haciéndola reír.

Luego ambos vieron al joven Aguijón Veloz mirando hacia el agua donde los otros miembros de su manada se iban y los miraba con tristeza.

Hipo bajó a Hallie de sus brazos para luego acercarse y él levantó la palma de su mano y el Aguijón Veloz colocó su hocico sobre él. Hipo miró al resto de la manada y supo que no podía mantener el Aguijón Veloz con ellos.

—No. Lo siento, tienes que volver con los tuyos, pequeño —dijo Hipo señalando la manada que desaparecía lentamente en la distancia.

—Fue un placer tenerte como paciente, amiguito —dijo Hallie acariciando la cabeza del Aguijón

El Aguijón Veloz le chilló alegremente y luego corrió tras la manada.

—¿Qué hacen? ¡No podemos dejar que se vaya con ellos! —dijo Patán, quien de repente cambió de opinión.

—Patán, es su lugar. Esa es su manada de verdad—dijo Hipo.

—Cuando empezábamos a llevarnos. ¿Por qué siempre me pasa a mí? —Patán gimió.

Astrid luego se acercó a Hipo y Hallie, quienes parecían completamente desconcertados por lo que acababa de suceder.

—¿Puedes creer lo que ese dragón hizo por nosotros? Nos ayudó, aún contra su propio Alfa —dijo Astrid.

—Por ese poco tiempo, fue miembro de nuestra manada. Y nosotros de la suya —dijo Hipo—. Hasta Patán, de alguna forma.

—Eso aun me tiene bastante sorprendida —señaló Hallie.

Se dieron la vuelta y vieron a Patán hablando con los gemelos.

—¿Asustado? ¡Ja! —él dijo—. Ese Aguijón estaba más asustado por mí que yo por él.

—Oigan, ¿no están volviendo hacia nosotros? —preguntó Brutacio mirando hacia el mar.

—Tal vez vienen por ti, Patán —dijo Brutilda.

—¡¿Qué?! ¡No! —Patán gritó corriendo, sin darse cuenta de que los gemelos lo habían engañado.

—No vienen hacía acá —dijo Brutacio riendo.

—Mira como corre. Estúpido —murmuró Brutilda.

Hallie puso los ojos en blanco en la dirección de los gemelos antes de volver a mirar a los Aguijones y verlos desvanecerse en la distancia, sus pies pisando la superficie del océano con pasos constantes y fuertes.


Ya era de noche en la Orilla del Dragón, Hallie y Hipo se encontraban en la casa club mientras los demás jinetes descansaban después del agitado día.

Hallie no quería dormirse hasta enseñarle a Smidvarg su traje de vuelo y Hipo aprovechó la oportunidad para anotar todo lo que habían aprendido de los Aguijones Veloces en el Libro de Dragones mientras vigilaba a la niña.

—Ahora, observa —Hallie dijo mirando a Smidvarg con los brazos pegados a sus costados—. ¿Listo?

El Terror Nocturno blanco la observó con curiosidad mientras que Hallie lo miraba con suma seriedad y Hipo se rió al darse cuenta que su hermana era igual de dramática que él.

—¡Vualá! —Hallie exclamó abriendo sus brazos repentinamente y Smidvarg chilló de la sorpresa—. Genial, ¿verdad?

Smidvarg se acercó a ella para comenzar a olfatear las alas y al parecer tenía la misma opinión que Chimuelo, no le gustaba nada.

—Por favor, Smid —dijo Hallie cuando Smidvarg resopló molesto—. Ahora podemos volar juntos y ya no tendrás que atraparme cada vez que me caigo de los Terrores Nocturnos cuando trato de ponerme de pie sobre sus espaldas.

—¿Tú qué?

La pregunta de Hipo los hizo sobresaltar y Smidvarg salió volando antes de ser regañado junto con Hallie.

—¡Traidor! —ella exclamó alzando su puño al aire viendo al Terror Nocturno desaparecer en la oscuridad.

—Hallie —llamó Hipo firmemente y Hallie se giró hacía él—. Ven aquí.

La menor se quitó el traje de vuelo para dejarlo sobre la mesa y luego se acercó a él con la cabeza agachada e Hipo agarró suavemente su mentón para que lo mirara a los ojos. Hallie le mostró una sonrisa nerviosa pero su hermano seguía mirándola seriamente.

—¿Cuál fue la condición que te puse para que pudieras volar con Smidvarg y los Terrores Nocturnos? —preguntó Hipo.

—Que tuviera cuidado —respondió Hallie con arrepentimiento—. Lo siento. No lo volveré a hacer.

Hipo suspiró. Sabía que Hallie lo sentía y no podía culparla, su hermana debía sentirse incompetente viviendo con ellos que tenían a sus dragones para montar mientras que Hallie tenía que depender de él y Chimuelo. Smidvarg era lo más cercano que ella tenía para montar un dragón.

No tenía derecho a regañarla, Hipo había hecho cosas más peligrosas cuando comenzó a volar en Chimuelo.

—Está bien, te tomaré la palabra —dijo Hipo dejando de lado su molestía—. Pero prometeme que solo usaras el Dragón Volador Dos cuando estes conmigo o en casos de emergencia.

Hallie asintió, le sonaba justo—. Lo prometo.

Luego ella extendió su meñique y Hipo sonrió tiernamente antes de extender el suyo y ambos hermanos entrelazaron sus meñiques en símbolo de una promesa que no se podía romper.

—¿Quieres ayudarme a terminar? —preguntó Hipo haciendo un movimiento con su cabeza al Libro de Dragones.

—¿Puedo? —Hallie preguntó emocionada.

—Claro que puedes, dragoncita.

La niña sonrió con alegría y se sentó al lado de su hermano hasta que Hipo la levantó y la acomodo en su regazo. Hallie rodó los ojos burlonamente, él seguiría aprovechándose de su contextura pequeña para seguir cargándola como niña pequeña.

—Si sabes que pronto voy a cumplir doce años, ¿verdad?

—Tus doce años no me interesan —comentó Hipo estrujandola contra su pecho—. Tú seguirás siendo mi niñita.

—No tienes remedio, Hip —Hallie negó riendo. Luego le echo un vistazo al Libro de Dragones y frunció el ceño confundida—. Pero ya anotaste sobre las membranas, ¿qué más podría agregar?

—¿Qué te parece lo más importante? Algo como —Hipo dijo—... La cura del veneno de los Aguijones Veloces.

Hallie giró su cabeza y lo miró sorprendida. Nunca se imaginó que Hipo la dejaría poner alguno de sus descubrimientos en el Libro de Dragones.

Ella no creía que la mayoría de cosas que aprendía fueran tan interesantes para los demás como lo eran para ella o no creía que las tomarían en serio al salir de la boca de una niña de once años.

A nadie le agradaba un sabelotodo.

—¿Y bien? —Hipo le entregó un lápiz de carbón—. ¿Qué estás esperando?

La pequeña Abadejo no dudó más y comenzó a escribir sobre la cura y todo lo que se tenía que hacer para crearla, la cantidad de dosis dependiendo si era dragón o humano, la posibles efectos secundarios, todo.

Hipo se dedicó a observar a su hermanita con cariño, notó que estaba haciendo ese gesto de sacar la lengua demostrando concentración, nunca lo había notado. Se preguntaba qué más cosas no había notado de su hermana a lo largo de su vida.

¿Ella de verdad sentía que la ignoraban? ¿Acaso el rechazo que Hipo sufrió durante años, Hallie lo había estado sufriendo en silencio?

—Hallie —dijo Hipo captando la atención de su hermana que dejó de escribir para mirarlo—. Lo que dijiste sobre que ignoraban tus opiniones e inteligencia, ¿lo dijiste en serio?

—Bueno, si —dijo Hallie sinceramente antes de encogerse de hombros restándole importancia—. Pero está bien, ya me acostumbre a estar sola… Y a no pertenecer.

—¿A no pertenecer? —repitió Hipo con miedo. No quería que su hermana sufriera por lo mismo que él sufrió—. ¿A qué te refieres con no pertenecer?

—Me refiero a no pertenecer a Berk —respondió ella tranquila—. Es que en Berk hay mucho ruido y mucha violencia… No me siento cómoda con eso ni con lo que significa ser un vikingo, no quiero ser una de ellos —dijo regresando a su escritura—. Supongo que no hay un lugar para mí en la isla.

Hipo estaba sorprendido, más que eso, estaba consternado. Él había luchado por años en tratar de encajar, en ser uno de ellos, pero Hallie era todo lo contrario, ella no quería ser uno de ellos.

—Dragoncita… yo —Hipo trato de encontrar las palabras correctas pero nada salía de su boca—... No sabía que te sentías así.

—No te preocupes por eso, Hipo —dijo Hallie escribiendo—. No habría forma de que lo supieras, estabas ocupado dirigiendo la Academia de Dragones y papá cumpliendo sus obligaciones de jefe.

Luego de que terminara de escribir, Hallie se volteó a ver a su hermano y le sonrió cálidamente, no era su culpa, ella no lo culpaba de nada.

—Pero no quiero que te sientas culpable. Estoy bien —Hallie aseguró sonriendo—. Yo siempre estoy bien.

Hipo le sonrió con tristeza y la atrajó a su pecho abrazándola. Sabía que su hermana le decía eso para no preocuparlo pero no funcionó, siempre se había preocupado por ella pero esta vez sentía miedo.

—Tú corazón está latiendo muy rápido —dijo Hallie dándose cuenta—. ¿Estás bien, Hip?

—Desde ahora voy a escuchar todas tus opiniones e ideas —juró él acunando su mejilla con una mano—. Cada cosa que tengas que decir, quiero que me la cuentes, ¿de acuerdo?

Hallie lo miró sorprendida por unos segundos hasta que asintió—. De acuerdo.

—Te amo muchísimo, hermanita.

—Yo también te amo, bobo.

Él puso los ojos en blanco sonriendo antes de darle un beso en la punta de su nariz.

—Pero nada de volver a clavarles dardos a las personas sin su permiso —ordenó Hipo.

—Puedes cuestionar mis métodos pero no puedes cuestionar mis resultados —Hallie refunfuñó haciéndolo reír.