Capítulo veintidós: Final.

CONTIENE SPOILERS DEL SEXTO LIBRO.

NI LOS PERSONAJES NI LOS LUGARES ME PERTENECEN Y CON ESTE FF NO PRETENDO LUCRAR.

Estaba solo. Ya habían pasado tres meses y cada vez estaba más cerca de atrapar a uno de sus mayores enemigos vivos. Aquellos últimos meses habían sido terribles para él pero presentía que todo estaba llegando a su fin, aunque aún no sabía si eso sería para bien o para mal.

Si las cosas salían como él esperaba, derrotaría a Snape y luego podría volver a su casa, para tratar de arreglar lo que había dejado tres meses atrás.

Aunque si todo salía mal, nunca tendría la oportunidad de saber cómo hubiese sido su vida si ella llegara a perdonarlo. Al menos esperaba que hubiera leído su carta. ¡Cómo la extrañaba!, él nunca pensó que podría llegar a sentir algo así por alguien. Ella había despertado nuevamente en él algo que creía perdido, algo que había prometido olvidar el día en que ella se fue. El tiempo nunca los ayudó y tampoco el destino. ¿Sería que no estaban destinados a estar juntos?, no, él no podría aceptar una cosa así jamás. Ellos volverían a estar juntos, un amor así no puede morir jamás. Y si no era en esta vida, él estaba convencido que sería en otra. No podía tolerar vivir sin ella ni un día más. Y si ella no estaba a su lado, él prefería morir antes que vivir en soledad, recordando los buenos y pocos momentos que habían pasado juntos y pensando en lo que pudo haber sido y no fue.

"No hay nostalgia peor,

que añorar lo que nunca jamás sucedió..."

El ruido de una sirena lo hizo salir de su ensoñación. Esa era la señal. Habían encontrado algo y había llegado el momento que tanto había esperado. Por su cuerpo corría la misma sensación que había sentido instantes antes de salir al campo de batalla, para derrotar a Voldemort.

Empuñó con fuerza su varita y salió al encuentro de quién podría ser su último contrincante, dispuesto a dar su vida para vengar a quienes tanto había amado y ya no estaban con él.

-No lo puedo creer, ¿me están hablando en serio?-exclamó Ginny, levantándose de la mesa y derramando el contenido de su vaso de agua.

Acababa de escuchar de boca de Virginia y Hermione lo que realmente había sucedido y aún no lo podía creer. Estaba demasiado shockeada para reaccionar. Sentía un gran alivio porque Harry no la había engañado por propia voluntad pero también sentía unas terribles ganas de asesinar, o al menos de hacer sufrir un poco, a la pelirroja que se retorcía nerviosa e incómoda frente a ella.

Virginia asintió, con la cabeza gacha, sintiéndose terrible por lo que había hecho.

-Por favor Ginny, tranquilízate. Ya ha terminado, todo saldrá bien-decía Hermione, tratando de calmar a su amiga, pero esto sólo logró ponerla más nerviosa, puesto que se giró a Hermione, mirándola con los ojos entrecerrados y gesto desafiante.

-Dime Hermione, ¿cómo quieres que me tranquilice?, Harry está allí, solo y arriesgando su vida. Y yo aquí, enterándome que realmente él nunca quiso engañarme y sin poder hacer nada para ayudarlo-exclamó Ginny, mientras echaba una mirada a su vaso de agua.-Creo que necesito algo más fuerte-y tomando su varita hizo aparecer un vaso de Whisky de Fuego.

Hermione la miró con atención y le dijo:

-Ginny, no creo que debas...

Pero se vio interrumpida por la mirada fulminante de su amiga y su comentario.

-Herms, por favor te pido que no me digas nada, no quiero enojarme contigo, si?-mirando a Hermione, para luego posar su mirada en Virginia y quedar frente a frente con ella.-¿Cómo pudiste hacerle esto?, no te pido que tengas consideración de mí, ya que no me conoces, pero a él, ¿cómo pudiste hacerle eso si dices que tanto lo amas?, contéstame.

Virginia la miraba con temor y no sabía que contestarle. Sabía que ella tenía razón y no podía hacer nada por evitarlo.

-Perdóname, como ya te he dicho estaba demasiado cegada por la bronca como para pensar claramente. Sé que no fue mi mejor acción pero sentía que no tenía nada mejor que hacer. Por supuesto que estoy arrepentida, sino no les hubiera contado nada-le contestó Virginia, esperando la respuesta de Ginny. Pero ella no dijo nada, ni siquiera la miró, sólo se limitó a sentarse y beber de su vaso.

Hermione la miró de manera significativa y la muchacha se levantó de la mesa, tomó sus cosas y sin decir nada más se dirigió a la salida. Sin embargo, cuando llegó a la puerta, frenó pero no se giró, simplemente dijo:

-Yo siempre supe que él nunca dejó de amarte y no podía tolerar la idea de que él no me amara del mismo modo que yo lo hacía. Nunca dudes del amor que te tiene porque es algo que nunca se acabará. Sean felices juntos, se lo merecen luego de todo lo que pasaron.

Y sin decir nada más, Virginia abandonó el departamento, dejando a las otras dos muchachas sumidas en un silencio sepulcral. Luego de unos minutos, Ginny habló nuevamente.

-Gracias Herms. Lo que hiciste... nunca podré pagártelo. Si no hubiera sido por ti jamás hubiera sabido la verdad.

Hermione le sonrió y le rodeó la espalda con un brazo.

-No tienes porqué agradecerme, ustedes se lo merecen. Ahora sólo queda esperar que regrese Harry para que puedan arreglar las cosas de una vez y para siempre.

Ginny pareció pensarlo unos instantes y luego respondió:

-No creo que haga falta esperarlo Herms.

-¿A qué te refieres?-le preguntó extrañada, aunque adivinando los pensamientos de su amiga y temiendo por ellos. -Ginny...

-Iré a buscarlo Herms, no puedo esperar a que regrese-exclamó Ginny, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia su cuarto.

Hermione la siguió, pensando qué argumentos utilizaría para persuadir a su amiga de lo contrario.

Ginny había empezado a armar sus maletas y Hermione se sentó en su cama.

-Ginny, ¿no crees que sería mejor que esperaras a que regrese?, podría ser muy peligroso y si aún no atraparon a Snape, no harías más que complicar las cosas...

-Lo sé Herms, pero ya no puedo esperar para arreglar las cosas con él. Demasiadas cosas han sucedido entre nosotros como para permitir que el tiempo siga pasando.

-Pero, ¿cómo harás para encontrarlo?, ni siquiera sabes dónde está...

Ginny paró de hacer sus maletas por un momento y le dijo:

-Vamos Herms, ambas sabemos bien dónde se encuentra. Ron te lo contó en una de las millones de cartas que te ha enviado y por si lo recuerdas yo leí cada una de esas cartas contigo, mientras tú sollozabas.

Hermione asintió y por unos minutos no dijo más nada. Era muy peligroso que ella fuera a buscar a Harry al campo de batalla, Ginny estaba actuando impulsivamente pero seguramente si se ponía a pensar llegaría a la misma conclusión que su amiga.

-Ginny, por favor piénsalo, es muy peligroso. Además no tienes modo de llegar hasta allí. No puedes aparecerte porque es una distancia enorme y además Ron nos ha contado que están tomando todo tipo de medidas para que nadie no autorizado pueda aparecerse o desaparecerse en la zona de batalla. Y donde se encuentra Harry deben haber hecho lo mismo. Lo mismo sucede con los trasladores... es casi imposible llegar hasta allí...

-Tú misma lo dijiste Herms, es casi imposible pero no imposible del todo. Siempre hay alguna manera y yo la encontraré-le dijo Ginny, intentando no exasperarse por los intentos de su amiga para persuadirla de que no vaya a buscar a Harry. Ella sabía que era arriesgado pero no podía seguir esperando y mucho menos ahora que sabía la verdad. –Tú no entiendes Herms, yo sé bien que si tú estuvieras en mi situación harías lo mismo... no aguantarías...

Hermione se levantó de la cama y encaró a su amiga, con falsos ojos llorosos y expresión dolida.

-¿Cómo puedes decirme que no te entiendo?, Ginny puede ser que mi situación no sea igual que la tuya pero yo también estoy sufriendo. Tu hermano también está en una peligrosa misión, arriesgando a cada momento su vida y no sé si lo volveré a ver. Miles de veces pensé en ir a buscarlo y traerlo de vuelta para aquí pero luego comprendí que es su trabajo y que debo acostumbrarme a esto, algo que me resulta difícil puesto que nunca habían tenido misiones como estas. Para empeorar las cosas, mi mejor amigo también está en una peligrosa misión, al igual que tu hermano y no puedo más pensando en cómo la estarán pasando allí. Ellos dos son de las personas más importantes para mí y jamás podría soportar si tú también te vas. Ginny, por favor, no lo hagas, sólo empeoraras las cosas, para todos... no me abandones en este momento... yo te comprendo... pero entiende que lo mejor es que te quedes esperándolo... y que permanezcamos juntas para apoyarnos mutuamente... -finalizó Hermione, tratando de contener sus lágrimas y mirando a su amiga con ojos suplicantes.

Ginny se sentó a su lado y comenzó a consolarla. Sabía que Hermione tenía razón y se sentía muy mal al darse cuenta los verdaderos sentimientos de la chica. Hermione siempre aparentaba ser valiente pero en realidad tenía tanto miedo como los demás cada vez que Ron o Harry partían en alguna misión.

-Herms, no te pongas mal. Esperaré, te lo prometo, al menos algún tiempo, pero por favor cálmate. Todo saldrá bien.

Hermione la miró sonriendo, aunque aún con los ojos llorosos.

-Gracias Ginny, por no abandonarme. Te prometo que pronto volverán...

Ginny asintió y comenzó a desarmar su maleta, aún indecisa por lo que le había dicho a Hermione. Ésta última abandonó el cuarto, más tranquila porque Ginny había decidido quedarse. Si bien todo lo que le había dicho era verdad, también había exagerado un poco su reacción, pero sabía que era lo mejor y lo menos peligroso. Sonrió, dándose cuenta lo buena actriz que podía ser algunas veces...

Hermione,

Espero que comprendas mi decisión pero no me queda otra opción que partir. Sé que crees que no es lo mejor para todos pero yo estoy convencida que todo saldrá bien. Tú me conoces y no puedo seguir esperando.

Te quiere,

Ginny.

PD: Como sé que no volverás antes de mi partida, te dejo los datos de mi vuelo por cualquier inconveniente. Es el vuelo 989, que parte del aeropuerto de Londres a las 12 AM. Decidí que viajar en avión es el único medio que tengo para llegar.

Ginny dejó aquella nota en la mesa de la cocina, a la mañana siguiente, cuando Hermione ya había partido hacia su trabajo. Había pasado toda la noche sin dormir, pensando en qué sería lo mejor y había llegado a la conclusión que debía ir a buscarlo. No sabía cuánto tiempo faltaría para que regresara y lo peor es que no sabía si regresaría. En su carta él había sido muy honesto, estaba dispuesto a arriesgar su vida si era necesario y Ginny sabía que él no estaba mintiendo. Harry sentía que no tenía nada que perder y arriesgaría todo con tal de derrotar a aquel que tanto le había quitado, Snape.

Ginny respiró profundamente y tomando sus cosas, partió con destino al aeropuerto de Londres, tratando de aparentar ser una muggle común y corriente, utilizando hasta un teléfono celular que Harry le había regalado cuando estaban juntos, siguiendo el ejemplo de Hermione.

Media hora después...

Ginny Weasley caminaba por el aeropuerto de Londres como si fuera una muggle normal. Estaba bastante acostumbrada a esas cosas puesto que ya había viajado antes en avión y no le resultaba tan raro. Eran las 11 de la mañana y su vuelo no partiría hasta dentro de una hora. Ya había retirado su pasaje, el cual había comprado por teléfono la noche anterior. Y sólo le quedaba esperar hasta que partiera su avión.

Ya todo había terminado. Después de tanto tiempo de búsqueda y datos erróneos habían logrado atrapar a uno de los mortífagos más buscados y peligrosos del momento. Snape había sido capturado por Harry y un grupo de aurors comandados por él. La lucha había sido encarnizada ya que Snape estaba junto a un grupo de magos y brujas que había reclutado para tratar de expandir el terror por todo el mundo mágico y también por el muggle.

Pero gracias al talento y al poder de los aurors del Ministerio y en especial de Harry, todos habían sido atrapados y llevados directamente a la prisión de Azkaban, que luego de la derrota de Voldemort volvía a ser el lugar más seguro y del cual ningún preso había vuelto a escapar.

Harry se sentía feliz, había cerrado una etapa en su vida y sentía que a partir de ese momento todo comenzaría a mejorar. Snape ya estaba encarcelado y se pudriría allí hasta el día de su muerte. Había tenido que apelar a todo su autocontrol para no matarlo en el momento en que lo tuvo en el suelo a sus pies, acorralado y sin oportunidad de huir. El odio que sintió cuando lo tuvo allí era indescriptible y se acrecentaba al ver esa sonrisa sobradora y característica de su antiguo profesor que ni siquiera en esos momentos lo abandonaba. "Vamos Potter, mátame, demuéstrame si eres tan valiente como tus queridos padre y padrino...". Por fortuna o desgracia, depende del punto de vista que se lo mire, en ese momento llegó Kingsley y ayudó a Harry a calmarse.

Y ahora Harry podía respirar tranquilo, sabiendo que finalmente se había hecho justicia. Si bien aún quedaban mortífagos sueltos, no eran lo más peligrosos ni importantes y poco a poco se irían haciendo cargo de ellos. El mal nunca se acabaría porque sino el bien sería imposible de distinguirse. Siempre habría algo porque luchar y era lo que a Harry le encantaba de su trabajo.

Abrió la puerta de su departamento y lo encontró vacío, como era de esperarse a esa hora. Hermione debía estar en el trabajo y Ron aún estaba en la misión. Le había dicho a Kingsley que iría a ayudarlo pero éste se lo prohibió, alegando que ya había hecho demasiado y que si iba no haría sino estorbar, debido a que de lo cansado que estaba, no podría rendir bien. Harry decidió no protestar por el momento, ya que luego de dormir por 24 horas seguidas estaba decidido a ir a la otra misión, para ayudar en lo que fuera necesario. A pesar del enojo de Ron, seguía siendo su mejor amigo y no dudaría en ayudarlo.

Pero antes de eso, buscaría a Ginny y hablaría con ella. Y si ella no quería hablar con él, al menos la vería. Su recuerdo era lo único que lo había mantenido fuerte durante ese tiempo y estaba decidido a recuperar su relación a como diera lugar. Sabía que ella no lo perdonaría tan fácilmente, pero él lo intentaría.

Se dirigió a la cocina, con la intención de comer y beber algo. Se estaba sirviendo un vaso de jugo de calabaza cuando una nota que estaba en la mesa llamó su atención. Desde lejos ya podía distinguir la letra de Ginny y se apresuró a tomarla.

A medida que la leía iba perdiendo el color. La desesperación lo invadió por completo. Miró su reloj. Eran las 11:40. En veinte minutos partía su avión. Y sin saber ni a dónde se dirigía Ginny ni qué hacer, decidió ir a buscarla. Esta vez no la perdería, al menos si podía evitarlo.

Minutos después, Harry Potter corría y corría por el aeropuerto de Londres, como ya lo había hecho en otra ocasión, un par de años atrás, con la diferencia que esta vez no llevaba ningún ramo de flores en sus manos. Sólo llevaba con él un profundo sentimiento de desesperación. Momentos antes había preguntado de qué hangar partía el vuelo 989 y daba la casualidad que estaba en la otra punta del aeropuerto. No podía desaparecerse porque estaba lleno de muggles así que sin tener otra opción, había echado a correr. Corría y corría sin parar pero cada vez se sentía más perdido. La gente lo rodeaba y una sensación de ahogo comenzaba a atormentarlo. Había corrido hasta la otra punta del aeropuerto pero no había encontrado el hangar que le habían dicho, sino que se había chocado contra una sólida pared de concreto. Miró a su alrededor pero no logró ubicarlo. Se sentía desconcertado y no sabía que hacer. Tenía que encontrarla lo antes posible y de repente se lo ocurrió una idea. Tomó su teléfono celular y marcó el numero de Ginny. Días antes de que terminaran, él le había regalo un teléfono celular y ella había quedado encantada. Pero jamás supo si ella lo usaba porque poco después sucedió lo de Virginia y nunca más la volvió a ver.

Retuvo la respiración mientras esperaba que Ginny lo atendiera. Se escuchaba el tono, pero nadie atendía. Se le ocurrió pensar que Ginny había visto quién la llamaba y había decidido no atender, demasiado ocupada en subirse a su avión y partir hacía su nuevo destino. Él no tenía ni idea de a dónde iba a ella y tampoco lo había averiguado. Simplemente no había tiempo para eso, la única idea que rondaba su cabeza era encontrarla y persuadirla de que no viajara. Después ya habría tiempo para lo demás. Se emocionó cuando escuchó la voz de Ginny pero luego se dio cuenta de que se trataba del contestador. Sin saber ya que hacer, le dejó un mensaje.

-Ginny, soy yo, Harry. Por favor necesito hablar contigo. No debes viajar, te lo ruego por favor. Sé que no soy quien para pedirte eso luego de lo que te hice. Estoy en el aeropuerto. Bájate de ese avión, por favor te lo ruego...

Ginny Weasley estaba muy nerviosa. Ya estaba sentada en su asiento del avión y en menos de diez minutos partirían. Las azafatas ya estaban dando indicaciones pero ella no les estaba prestando atención. Miraba por la ventanilla, comenzando a desesperarse porque aún no despegaban. Cada minuto que se demoraban en partir era un minuto que ella se perdía de estar con Harry. Un sonido incesante sonaba cerca de ella pero no tenía idea de dónde provenía. No paraba de sonar y a ella ya la estaba desesperando. Ya sin poder aguantar sus nervios, aprovechó a estirar las piernas yendo al baño.

Al llegar allí, se mojó la cara con agua helada y se recargó contra la puerta, tratando de calmar sus nervios. Una sensación fuera de lo normal la estaba invadiendo. Algo le decía que no debía viajar, que tenía que bajarse cuanto antes de ese avión. Las palabras de Hermione se repetían una y otra vez en su mente, atormentándola. Sentía que debía salir de allí cuanto antes, pero ella estaba convencida de que no debía hacerlo.

Volvió a su asiento y en cuanto se sentó, una mujer de alrededor de cincuenta años que estaba sentada junto a ella le habló.

-Disculpe señorita, pero quería avisarle que cuando se fue al baño su teléfono celular no paró de sonar.

Conque de allí salía el ruido. Ginny le agradeció a la mujer y tomó su celular.

-¡Qué extraño!- pensó viendo que tenía cinco mensajes de voz. Sintió como si un balde de agua helada le cayera sobre la cabeza cuando en el visor del celular apareció el número telefónico del cual provenían las llamadas. Nerviosa como nunca antes lo había estado, se puso a escuchar los mensajes en el mismo momento en que el avión comenzaba a despegar...

Finalmente Harry había encontrado el hangar. Había vuelto a preguntar y corroboró que le habían informado mal. En el camino al hangar, había vuelto a llamar a Ginny cuatro veces más pero ella no le había respondido, por lo cual le había dejado cuatro mensajes más.

Sin parar de correr, se dirigió al hangar e intentó pasar por la puerta pero un guardia de seguridad lo detuvo.

-¿Adónde cree que va, señor?-le dijo el uniformado, bloqueándole el paso.

-Debo subir a ese avión, por favor déjeme pasar-le dijo Harry, algo agitado por la corrida.

-Lo lamento, pero en instantes despegará ese avión. Además no veo que tenga usted ningún pasaje-le dijo el guardia, mirándolo de mal modo.

-Lo compraré si es necesario. Mire no tengo tiempo para explicarle, pero si me deja pasar, luego le contaré todo. Yo no necesito subir al avión, simplemente debo hacer que baje una pasajera-le contestó Harry, comenzando a perder la paciencia.

-Lo siento, pero eso no será posible...

-Por favor, de hombre a hombre, la mujer que amo se encuentra en ese vuelo y es mi última oportunidad de hablar con ella... por favor se lo pido, déjeme pasar... pagaré el pasaje, no me importa el dinero, pero necesito hablar con ella-le suplicó Harry, desesperado.

Aparentemente el guardia se había ablandado un poco, pero cuando habló lo hizo con el mismo tono duro y sin una pizca de sentimiento.

-Lo siento señor-le contestó y cuando Harry estaba a punto de sacar su varita para hechizarlo, el hombre le señaló la ventana, a través de la cual se veía que...

-El vuelo 989 acaba de partir, lo lamento.

Harry se quedó paralizado, mirando a través del enorme ventanal. Un gran avión había comenzado a despegar y Harry ya no tenía oportunidad de hablar con Ginny. Se sentía terrible. Otra vez la había dejado partir. El destino les había vuelto a ganar. Derrotado, comenzó a caminar lentamente, sin detenerse a mirar hacia atrás... sin darse cuenta que aquel avión había comenzado a frenar su marcha y estaba nuevamente en tierra...

Ginny se quedó helada en su asiento cuando escuchó los mensajes de Harry. Él ya había regresado de la misión y estaba allí, en el aeropuerto, a escasa distancia de ella. Estaba decidida a bajarse del avión cuando se dio cuenta que éste había comenzado a moverse. Desesperada, se desabrochó el cinturón de seguridad y pidiendo permiso entre la gente, comenzó a avanzar hacia el pasillo. Una azafata se acercó enseguida a ella.

-Señorita, ¿se encuentra bien?, debe volver a su lugar y ponerse el cinturón. Luego podrá quitárselo y caminar un poco, pero ahora debo rogarle que regrese a su asiento-le dijo correctamente la joven azafata, mirándola con cara de preocupación.

Ginny no sabía que excusa inventar, pero debía bajarse de ese avión a como diera lugar.

-Debo bajarme de este avión, no me siento bien... estoy mareada, no puedo viajar...

La azafata la hizo sentarse y comenzó a hablarle:

-Iré a llamar a un médico, la atenderán bien y ya verá como puede seguir viajando... ya vengo...

La azafata se fue y Ginny no sabía que hacer. Podría sacar su varita y hechizarlos a todos, pero sabía que no era la mejor opción. También podría inventar que había una bomba en el avión y seguro descenderían, pero una vez que aterrizaran todo se complicaría si decía eso. Se le ocurrió una mejor idea y no dudó en implementarla. Con un leve movimiento de su varita, todo estuvo solucionado.

-Señores pasajeros-decía la voz de una azafata a través de los altoparlantes.-Mantengan todos la calma y sus cinturones de seguridad puestos. Debemos regresar al aeropuerto ya que nos quedamos sin reservas de combustible. Les pedimos perdón por este inconveniente pero lo hacemos para evitar complicaciones posteriores.

Se escuchó un murmullo reprobatorio en todo el avión pero Ginny Weasley sonreía satisfecha. Su pequeño truco había funcionado.

Harry había regresado a su departamento, sintiéndose peor que nunca. Otra vez la había perdido. Tomó el teléfono y se tiro al sillón, derrotado.

Quería llamarla una vez más, al menos para oír su voz en el contestador. Ella no lo atendía, pero al menos escucharía su voz una vez más. Y sabía que en algún momento ella escucharía sus mensajes y quizás, sólo quizás lograrían ablandarle el corazón y hacerla volver.

-Ginny soy yo otra vez. Te he dejado varios mensajes ya y espero que algún día los escuches. Fui al aeropuerto pero otra vez llegué tarde. Otra vez vi como tu avión partía y yo no pude hacer nada para evitarlo. Me sentí tan mal como años atrás. Ginny creo que nunca te enteraste, pero cuando viajaste a New York yo intenté detenerte. Sé que fue egoísta de mi parte pero yo te necesitaba junto a mí, igual que te necesito ahora. Pero siempre llegó tarde, al parecer el destino nos odia y no quiere que estemos juntos. Pero a mí eso no me importa Ginny, porque yo iré a buscarte y estoy dispuesto a tratar de recuperarte como sea, porque te amo y no puedo vivir sin ti...

Harry escuchó un piiip y se dio cuenta que el tiempo que tenía para dejar un mensaje se había terminado.

Triste, dejó el teléfono en el sillón y fue a bañarse. El ruido de la ducha no le permitió darse cuenta que el telefono comenzó a sonar y una voz de mujer dejaba un mensaje en el contestador.

Quince minutos después, salió del baño, todo mojado y con una toalla alrededor de la cintura. De seguro Hermione lo regañaría si lo viera mojando todo el piso, pero ella no estaba en ese momento.

Pasó por la mesita del teléfono e instintivamente miró, dándose cuenta que estaba titilando la luz del contestador. Significaba que había un mensaje. Nervioso, apretó PLAY y el mensaje comenzó a escucharse.

-Harry, yo soy. Quiero decirte que escuché tus mensajes... –decía la voz de Ginny y Harry casi se muere al oírla...

Tan concentrado estaba escuchando ese mensaje que no se dio cuenta cuando la puerta del departamento comenzó a abrirse y la dueña de aquella voz aparecía por la puerta. Él estaba de espaldas y tampoco la vio entrar.

-Si sabía que encontraría este espectáculo me hubiera bajado antes de ese avión.

Harry no podía creerlo. Esa voz, sólo podía pertenecer a Ginny. Y ese aroma de flores tan particular le había invadido por completo en el mismo instante en que la escuchó hablar. Se giró rápidamente, encontrándose con la mujer que tanto amaba, quien le miraba con una expresión indescifrable. ¿Sería verdad lo que le había dicho en el mensaje?.

-Ginny...

Harry no podía ni hablar, sólo podía contemplarla. Ella dejó sus maletas en el suelo y lo miró fijamente. Luego le sonrió y esa fue la señal que él necesitaba. Ella comenzó a acercarse a él y él a ella. Se miraron fijamente a los ojos, las palabras no eran necesarias entre ellos pero sin embargo Harry necesitaba corroborar algo.

-¿Es verdad lo que me dijiste en el mensaje?-le preguntó Harry, sin poder despegar sus ojos verdes de los castaños de ella.

Como respuesta, ella le rodeó el cuello con sus brazos y le susurró al oído.

-Así es Harry, todo terminó. Sólo se trata de un mal recuerdo...

Harry le sonrió suavemente y la tomó por la cintura. Se besaron lentamente, con dulzura y calma, depositando en ese beso todo el amor que sentían el uno por el otro y que durante tanto tiempo habían contenido. Luego de varios minutos, se separaron pero no dejaron de abrazarse. Estuvieron un rato en silencio, disfrutando de la compañía del otro. Ella tenía su cabeza apoyada en torso desnudo del muchacho y lágrimas de emoción caían por sus mejillas. No podía creer que finalmente todo se había solucionado. Ahora estaban juntos y nada ni nadie podría volver a separarlos.

-Ginny, quiero que sepas que estos meses sin ti han sido los más tristes de mi vida. Me sentía solo y vacío, estaba dispuesto a morir si la situación lo ameritaba. Tu recuerdo era lo único que me mantenía en pie. Quería vivir solamente para verte de nuevo y para pedirte perdón por todo... aún no puedo creer que ya nada se interpondrá entre nosotros...

Ella lo miró a los ojos y él se dio cuenta que estaba llorando.

-¿Por qué lloras?-le preguntó preocupado, secándole las lágrimas con el dorso de su mano y acariciando todo su rostro.

Ella le sonrió y lo besó nuevamente, olvidándose de todo lo que sucedía a su alrededor y viviendo plenamente su amor, ese amor tan fuerte que nunca podría romperse...

La Madriguera estaba adornada como sólo lo había estado una vez, años atrás.

Era un espléndido día de Primavera y el sol brillaba con todo su esplendor. No había ni una nube en el cielo y nada podía empañar ese día tan feliz. Al parecer el clima reflejaba con exactitud los sentimientos de los presentes.

Un enorme grupo de personas, la mayoría pelirrojos, se encontraban sentados en varias hileras de sillas blancas, separadas por un pasillo, revestido con una alfombra roja.

-Por el poder de Merlín, los declaro marido y mujer.

La pareja en cuestión se besó y abrazó con ternura, mientras los presentes estallaban en aplausos y muchos de ellos en lágrimas. Una de ellas era Ginny Weasley, la madrina de la boda de Hermione Granger y Ron Weasley.

Se acercó y abrazó con emoción a su hermano y a su nuera, al igual que todos sus seres queridos.

Habían pasado dos largos años desde la reconciliación de Harry y Ginny. Durante ese tiempo, ambos vivieron felices y sin mayores complicaciones. Luego de que Ginny finalizara su carrera, ambos se habían trasladado a París, donde ella estuvo ejerciendo durante un año y él realizó un intercambio con el Departamento de Aurors de aquel país. Pasado ese tiempo, decidieron volver a Inglaterra. Al llegar, se enteraron de la decisión de Hermione y Ron de casarse. Harry decidió dejarles el departamento y se trasladó a vivir a La Madriguera, junto con Ginny. Sabía que no les podía quitar a su niña nuevamente y fue por eso que estaban viviendo allí. Ambos consideraban que eran muy jóvenes para casarse aún y preferían esperar, aunque ya habían hablado del tema, incluso tenían elegidos los nombres de sus futuros hijos.

La fiesta estaba en todo su esplendor. Casi todos los invitados estaban en la pista de baile, armada en el medio del jardín de los Weasley. Hermione intentaba enseñarle a Ron a bailar, mientras que los señores Weasley se movían al son de la música, al igual que sus hijos gemelos, especialmente Fred, quien bailaba frenéticamente con su pareja Angelina Johnson.

Todos sus amigos de Hogwarts habían sido invitados a la boda: Luna, Neville, quienes seguían juntos, Parvati, Seamus, Dean con Demelza Robbins, inclusive Lavender, quien había asistido con su hija Anabella, de padre desconocido. Hacía sólo un año que Lavender había reaparecido, a pesar de que había anunciado su llegada mucho tiempo antes. Había vuelto mucho más tranquila, quizás por su hija, aunque todos estaban esperando que la "bomba estallase".

Ginny había parado de bailar y se había sentado a beber algo. Estaba muerta de calor por tanto moverse. Nunca creyó que Harry aguantaría tanto tiempo bailando, pero lo había hecho. Incluso seguía bailando, aunque ahora lo hacía con una vieja tía de Hermione, que tenía más energía que todos ellos juntos.

Todos estaban muy felices. Finalmente las vidas de todos eran tranquilas y normales. Ya no había ni Virginias ni Jasons ni Lavenders que les complicaran la existencia.

Luego de la captura de Snape y de Bellatrix, el trabajo de Harry y Ron se había vuelto mucho más tranquilo, hasta se podía decir aburrido. Pero aunque la mayoría de las veces se quejaban por ello, internamente admitían la tranquilidad en la que vivían. Por supuesto, luego de saber la verdad Ron y Harry habían vuelto a ser tan amigos como siempre. Y ella estaba feliz por todos ellos, sus seres queridos, su familia.

Tan concentrada estaba en sus reflexiones que no se dio cuenta cuando Harry se sentó a su lado. Sólo lo notó cuando éste le pasó un brazo por los hombros y le dio un beso en la mejilla.

-¿Ya regresaste?, veo que la buena tía Martha logró cansarte-le comentó ella, bromeando.

Él le sonrió, para luego beber un largo trago de cerveza de manteca.

-Así es, ¿qué te puedo decir?, esa mujer es incansable.

Ambos rieron por un rato, observando la fiesta y a sus invitados.

-¿En qué pensabas?, estabas perdida en tus pensamientos cuando llegué-le preguntó él, interesado.

-Pensaba en todos nosotros, en nuestra familia. Siempre sucede, en las bodas, uno se pone a reflexionar sobre sus vidas y su futuro. ¿Te dije lo feliz que soy desde que estamos juntos?-le preguntó, tomándolo de la mano.

-Mmm creo que no -le respondió bromeando. Luego se quedó pensativo y por unos momentos no dijo nada.

-¿Sabes, Ginny?-comenzó a hablar, después de un par de minutos de silencio.

-Ahora que lo mencionas, yo también me puse a pensar en nuestra vida, pero principalmente en nuestro futuro juntos.

Ginny lo miró extrañada y él tomó eso como una señal de que debía seguir explicándose.

-Veras, al ver a Hermione y a Ron, de este modo... no sé... me dieron ganas... digo... ya lo hemos hablado... hasta decidimos cuántos hijos tendríamos y los nombres que les pondríamos...

Harry estaba realmente nervioso por lo que intentaba hacer. Había planeado una declaración mucho más romántica, que incluyera una cena con velas y un paseo a la luz de la luna, pero ahora ya había empezado a hablar y no podía quedarse por la mitad.

Ginny también estaba nerviosa, al darse cuenta por dónde venía la cuestión. Ella no se lo esperaba aún, pero jamás se le cruzaría por la mente negarse. Él era la persona que ella más amaba en el mundo y quería que pasaran toda la vida juntos.

-Harry, ¿a dónde quieres llegar?-le preguntó ella, tratando de animarlo dándose cuenta lo alterado que estaba.

Él había dejado de mirarla y se restregaba las manos nerviosamente. Ella sonreía, le parecía tan tierno en esa situación.

-Veras... yo había planeado... algo mejor... más romántico... pero... así se dio... Ginny...

Él la tomó de la manó y a continuación se agachó frente a ella.

-¿Te casarías conmigo?.

Se escucharon los aplausos de todos los presentes, que esperaban expectantes la reacción de la joven...

Y vivieron felices para siempre...

Hola a todos!!!

¿Cómo han estado?...espero que muy bien!!

Hemos llegado al final de esta historia, ojalá les haya gustado, aunque sea un poco. Espero no haberlos decepcionado en ningún punto, y menos con el final. Personalmente creo que no quedó tan mal, aunque hay miles de cosas que corregiría. Inicialmente, mi idea era plantear algo más liviano, un poco más , no sé si gracioso, pero definitivamente menos dramático. Soy consciente que hice sufrir mucho a nuestros personajes preferidos, especialmente a Ginny.

Me costó mucho escribir esta historia, muchas veces me faltó el tiempo para hacerlo, pero sobre todo la inspiración y las ideas. Estoy feliz porque finalmente logré darle una conclusión a todo esto pero estoy triste porque ya no recibiré tan bellos rr´s de su parte ni le agregaré más capítulos a esta historia que tanto disfrute escribir. Igualmente les adelanto que ya estoy escribiendo otro ff, el cual espero que lean. Será más corto e intentaré hacerlo gracioso.

Les agradezco infinitamente haber leído los delirios de este intento de escritora y más aún a las personas que me dejaron rr´s, a quienes aprecio mucho a pesar de no conocer personalmente ya que sus críticas me hicieron escribir cuando creía que ya no me saldría nada bueno de la cabeza.

Me voy despidiendo, pidiéndoles nuevamente que se pasen por mi nuevo ff...prometo no decepcionarlos...irá dedicado a todos ustedes!!!

Gracias por leerme y soportarme durante más de un año, los adoro Lunita!!! Felices fiestas para todos!!!

PD: El fragmento de canción que aparece es de la canción "Con la frente marchita" de Joaquín Sabina y para escribir la parte del aeropuerto y del reencuentro entre Harry y Ginny me inspiré en el final de "Friends" (una de las mejores sitcoms de todos los tiempos, en mi humilde opinión).

20.12.06