SIN DAÑOS A TERCEROS
Por Maytelu
Disclaimer: Los personajes de la serie de libros de Harry Potter, pertenecen a la maestra J.K. Rowling y demás compañías con derechos. Sueño con que Ronald Weasley sea mío, pero me conformo con que sea de Hermione Granger. Utilizo los personajes para esta historia, es cierto, pero sin algún fin de lucro. Los fragmentos de canciones que se encuentran en la historia, no son de mi propiedad.
Es NECESARIO que presten atención a los cambios de escena marcados con: OoOoOoOoO. Gracias por su atención y disfruten la lectura.
PARTE III.- CAFÉ
Solo quería un café
con poca azúcar
quizá un croissant
no iba por la tertulia
o el filtreo...
Juro por mi que solo
fui por un café
pero te vi.
-Ricardo Arjona-
Pese a las múltiples protestas que Molly Weasley le había dado antes de salir, Nymphadora Tonks ya tenía decidido no pasar esa tarde en la madriguera.
Y no porque la familia de Charls le preguntara sin cesar como iban ellos dos, tampoco por percibir el aroma de su novio en cualquier rinconcito de la casa, mucho menos porque con tanto tiempo libre solo pensara en cierto acontecimiento del día anterior. No, para nada, aquello no era el motivo de que huyera de la madriguera y… estaba siendo una vil mentirosa consigo misma.
Para Tonks no era nada sencillo no pensar en lo que había sucedido, con la 'quietud' de la madriguera.
Maldita la hora en que decidió quedarse en Inglaterra para hacerla de celestina. Cuando decidió eso, estaba contenta, satisfecha, acostumbrada a su vida al lado del Weasley, jamás imaginó que algo fuese a quitarle ese balance a su vida y que se arrepentiría de esa decisión. Si hasta tentada estaba de aparecerse en Rumania. Pero eso no era lo correcto, no era maduro y Charlie tenía razón, debía pensar las cosas.
Así que para cuando fue consciente de lo que hacia, ya estaba caminando por el Londres muggle, repitiendo la ruta que había tomado el día anterior.
Estaba en aquel café.
Una sensación electrizante hizo estremecer a Tonks mirando la ventana a un lado de su asiento, antes que el mesero se acercara a atender su orden.
¿Qué posibilidad existía de que dos personas pisaran el mismo sitio, a la misma hora, por segunda vez en la semana?
"¡Basta de tonterías Tonks!" Se regañó a si misma. Ya era mayor, ya no estaba para esas cosas.
-¿Qué le ofrezco? –Preguntó el mismo mesero un par de minutos después de que ella revisara la carta.
-Un café. -El empleado pareció ligeramente asombrado por la corta petición, pero después de todo, eso era lo que servían ahí y Tonks estaba segura de no querer nada más.
¿Qué cosa era tan difícil de comprender? Bueno, esta bien, su apariencia siempre llamaba la atención pero eso a ella le importaba muy poco y además, en esa ocasión, su cabello lucia un bonito castaño claro hasta los hombros y su ropa muggle no estaba tan desgastada como otras piezas que poseía. Así que no encontraba la razón por la que el mesero estuviese esperando que pidiera algo menos fuerte. Tal vez alguna de sus amigas o el propio Charlie hubiesen tenido razón de sorprenderse.
Tonks miró sus manos ¿y si cuidaba un poco más sus uñas? Resopló y se puso a jugar con el recipiente que contenía azúcar. No, eso no era para ella.
El café no tardó casi nada y pronto se encontró observando con detenimiento la taza humeante. Ahora que lo pensaba, tal vez sí hubiese preferido un capuchino. Encogió los hombros y bebió un sorbo cuidando de no quemarse. ¡Muy amargo¿Cómo es que él… como es que había gente que podía tomar eso? Y además sin azúcar. Ni Charlie tomaría ese brebaje sin antes endulzarlo.
Charls…
Después que su pecoso favorito se marchara por la chimenea, Tonks no pudo dejar de pensar en el tiempo que había pasado a su lado. Una razón más, por cierto, para salir de la madriguera. Por fin su mente parecía más clara respecto a como es que acabaron juntos. La situación no era nada complicada, de hecho era bastante fácil comprender que de una amistad se pasara al noviazgo.
Tonks agregó cinco cucharadas de azúcar a su taza y movió en círculos el líquido.
Fue durante las reuniones de la Orden del fénix, durante la guerra contra Voldemort, que conoció más a Charles Weasley. Claro que en ese tiempo ella… bueno, apenas si cruzaba un par de palabras con él. Pero aún recordaba bastante bien cierta conversación sobre Quidittch: una discusión acerca de lo que había hecho Krum en su partido contra Irlanda.
Flash Back
-¡Pero perdieron! –Tonks se levantó acalorada de su asiento, mientras Charlie le miraba retadoramente desde el otro lado de la mesa. Llevaban más de diez minutos discutiendo la jugada de Víctor Krum en el último mundial de quidittch.
-Correcto, ya te dije que estoy de acuerdo, pero entiende la importancia de tomar la snitch, es como una victoria no declarada, ese acto es lo más importante, con eso termina el juego. –Contestó Charlie con mucha calma.
-Una victoria no declarada, es igual a perder. Perdieron y por muy bueno que haya sido tomar la snitch para dar más espectáculo, nada le quitara la victoria a Irlanda.
El pelirrojo llevó una mano a su barbilla, en actitud pensante, miró hacia la puerta y luego se dirigió de nuevo hacia Tonks –Comparémoslo con otra cosa ¿te parece? El quidittch es como el amor. –La metamorfomaga parpadeo sin comprender –Si, mira: En el amor, lo importante es sentirte satisfecho con tus sentimientos, solo imagina que los sentimientos son la snitch, si logras comprender que sientes exactamente, por quién y el simple hecho de sentirlo te hace feliz, es como si atraparas la snitch; ahora piensa que ganar el juego de quidittch es como ganar el juego del amor, ganar el corazón de esa persona ¿Puedes ahora comprender porque tomar la snitch es como una victoria no declarada?
Las mejillas de Tonks comenzaron a teñirse de rojo gradualmente, conforme procesaba lo que Charlie había dicho. El Weasley tan solo le miraba picaramente, como si estuviera enterado de algo.
-¡Eres un tramposo! –Gritó de pronto ella. -¡No puedes comparar el Quidittch con el amor! No importa la cantidad de palabras bonitas que hayas dicho, las cosas no son así.
Charlie rió -¿En el Quidittch o en el amor? –Preguntó intencionalmente alzando una ceja y fingiendo inocencia.
Tonks gruñó, -¡¡En ninguna de las dos!! Y antes de que me preguntes como es que lo sé, porque ya entendí a donde querías llegar, solo te diré que lo sé porque lo estoy viviendo, por eso. –Charlie volvió a reír abiertamente ante la actitud de la metamorfomaga –Y que te quede bien claro, que yo ya atrape la snitch, pero NECESITO ganar el juego. Él solo tiene que…
La metamorfomaga se interrumpió a si misma al escuchar la puerta abrirse y sus ojos se desorbitaron al escuchar quién había llegado a la habitación.
-¡Oh Charlie, Tonks! Disculpen si interrumpí, parece que esta discusión de Quidittch se ha tornado algo acalorada ¿no es así?
-Estaba en su punto clímax, casi gano la discusión. De cualquier forma, yo los dejo, tengo que tratar un asunto con mamá. Hasta luego, Tonks, Remus. –Charlie le guiñó el ojo a la chica y salio.
Fin del Flash Back
Nymphadora no pudo evitar reír al recordar aquel momento, ahora si que le encontraba gracia. Aunque a decir verdad, ese recuerdo le provocaba algo más, era como si debiera acordarse de una cosa importante y no tenía la mínima idea de que era.
Suspiró.
Conversar con Charlie era siempre tan sencillo. Y en el momento en que lo necesito, él había estado ahí, siendo su apoyo. Podía agradecer el momento en que Fred la retó a besar a uno de sus hermanos y George la había tachado de ser tan cobarde como un mortifago (eso si que hacía hervir la sangre de cualquiera). Charlie había sido la victima y a partir de ese momento, su vida se había estabilizado.
Que acostumbrada estaba a él.
OoOoOoOoO
Cansado de andarte buscando
ir a encontrarme.
Harto de nunca encontrarme
por andarte buscando.
Deja que te imagine
con tus jeans añejos
y tu saco gris.
Ponte los tenis de siempre
y cámbiate el pelo
para sorprender.
-Ricardo Arjona-
Una tableta de chocolate en el bolso de su pantalón y su varita en su saco, un par de galeones y algunos euros. No necesitaba nada más para andar fuera de su departamento, menos si iba solo.
Ahora que lo pensaba, se sentía extraño ir sin compañía. No porque Michelle no le diese un respiro, por el contrario, una de las cosas que le gustaba de ella era su respeto a la libertad, el deseo mutuo de no atarse a la otra persona y adquirir compromisos. Claro, su noviazgo era en si un compromiso, pero no equiparable a otros aún mayores.
Se sentía extraño ir sin compañía porque para él ya era costumbre que su fin de semana lo pasara al lado de ella, a menos que hubiese algún contratiempo o alguna discusión entre ellos los obligara a tomarse un tiempo. Una discusión como la que recién habían tenido, aunque realmente no se tratara de una discusión como las demás, por cosas absurdas que podían olvidar con una extensa plática. No. Esta vez, Remus sabía que Michelle tenía razón y que si quería una reconciliación, la plática debía incluir todas aquellas cosas que él no le había contado antes.
La vida no es sencilla.
El porque no quería contarle a Michelle aquellas cosas era algo que se preguntaba internamente. Ella se lo había dicho, no le tenía confianza, pero ¿realmente no le tenía confianza a Michelle? Tenía una relación con ella tan estable como no la había tenido en ningún otro momento de su vida, se sentía tranquilo.
¿Y la felicidad? Tal vez ese era el problema. Que anteriormente se había creído feliz al lado de aquella mujer que tantas cosas le había dado y ahora, no estaba seguro de lo que sentía. Porque probablemente, su vida había vuelto a ser tan rutinaria como la que tenía antes. Porque se sentía tan cómodo en esa rutina, que no se había querido dar cuenta que el amor es diferente a la costumbre. No había pensado en todo esto, hasta que la vio a ella.
Era una perdida de tiempo no admitirlo. Era inconcebible que a su edad, no distinguiera la verdad de lo que él quería que fuese. Pero el que fuese consciente de todo aquello, no significaba abandonar lo que tenía e ir por algo que había abandonado por convicción propia, por sus temores y complejos, pero ante todo, por ella.
Lo que debía hacer era pensar, pero no en cabellos rosas, pantalones de mezclilla y zapatos deportivos, no, debía pensar en como explicarle a Michelle tantas cosas o bien, como desacostumbrarse a ella, lo cual parecía más difícil.
Así que para cuando fue consciente de lo que hacia, ya estaba caminando por el Londres muggle, repitiendo la ruta que había tomado el día anterior.
Estaba en aquel café.
Una sensación electrizante hizo estremecer a Remus mirando la ventana a un lado de su asiento, antes que el mesero se acercara a atender su orden.
¿Qué posibilidad existía de que dos personas pisaran el mismo sitio, a la misma hora, por segunda vez en la semana?
"¡No imagines cosas Remus Lupin!" Se regañó a si mismo.
Ya era mayor, ya no estaba para esas cosas.
-¿Qué le ofrezco? –Preguntó el mesero un par de minutos después de que el revisara la carta.
-Un café. -El empleado sencillamente sonrió.
Y fue justo en aquel momento que sus ojos se posaron en una mesa frente a la suya.
-¿Esta todo bien, señor? –La pregunta del mesero lo hizo bajar violentamente su cabeza y después asentir lentamente.
-Todo bien, solo creí ver a una persona conocida. –Claro, solo lo creyó. Para esas horas ella, debía estar en Rumania, con Charlie, como debía ser, como siempre debió haber sido. La muerte de Dumbledore había cambiado de forma radical lo que se prometió a si mismo cuando por primera vez adoró su sonrisita nasal y entonces solo complicó las cosas, para ella y para él mismo.
-¿Quiere que me cerciore? Seré discreto. –La voz amable del mesero, trajo a Remus de sus cavilaciones. Aquel joven le sonreía cómplice, como si este supiera lo que él pensaba, pero eso era sencillamente imposible. Un muggle no podía saber legirimancia.- ¿Señor?
-¿Puede ver a aquella señorita de cabello rosado?
El mesero abrió los ojos sorprendido -¿Aquella chica Punk? –Remus alzó una ceja –Disculpe –dijo apenando el joven al notar que su comentario fue indiscreto -¿La señorita con el cabello corto y pintado de rosa? Es bastante llamativa señor y su acompañante…
Lupin giró su rostro nuevamente hacia aquella mesa. Un acompañante. No se había percatado siquiera de ello. Aquel muchacho llevaba el cabello teñido de azul.
El mesero sonrió -¿Es acaso su hija? –Remus una vez más alzó una ceja y luego sonrió con sarcasmo. Claro, su hija ¿qué más se podía pensar? Negó con la cabeza.
-Esta bien, solo quiero el café. –Un frase algo apurada, pero que el mesero entendió perfectamente, dirigiéndose a pedir la orden.
Aquella chica NO era ella. Lo había podido corroborar cuando la joven había girado su rostro de tal forma que Remus pudo ver sus facciones ¡¿Y qué que fuese una metamorfomaga?! Nymphadora Tonks, una de las aurores más reconocidas, se encontraba en Rumania y no en Inglaterra.
Y él, Remus John Lupin, tenía que encontrar la forma para que su vida volviera a la estabilidad. Tenía que recuperar a Michelle y olvidarse de todas esas cosas que atormentaban su mente.
::CRASH::
El ruido de una taza rompiéndose llegó a los oídos de Remus. Y sin siquiera pensarlo giró su rostro hacia la mesa tras la suya, en la que no había reparado debido al alto respaldo del asiento que dividía las mesas.
El alma cayó al suelo.
::CRASH::
-¡Remus!
Su cabello lucia castaño y corto hasta los hombros y su vestimenta distaba mucho de lo acostumbrado. Pero era ella y no lo sabía solo por su apariencia, lo sabía porque olía a ella, se movía como ella, sonreía como ella.
-Nymphadora –musitó Lupin sin dejar de mirarla.
-¡Tonks! –reclamó la susodicha, arrugando la nariz como lo hacía cuando se molestaba por nimiedades. –Soy Tonks.
-Disculpe, señorita ¿puedo recoger esto? –Aquel mesero que había atendido a ambos, se acerco con un trapo entre las manos y señalo la taza de café y el recipiente de azúcar que habían caído uno tras otro, luego que Nymphadora Tonks hubiese tratado de huir de aquel sitio, al darse cuenta que Remus estaba a una mesa de distancia.
Aunque eso último solo lo supiera Tonks, lo sospechara el mesero y lo ignorara Remus.
-Claro, lo lamento, agréguelo a mi cuenta por favor. –Exclamó Tonks con vergüenza. Odiaba ser tan torpe en momentos así. El mesero asintió y se retiró con los restos de cerámica y de vidrio.
Fue entonces cuando ese molesto momento de silencio, que casi todo el que experimenta, odia, se instaló. Ninguno dijo nada, pero tampoco ninguno dejo de verse, ni huyó
Gracias a Merlín que nada pudo impedir ese momento.
FIN DE LA TERCERA PARTE
POR
MAYTELU
Nota de la autora (17 de noviembre de 2006): ¡Ya sé que me van a matar! Pero Maytelu ha estado muy, MUY ocupada con la escuela. En este momento estoy a punto de terminar el año, solo a un examen de eso y me he robado un tiempo de estudio, porque la idea de terminar este capítulo no me dejaba en paz. Ahora que ya entre TOTALMENTE en vacaciones, espero irme más rápido con esto. Además, como que necesitaba un tiempo para aclarar mi mentecita que de pronto como que decidió morirse y necesité darle RCP para que no me abandonara.
¡Ya se encontraron Remus y Tonks! Y aunque no lo crean, van a decirse varias cosas, como gente civilizada. Incluso la situación quedara más clara. Pero si lo dejo todo fácil, la historia no tendría chiste y si no me creen, pues solo basta leer el titulo del fanfic. Espero que este capítulo les haya agradado y si no ¡Díganmelo! Hasta que salga de mi libro de oftalmología, nos veremos… Comentarios, como siempre, dejándome un review o a mi correo¡Cuídense!
