Comienzos de Enero...
Desde aquella fatídica Navidad, las cosas no habían hecho sino empeorar.
Cuando Ron se enteró que Harry había engañado a su hermana, al principio no podía creerlo, pero luego, en un ataque de ira, no dudó en descargarse y lo golpeó repetidas veces, hasta dejarlo tirado en el piso sangrando. Harry ni siquiera intentó defenderse, pensando que se merecía eso y mucho más. Pero a Harry no le dolieron los golpes de Ron tanto como sus palabras. Aún podía recordar a Ron diciéndole que jamás volverían a ser amigos, que nunca más le dirigiera la palabra y que nunca nadie lo había desilusionado tanto como Harry, su mejor amigo, lo había hecho.
Harry dejó su departamento y se hospedó por unos días en el Caldero Chorreante, saliendo únicamente para ir al trabajo. Desde lo sucedido no hablaba con nadie, ni con Ron ni con Hermione y mucho menos con Ginny. Aún se sentía tan confundido que ni siquiera había intentado hablar con ella para pedirle disculpas.
Ella se sentía aún más confundida y miserable que Harry. No lograba entender las acciones del muchacho y durante varios días estuvo encerrada en su cuarto, fingiendo estar enferma, sin ir a trabajar ni al Hospital. Todos estaban preocupados por ella. Su familia creía que realmente estaba enferma, pero Ron y Hermione, quienes sabían la verdad, iban a visitarla todos los días, para tratar de levantarle el ánimo. Poco a poco, y a medida que los días iban pasando, la herida comenzaba a cerrarse lentamente y ella retomó sus actividades habituales, tratando de mantenerse ocupada para no pensar.
Habían pasado alrededor de diez días desde lo sucedido y Harry iba caminando, cabizbajo y serio, por el cuartel de aurors. Recién había llegado al lugar, pero antes de poner un pie en su oficina, el jefe de los aurors, Kingsley Shacklebolt lo había mandado llamar. Harry no imaginaba que podría querer, quizás quería hablarle del cambio de turno que había realizado. Harry no se lo dijo a nadie, pero lo había hecho para no cruzarse con Ron. Sabía que no podrían estar juntos, trabajando en el mismo lugar sin discutir. Y él lo que menos quería en ese momento era discutir.
Harry golpeó la puerta del despacho de su jefe. A los pocos segundos, el alto y fornido hombre le abrió la puerta y lo invitó a entrar.
-¿Qué tal Harry?, siéntate por favor.
Harry, respondiendo a su saludo, se sentó en la silla que se le indicó.
-Bueno Harry, te preguntarás por qué te he mandado llamar...
-Así es, señor-le respondió Harry, seriamente.
El hombre se aclaró la garganta y luego procedió a hablar.
-Como bien sabes, desde hace bastante tiempo no tenemos noticias importantes sobre mortífagos ni tampoco datos medianamente precisos. Creo que te tengo una buena noticia. Tenemos dos misiones importantes, más importantes que cualquiera que podamos haber tenido hasta ahora.
A Harry se le iluminaron un poco los ojos, desde hacía bastante que estaba esperando una misión, aunque debía admitir que ésta no había llegado en el momento más oportuno.
-¿De qué se trata, señor?, lo escucho.
-Tenemos datos bastante certeros sobre el paradero de dos de los mortífagos más buscados, Bellatrix Lestrange y Severus Snape.
Cuando Harry escuchó esos dos nombres, una rabia que desde hacía mucho tiempo no sentía se apoderó por completo de su cuerpo. No podía creer que luego de años de búsqueda y de datos completamente falsos, tuvieran al menos una esperanza de atraparlos.
-¿Qué es lo que se sabe señor?, ¿dónde están?...-Harry sonaba bastante alterado y hasta se había parado de su lugar, incapaz de seguir sentado.
Kingsley, que como miembro de la Orden del Fénix comprendía el odio de Harry, puso sobre la mesa dos gruesas carpetas, que contenían toda la información.
-Harry, aquí está toda la información que necesitas. Como sabes, eres uno de los aurors más preparados que tenemos y quiero que estés al mando de una de las misiones...
Harry, al escuchar las palabras de su jefe, se sintió desesperado. Se dio cuenta que no podría estar en ambas misiones a la vez, sería físicamente imposible. La rabia lo embargó nuevamente. Él, personalmente, quería ser el encargado de hacerles morder el polvo a esos dos malditos, que tanto dolor y muerte habían causado.
-¿Harry?, ¿escuchaste lo que te dije?-le preguntó su jefe, dándose cuenta que el joven se había quedado perdido en sus pensamientos.
-Sí, señor, lo escuché...
-Harry, sé que es difícil para ti poder ir sólo a una de las dos misiones, pero necesito que estés al mando de una de las dos y no puedo tenerte viajando de un lado para el otro del mundo a cada momento. Debes entender que no sería lo mejor...
Harry asintió, pensando en si Kingsley le habría leído la mente, puesto que había adivinado perfectamente lo que estaba pensando.
-Lo entiendo, ¿a cuál de las dos me han asignado?-le preguntó, aún un poco molesto.
El hombre pareció dudar por unos instantes, pero luego le contestó.
-Harry, considerando la situación, creo que tú debes elegir... sé bien que tienes cuestiones personales con ambos y quiero que tengas la posibilidad de elegir...
Harry se encontraba en una disyuntiva. Bellatrix había matado a su padrino, pero Snape había matado a Dumbledore y había sido el culpable de la muerte de sus padres. Los odiaba a ambos y quería vengar todas las muertes, pero no sabía que decidir. Además no sabía quien estaría a cargo de la otra misión. No sabía si la otra persona sería capaz de lidiar con tanta responsabilidad. Actualmente en el cuartel había muchos aurors inexpertos, que no sabían lo que era enfrentarse con mortífagos.
-De acuerdo señor, gracias por darme la oportunidad. Pero antes de decidirme, necesito saber quién estará a cargo de la otra misión, ¿será usted o.. ?
-Ronald Weasley estará encargado de la otra misión. Aún no se lo he comunicado, pero seguro que aceptará. Lamento tener que separarte de tu amigo, sé que juntos trabajan mejor, pero dadas las circunstancias, ustedes son los mejores aurors que tenemos y no puedo poner todo nuestro arsenal en una sola misión. Yo estaré un tiempo con cada uno, y trataré de mantener todo en orden aquí.
Harry sonrió. Sabía que, sea cual sea la misión que eligiese, la otra quedaría en excelentes manos.
-¿Cuándo debo partir?.
-Lo antes posible Harry, mañana por la mañana.
Harry asintió.
-Perfecto, tomaré la misión de Snape, si no le molesta.
-De acuerdo, toma, llévate esto-le dijo Kingsley alcanzándole una de las dos carpetas.-Aquí tienes toda la información que necesitas, tómate el resto del día libre, para prepararte y te quiero mañana listo y a primera hora para partir.
Harry salió de la oficina de su jefe, sintiéndose alterado y nervioso. Estaba esperando esa oportunidad desde hacía tantos años y ahora que por fin se le había presentado, sabía que haría todo lo posible por vengar las muertes de sus padres, de Dumbledore y de tantos otros. Finalmente tendría la oportunidad de cerrar para siempre aquel capítulo de su vida...
Comienzos de Mayo...
Hermione se encontraba en su departamento. Estaba terminando de cenar, esperando a Ginny. Habían pasado tres meses desde que Ron se había ido en una misión y aún no regresaba. Sabía que las cosas estaban saliendo bien, pero aún tenía para un largo tiempo más. También Harry se había ido en una misión, y aunque estaba molesta con su amigo por lo que había hecho, no podía evitar extrañarlo. Algunas cosas habían cambiado desde ese día. Ginny estaba a punto de terminar sus estudios y había tomado una importante decisión acerca de su futuro profesional. Había decidido aceptar la propuesta que su jefe le había hecho hace unos meses. Él había decidido regresar a Francia y le había ofrecido un puesto en el Hospital Saint Claire, uno de lo más reconocidos en aquel país y en todo el mundo mágico. Sabía que a su familia y a sus amigos les dolería su partida, pero era lo mejor que podía hacer en ese momento y además no podía desperdiciar una oportunidad laboral como aquella.
Aún le dolía lo que Harry le había hecho y no lograba entenderlo, pero había decidido que eso no le iba a impedir seguir con su vida. Desde ese momento se había concentrado por completo en sus estudios y sus esfuerzos habían dado frutos, había logrado tener uno de los mejores promedios de su clase.
A Hermione la habían ascendido y ahora tenía que trabajar más horas, pero no le importaba, puesto que ganaría más dinero y le daría prestigio como sanadora.
Desde hacía tres meses, Ginny se había ido a vivir con Hermione. A ambas las había ayudado mucho estar juntas. En esos momentos, Ginny necesitaba tener cerca a su mejor amiga para consolarla por el engaño de Harry. Ella había decidido no contarle nada a su familia y Hermione era de las pocas que sabían lo que Harry había hecho. Hermione, por su parte, se sentía muy sola por la partida de Ron, y también la de su mejor amigo, y estaba muy preocupada por lo que podía llegar a suceder en aquellas misiones.
-Hola Herms, ¿estás despierta?-le preguntó Ginny, cuando llegó bastante tarde esa noche.
Hermione, quien estaba en el sillón medio dormida con un libro encima, se levantó de golpe.
-Hola Ginny, me quedé leyendo... no pensé que vendrías tan tarde...
Ginny le sonrió levemente y se sentó a su lado en el sillón.
-Es que no era mi idea venir tan tarde, pero Jason me pasó a buscar después del trabajo y me invito a cenar...
Hermione trató de sonreír y le dijo:
-Mmm... ¿Jason otra vez?, discúlpame que te lo diga pero esa relación ya no me suena a amistad...
Ginny rió brevemente, negando con la cabeza.
-Es sólo amistad Herms, él fue un gran apoyo para mí cuando... bueno tú sabes...
Ginny bajó la cabeza y Hermione entendió lo que le quería decir. Un tiempo atrás, en la boda de Seamus y Parvati, se habían encontrado con Jason, el amigo de Neville. Ginny aún estaba bastante deprimida por el engaño de Harry y el joven le ofreció su amistad, incondicional. Desde ese día, se habían vuelto muy amigos, pero nunca con segundas intenciones. Siempre había estado claro que eran sólo amigos. Aunque Hermione tenía sus serias dudas, había algo que no le gustaba de Jason, parecía tan guapo, tan amable y considerado... demasiado bueno para ser cierto.
-Si tú lo dices. Pero yo no lo creo... en mi opinión él tiene otras intenciones...
-Herms, Jason es mi amigo, no lo veo como hombre y él tampoco a mí como mujer, sólo como amiga, nos apoyamos mutuamente, él me cuenta de su pasado y yo del mío...
Hermione rodó los ojos. Hacía tiempo que tenía serias sospechas sobre ese joven, pero aún no tenía pruebas certeras de lo que pensaba, por eso no le había comentado nada a su amiga.
-Sí, como tu digas Ginny, pero yo en tu lugar tendría cuidado...
Ginny la miró, tratando de entender a qué se refería su amiga.
-¿Qué quieres decir con eso?.
Hermione se dio cuenta que había metido la pata y trató de arreglarlo.
-Digo, que tengas cuidado, yo creo que él quiere algo más y aprovechará que aún estás sensible por lo de Harry...
-No digas tonterías Herms, yo no estoy sensible por lo de Harry... ya lo superé.
Hermione la miró alzando las cejas.
-A mi no me vengas con esas mentiras, ¿quieres?.
Ginny no le respondió y ambas se quedaron calladas por unos momentos. Luego retomaron la charla, pero con otro rumbo y se quedaron hablando, pero después de un rato cada una se fue a su habitación.
Ginny se tiró en su cama y ahogó su cabeza en la almohada. Odiaba lo mal que se sentía cuando volvía a pensar en Harry. Cuando no lo recordaba o no se lo nombraban, ella era feliz. Pero cada vez que su recuerdo aparecía en su mente, ella sufría.
Tomó una carta de debajo de su almohada y procedió a leerla.
Querida Ginny,
Sé que no tengo derecho a escribirte, pero hay varias cosas que quiero que sepas. Hoy me voy a una misión, probablemente sea la más importante de mi vida. Sé que también será muy peligrosa, pero espero sobrevivir para volverte a ver.
Ginny, me he portado como el idiota más grande del mundo. Te pido perdón por eso, aunque no merezca que me perdones. Aún no sé ni porqué lo hice, todo es muy confuso para mí. Siento haberte lastimado y haber arruinado lo que tanto nos costó lograr.
No sé si alguna vez volvamos a vernos, porque, quiero serte sincero, estoy dispuesto a dar la vida en esta misión si es necesario. Tú bien sabes lo importante que es para mi vengar la muerte de mis padres y la de Dumbledore. Además, ahora que te perdí, no hay nada en mi vida que tenga sentido. Arruiné todo lo que tenía y me merezco sufrir las consecuencias. Lo único que tiene sentido ahora es atrapar a Snape y hacerle pagar por lo que hizo.
Quiero desearte lo mejor para ti, ojalá encuentres lo que deseas y logres todos tus objetivos. Espero que seas la excelente sanadora que quieres ser y no dudo que así sea. Estoy seguro que salvaras miles de vidas. También deseo que encuentres la felicidad al lado de una persona que te ame, y que tú ames del mismo modo. Me encantaría ser esa persona, pero soy consciente de que arruiné mi oportunidad. Te deseo toda la felicidad del mundo, pero más que eso, te deseo amor. Al fin y al cabo, es lo más importante de todo y la felicidad depende en gran parte de él. No sólo del amor de pareja, sino también de los amigos, los seres queridos, la familia y el amor por hacer lo que uno quiere, sin importar lo mucho que cueste o lo mucho que tengamos que esforzarnos para lograrlo.
Espero que nos volvamos a ver y que alguna vez puedas volver a hablarme, aunque no logres perdonarme.
Recuerda que siempre te amaré, a pesar de que te cueste creerlo. Has sido lo más importante de mi vida, y nunca podré olvidarme de ti. Ojalá recuerdes los buenos momentos que vivimos juntos y sepas que nunca, en mi sano juicio, haría algo para lastimarte, aunque ya lo hice.
Harry.
Aquella carta, escrita en tinta color verde esmeralda, ya estaba borroneada por todas las lágrimas que habían caído sobre ella. Ginny la había recibido la misma mañana en que Harry partió. A través de ella, se enteró de su partida. Y lloró como nunca antes lo había hecho. Tantas cosas habían quedado inconclusas entre ellos, tantos momentos por vivir... todo había quedado truncado por su traición...
Desde ese momento Ginny se prometió a sí misma dejar de sufrir. Trataría de vivir lo mejor posible, aunque se le fuera el alma en ello. Le costaría mucho y lo sabía, pero lo intentaría y finalmente lo lograría. Todas las noches había llorado sobre aquella carta, tratando de desahogarse. Pero no lo volvería a hacer, no más.
Respiró profundamente y guardó la carta nuevamente bajó su almohada. Cerró los ojos con fuerza y se prometió a sí misma no volver a llorar al leer esa carta.
Se acostó en la cama y contempló el cielo despejado, en el que una clara luna llena brillaba con todo su esplendor.
Trató de no pensar, sólo de observar, y así, poco a poco se fue quedando dormida.
Hermione se encontraba corriendo de un lado para el otro del hospital. Ese día era particularmente ajetreado y la muchacha no tenía tiempo ni para respirar.
-Hermione, Hermione...
Caroline, una de las enfermeras, corría a su encuentro. Llevaba un sobre color escarlata en la mano y estaba bastante agitada.
-Caroline, ¿qué sucede?.
La joven, tratando de recuperar el aliento, le alcanzó el sobre a Hermione y ésta notó que no tenía remitente.
-Ha llegado esto para ti. Un niño de alrededor de 14 años lo dejó en la recepción. No dijo nada, sólo que era para ti y salió corriendo. Yo lo vi y te lo traje de inmediato.
Hermione le agradeció y decidió tomarse unos momentos para abrir el misterioso sobre. No tenía remitente y estaba firmemente sellado. Le tomó unos instantes abrirlo, pero cuando lo logró, una sonrisa de triunfo apareció en su rostro. Al parecer, sus sospechas eran ciertas y finalmente se convertirían en certezas. La carta decía.
Hermione,
Estoy al tanto de que intentaste encontrarme y quiero que sepas que tus cartas me han llegado. Hablaré contigo, tienes razón en todo lo que me has dicho.
Dentro de poco volveré a mi país y quiero dejar todo aclarado antes de irme. No quiero que nadie siga sufriendo por mi causa.
Te espero en ese bar muggle, enfrente de San Mungo, mañana a las 21 hs. Espero que vengas, ya que es muy importante lo que tengo que decirte.
La carta no estaba firmada pero Hermione sabía bien quién era la autora. Finalmente había llegado el momento de que la verdad saliera a la luz.
Era un sábado por la noche y Ginny Weasley ya estaba lista para salir. Esa noche saldría a cenar con Jason y el muchacho le había dicho que sería una noche especial. Ginny no sabía que sucedería. Estaba emocionada por la salida, él era de las pocas personas que lograban levantarle el ánimo cuando estaba mal.
Tocaron el timbre y allí estaba él, tan guapo como siempre. Llevaba un ramo de rosas amarillas en una de sus manos y una caja de bombones en la otra.
-Buenas noche Ginny, estás maravillosa esta noche-la saludó él, con su potente y sensual voz, capaz de derretir a cualquier chica, pero no a Ginny.
-Buenas noche Jason, muchas gracias-le contestó ella, en agradecimiento por los regalos.
-No me agradezcas, tú lo mereces, ¿partimos, princesa?-le preguntó él, ofreciéndole su brazo.
Ginny rió por la ocurrencia de su amigo y lo tomó del brazo, mientras le decía:
-¿Qué te sucede hoy?, estás más galante de lo normal.
Jason sólo sonrió, pero lo que Ginny no notó fue que la sonrisa era algo torcida y maligna.
Hermione llegó al bar muggle en el que había sido citada, exactamente a las 21hs. Buscó con la mirada a la persona que esperaba, pero no la vio, por lo que se sentó en una mesa vacía y pidió un café.
Cinco minutos después, una mujer pelirroja, con lentes oscuros y vestida de negro se sentó en la silla frente a ella.
-Buenas noches Hermione-le dijo la mujer, quitándose los lentes y revelando un par de hermosos ojos verdes, algo hinchados y enrojecidos.
Hermione fijó su vista en la de la mujer y trató de sonar lo más cordial posible. Estaba tratando de obtener una información importante y no quería arruinarlo tratando a esa mujer como realmente se lo merecía.
-Buenas noche Virginia. Gracias por acceder a tener esta charla conmigo.
Virginia Williams, la pelirroja en cuestión, respiró profundamente.
-Gracias a ti, Hermione. Yo nunca hubiera abierto los ojos si tú no me hubieras convencido. ¿Por dónde quieres comenzar?.
Hermione le sonrió falsamente y le contestó:
-Por donde tú quieras, soy toda oídos.
La pelirroja volvió a respirar profundo y se propuso a comenzar su relato.
-Como tú bien sabes, yo estaba profundamente enamorada de Harry y aún lo estoy. Creo que nunca conoceré a alguien como él y nunca podré dejar de amarlo. Cuando él me dejó, yo me sentí profundamente triste y desolada. Yo sabía bien que Harry me estaba dejando porque amaba a Ginny y que, tarde o temprano, ellos volverían a estar juntos. Yo estaba resignada a dejarlo ir, a dejarlo ser feliz al lado de la mujer que ama pero... -Virginia trató de contener sus lágrimas y siguió hablando.-Pero alguien me persuadió de lo contrario. Comencé a recibir cartas, que me decían que no podía permitir que Harry me dejara por otra, que yo no me lo merecía, después de todo lo que le había dado. Tanto me insistió aquel ser anónimo, que yo terminé por convencerme de que algo tenía que hacer al respecto.
Hermione cerró sus ojos, evitando mirar a la mujer por unos instantes. Sabía que si seguía mirándola probablemente la insultaría. Pero tenía que contenerse si quería ayudar a sus mejores amigos. Ellos se lo merecían.
-Entonces, cuando accedí a hacer algo al respecto, él me pidió que nos encontráramos. Apenas lo vi, me di cuenta que me resultaba conocido, pero no lograba saber de donde. Él me contó que estaba en la misma situación que yo, que él estaba profundamente enamorado de Ginny pero que ella lo había abandonado. Me contó sobre todo el dolor que sentía y me dijo que teníamos que hacer algo para que ellos no estuvieran juntos y regresaran con nosotros-contaba la mujer, con gran dolor y culpa en su voz.-Hermione, desearía jamás haberlo hecho, lamento tanto que Harry y Ginny hayan sufrido por mi culpa... ellos no se lo merecen...
Hermione se compadeció un poco por la joven. Parecía realmente dolida y arrepentida.
-Virginia, si me cuentas todo con detalle podremos arreglar todo... te lo prometo.
La pelirroja sonrió levemente y siguió con su relato.
-Yo estaba tan enamorada y desesperada que accedí a ayudarlo con el plan. Él me dijo que lo único que yo tenía que hacer era tratar de acercarme nuevamente a Harry e intentar separarlos. Él, al principio, no me reveló cuál sería su parte del plan. Me dijo que yo tenía que pensar en la mejor manera de separarlos y él se encargaría de todo lo demás... entonces yo decidí presentarme en la casa de ustedes, el día de Navidad, contándole a Harry una mentira sobre mi familia. Yo sabía que él se apiadaría de mí y trataría de consolarme. Aquella noche me tomé una buena dosis de Félix Felicis y las cosas salieron de acuerdo a mi plan. Él se encontraba solo en el departamento y yo lo entretuve durante un largo rato, con mis penas inventadas, hasta que decidí que había llegado el momento culmine. Le pedí que me fuera a buscar una medicina y cuando se fue, le puse en el vaso de agua la poción más fuerte para el amor y la pasión que logré preparar...
-¿Qué poción utilizaste, Virginia?-le preguntó Hermione, queriendo obtener la mayor cantidad de datos de la confesión de la chica. Serían necesarios para lo que estaba planeando.
-Fue una poción inventada por mí. Sus efectos no estaban probados, pero yo estaba segura que funcionaría. El objetivo era nublar la mente de Harry y que no pudiera pensar. Sólo debía desear tenerme nuevamente en sus brazos y olvidarse de su amor por Ginny. Yo sabía que alguno de ustedes iría a buscarlo cuando se dieran cuenta lo mucho que tardaba, sabía que se preocuparían... el plan salió perfecto y fue Ginny la que nos encontró en esa situación. Cuando vi su cara al vernos, supe que todo había funcionado. Pero también comencé a darme cuenta que había cometido un gran error... de cualquier modo, no hice nada por arreglarlo y al día siguiente me encontré con él. Estaba muy feliz por el éxito de mi plan y logró convencerme nuevamente de que estábamos haciendo lo correcto. Incluso depositó, sin que yo supiera, una enorme cantidad de dinero en mi cuenta de Gringotts.
Hermione asintió. Ella ya lo sabía, había estado haciendo algunas investigaciones y el testimonio de Virginia estaba corroborando todo lo que ella pensaba.
-¿Y luego qué sucedió?-preguntó Hermione, viendo que la joven se quedaba callada de pronto.
-Luego... yo decidí esconderme por un tiempo. Renuncié a mi trabajo y me refugié en casa de unos amigos, a las afueras de Londres. Quise alejarme por un par de días para pensar, pero él me encontró. Estaba tan feliz con el resultado de nuestro plan que jamás se dio cuenta que yo estaba dudando. Cada vez me confesaba más cosas y yo empecé a darme cuenta que estaba tratando con una persona no sólo enamorada, sino también obsesiva-la joven tomó aire y continuó hablando.-En ese momento comencé a recibir tus cartas. Debo confesarte que al principio las ignoré, me había contagiado de la euforia que él sentía y quería continuar. Pero luego, a medida que pasaba el tiempo y yo recibía más cartas tuyas contándome toda la verdad acerca de él, empecé a asustarme y lo único que quería era alejarme. Pero no podía hacerlo de un momento para el otro, necesitaba permanecer cerca de él para sacarle información y de ese modo tratar de reparar los daños que había causado.
Hermione sintió compasión por la joven. Su instinto le decía que estaba diciendo la verdad y que realmente estaba arrepentida. Se trataba de una joven enamorada, que había caído en la trampa de un loco obsesivo, que sólo se había aprovechado de la situación.
-Virginia, debes decirme qué es lo que Sean tiene pensado hacer con Ginny...
-Él está decidido a recuperarla como sea, no le importara que ella no quiera. Supongo que estará tratando de conquistarla, fingiendo ser un caballero pero estoy segura de que si eso no funciona, él no dudara en forzarla... ella está vigilada, ¿verdad?.
Hermione asintió.
-Está vigilada por un grupo de aurors, pero ella por supuesto no lo sabe. Decidí no decírselo porque ya ha tenido bastante como agregarle más problemas. Además yo no tenía ninguna prueba certera hasta este momento. Te agradezco mucho que hayas hablado conmigo. Ahora podremos actuar. Es hora de desenmascarar a ese impostor... vamos. En el camino terminarás de contarme.
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Jason y Ginny terminaron de cenar en un fino restaurante y estaban caminando bajo la luz de la luna. El cielo estaba despejado y las estrellas brillaban en el firmamento. Jason no le quitaba los ojos de encima a Ginny, con una extraña mirada, mezcla de deseo e ¿ira?. Ella no se percataba porque iba demasiado sumida en sus pensamientos como para prestarle atención.
-¿Te parece que nos sentemos aquí?-le preguntó el joven, señalando un banco de plaza.
Ginny se sobresaltó al escuchar su voz. Por un momento se había olvidado que estaba acompañada. Sin que ella se diera cuenta, habían llegado a un hermoso parque, con una fuente enorme en el medio y varios bancos que la rodeaban. Se sentaron en uno de ellos y Ginny intentó prestarle algo de atención a su acompañante.
Jason parecía nervioso, como si estuviera a punto de decir algo muy importante. Se acercó un poco a Ginny, pero ella se alejó, incómoda, aunque tratando de que no se notase.
-Veras, Ginny... hay algo que quiero decirte... yo...
Ginny lo miraba atentamente. Comenzaba a pensar que Hermione tenía razón en lo que le había dicho.
Jason tomó aire, se calmó un poco y habló:
-Ginny, sé que esto puede parecerte desubicado o fuera de lugar, pero yo creo... que me enamoré de ti, desde el primer momento en que te vi.
Ginny se quedó callada. No sabía que contestarle sin herir sus sentimientos. Ella sólo lo consideraba un amigo, pero nada más. La cuestión sería hacerle entender eso al muchacho.
-Jason, yo te aprecio mucho, pero sólo como un amigo. Yo aún estoy enamorada de otra persona y tú lo sabes.
Jason pareció entristecerse por un momento y bajó la mirada. Ginny se sentía la peor. Se preguntaba porque no podía corresponder a alguien como Jason en lugar de amar a alguien que se atrevía a engañarla.
-No te entiendo Ginny, sinceramente no te entiendo... ¿cómo puedes seguir enamorada de una persona como Harry, que fue capaz de engañarte de ese modo?...no creí que fueras así-le dijo Jason, mirándola nuevamente. Pero su mirada y su voz habían cambiado, ya no reflejaban ternura sino resentimiento y bronca.
Ginny lo notó y se sorprendió mucho. Esa mirada la había visto antes en otra persona...
-¿Así como?-le preguntó ella, tratando de serenarse.
-Así de tonta-le respondió él, acercándose más a la joven.-No pensé que fueras tan tonta como para tropezar dos veces con la misma piedra... ya me rechazaste una vez y ahora lo estás haciendo nuevamente... pensé que con mis flores, notas y regalos te conquistaría nuevamente...
-¿De qué estás hablando?, si yo...
Él se acercaba cada vez más a ella, pero Ginny fue más rápida y se paró del banco, tomando su varita dentro de su bolsillo. La realidad le cayó como un balde de agua fría. No podía ser, no podía ser él nuevamente...
El joven también se paró, pero no se le acercó. Cerró sus ojos con fuerza y cuando los abrió, éstos ya no eran celestes sino verdes. Su cabello ya no era castaño oscuro sino rubio. Sus facciones también comenzaron a cambiar y luego de un par de segundos, era una persona completamente distinta. Ya no se trataba de Jason Alexander sino de...
-Sean...
-Veo que aún recuerdas mi nombre, espero que también recuerdes mis besos y el amor que yo sentía por ti...
Ginny se había quedado petrificada. No sabía como reaccionar. Quería salir corriendo, pero también quería hechizar a ese maldito de la peor manera posible. Optó por la segunda opción, pero cuando sacó su varita, él ya la estaba apuntando.
-Un movimiento en falso y no la cuentas Ginny Weasley... aún no me olvido en el estado que me dejaste aquel día...
-Te lo merecías, eres una basura...
-Cállate-le gritó Jason/Sean, perdiendo la paciencia.-No me obligues a hechizarte...
-Señor Wilson, me temo que usted no va a poder hechizar a nadie por un largo tiempo.
Un grupo de aurors había aparecido de la nada y estaban rodeando a Sean y a Ginny. Ella se apartó de él lo más rápido que pudo y fue testigo de cómo los aurors lo ataban, para llevárselo directamente al Ministerio. Ginny estaba shockeada. No podía creer lo que estaba sucediendo. Se sentó en el banco y enterró la cara entre sus manos.
-Ginny, ¿estás bien?-le preguntó uno de los aurors, cuya voz le sonaba muy familiar a la joven. Se trataba de Colin Creevey, un antiguo compañero de Hogwarts.
-Colin, ¿qué ha sucedido?, ¿qué fue todo esto?-le preguntó ella, confundida, tratando de hilar sus ideas.
-Ellas te podrán explicar mejor que yo-le contestó su compañero, señalando a dos muchachas que se acercaban presurosas hacia ella.
Al verlas, Ginny se levantó de golpe y le habló a una de ellas.
-Hermione, ¿qué es todo esto?, ¿qué haces con ella?-le preguntó Ginny, exaltada sin despegar su vista de Virginia. Ésta la miraba con arrepentimiento pero Ginny no lo notó. Estaba demasiado nerviosa como para darse cuenta de algo tan mínimo.
Hermione la abrazó y ella se desplomó en los brazos de su mejor amiga. Comenzó a hilar sus ideas y se dio cuenta de que durante todo ese tiempo había vivido engañada, pensando que su gran amigo Jason era inofensivo y la quería, pero no, resultó ser el malvado de Sean, quien tanto mal le había causado.
Hermione, adivinando sus pensamientos, le susurró en el oído:
-No te preocupes Ginny, ya todo está bien. A partir de ahora podrás tener una vida completamente normal...
Ginny asintió y cerró los ojos, conteniendo las lágrimas. Ya todo había terminado. Ya no se sentiría hostigada ni perseguida. Ahora Sean no la volvería a molestar nunca más. Una etapa se había cerrado en su vida y podía comenzar a buscar su felicidad nuevamente.
Hola a todoss!!!
Llegamos al anteúltimo capítulo y uno de los misterios de la historia se reveló. Espero que haya sido de su agrado y que, al menos, los haya sorprendido un poco.
Temo decirles que el próximo capítulo ya es el último y esto me pone un poco triste porque realmente disfruté escribir este ff, aunque a veces me costó y muchas veces no salió como yo hubiera querido.
Pero dejemos las despedidas para el capítulo que viene... espero que nos leamos prontoo!!!
Saludoss!!!
Luni!
08.12.06
