Hola...he vuelto. Sip. Espero que este capítulo les resulte más entretenido que el anterior. Aclaro que ya empiezan los problemillas para Harry que, como ustedes ya saben, es seleccionado para el Torneo sin desearlo en lo más mínimo. O...en realidad si lo deseaba..ejem.
Espero que me dejen sus reviews, y agradezco de todo corazón a los que me hayan dejado alguno en los capítulos anteriores: Drake Malfoy, Princess Witch, Hyono-chan, Ely, Barchu, etc..
DEJEN REVIEWS!...
M.O.S
M.O.P
M.O.M
Y FANA DE LA ESCENA DE HARRY EN LA BAÑERA...MYRTLE LA LLORONA SOS FANTASMA MUERTA!...
Capítulo 4: Rumores chantajistas, campeones indeseados.
Y así octubre dio paso a noviembre sin grandes cambios.
Aquel domingo, Michel se encontraba caminando plácidamente por los pasillos de la escuela, tarareando una canción. Viendo que ya estaba oscureciendo, se empecinó en dirigirse a la sala común en donde creyó que podría hacer algo de la tarea que McGonagall le había mandado, aunque también recordando las últimas palabras de la profesora, "Luego hablaré con usted sobre su castigo", y también tratar de pedirle ayuda a Hermione sobre temas banales de Pociones.
Luego de dar la contraseña, entró al lugar y, divisando a sus dos amigos cerca de la chimenea, se sentó junto a Harry, que le sonrió con su sonrisa tan encantadora. Luego de varios minutos de una entretenida charla sobre fútbol y el futuro campeonato mundial (N/A: si hablamos de fechas, con Micaela hemos acordado que el campeonato mundial sería...el del 98?),cerró sus libros y, suspirando, siguió oyendo la voz de Harry, que estaba empecinado en decir que Inglaterra iba a ser el favorecido. Mirando sus pies descalzos, y oliendo el irresistible perfume del bello moreno junto a ella, pensó que lo mejor para poder relajarse un poco sería salir a dar un paseo por los terrenos. Se levantó del sillón, cuando notó el tono de voz chillón y denso de Hermione.
-Ya no es hora de salir-
-Aún no es de noche-se excusó Michel.
-Si te ven nos quitarán puntos-continuó Hermione.
-Oh vamos Herms, déjala que se divierta-dijo Harry sonriéndole encantadoramente a la morena que se había levantado. Le sonrió. Era tan perfecto.-Si quieres puedes usar mi capa de invisibilidad-
-Oh no, no es necesario-dijo Michel mientras se ponía los zapatos. Merlín, extrañaba sus zapatillas. Y los mates con amigos.
-Te lo advierto-dijo Hermione-si te ven nos quitarán puntos-
-Me importa un carajo si me quitan puntos...aunque pensándolo bien, ya me los habrán quitado-. Se despidió con un beso en la mejilla a cada uno, aunque el beso con Harry fue un tanto largo y sonoro. Este gesto le extraño muchísimo a Hermione, la cual se notaba que estaba enfadada. Luego de mirar a Michel con cara ceñuda, los muchachos, o mejor dicho Harry, con las mejillas un tanto ruborizadas, le explicó que en Argentina la gente se saludaba así.
Ya afuera, pensó que el mejor lugar sería al lado del lago. Aunque estaba oscureciendo, no era completamente de noche y pudo ver que algunas estrellas ya brillaban en el cielo. Una idea estúpida y una comparación metafórica le surgió en la mente. Pensó en lo brillantes que habían estado los hermosos ojos de Cedric cuando habían estado a punto de besarse. Cielos. O mejor dicho, maldición. Había estado a punto de probar ese manjar de los dioses y..su maldita alergia a..no sabía qué le había provocado estornudar sobre la limpia remera del bello Cedric.
Se sentó junto a un árbol, cuando algo, o mejor dicho alguien, le arrojó una pequeña piedra a la cara. Miró en la dirección en que había aparecido el maldito proyectil, cuando vio a un ser que, de no ser porque era mortal, y porque lo conocía, habría dicho que el mismísimo Apolo se le había aparecido en frente. De verdad que ese año iba a ser agitado, aunque los acontecimientos le alegraban el día.
-Hola-dijo Michel sonriendo, cuando él se le acercó y se sentó junto a ella cargado de libros.
-Me pareció que era el mejor lugar para hacer mi tarea- exclamó, ante la cara de sorpresa que mostró Michel.
-¿No crees que hay poca luz?-preguntó ella extrañada.
-Oh no, me encanta la noche-dijo él sonriendo. Abrió sus libros y comenzó a escribir en un pergamino. Michel lo observó detenidamente. Era tan elegante, cuando escribía, sonreía, hasta cuando caminaba. Y era seductor en la forma de hablar, en sus gestos, en la forma de observar las cosas, hasta en la graciosa manera de morderse el labio inferior cuando estaba pensando o cuando fruncía su ceño. Oyó el fuerte ruido de cuando se cierra un libro, y notó que Cedric la observaba con una sonrisa.
-¿Quieres decirme algo?-preguntó-porque me miras muy fijo-
-No...sólo que...-se ruborizó-eres lindo cuando te concentras-intentó sonreír.
-Gracias-dijo él-es la primera vez que...-
-No me digas que es la primera vez que te dicen que eres lindo porque comenzaré a pensar que estas inglesas tienen serios problemas de...sexualidad-Cedric comenzó a reír sonoramente.
-Hablas demasiado-Michel frunció el ceño-no me dejas terminar las frases-sonrió-solo decía que es la primera vez que una chica dice que soy lindo y me da una razón coherente-
-Ah...-
-A todos los chicos lindos les debe pasar eso-dijo Cedric.
-Hola modestia ¬¬-dijo Michel-no lo sé, nunca le he preguntado a Harry-Cedric frunció el ceño pronunciadamente. Vio la fina línea entre sus cejas. –No puedo creer que te moleste que nombre a Harry-
-No me molesta-dijo él rápidamente-es que...lo nombras demasiado seguido-susurró.
-Y tú con tu Cho-dijo ella levantándose del suelo. Cedric la observó con el ceño fruncido-Chocita ven a darme un beso que te amo...mua mua mua-
-Así no hago yo-dijo él levantándose del suelo y encarándola, aunque no pudo evitar sonreír. Se quedaron parados mirándose el uno al otro. "Si intenta besarte, procura no estornudar sobre él".
-Em...creo que ya es hora de que entremos..-dijo Cedric-oh por cierto, hoy es la selección de los campeones- caminaron hacia el castillo.
-¿Te gustaría ser seleccionado?-preguntó Michel.
-Claro..a quién no-dijo él emocionado.
-Pues...eso de la gloria eterna me resulta algo...-
-¿Estúpido?-
-Insípido-
-¿Insípido?-preguntó Cedric.
-Sin razón-se explicó Michel-no creo que llevar a los alumnos a una probable muerte sea por la gloria eterna-
Cedric sonrió.
-Eres tan moral-se acercó a ella peligrosamente-y me encanta-Michel notó la cercanía del cuerpo masculino y cerró los ojos al inminente contacto de los labios de ambos. Ninguno de los dos notó que estaban en el vestíbulo y que la jefa de Gryffindor se les acercaba a una probable interrupción.
-Ejem-
"Maldita sea la hora que esta vieja vela derretida decide aparecerse para NO SÉ QUÉ".
-Disculpen que..interrumpa-dijo con una voz un tanto socarrona, mientras levantaba ligeramente una ceja.
Ambos se ruborizaron.
-Señorita Stanco, gracias a la gracia de Merlín que la he encontrado casualmente, pues he venido a informarle que ya tengo un castigo para usted-dijo con mirada severa.
-¿Castigo?- susurró Cedric, mirándolas a ambas.
-Sí-prosiguió McGonagall-por los disturbios causados en el corredor, al igual que la señorita Chang, deberá encargarse de limpiar todos los trofeos que se encuentran en una vitrina-
-Pero..-no pudo terminar la palabra.
-¡No se meta Diggory!-gritó la profesora y antes de retirarse le comunicó a Michel que todas las tardes al finalizar su última clase del día tenía que dirigirse a su despacho donde junto con Chang se les encomendaría su labor y se retiró.
-Bueno... no nos veremos muy seguido-le dijo Michel a Cedric.
-No te preocupes-dijo él-no será para tanto-y sonrió.-Igualmente, aún no empiezas, así que hoy podemos...pasarla bien y olvidarnos por un rato que te castigaron y que mañana empiezas con la limpieza de los trofeos-
-Pues...-muchas cosas se le ocurrían a Michel sobre pasarla bien. A los quince años "pasarla bien" ya no es jugar a las muñecas o vestirse de señoras y jugar a las mamás.
-¿Quieres acompañarme a la biblioteca?-preguntó Cedric-aún no he terminado mi tarea-
Luego de un ligero asentimiento, ambos se dirigieron a la biblioteca.
-Algo que me encanta de este lugar es...-entró al gigantesco cuarto-el silencio-
Se sentaron en una mesa junto a una ventana, en la cual brillaba una hermosa luna. Michel siempre se quedaba atontada mirando al cielo. Algo había en ese mágico manto azul que le atraía tanto. Azul..atracción...recordó nuevamente los ojos de su acompañante. Lo miró. Estaba buscando un libro con un nombre extraño que repetía constantemente. Y pensar que había estado a punto de besarlo dos veces y las interrupciones no se habían hecho esperar. Seguramente tendría que conformarse con tener los labios masculinos a escasos milímetros y no poder probarlos nunca. Lo miró nuevamente. Estas hormonas. Era perfecto. Rubio, de bellas facciones y hermosos ojos celestes. Alto, fornido, atractivo...pero el solo pensar que estaba tras los pasos de la indeseable Chang se le revolvía el estómago y un ligero sentimiento de odio repentino se le formaba en el pecho. En el mismo instante en que Cedric se sentó junto a ella en la mesa, tres palabras se formaron en su cabeza: OLVIDATE DE ÉL. Diggory era un caso perdido, algo imposible de cumplir, era parte de aquellos sueños que se tienen recurrentemente pero que nunca llegas a descifrarlos, o de esos que corres y corres pero jamás llegas al objetivo. Bueno, Cedric, para Michel, era eso. Un cofre perdido en el fondo del mar, custodiado por monstruos marinos. Un vuelo a la luna sin necesidad de cohetes. En otras palabras, algo imposible, sin posibilidades de llevarse a cabo.
Decidió, mientras lo observaba abrir el libro y leerlo, que se alejaría y le dejaría el camino libre a Chang, aunque dudaba mucho que ella lo quisiera de verdad.
-Micky...¿te sientes bien?-oyó que él le preguntaba. Se sobresaltó al verlo tan cerca de ella, poniéndole una mano sobre su hombro. Levantó la mirada e, irremediablemente, se quedó prendada, otra vez, de los ojos celestes que la miraban un poco más alto de su altura. Si se besaban sería el broche de oro. La frutilla del postre. Y bien que podrían haberlo hecho, la distancia era escasa, apenas un par de centímetros de rostro a rostro. Pero bien, el Destino es un jugador compulsivo que le encanta hacer perder a las personas, arruinar vidas o, en casos muy extraños, ponerse del lado de uno y llevar las de ganar. Aunque esto no ocurrió en el caso de los dos jóvenes que se miraban atontadamente en medio de la biblioteca.
-Arrumacos aquí no-bramó una voz chillona muy cerca de ellos-me extraña de usted señor Diggory-
-Ah...no es para tanto-dijo él, mientras se separaba rápidamente de Michel y tomaba el libro entre sus manos.
-AFUERA-bramó Madam Pince, mientras los empujaba a ambos fuera de la biblioteca. Ya en el pasillo...
-Maldita embustera cara de lechuza-murmuró Michel cruzándose de brazos y caminando junto a Cedric. Él rió, y ella pudo notar algo de nervios en su forma de reír.
-¿Te sientes bien?-
-Para serte honesto, no-dijo Cedric-los nervios van a matarme para la cena..aunque no creo que sea igual a la cena que hubo en Halloween-
-¿Hallo qué?-
-Ha...Halloween...¿de dónde vienes no lo festejan?-
-Claro que no-dijo Michel indignada (N/A: no es cierto, festejan el Halloween aquí en Argentina, aunque para muchos de nosotros sea una fiesta impuesta por los norteamericanos).
-Bueno, creí que tal vez sí-
-Ya bastante con que nos hayan encajado la Coca Cola y Papa Noel-dijo ofuscada.
-Oye, no es necesario que te ofusques-dijo Cedric rodeándole con su brazo.-Háblame de ti, somos amigos y no sé nada de tu vida-
-Yo tampoco sé nada de la tuya-dijo Michel, mientras le sonreía.-Habla tú, de seguro tu vida es más interesante que la mía-
-Pues..mi padre trabaja en el Ministerio-
-Ajá-digo ella-¿Amos Diggory?-
-Sí...es colega de Arthur Weasley-se quedaron en silencio, caminando por el pasillo que estaba desierto.
Seguramente los estudiantes se encontraban agrupándose en el Gran Salón para la selección de los campeones. Antes de entrar al comedor, Cedric volteó a mirar a Michel y, tomándola de los brazos...
-Dame un beso de la suerte-
-¿Qué?-
-Un beso..no te estoy pidiendo nada-
-Para mí es demasiado-dijo ella ruborizándose. Respiró hondo, sintiendo su corazón golpearle el pecho violentamente. Se acercó lentamente a él, y, observando a su alrededor, le dio un dulce beso en la comisura de los labios.
-Suerte-murmuró bajando la mirada y sintiendo cómo sus mejillas ardían incontrolablemente.
Cedric tragó saliva ruidosamente, y, agradeciendo las palabras de su "amiga", entró al Gran Comedor algo tembloroso y anonadado por el último gesto.
Michel se apoyó contra una pared, intentando que su respiración volviera a la normalidad. Merlín. ¿Beso de la suerte¿a quién se le ocurría?. Aunque pensándolo bien, qué buena excusa para besarlo. Rió durante un par de segundos, pensando en que la próxima vez que él le pidiera un beso de la suerte se lo daría sin chistar y, si era posible, le daría tal beso francés que la suerte le duraría para toda la vida. Decidió que ya era momento de entrar al Gran Salón y ver qué traía de nuevo el banquete. Se sentó en la mesa Gryffindor, asombrada de que ninguno de sus dos amigos, Ron y Harry, se encontrasen allí. Sus pensamientos divagaron un poco, hasta que los vio entrar por la gran puerta de mármol, seguidos por el imponente Hagrid, Madam Máxime y los alumnos de Beauxbatons. Notó la mirada de Ron sobre una rubia muy bonita de la escuela francesa, y rió cuando el pelirrojo se ruborizó al ver que lo observaba con las cejas levantadas. Harry y Ron se sentaron a ambos lados de Michel.
-¿Dónde estaban?-preguntó ella, viendo que Harry se encontraba algo enojado.
-Pues...estábamos con Hagrid-
-Ah-
El Gran Salón ya estaba completamente lleno de los alumnos de las tres escuelas. Se sentía un extraño aire nervioso alrededor de los estudiantes, que, expectantes, esperaban la inminente selección de los tres campeones.
Muy cerca de ellos, se oía a Fred Weasley murmurar –Espero que salga Angelina-
-¡Yo también!-exclamó Hermione, sentada frente a Ron- pronto lo sabremos-
En ese momento, a Michel se le cruzo por la cabeza que el campeón de Hogwarts podría ser, tranquilamente, Cedric. Aunque temía que sus sueños de muertes violentas se cumplieran de alguna u otra forma durante el transcurso del torneo y , honestamente, quería mantenerlo lejos de ese riesgo, pero intuía, y sabía, que eso sería imposible puesto que Cedric quería con toda su voluntad participar y hacerse la, como ella llamaba, "estúpida e innecesaria" gloria eterna.
El banquete le pareció a Michel algo alucinante, nunca había comido tanto, y sabía que, si seguía así de nerviosa, terminaría vomitando y, si era posible, lo haría sobre la estúpida de Chang.
De repente los platos de oro relucientes volvieron a su original estado inmaculado. Se produjo cierto alboroto en el salón, que se interrumpió cuando Dumbledore se puso de pie. Junto con él, Karkarroff y Madame Máxime.
-Bien, el cáliz está casi preparado para tomar una decisión-anunció- según me parece, falta tan solo un minuto. Cuando pronuncie el nombre de un campeón, le ruego que venga a esta parte del Gran Salón, pase por la mesa de los profesores y entre en la sala de al lado-señalo la puerta que había detrás de la mesa-allí recibirá las primeras instrucciones-
Sacó la varita y ejecutó con ella un amplio movimiento en el aire. De inmediato se apagaron todas las velas salvo las que estaban dentro de las calabazas con forma de cara, y la habitación quedo casi a oscuras. Todo el mundo miraba, ansioso. Michel sintió los nervios en la boca de su estómago e, instintivamente, miró a Cedric que, unas mesas allá, se tomaba de las manos de sus amigos, esperando que el Cáliz dijera su nombre de un momento a otro.
-En cualquier momento- susurró Lee Jordan dos asientos mas allá de Harry y Michel, quien no pudo evitar mirar hacia la mesa de hufflepuff y volver a observar a Cedric.
De pronto, las llamas del cáliz se volvieron rojas, y empezaron a salir chispas. A continuación, brotó en el aire una lengua de fuego y arrojó un trozo carbonizado de pergamino. La sala entera ahogó un gritó.
Dumbledore tomó el trozo de pergamino-el campeón de Durmstrang-leyó con voz alta y clara-será Víktor Krum.
-¡Era de imaginar!-gritó Ron, emocionado.
Secundado por Michel, -¡era obvio! –dijo indignada, golpeando la mesa y provocando que algunas copas cayeran manchando la mesa.
El gran salón se vio inundado de aplausos y vítores. Michel vio a Krum levantarse de la mesa de slytherin con una gran sonrisa, y vio también al hurón de Malfoy felicitarlo.
Se apagaron los aplausos y los comentarios. La atención de todo el mundo volvía a recaer sobre el cáliz, cuyo fuego tardó unos pocos segundos en volverse nuevamente rojo.
Las llamas arrojaron un segundo trozo de pergamino.
-La campeona de Beauxbatons-dijo Dumbledore-es ¡Fleur Delacour! -
Michel pudo observar las caras de decepción de los demás alumnos de Beauxbatons y a unas chicas que lloraban desconsoladas. Vieron a la bellísima rubia pararse de la mesa Ravenclaw, en donde Cho Chang aplaudía por obligación.
Cuando Fleur Delacour desapareció notó que el Gran Salón de envolvía en un silencio imperturbable, pero esta vez era tenso y lleno de emoción. El siguiente seria el campeón de Hogwarts.
Michel no pudo evitar pensar en Cedric y rogar por todos los santos que las pesadillas que la atosigaban constantemente no se cumplieran. Tomó con ambas manos su remera y la estrujó, sintiendo a su corazón latir con tanta fuerza que creía que se le saldría del pecho irremediablemente.
-El campeón de Hogwarts- anunció- es ¡Cedric Diggory!-
-¡No!- exclamó Ron en voz alta. Todos y cada uno de los alumnos de Hufflepuff se habían puesto de repente de pie pataleando, mientras que Cedric se abría camino entre ellos con una amplia sonrisa, y marchaba hacia la sala que había tras la mesa de los profesores.
Michel no pudo evitar sentir un vacío en el pecho, como si de repente el corazón se hubiese ido varios kilómetros lejos. Tenia un mal presentimiento de todo aquello. Decidió sumarse al festejo, y desearle suerte su amigo.
-Estupendo-dijo Dumbledore en voz alta y muy contento cuanto se apagaron los últimos aplausos-bueno ya tenemos a nuestros tres campeones. Estoy seguro de que puedo confiar en que todos ustedes, incluyendo a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, darán a sus respectivos campeones todo el apoyo que puedan. Al respaldarlos, todos ustedes contribuirán de forma muy significativa a...-pero Dumbledore se calló de repente.
El fuego del cáliz había vuelto a ponerse de color rojo. "¿Otro campeón, no puede ser" pensó Michel al observar el espectáculo.
El cáliz otra vez lanzaba chispas. Una larga lengua de fuego se elevó de repente en el aire y arrojó otro trozo de pergamino. Dumbledore alargó la mano y lo agarró. Contempló el trozo de pergamino, finalmente se aclaró la garganta y leyó en voz alta:
-Harry Potter-
Michel sintio una fuerte palpitación y miró a Harry, que se encontraba sentado a su lado. Él permaneció aturdido, atontado, no daba crédito a sus oídos. Michel, al igual que él, no lo podía creer, por un momento pensó que estaba soñando, pero no todos los alumnos que se encontraban en el Gran Salón miraban a Harry.
Harry los miró a los tres –¡Yo no puse mi nombre!-dijo todavía aturdido.
-Lo sabemos-le contestó Michel notando que todos los alumnos de Gryffindor miraban atontados a Harry.
La profesora McGonagall se levantó y se acercó a Dumbledore, con quien cuchicheó impetuosamente.
-¡Harry Potter!- llamó- ¡Harry¡Levántate y ven aquí, por favor!-
-Vamos-le susurró Hermione a Harry. Michel tomó fuertemente a Harry de los brazos.
-Digan lo que digan tienes que desistir Harry-
-Tranquila, yo no quiero participar-
-No debes hacerlo-dijo ella. Notaba su voz quebrada y sus ojos humedecerse-tengo un muy mal presentimiento Harry- observó al moreno levantarse y dirigirse a la mesa de profesores.- NO PARTICIPES-se sentó, apoyando la cabeza sobre sus manos. Eso estaba mal, muy mal. Harry apenas tenía catorce años, no debía participar. El sentimiento de que algo iba a ocurrir la estaba torturando. Le dolía la garganta y los oídos le zumbaban. Una muy mala señal.
-Bueno...sal por la puerta, Harry-le dijo Dumbledore sin sonreír, en ese instante Michel sintió un escalofrío, como si hubiera sido su nombre el que expulsó el cáliz. Temía por lo que le aguardaba a Harry.
-Michel...¿te encuentras bien?-preguntó Ron viendo que ella se encontraba pálida y temblorosa. Un murmullo de total desacuerdo surgió entre los alumnos de las tres escuelas, y Karkarroff y Madam Máxime se dirigieron con paso furioso hacia la puerta tras la mesa de los profesores.
Michel se levantó ruidosamente de la mesa y, corriendo, salió aturdida del Gran Salón. Su respiración estaba acelerada y le dolía el pecho. Se sentó en el suelo y pensó en el pobrecito de Harry, asustado y nervioso, bajo la mirada atenta de los tres directores y de los otros campeones que seguramente lo rechazarían de inmediato. Se desordenó el cabello, el cual lo tenía suelto hasta la cintura. Sintió irrefrenables deseo de estrellar su cabeza contra la pared, se sentía desesperada ante la perspectiva de ver a Harry arriesgando su vida. Se levantó del suelo y decidió ir a la Torre Gryffindor, necesitaba por todos los medios acostarse y pensar un rato. Ya adentro de la sala común, se sentó en el sofá junto al fuego. Vio que las estrellas brillaban, y la luz de la Luna se infiltraba por los ventanales del lugar. Los días ya empezaban a ser más oscuros, debido a que en tan solo un mes sería invierno (N/A: recuerden que están en Inglaterra). Suspiró. Sentía sus párpados que le pesaban e, irremediablemente, se quedó dormida, pensando en Harry y en Cedric. Tuvo un sueño extraño. Harry luchaba contra la nada, mientras Cedric, unos metros a la izquierda, yacía muerto boca arriba.
-Michel-alguien la zarandeó insistentemente durante algunos minutos. Abrió los ojos lentamente y se asombró al ver el rostro demasiado pálido de Harry.
-Harry-se sentó inmediatamente y tomó al moreno de ojos verdes del cuello de la pijama. Sus rostros estuvieron muy juntos, tanto que Michel estuvo increíblemente tentada de besarlo, segura que con un beso de Harry olvidaría a Cedric. Pero no, la moral ante todo. El joven Potter era su amigo, y el respeto era lo más importante.
-¿Te ocurre algo Micky?-preguntó él al notar que ella bajaba la mirada, cansada.
-Desististe...¿cierto?-
-Pues...-
-¿Cierto?-preguntó ella volviéndolo a tomar del cuello de la pijama, desesperada.
-No pude...no puedo...el cáliz es un juez imparcial y hay un contrato mágico vinculante, el cual no puedo violar-
-Eso quiere decir que...-
-Debo participar-dijo Harry con un asomo de sonrisa, el cual sabía que era falso. Ambos miraron al suelo, deprimidos.
Michel sintió el deseo irrefrenable de abrazar al joven frente a ella. Se le lanzó encima al moreno, abrazándolo por el cuello. Comenzó a llorar ruidosamente sobre su hombro.
-Micky..tranquila-dijo él devolviéndole el abrazo.
-Temo por tu vida Harry-dijo separándose un poco y mirándolo a los ojos. Él sonrió, intentado calmarla.
-No debes temer..es..es solo un Torneo-
-Sí, pero tu nombre no fue puesto de casualidad en el cáliz-dijo ella-el que puso tu nombre tiene planes para ti- sollozó y volvió a abrazarlo-muy malos planes-tragó saliva-ten mucho cuidado-se quedaron varios minutos abrazados, aspirando sus aromas.
Michel le acarició el indomable cabello color ébano, mientras apoyaba su boca sobre el hombro masculino.
-Se nota que tienes sueño-dijo Harry-ve a dormir-le besó la mejilla cariñosamente, cosa que asombró a Michel. Se notaba su influencia sobre el comportamiento del joven Potter.
-Sí-dijo ella, mientras se levantaba-por cierto, Harry..¿hay algo que quieras contarme?-él la miró sin entender-porque tienes cara de que algo te molesta-
Harry hizo una mueca.
-Ron cree que puse mi nombre en el cáliz-
-Aaaaah-dijo Michel-está celoso-
-¿Celoso?-preguntó él-¿celoso de qué?-
-De tu fama-dijo ella-siempre llamas la atención de una u otra manera-
-Pero yo no quiero ser famoso...no quiero la estúpida gloria eterna..yo no puse mi nombre en el cáliz, y que Ron no me crea me hace sentir...-sonrió tristemente-escoria-
-Tú no eres escoria-dijo ella palmeándole la espalda-mientras tengas a tus dos amigas, Hermione y yo, no tienes de qué preocuparte-
-Gracias-Harry sonrió débilmente.
Michel había subido las escaleras, oyendo a Harry hablar con alguien más, seguramente Hermione ya había entrado a la sala común. Llegó al cuarto de las chicas de quinto, y se sentó en su cama. Pensó en que seguramente Cedric estaría festejando su entrada al Torneo. Pensó en todo lo que atormentaba a Harry, en todos su miedos y en la desesperación de saber que tendría que enfrentarse cara a cara con la muerte. Se acostó en su cama, mirando el dosel. Cerró los ojos, pensando en sus dos amigos. Se asombró al ver las diferencias. Cedric era fornido, rubio y de ojos celestes. Si tenía fama era porque la buscaba. Harry, en cambio, era moreno de ojos verdes, delgadito. Su fama se la había impuesto un psicópata una noche de octubre. Sonrió. Ambos eran hermosos. Y, sabiendo lo que venía, Michel no sabía sinceramente a quién iba a alentar. Harry necesitaba muchísimo más apoyo que Cedric. En ese mismo momento, se durmió.
Esa mañana no supo realmente dónde se encontraba. Le dolía la cabeza y el estómago hacía extraños ruidos. Se sentó. Pudo palpar su cama y ver que estaba vestida. ¿Qué hora era?. Miró el reloj sobre la mesita de luz. Eran las seis y media. Demasiado temprano. Se levantó de la cama, y se adentró en el baño. Luego de una ducha rápida y de vestirse, salió del cuarto, bajando a la sala común. Harry y Hermione estaban sentados en los sofás cerca de la chimenea. Ella miraba atentamente a Harry, mientras él miraba el fuego que crepitaba en la chimenea. Se notaba deprimido y cansado. Seguramente no había podido dormir.
-Hola-dijo Michel al llegar junto a ellos-linda mañana-
Harry suspiró y la miró.
-Sí, bonita si no fuera por...el Torneo-
-Se lo nota cansado-dijo Hermione mirando a Michel-y ese estúpido de Ron- Michel rió. Hermione y Ron iban a terminar juntos.
-Yo iré a desayunar-dijo Michel, besando la mejilla de Harry, para luego salir de la sala común. Se encontró con el pasillo desierto. Se sentía mal y el cuerpo le pesaba. Decidió dirigirse al Gran Comedor, en donde estaba segura que ya habría algo de comer.
-Micky-oyó que bramaban tras ella. Al voltear, se encontró a Harry corriendo tras ella.
-¿Te sientes mejor?-preguntó ella. Él sonrió.
-No...pero podemos ir a desayunar juntos-dijo Harry con una sonrisa.
-¿Y Hermione?-
-Está ocupada con lo del peddo-dijo él, mientras caminaban-es una asociación que creó luego de enterarse por los mellizos que hay elfos domésticos aquí en Hogwarts-
-Sí lo sé-dijo Michel-y no es peddo, es Pe-e-de-de-o-Harry la miró con las cejas levantadas-los oí hablar de ella-sonrió-Harry-le dijo antes de entrar en el Gran Salón. Él volteó a mirarla.-Cuídate mucho- y lo abrazó. Mala idea. No tener en cuenta a un gran número de adolescentes no es algo que se le recomienda a alguien. Menos si entre esos adolescentes hay enemigos potenciales. El beso en la mejilla que Michel le propinó a Harry creó todo tipo de rumores en el Gran Salón. Y el rubor en el rostro masculino, todo tipo de certezas. Entraron al Gran Comedor, sin importarle a Michel las miradas odiosas que varias, y más una chica desde la mesa Ravenclaw, le propinaban como queriendo matarla.
Luego de su primer clase, Defensa, Michel decidió salir a caminar un poco antes de ir a su clase de Adivinación.
Paseando por el pasillo casi desierto, se encontró con el grupo de amigos de Cedric, entre los cuales estaba el susodicho sonriendo y siendo felicitado por más de un alumno que pasaba por allí. Ella vio que él levantaba la mirada y le sonreía.
-Felicitaciones Ced-dijo ella sinceramente-por ser el campeón de Hogwarts, te lo tienes merecido-
Los amigos de él se sonrieron al verlos juntos y desaparecieron, adentrándose en el vestíbulo.
-Gracias-
Michel observó detenidamente a Cedric. Y una insignia en su túnica llamó su atención. Un "Potter Apesta" brillaba en su pecho, del lado izquierdo.
-¿Qué?-preguntó ella-¿Qué?...¿QUÉ HACES CON ESO?-bramó enojada, señalando la insignia que cambiaba de "Potter Apesta" a "Apoya a Cedric Diggory".
-¿Qué tiene?-
-¿Cómo que qué tiene?-preguntó ella casi a los gritos-no...no puedes usar eso-tomó fuertemente la túnica de Cedric y arrancó la insignia, dejándole un agujero a su ropa.
-¿Qué haces?-
-¿Qué hago?-preguntó ella enojada-defiendo el honor de mi amigo-
-¿Cuál honor?-preguntó él encarándola-se atrevió a poner su nombre en el cáliz, de qué honor me hablas-
-ÉL NO PUSO SU NOMBRE EN EL CÁLIZ-bramó Michel. Lo amenazó con la varita-me extraña de ti Diggory, gracias a él pudiste tener una infancia normal... eres un mal agradecido, al igual que todos los demás- y, furiosa, volteó.
-Empezaré a creer lo que dice Cho sobre tú y él-dijo Cedric tristemente.
-¿Qué dice ésa imbécil?-preguntó, ofuscada, y mirándolo.
-Que tú y él son novios-dijo con voz potente.
Michel comenzó a reír a carcajadas.
-Pues no les importa si salgo o no con Harry-
-¿De qué lado estás Stanco?-preguntó él despectivamente.
-Del de Harry-dijo ella serenamente-él no se merece todo esto-
-Él se lo merece si se atrevió a arruinarme la gloria de ser el único campeón de Hogwarts-
-Por favor Cedric-dijo ella cansada-él no quiso arruinarte nada-su respiración se aceleró-no puedes ser así, tu ambición te ciega-
-Tú estás de su lado-dijo él tristemente-ve a alentar a tu novio y a...abrazarlo-
Michel cerró los puños enojada.
-Púdrete Diggory-dijo, para luego voltear. Sintió que su garganta le dolía, y sus ojos, incontrolablemente, derramaban lágrimas.-Eres un idiota Cedric-dijo, apretando con fuerza la insignia de "Potter Apesta".
Ya era hora de ir a su clase de Adivinación, pero antes decidió saldar cuentas pendientes con aquel o aquella que hubiese creado las insignias. Sabía el hechizo para desenmascarar al deshonesto, así que lo pronunció prolijamente y, segundos después, delante de ella aparecía un nombre más que conocido. Sonrió perversamente y, estrujando la insignia en su mano derecha, decidió darse una vuelta por el castillo, para luego dirigirse hacia la Torre de Adivinación.
Horas después, la noticia de que Draco Malfoy había sido colgado de uno de los aros de quidditch, no asombró en lo absoluto a la morena, y rió descaradamente cuando vio al slytherin-hurón entrar al castillo vestido con un tutú rosa.
Ese día, luego de su última clase, la cual era Cuidado de Seres Mágicos, y de dirigirse al despacho de McGonagall, Michel, respaldada por la jefa de Gryffindor, comenzó sus castigos. Actividad que hubiese sido algo placentera si no fuera por la presencia de su archirecontra enemiga: Cho Chang. La cual siempre se las arreglaba para hacer el menor trabajo posible, alegando que se sentía mal o, en otro casos, diciendo que debía terminar un trabajo después de clases, según dijo, para un profesor, dando una autorización que, Michel sabía, era falsa. Y asi pasó la semana. El último día del castigo, aquel viernes, Michel sentía como todo el polvo removido se pegaba a sus fosas nasales y que la podía terminar asfixiando de un momento a otro. Todo esto, sin contar la presencia que irritaba increíblemente a la joven gryffindor. Sintió como Cho Chang la observaba detenidamente.
-¿Qué?-preguntó Michel enojada, volteando a enfrentarla.
-Nada...sólo que..que extraño que no estés con tu novio-
-¿Cuál novio?-
-Harry Potter-Michel gruñó y, si no fuera por la entrada de un joven hufflepuff que conocía muy bien, aquella copa en la que decía "Para el equipo de Gryffindor por su excelente actuación en el campo de quidditch",habría sido estampado contra la cara de la estúpida que reía despectivamente. Cedric Diggory las miró detenidamente y, tras unos segundos de meditar, volteó a sonreírle a Cho.
-Hola-dijo entusiasmado. A Michel este gesto le provocó taquicardia, lo que produjo que uno de los trofeos cayera de su vitrina y todo estallara en mil pedazos.
-Hola-dijo Cho sonriendo, acto seguido, un cruce de miradas amenazadoras se llevó a cabo. Michel, desde su puesto agachada recogiendo los vidrios, ruñó todo tipo de injurias contra aquellos dos que hablaban animadamente, sin darle la más mínima ayuda a la gryffindor.
-Cho.. pensaba, no sé, sí querías que terminará tu trabajo por ti-preguntó Cedric nervioso. Esto enfureció tremendamente a Michel, y estrujó tanto una insignia con el nombre de James Potter que la inscripción quedó marcada en su mano.
-Ay Cedric, eres muy gentil-respondió Cho con su tono de voz usual aunque para Michel le resultó una voz totalmente de estúpida. Notó que la joven ravenclaw la miraba como gozándola.
-No me gustaría que pierdas tu tiempo o te obligue hacer algo que no quieres-siguió, y a Michel le resultó imbécil su actitud de parece como si tuviera vergüenza. "Gran pérdida de tiempo".
-No es problema, ve y termina lo que necesites terminar-dijo Cedric y se ruborizó, cosa que le resultó encantadora a Michel, si no fuera porque en ese mismo momento Cho dejaba los trofeos y, dirigiéndose al chico, le daba un beso demasiado sonoro en la mejilla y, acto seguido, salía corriendo del lugar, actitud que para la morena hubiera sido normal en una niña de cinco años.
-¡Qué romántico eres!-murmuró enojada Michel con tono de sarcasmo en su voz. Estaba enfurecida, rabiosa.
-¿Eso crees?-dijo Cedric con voz segura. Todavía seguía mirando en la dirección en la que había desaparecido Cho Chang. Luego de unos minutos –Ya terminé-dijo Michel, arrojando el trapo sobre la vitrina con fuerza.
Miró a Cedric. Un nudo se le formó en el estómago. Que actitud patética la de ambos.
-Bueno Diggory, que te diviertas haciendo el trabajo de tu noviecita-
-Que te diviertas Stanco, alentando a tu novio..procura que no se muera cinco segundos después de la primer prueba-salió del lugar con paso firme. ¿Que pasaba¿dos orgullos encontrados que no se podían pedir perdón?. No lo sabía. Pero de lo que sí tenía certeza, era que tenía que olvidarse de Cedric. Fuera como fuera.
