Después de tanto tiempo sin Internet, con obstáculos como mi hermana borrándome mis capítulos y mis poemas he vuelto…. XD Mínimo Terminator... mentira, en serio estoy avergonzada por todo lo que demorado pero me esforcé bastante y es que este capitulo esta dedicado a una persona muy especial que se le gusta mucho una pareja que faltaba por aparecer, esa personita es Al Shinomori o algunos la conoceran como Alis-chan o Rinko Inukai, pero tambien a mi amiga Arcasdrea que siempre me ha apoyado T-T Las quiero mucho
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Capitulo # 5: El Significado de la Vida: Misao
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Despierta,
Inocencia, amor, se perderán en nuestro delirio
Kaoru, hija de la Guerra entre
La luz y la oscuridad,
Eres la única que puede dar luz a este mundo,
Sacrificio es la respuesta a tus preguntas.
Por nuestro corazón,
abre los ojos
La muerte es solo una opción
La eternidad esta tan cerca de tus manos,
Tan solo despierta...
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- Tokio-san – Kaoru movió sus labios.
Días han pasado desde la ultima vez que formule mi constante interrogante. ¿ Podré yo salvar a un mundo el cual escogió sumergirse en la oscuridad? Tristeza, dolor y amor se mezclan en mi corazón ¿La sangre que corre por mis venas será la respuesta a mis preguntas?
Esta humanidad podría ser la única conexión entre los humanos y los vampiros. Aoshi-sama ha visto un futuro devastador en sus premoniciones, pero mi corazón se inclina por un final feliz.
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¿Seré capaz de lograrlo?
¿Soy capaz de no decepcionarla, Tokio-san?
Yo seré...
Yo viviré incluso si muero.
Kenshin...
Mi querido príncipe, incluso si muero,
mis alas me traerán de vuelta a ti
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Un sabor metálico invadió sus sentidos, su cuerpo entumecido comenzaba a recuperarse del envenenamiento mientras sus manos tomaron con fuerza el brazo de la persona que le había ofrecido una cura. Abrió los ojos y una imagen borrosa tomó forma ante él, Sanosuke le había proporcionado un poco de sangre para sacarlo del decadente estado en el que se encontraba. Sus ojos se cerraron por unos instantes, no le encontraba ningún sentido a levantarse.
- No es hora de darse por vencidos, Kaoru necesita de nosotros más que nunca – dijo Sanosuke al ver las intenciones de Battousai.
Sus ojos se abrieron desmesurados, el aroma de Kaoru estaba en el aire mezclado con el de su hermano, sus puños se contrajeron en impotencia al recordar como había sido vencido con facilidad, en sus manos veía la tierra la cual era su reino, él ya no pertenecía a ese lugar. Por su mente paso el recuerdo de su madre hiriéndolo, nunca pensó que ella fuera capaz de algo así, todos los seres que había conocido en tan solo un día le habían mostrado más afecto que su propio reino. Dejo escapar la tierra entre sus dedos y los vestigios aun en su palma... Nada.
- "Ella.. no fui capaz de... Sangre.. Por sus venas corre sangre como nosotros, si él la poseyese... si se atreviera a tocarla" – Battousai abrió sus ojos decidido a enfrentar a su familia, tomo la mano que Sanosuke le extendía con una sonrisa al saber de la nueva decisión de su amigo con tan solo verle los ojos. Se levanto dejando ver sus destellantes ojos ámbares impregnados de fuerza y un nuevo sentimiento, Amor, eso sentía por la nueva monarca de Lumen.
- Kenshin – dijo con determinación Battousai – Ella me llamo de esa forma... me suena tan familiar y a la vez tan distante – dijo el pelirrojo viendo sus manos con extrañeza, su rostro se elevo y sus labios formularon una pregunta – Sanosuke ¿Podré convertirme en el dueño de ese nombre? – sus ojos suplicantes esperaban una respuesta.
- Mi querido amigo, ya te has convertido en ese hombre – Sanosuke se acerco al ambarino y toco su hombro – Al ser el dueño del corazón de Kaoru... al decidir amarla y protegerla, te has hecho merecedor de ese nombre – finalizo Sanosuke mientras sonreía para el pelirrojo.
- Debemos apurarnos, Megumi ha terminado de restaurar mis poderes, hay que regresar a Lumen y planear una estrategia efectiva para salvar a Kaoru... – la penetrante voz del ojiazul se hizo escuchar al acercarse a Sanosuke y Battousai – Megumi ha recuperado sus poderes por completo, pero mis poderes no están al máximo por toda la maldad que rodea este lugar, debemos... debemos pedir el consejo de Hiko y los otros sabios – finalizo Aoshi observando detenidamente la reacción de Battousai.
- Estoy de acuerdo con Aoshi, Sanosuke – agrego Megumi acercándose al grupo.
- Deben marcharse, yo me quedare aquí – dijo Sanosuke dándole la espalda a Megumi, Aoshi y Battousai – Preparare todo para su llegada, además le debo un gran favor... a ella – lo ultimo lo dijo para si mismo con una sonrisa cómplice – Es hora de partir, les prometo que cuando regresen no nos vencerán tan fácilmente – Sanosuke miro por ultima vez las puertas oscuras de la Citnea para ver a sus amigos antes de despedirse – Megumi...
Megumi alzó su mano al escuchar las palabras de Sanosuke, un terrible dolor en su corazón la hizo contraerse, su mano se detuvo, sabia que le haría daño sí lo hacia. Sus ojos se llenaron de lagrimas y las palabras que tanto deseaba decir se ahogaban en su garganta como atrapadas por el dolor que sentía en esos instantes. Resguardo su mano en su pecho y bajo su mirada para evitar ver la imagen de Sanosuke despidiéndose de ella nuevamente. Se preguntaba dónde estaba todo su valor y su fuerza en esos momentos, tenia que ser fuerte para que no fuera tan difícil para Sanosuke, debía dejar de llorar para no incomodarlo. Alzó su mano nuevamente para tocarlo, pero lo vio tan lejano, en su interior algo le decía que él la dejaría.
Su nombre dicho por aquella voz que tanto amaba la hizo estremecerse, sus mejillas rojas eran admiradas con dulzura por aquel arcángel de mirada marrón. Ni siquiera sus ojos nublados podían evitar que se deleitara con su sonrisa y elegante porte. Una sonrisa se escapo de sus labios y con pasos tímidos se acerco hasta él.
- Quiero que me prometas que serás fuerte, de ahora en adelante empezará una batalla nunca antes vista por ninguno de ustedes – dijo con suavidad, Sanosuke – Mírame... – con su mano derecha tomo el mentón de Megumi, obligándolo a verle – Te amo, yo escogí este camino, tu no eres culpable de mi muerte... entiéndelo, nunca dejaría que te pasara algo malo – Megumi dejo caer las lagrimas que apresaba en sus ojos y agarro la mano de Sanosuke – Nunca dudaría en morir nuevamente con tal de verte feliz, además, recuerda... eres una pieza muy importante en esta batalla, por favor, vive... – la pelinegra temblaba estupefacta en los brazos de Sanosuke.
- Te prometo... te prometo que seré fuerte, pero promete que volveremos a vernos, por favor – le suplico Megumi a Sanosuke, mientras escondía su rostro en el bien formado pecho del arcángel.
- Es una promesa – sus brazos la apegaron más contra su cuerpo – Desde ahora serás protegida por el agua y el viento, ellos serán tus mejores amigos cuando llegue el momento indicado, Megumi... no lo olvides... Vive – Sanosuke acerco sus labios a los de la pelinegra cerrando una promesa – Nunca olvides nuestra promesa... – el cuerpo de Sanosuke empezó a brillar hasta solo quedar un hermoso resplandor alrededor de Megumi.
- Megumi... Sanosuke... Algún día… encontrare a esa persona que me haga entender el significado de la vida – dijo Aoshi para si mismo mientras veía la escena conmovido.
Megumi continuaba abrazándose a si misma al desaparecer el cuerpo de Sanosuke, sus ojos cerrados se abrieron dejando ver dos pozos llenos de vida y fuerza. Abrió sus alas color perla y camino hasta sus compañeros de batallas, eso era lo que serían desde ese momento, sonrió para Aoshi y en complicidad ambos compartieron sus ideas. Battousai los miraba con extrañeza y suspiro en resignación.
- De ahora en adelante, Príncipe, seremos compañeros – Megumi se acerco al pelirrojo, este la miraba con desconfianza – Confiaremos entre nosotros y nos cuidaremos – la pelinegra tomo la mano de Battousai, quien la mira sorprendido - ¿Qué dices?
- ... – Battousai permaneció en silencio, examinaba los ojos de la pelinegra, buscando cualquier señal de peligro. No estaba acostumbrado a que tuvieran esa confianza con él. El pelirrojo indeciso desvió su mirada.
- Kenshin – Megumi pronuncio con cariño el nombre que llevaría de ahora en adelante su compañero – Por favor, dejemos el orgullo... por Kaoru – entre sus manos agarro el rostro de un Battousai paralizado ante el nombre con el cual le llamo.
- De acuerdo... seremos un equipo, pero no garantizo que tu amigo sea tan amigable conmigo – dijo Battousai en tono cínico mientras Megumi reía viendo la cara de Aoshi, quien los veía con fastidio.
- Aoshi tiene un alma hermosa y cuida a los que ama con locura, solo tenle paciencia y demuéstrale que puedes con la responsabilidad del Corazón de Levis... Kaoru es lo único que le queda, su hermana murió y... para todos nosotros, Sanosuke había muerto, solo seamos amigos mientras tenemos un objetivo en común – dijo Megumi con ternura, sus manos se apartaron del rostro del vampiro esperando una respuesta.
- Vamos – dijo el orgulloso vampiro tomando la mano de la pelinegra.
Megumi dejo ver su sonrisa alegrando a los dos hombres que la veían con tranquilidad, Aoshi se acerco a ellos y miro con detenimiento a Battousai. Tenia que admitir que aquel vampiro amaba a su pequeña Kaoru, y a diferencia de Saito, en él crecía un corazón humano con sentimientos cuando en realidad, él es un vampiro.
- No garantizo nada, pero procurare no ser tan violento con nuestro pequeño compañero – dijo Aoshi mofándose del tamaño del nada modesto príncipe de Citnea.
- Por lo menos ya bromea contigo – agrego Megumi pegándole con su codo a Battousai, quien sonrió por encontrar nuevos amigos.
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Un latido
tan solo un instante de vida.
Una gota de sangre
te hace merecedora de la muerte.
Abandonaste la luz
¿Has regalado tu eternidad a la oscuridad?
O era tu destino esta condena.
Y de sangre serán tus lagrimas
Hasta que recuerdes tu misión.
El sacrificio es el camino a la salvación,
Eres capaz de amar, Misao
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El goteo incesante en su frente la despertó, sus ojos dieron paso a un hermoso esmeralda, llenos de tristeza. Los cerro negándose a si misma la realidad, una sensación cálida la embriagaba, con resignación observo como el rojo teñía la almohada que antes era blanca. En sus mejillas, líneas del mismo color surcaban un camino hasta sus sienes. Sus sueños empañados de sangre siempre estaban, desde que sus alas le fueron arrebatadas y había escogido ser un vampiro para salvar a su abuelo.
Apoyo sus brazos en sus costados y retiro el cobertor que la cubría dejando ver su desnudes. Se sentó y con sus manos toco el área del cobertor que ahora estaba manchada de sangre, cerro sus ojos y recordó la razón por la cual tenia que levantarse. La Reina Yumi envió una carta con la orden especifica de que se requería de su presencia en el lobby del castillo antes de la tercera campanada. Contrajo su rostro al sentir punzadas de dolor, con sus brazos se abrazo y toco las cicatrices que marcaban su espalda por el constante maltrato que recibía. Se levanto y camino con pasos lentos hasta el cuarto anexo a su celda, el área de aseo para los guerreros. Con sus manos giro la enorme clavija que daba paso al agua y se estremeció ante el contacto del agua fría con su piel. Su cuerpo ahora bien formado no era ni la sombra de lo que era como un ángel, puro e inocente, al convertirse en vampiro todo cambio. Su cabello ahora ondulado y sus uñas largas eran prueba de su actual naturaleza. Un tono pálido cubría su piel y sus ojos esmeraldas ahora opacos, solo guardaban los secretos que escondían sus largas horas de agonía.
- No importa lo que suceda, yo siempre seré más fuerte – dijo Misao para si misma mientras veía la marca grabada en su muñeca, símbolo que la distinguía en Lumen como el ángel guardián de las conexiones entre humanos y los cielos.
Tomo un pequeño trazo de tela y recorrió cada centímetro de su cuerpo, ya no era una niña, y eso le dolía ya que era signo de impurezas para un ángel. Ellos debían ser puros, los Ángeles no crecen o envejecen, pero para ella todo era diferente. La sangre se confundía con el agua creando un camino entre sus senos hasta llegar a su vientre, estaba llorando nuevamente. Con fuerza empezó a restregar su cuerpo, tratando de limpiar todos los pecados que había cometido, que el agua se llevara todo y el dolor solo fuera un estado de su mente, una ilusión.
Detuvo el paso del agua y sus largas piernas la condujeron hasta el sitio donde guardaba el paquete que se le había enviado con anterioridad. El sello de la reina relucía en rojo con líneas negras, en el interior, un vestido negro de seda con su talla. Un hermoso lazo rojo lo rodeaba y al tocarlo, el vestido se disperso en el aire y la envolvió para darle su nueva apariencia. Sus manos fueran cubiertas por guantes de encajes de negros y rostro cubierto con un antifaz del mismo color.
Con melancolía se imagino su antiguo hogar, ante ella la imagen de una hermosa cabaña se hizo realidad, el piso de madera pulido y la chimenea brindándole un calor no solo físico, sino espiritual. Su abuelo esperándola en la entrada con su túnica blanca y su carcaj en la mano, se pudo ver a ella misma corriendo hacia él y abrazándolo. Alzo su mano tratando se alcanzar esa imagen utópica para ella y se desvaneció ante el tacto de la fría pared de piedra que delimitaba su celda.
- Solo son sueños... nunca volveré a verte, ojii-san – recostó su cabeza en la pared y una lagrima se deslizo por su mejilla – Es hora de partir – dijo Misao levantado el rostro, limpio la lagrima con su mano y se apoyo en la pared por ultima vez, añorando que aquella imagen con la que soñaba fuera realidad.
Cerro sus ojos y sus alas negras la rodearon dejando solo neblina en su lugar, sus pies descalzos se resintieron al sentir la alfombra que cubría en su enteres el primer nivel del castillo, al abrir sus ojos vio la colosal escalera en forma de caracol de la primera torre, en donde solía estar el cuarto de la Reina Yumi.
Dio unos pasos hasta estar debajo del candelabro que decoraba la entrada del castillo y sentirse más segura cerca de la luz. Sus sentidos agudizados escucharon el constante golpe de los tacones, que de seguro eran de la reina. Se arrodillo, en signo de reverencia y espero con paciencia las ordenes que se le darían.
- Ponte de pie, Misao – se escucho la voz de Yumi.
- Si, mi señora – Misao permanecía con sin levantar la cabeza, escuchando con detenimiento la voz de Yumi, quien aun no aparecía ante ella.
- ¿Le tienes miedo a la oscuridad? – dijo Yumi saliendo de uno de los tantos cuadros que rodeaban los pasillos que estaban a los costados de la hermosa escalera en forma de caracol.
- ... – Misao permaneció en silencio, sabia que estaba siendo observada desde un principio.
- ¿Sabes por qué estas aquí? – dijo con perspicacia la malvada Yumi.
- No, mi señora. Si usted tuviera la vehemencia de comunicarme sus intenciones, yo sabría para que se ha requerido mi presencia ante usted – dijo Misao mirando fijamente los ojos grises de la demonia que la analizaba con una sonrisa.
- Pero que servicial eres, me asombra que un ángel sirva tan bien a un demonio – Yumi exclamo en voz alta mofándose de Misao, buscando cualquier desliz en el autocontrol en que vivía sumergida, Misao, desde que fue obligada a realizar misiones.
- Dígame que desea, mi señora – dijo Misao sin dejar de verla, sin reflejar ninguna emoción.
- Yo soy el que requiere de tu presencia – una voz grave irrumpió el amplio cuarto, al buscar el origen, Misao vio como el príncipe Enishi descendía con gracia por las escaleras principales del castillo.
- Príncipe Enishi ¿En qué le puedo servir? – dijo Misao ahora haciéndole reverencia al extraño joven de pelo grisáceo.
Enishi adorno su rostro con una sonrisa morbosa y camino echando su capa negra hacia atrás. Espesos mechones de cabello tapaban sus ojos ante Misao, que solo distinguía destellos ámbares entre un gris opaco y sin vida.
- Quiero que te encargues de mi invitada... Mi futura Reina – la sonrisa de Enishi se agrando en su rostro, mientras tomaba la barbilla de Misao para ver su reacción - ¿Sabes quien esta en el tercer cuarto del segundo piso ¿Puedes sentir su poder? – Sus ojos se ensancharon mientras se deleitaban con la expresión de horror en la pequeña cara de Misao.
- Kaoru-sama... – dijo con dificultad Misao al sentir el poder purificador de su monarca.
- Veo que aun sientes afecto por tus ex-compañeros, aunque estoy seguro que si ellos te ven, de seguro acabaran contigo – agregaba sin compasión el príncipe.
- Cumpliré con satisfacción mi misión, Príncipe Enishi – dijo Misao aguantando el pánico que se apoderaba de ella, mas hablando con soltura. Nunca permitiría que gozaran con su sufrimiento.
- Es cierto, eres buena obedeciendo, quiero ver si eres buena en todo – mascullo Enishi entre dientes mientras agarraba el delgado vestido de Misao y la acercaba a él. Sus ojos grises miraban fijamente los esmeraldas ocultos en el antifaz. – Tu también serás mía – dijo pegando su boca al oído de Misao.
Misao tembló ante el contacto húmedo en su oído y las manos del príncipe en su espalda, bajando lentamente.
- Enishi... ¡Basta! – reclamo Yumi quien observaba divertida como su hijo torturaba a Misao – Misao, ve al cuarto en donde se encuentra tu monarca y cumple con tu misión
- Siempre tienes que arruinar la diversión, madre – dijo Enishi al ver que Misao había subido con pasos rápidos, huyendo de él.
- Sabes que la necesitamos pura, aunque la hayamos convertido en vampiro sigue teniendo el alma de un ser de luz, no olvides para que la engañamos – dijo Yumi antes de desaparecer entre los cuadros nuevamente.
Misao recorría con rapidez cada escalón de la escalera, sus piernas cansadas de correr flaquearon ocasionado que cayera ante el ultimo escalón. Lagrimas cubrieron sus ojos al recordar la sensación de las manos de aquel vampiro en la piel desnuda de su espalda. Una sensación parecida al asco se apodero de ella, pero en el momento en el que la tocaba, le pareció placentero. Ese lugar y la sangre que fluía por sus venas la estaba cambiando y no podía evitarlo.
Se levanto y con pasos torpes camino hasta la puerta en donde sentía el poder de Kaoru. Su mano temblaba delante de la perilla de la puerta, temía en que estado podría estar la monarca de Lumen, la tomo con miedo y giro hasta escuchar el sonido del seguro dándole paso. La puerta comenzó a moverse con una inquietante lentitud hasta dejar ver el interior del cuarto.
Los candelabros alumbraran el cuarto dándole un aspecto tenebroso, los cuadros pintados de colores opacos solo entorpecían más su visión y lo único que la ayudaba era la alfombra rojiza que cubría el camino de la cama hasta la puerta. La espesa tela negra que cubría la enorme cama se mecía al compás de la fría brisa que entraba por las puertas del balcón.
Sus pasos fueron cautelosos, esperaba cualquier señal de peligro o el peculiar olor metálico que caracterizaba ese lugar, mas nunca llego.
Retiro la tela oscura y con sonrisa confirmo el bienestar de su monarca.
Kaoru. Sus dedos se acercaron al rostro de la pelinegra, y con delicadeza movió los mechones de cabello que cubrían su cara. Su frente cubierta de pequeñas gotas de sudor la hizo sospechar de su estado, la reina Yumi estaba utilizando venenos poderosos para mantenerla inconsciente.
- Es hermosa, de tan solo admirar su belleza, una energía corre por mis venas... – la voz de Enishi hizo saltar a Misao de su lugar.
- Enishi-sama, disculpe mi comportamiento – dijo Misao poniendo distancia rápidamente entre ellos.
- No tienes que reaccionar así, ya he escogido a mi reina, tu solo serás una concubina más – se mofo Enishi mientras con sus dedos trazaba la forma de los labios de Kaoru.
- Deténganse – dijo en tono bajo Misao.
- Me das ordenes... ya veo, después de todo sigues siendo un ángel, o por lo menos, así lo vez tu – dijo Enishi, acercándose a Misao con pasos lentos y decididos – Tu sangre debe ser todo un manjar; y la de ella aun mejor.
- Soy un vampiro, al igual que usted, mi príncipe ¿Qué puedo tener de especial? – dijo rápidamente Misao al ver otra vez esa mirada enfermiza grabada en los flameantes ojos de Enishi.
- Admito que eres inteligente, pero adulándome no evitaras mis deseos – se hizo escuchar antes de aparecer detrás de Misao tomando sus manos e inmovilizándola. Su respiración se acelero y su ritmo cardiaco aumento, la excitación se apoderaba de su cuerpo mientras veía el hermoso bocadillo entre sus brazos, el blanco cuello de Misao a su disposición.
- Por favor... – las suplicas de Misao eran acompañadas de un forcejeo nada efectivo.
- Te garantizo que lo disfrutaras... – su boca se abrió dejando ver sus afinados colmillos – Te lo aseguro – afirmo Enishi antes mover el cabello que caía sobre el cuello de Misao.
- "Yo solo quería verte otra vez... ojii-san" – pensó Misao al saber que si era mordida, perdería sus memorias como ángel, convirtiéndose por completo en vampiro.
Sus ojos verdes miraron la hermosa imagen que adornaba la mesa de noche, un cofre de música con una pareja bailando. Su respiración se detuvo al sentir el aliento en su cuello.
- "Es el final" – Misao cerro los ojos y espero por su destino.
Espero la mordida, mas nunca llego. Cuando abrió sus ojos solo pudo distinguir una luz cegadora envolviéndola, su cuerpo fue soltado por Enishi quien al tocarla se quemaba. Miro sus manos y supo que alguien la había ayudado.
- Misao, ven conmigo, todo estará bien – una dulce voz le pedía su atención.
Sus ojos buscaron la fuente del poder que la protegía, sus lagrimas se asomaron nuevamente, pero de alegría. Kaoru estaba apoyada en su báculo creando el campo de energía que rodeaba a Misao.
- ¡Kaoru-sama! – exclamo Misao al verla de pie.
- No puedo creer que hayas roto el sello de mi madre y tras de todo, tener la energía para hacer un campo de fuerza. Fascinante – dijo Enishi mientras regeneraba parte de su ante brazo y su rostro, que fueron quemados al estar cerca de Misao.
- No permitiré que le hagas daño a Misao, Saito-san, quiero ver al Rey de Citnea – reclamo Kaoru mientras hacia aparecer su daga.
- Kaoru-sama, esta débil, no podrá ganarle así al príncipe Enishi – dijo Misao preocupada al ver la dificultad con la que Kaoru respiraba.
- ¿Príncipe? Él es hermano de Kenshin... – dijo Kaoru sorprendida al ver la falta de parentesco entre ambos hermanos.
- Si, soy hermano de Battousai... o como tu le llamas, Kenshin – dijo Enishi, diciendo el nombre con énfasis.
- ¿Dónde esta él? – demando saber Kaoru con preocupación impresa en su voz.
- Que importa donde este él, lo único que importa es que tu futuro esposo esta aquí, yo te haré olvidar a mi estúpido hermano... Aunque sea a la fuerza – dijo Enishi antes de moverse ágilmente y quedar al frente de Kaoru, sus ojos se abrieron más cuando el filo de la daga que portaba la pelinegra corto su barbilla – Veo que puedes ver mis movimientos, tu serás mi reina – sus ojos se clavaron en los zafiros que lo veían perturbados, y con sus manos la acerco a él – No puedes evitarlo – sus manos tomaron la delicada cintura de la pelinegra, la distancia entre ambos se acorto.
- Mi corazón ya tiene dueño – dijo Kaoru antes de cortar ágilmente a Enishi con la daga con la cual lo habia amenazado. Enishi dio unos pasos hacia atrás y intento detener la sangre que ahora se escapaba por las venas de su cuello.
Kaoru se acerco a Misao, su cuerpo lleno de dolor la hizo estremecerse, al tocarla pudo ver todo lo que habia vivido y lo que su corazón soportaba cada día. Tomo su rostro entre sus manos, sus ojos esmeraldas seguían siendo puros a pesar de toda la tristeza que los empañaba.
- Me alegra que sigas siendo la misma Misao, es hora de que haga lo que debí hacer el día que te apartaron de tu hogar – dijo Kaoru antes de tocar el topas que pendía en el centro de su túnica – Dale a Aoshi-sama este broche; Y por favor, dile a Kenshin que esperare por él – Kaoru observo con detenimiento el rostro de Misao, el asombro no permitió que emitiera palabra alguna.
- Kaoru-sama... volveré a verlo... ojii-san – esos pensamientos cruzaban por la mente de Misao al ver que dos hermosas alas doradas rodeaban su cuerpo.
- No te será tan fácil escapar – Enishi se acerco al campo rodeado, este lo rechazo – Si no puedo con el campo, detendré a su fuente – dijo acercándose a Kaoru quien estaba concentrando el poco poder que le quedaba para enviar a Misao a Lumen.
Las manos de Enishi se cerraron en el cuello de Kaoru, este le demandaba que se detuviera, pero esta hacia caso omiso a sus peticiones.
- ¡Kaoru-sama! Deténgase – suplico Misao al ver como Enishi estaba ahorcando a Kaoru.
- Ve con Aoshi-sama... solo con él... por favor... – dijo Kaoru antes de tele transportarla y perder el conocimiento.
Alas doradas los rodeaban, Enishi sostenía el cuerpo de Kaoru sobre el suyo. Un extraño sentimiento se estaba apoderando de él, algo cálido lo invadía, nunca habia sentido nada parecido. La cargo en sus brazos y miro su rostro nuevamente, por alguna extraña razón se habia arrepentido de haberle echo daño.
- Ella será mia... tiene que ser así – Enishi la apego a su cuerpo aun más, con una extraña fiereza. Él nunca se había apegado a nada, pero con ella seria diferente.
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Aquellos que son impulsados por la avaricia, en su lecho mueren
El poder de un alma pura va mucho más allá que la oscuridad
Una lagrima unirá el destino de tres personas.
Solo escucha mi voz
Kaoru.
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Una pluma gris descendía en el aire, hasta caer en el pecho de Kaoru. Enishi la tomo entre sus dedos y observo a su alrededor con cautela. Nadie le quitaría a aquella mujer... Nadie
Tokio-san
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Aun en la luz pueden haber sombras,
sangre cubre sus visiones,
destrucción anhela su corazón.
Distingue a tus amigos de tus enemigos,
no todo lo que brilla es oro
así como la oscuridad también puede dar luz.
El tiempo verdugo será
Y mis palabras como advertencia resonaran.
Hiko
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Hiko permanecía en el mismo lugar en donde había visto partir al grupo nuevo de batalla, sabia que regresarían a pedir su consejo. Su rostro masculino mostraba molestia, no le gustaban las adivinanzas y eso era lo que siempre le daban. Sabia que si permitía que Kaoru abandonara Lumen, había un riesgo de que los vampiros se dieran de cuenta de la naturaleza del cuerpo que poseía. Un arcángel con cuerpo humano y alma de luz, un ser único en su especie, así como la única arma capaz de salvar a ambos mundos.
- Si ella fuera contaminada por un vampiro... todos nuestros eternos siglos de lucha serian inútiles. Como fueron capaz de permitir que esa demonia se apoderara de Kaoru – exclamo Hiko con ira.
- Esperas por tus queridos alumnos... todos ellos son débiles, no sé cuando lo vas a admitir. Debiste enviarme a mí a esa misión – dijo Shishio dejándose ver, sus ojos rojos se resaltaban en la oscuridad.
- No digas tonterías, Shishio, ellos salvaran a este mundo, quieras o no entenderlo – dijo Hiko al ver al molesto juez de la envidia intentando controlarlo por medio de sus sentimientos.
- He visto en sus corazones, Aoshi, dominado por la venganza y la ira a disminuido sus poderes considerablemente, tras de todo el amor enfermizo que ha desarrollado por la pequeña que tanto proteges como la promesa a Tokio. Megumi, desde que llego Sanosuke solo ha sido un estorbo en nuestras misiones – Shishio caminaba alrededor de Hiko quien lo seguía con la mirada – además de que solo nos sirve para la curación ya que con su báculo no ha desarrollado los poderes adecuados. Y dime, si el enemigo quiere engañarla con la imagen de Sanosuke... ¿crees tu que ella pueda soportarlo? – Shishio espero la respuesta de Hiko – Como lo pensaba, sabes de sus debilidades pero no dices nada... tras de todo los as unido a un vampiro. Todo esto solo significa la destrucción de Lumen – dijo sonriendo Shishio.
- ¿Terminaste? – Hiko lo veía divertido – Eres bueno en esto, lo admito, serias bueno para influenciar a los humanos, pero yo no – lo miro con dureza – Ahora, si me haces el honor, espera en el templo que ellos no demoran en llegar.
- Viejo tonto – dijo con rabia, Shishio antes de desaparecer ante los ojos de Hiko.
- Creo que empiezo a comprender tus mensajes... Tokio – dijo Hiko abriendo la palma de su mano, revelando una pluma gris.
Sus ojos oliva se perdieron en el horizonte, en una cabaña que se encontraba en las afueras de la ciudad.
- Misao, espero no demores – dijo antes de dar media vuelta y caminar hasta el Templo de Lux, donde sabia ya lo esperaban tres personas.
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Lleva mi mensaje, Misao
Que mi voz te guié
y mi luz te proteja de tu castigo.
Porque tu piel amante del cielo es
Y tus alas blancas como tu interior son.
Por ser mi mensajera,
te obsequio el privilegio de la luz.
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Misao cayo de rodillas sobre el suelo, no podía ver nada aun, todo era blanco a su alrededor y una luz la envolvía haciéndole imposible ver lo que la rodeaba. Trato de ponerse de pie con dificultad, al apoyarse en el suelo vio sus manos, rosadas, llenas de vida. Su túnica era celeste y su cabello era lacio como antes. Por sus venas sentía como el poder la iba cambiando hasta ser un ángel, sus alas se abrieron y escuchaba su corazón latiendo con fuerza.
- Soy... soy un ángel – dijo Misao mientras lloraba en silencio. Con sus dedos tomo una gota cristalina, eran lagrimas normales – Gracias... Kaoru-sama – dijo antes de sentir la sensación de la madera en sus pies.
Sus ojos se cerraron al entrar en ella un rayo de luz. Se abrazo a si misma al sentir el cambio de temperatura, un ambiente cálido la rodeo y el olor a flores la hizo abrir los ojos. Estaba en la cabaña de su abuelo, el olor a madera invadió sus sentidos.
- Te estaba esperando, mi querida Misao - escucho la voz de su abuelo.
Sus ojos se llenaron de lagrimas al escuchar su nombre dicho con tanto cariño, él estaba meciéndose en su silla favorita como siempre viendo la imponente Ciudad de Cristal. Apretó sus puños al saberse engañada, su abuelo nunca estuvo en peligro, era cierto, los ángeles no pueden ser eliminados por otros demonios.
- Misao... que esperas para saludar a este viejo - dijo Okina con voz cansada.
- Enseguida, ojii-san - dijo Misao mientras daba pasos largos hasta llegar a la mano que la esperaba, tomo la mano de su abuelo.
- Es hora de marcharme, te he esperado durante todo este tiempo, pero ya no puedo prolongar más mi muerte, debes ir al Templo de Lux, donde Aoshi-sama te espera, Kaoru-sama me ha hecho saber de tus buenas acciones, estoy orgulloso de ti - dijo poniéndose de pie, Okina, mientras en su otra mano brilla un hermoso broche en forma de una flor - Este broche te lo dejo tu madre, esto significa que as entendido el Significado de la Vida, mi querida Misao - Okina abrazo a su nieta con las ultimas fuerzas que le quedaban y con delicadeza coloco el broche en la túnica de Misao.
- Ojii-san... - dijo Misao antes de despedirse de su abuelo - Perdóneme, no me merezco su perdón, ni mucho menos su cariño.
- Yo soy quien decide si mereces o no mi cariño, mi pequeña. Has pasado por momentos difíciles, gracias al amor que sientes por mi, yo soy quien te debe pedir una disculpa al no saber informarte sobre mi condición y sobre las verdaderas circunstancias que rodeaban el motivo de mi muerte – dijo Okina, quien comprendía el estado en el que se encontraba su nieta.
- Ojii-san – dijo Misao abrazándolo – Sea feliz, por mi, abuelo – ella sonreía mientras su abuelo se despedía, su túnica fue lo único que permaneció en el mismo lugar. Se había ido, para siempre.
- Debo dar el mensaje de Kaoru-sama, ojii-san, estarás orgulloso de mi, en donde estés – dijo con determinación grabada en sus ojos esmeraldas
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- ¿Cómo fueron capaces de permitir que se apoderaran del Pilar de Lumen? – dijo con voz fuerte un anciano.
El Templo de Lux estaba siendo testigo de la primera reunión desde hace siglos, Genzai estaba presente en compañía de Hiko, los jueces al frente de estos estaban siendo reprendidos por su actitud. El Juez del Orgullo permanecía callado mientras el más antiguo de los sabios expresaba sus inquietudes.
- Discúlpenos, Genzai-sama, no estábamos preparados para esta batalla, denos otra oportunidad – dijo Megumi haciendo reverencia.
- Sabes que eres mi discípula más querida, Megumi, pero no puedo dejar que sigas siendo débil por un amor que solo nos ha traído desgracias, Sanosuke era uno de nuestros jueces, miembro del Consejo de Sabios y diestro en todas las técnicas como Hiko, debes ser fuerte y ganarte mi confianza nuevamente – dijo Genzai con cariño hacia la pelinegra que lo veía con respeto.
- No me defenderé, yo tampoco estaba preparado, lo único que les puedo decir es que nos conceda otra oportunidad para demostrarles que no somos débiles – dijo en tono solemne Aoshi.
Hiko frunció el cejo y se puso de pie, Aoshi levanto la cabeza y observo como su maestro se acercaba a él. Un golpe su mejilla recibió, un hilillo se sangre se deslizaba de sus labios.
- Fuerza... Orgullo... Es lo menos importante en estos momentos, te dije que purificaras tu aura antes de enfrentarte a esos demonios, tus sentimientos te hacen débil y tus objetivos no son los correctos. Esta batalla no es para vengar a Tokio, es para salvar a todas las personas que habitan esta ciudad, todas las almas que merecen la salvación están en nuestras manos – reprendió severamente a Aoshi, un enfurecido Hiko – Si el príncipe de Citnea llega a contaminar la sangre de Kaoru, sabes muy bien lo que pasará, he visto tus premoniciones... Entiéndelo, no es un sueño, es la realidad que ella vivirá sino la sacamos de ese lugar – las manos de Hiko se posaron en los hombros de Aoshi – Tu corazón solo esta lleno de resentimiento, así... no podrás salvarla... ni tampoco a ella – lo ultimo desconcertó a Aoshi.
- Aoshi-sama – en la puerta del Templo, una hermosa figura le llamo, dos alas doradas nacían de su espalda y sus ojos esmeraldas lo miraban con admiración – He llegado... – dijo Misao al ver a todos los jueces esperando la explicación de su irrupción en aquella reunión.
- Pequeña Misao, dinos el mensaje que Kaoru ha enviado contigo – dijo Hiko poniéndose al lado de Aoshi.
- ¿Un ángel? Pero si tu eres una de las guerreras de mi reino – dijo Battousai quien había permanecido en silencio.
- Un vampiro, eres un vampiro – exigió saber Aoshi.
Misao camino hasta llegar al frente de Aoshi – Kaoru-sama me dijo que hablara con usted – finalizo esperando la respuesta del juez.
- Ven conmigo – Aoshi tomo su mano y la condujo hasta el cuarto en donde guardaban las armas.
Se detuvieron en el centro de la habitación, Misao permanecía callada mientras veía como Aoshi cerraba las puertas para que no fueran escuchados, sus mejillas se encendieron en un hermoso color rosa. Sus hermosos ojos azules eran tan parecidos a los de Kaoru, pero los de él no dejaban ver sus emociones con facilidad.
- Hazme saber el mensaje de Kaoru, por favor – dijo Aoshi tomándola por los brazos al saberse no visto.
- Kaoru-sama me dejo este broche – Misao le enseño el pequeño broche que él mismo le había regalado cuando nació.
Una sonrisa adorno el rostro de Aoshi, vio a la pequeña mujer que tenia al frente, sus ojos eran iguales de hermosos y puros como los de Kaoru. Se acerco a ella y la abrazo, Misao no sabia que hacer ante el gesto. Aoshi estaba feliz por el mensaje que Kaoru había dejado impreso en el broche.
Aparto a Misao lentamente para ver sus ojos nuevamente, sus labios rojos eran delicados, nunca antes tocados y su mirada le suplicaban por algo más que un abrazo. Se sorprendió al ser abrazado esta vez por ella, el sufrimiento que tenia esa pequeña en su alma era enorme.
- No me deje, Aoshi-sama, no quiero regresar a ese lugar – Misao se aferró a su pecho, se sentía tan segura y querida. Nunca antes la habían abrazado de esa, de tan solo recordar lo sucedido con Enishi, su cuerpo temblaba.
- No regresarás, tu serás mi protegida, por haberme dado este mensaje tan importante – dijo Aoshi tomando entre sus manos su rostro – Nunca volverás a estar sola – finalizo el pelinegro.
Misao al sentir como Aoshi soltaba su agarre se sintió despojada de su protección, no quería sentirse desprotegida, ella no quería que él la soltara.
- Aoshi-sama – dijo Misao antes jalar la túnica azul marino de Aoshi – Aunque usted no me acepte después de esto, gracias – sus pequeñas manos se apoyaron en los hombros de Aoshi, sus pies se elevaron en puntillas, sus labios se unieron a los del ojiazul.
Ella era todo lo que él necesitaba, y aunque fuera un vampiro, nunca la dejaría ir. Kaoru la había enviado a él por su pureza, y le agradecía a la pequeña que ahora besaba en silencio por quererle sin ni siquiera conocerlo. Elevo el pequeño cuerpo de Misao en sus brazos, no escaparía de él. Misao no puso objeción, su espalda se estremeció al sentir la pared deteniéndolos, no podía escapar de esos ojos azules.
Sus labios se separaron y el la dejo en el suelo suavemente, ella seguía contra la pared. Apoyo sus brazos en la pared dejándola sin escapatoria, mientras apoya su frente en la de Misao sabiendo que su vida nunca seria la misma.
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" Yo te protegeré de tu propia inmadurez, Misao"- dijo el ojiazul antes de besarla nuevamente
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Gracias por la espera y su compresión, espero que les agrade y vuelvo y reitero que este capitulo es dedicado a Al Shinomori
