Hola, he vuelto después de tanto tiempo. Bueno, este capítulo es demasiado romántico y meloso, así que lo dedico a todas aquellas que mueren de suspiros cada vez que leen, ven u oyen algo referido al amor.

Agradezco los reviews a Azamy-Delacour, Mik Diggory, Sabrina Evans, Cami, Saria Black..si me olvido de alguien, perdón..

Dejen reviews y, nuevamente, disfruten MUCHO de este capítulo...imaginen que son Michel...ajajaja

M.O.S

M.O.P

M.O.M

Y FANA DE LA ESCENA DE HARRY EN LA BAÑERA!...

AVISO: ESTE CAPÍTULO ESTÁ UN TANTO FUERA DE CONTEXTO..YA SE DARÁN CUENTA CUANDO LO LEAN...

Capítulo 9: Agua de todos colores

Estuvieron encerrados en ese aula por horas. La música llegaba hasta ellos y eso causaba cierta sensación placentera mientras se besaban tiernamente.

-¿Oyes?-preguntó Cedric, tarareando la canción que se oía desde el Gran Salón. Michel sonrió. Él la tomó de la mano y la incentivó a bailar.

-No, no lo hagas-dijo Michel nerviosa-soy mala bailando-

-Yo también y eso es lo que importa- la abrazó, acariciando su nuca con una mano y con la otra tocando su cintura. Era exquisito bailar con el cuerpo de Cedric tan cerca. Michel apoyó su cabeza contra el pecho masculino, mientras cerraba los ojos. ¿Habría cosa más hermosa y exquisita que bailar abrazada a ese hombre? (N/A: mmmm ¿hacer el amor con Harry?), Michel no lo sabía pero estaba segura de que no podía haber algo más lindo que aquello. Una vuelta, dos, tres...sus risas inundaron el lugar. La chaqueta de Cedric había volado lejos, al igual que su moño. Su pechera estaba un tanto descolocada en esa desprolijidad que era su traje de gala. Por lo que la aventó contra una pared.

Tres de sus botones estaban desabrochados, por lo que Michel tenía una bella perspectiva de su pecho lleno de vello rubio y fino. Era más que hermoso. Ambos se sentían acalorados, pero no por eso iban a arruinar el lindo momento que estaban pasando. Cedric volvió a abrazarla, pegando sus cuerpos. Michel rodeó la nuca del joven con sus brazos, y se besaron nuevamente. Un beso dulce y sin prisas, un beso tierno que era la frutilla de aquel hermoso baile.

Una música lenta llegaba desde el Gran Salón, por lo que, abrazándose aun más, se mecieron al compás de la canción que inundaba sus oídos. El cabello de Cedric era suave y aunque estuviera despeinado y completamente alborotado, lo hacía ver encantador. El peinado de Michel estaba totalmente desarmado. Parecía como si se hubiese agarrado de los pelos con alguien, y lo único que hizo fue bailar y besarse con el bello joven de Hufflepuff.

-Ced..-murmuró Michel mientras él la besaba sin pausa. Beso tras beso, suspiro tras suspiro.

-Dime-dijo él separándose, aunque seguía tomándole el rostro con ambas manos.

-Creo que ya es hora de que volvamos al Gran Comedor-dijo con voz desmayada. Su nariz se rozaba con la de él, y sus alientos se entremezclaban.

-De acuerdo-murmuró el joven rubio, para luego besarla, arrinconándola contra la pared. Una descarga eléctrica le recorrió la médula cuando Cedric acarició una de sus piernas bajo su falda. ¿Le parecía o él quería juguetear un rato con sus manos bajo sus ropas?.

-Ced..-susurró nuevamente separándose un poco. Cedric mordía su cuello, y estaba segura que le dejaría un tremendo chupón como recordatorio.-Si me dejas marcas te voy avisando que la venganza será terrible-oyó la risa cantarina del chico que respiraba en su hombro. Cedric la miró en ese instante.

-Vamos-dijo sonriendo, tomándola de la mano. Salieron del lugar, abrazados. La mejor Navidad de su vida.

Podía oler el exquisito aroma masculino y sentir el duro torso de él contra sus cálidos senos. Lo habia deseado tanto y lo amaba con todo su ser, que temía que todo eso que le estaba ocurriendo fuese nada más que un sueño.

Sabía, abrazada a Cedric, que no habia nada, nada, que pudiese arruinar todo aquello. O casi nada.

Llegaron a la puerta del Gran Comedor. Cedric le hizo una seña con la cabeza y se soltaron. Entraron, yendo cada uno a sus respectivos lugares. Él volteó a mirarla y le guiñó un ojo. Eso hizo ruborizar al máximo a Michel, que se sentaba junto a Hermione. Se sentía inmensamente feliz y creía que sus pies estaban elevados un par de centímetros del suelo, así como también que podría contagiar a toda la escuela con su alegría. Pero oyó un sollozo y giró su cabeza. Hermione lloraba casi imperceptiblemente, en silencio.

-Herms-dijo Michel, apoyando su mano sobre el hombro de la chica junto a ella-dime que...

-ES RON, EL IDIOTA DE RON-bramó Hermione, llorando. Sus ojos estaban enrojecidos y sus mejillas empapadas por las lágrimas.

-¿Qué pasó?-preguntó Michel-no me digas que discutieron de nuevo-

-No...pero me molestó todo lo que dijo-

-¿Él dónde está?-

-No sé-dijo Hermione en un susurro-cuando volví ni él ni Harry estaban aquí-

-Oh Harry-dijo Michel. Tenía que hablar con Harry y contarle todo-no..¿no tienes idea de dónde puede estar?-

-No-Hermione se limpió la nariz con su mano.

-¿Qué pasó con Viktor?-

-Se fue a su barco-miraba al suelo y sollozaba-nos despedimos y volví aquí-

-¿Por qué no vamos a la sala común?-preguntó Michel, acariciando la espalda de Hermione para darle ánimos-no te hagas problema por el cerebro de mosquito...es hombre y algún día se le pasará-se levantaron las dos juntas y salieron del Gran Salón, no sin antes lanzarle un beso a Cedric que, sentado en la mesa junto a sus amigos, la miraba atentamente.

Caminaron en silencio por el corredor. Hermione sollozaba levemente, al contrario de Michel, que estaba sonriente y tranquila. Sabía que esa noche dormiría feliz y descansada. Y que seguramente soñaría con dos labios carnosos y rosados que la besarían, con dos manos que acariciarían su cuerpo entero, y con una voz sensual y masculina que le diría "Acabo de darme cuenta que te amo". Esa hermosa frase le hacía eco en su mente, y cada vez que la recordaba su corazón latía a mil por hora y su inmensa bandada de mariposas revoloteaba más febrilmente en su estómago.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta que el retrato de la Dama gorda ya se encontraba frente a ella. Oyó que Hermione pronunciaba la contraseña con voz apagada. Entraron a la torre Gryffindor.

Ron se encontraba sentado cerca de la chimenea, y Michel notó que él se tensaba al verlas.

-Bonita fiesta ¿eh?-dijo ella riendo. El pelirrojo bufó. Hermione no sonreía, al contrario de Michel, sino que miraba a Ron con ojos asesinos, poniendo ambas manos sobre su cintura.

-¿Podemos hablar?-él la miró atentamente. Abrió la boca, pero Hermione no lo dejó decir palabra.

-¿SE PUEDE SABER QUE CARAJOS TE PASA ESTÚPIDO PARA ARRUINARME LA MEJOR FIESTA DE MI VIDA?-

-NO ME GRITES-Michel suspiró, mientras las dos personas frente a ella discutían. Toda la sala común los observaba atónitos, por lo que se sentó en uno de los sofás y, apoyando su cabeza contra el posabrazo (N/A: o como se llame) esperó a que Harry llegara, así le contaba las buenas nuevas. Minutos después, y mientras oía la discusión entre Hermione y Ron, el retrato de la dama gorda se abrió y Harry entró en la Torre Gryffindor, con mirada algo triste y cabizbajo.

-Harry, hola-dijo ella sonriendo. El ojiverde miró a sus dos amigos.

-No me gusta que salgas con enemigos potenciales de Harry-dijo Ron a los gritos.

-Bueno, pues si no te gusta, ya sabes cuál es la solu­ción¿no? -gritó Hermione; el pelo se le estaba despren­diendo de su elegante moño, y tenía la cara tensa de ira.

-¿Ah, sí? -le respondió Ron-¿cuál es?-

-¡La próxima vez que haya un baile, pídeme que sea tu pareja antes que ningún otro, y no como último recurso!-

-Estúpido-murmuró Michel sintiendo una extraña satisfacción. Hermione dio media vuelta y, luego de despedirse de Harry y de ella, subió como un vendaval las escaleras hacia los dormitorios.

-Bueno-balbuceó Ron mirando a Harry, atónito-, bueno... ahí está la prueba... Hasta ella se da cuenta de que no tiene razón-pero tanto Michel como Harry sabían que eso no era cierto: Hermione tenía toda la razón.

-Yo me voy a dormir-dijo el pelirrojo segundos después. Su voz estaba ronca, seguramente de tanto gritar-¿vienes Harry?-

-Sí...-Michel lo tomó del brazo.

-Quiero hablar contigo-le dijo en un susurro.

-Ya voy Ron-dijo Harry. El pelirrojo se encogió de hombros y subió las escaleras. El joven de ojos verdes miró a la morena que sonreía sentada en el sofá. Michel pensó en ese instante que era una lástima que estuviese enamorada de Cedric y él de Cho, porque observándolo de cerca (auque de lejos también) era un hermoso prototipo de hombre. El desarrollo le sentaba muy bien al Niño-que-vivió. Él se sentó junto a ella.

-Escucha muy atentamente y no preguntes nada- Harry asintió con la cabeza.-Cedric y yo...nos besamos-

-¿Qué?-

-Te dije que no preguntaras-se miraron durante algunos segundos.

-¿Por qué me lo dices?-preguntó él atónito.

-Porque eres mi mejor amigo-dijo Michel. Sus ojos brillaban y se veía radiante.

-Te ves tan feliz-dijo Harry, tomándole las manos.

-Sí, y te digo esto porque creo que mereces saber que Cedric y Cho nada-hablaban en un susurro, procurando que nadie los oyera.

-¿Nada?-

-Nada-

-¿Nada de veras?-

-N-A-D-A-dijo Michel-nada nadita-Harry comenzó a saltar feliz alrededor de Michel.

-¿En serio?-ella asintió con la cabeza.-SOY FELIZ-al ver la expresión de la morena-ejem, me...me da mucha satisfacción- ella sonrió abiertamente. Harry volvió a sentarse a su lado-cuéntamelo todo-

Durante quince minutos Michel le contó a Harry cómo ella y Cedric habían peleado, cómo se habían seguido peleando y cómo, en el aula, se habían besado y habían bailado como un par de tontos enamorados.

-Eso fue muy lindo-dijo él sonriendo-estoy feliz por ti-su semblante se veía feliz pero Michel notó que tenía un deje de preocupación encima.

-¿Te sucede algo?-Harry volvió a la realidad.

-No...bueno sí-dijo él-es sobre Hagrid-

-¿Qué sucede con él?-

-Es un semigigante-

-Bromeas-dijo ella. Harry negó con la cabeza.-Bueno, eso explica por qué es tan alto-notó la preocupación en los bellos ojos verdes del joven frente a ella-¿por qué te preocupa?-

-Bueno...en realidad no me preocupa, pero Madam Máxime lo sabe...y no creo que lo mantenga en secreto-

-Oh bueno-dijo Michel-no creo que se atreva a decir nada...ella tampoco puede alardear de ser "normal"-Harry rió.

-Tienes razón-

-Y si dice que es normal, solo podrá decir que es descendiente de dinosaurios-Harry rió a carcajadas.

-Eso mismo dijo Ron-sonrió. Bostezó ampliamente.-Bueno amiga, me voy a dormir-se levantó del sofá-¿cómo te digo?-

-¿Qué?-

-Sí...¿Stanco...o...señora Diggory?-Michel le aventó un cojín por la cabeza.-Por cierto, tienes una marca violeta en el cuello...-su voz se oía extrañamente divertida. -¿Un chupón acaso?-Michel se ruborizó.

-Señora Diggory-dijo luego, mientras él subía las escaleras hacia los dormitorios. Michel miró a su alrededor. La sala común estaba desierta, por lo que decidió salir a caminar.

El lugar estaba muy silencioso y solitario. Tomó aire hondamente, recordando las cosas maravillosas que le habían sucedido aquel día. Se apoyó contra una de las paredes, acariciándose a sí misma debido al frío. Fue en ese momento que sintió dos manos abrazándola por la cintura, y luego una lengua tibia y húmeda que le lamía el lóbulo de la oreja izquierda. Se sobresaltó.

-Tranquila-murmuró el joven en su oído.

-Ced, por poco y me matas del susto-dijo sonriendo, mientras él acariciaba su vientre.

-Oh no, mi bomboncito relleno, no quiero que mueras-dijo tiernamente, mientras la volteaba. Se besaron apasionadamente, chocando contra una armadura cercana.

-No hagas ruido-le dijo Cedric al vejestorio metálico que los observaba. Michel comenzó a reír tontamente, sin poder detenerse-no te rías-

-Es...es...es que no..no puedo contenerme-

-Señorita Stanco, me veré forzado a hechizarla-dijo él, separándose. Se miraron durante algunos segundos. Cedric se veía sexy con el cabello desordenado, las mejillas ruborizadas y sus tres exquisitos botones desabrochados.

-Creo que un hechizo silenciador no me vendrá mal-dijo Michel riendo. Él sonrió-podrías hacerme cualquier cosa, que nadie me oiría-

-Mmmm...suena muy tentador-dijo Cedric, tomándola de la cintura y besándola dulcemente. Su lengua jugueteaba con la de Michel, mientras su mano derecha recorría pacientemente desde la rodilla hasta los muslos femeninos, al tiempo que con la mano izquierda flexionaba las piernas de la joven.

-Cualquiera diría que quieres violarme-susurró Michel cuando Cedric dejó de besarla para morder su oreja.

-¿Violarte?-sonrió-no será una violación-

-Tienes razón-dijo ella sorprendiéndose de su respuesta. Era cierto.¿Violación, si ni siquiera se resistiría.

Oyeron un ruido.

-¿Qué fue eso?-preguntaron a coro. Se miraron.

-Peeves-susurró Cedric viendo al poltergeist acercarse-tenemos que irnos si no queremos problemas-la tomó de la mano y corrieron por el pasillo.

-Maldito y estúpido Peeves, cuando lo encuentre-murmuró Michel corriendo tras Cedric. Aún había gente en el Gran Comedor, bailando y bebiendo.

-¿Por qué no bailamos?-preguntó Michel.

-Tenía una idea mejor-dijo Cedric misteriosamente. Ella lo miró enarcando una ceja.-Ven-caminaron por el corredor tomados de la mano. Llegaron a las puertas del castillo. Salieron a los terrenos. Era una noche hermosa y tranquila. Se sentaron en el césped, observando al cielo. Sus cuerpos estaban muy juntos uno del otro. Se miraron.

-Micky-

-¿Mmm?-

-Te amo-susurró él, besándola. Ella sonrió.

-Yo también-se besaron tiernamente, acariciando sus labios, saboreando sus bocas con sus lenguas. El conocido cosquilleo apareció en el estómago de Michel. Cedric se acostó sobre ella, acariciándola. Michel rodeó la cintura masculina con sus piernas, mientras él le acariciaba los muslos. Fue un hermoso momento romántico, pero Michel supo que tenían que detenerse en el instante que algo entre las piernas de él pedía permiso para salir de los pantalones.

-Espera Ced-susurró, separándolo. Él la miró con ojos desconcertados.

-Lo siento-dijo segundos después, ruborizándose. Michel sonrió-no puedo contenerlo-rió.

-Lo sé-se acercó a él-no te preocupes, algún día lo conoceré personalmente-sus narices se rozaban dulcemente. Y Michel en ese momento recordó lo hermosos que eran los ojos de Cedric.

-Te amo-

-Y yo a ti-se abrazaron y se acostaron sobre el césped, Michel sobre Cedric. Le besó el mentón, mientras él reía. Succionó y mordió la piel blanca y tersa de Cedric.

-¿Me quieres comer?-preguntó riendo (N/A: conozco a unas cuantas que sí)-porque si es eso no tengo problema-

-Te quiero dejar un chupón-dijo Michel. Acercó su rostro al de él-te dije que le venganza sería terrible-sonrió.

-Micky-murmuró.

-¿Qué?-preguntó ella mordiendo el cuello masculino. Sí, la venganza sería terrible.

-Te amo- (N/A: que pesado el chico)

-¿Otra vez?-dijo ella riendo-yo también-le mordió la nariz. Cedric sonrió.

-¿Te gustó el collar?-

-¿Cuál collar?-él se ruborizó.

-El que te regalé para Navidad-

Michel lo miró un par de segundos.

-¿El que dice TE AMO?-se quedó atónita cuando Cedric asintió con la cabeza-oh sí, me encantó-

-¿Por qué no te lo has puesto?-preguntó. Tenía un ligero tono rencoroso en la voz.

-Oh..porque creí que era de parte de Jonathan-Cedric levantó las cejas-además no podía andar por ahí con un TE AMO tremendo colgando de mi cuello-él sonrió.

-Sí-

-Ced, amor-dijo ella, lanzándose sobre él-ya es hora de que entremos ¿no?-él asintió con la cabeza. Se levantaron del césped. Caminaron hacia el castillo.

-¿Cómo supiste que estaba fuera de la sala común?-

-No lo sabía, desee que estuvieras fuera-ella lo miró con sorna-de veras-

-Di la verdad-

-Te ví salir de tu sala común-dijo él ruborizado-los chicos ya se habían ido a la sala común, y me quedé un rato acordándome de ti y de tus bellos y sabrosos labios-la besó-y luego de despachar a la insoportable de Cho, caminé un rato, cuando vi que un ángel de cabellos negros y hermoso vestido celeste salía de detrás de un retrato-Michel rió-Micky-

-Sí, yo también te amo-

-No era eso-dijo él riendo. La tomó de la mano y se detuvieron-¿quieres ser mi novia?-ella sintió que podía abrazar a todo el castillo.

-Por supuesto-dijo sonriendo. Se besaron como forma de sellar el pacto de amor. Llegaron al retrato de la Dama Gorda.

-Aquí nos despedimos-dijo Michel. Suspiró al ver al joven frente a ella. SU novio, ahora era suyo, SU Cedric. Tenía que contárselo a Alejandra.

-Amor-que linda se oía esa palabra saliendo de esa boca divina-quiero que nos veamos hoy en la noche- (N/A: recuerden que son pasadas las doce)

-¿Para qué?-preguntó Michel desconcertada.

-Será una sorpresa-dijo él, tomándola de la cintura y acercándola. La besó dulcemente-procura que nadie te vea salir de la sala común...hoy en la noche, luego de la cena-

-¿A qué hora?-

-Te la diré en el desayuno-la besó nuevamente-adiós, que sueñes con los angelitos cielo-

-Igualmente-murmuró Michel suspirando, mientras veía a Cedric alejarse. Entró en la sala común, subió las escaleras, entró al dormitorio, se desvistió y, acostándose en su cama, pensó que dormiría muy bien esa noche, soñando con dos labios carnosos, con un bello rostro propietario de dos hermosos ojos celestes, y con una voz masculina que le diría "Acabo de darme cuenta que te amo", y muchas cosas más.

Aquél día se despertó tarde. Bajó las escaleras hacia la sala común, luego de lavarse la cara y vestirse. Harry, Hermione y Ron hablaban entretenidos en una de las mesas. Parecía como si la castaña y el pelirrojo habían acordado olvidar por completo la discusión.

-Bueno, ya me lo imaginaba –decía Hermione encogiéndose de hombros-. Sabía que no podía ser un gigante puro, por­que miden unos siete metros de altura. Pero, la verdad, esa histeria con los gigantes... No creo que todos sean tan horribles. Son los mismos prejuicios que tiene la gente contra los hombres lobo. No es más que intolerancia¿verdad?- estaban hablando de lo de Hagrid, así que Michel decidió acercarse y adentrarse en la charla.

-Micky ¿cómo estás?-preguntó Hermione sonriente. Michel tuvo la sensación de que la chica sabía algo sobre ella y Cedric.

-B...bien-murmuró sentándose junto a Harry.

-Se te ve muy feliz-dijo Ron.

-Sí-dijo Michel. En el instante en que el pelirrojo abría la boca, dijo-por favor¿qué es esto¿un interrogatorio?-

-No te ofusques-dijo Harry riendo-solo te preguntaban-

-¿Vamos a desayunar?-preguntó ella oyendo a su estómago rugir-tengo hambre-salieron de la sala común. Había jóvenes bostezando mientras caminaban por el corredor. Se dirigieron al Gran Comedor. Los tres jóvenes junto a ella entraron sin darle importancia, o sin notar, que Michel era extrañamente "raptada" por dos manos masculinas.

-¿Qué?-

-Tranquila, soy yo-dijo Cedric riendo. Estaban dentro de un aula vacía. Michel se soltó rápidamente de él, aunque no le hubiese molestado estar con su espalda apoyada contra el cuerpo de Cedric.

-No puedes tomarme por sorpresa cada vez que me veas-dijo ella sofocada-algún día me matarás del susto-

Él sonreía coquetamente, mientras se acercaba a ella.

-No mi preciosura, no quiero que mueras-Michel se sentó sobre una de los pupitres, mientras él le besaba el cuello y le acariciaba la rodilla. Se separó para mirarla a los ojos-estás demasiado vestida para mi gusto-

ella rió.

-Claro, a ti te gustaba como me quedaba el vestido porque tenía la piel al descubierto-él asintió con la cabeza.

-Hoy en la noche dirás algo parecido-

-¿Qué hay con lo de esta noche?-preguntó Michel, acomodándose sobre el pupitre.

-Nos veremos luego de las once-dijo él, abrazándola, uniendo ambas pelvis una con la otra-vuelvo a repetirte que estás demasiado vestida-rieron-procura que nadie te vea salir de tu sala común-le dijo, señalándola con el dedo-nos encontraremos en la puerta del Gran Salón-

-¿Qué haremos?-

-Será sorpresa-la besó dulcemente, mordiéndole el labio inferior (N/A: mueran de celos, mueran, mueran). –Es hora de ir a desayunar, no quiero que mi muñequita esté flaquita y huesuda-Michel rió, mientras Cedric la tomaba entre sus brazos-porque me gustas más redondita y rellenita-sonrió-así puedo pellizcarte- ella le besó el mentón, para luego lamerle el cuello, y así darle paso a sus dientes, dejándole pequeñas marcas.

-No de nuevo-dijo él separándose-¿sabes cuántos chupones me has dejado?-hizo una mueca al ver la expresión sonriente de Michel- los chicos me molestaron toda la mañana diciendo que estuve con una sanguijuela gigante-Michel rió a carcajadas

-Tú no te hagas el santo, que no has visto lo que me has hecho a mí-dijo ella riendo- menos mal que estamos en invierno y con la bufanda puedo tapar todo-sonrió-así que no te quejes-

-Vamos a desayunar-dijo Cedric. Salieron del aula, tomados de la mano. El corredor estaba desierto.

Entraron al Gran Comedor separados, aunque lanzándose miraditas enamoradas. Michel se dirigió a la mesa gryffindor, en donde Harry la miró sonriente, mientras que Hermione y Ron levantaron las cejas atónitos.

-Se te ve contenta-susurró Harry cuando ella se sentó a su lado.

-Y como para no estarlo-dijo Michel feliz-nos hemos besado como locos...y me vengué del chuponazo que me dejó-rieron en voz baja, intentando opacar las carcajadas. Ginny los observaba desde un lugar más allá-Harry¿por qué no le das un oportunidad a Ginny?-él hizo una expresión como si lo que ella le decía hubiese sido una bofetada.

-Es la hermanita de Ron-(N/A: hijo de tu madre, no pensás lo mismo al final del libro..ejem)

-¿Y con eso qué?-preguntó ella-anda, no te arrepentirás...-

-No, no sé-dijo Harry confundido-Ron me matará-

-¿Eso quiere decir que hay oportunidad para la pequeña Weasley?-

-Quizás en el futuro-

-Oh Merlín, es cierto, la Chocha te sigue gustando-dijo con un deje de desesperación.

-Ey, cuéntame lo de la venganza-dijo él dándole un codazo. Michel rió.

-Pues si te fijas bien, tiene una marca del tamaño de la cabeza de Goyle-Harry escupió el jugo de calabaza, y se lanzó a reír-otra cosa..me invitó a salir esta noche-

-¿Ah sí?-preguntó él mientras comía puré-asi que el bello Diggory romperá reglas de la escuela-

-Sí..y me dijo que procure que nadie me vea..no voy a poder hacerlo-

-¿A qué hora?-

-A las once-

-Mmm..bueno, él puede decir que está de ronda, es prefecto...-se quedó pensativo-tienes que lograr que no te vean salir a esa hora-ella asintió con la cabeza-ya sé qué puedes hacer-

-Dime-

-Te prestaré mi capa de invisibilidad-

-¿Tu qué?-preguntó ella asombrada-¿tienes una ca..?-Harry la silenció con la mirada.

-Sí, era de mi padre, y más te vale que la cuides y no hagas nada raro con ella-la amenazó con el tenedor-o te arrancaré los ojos-

-De acuerdo-dijo Michel riendo.

-Y si te portas bien, te prestaré mi mapa-mordió su filete-pero solo si prometes quitarte la capa para...hacer tus cosas con Diggory-

-Te lo juro, si quieres-dijo abrazándolo.-Me pidió que fuera su novia-

-¿Y qué le contestaste?-la mirada de ella lo hizo arrepentirse-que sí, supongo-

-Por supuesto-dijo sonriendo. No podía creer que todo eso le estuviese pasando, pero era real y hermoso, y era feliz. Justo en ese instante un joven hufflepuff se levantaba de su mesa y, mirando hacia la mesa gryffindor, hacia una extraña mueca. Michel lo observó irse del Gran Salón, con una gran sonrisa en el rostro.

-Esa expresión era para ti-dijo Harry mirándola-creo que debes ir tras él-

-Luego nos vemos-dijo ella levantándose apresuradamente. Corrió hacia el vestíbulo. No oyó que Hermione le preguntaba a Harry que ocurría, y él solo se limitaba a sonreír. Ya en el desierto pasillo, caminó sin prisa, con mucho cuidado de no darse el susto de su vida, debido a que el bello Cedric solía tomarla por sorpresa. No oía nada más que sus pasos. Alguien se acercaba a ella desde atrás. Sonrió, intuyendo que las manos del chico que llegaba hasta ella la tomarían de la cintura, y la llevarían a un aula vacía para besarla con fervor y sin pausa.

Pero eso no ocurrió, al voltear y quedar cara a cara con la otra persona, no era Cedric el que le sonreía, sino Jonathan.

-Hola-dijo él sonriente.

-Hola-contestó ella con voz apagada. Se miraron durante segundos, hasta que otros pasos se acercaron a ambos. Cedric miró la escena con el ceño fruncido. Se quedó dudando contra una pared, aunque a Michel eso le pareció más vigilancia que otra cosa.

-¿Podemos hablar Michel?-

-Ahora no-dijo ella, observando de reojo a Cedric, que la saludaba con la mano.-Tengo otras cosas que hacer- volteó y se fue a los terrenos. Oyó que Cedric y Jonathan conversaban. Salió al aire libre. Ya no nevaba, pero había nieve por doquier y un frío y helado viento arreciaba contra su calor corporal. Se abrazó a sí misma, tratando de no sentir aquel frío que ya amenazaba calarle los huesos. Caminó hacia el congelado lago, cuando sintió dos manos alrededor de su cintura.

-Ay Cedric-susurró. Él la volteó.

-¿Qué ocurre?-preguntó él, cambiando su tono de voz y haciéndola increíblemente dulce.

-¿Has hablado con Jonathan sobre lo nuestro?-Cedric soltó la cintura femenina y puso sus manos dentro de sus bolsillos.

-No, aún no-dijo, mirando al suelo-no me animo a decírselo-

-A Cho tampoco se lo has dicho-

-Sí le he dicho..no le dije que eras precisamente tú, pero le di a entender que ella no me gustaría ni en mil años...estando tú cerca de mí-la besó en la mejilla. Y Michel sintió como un calor le recorría el cuerpo, quitándole el frío reciente. Se abrazaron. Los latidos del corazón masculino le parecieron encantadores a la joven morena, que se abrazó al pecho de Cedric con fuerza. Él la tomo de la mano y fueron a caminar por los linderos del bosque. Los árboles se mecían con el viento, y la nieve que llevaban encima caía sobre los dos enamorados que se abrazaban bajo sus hojas. Sus manos estaban entrelazadas una con otra, mientras que sus cuerpos se mantenían juntos, dándose calor. Cedric le besó el cuello con ternura, acariciándole la espalda. Luego la besó apasionadamente. Michel se dejó besar, los labios masculinos eran delicados y muy atentos a sus reacciones.

Y así pasaron las horas. Luego de estar toda una tarde con Cedric, Michel, acostada junto con Harry en el sofá de la sala común, pensó que no podía haber nada mejor que tener a ese bombón como novio. Aunque haber estado fuera todo el día ya tenía sus consecuencias: le dolía la garganta y estornudaba constantemente. Igualmente, no pensaba faltar a su cita a las once de la noche.

-Deberías ir a la enfermería y decirle que estás con un resfrío-dijo Harry somnoliento, cerrando los ojos. Ya era de noche y Michel no podía esperar a que tocaran las once.

-¿Cuándo me darás la capa?-preguntó ella al joven de ojos verdes que dormía. Lo sacudió, despertándolo.

-Ay tía Petunia, déjame un ratito más-

-HARRY-bramó Michel riendo. Él abrió los ojos sobresaltado, y la miró con desconcierto-la capa, dame tu capa y el mapa-Harry rezongó bajito y volvió a cerrar los ojos. Michel tuvo que sacudirlo nuevamente para que al fin él se dignara a darle lo prometido. Subió las escaleras, mientras ella lo esperaba con impaciencia. Minutos después, bajaba a la sala común con un pergamino perfectamente doblado y una capa brillante.

-Ten, úsalos bien-dijo entregándolos. Ella observó los objetos con una ceja enarcada.-La capa es fácil utilizarla-dijo él en un susurro-solo te la colocas encima y listo-tomó aire. Se notaba que tenía sueño, mucho sueño-el mapa, en cambio, debes decir unas palabras para poder usarlo-se lo quitó de las manos y dijo "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas". Segundos después, Michel se asombró al ver que se dibujaban contornos y puntitos con nombres sobre el pergamino. En la parte superior, Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta (N/A: AMORES DIVINOS...menos Peter claro ¬¬) saludaban a quien utilizara el mapa para sus travesuras.

-Es un mapa mágico-Harry sonrió-¿de dónde lo sacaste?-

-Era de mi padre-señaló Cornamenta-este era su apodo. Ahora-dijo. Michel aún se mantenía atónita observando el mapa-como puedes ver, Cedric ya salió de su sala común y se dirige a las puertas del Gran Salón-señaló el punto que llevaba Cedric Diggory por nombre-apúrate o creerá que lo dejaste plantado-antes de que ella volteara hacia el retrato, dijo-para borrarlo, debes decir Travesura realizada y nadie podrá leerlo-posó su varita sobre el pergamino, y éste quedó en blanco. Luego de despedirse y de que Harry le deseara mucha suerte (lo dijo en un tono divertido) Michel se dispuso a salir de la Torre Gryffindor.

Caminó apresurada hacia el Gran Comedor, esperando que Cedric no se impacientara. Llevaba puesta la capa y tenía el mapa en mano. Había pronunciado las "palabras mágicas" y éste le mostraba que no había moros en la costa, por lo que se apresuró para llegar junto al bello hufflepuff. Él la esperaba apoyado contra una pared, mirando al suelo. Se veía divinamente hermoso con su capa y la insignia de prefecto sobre su pecho. Tenía su bufanda alrededor de su blanco y terso cuello, y jugaba con los últimos flecos. Llegó junto a él y se quitó la capa. Le besó la nuca, sobresaltándolo.

-Micky-dijo Cedric calmándose-cielos, que susto me diste-miró a los lados y luego de cerciorarse que no había nadie a la vista, la acorraló contra la pared y le besó con fervor. Se saborearon como si nunca hubiesen probado los labios del otro. Sus cuerpos estaban pegados uno contra otro. Las chispas que recorrían sus venas los hacía enloquecer, y ambos sabían que si seguían así perderían el completo control y al carajo todo.

-Bueno, vamos-le dijo él. Ella se colocó la capa encima y, luego de oír las palabras asombradas de Cedric por su magnífica capa de invisibilidad, caminaron por el pasillo. –Tú sígueme-

Recorrieron el corredor despacio, intentando no llamar la atención de nadie ni de nada. Fue en ese preciso instante que alguien apareció doblando una esquina y se interpuso en el camino de Cedric.

-Cho-dijo él, mirando de soslayo hacia atrás. Se veía nervioso. Sabía que Michel haría algo, y no podría detenerla debido a que llevaba una capa de invisibilidad encima-¿qué quieres?-

-Quería hablar contigo-ella se acercaba a él amenazadoramente. Y Michel, bajo la capa, cerró los puños. Tomó su varita, pero pensó que lo mejor sería divertirse de otra forma. Mientras Cho caminaba hacia Cedric, acorralándolo contra la pared, tropezó con el aire.

-¿Qué?-preguntó, levantándose, y mirando a su alrededor. Cedric reía en voz baja a unos metros. Michel, bajo la capa, tomó la túnica de Cho y se la enredó alrededor de la cabeza. Oyó que Cedric reía a carcajadas, sin poder contenerse. Salió de debajo de la capa y, tomando la mano masculina, corrieron lejos de ella, que chillaba y gritaba, tratando de quitarse la túnica de encima. Subieron escaleras y doblaron esquinas. Llegaron al quinto piso.

-Bien-dijo Cedric, tomándola de la cintura-ven conmigo-caminaron hasta una estatua que a Michel le recordó, sin ser mala, a Neville. –Frescura de pino-susurró él. Una puerta se abrió ante ellos. Entraron. Cedric le echó el cerrojo a la puerta.

Michel, mientras tanto, y lanzando la capa a un lado, se maravilló. El lugar estaba suavemente iluminado por una espléndida araña llena de velas, y todo era de mármol blanco, incluyendo lo que pare­cía una piscina vacía de forma rectangular, en el centro de la habitación. Por los bordes de la piscina había unos cien grifos de oro, cada uno de los cuales tenía en la llave una joya de diferente color. Había asimismo un trampolín, y de las ventanas colgaban largas cortinas de lino blanco. En un rincón vio un montón de toallas blancas muy mullidas, y en la pared un único cuadro con marco dorado que representa­ba una sirena rubia profundamente dormida sobre una roca; el largo pelo, que le caía sobre el rostro, se agitaba cada vez que resoplaba.

-Ahora entiendo por qué todos quieren ser prefectos-dijo ella riendo.

-Abre los grifos-le dijo Cedric sonriendo. Y Michel así lo hizo. Se quedó más maravillada aún al ver que de éstos salían geles y burbujas de distintos colores. Algunas tenían diferentes aromas. Jugó un rato con el agua que había llenado la piscina. Y fue en ese instante que pensó qué hacían los dos ahí. Volteó rápidamente a mirar a Cedric. Él sonreía.

-¿Qué hacemos aquí?-preguntó. Le nacieron nervios desde la boca del estómago.

-Yo vengo a descifrar el misterio del huevo de oro-quitó un huevo dorado de dentro de su túnica.

-¿Y para qué me trajiste?-preguntó. Su voz se estaba quebrando.

-Te he traído porque quería que vinieras-dijo él.

-Cedric, por Merlín, nadie se encierra en un baño con una persona del sexo opuesto solo porque quiere-él la miró con ojos deseosos.

-No te he traído para nada extraño-dijo-la noche pasada por poco y me comes y ahora...te acobardas-se encogió de hombros-pero no importa, cuando estés lista será el momento-sonrió-igualmente, no te he traído con esas intenciones-se quitó la túnica y la bufanda.

-¿Qué estas haciendo?-preguntó ella rápidamente, viendo que Cedric se estaba quitando la camisa.

-Me desvisto-

-¿Por qué?-

-Porque no me bañaré con ropa-

-Ah-

-Voltéate-dijo él. Michel se volteó, mirando a la pared. Cielos, tenía a uno de los chicos más lindos de Hogwarts en paños menores y ella, por miedosa, no hacía nada. Pero qué caray, el instinto es más fuerte que el deber y, sin poder soportarlo más, se dio la vuelta. Frente a ella, dándole la espalda, estaba Cedric. Nunca se habia imaginado que el cuerpo del chico fuese tan perfecto. Y aunque era delgado y tenía un cuerpo fino, era exquisitamente hermoso. Michel se mordió el labio inferior al ver los dotes del joven, que aunque estuviera volteado a ella, se notaba (N/A: no digo más). En pocas palabras, era condenadamente sexy.

Él se dio la vuelta, sin darse cuenta de que Michel lo observaba con expresión de maníaca sexópata (N/A: en eso se parece a mí..jajaja). Él se ruborizó intensamente al notar que los ojos femeninos iban directo a...ejem...bueno, ya saben, eso es algo que nosotras no podemos reprimir...o por lo menos yo. Se tapó con las manos, oyendo la risa de Michel.

-Lo siento-dijo ella, también sonrojada. Él, mientras tanto, se había adentrado a la piscina y, tomando el huevo, lo abrió. Un potente chirrido inundó el lugar.

-Ya ciérralo-gritó Michel tapándose los oídos. Cedric obedeció y la miró.

-¿Piensas quedarte ahí todo el tiempo?-ella levantó las cejas.

-¿Por qué?-

-Anda, quítate la ropa y ven conmigo-Michel se sonrojó ante la perspectiva de desnudarse y encontrarse con Cedric en la piscina. No era que le disgustara (N/A: a quien puede disgustarle, que Harry me diga lo mismo y..aggggg...muchos hijitos...jejeje) pero le daba cosita sentir ciertas cosas que, bueno, no esperaba sentir.

-Está bien-dijo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al ver la sonrisa de satisfacción del chico-pero no mires-

-Sí, claro-dijo Cedric. Aunque había cierto sarcasmo en su voz. Michel volteó a mirar hacia la pared. Se quitó la ropa, aunque procuró dejarse las prendas intimas puestas, oyendo los rezongos masculinos.

-No seas depravado-le dijo, mientras se metía junto a él a la piscina. El agua estaba tibia y perfumada. Miró a Cedric. La observaba con detenimiento, con una rara sonrisa plasmada en su hermoso rostro.

-Eres hermosa...¿lo sabías?-ella se ruborizó.

-No, nunca me lo habían dicho-dijo, mirando al agua (N/A: no mira al suelo porque no lo ve..jejeje). Él se acercó a ella. Michel sintió dos manos tocarle las rodillas y abriéndolas las piernas-Ced, por favor..no aún-

-Tranquila-le dijo, besándole el cuello. Las manos masculinas le recorrieron las piernas y la cintura, haciéndola estremecer. Todo fue bien y romántico, hasta que una de las manos de Cedric le acarició uno de sus senos, bajo la tela del sostén. Lo separó con brusquedad, cruzando sus brazos sobre su pecho.

-Lo siento-dijo él-no puedo contenerme-

-Pues debes hacerlo-dijo enojada.

-Lo siento-dijo nuevamente. Se acercó a ella y le besó la mejilla suavemente-te amo-

-Lo sé-dijo ella en un susurro-yo también-le tomó el rostro y lo besó suavemente-pero no seas tan pervertido-

-Discúlpame cielo-le besó el cuello. Se abrazaron. Se quedaron así varios minutos, hasta que ella le recordó que habían ido allí para descifrar el enigma del huevo. Cedric tomó el objeto dorado y lo observó.

-Mételo bajo el agua-dijo Michel.-Haz lo que te dijo el profesor Moody- Cedric lo abrió y, haciendo una mueca, lo sumergió. Segundos después, metió su cabeza bajo el agua. Emergió, mirando a la joven junto a él. Se veía sexy con el cabello completamente mojado y los labios entreabiertos.

-Una canción-dijo en un murmullo-ven, sumérgete-y así lo hicieron. Una hermosa voz cantaba.

Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos,

que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos.

Y estas palabras medita mientras tanto,

pues son importantes¡no sabes cuánto:

Nos hemos llevado lo que más valoras,

y para encontrarlo tienes una hora.

Pasado este tiempo ¡negras perspectivas!

demasiado tarde, ya no habrá salida.

Emergieron segundos después. Se miraron desconcertados.

-¿Donde nuestras voces suenan ven a buscarnos?-dijo él.

-Eso no es lo importante-dijo Michel sonriendo-que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos...-sonrió-ESO ES-tomó el huevo de las manos de Cedric y volvió a sumergirse. Al emerger, dijo-debe ser algo que no se oye en la tierra, ya que el huevo se oye solamente al meterlo al agua-

-Eso quiere decir que...debe ser algo que..algo que no sea terrestre-

-CRIATURAS ACUÁTICAS-dijeron al unísono.

-¿Dónde?-

-El lago, debes sumergirte al lago-dijo ella-porque..se han llevado lo que más valoras-

-¿Te llevarán a ti a las profundidades del lago?-preguntó Cedric, frunciendo el ceño. Ella tragó saliva ruidosamente-no te preocupes cielo, lo arreglaré-se besaron tiernamente. Se sentó sobre él. Mal hecho. Algo entre las piernas masculinas pedía permiso para entrar en su sexualidad.

-Ni lo sueñes-susurró, sintiendo una de las manos de Cedric sobre sus muslos. Él suspiró y rezongó-no aún-separó la mano masculina-te amo-

-Yo también-se volvieron a besar. Oyeron un suspiro desde uno de los rincones. Se separaron y miraron hacia allí.

-AAAAAAAAAHHHHHHH-bramó Michel, sobresaltándose. Un cuerpo fantasmal los miraba sonrojado..si se puede decir que un fantasma se sonroja ¿no?.

-Myrtle-bramó Cedric enojado. (N/A: yo hubiese gritado PERRAAAAAAA)-¿QUÉ HACES AQUÍ¿HACE CUÁNTO QUE ESTÁS MIRÁNDONOS? POR MERLÍN, ESTOY DESNUDO-

-Ced, no le grites-

-Pero...pero...-dijo él-va a delatarnos, no la conoces-

-Tú tampoco me conoces-dijo Myrtle, largándose a llorar-ustedes se están portando mal y yo no puedo decirle a los profesores?-

-No te atrevas-dijo Cedric, saliendo de la tina. Tanto Myrtle como Michel miraron a Cedric con los ojos abiertos de par en par.-¿Qué?-Michel señaló a las piernas del joven. Él, bajando su mirada, se sonrojó excesivamente.-Lo siento-murmuró. Myrtle comenzó a reír.

-Linda vara-dijo-muy erguida-

-Oye-dijo Michel-no te metas con mi novio-

-No creo que esto no salga de aquí-dijo ella con voz satisfecha. El hecho de poder arruinar un noviazgo la ponía contenta.

-Por favor-dijo Cedric. Se había puesto la túnica sobre su cuerpo desnudo-por favor-

-Tendrán que darme algo a cambio-dijo altanera. Michel la observó detenidamente.

-De acuerdo-dijo la morena sonriendo. Cedric y el fantasma la miraron frunciendo el ceño.

-Tiene que ser algo muy bueno-dijo Myrtle, acomodándose las gafas.

-Es muy bueno-dijo-si prometes no decirle a nadie que nos viste juntos... te traeré a Harry-notó que las mejillas fantasmales se volvieron más grises de lo normal. Se habia sonrojado.

-Oh..oh, es...está bien-dijo. La miró con los ojos brillosos-pero solo si me traes a Harry-Michel levantó su mano derecha.

-Prometo traerte a Harry..sé que te gusta-dijo-pero...solo si prometes no decir nada a nadie-

-De acuerdo-

-Muy bien, Myrtle-dijo Cedric-es un trato-

-Sí-

-Ahora vete que nos tenemos que vestir-dijo Michel-gracias-

-De nada- y desapareció metiéndose por el grifo. Ambos jóvenes suspiraron.

-Estuvimos muy cerca-dijo Cedric-eres muy buena para negociar-

-Sí-

-Asi que...así que Myrtle está enamorada de Harry¿quién lo diría?-

-Sí, Hermione me dijo algo sobre eso-ya estaban fuera del baño de prefectos, y caminaban despacio. Michel llevaba puesta la capa y tenía el mapa fuertemente en la mano. No había moros en la costa.

-¿Cómo haremos que Harry vaya al baño de prefectos?-preguntó a Cedric.

-Le diré que vaya-dijo Cedric-le debo un favor por lo de los dragones-la abrazó, adentrándose bajo la capa.

-Sí, pero procura que vaya-dijo ella-porque el huevo se puede oír bajo cualquier agua, no tiene por qué estar perfumada y colorida-

-Y no tienen que haber dos personas besándose-dijo él sonriendo. Se besaron.

-Bueno, aquí te dejo-dijo él-me tengo que ir a dormir-salió de debajo de la capa-te amo, que sueñes con los angelitos-y ella, volteando, entró a la sala común.