Hola a todos y muchas gracias por su apoyo, aquí los dejo con el nuevo capitulo no sin antes agradecerles y enviarles un beso.

Si quieren salir de dudas en cuanto a sus preguntas, lean lo ultimo

Idyllic love

Son of War: An idyllic love

Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No nos pertenecen, son propiedad exclusiva del grandioso mangaka Nobihuro Watsuki.

Datos de Interés

"-…-" Lo que dice un personaje

"-cursiva-" Lo que piensa un personaje

"" Cambio de escena.

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Capitulo # 3: Por tu felicidad: Mi sacrificio

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---------------------Idyllic love --------------------

Su corazón latía frenéticamente, sus manos buscaron sentir la piel masculina y se aventuro a tocarlo, sintió sus latidos y su respiración agitada tras tocar su pecho, sus brazos la rodearon haciéndola sentir algo que jamás había sentido, amor y protección, esa sensación que había conocido a través de sueños solamente, sus labios aun seguían unidos a los de él, y como un destello, en su mente una imagen la asalto, un vampiro muy diferente al que besaba, ojos dorados fuertes y maduros viéndola con cariño mientras ella le entregaba un regalo, su corazón.

Abrió los ojos y se separo amablemente de aquel contacto empujando levemente al apuesto vampiro con sus manos aun en su pecho. El sonrojo en las mejillas de ambos permanecía haciéndolos ver adorables, se sentía confundida, ya que su corazón no sabia si el amor que sentía por aquel vampiro de sus sueños, era solo una ilusión creada al tener las memorias de Tokio.

No le importaba en ese momento, sus manos tomaron las de él para sentirlo una vez más, para ella era como una caricia su respiración calma y queda, se permitió perderse en su mirada ámbar, recorriendo los mechones de cabello rojo fuego que se caían sobre su delicado rostro. Pero toda esa magia fue interrumpida por la culpa, estaba en presencia de Aoshi, ella no podía actuar de esa forma. Sus ojos mostraron tristeza y decidió soltar su agarre.

- Lo siento, iré contigo pero ahora, estoy muy confundida– le dijo mientras secaba la lagrima que antes se había deslizado por su mejilla, aun sin notar el color de esta – Ayudare a Saito-san, no te preocupes – le dijo con una sonrisa al ambarino que parecía escuchar sus palabras. Se puso de pie con cuidado y le ofreció su mano sabiendo que él aun estaba bajo los efectos del campo purificador. Los dos intercambiaron miradas, ella giro para irse a donde Aoshi la esperaba.

- Kaoru – dice Battousai solo para ella, sosteniendo su mano al ver que le daba la espalda – Disculpa mi comportamiento, pero pensé que sentías lo mismo

- No sé a que te refieres – dijo la pelinegra con los ojos cerrados aun sin verlo – Príncipe Battousai, guardemos distancias... en estos momentos estoy muy confundida, espero me comprendas – su mano aun la retenia, cuando dio la vuelta para verlo, expreso todo con una mirada.

Con sus ojos le suplicaban que la dejara ir, él percibió en ese azul zafiro tan profundo, un brillo de desesperación y confusión, pero sus ansias de saber si ella soñó lo mismo que él, eran más grandes que su propio ser.

- Dime que has visto lo que yo veo, dime que has soñado conmigo – le dice jalándola hacia él nuevamente – Lo veo en tus ojos, sientes lo mismo que yo.

- Suéltala – ordeno Aoshi al ver la escena – Ella irá a Citnea con ustedes, partirán mañana al cambio del pilar- le dijo señalando el pilar con su dedo índice - cuando cambie a color rojo, ella estará esperándote junto a Megumi en la entrada de la ciudad. Ahora si me permites, me la llevare – agrego mientras tomaba la mano de Kaoru.

Battousai soltó la mano de Kaoru acariciando por ultima vez su piel hasta solo tener sus dedos, no la quería dejar partir. Ella lo miró confirmando que no seria un adiós, lo miraba aun estando caminando junto Aoshi, y él no se perdería ni un segundo del hermoso color de sus ojos. Dejo de mirarlo sólo cuando el ojiazul le jalo la mano mientras con la mirada la reprendía.

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Aquel arcángel de nombre Aoshi, la apartaba de su lado, pero en sus labios se dibujo una sonrisa, la promesa de volver a verla palpitada desenfrenada en su ser, y la esperanza de ser el dueño de su corazón no abandonaba sus labios, los que antes ella había besado y correspondido. Fue cuando vio su hermosa cabellera desaparecer tras la capa azul de Aoshi que cayo en cuenta de su debilidad, se sentía débil a pesar de haber sido curado, no podía negar su naturaleza vampírica en ese mundo, necesitaba sangre y en ese mundo no la obtendría.

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- Admito que me has impresionado, incluso estando bajo la influencia del campo purificador de Kaoru, luchaste con destreza y velocidad – dice Hiko que ahora estaba parado frente a él con los brazos cruzados.

- Claro, tan bien luche que ese arcángel me derroto con gran facilidad – espeto con cinismo impreso en su voz el ambarino que se sentía inferior, humillado, se puso de pie para llegar al nivel de Hiko, pero aun así, este seguía viéndolo como algo pequeño.

- Tus poderes merman considerablemente al ser vampiro, no tenias ninguna posibilidad ante Aoshi, él es un juez ... además de que es protegido por Kaoru, aunque ni él mismo lo sepa – dice Hiko sonriendo abiertamente – Pero... – su semblante cambio y con seriedad le dijo – Pensé que siendo hijo de Saito, dominarías el Gatotsu, no el Hiten Mitsurugi Ryu.

- Mi padre no me entreno, aunque fuera mi contrincante y me ayudara a perfeccionarlo, además de que el Gatotsu morirá con mi padre, ni a Enishi se lo ha enseñado – le dice un Battousai pensativo tomando su mentón.

- Sé perfectamente que Saito no te lo enseño – le dice Hiko sonriendo – las únicas personas que dominan dicha técnica somos, Sanosuke, Shogo, Genzai y por supuesto yo, aunque la domino más que ellos.

- ¿De donde conoce a Sanosuke? – le pregunto el ambarino cansado de todo ese misterio que rodeaba a su amigo.

-Hay cosas que no debes saber por tu bien – le dijo Hiko dirigiéndole una mirada rotunda, haciéndole entender que debía saber todo a su debido tiempo.

- Sanosuke es más que un vampiro, eso lo sé, la facilidad con la que domina cualquier técnica y su resistencia a los ataques de luz me hizo dudar hace mucho tiempo de él – le dijo Battousai mirándolo de la misma forma – No me importa su procedencia, pero las mentiras y las conspiraciones me enferman.

- Puedes confiar plenamente en él – suspira el apuesto arcángel – por ahora tendré que entrenarte, ya que se avecina una guerra en la cual, tendrás el protagónico – agrego sonriente Hiko – Sé que Sanosuke te entreno muy bien, pero él no domina el principio secreto, no es su especialidad.

- Mi padre no desea otra guerra, pero Enishi, si – menciono con los ojos cerrados, Battousai mientras meditaba las ultimas palabras dichas por el hombre robusto que tenia al frente – Soy vampiro, aunque este aquí ahora no seria contraproducente entrenar a su enemigo.

- Kaoru ha roto el sello de tus sentimientos, así como Tokio lo hizo una vez con tu padre al ser de procedencia humana, a mi no me mientas, te sientes atraído a ella porque el destino les obsequio la oportunidad que se les fue negada a sus creadores, solo por eso, podrás aprender el principio secreto, sin el amor que sientes por Kaoru, hubiera sido imposible aprenderlo – le dijo sin mirarlo, Hiko.

- El sello de mis sentimientos... – Battousai repitió aquellas palabras recordando la sensación que Kaoru había dejado en sus labios.

- Los vampiros están condenados a ser consumidos por su sed de sangre y poder, por eso, los de tu especie serán consumidos por la oscuridad a la cual pertenecen – cerro los ojos y respiro profundo - Kaoru te ha librado de caer en la prisión de tus propios instintos, ahora sientes, tienes la opción de vivir y todo se lo debes agradecer a tu padre – Hiko finalizo diciendo esto ultimo despacio, no sabia si el chico malinterpretaría sus palabras, puesto que ya había sentido los celos en él, al Kaoru mostrar emociones hacia su progenitor.

- Este collar, tiene que ver con lo que siento desde pequeño¿Cierto? – Su mirada ámbar se clava en los ojos verdes de Hiko, transmitiéndole lo necesario que era sacarlo de su duda.

- El Corazón de Levis, es un fragmento del alma de Tokio, el único amor de tu padre, este te protege de la oscuridad, o sea, de su influencia... No tienes idea del poder que posee el amor como protección – le declara sin más remedio Hiko.

- El amor... su amor – piensa el ambarino mientras en la palma de su mano, resplandecía un zafiro en forma de lagrima.

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Había permanecido parado deleitándose de su sola presencia, él la miraba mas ella seguía renuente a subir su mirada, ya que parecía que la pelinegra encontraba muy interesante los mosaicos de mármol color perla. Su cabello negro lucia hermoso y más largo de lo que lo recordaba, sus labios antes rozados ahora estaban teñidos por un rojo carmesí tentativo y su cuerpo era más esbelto, quizás porque ahora era toda una jueza, un arcángel, había madurado en todas las formas desde que le obsequio lo más preciado que tenia tan solo para verla vivir.

Recordó la ultima vez que la beso y le dijo adiós, una sonrisa melancólica adorno su rostro, memorias de tiempos felices se calaban por sus huesos. Su partida no había sido la más adecuada, pero era mejor que ella pensase que él estaba muerto, así había evitado causarle el dolor con el cual él había vivido diecinueve años de su vida sin verla.

Ella nunca entendería su naturaleza ahora, si de algo había servido su sacrificio, ahora lo entendía. La miro detalladamente y supo de inmediato todo lo que se había perdido, su reconocimiento como jueza, una alumna a la cual proteger y educar, pero sobre todo, le había dado la oportunidad de vivir y ser feliz, aunque no sea a su lado.

Miro al cielo y en un suspiro, dejo salir toda la tristeza que sentía en ese momento. Su cinta roja le provocaba un extraño dolor de cabeza, era la prueba de su falta, era lo único que lo mantenía en ese mundo, porque era la prueba de su amor por Megumi. Giro en sus pies y decidió marcharse, no era tiempo de enfrentarla.

- ¡Sanosuke! – grito Megumi al juntar el valor para verlo una vez más y descubrir que él se alejaba - ¡Sanosuke! – repitió en tono más alto con insistencia al ver como se alejaba cada vez más de ella.

- ... – Sanosuke se detuvo, y aun sin voltearse, decidió escucharla.

- Mírame, por favor – suplica una Megumi a punto de explotar en llanto, deteniéndose a unos cuantos pasos de él.

- No me hagas esto más difícil, Megumi – le dice apretando sus puños y bajando su cabeza.

- Si estabas vivo... ¿Por qué nunca regresaste a mí? – alcanzó a decir mientras corría, quedando al frente de él, buscando su mirada.

- Han pasado diecinueve años desde la ultima vez que te vi – abre sus ojos dejando ver un chocolate cristalino, su mirada llena de tristeza se fijo en los ojos de Megumi haciéndola temblar – Nuestro amor no era permitido, así como lo fue en ese entonces, así como lo es en el presente. Soy un vampiro, Megumi, nuestro amor y aquel mundo que una vez soñamos juntos, fue destruido por la guerra y mi origen.

- ¡Mentira! Eres un cobarde, nuestro amor supero todo en un pasado, no entiendo como ahora eres un vampiro, pero... no me dejes de nuevo, no ahora que sé que estas vivo... No lo hagas, por favor... Sanosuke – le dijo antes de abrazarlo en un impulso fugaz para comprobar si aun él sentía lo mismo que hace años atrás, en un pasado donde se amaron en plenitud, donde lo perdió pensando que él había dado su vida por ella. Ahora estaba ahí, con ella, sintiendo cada milímetro de su ser nuevamente, su aroma masculino permanecía intacto y su fuerte pecho era igual de cálido y reconfortante como lo había sido en el pasado.

Al sentir el contacto de Megumi, su piel se erizo y sus sentidos se agudizaron, su cabello aun despedía la misma fragancia a flores silvestres, su piel era tan suave como en ese entonces, sus manos aun podían despertar deseos en él y no lo podía evitar.

Su frustración de no poder tocarla lo hería y lo atormentaba, pero si lo hacia, perdería el derecho de estar en ese mundo. En todos esos años, no hubo un día en el que no pensara en su hermosa Megumi, aunque peleara y gritara de más, era una mujer fuerte y cariñosa, que lo había enamorado con su extraña manera de ser y impetuoso espíritu.

Su corazón le gano a la razón, y sin pensarlo, correspondió el abrazo apegándola a él con pasión, quería sentirla por ultima vez.

- Cuando morí, no pudiste escucharme, no pude despedirme de ti... aunque supiera que no te vería jamás, sostuve con fuerza tu regalo, aquel que me diste cuando te enseñe la técnica de la curación, tu cinta roja favorita... pero ahora te lo diré – la aparto de él para ver sus mejillas rojas y sus labios entreabiertos evocando un beso, uno que él no podía darle haciéndole más difícil sus ultimas palabras – Siempre te amaré, Megumi... Adiós.

- No te vayas – Megumi no lo dejaría irse, se apego a él con fuerza.

- No quiero, pero debo – se aparta de ella y un gesto de dolor se formo en su rostro, uno que oculto rápidamente para que ella no lo notase.

- Te volveré a ver... Sanosuke – fue lo ultimo que dijo antes de verlo partir y perderse en el interior del carruaje donde el príncipe de Citnea lo esperaba.

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La miraba detenidamente, su hermoso rostro sonrojado y apenado era algo de admirar, estaba enojado con ella por haberlo desafiado pero no podía gritarle ni mucho menos decirle nada hiriente. Su pequeña, tarde o temprano encontraría esa parte de su alma, el amor hacia esa raza la cual quiere salvar, aunque ellos solo deseen su muerte.

La sobreprotegía, lo sabia, pero como retener esos deseos si lo único que quería era tenerla a su lado, verla crecer y madurar por siempre, era como su hija, su protegida, el ultimo regalo que le había hecho su hermana para no dejarlo solo. Sabia que llegaría este día, en el cual ella se alejaría de él, en el que su amor por él cambiara. Siempre lo había visto como su príncipe azul, para ella él era perfecto, su primer amor, como el que una pequeña niña que ve a su padre con ojos de enamorada. Sonreía al verla arreglándose para él, corriendo llamando su atención, pero ahora que habia crecido todo cambiaria.

- Mírame, Kaoru – le dijo suavemente Aoshi, con una calma poco característica en él.

- Lo siento, Aoshi-sama – Kaoru dijo esto muy bajo pero llego perfectamente a los oídos de Aoshi.

- No estoy enojado – Aoshi se levanta y se sienta a su lado, pasa su brazo por sus hombros atrayéndola – Fui un tonto, sé que has crecido y que... tarde o temprano enfrentarías tu destino como monarca que eres – dice sonriendo para ella.

- ¡Gracias, Aoshi-sama! – Kaoru al principio se había quedado muda, pero cuando reacciono, la felicidad apareció en su rostro y una sonrisa acompañaba a sus mejillas rosadas, lo abrazo efusivamente al sentirse tranquila y cuando se aparto, su sonrisa seguía vigente como la de una pequeña niña – Tendré mucho cuidado cuando este en Citnea, no se preocupe... pensé que usted no me aceptaría después de esto. He cometido el mismo error de Tokio-san, ser cautivada por un vampiro – dijo cabizbaja

- No hablemos de ello¿si? Vamos a preparar tu equipaje y escogeremos algunas armas, Yahico y Tsubame nos esperan.

- Vamos – dijo Kaoru tomando su mano y sonriendo. Aoshi la miro así, sonriendo y un presentimiento invadió su ser, quizás... esa seria una de las ultimas sonrisas que vería de ella. Apretó su mano y sus ojos se cerraron rápido, como queriendo borrar una imagen de su mente.

- ¿Aoshi-sama? – Kaoru sintió como la mano de Aoshi habia apretado la suya y perdido su color, en su rostro una expresión triste, habia cerrado los ojos como huyendo de alguna imagen desagradable.

- Sigamos, solo es un dolor de cabeza – Aoshi abrió sus ojos, Kaoru seguía viéndolo preocupada, se dio de cuenta de que ella habia notado su reacción, y lo peor, ella no habia creído ni una sola palabra.

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En el carruaje, Sanosuke y Battousai eran guiados por un ángel hasta dos habitaciones, estas estaban detrás del templo para evitar algún contacto con los humanos.

- Esa arcángel, ella es parte de tu pasado – comento de improvisto Battousai, sintiéndose incomodo por el silencio, Sanosuke habia permanecido callado y inexpresivo, muy extraño en él.

- Siempre quieres saberlo todo – Sanosuke suspiro, supuso que ya todo se descubriría poco a poco – Sí, hace treinta y cinco años la conocí, era estudiante de Hiko, el arcángel que te enseñara el principio secreto del Hiten Mitsurugi – Suspiro nuevamente y cerro sus ojos – Te lo contare de manera resumida.

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------ Flash Back------

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Una hermosa mujer de cabellos negros estaba de rodillas ante una columna pequeña en la cual, veía muy concentrada a un pequeño conejo blanco herido. Sus ojos chocolates se mostraban enojados, se levanto y estiro su vestido blanco largo, se pego en las piernas repetidas veces en signo de inconformidad.

- Si sigo así, nunca aprenderé la técnica de curación – dijo con tristeza para si misma la pelinegra.

Sanosuke observaba todo divertido, el berrinche de la pelinegra, sus mejillas rojas y su cabello revuelto la hacían verse realmente hermosa.

Bajo lentamente sin ser escuchado, de los tejados donde le gustaba ver el cielo que ahora resplandecía de color verde, era la hora de la oración en el Templo de Lux y el pilar cambiaba para avisarle a sus ciudadanos del evento.

Su cabello chocolate era largo, hasta llegar a sus pantorrillas, agarrado en una coleta baja. Su túnica azul era signo de ser poderoso y sus ojos seguían detalladamente los movimientos de la nueva aprendiz de Hiko, quien ahora prácticamente, estaba ahorcando al pobre animalito.

- Si quieres curarlo, no creo que eso ayude mucho – dice un Sanosuke muy divertido, recostado contra una de las columnas del templo.

- Te diviertes con mi incompetencia – gimió de rabia la pelinegra

- Solo quiero ayudarte, pero veo que para ser un ángel, eres muy orgullosa, tan solo concéntrate en la herida, y transmítele un poco de tu energía vital, desea con todo tu corazón que sane, cuando tus deseos sean sinceros, cuando quieres conservar su vida no sólo porque así te lo asignaron, en ese momento entenderás la vida y su belleza, y serás capaz de convertir el dolor en amor.

- ¿Cuál es tu nombre? – pregunto la pelinegra viendo con admiración al alto joven que había hablado con tanta energía y amor hacia la vida.

- Sanosuke, no debí decirte esto, adiós – le dijo girando sobre sus pies y dándole la espalda.

- Megumi – dijo la pelinegra, dando unos pasos hacia delante.

- ¿Disculpa? – le dijo Sanosuke girándose

- Megumi, es mi nombre, Sanosuke... – le dijo un poco sonrojada la pelinegra, a lo cual el castaño le hizo un ademán con la mano y le regalo una sonrisa.

Después de ese encuentro para Megumi fue mucho más fácil aprender la técnica de la curación, la logro manejar a la perfección con el deseo de volverlo a ver, a aquel sujeto misterioso que le había regalado esa singular sonrisa que no se borraba de sus pensamientos. Hasta que un día escucho de los labios de Hiko su nombre.

- Sanosuke vendrá a visitarme, es muy importante que permanezcas callada, puesto que aun no eres un arcángel, creo que puedo confiar en ti respecto al tema del cual hablaremos – Comento Hiko tranquilo mientras practicaba con su espada.

- Si, Hiko-san, seré discreta – dijo ocultando su alegría Megumi – si no me necesita, iré a ver a Gensai-sama – dijo antes de empezar a correr en dirección opuesta a la de Hiko.

Sanosuke observo la escena desde el jardín donde siempre escuchaba las voces del viento y el agua, y sin saber porque, al ver la alegría que le ocasiono su nombre a esa chiquilla le provoco una sonrisa.

Cuando por fin se acabo el entrenamiento de Hiko, se dispuso a caminar al templo donde lo esperaban.

Como siempre, llego primero que Hiko al lugar del encuentro, se sentó en las sillas blancas y espero mientras tomaba un poco de agua. Escucho los pasos de Hiko y unos segundos detrás de él.

- Sanosuke, tan puntual como siempre – dijo con pasividad Hiko, tomando asiento delante del castaño - Ella es Megumi, mi pupila... aunque no por mucho tiempo, dentro de dos semanas nacerá como un arcángel – Hiko tomo la mano de Megumi y le indico que se sentará.

- Megumi-kun, veo que mis consejos fueron de ayuda – dijo sin abrir los ojos, estaba serio, no quería darles esperanzas de ninguna clase a aquella jovencita.

- Gracias, Sanosuke-san – fue lo único que dijo una apenada Megumi.

- Veo que se conocen, no es justo que interfieras en mis métodos de entrenamiento Sanosuke, de ahora en adelante ella será tu pupila – dice sonriendo sonoramente Hiko

- No veo ningún inconveniente – Sanosuke permaneció serio, sin mostrar ningún animo por la noticia, esto hizo que Megumi apretara sus manos y bajara su mirada.

Aquellas semanas, Sanosuke le enseño como curar personas con enfermedades terminales, heridas graves y un pequeño niño atacado por un vampiro, ocasionándole estar al borde de la muerte.

Para Megumi no fue fácil tenerlo como maestro, era más exigente que Hiko, pero era que su pasión por la vida era mucho más grande, su sed de conocimiento era incontenible y para ella, era excitante cada día al lado de ese hombre.

Él la mayoría del tiempo la evitaba, sus miradas eran fugaces y evasivas, hasta era grosero a propósito en algunas ocasiones dándole a entender que nunca pasarían de ser maestro y alumno.

Megumi siempre trataba de guardar la compostura, pero había momentos en los que su actitud la hastiaba y le gritaba, sacando lo peor de su ser. En otros, Sanosuke era la perfección hecha de carne y hueso, como aquella tarde en la que lo conoció, ella lo amaba por ser así. Sabia que él intentaba alejarla por su rango y su responsabilidad como juez de la gula que era.

Todos los días iban a la Colina de los Amantes a ver el cambio de los colores del pilar, era hermoso ver ese fenómeno, cada color indicaba una ceremonia, una ocasión, así como cuando era hora de dormir y el pilar daba la ilusión de un azul oscuro que cubría todo el cielo para así asimilar esa etapa del día que se les había negado. Se acostaban en la grama y meditaban juntos, no hablaban ni se tocaban pero ellos entendían que ambos se amaban, aunque Megumi creía que él solo le tenia cariño por ser su pupila.

Ese día en particular, Sanosuke vio como Megumi nacía nuevamente envuelta en sus alas grises, como un arcángel y no lo necesitaría más. Ella sonreía ante Tokio, Aoshi, Shogo, Genzai y Hiko que la felicitaban, su túnica ahora rosada pálido la hacia verse hermosa, su vista apenada se concentro en él y con pasos nerviosos camino hasta él.

- Sanosuke-san, gracias – le dijo Megumi acomodándose un mechón de cabello tras su oreja, lo miraba con amor, tomo sus manos, bajo la mirada y luego volvió a verlo esperando una respuesta, por lo menos el más mínimo comentario de parte de él.

- Sígueme – le dijo Sanosuke apretando su mano y sonriendo mientras ella lo seguía emocionada. Cuando llegaron a la colina, él soltó su mano y sin decir una palabra, se sentó cuidadosamente.

- Gracias, Megumi – dijo Sanosuke recostándose en la suave grama verde.

- ¿Por qué? – ella permanecía de pie observándolo

- Por recordarme lo que era ser feliz, por ayudarme a encontrar la pasión que sentía al ayudar a otros, sin ti no hubiera vivido todo esto – Sanosuke se sentó y tomo la mano de Megumi, pidiéndole que lo acompañase.

- Gracias a ti por enseñarme todo esto, sin ti... nunca hubiera entendido que para salvar vidas, primero tengo que amarlas – dijo sentándose a su lado,

Él la miro con una sonrisa en sus labios por largos minutos, ella no podía despegar sus ojos de esa mirada, sus mejillas se encendieron y su corazón palpitaba rápido, sin darse cuenta, desde que lo vio aquella vez en el templo, amo con todo su ser a Sanosuke. Él dejo de mirarla y tomo su mano haciéndola acostarse junto a él, y sin pensarlo, Megumi se recostó en su pecho para escuchar sus latidos. Se quedaron así hasta que el pilar brillo azul en el centro de la ciudad, era tiempo de descansar, ella se levanto apoyando su peso en su codo y el otro brazo seguía en el pecho de Sanosuke, él agarraba la mano que estaba en su pecho y sin avisarle, movió su cabeza hacia delante y la besó.

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---------- Fin del Flash Back-----------

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- Cuando se traiciono el pacto que Saito-san había acordado con Tokio-san, empezó la Guerra en Lumen, tuvimos que defender a los ciudadanos para evitar más muertes, lastimosamente en esa batalla Megumi salió herida y yo me interpuse en un ataque, el resultado, veme a aquí, ahora soy un vampiro – Sanosuke termino de decir con gran tristeza en su voz.

- De arcángel a vampiro, como puede ser eso posible... – dice Battousai sin entender toda la información que su amigo le había brindado – Ustedes no sangran, solo mueren si su alma es quebrantada o influida por la oscuridad.

- No te equivocas, mi amor por Megumi fue el que me llevo a la tumba y a esta condición, nuestro amor esta prohibido... así como el tuyo – dijo tocando su pecho ante la insistente molestia que sentía desde su encuentro con Megumi.

- Algo no ha quedado claro, Sanosuke – dijo Battousai ahora dudando aun más de su amigo – Entre arcángeles no es prohibido enamorarse, es más, los hace más fuerte... tú eres algo más que un arcángel¿cierto?

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En el quinto templo de Lumen, el más pequeño de todos, en donde iban aquellos que necesitaban salvarse del pecado de la Envidia, en este se oraba si sentían ese sentimiento en su interior y también, vivía el juez de dicho pecado, un arcángel de piel blanca, facciones delicadas, cabello chocolate oscuro agarrado en una cola alta y ojos carmesí.

Era el arcángel menos amado, temido por los humanos, de apariencia hermosa pero en realidad de naturaleza misteriosa, sus ojos color sangre era lo más extraño en él, cualidad que se le obsequio para ver en los corazones de los humanos, el pecado que más se comete cuando se ansia lo que otro posee.

- ¡Maldita sea! – se escucho el estruendo de un golpe seco – Si ella se entera de nuestros planes todo se arruinará – se escucho una voz decir esto un poco perturbada.

- No permitas que lleguen al castillo, si ella lo ve, sabrá del trabajo de envenenamiento – dijo la misma voz grave proveniente de un rincón oscuro del templo.

- Esta bien acompañada, mi señor – otra voz se escucho, un joven de cabello chocolate y extraña sonrisa, escuchaba las ordenes de lo que él llamaba, su señor.

- Envié a un mensajero bastante peculiar por mi guerrera, solo entrégale la flecha y el recipiente con el conjuro – dijo antes de dejar en su lugar una flecha con la punta rodeada de un aura oscura y una vasija pequeña de tapa roja.

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En otro lugar más oscuro, el cielo negro y una neblina cubriendo todo a su vista, una joven de piel blanca y cabello negro largo agarrado en una coleta alta caminaba lentamente, por lo que parecía un cementerio. Las piedras talladas con nombres olvidados de un tiempo donde la vida era algo invaluable en esa tierra abandonada por la esperanza.

Las lapidas y el olor a cadáveres se calaba en sus sentidos, chasqueo sus colmillos, su delgada ropa negra no la abriga lo suficiente y todavía no llegaba el dichoso mensajero. Sus pies sintieron una molestia y su mirada busco la razón encontrándose con un humano agonizante, victima de algun sirviente de la noche, era mejor dejarlo ahí antes de que descubrieran que era un vampiro impuro.

Patético fue lo único que paso por su mente, se deshizo del agarre y siguió caminando hasta ver una silueta con una capa negra tapando su rostro, pensó nuevamente en el humano y recordo una escena de su pasado, una en la cual ella rogaba por la vida de su abuelo y a cambio, se la llevaron a ella. Su furtiva mente era su peor enemigo, la hacia vagar por callejones sin salida, una vida mejor; recuerdos de una niñez en la que podía sentir su sangre recorriendo sus venas al correr, su corazón acelerado al sentirse nerviosa, sus ojos llenos de vidas que reflejaban un alma pura. Ahora todo en su vida terminaba con una sola palabra... Sangre.

Sonrió para sí misma, camino apurando su paso hasta quedar a escasos cinco pasos del mensajero que le asignaría su nueva misión.

- Misao, te esperaba, te tengo una misión muy importante. No debes dejar que la monarca de la ciudad de Lumen pise este reino, deberás herirla con la flecha que se te será entregada y también, traeme un poco de su sangre – dijo sin revelar su identidad.

- Si no lo hago – dijo la joven de ojos esmeralda al mencionarle el cargo del arcángel. Recordaba perfectamente como aquella jovencita la habia salvado de los vampiros la primera vez que atacaron su casa en las afueras de la ciudad, su abuelo era un ángel y por lo tanto, debia custodiar las puertas. La segunda vez sólo pudo verla gritando su nombre, un hombre de mirada gélida reteniéndola, si... ella fue la única que intento salvarla.

- Sabes muy bien que le haré a Okina, si no sigues mis ordenes – dijo tomándola por el cuello – Si no cumples con tu misión, el viejo pagará – agrego antes de dejarla caer y desaparecer, dejando un fétido olor en el ambiente.

- Okina... – dijo agarrando la tierra en sus manos y llorando sola en ese tétrico lugar, no era su hogar, había sido obligada a ser vampiro, pero ya no había vuelta atrás.

- Kaoru, no te quiero hacer daño, pero si es necesario para mantener con vida a Okina, lo haré – dijo recordando el dulce rostro del arcángel que una vez le ofreció su amistad.

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Hola, gracias a todos por su apoyo.

Ane Himura: Hola¡ bueno si muy romántico nos salió Battousai, y habrá mucho mas love en el aire jeje, además de que vendrá la aparición de Enishi y Shishio, y por que no decir un Aoshi sobre protector, sobre Misao aquí la tienes y si, es un vampiro, pero uno impuro.

Michel 8 8 8: Gracias por tu review, el primero¡ Siento haberte decepcionado con la pelea, pero la naturaleza de Ken no le permite utilizar su fuerza en su totalidad, además de que Aoshi es un ser celestial y hubiera sido fantasioso ponerle un grado de dificultad. De todos modos abran mas peleas y quizás me puedas ayudar con eso jajaja, a ti si que te gustan esas escenas y el fútbol

Mei Fanel: Gracias por tu apoyo, espero no haberte hecho esperar mucho y por favor, sigue leyendo este fic y brindándome tu apoyo.

Arcasdrea: Gracias¡ y no te preocupes, con tal de saber que lo leíste me conformo, tan solo espero que este capitulo también te guste

Katsumiyo: Muy buena pregunta, Kaoru es un ente creado a partir de Tokio, por lo tanto, tiene sus poderes, recuerdos y hasta algunas similitudes en el carácter, ella recuerda a Saito por medio de sus sueños, por los cuales se comunica con Tokio, el amor que siente por Saito solo es la ilusión de las memorias de Tokio pero Kaoru tendrá que entender eso y superarlo para poder amar a Battousai. Tu segunda pregunta, bueno, se avecina una nueva guerra en la cual todos quieren poseer a Kaoru al ser la clave para la destrucción de ambos reinos así como la salvación también, y todo depende de la decisión de su corazón.

Naraiel: Aquí esta la actualización, y habrá muchos más secretos así que no te preocupes que la intriga seguirá, espero que te haya gustado este cap, gracias por el apoyo¡

Odd Girl: Gracias por el comentario, en cuanto a Misao, pues aquí la tienes

Azusa: Amiga¡ muchas gracias por leerlo, y tratare de escribir mejor eso de los diálogos jejeje

Si tienen más preguntas, díganmelas que con gusto les respondo, bye y un beso¡