Aquí les tenemos el primer capitulo de este fic, prometemos actualizarlo lo más rápido posible, este fic como ya lo había dicho antes es en conjunto con una gran amiga! Dakota Ikeda. Esperamos su apoyo.
Son of War: An idyllic love
Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen, son propiedad exclusiva del grandioso mangaka Nobihuro Watsuki.
Datos de Interés
"-…-" Lo que dice un personaje
"-cursiva-" Lo que piensa un personaje
"" Cambio de escena.
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Capitulo # 1: El Inicio de una noche eterna:
Ahora que has nacido mi querida Kaoru, puedo descansar en paz. Tan solo deseo que guíes a todos los humanos que tanto ame junto con los vampiros a Zion. Recuérdalo mi querida Kaoru, ahora mis poderes yacen en ti, así como mis recuerdos...
Mi amado Hajime.
"No quiero ser solo el recuerdo de otra persona, pero no puedo evitar soñar con el pasado de mi creadora, el inicio de la noche que se cierne en la vida de todos los arcángeles desde que ella murió, es interminable y peor aún, yo debo acabar con esta oscuridad"
Tan solo estoy segura de algo, el nombre que ella me obsequio, Kaoru... es lo único de lo que realmente sé.
Sueño nuevamente con su pasado, esas hermosas imágenes y a la vez... el momento de su muerte.
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----Flash Back----
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En Lumen se hablaba sobre el pacto que había recibido el arcángel Tokio, se preguntaban si aceptaría, si se acabaría todo por un simple pergamino. No todos estaban de acuerdo, pero, si el sacrificio de su monarca era necesario para obtener la paz que tanto deseaban, era un noble precio a pagar.
En el pilar central de la ciudad de Lumen, lo que otros llamaran El Templo, se encontraba una mujer de azabaches y hermosos cabellos con el entrecejo fruncido, dirigiendo su mirada azul al papel que permanecía a sus pies.
Toda la habitación era de un bello cristal, y se podía apreciar la parte de afuera de la ciudad, por supuesto, ninguno de los ciudadanos podían ver su interior. Lo único que ocupaba espacio en la habitación, era una enorme cama con sabanas blancas, un mueble de mármol con detalles dorados, donde se apreciaban ángeles y otras figuras celestiales. Y en el centro un orbe conectaba la base donde era sostenido por cuatro cristales con la cima de la estructura donde podía ver todos los pecados e inseguridades de los humanos.
Al lado de la pensativa mujer, yacía un hombre parado a su lado, este la miraba afligido mientras colocaba su mano en el hombro de la mujer
- Tokio… Sabes muy bien que no quiero que nada te pase, eres mi hermana… ¡Ese demonio nunca cumplirá su palabra!. ¡Entra en razón!- Aoshi, un joven de negro cabello corto y de ojos azules miró fijamente a la mujer que ahora decidía el futuro de los humanos, de los cuales tenia la obligación de proteger con su vida.
- Tranquilo, sé que es peligroso aceptar este pacto, pero… no puedo negar que, de todo esto, algo bueno saldrá- Tokio agarra la mano que su hermano le ofrece y apoya su mejilla sobre esta.
- No lo aceptes, por favor- le dice en tono de súplica mientras se arrodilla a la altura de su hermana, perdiendo esa gélida mirada, ante ella, carecía de esa frialdad característica de su personalidad, su hermana mayor estaba por unir su vida a la de un vampiro.
- Yo sé cuanto me quieres, mi querido Aoshi, pero, si no acepto mi destino, cosas peores pasarán- Tokio agarra su mano y la besa con tanta devoción, que una pequeña lagrima escapa de los azules ojos de su hermano
- No puedo ver el futuro como tú lo haces, ni tampoco puedo entender los mandatos superiores… y ahora entiendo el porqué no me comunican sus verdaderas intenciones, porque te juro que yo… yo no permitiría que fueras sacrificada- Aoshi cierra sus ojos y limpia la lágrima que sin su permiso, se había deslizado por su blanca mejilla.
- Somos arcángeles, Aoshi, estamos encargados de cuidar de estos humanos, así como de sus almas, librándolos de los pecados. Nosotros somos los únicos que podemos salvarlos de la oscuridad que se les ha destinado- Tokio lo miraba afligida.
- Eso si- Suspira sintiéndose derrotado- prométeme nunca decir que lloré, si lo haces, atente a las consecuencias– dice esto obsequiándole la ultima de sus sonrisas en ese día, mientras con la mirada elevaba el papel que antes, su hermana había dejado caer.
- ¿No podías dármelo?- sosteniendo el papel entre sus manos- Deja de utilizar tus poderes en vano – fingiendo vano enojo para desviar el tema, tratando de huirle a la triste mirada que su hermano le dirigía.
- No me digas como utilizar mis poderes – le da la espalda mientras agrega - desde que dieron el cese de los ataques, no tengo en que utilizarlos- retomando su fría mirada por completo
- Sal de mi habitación, tengo que prepararme para transmitir mi decisión a la ciudad- en su rostro se denoto el enojo mientras con los ojos cerrados le indicaba a su hermano la salida – no tengo tiempo para discutir con arcángeles novatos – sabiendo así, que su orgulloso hermano se retiraría derrotado.
- Está bien, me retiro – con mueca de enfado paró antes de salir, se detiene en el umbral de la salida – pero recuerda, no tendré tantos años como tu, pero aun así, soy poderoso. Si te pasa algo, yo me encargaré de hacerlos pagar.
- Si, mi querido Aoshi, yo sé que tú me vengarás - Tokio mira con dulzura a su hermano menor mientras salía - pero eso, es un pecado – dice afligida dirigiendo su cristalina mirada al orbe, donde se reflejaba su futuro esposo – Saito-san...
Horas después, toda la ciudad había escuchado la respuesta afirmativa de su monarca ante la proposición de los vampiros. Lumen estaba sumido en un silencio tétrico, parecía que sus habitantes temían por lo peor.
La situación empeoró cuando el Rey de Citnea atravesó los mástiles de protección sin ningún problema, los ciudadanos de Lumen ya sabían que los vampiros tenían acceso libre a la ciudad sin ningún problema.
Los ciudadanos veían como cabalgaba por la calle principal, regalándole su mirada ámbar a quien lo mirase, mientras con su capa negra solo dejaba ver sus guantes negros y un pantalón color vino.
Este cabalgo lentamente viendo la majestuosa ciudad, donde las casas estaban hechas de cristal, un cristal que rechazaba todo tipo de oscuridad, y además no podía ser atravesado sin una invitación previa.
Suspiro y pensó en lo fácil que seria si pudiera utilizar sus poderes, podía volar directamente hasta el castillo, pero lo que menos quería ahora, era causar más revuelo en aquella ciudad y a sus patéticos habitantes humanos.
Aunque admitía que toda esa luz, le estaba causando una extraña incomodidad. Era cierto, aquel arcángel mujer de nombre Megumi le había dado esa capa con la cual resistiría la luz hasta poder entrar al pilar donde lo esperaba Tokio.
Descendió de su caballo negro con la elegancia digna de un rey, acaricio su lomo y pudo apreciar en los ojos carmesíes del caballo, cuanto sufría por toda la luz que había en ese mundo.
- Puedes irte, Hypnos, después de todo, esta luz también te afecta – El majestuoso animal, lo miraba comprendiendo cada una de sus palabras y sin más esperar, se retiro, saliendo a todo galope por donde antes había cabalgado.
El vampiro que desde siglos atrás, no tenia la oportunidad de ver el astro sol, se quedo contemplándolo unos minutos, mientras una sonrisa se formaba en su rostro y daba media vuelta para entrar a lo que seria su futuro hogar.
Mientras más se acercaba, más perdía sus poderes, se sentía vulnerable en ese mundo, hasta que pudo ver en el ultimo escalón a la persona que ansiaba ver. Estaba parada viéndolo con una sonrisa, aunque no era de burla por verlo en el suelo tratando de recuperar su aliento, era de afecto y era solo para él. Pudo entonces bajar su mirada, delineando las curvas bajo esa túnica dorada transparente, agarrada por tan solo dos tirantes, que dejaban ver el comienzo de sus senos. A cada paso que daba podia ver el movimiento de su cabellera azabache y el color de sus ojos cada vez era más eminente.
- Si sigues así, serás consumido por el poder purificador de este templo- Tokio agachándose al nivel de Saito
- No creas que tu campo es tan poderoso, Arcángel Tokio- Saito se sentía rebajado, y ningún arcángel era digno de verlo en tal estado, mientras con dificultad se ponía de pie.
- Así está mejor, el Rey de Citnea debe cuidar su imagen, y menos verse débil ante el poder de un simple Arcángel -Tokio con una sonrisa, Mientras subía las escaleras haciendo un ademán para que la siguiera.
Saito camino en silencio hasta llegar al final de las escaleras, en donde se apreciaba la entrada, quedo admirado al ver el enorme edificio hecho de cristal y donde su puerta eran dos cristales entrecruzados.
- ¿Qué pasará si entro y atravieso esos cristales?- Dijo Saito con tono desconfiado en su voz.
- Pero que perspicaz, es obvio que perderás tus poderes de vampiro momentáneamente, en otras palabras, te sentirás como si fueras un humano normal- Tokio miró a Saito con seriedad.
- Débil, inútil y frágil – Dijo el rey de Citnea con cierto desprecio.
- Fuerte a causa de sus sentimientos y convicción, útil para amar y proteger a los suyos, y una fragilidad realmente valiosa. Ya que, las cosas que más se valoran, son aquellas que podemos perder. Si su vida no fuera tan corta, no la vivirán con tanta plenitud y devoción -Tokio miró a Saito con severidad
- Tonterías- Saito desvió su mirada ante el poderoso zafiro que ella le dirigía, se sentía despojado de sus poderes con tan solo verla...
- ¿Entrarás? - Tokio le dio la espalda y toco cada uno de los cristales, tornándose uno azul y el otro rojo. Gira hasta encontrar su mirada ámbar – ¿O tienes miedo de que aproveche tu momento de debilidad? – Este le dirige una mirada inquisitiva y esta solo le responde – No creas que soy como los de tu especie, para mí, es prohibido mentir, soy un Arcángel. No lo olvides.
Saito sin más remedio acepta pasar por en medio de los dos cristales, en cuanto los atraviesa siente como era despojado de todo el poder que le brindaba la oscuridad. Cuando se pudo poner de pie nuevamente, la ve a los ojos, reprochándole por no advertirle de aquel dolor que ahora sentía, al haber perdido lo que por derecho era suyo, un hijo de la oscuridad desprotegido ante un poderoso arcángel. Cuando voltio a ver los cristales causantes de todo ese dolor, pudo apreciar como ahora el rojo era negro, y el azul brillaba casi rayando en blanco.
- No te equivocas, esos son tus poderes, atrapados en el cristal rojo- Dijo la bella y sabia Arcángel
- Parece que estas llena de sorpresas, aunque no me siento tan diferente - Contestó indiferente el Rey de Citnea
- ¿En serio? - Tokio se le acerca y roza su mejilla con sus delgados dedos mientras pone la palma de su mano en el pecho de Saito, en el cual su corazón latía frenéticamente.
- ¿Qué me has hecho? - Dijo Saito dando un paso hacia atrás, notando la perdida de control sobre sus emociones.
- Nada, solo que ahora eres victima de las emociones, del deseo, incluso más que antes.
- Si me has llamado, es porque has aceptado mi oferta – dijo Saito desviando el tema al saberse descubierto por esa escrutadora mirada - ¿O me equivoco?
- Hay Megumi... - Tokio viendo la capa de Megumi sobre sus hombros ríe para sus adentros.
- ¡Mujer! Te he preguntado algo – espeto Saito enojado sintiéndose ignorado.
- No esta bien dejarse dominar por la ira, además de que te exijo que devuelvas la capa que te hemos prestado para que pudieras acceder a este reino - Tokio sin mover siquiera una pestaña.
- ¿Me exiges? No necesitaba de esta inútil capa para entrar aquí, además no vine a charlar contigo, quiero tu respuesta y no estos intentos de evasivas.
- ¡Insensato vampiro! Sin aquella capa te hubieras muerto en minutos – exclamo Tokio decidida a hacer callar al orgulloso vampiro, decide atacarlo y dirige un rayo de luz hacia su pecho.
- Maldita, te aprovechas tan solo porque en estos momentos me has despojado de mis poderes – la veía adolorido y lleno de rencor.
- Te equivocas, con o sin tus poderes te hubiera hecho lo mismo, ya que mis poderes provienen de la luz y los tuyos de la oscuridad, yo no te he despojado de tus poderes, ellos te han abandonado al entrar aquí – dijo Tokio altiva viéndolo ahora tendido en el piso.
- Quieres decir, que mientras este a tu lado, ¿No seré protegido por el velo de la oscuridad? ¿Por qué ustedes los arcángeles, aunque estén fuera de su reino, tienen poderes? ¡Exijo saberlo! – le grito confundido el rey de Citnea.
- Porque nosotros somos protegidos por la pureza de nuestra alma, por el amor y por aquel ser supremo que ni los humanos pueden ver. Y te aseguro que es mucho más poderoso que el que rige la oscuridad - Tokio se acerca hasta él y toca su pecho, así curándolo.
- ¿Por qué? - Saito podía sentirla en su interior, podía escuchar su voz tan suave dentro de su cabeza que casi parecía una ilusión y casi en un suspiro.
- ¿Por qué, que? - Tokio lo elevo con sus poderes hasta que quedara de pie.
- ¿Por qué me siento así ante ti? Tan desprotegido, tan vulnerable, como si pudieras leer mis pensamientos.
- Puedo ver dentro de ti, y aunque lo niegues, posees sentimientos puros, oscurecidos por tu ambición. ¿Ves el cristal azul? Brilla porque dentro de ti hay un poco de luz, solo por eso, he podido verte a través de los demás, solo por eso, he aceptado este pacto.
Saito se negaba a creerle, en un pasado cuando decidió entregarse a la oscuridad, amaba con locura a una humana, que murió por su débil condición, por eso juro que él no moriría y tampoco moriría alguien que él apreciará.
Saito abrió sus ojos, dejando ver un ámbar más claro que el anterior. Miro los labios que le habían dicho esas palabras con tanto afecto. Se acerco tambaleante hasta esa ilusión, si, eso era ella en ese momento. La veía tan perfecta, sus ojos azules lo miraban con amor mientras sus brazos lo esperaban.
Entonces lo confirmo, la abrazo con frenesí, para no dejarla ir nunca, pudo acariciar su suave cabello y aspirar ese sutil aroma a jazmines, mientras por su mente paso un recuerdo pasajero pero hermoso, que fue sustituido por aquella mujer que ahora le respondía con tanto amor como el que él habia puesto en ese abrazo. Por un momento pensó que era aquella mujer que habia perdido, pero cuando aprecio sus ojos y sus labios, olvido todo y en un intento desesperado, la beso. Probo sus labios, dulces, perfectos y celestiales, ella era todo lo que habia perdido su corazón para sanar y estaba hay con los brazos abiertos para él.
- ¿Qué me has hecho? Siento como si te conociera de hace mucho tiempo, Tokio, creo que aunque sea un vampiro, puedo llegar a amarte – se separo con delicadeza de Tokio, mientras sus manos se posaban en sus rosadas mejillas.
- Dilo de nuevo – dijo Tokio emitiendo un gemido, mientras una lagrima se escapaba de sus ojos.
- Te amaré – le dijo abrazándola, esperando ser correspondido.
- Di mi nombre nuevamente, sin el arcángel, sin esa pauta que te hace mi enemigo, por favor, tan solo di mi nombre – abrazándolo ahora con fuerza, suplicando con todo su corazón que todo aquello no fuera tan solo un sueño.
- Mi querida Tokio – le dijo mientras lo obligaba a verle a los ojos – Podría decir ese nombre por toda la eternidad.
-Gracias - Tembló en sus brazos de felicidad - Entonces que así sea – brindándole un suave beso.
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Habían pasado tres largos meses de paz, en las calles antes llenas de transeúntes de Lumen, ahora vacías, solo caminaban aquellos que iban al Templo en busca de un consejo o para expiar sus pecados.
Los vampiros miraban con cierto recelo a esos humanos, aunque no visitaban mucho esa ciudad, porque aunque les fue concebido el derecho de caminar por aquella ciudadela, la luz y el campo purificador les causaba daño.
Jine, un vampiro impuro, vagaba por las calles de Lumen con un solo propósito: Acabar con la paz establecida.
Con sus ojos dorados, ligeramente brillosos, miraba con morbo a su nueva presa, una hermosa sacerdotisa de cabello castaño al igual que su mirada, ella caminaba distraída mientras entraba al templo de Lux. Este en silencio podía olerla, flores silvestres, si que disfrutaría beberse cada gota de sangre de aquella hermosa y provocativa presa.
- Por favor, no permitas que la desgracia se apoderé de Lumen – oraba la sacerdotisa, sospechaba del rotundo final del pacto.
Jine apareciendo al frente de esta con una velocidad sorprendente - Creo que tus ruegos no serán escuchados, ahora, beberé toda tu sangre...
- Por favor, ¡No me haga daño! - La sacerdotisa asustada, corre lo más rápido que puede hasta llegar al centro del Templo donde cae en un espejo de agua.
- No te preocupes, te prometo que no sufrirás, incluso, te garantizo que lo disfrutarás - Jine ignorando sus suplicas y concentrado en la piel que dejaba ver la humedad de su ropa.
- ¡No te lo permitiré! - La sacerdotisa no permitiría que su alma fuera manchada – Tokio-san sabrá de su traición - mientras de sus manos, se emite una luz que lastima gravemente al vampiro, dejándolo con graves quemaduras, mas no lo suficiente para dejarlo fuera de combate.
Este encolerizado la ataca, haciendo un corte horizontal en el estomago de la joven que cae nuevamente en el agua tornándola rojiza.
- ¡Estúpida humana! – le grita mientras sale en busca de más vampiros.
La sacerdotisa siente como su vida se le escapa por aquella profunda herida, así con su ultimas fuerzas, llama a su hermano, que no tarda en llegar.
Abre sus ojos al ver la luz, que ahora tomaba forma de un hombre delante de ella.
- Lo siento, Shogo, no pude ser fuerte, como te lo prometí – le dijo sabiendo que seria la ultima vez que hablaría con su hermano, la sangre se aglomeraba en su boca y su vida se escapaba por la herida que le había hecho anteriormente, aquel fiero vampiro.
- ¡Sayo! Pero que te han hecho, yo... yo... que puedo hacer – desesperado el arcángel Shogo viendo a su hermana rodeada de su propia sangre, intentando detener la hemorragia con sus manos - No puedes dejarme, por favor, resiste, llamaré a Megumi para que te cure – brindándole una sonrisa desesperada, tratando de convencer a su hermana de que aun habían esperanzas de que sobreviviera.
- No te preocupes, hermano, mi hora a llegado y como mi ultima tarea, es mi deber decirte que los vampiros han quebrantado el pacto con sus sucias acciones – pone sus manos en sus mejillas, acercándolo para darle un beso – No pude ser más feliz teniéndote a mi lado, hermano – finalizo Sayo, dejando caer sus manos y plasmando un rastro de sangre en las mejillas de su hermano.
Shogo pierde el brillo de su mirada y ve como su hermana se despide de él con un beso en su mejilla - Sayo... mi pequeña hermana... ahora, no hay nada que me una a los humanos que tanto protejo – sintiendo todavía la calidez del toque de su hermana sobre sus mejillas.
Shogo retomo su forma verdadera, un ser de luz y se transporto hasta el pilar central, donde comunico la noticia de la traición de los vampiros.
Tokio triste al saber la muerte de su fiel sacerdotisa Sayo, se dispone a exiliar a todos los vampiros que se encontraban pisando el territorio humano, pero eso significaba la muerte de estos seres.
Saito al ver lo que ella se disponía a hacer - No puedo dejarte, son vampiros.
Tokio sentía su alma desvanecerse, puesto que sus palabras significaban el final de su amor.
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-----Fin del Flash Back----
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"¿Por qué nunca puedo saber como ella murió exactamente, ¿Por qué siento este dolor al ver en mis sueños a aquel vampiro de nombre Saito?"
Kaoru se levantaba de su cama, retirando la blanca sabana que la cubría, dejando ver su túnica rosada, que a diferencia de las otras, estaba sujeta por un broche con una piedra de Topas en forma de ovalo, mientras en su cuello, un collar en forma de lagrima con un zafiro, brillaba en la oscuridad.
Caminaba por inercia hacia los jardines del Templo de Lux, sabia que lo encontraría allí, sentía un gran afecto por él, así como él por ella.
Cuando pudo ver una delicada pluma gris en el mosaico de mármol, supo que no estaba equivocada, hay estaba. Entonces pudo apreciarlo, vio sus magnificentes alas ahora grises por los años de sabiduría, junto con su porte que era sostenido por un cuerpo atlético muy fornido y en su rostro, dos ojos azules viendo hacia el finito, tapados ligeramente por un mechón de cabello azabache muy similar al de ella, que era sujetado por una cola baja y llegaba hasta la mitad de espalda. Su túnica era azul oscura a diferencia de los otros arcángeles, y el cintillo con el cual era sostenida la pieza era dorado, en la cual iban prensadas dos kodachis, que tenían el mango dorado.
- Aoshi-sama...
- Dime, Kao-chan, ¿Qué te despertó esta vez? – Aoshi la miro con ternura mientras la alzaba en sus brazos – Has crecido y debes dejar de tener estos arranques - Mientras con sus dedos retiraba un mechón de cabello que se habia deslizado hacia sus rosadas mejillas.
- Aoshi-sama, es que... nuevamente, tengo estos sueños sobre Tokio-san. Ella... ella era muy importante para usted, ¿cierto? – dijo ocultando su pequeño rostro en el hombro de Aoshi.
- Si, Kaoru... ella era mi hermana mayor - Aoshi la abraza con más fuerza.
- Entonces usted debe quererme solo porque le recuerdo a ella – le dice con una mueca de tristeza en su rostro.
Aoshi la mira con tal intensidad que Kaoru no sabia si le diría que era cierto o si la regañaría - Es cierto – pudo ver en la carita de Kaoru la tristeza en si reflejada – Tienes sus ojos, su cabello, incluso hueles igual que mi querida hermana, pero, Kao-chan... es imposible no quererte, eres mi alumna y mi tesoro más preciado, eres lo único que tengo y no quiero que pienses lo contrario.
Kaoru lo abrazo y dejo escapar una lagrima, todos la veían como una copia de Tokio, todos esperaban que fuera igual a ella, todos la veían como su sucesora incluso en sus poderes. Era frustrante ser la sombra de una mujer tan poderosa...
- Gracias... Aoshi-sama – le agradeció en un susurro.
- Ahora vamos a dormir, Megumi no le gustara verte con ojeras mientras te enseña la técnica de la curación, y tampoco te defenderé cuando quiera castigarte.
Kaoru que ahora lo miraba con reproche, tan solo hundió su cabeza en el cuello masculino de este y movió su cabeza de forma afirmativa.
Para cuando llegaron al cuarto, ella ya estaba dormida.
Cuando la recostó, pudo verla detenidamente, los mismos rasgos que su hermana, su aroma, su linda sonrisa, su esencia pura y transparente. Una lagrima se asomo, pero no le permitió salir. Con el paso del tiempo, era más difícil para él, mirarla y no recordar a su hermana, ahora que tenia el aspecto de un humano de 17 años, era como ver a su hermana reencarnada.
- Tokio... no sabes cuanto nos haces falta – dijo mirando con una expresión melancólica a la gran luz que emanaba del centro de la ciudad – Gracias por dejarme a Kaoru – agrego antes de dejarla sola con sus sueños.
Ya cuando se hallaba sola en su habitación, los sueños la comenzaron a atosigar nuevamente.
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Si solo mi vida puede traerte de vuelta... entonces, que así sea, mi querido Hajime.
Te amo, mi querida Tokio... No mueras, no me dejes en esta soledad.
Sin ti, que haré...
Mi querido vampiro, toma el Corazón de Levis, con esto, me recordarás para siempre...
Si tan solo me brindarás un minuto de tu luz,
Si tan solo me regalaras un beso más,
Si tan solo me dejaras hacerte mía nuevamente,
Esta vida que me has obsequiado, nunca recompensara el amor del que me has privado, mi querido Arcángel...
En esta noche eterna que has dejado caer sobre mi, solo tu eras mi luz, solo tu me protegías de esta frialdad... no mueras... te lo pido...
Te amaré para toda la eternidad...
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En Citnea, el reino estaba pasando por terribles momentos, Enishi, hijo mayor de Saito, se encargaba momentáneamente de todo mientras Battousai intentaba ayudar a su padre, que desde exactamente tres semanas, había empezado a decaer sin razón aparente.
- Quieres que vaya a Lumen y traiga a la monarca – dice con mofa.
- Battousai, en ese lugar se encuentra la única persona que puede ayudarme – le dice su padre con seriedad, viendo ahora a su hijo menor que lo miraba con cierta molestia en su rostro.
- Lo sé, padre, tan solo me molesta la idea de ir a ese mundo, sabes muy bien lo débil que nos ponemos los vampiros cuando nos acercamos a sus territorios – le dice el ambarino, pensando que así se libraría de ir a ese lugar.
- Toma el Corazón de Levis y ve a Lumen – con el collar en su mano, le indico a su hijo con dificultad que lo tomará – Ella me lo dio para protegerme y ahora te protegerá a ti.
- Pero padre, esto es... – no podía articular palabra alguna, su mirada se fijo en su padre, algo que lo dejo impactado, en su rostro había una sonrisa marcada con dificultad.
- No te asombres, somos iguales, fríos en apariencia pero sentimos mucho más que cualquiera, yo era así, hasta que la conocí, y te recomiendo algo, hijo. En toda oscuridad debe de haber una luz alumbrando el camino, encuentra la luz que una vez yo encontré, todo nuestro poder es inútil si no tenemos a quien proteger - le dijo su padre antes de que se marchase, rumbo a Lumen para hablar con la nueva regidora de dicho reino.
- Siempre me he preguntado porque a pesar de ser vampiro, puedo sentir lo que los humanos sienten, pero ahora que tengo este collar, creo que encontrare las respuestas a mis preguntas en Lumen – mientras veía en camino con una mirada ámbar sin emoción alguna.
- Kaoru, es el nombre del arcángel que debo buscar – dice con cierto interés mientras piensa en como será aquella mujer que su padre tanto necesita.
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Espero que les haya gustado, y para la pregunta que me hicieron sobre si ken y kaoru son hermanos, no lo son, ya que Kaoru es un ser de luz nacido de los sentimientos de Tokio por Saito, no una unión carnal ni nada parecido. Aunque en este fic, ken tendrá mucha competencia.
